'No olvidamos': Tres años sin Javier Valdez
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Griselda Triana

"No olvidamos": Tres años sin Javier Valdez

A tres años, el asesinato del periodista sigue impune. Su familia ha aprendido a vivir con su ausencia y mantiene la esperanza de que los responsables paguen por lo que le hicieron.
Griselda Triana
Por Griselda Triana
15 de mayo, 2020
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Hoy se cumplen tres años del asesinato de Javier Valdez Cárdenas, y los avances en la búsqueda de justicia no son los que, como familia, quisiéramos tener. Su crimen sigue impune, no sabemos por qué nos lo mataron, seguimos esperando respuestas. 

Ante un hecho como el que vivimos en Culiacán desde aquel 15 de mayo de 2017, los recursos de resistencia no se nos agotan. Al menos no de mi parte porque conservo intacta la esperanza de que en un futuro todos los responsables paguen por lo que le hicieron a Javier y a toda nuestra familia y a la sociedad entera.

Si bien es cierto que a tres años sobrellevamos la carga de manera más serena, aún no encontramos la paz que nuestro corazón necesita. Seguimos extrañando a Javier, a mi hija Tania y a mi hijo Fran les hace falta su padre, y a mí, mi compañero de vida.

No tengo duda de que al periodismo mexicano le hace falta como nunca la pluma de Javier. Sigue faltando cada lunes su Malayerba en el semanario Ríodoce, esas crónicas breves sobre la vida de las personas en el mundo del narcotráfico que publicaba en el medio que fundó con sus colegas;  sus publicaciones como corresponsal en el periódico La Jornada, donde trabajó por más de 18 años.

Muchas víctimas quedaron sin voz desde que lo mataron pues escribía de las mujeres que buscaban a sus hijos desaparecidos, se interesaba y se preocupaba por la niñez y la juventud fáciles de coptar por las organizaciones criminales, daba voz y rostro a las víctimas de la violencia. Se deshicieron de él porque a alguien no le gustó lo que escribió. Así de fácil. Fueron varios contra él solo. En cuestión de segundos cegaron su vida de doce disparos.

Es inevitable no recordar minuto a minuto lo que pasó ese mediodía en Culiacán, a escasos metros de Ríodoce, de donde salía. Lo estaban esperando aunque quisieron hacer pasar el asesinato como un intento de robo. La escena del crimen siempre está en mi mente: su cuerpo boca abajo sobre el asfalto, cubierto con una manta azul y el sombrero que yo le regalé cubriendo su rostro. 

Lee: Sentencian a 14 años de prisión al “Koala”, uno de los implicados en el asesinato de Javier Valdez

No olvido la llamada de Ismael Bojórquez, el director, nuestro amigo, para decirme que habían atacado a Javier a balazos. El tono de su voz descompuesta lo tengo grabado en mi memoria. Después de eso, todo se volvió un torbellino. Se resquebrajó nuestra vida.

Salir de Sinaloa no fue sencillo, pero el miedo y el dolor eran insoportables. Me tuve que ir del lugar en el que crecí, en donde conocí a Javier y me casé, en donde criamos nuestra familia, la ciudad en la que se inspiraba para hacer sus crónicas. Toda posibilidad de regresar se truncó. 

Una pérdida tras otra. Un duelo tras otro. Así suele ser la vida cuando la violencia te arrebata a quien más amas. 

En el transcurso de estos tres años no he parado de exigir justicia. El 27 de febrero de este año se asomó la posibilidad de saber por qué mataron a Javier. Fue en el juicio abreviado en el que Heriberto Picos Barraza, apodado entre los mafiosos como “El Koala”, aceptó haber participado el día del asesinato. Purga su condena en un penal federal de mediana seguridad en Sinaloa. Le dieron sólo 14 años y 8 meses años de cárcel por haber “cooperado” con la justicia.

El nuevo sistema penal acusatorio permite a los victimarios admitir su delito; a cambio reciben sentencias más breves. Aunque es una pequeña victoria, no me dejó me satisfecha porque no confesó detalles ni por qué nos lo mataron. 

La investigación no ha sido sencilla para la Fiscalía Especializada en Atención a Delitos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) de la Fiscalía General de la República (FGR), y de la organización Propuesta Cívica que me representa.

La lectura del ministerio público sobre lo sucedido, que escuché en el juicio -yo desde un cuarto separado- aportaron algunos indicios de lo que ocurrió ese 15 de mayo. Todos pertenecían a una célula del grupo criminal comandado por Dámaso López Serrano, a quien apodan el “Mini Lic”. Sus declaraciones me despejaron el panorama lleno de dudas y permiten saber desde cuál organización criminal se ordenó el asesinato de Javier. 

Uno de los retos de las autoridades mexicanas será lograr que el líder de este grupo criminal, quien se encuentra preso en los Estados Unidos, bajo la figura de testigo protegido, sea trasladado a México y rinda cuentas por este delito. Al que llaman delito contra la libertad de expresión, para mí es el asesinato de mi marido de hace 26 años. 

En ello estará puesta nuestra exigencia para conocer la verdad, pero necesitamos tener garantías de que ese criminal -hijo de Dámaso López a quien apodan en esos mundos El Licenciado, compadre de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo- no tenga ningún privilegio que le facilite evadir su presencia ante las instancias judiciales de nuestro país. 

La contingencia por el coronavirus ha imposibilitado la continuación de la audiencia intermedia, muchas veces suspendida. Aún espera la sentencia de otro de los asesinos. Uno más está muerto desde octubre de 2017.

Lee: Usan Pegasus y sitios falsos de Animal Político y Proceso para espiar a la viuda de Javier Valdez

Por la crisis no podremos realizar las jornadas ciudadanas que armamos en su memoria  los dos años anteriores en varias partes del país pero especialmente en Culiacán, donde participan artistas, poetas, defensores de derechos humanos, periodistas, ciudadanos que lo consideraban su amigo, su aliado, para seguir visibilizando la injusticia e impunidad que impera.

La pandemia del coronavirus que azota a muchos países del mundo, y el costo que está cobrando en nuestro país es alto. Respeto a quienes hacen frente a esta pandemia y a la gente que más está sufriendo, y me duele por la pérdida de miles de personas que han muerto contagiadas.

Pero las autoridades no deben olvidar a quienes todos los días, y desde hace años, estamos en la búsqueda de justicia. No podemos hacer como que no pasa nada e invisibilizar otras tragedias que vivimos en este país decenas de miles de víctimas y por quienes nos fueron arrebatados de forma violenta por su labor periodística. 

Yo no olvido. No olvidamos. Aquí estamos. Añoramos a Javier. Ese 2017 había cumplido sus primeros 50 años. Falta su presencia madrugadora en el café, en las reuniones de cada lunes en la redacción de Ríodoce, desde donde hacía periodismo que incomodaba a los que se sienten poderosos, sus llamadas a la sección de Estados de La Jornada. Hace falta en casa de su mamá, en especial los viernes cuando acudía a comer con ella. 

Yo lo extraño cada noche, sobre todo en aquellas en que me pedía no me durmiera antes que él. Su sinusitis crónica que se le manifestaba cuando cambiaba la temperatura.  Sus manos y su presencia grande y fuerte.  

Nuestras tardes en “El Guayabo”, su cantina favorita donde bebía güisqui, muchos litros de agua y comía cacahuates, un lugar donde platicaba con todas las personas que se acercaban a él y de donde se nutrió para escribir muchas de las historias de su columna Malayerba.

Extraño su llanto fácil como el día en que Tania, nuestra hija, se casó y yo tenía miedo de que se fuera infartar de la emoción, gusto y tristeza de verla partir. Añoro su hablar norteño y desenfadado.

Extraño los domingos cuando me despertaba y escuchaba desde temprano el ruido del teclado de su computadora mientras escribía, cuando me preparaba el desayuno y pasábamos el resto del día viendo juntos series de televisión.

Escribo esto el martes 5 de mayo. Todo marchaba bien hasta esta tarde hasta que recibo un mensaje de una persona cercana que me pregunta cómo estoy. Mi respuesta en automático es: “todo está bien”. Pero no lo estoy. Lo noto porque el llanto brotó fácil e inmediatamente. 

Las fotografías están esparcidas sobre la mesa del comedor, bebo café en una de las tazas de él, aquella color amarillo que Tania le regaló un Día del Padre, tengo a la mano el libro
“Periodismo escrito con sangre”, antología que reúne textos de seis de sus ocho libros.

Desde el primero de mayo he subido al Facebook fragmentos de uno de sus últimos textos incluido en este libro, es mi forma de honrarlo. ¿Cómo puedo contener el llanto si tantos recuerdos están ahí, reunidos? Tengo a la mano esas imágenes de nuestra época estudiantil, de novios. Yo embarazada de Tania, luego de Fran. En el trabajo, con nuestras amistades, de nuestras vacaciones los cuatro, de las posadas de Ríodoce.

Los recuerdos se agolpan y calan hondo porque no estaré en Culiacán este 15 de mayo. No iré al lugar donde reposan sus cenizas, no recorreré las calles y avenidas de la ciudad que tanto quiso, sobre todo la Álvaro Obregón que muchas noches patrullamos juntos. No llegaré a nuestro hogar, no veré a la gente que lo quiso. Esto duele tanto.

Mis ojos están hinchados y mi nariz roja. No dejo de moquear y me cuesta trabajo escribir. Hago pucheros, no lo puedo evitar. Mayo siempre será triste, muy triste.

*

Estos son algunos fragmentos de sus libros que he ido hilvanando con estas fotos nuestras.

Javier y yo esperando el nacimiento de Tania. Foto: Griselda Triana

“Uno se siente como un funámbulo, un acróbata del periodismo: haciendo malabares para no quedarse callado, guardar silencio. Y uno grita en los mítines las protestas, ‘no nos callarán’. En realidad ya lo hicieron. A medias o totalmente, como en Tamaulipas o en Sinaloa o en Chihuahua. Ya mandan y no somos nosotros los que tecleamos en las computadoras a la hora de hacer las notas, son ellos los que eligen las letras, las palabras, los párrafos y fotos de nuestras historias”. 

Javier Valdez, Periodismo en tiempos violentos, antología Periodismo escrito con sangre.

Javier cuando trabajó en Canal 3 de Culiacán. Foto: Griselda Triana

“En México cada vez es más difícil hacer periodismo. Son tiempos violentos, convulsos, de una decadencia galopante y una descomposición espantosa que no permite una vida digna. Y si en el país no hay condiciones para una vida digna, menos para hacer periodismo. A finales del año pasado publiqué mi más reciente libro, Narcoperiodismo. Pero justo cuando quería ponerle el punto final, surgían nuevos casos de periodistas asesinados o desaparecidos, amenazados. Es un libro con historias que no tienen fin. Fue difícil cerrarlo y entregarlo al editor. Aún ahora me duele haberle puesto un punto final que se diluye, se mancha de sangre y dolor”. 

Javier Valdez, Periodismo en tiempos violentos, antología Periodismo escrito con sangre.

Javier reporteando en la sierra de Chihuahua. Foto: Griselda Triana

“En este ambiente, los periodistas y el periodismo valiente y digno son más frágiles y vulnerables. Además, hay una sociedad que no cobija, que no acompaña al periodismo valiente en México. Esta condición de da sobre todo en medio de regiones diversas. Por eso, hacer periodismo en estas condiciones es un acto de resistencia, de ejercer la libertad de expresión en medio de muchas amenazas y muchos periodistas tienen a un espía del narco en las redacciones o están amenazados por los criminales de dentro y de fuera del gobierno y parecen teclear las historias con un fusil automático apuntándoles”. 

Javier Valdez, Periodismo en tiempos violentos, antología Periodismo escrito con sangre.

En algún café de Culiacán, trabajando. Foto: Griselda Triana.

“Este 2017, en marzo, fueron tres los reporteros asesinados en México, entre ellos mi compañera y amiga Miroslava Breach Velducea, quien recibió ocho balazos cuando salía de su casa. En un mensaje que le dejaron los homicidas decía ‘por lengua larga’. Y si a esas vamos, todos los periodistas valientes en este país, dignos, que hacen este periodismo de acróbatas, tenemos la lengua larga. Que nos maten a todos, si la condena por hacer este periodismo es la muerte”. 

Javier Valdez, Periodismo en tiempos violentos, antología Periodismo escrito con sangre.

Por la avenida Álvaro Obregón cubriendo una protesta del sector de la salud. Foto: Griselda Triana.

“Miros, como llamábamos a Miroslava, era corresponsal de La Jornada en Chihuahua, como yo en Culiacán. Sentí su muerte cerca. Uno dice, fue allá, en Chihuahua. Pero no, en realidad fue aquí, cerquita, a centímetros de estos dedos que escriben, de esos ojos que leen periódicos, de esas historias que sin los periodistas no sabríamos. Sí muere Miros, morimos nosotros también. La sociedad entera sufre amputaciones de oídos y ojos y manos que critican, denuncian, investigan y publican en los medios de comunicación. No es un periodista más, es una sociedad herida en la muerte de cada periodista”.

Javier Valdez, Periodismo en tiempos violentos, antología Periodismo escrito con sangre.

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Andrea Taylor

`La distribución desigual de vacunas entre países ricos y pobres significará que el virus continuará propagándose y mutando'

La investigadora Andrea Taylor cree que, de continuar el actual sistema de distribución de las vacunas, el virus podría seguir mutando, haciendo inefectiva la inmunización y produciendo consecuencias devastadoras.
Andrea Taylor
4 de febrero, 2021
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La carrera global por una vacuna contra el COVID-19 ha sido, probablemente, una de las más decisivas y frenéticas de nuestro tiempo.

En menos de un año, farmacéuticas, gobiernos, aerolíneas, centros de investigación y empresas de todo el mundo se han unido en un esfuerzo en común para materializar una inyección que se ha vuelto la última esperanza para salir del oscuro túnel de muertes, contagios y confinamientos que se ha sacudido el mundo de un extremo a otro.

Sin embargo, ahora que varias vacunas han comenzado a distribuirse y las autoridades sanitarias de numerosos países se esfuerzan en administrar el mayor número de dosis posible a su población, los expertos han comenzado a alertar que en esta nueva carrera los mayores beneficiados no serán, necesariamente, quienes terminen primero.

Y es que según un estudio que realizó la Universidad de Duke en Estados Unidos y que se volvió referencia en el tema en los últimos meses, la forma en la que se distribuyen actualmente las vacunas supone otro grave peligro de salud pública a nivel mundial.

La situación, de alguna forma, reproduce el actual sistema global: los países más ricos han comprado ya la mayor cantidad de vacunas que se producirá este año, mientras los más pobres no tendrán dosis para administrar incluso ni a sus poblaciones más vulnerables.

Como resultado, se estima que cerca del 90% de las habitantes en casi 70 países de bajos ingresos tendrán pocas posibilidades de vacunarse contra el COVID-19 en 2021.

Mientras, otras naciones, como Canadá, ya han comprado suficientes dosis para vacunar cinco veces a su población.

Número de dosis compradas por países. . .

Los expertos temen que, de continuar como va el actual sistema de distribución, el virus podría seguir mutando, hacer inefectivas las actuales vacunas, además de producir consecuencias económicas, políticas y morales devastadoras.

Para analizar este tema en BBC Mundo conversamos con Andrea Taylor, quien dirige la investigación del Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad de Duke que rastrea la distribución de vacunas a nivel global.

El proyecto, denominado Launch and Scale Speedometer, analiza datos globales sobre vacunas y terapias para combatir la pandemia y sus hallazgos se han vuelto un llamado de alerta entre políticos, académicos y expertos en salud pública.


¿Cuáles fueron los principales hallazgos de este proyecto que dirigió sobre la distribución global de vacunas?

Analizamos los datos disponibles públicamente de las compras de vacunas contra el COVID-19 para comprender mejor la asignación de vacunas en todo el mundo.

Lo que descubrimos es que los países ricos han comprado la mayor parte, mientras que los países más pobres luchan por obtener suficientes vacunas para cubrir incluso a sus poblaciones más vulnerables.

Identificamos estas brechas por primera vez en octubre de 2020 y aún no las hemos visto cerrarse, lo cual es muy preocupante.

¿Cómo se llegó a este punto?

Los países ricos aprovecharon su poder adquisitivo e inversiones en el desarrollo de vacunas para obtener un lugar en primera fila y luego compraron la mayoría de las vacunas antes que otros países.

Los países de ingresos altos tienen el 16% de la población mundial, pero actualmente cuentan con el 60% de las dosis de vacunas que se han vendido.

Vacuna

Getty Images
Conseguir una vacuna con efectividad probada no será suficiente para detener la pandemia, pues hará falta garantizar su distribución.

Debido a que la capacidad de fabricación global es limitada, esto deja menos dosis para todos los demás, al menos a corto plazo.

Los países de ingresos medianos y bajos no pudieron realizar compras de gran volumen o comprar vacunas cuando el riesgo de falla aún era muy alto, por lo que no obtuvieron acceso prioritario. Estos países están claramente en peligro ahora.

La principal preocupación es que los países de ingresos bajos y medianos simplemente no tendrán suficientes vacunas y que las personas que viven en países ricos estarán protegidas mientras el virus se propague en los países más pobres.

Si se desarrolla de esta manera, todos sufriremos más, tanto en términos de impacto sanitario como económico.

En ese sentido, hace semanas, la Organización Mundial de la Salud advirtió que el mundo se enfrentaba a un “fracaso moral catastrófico” debido a las políticas desiguales de vacunación contra el covid-19. ¿Cuáles son los principales riesgos a nivel global de la forma en que se venden y distribuyen actualmente las vacunas?

La distribución desigual de las vacunas es peligrosa para todos. Ciertamente es un fracaso moral, pero también nos enfrentamos a resultados económicos y de salud catastróficos.

Provocará muchas más muertes en todo el mundo, especialmente entre nuestros vecinos más vulnerables.

Pero también significa que el virus continuará propagándose y mutando, aumentando el riesgo de que nuestra lista de vacunas no cubra eficazmente nuevas cepas.

La sede de la OMS en Ginebra

Reuters
La OMS ha advertido que solo un esfuerzo coordinado mundial para eliminar la amenaza del SARS-CoV-2.

Si los países ricos vacunan a sus poblaciones, mientras permiten que el virus se propague a otros lugares, es posible que descubran que no están protegidos de las cepas más nuevas que surjan.

También devastará nuestras economías.

Los modelos recientes muestran que si los países ricos vacunan a sus poblaciones antes de garantizar el acceso a los países más pobres, la devastación económica costará entre US$1,5 y US$9,2 billones y al menos la mitad caerá sobre los países ricos.

Algunos de los países que tendrían que esperar años para vacunar a toda su población son ahora algunos de los lugares donde muchas vacunas se están sometiendo a ensayos clínicos. ¿Cómo entender esta aparente contradicción?

Desde el principio quedó claro que las naciones de ingresos medios y bajos iban a tener dificultades para llegar al frente de la fila para comprar vacunas.

Vimos países que aprovechaban tanto la capacidad de fabricación como la infraestructura de ensayos clínicos para intentar conseguir ofertas de vacunas.

Una enfermera prepara una dosis de la vacuna CoronaVac, de Sinovac en Ankara, Turquía.

Reuters
Muchas naciones pobres tendrán que esperar hasta incluso 2024 para vacunar a toda su población contra el coronavirus.

Líderes de varios países nos dijeron que estaban trabajando para atraer ensayos clínicos con la esperanza de que les ayudara a negociar un acuerdo de suministro con el desarrollador de la vacuna.

En algunos lugares esta estrategia tuvo éxito, pero en otros no.

Es el caso de América Latina, donde también hemos visto muchos gobiernos que tomaron la decisión de comprar algunas vacunas (como la rusa o la china), incluso cuando los procesos de ensayos clínicos y resultados estaban siendo cuestionados por expertos en salud pública. ¿Podría la falta de acceso a otras vacunas aprobadas y más seguras llevar a los países menos desarrollados a administrar dosis que no se han probado a fondo?

Los líderes de estos países están tomando decisiones de salud pública muy difíciles y el cálculo cambia cada semana, a medida que cambia la carga de morbilidad y se descubren nuevas variantes.

Hace unos meses, escuchábamos a líderes de muchos países menos desarrollados decir que no aceptarían una vacuna sin datos sólidos de eficacia.

Más recientemente, estamos viendo que estos mismos países compran vacunas que no han publicado datos sólidos, pero que pueden estar en un avión dentro de las 24 horas posteriores al cierre del trato.

Por supuesto, esto es un riesgo y no es una opción tan buena como usar una vacuna que ha sido revisada y aprobada rigurosamente por una autoridad reguladora estricta.

Pero si su elección como líder está entre algo y nada, probablemente algo sea mejor.

Por otra parte, están los reportes de países como Canadá o Estados Unidos, que han comprado dosis suficientes para vacunar a toda su población varias veces. ¿Cuál es la lógica detrás de este “acaparamiento”?

Muchos países ricos compraron suficientes vacunas para cubrir muchas veces a sus poblaciones. Esto tenía sentido en el mundo en el que vivíamos hace 6 meses, porque aún no sabíamos cuál de las vacunas candidatas, si es que había alguna, llegaría al mercado.

La mayoría de los países ricos compraron dosis de múltiples candidatos con la esperanza de que si uno o dos de ellos llegaban al mercado, tendrían una cobertura de su población del 100%.

Dosis de vacunas en una fábrica.

Getty Images
Se espera que el plan Covax se ponga en marcha en febrero.

Al final resultó que las vacunas contra el covid-19 han tenido éxito más allá de las expectativas.

Ya tenemos algunas en el mercado y otras más saldrán en los próximos meses.

En realidad, ningún país rico tiene dosis de vacunas adicionales en esta etapa, pero sí se han reservado los espacios de fabricación prioritarios para 2021 para la mayoría de las vacunas contra el covid-19.

Esto significa que los países que realizan compras ahora pueden tener que esperar meses o incluso un año más.

Una de las alternativas para esta situación es Covax, el esfuerzo global que involucra tanto a países ricos como a otros menos desarrollados para un acceso equitativo a las vacunas contra el covid-19. ¿Cuáles serían los principales desafíos que enfrenta esta propuesta?

El principal desafío al que se enfrenta Covax es el tiempo.

Si bien la iniciativa ha tenido éxito en la compra de vacunas, garantizar la entrega en paralelo con el lanzamiento de la vacuna en las naciones ricas es mucho más difícil.

Las naciones de ingresos medios y bajos que cuentan con Covax como una parte importante de su estrategia de vacuna necesitan las dosis ahora, pero gran parte de los espacios de fabricación prioritarios ya han sido reservados por países ricos que hicieron acuerdos bilaterales.

También es importante señalar que Covax es necesario pero no suficiente.

Con una cobertura de población del 20%, es una pieza fundamental de la solución, pero los países pobres seguirán enfrentando brechas masivas en el acceso a las vacunas.

Tenemos que preocuparnos por la cobertura de población restante del 40-50% necesaria para alcanzar la inmunidad colectiva en estos países.

Supongamos que soy el primer ministro de una nación muy rica. ¿Qué argumento me daría para convencerme de que no debería comprar dosis suficientes para vacunar a toda mi población, porque al hacerlo, otros países menos desarrollados no tendrán acceso a esa vacuna? ¿Por qué debería preocuparme por ellos en lugar de vacunar a todos mis conciudadanos?

Realmente es un argumento de autoconservación. Al asegurarte de que otros países también tengan acceso a la vacuna, está garantizando el éxito de la tuya.

Los líderes de los países ricos deben asegurarse de que sus poblaciones estén cubiertas lo más rápido posible y se consideraría un fracaso masivo si no lo hicieran.

También deben garantizar que todos los países tengan acceso a las vacunas al mismo tiempo para cubrir a sus poblaciones más vulnerables, lo que ayudaría a proteger los servicios de salud y de emergencia y reducir las muertes.

Una mujer es vacunada contra el coronavirus en Rusia.

Reuters
La mayoría de naciones que han comenzado la vacunación son países de altos inresos.

Los modelos recientes demuestran que no hacerlo probablemente devastará las economías de las naciones ricas y creará una situación en la que nunca estaremos libres de este virus.

Muchos países, incluidos Canadá, Reino Unido y el bloque de la Unión Europea, han declarado su compromiso de donar el exceso de dosis a otros países, pero el momento en esto realmente importa.

Los líderes de los países ricos deben comenzar a donar dosis a los países más pobres sin dejar de vacunar a sus propias poblaciones.

Noruega ha liderado esto y ha declarado que donará dosis en paralelo con el lanzamiento de su propia vacuna.

Los líderes de los países ricos deberían elegir mejores resultados a largo plazo a riesgo de pérdidas políticas a corto plazo y encontrar formas de transmitir la importancia y los beneficios de esto a sus poblaciones.

Esto requiere un liderazgo más fuerte del que hemos visto hasta ahora pero, sin él, incluso los ciudadanos de los países ricos saldrán mucho peor.


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