La carrera por salvar especies amenazadas en tiempos de COVID-19
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Jesús Martínez / WCS

La carrera por salvar especies amenazadas en tiempos de COVID-19

Mongabay Latam habló con investigadores que trabajan en la conservación de especies endémicas de América Latina, que están amenazadas o en peligro de extinción. Para todos el COVID-19 se ha convertido en un nuevo obstáculo que sortear.
Jesús Martínez / WCS
Por Thelma Gómez Durán / Mongabay Latam
23 de mayo, 2020
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Un millón de especies de animales y plantas que existen en el mundo están en peligro de desaparecer. Para derrumbar esa sentencia, científicos y conservacionistas están inmersos en una carrera contra el tiempo, una maratón que tiene como meta garantizar un futuro a especies amenazadas, pero que ahora tuvo que ponerse en pausa por la pandemia de COVID-19.

En América Latina, una de los lugares del planeta más biodiversos, pero también una región en donde se tiene una lista larga de flora y fauna en alguna categoría de riesgo, detener durante varias semanas las estrategias de conservación puede aumentar el riesgo para una especie.

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Mongabay Latam habló con investigadores que trabajan en la conservación de especies endémicas de América Latina, que están amenazadas o en peligro de extinción. Para todos el COVID-19 se ha convertido en un nuevo obstáculo que sortear. Hay investigadores que también advierten que la crisis económica, que viene de la mano de la pandemia, puede traer aún más presión para los hábitats de muchas especies.

Salvar a los monos endémicos de Bolivia

En Bolivia es posible encontrar poco más de 20 especies de primates; pero solo dos son endémicas del país: el lucachi cenizo (Plecturocebus modestus) y el lucachi rojizo (Plecturocebus olallae), dos pequeños monos que se encuentran en la zona de pampas y bosques del río Yacuma, en el departamento de Beni, en Bolivia.

Estas dos especies se reportaron por primera vez en 1939, pero comenzaron a estudiarse a partir de 2002, explica el especialista en conservación de primates Jesús Martínez, investigador de Wildlife Conservation Society (WCS-Bolivia), quien junto con el doctor Robert Wallace, también de WCS-Bolivia, han realizado diversos estudios científicos sobre los lucachi.

En los últimos quince años, los investigadores han logrado identificar las zonas de distribución, las poblaciones, hábitos y amenazas de las dos especies.

El Plecturocebus modestus se distribuye en dos áreas cercanas al Río Yacuna, en la parte central de Bolivia; su población se estima en 20 mil individuos y está en peligro de extinción.

La situación del Plecturocebus olallae es aún más grave: se estima que no hay más de 2000 individuos; además, solo se encuentran en un área de 300 kilómetros cuadrados. Es por ello que se considera en Peligro Crítico y en 2019 ingresó a la lista de los 25 primates más amenazados a nivel mundial.

Estos pequeños monos viven en una región dominada por la sabana, donde los bosques ya están naturalmente fragmentados y son una especie de islas. “Entre el 50 y 60 por ciento del territorio de la zona es bosque; y ese es el único espacio que representa el hábitat adecuado para estos monos”, explica Jesús Martínez.

Al encontrarse en un hábitat tan frágil, el incremento de las actividades humanas, así como la construcción de carreteras en la zona aumentan la situación de vulnerabilidad para los dos primates.

Para lograr que los monos endémicos de Bolivia tengan futuro, los investigadores han impulsado proyectos para que la gente de la región conozca a estos primates y se sienta orgullosa de tener a estas especies únicas en el mundo; además se ha trabajado con las autoridades para impulsar la conservación del territorio. Por ejemplo, en abril de 2019 se creó el Área Protegida Municipal Rhukanrhuka.

“Los monos —resalta Martínez— se han convertido en los embajadores de la conservación, no solo de ellos mismos, sino también de los bosques y de otras especies de la región”.

La emergencia sanitaria provocada por COVID-19 ha detenido, por el momento, varios de los planes para seguir con la conservación de los dos primates, entre ellos la consolidación de la gestión de las áreas protegidas municipales, así como los programas de monitoreo de poblaciones y de educación ambiental.

Jesús Martínez, quien preside la Red Boliviana de Primatología, explica que por el confinamiento se tuvo que detener el trabajo que se realizaba con las comunidades para el cuidado del ecosistema.

Uno de los principales riesgos, señala el investigador, es que cada año los pobladores realizan quemas para promover el rebrote de las pasturas en la parte de la sabana. “A veces esos incendios se descontrolan y afectan las zonas de bosque donde están los monos. Esto tiene consecuencias muy marcadas para las poblaciones. Estábamos trabajando en este tema, cuando comenzó el confinamiento”.

El investigador boliviano resalta que el COVID-19 ha llevado a que los científicos busquen nuevas herramientas para lograr avanzar en los proyectos de conservación: “vamos a desarrollar nuevos métodos que nos permitan, a corto plazo, coordinar las actividades desde la distancia”. Y es que en el caso del Plecturocebus olallae, como en todas aquellas especies que están en peligro crítico, su conservación es una apuesta continua para ganar tiempo.

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El felino del que menos se sabe

En México es posible encontrar las seis diferentes especies de felinos. El más emblemático y grande es el jaguar (Panthera onca). Pero también se encuentran el ocelote (Leopardus pardalis), el puma (Puma concolor), el lince (Lynx rufus), el tigrillo (Leopardus wiedii) y el yaguarundi (Herpailurus yaguaroundi).

De los seis, tres están considerados en peligro de extinción por la norma mexicana: el jaguar, el ocelote y el tigrillo. El yaguarundi se considera una especie amenazada; este último es uno de los felinos de los que menos información se tiene.

Hace cuarenta años, de acuerdo con los registros históricos, al yaguarundi se le podía encontrar desde el sur de Estados Unidos hasta Sudamérica. Ahora lo más al norte que se ha documentado su presencia es en los estados mexicanos de Tamaulipas y en Sonora.

El biólogo mexicano y maestro en ciencias Horacio Bárcenas se ha especializado en fototrampeo. Y con los animales que más ha realizado este trabajo es con los felinos. Esta labor le permite afirmar que, en el caso de México, es posible encontrar yaguarundis a lo largo de la vertiente del Pacífico y en los estados que tienen costa en el Golfo de México. Tamaulipas, Oaxaca, Sinaloa y Yucatán son las entidades de donde se tiene el mayor número de registros de la especie.

Información de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) señala que el estado de las poblaciones de yaguarundi en México es “desconocido”.

Lo que sí se sabe es que una de las principales amenazas para el yaguarundi, así como para todas las especies de felinos, es que en sus hábitats hay “un acelerado cambio de uso de suelo para dar paso a la ganadería y la agricultura”.

Los registros de cámaras trampas que se han realizado, explica Bárcenas, muestran que a diferencia de otros felinos, el yaguarundí es más diurno: “sus picos de actividades son cuando amanece o antes de anochecer”.

El biólogo comenta que es necesario realizar más estudios sobre esta especie. El problema es que ahora la pandemia del coronavirus pone ante los científicos un nuevo reto para trabajar con los felinos, sobre todo después de que, en marzo pasado, se registró el primer caso de un tigre contagiado con COVID-19 en Nueva York.

“Toda la investigación con felinos en vida silvestre está detenida, para evitar que se pueda contagiar a estos animales”, señala Bárcenas, quien es miembro de la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar.

A la incertidumbre sobre cuándo podrán retomarse los trabajos con los felinos en vida silvestre se suma otra factor: el impacto de la crisis económica, que acompaña a la pandemia de Covid-19, en los ecosistemas y las especies.

El biólogo Bárcenas señala que estos impactos ya se han visto en el pasado. Y recuerda lo que sucedió en la Selva de los Chimalapas, en Oaxaca, hace aproximadamente cuatro años, cuando comunidades de la zona, que realizaban protestas sociales, cerraron carreteras y bloquearon las entradas a los pueblos, lo que generó un desabasto en la región.

“En la selva de los Chimalapas —explica Bárcenas— realizamos monitoreo sistemático desde hace algunos años. Y hemos visto que, cuando hay problemas sociales, la gente entra más al monte y hay un menor registro de vida silvestre”.

Los delitos ambientales —advierte el investigador— como la tala ilegal, la cacería de especies en extinción y el tráfico ilegal de vida silvestre podrían aumentar.

Esta historia se publicó originalmente en Mongabay Latam. Para leerla completa da click aquí.

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Cómo son las 6 vacunas contra la COVID que se prueban en humanos y qué países están ganando la carrera

Mientras la pandemia de covid-19 sigue propagándose en el mundo, cientos de científicos están involucrados en la búsqueda de una vacuna. Estos son los países que llevan la delantera.
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30 de abril, 2020
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Mientras el coronavirus que causa el covid-19 continúa propagándose, decenas de equipos de científicos alrededor del mundo trabajan aceleradamente para encontrar una vacuna que pueda poner fin a esta pandemia.

La velocidad con que se están llevando a cabo las investigaciones, afirman los expertos, es extraordinaria, considerando que el desarrollo de una vacuna puede tomar años, o incluso décadas.

Por ejemplo, la vacuna de ébola que se aprobó recientemente, tardó más de 16 años desde su creación hasta su aprobación.

Y es que normalmente una vacuna debe seguir varias etapas, primero en el laboratorio y después en pruebas con animales.

Si se demuestra que es segura y puede generar una respuesta inmune, entonces comienzan los ensayos con humanos.

Estos ensayos a su vez se dividen en tres fases, primero con un número pequeño de participantes sanos y después con números más grandes de personas y grupos de control para medir qué tan segura es y cuáles son las dosis más efectivas.

Ahora, sin embargo, después de sólo tres meses, entre los más de 90 equipos científicos que están trabajando en una vacuna contra covid-19, ya hay seis candidatos que llegaron a una meta importante en esta carrera: los ensayos en humanos.

Las 6 candidatas

Vacuna mRNA-1273 – Moderna Therapeutics (Estados Unidos)

Moderna, la empresa de biotecnología basada en Massachusetts, es una de las farmacéuticas que para poder acelerar el desarrollo de la vacuna contra covid-19 están probando nuevas estrategias de investigación.

El objetivo de una vacuna es entrenar el sistema inmune de una persona para generar una respuesta para combatir al virus y evitar la enfermedad.

Los enfoques convencionales que se utilizan para ello por lo general se centran en el uso de virus vivos atenuados, virus inactivados o fragmentados.

Pero la mRNA-1273 de Moderna, cuyos ensayos están financiados por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos, no está producida con el virus que causa el covid-19.

Está basada en un ARN mensajero o ácido ribonucleico mensajero.

Requiere inyectar un pequeño segmento del código genético del virus, que los científicos lograron crear en el laboratorio, y se espera que éste provoque una respuesta del sistema inmune para combatir la infección.

Vacuna INO-4800 – Inovio Pharmaceuticals (Estados Unidos)

La vacuna de Inovio, una empresa de biotecnología basada en Pensilvania, también se basa en una nueva estrategia de investigación.

Está centrada en la inyección directa de ADN a través de un plásmido (una pequeña estructura genética) para que las células del paciente produzcan los anticuerpos para combatir la infección.

Tanto Inovio como Moderna están utilizando nuevas tecnologías que involucran modificar o manipular material genético.

Desafío

Pero ninguna de estas tecnologías ha producido hasta ahora un fármaco o terapia ni ha sido aprobada para uso humano, como le explicó a BBC Mundo el doctor Felipe Tapia, del Grupo de Ingeniería de Bioprocesos del Instituto Max Planck de Magdeburgo, Alemania.

“Podría decirse que hay una expectativa muy grande en el desarrollo de estas vacunas, pero hay que ser un poco cuidadosos porque son vacunas que no tienen el historial de otros tipos de vacunas, como las inactivadas”, dice el experto.

“Incluso los mismos científicos de Moderna dicen que el gran desafío que tienen es llevar a producción y comercialización la vacuna porque no tienen licencia en estos momentos para vacunas de tipo de mRNA”, agrega.

En China

China por su parte, tiene tres vacunas en ensayos en humanos, las cuales siguen métodos más tradicionales de producción.

Vacuna AD5-nCoV – CanSino Biologics (China)

El mismo día que Moderna empezó sus pruebas en humanos, el 16 de marzo, la empresa de biotecnología china CanSino Biologics, en colaboración con el Instituto de Biotecnología y la Academia de Ciencias Médicas Militares de China, inició el suyo.

Su vacuna AD5-nCoV utiliza como vector una versión no replicante de un adenovirus, el virus que causa el resfriado común.

Este vector transporta el gen de la proteína S (spike) de la superficie del coronavirus, con la cual se intenta provocar la respuesta inmune para combatir la infección.

También en China se está probando en humanos la vacuna LV-SMENP-DC del Instituto Médico Genoinmune de Shenzhen, que está centrada en el uso de células dendríticas modificadas con vectores lentivirales.

Y la tercera candidata del país asiático es una vacuna de virus inactivadodel Instituto de Productos Biológicos de Wuhan, subordinado al Grupo Farmacéutico Nacional de China, Sinopharm.

Este tipo de vacuna inactivada requiere producir partículas de virus en reactores y después purificar esos virus para que pierdan su capacidad de enfermar.

“Esta es la tecnología más común y la plataforma de producción más experimentada en producción de vacunas”, explica Felipe Tapia del Instituto Max Planck.

“Es una tecnología que tiene productos que ya están licenciados y comercializados“.

“Por lo tanto la mayoría de las estimaciones que se dan de que una vacuna (para covid-19) va a estar lista en entre 12 y 16 meses están basadas en este tipo de vacunas inactivadas principalmente”, le dice a BBC Mundo.

Vacuna

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Tres de las vacunas se prueban en China, dos en Estados Unidos y una en Reino Unido.

La sexta

Vacuna ChAdOx1 – Instituto Jenner de la Universidad de Oxford (Reino Unido)

El primer ensayo clínico en Europa comenzó el 23 de abril para probar la vacuna desarrollada por el equipo del Instituto Jenner de la Universidad de Oxford, Inglaterra.

Es una vacuna recombinante similar a la de la empresa china CanSino.

Pero el equipo de Oxford está utilizando como vector una versión atenuada de un adenovirus del chimpancé que ha sido modificado para que no se reproduzca en humanos.

“Lo que están haciendo ellos es producir en un reactor un virus que no es dañino pero en su superficie expresa la proteína del coronavirus y así genera una respuesta inmune”, explica el experto del Instituto Max Planck.

Los científicos ya tienen experiencia en el uso de esta tecnología. Con ella desarrollaron una vacuna contra el coronavirus del MERS, cuyos ensayos clínicos, se dijo, mostraron resultados positivos.

El desafío de la producción masiva

A pesar del avance acelerado que se está logrando en la vacuna contra covid-19, los expertos afirman que no existen garantías de que alguna de estas inoculaciones funcionará.

Tal como explica Felipe Tapia no se sabe, por ejemplo, cuáles van a ser las reacciones inesperadas a las vacunas o si éstas van a funcionar con distintos tipos de poblaciones o entre distintos rangos de edad.

“Eso sólo se va a poder responder con el tiempo”, asegura el experto.

Pero obtener una vacuna efectiva y lograr su aprobación será solo el primer paso.

Después se presentará el desafío enorme de producir miles de millones de dosis de la inoculación para distribuirlas a las poblaciones que las necesitan.

Producción de vacunas

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La vacuna tendrá que producirse por millones

“Creo que habrá ciertas limitantes en la capacidad de llegar a la cantidad que se supone deberá producirse, que son cientos de millones de dosis”, le explica a BBC Mundo Felipe Tapia.

“Si queremos vacunar al planeta completo son millones de dosis que ciertamente será muy difícil llegar a producir”.

Obstáculo paradójico

Y paradójicamente, si las sociedades tienen éxito al contener la propagación del coronavirus, esto podría presentar otro obstáculo para la obtención de una vacuna: no quedarán poblaciones para poder probar la inoculación.

Porque la única forma de probar que una vacuna funciona es inoculando a las personas en lugares donde el virus sigue propagándose de forma natural.

“Esto dependerá mucho de qué tan rápido el virus inmunice a la población mundial”, dice el experto del Instituto Max Planck.

“En países donde hay una cuarentena más estricta probablemente la vacuna llegue primero que la inmunidad en la población”.

“Pero donde hay mayor actividad económica, como Alemania, el virus podría generar inmunidad más rápido y en ese caso la inmunidad llegará antes que la vacuna”, concluye.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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