Restauranteros cuentan el impacto económico a un mes de la pandemia
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“Voy a tener que cerrar”: restauranteros cuentan el impacto económico a un mes de la pandemia

Animal Político volvió a contactar a algunos pequeños y medianos restauranteros, para preguntarles cómo les ha perjudicado el confinamiento recomendado para enfrentar la pandemia de COVID-19.
Cuartoscuro
2 de mayo, 2020
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“Si esta cuarentena se extiende más allá de mayo, sí me voy a ver en la necesidad de tener que cerrar, porque ya no me va a convenir abrir”, anticipa Briseida José Juárez, dueña del Café Alameda. Ya despidió a tres personas ante la pandemia de COVID-19, pero ha luchado para conservar en la nómina a dos mujeres con hijos, una de ellas madre soltera, la otra, el único sostén de su casa luego de que su marido perdiera el empleo.

“Están muy bajas las ventas. Diario vendo algo, cafecitos, unas enchiladas, pero nada que ver con lo que yo vendía; hay veces que en el día vendo 200 pesos. Me está costando trabajo. Ya se tuvo que recortar personal, que tienen familias, tienen niños, que dependían del café. Ahorita tengo dos chicas que son madres de familia, que fue con las que me quedé, pero igual están padeciendo, porque vivían de sus propinas, eso era lo fuerte, y ahorita, a veces, ni 20 pesos se llevan de propina en todo el día”, cuenta.

Hace un mes y medio, en marzo, Briseida, de 29 años, se había preparado para lidiar con bajas ventas durante un mes, todo abril, como inicialmente habían proyectado las autoridades al ordenar el confinamiento: así que compró provisiones suficientes para su cafetería y apartó el dinero justo para pagar la nómina de sus trabajadores. Ese mes ya transcurrió, y ahora deberá enfrentar otro mes entero, que estima peor que el anterior.

Animal Político volvió a contactar a algunos pequeños y medianos restauranteros, como Briseida, cuyo negocio está en Santa María la Ribera, Cuauhtémoc, para preguntarles cómo les ha perjudicado el confinamiento recomendado para enfrentar la pandemia de COVID-19.

“Ya estamos checando si vamos a cerrar”, dice Briseida. “Estoy hablando con las chicas, les digo que yo he estado tratando de que salga su sueldo, hemos estado haciendo todo lo posible para mantener abierto, pero ahora sí ya se me está complicando y no sé si las próximas semanas me siga resultando”.

Junto con las dos empleadas que conservó, a quienes sigue pagándoles un sueldo base, Briseida y su pareja trabajan jornadas enteras para intentar mantener a flote un negocio que apenas emprendió hace un año.

“No ha habido nada, nada de ganancias, y yo pienso que hasta le estoy perdiendo. Yo tenía surtido el café, ya se está acabando la reserva, y lo que estoy viendo es que, para cuando vuelva a abrir, voy a tener que volver a surtir todo. Voy a tener que volver a invertir, no he ganado”.

El desplome de los ingresos del café, que la orilló a aplicar despidos, descalificó a Briseida como candidata a obtener uno de los créditos de 25 mil pesos que otorga el gobierno federal a las “empresas solidarias” que hayan conservado a sus empleados con su salario íntegro.

“Íbamos empezando apenas, hace justo un año, ya estábamos agarrando el ritmo, y ahorita esto va a ser volver a empezar desde cero”, lamenta.

En la tercera semana de marzo, en el comienzo de la pandemia en el país, el empresario Fernando Campo dijo que “moriría en la raya” por conservar las fuentes de empleo y los sueldos de sus trabajadores, que él llama colaboradores. A la fecha ha tenido que endeudarse para mantener en la nómina a la totalidad de los 85 empleados que laboran en sus tres restaurantes, llamados Fonda Garufa y Alacena Bistró.

“Nos ha ido muy mal: en dos de ellos estamos abajo un 90%, y en otro como 80%; eso no da ni para la nómina, así de fácil. De hecho, estamos abiertos básicamente para eso, para poder sacar algo de dinero para todos los compañeros, y no lo estamos consiguiendo, estamos atrasados”, explica.

Fernando señala que ha tenido retrasos en el pago de los salarios de los trabajadores y ha optado por el plan de diferimiento de las aportaciones al IMSS y al Infonavit. Con las ventas por los suelos, sin ganancias, señala, ha acumulado una deuda cada vez mayor.

“Nosotros estamos generando deuda desde los primeros días. Me estoy endeudando. A estas alturas ya debo por lo menos un mes de renta en cada lugar, y de renta te estoy diciendo 300 mil pesos mensuales. De entrada, eso ya es deuda cada mes. Se está generando una deuda con los empleados, porque ahorita es quincena, pero todavía les debo de la pasada un poco, y es deuda que se tiene que cubrir. Ése es el mayor interés, hay una responsabilidad de parte de uno como patrón”, plantea.

Fernando acusa insensibilidad de parte de los dueños de los tres locales que alquila para sus restaurantes en la Condesa, Del Valle y Lomas. Sólo uno de ellos, relata, comprendió que no ha tenido ganancias por sus ventas; los otros dos le han exigido el pago puntual de sus rentas.

“La actitud de los arrendadores es terrible. De tres casos, dos han sido brutales y no hemos recibido algún gesto mínimamente generoso. Es un gremio muy duro el del arrendador. Una está en la actitud de: ‘me pagas todo’ y el otro nos ofrece 20% de descuento y pagado en el mes, pero no lo tenemos”, cuenta.

“A una arrendadora le dijimos que no tenemos venta, no hay mesas, no hay gente, no hay nada, y nos dice que ése no es su problema; pues le mandamos a decir que su problema será que yo no le pague, no le vamos a pagar porque no tenemos. Ya mandó a su asistente personal a revisar que de veras no tuviéramos gente, cuando en el sismo de 2017 nunca mandó a ver qué había pasado. Estoy muy enojado con ellos”.

El empresario confía en que a mediados de junio sea posible que el sector restaurantero pueda volver a reabrir paulatinamente; si el confinamiento se extiende, advierte, podría verse obligado a cerrar alguno de sus negocios.

“Una cosa es abrir y otra es poder retomar el movimiento, porque la gente que va a regresar a trabajar también va a tener deudas. Creo que va a ser una recuperación muy lenta, en el mejor de los casos”, sostiene.

“Yo, como veo el negocio, para nosotros este es un año perdido totalmente; si abrimos en junio, tendremos seis meses para liquidar deudas con el Infonavit, con el IMSS, con la renta, sueldos. Es un panorama negro, pero no lo quiero caer en el pesimismo. Depende de cuánto tarde esto, si se extiende, es probable que sí tenga que cerrar alguno de los lugares, sin querer ser extremista”.

Vicente Ramírez Mauro, dueño de la fonda La Santa María, admite que ninguna de las cinco trabajadoras de su establecimiento estaban aseguradas en el IMSS. Por eso no pudo optar a un crédito del gobierno y, también por eso, decidió cerrar su negocio y no implementar ventas a domicilio, pues ello expondría a su personal al contagio.

“Ni cómo entrarle (a los préstamos); el problema es que yo no he dado de alta a mi gente en el seguro, y para que a mí me den un préstamo tuvo que estar mi gente asegurada. Y no me gustaría que se me fueran a enfermar y, la verdad, sí me sentiría culpable de que algo pasara con alguien de mi personal, por el tema del seguro. No nada más es mi ingreso, yo tengo que ver muchas cosas más allá, y entonces dije: ¿para qué arriesgo a tener a aquí a dos o tres personas que se me vayan a enfermar y que luego…? No, la verdad, no”, insiste.

Su restaurante tenía siete años y desde entonces las cinco trabajadoras laboran en él. Cuando el gobierno declaró la emergencia sanitaria, en marzo, dos de ellas decidieron irse a Chiapas, de donde son originarias; Vicente repartió el sueldo de ambas entre las tres empleadas que continuaron.

“A ellas tres les dije: ‘miren, vamos a trabajar hasta donde se pueda, y cuando nos digan que ya no se puede, pues ni modo, le paramos’, y efectivamente eso fue lo que pasó. El tiempo que estuvimos trabajando yo les incrementé un poco el sueldo y les dije: les voy a dividir el sueldo de las que se fueron, pero, por favor, guárdenlo, porque se viene el tiempo difícil; tratamos de hacer un fondito para que, cuando llegara el momento, no estuvieran tan desprotegidas”, relata.

“Les pagué completo el sueldo de lo que habían trabajado, les di otra cantidad pequeña, y les dije: ‘ahora sí que, en cuanto regresemos a trabajar, pues yo también las voy a apoyar, pero ahorita no puedo apoyarlas de más, porque yo también tengo mis gastos’. Creo que entendieron, me conocen, tienen mucho tiempo trabajando conmigo, entonces saben que, cuando hay dinero, yo no me niego a apoyarlas”.

Vicente recuerda su pasado: antes de ser restaurantero, fue chofer. ¿Cuál es la lección? Que nunca es el fin del mundo, instruye.

“No quiero pensar en que voy a cerrar para siempre. Yo, después de escuchar, ver, leer, trato de ser positivo y de decir que esto va a pasar, y quizá me tardo un mes, dos meses, pero voy a empezar otra vez. Si tengo que cerrar definitivamente, no es el fin del mundo. Nos tendríamos que dedicar a otra cosa, ¿no?”.

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Coronavirus: la enorme brecha en casos y muertes entre Europa Occidental y los países del centro y este de Europa

El número de fallecidos en Polonia, Eslovaquia, Chequia, Hungría, Austria y Rumanía no llega a 3,000. ¿Cuáles son los motivos?
10 de mayo, 2020
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Praga

Getty Images

La crisis del coronavirus ha dibujado una especie de frontera sanitaria entre los países de la Europa Occidental y los del centro y este de Europa.

Tanto Italia como Francia, España y Reino Unido han superado cada uno la barrera de los 25,000 muertos por covid-19, mientras que si sumamos el número de fallecidos en Polonia, Eslovaquia, Chequia, Hungría, Austria y Rumanía la cifra no llega a 3,000.

Por supuesto que son países con una población mucho menor, pero si nos fijamos en el número de fallecidos por cada 100,000 habitantes, la brecha se hace patente.

Frente a los 54.42 muertos por cada 100.000 habitantes que se registran en España, los 48.12 de Italia, los 37.63 de Francia o los 43.33 de Reino Unido, Polonia registra 1.84; Eslovaquia 0.46; República Checa 2.37; Hungría 3.59; Austria 6.78, y Rumanía 4.20 (cifras de la Universidad Johns Hopkins a 6 de mayo de 2020).

La menor incidencia del coronavirus ha llevado a varios de esos países a levantar las medidas de cuarentena antes y en mayor medida que algunos de sus vecinos occidentales.

Pero, ¿cómo se explica esta brecha entre este y oeste en un continente tan interconectado?

Acciones rápidas

Como vimos en otros países europeos que han registrado un buen desempeño en el combate al coronavirus, como Grecia o Portugal, también varias naciones del centro y este de Europa contaron con la ventaja del tiempo.

Mientras Italia registró sus primeros casos del nuevo coronavirus en enero, la enfermedad no llegó a Polonia, República Checa y Eslovaquia hasta principios de marzo.

“(El virus) llegó más tarde, así que tuvimos una alerta (en lo que estaba pasando en Italia y España) de qué podría pasar”, le dice a BBC Mundo Agnieszka Sowa-Kofta, especialista en Salud y Política social del Centro para la investigación social y económica (CASE) polaco.

“Sabiendo que nuestros sistemas de salud son más pobres en términos de financiación, equipamiento, preparación… las autoridades en todos estos países se comprometieron con una acción muy rápida”.

Entre esas acciones, Eslovaquia, Polonia, República Checa y Hungría fueron de los primeros países europeos en cerrar sus fronteras. Además, se introdujeron otras medidas restrictivas como el cierre de escuelas y de comercios no esenciales y restricciones a los movimientos de personas cuando el número de casos era muy bajo.

Italia o España, por ejemplo, introdujeron medidas similares cuando el número de contagios se contaba por miles.

“Por ejemplo cuarentena en Polonia se decretó cuando había 11 casos y las fronteras se cerraron muy rápido en estos países… así que la movilidad se redujo mucho y la posibilidad de expandir el virus también“.

Militares patrullando en Budapest.

Getty Images
Militares patrullan una desértica en Budapest.

No obstante, Sowa-Kofta también señala que puede que no se estén reportando todos los casos.

“Hay voces de virólogos en Polonia que dicen que hay más casos de los reportados, pero eso también pasa en Europa occidental, realmente no sabemos la escala”, señala.

Para Thomas Czypionka, especialista en políticas de salud del Instituto para Estudios Avanzados (IHS, por sus siglas en inglés), con sede en Viena, un factor clave para explicar la menor incidencia del coronavirus en el este y centro de Europa es que estos países tienen menos conexiones con China, donde se originó el nuevo coronavirus a finales del año pasado.

“Italia, por ejemplo, tiene vínculos muy fuertes con China, a través de los trabajadores inmigrantes en su industria textil, y también reciben muchos más turistas chinos”, le explica el experto a BBC Mundo. “Los países del este tienen menos vínculos con China”.

“Cuando ellos tienen un problema, nosotros tenemos un problema”

Un caso particular es el de Austria, país que limita con el norte de Italia y que ha sido uno de los más exitosos a la hora de contener la pandemia.

Austria tiene más de 15,500 casos de coronavirus confirmados y 608 muertes.

Los primeros casos de coronavirus se registraron en el país centroeuropeo el 25 de febrero: una pareja de italianos residentes en Innsbruck, que habían visitado recientemente su casa en la Lombardía, al norte de Italia.

Sin embargo, la cifra de fallecidos por cada 100.000 habitantes de Austria (6.78) se parece más a la de su otro vecino, Alemania (8.28), que a la de Italia (47.80).

“Un factor es que al tener la frontera con Italia, cuando recibimos las noticias desde Italia, actuamos muy rápido porque sabíamos que cuando ellos tienen un problema, nosotros tenemos un problema”, explica Czypionka.

“Tenemos vínculos muy fuertes entre la parte occidental de Austria y el norte de Italia. Sabíamos que a través de estas conexiones, el virus también nos pegaría a nosotros. Así que el gobierno actuó muy rápido”.

El experto explica que el coronavirus se convirtió en una enfermedad notificable (cada caso sospechoso tenía que ser reportado al Ministerio de Salud) el 27 de enero, mientras que en otros países, como Reino Unido, esto ocurrió en marzo.

A principios de marzo, con pocos casos registrados, Austria impuso restricciones a los viajes -prohibió las entradas desde Italia por la expansión del virus en ese país-, cerró escuelas y universidades y, a partir del 12 de marzo, introdujo limitaciones al movimiento de las personas, algo que por muchos fue considerado un poco radical, ya que casi ningún país europeo había adoptado medidas tan drásticas.

Siguiendo el ejemplo de sus vecinos del este, como República Checa y Eslovaquia, Austria también introdujo el uso obligatorio de mascarillas en supermercados y transporte público, cuando aún no había evidencia concluyente sobre su efectividad.

Vista aérea de Ischgl, un centro turístico en Austria.

Getty Images
Los centros de esquí se convirtieron en focos de contagio en Austria.

El factor edad y la estructura familiar

Para Czypionka hay otros factores que explican la particularidad del caso austríaco -y por extensión de otros países del centro de Europa- en comparación con países como Italia o España.

“Uno de ellos -explica- tiene que ver con la forma en la que se introdujo el virus en estas sociedades. En muchos países del centro de Europa el virus se introdujo en una capa demogfica joven“.

“En Austria, por ejemplo, el virus se introdujo a través de personas que hacen esquí, que normalmente son jóvenes, y estos pasaron el virus a sus pares. Es decir, personas de unos 40 años contagiaron a otros de 40 años”.

A diferencia de Italia, por ejemplo, donde el virus se expandió en áreas donde se concentra una población de edad más avanzada, “el virus se esparció en los países del centro de Europa en una capa demográfica que no estaba en riesgo”.

Calle vacía en Viena.

Getty Images
En Austria, un factor que contribuyó a la baja incidencia del coronavirus fue que la enfermedad se introdujo en el país a través de gente joven.

Czypionka destaca otro factor que jugó un papel clave en cómo se contuvo el virus en el centro y este de Europa: el porcentaje de gente joven que vive con sus padres de edad avanzada es mayor en Italia, España, e incluso Francia, que en el centro y este de Europa.

Es decir, el contagio a los grupos de riesgo fue mucho más limitado, según el experto.

“En España o Italia, el virus se expandió a las generaciones más mayores de forma más rápida que en el centro y este de Europa porque la estructura familiar es diferente”.

Levantamiento de medidas restrictivas

Así como fueron de los primeros países en imponer medidas restrictivas, los países del centro y este de Europa también están siendo de los primeros en levantar la cuarentena.

Austria se convirtió en uno de los primeros países de Europa en levantar las restricciones, con la reapertura de las pequeñas tiendas el 14 de abril, mientras el uso de mascarillas sigue siendo obligatorio en el transporte público y los establecimientos.

El 1 de mayo se permitió la reapertura de peluquerías, tiendas de más de 400 metros cuadrados e instalaciones deportivas al aire libre. Se espera que los restaurantes, bares y museos reabran más tarde este mes.

En Hungría, excepto en la capital Budapest, los espacios al aire libre en cafeterías y restaurantes reabrieron el lunes 4 de mayo, al igual que las playas y balnearios públicos.

En Eslovaquia, por ejemplo, donde hay en total 1,421 casos y solo 25 muertos, a partir de este miércoles ya abren las tiendas que no están en grandes centros comerciales, los hoteles, museos, galerías y atracciones turísticas al aire libre.

Tienda en Austria tras la reapertura.

Getty Images
Austria fue de los primeros países en Europa en aligerar las restricciones de la cuarentena.

En Polonia, los hoteles, centros comerciales, algunos centros culturales, incluidas las bibliotecas y ciertos museos, reabrieron el 4 de mayo.

Sowa-Kofta, del think tank polaco CASE, explica que las razones de la reapertura en Polonia son políticas: el gobierno quería celebrar las elecciones presidenciales previstas para este 10 de mayo, quizá no a través del voto presencial, sino por correo, aunque había varios cuestionamientos sobre su legitimidad.

Finalmente, el gobierno polaco tuvo que aplazarlas. La elección se reprogramará para una fecha “tan pronto como sea posible”.

Pero la experta explica que la mayoría de los otros países del centro y este de Europa decidieron reabrir tan rápido por la amenaza que suponían las restricciones para su economía.

“Tras un buen desempeño en los últimos años, ahora cayó muy rápido, con tasas de desempleo que no se veían desde los 90”, dice.

Y, es que, pese a la rápida reacción, estos países no serán inmunes a la crisis económica que está provocando el coronavirus.

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