'No olvidamos': Tres años sin Javier Valdez
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Griselda Triana

"No olvidamos": Tres años sin Javier Valdez

A tres años, el asesinato del periodista sigue impune. Su familia ha aprendido a vivir con su ausencia y mantiene la esperanza de que los responsables paguen por lo que le hicieron.
Griselda Triana
Por Griselda Triana
15 de mayo, 2020
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Hoy se cumplen tres años del asesinato de Javier Valdez Cárdenas, y los avances en la búsqueda de justicia no son los que, como familia, quisiéramos tener. Su crimen sigue impune, no sabemos por qué nos lo mataron, seguimos esperando respuestas. 

Ante un hecho como el que vivimos en Culiacán desde aquel 15 de mayo de 2017, los recursos de resistencia no se nos agotan. Al menos no de mi parte porque conservo intacta la esperanza de que en un futuro todos los responsables paguen por lo que le hicieron a Javier y a toda nuestra familia y a la sociedad entera.

Si bien es cierto que a tres años sobrellevamos la carga de manera más serena, aún no encontramos la paz que nuestro corazón necesita. Seguimos extrañando a Javier, a mi hija Tania y a mi hijo Fran les hace falta su padre, y a mí, mi compañero de vida.

No tengo duda de que al periodismo mexicano le hace falta como nunca la pluma de Javier. Sigue faltando cada lunes su Malayerba en el semanario Ríodoce, esas crónicas breves sobre la vida de las personas en el mundo del narcotráfico que publicaba en el medio que fundó con sus colegas;  sus publicaciones como corresponsal en el periódico La Jornada, donde trabajó por más de 18 años.

Muchas víctimas quedaron sin voz desde que lo mataron pues escribía de las mujeres que buscaban a sus hijos desaparecidos, se interesaba y se preocupaba por la niñez y la juventud fáciles de coptar por las organizaciones criminales, daba voz y rostro a las víctimas de la violencia. Se deshicieron de él porque a alguien no le gustó lo que escribió. Así de fácil. Fueron varios contra él solo. En cuestión de segundos cegaron su vida de doce disparos.

Es inevitable no recordar minuto a minuto lo que pasó ese mediodía en Culiacán, a escasos metros de Ríodoce, de donde salía. Lo estaban esperando aunque quisieron hacer pasar el asesinato como un intento de robo. La escena del crimen siempre está en mi mente: su cuerpo boca abajo sobre el asfalto, cubierto con una manta azul y el sombrero que yo le regalé cubriendo su rostro. 

Lee: Sentencian a 14 años de prisión al “Koala”, uno de los implicados en el asesinato de Javier Valdez

No olvido la llamada de Ismael Bojórquez, el director, nuestro amigo, para decirme que habían atacado a Javier a balazos. El tono de su voz descompuesta lo tengo grabado en mi memoria. Después de eso, todo se volvió un torbellino. Se resquebrajó nuestra vida.

Salir de Sinaloa no fue sencillo, pero el miedo y el dolor eran insoportables. Me tuve que ir del lugar en el que crecí, en donde conocí a Javier y me casé, en donde criamos nuestra familia, la ciudad en la que se inspiraba para hacer sus crónicas. Toda posibilidad de regresar se truncó. 

Una pérdida tras otra. Un duelo tras otro. Así suele ser la vida cuando la violencia te arrebata a quien más amas. 

En el transcurso de estos tres años no he parado de exigir justicia. El 27 de febrero de este año se asomó la posibilidad de saber por qué mataron a Javier. Fue en el juicio abreviado en el que Heriberto Picos Barraza, apodado entre los mafiosos como “El Koala”, aceptó haber participado el día del asesinato. Purga su condena en un penal federal de mediana seguridad en Sinaloa. Le dieron sólo 14 años y 8 meses años de cárcel por haber “cooperado” con la justicia.

El nuevo sistema penal acusatorio permite a los victimarios admitir su delito; a cambio reciben sentencias más breves. Aunque es una pequeña victoria, no me dejó me satisfecha porque no confesó detalles ni por qué nos lo mataron. 

La investigación no ha sido sencilla para la Fiscalía Especializada en Atención a Delitos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) de la Fiscalía General de la República (FGR), y de la organización Propuesta Cívica que me representa.

La lectura del ministerio público sobre lo sucedido, que escuché en el juicio -yo desde un cuarto separado- aportaron algunos indicios de lo que ocurrió ese 15 de mayo. Todos pertenecían a una célula del grupo criminal comandado por Dámaso López Serrano, a quien apodan el “Mini Lic”. Sus declaraciones me despejaron el panorama lleno de dudas y permiten saber desde cuál organización criminal se ordenó el asesinato de Javier. 

Uno de los retos de las autoridades mexicanas será lograr que el líder de este grupo criminal, quien se encuentra preso en los Estados Unidos, bajo la figura de testigo protegido, sea trasladado a México y rinda cuentas por este delito. Al que llaman delito contra la libertad de expresión, para mí es el asesinato de mi marido de hace 26 años. 

En ello estará puesta nuestra exigencia para conocer la verdad, pero necesitamos tener garantías de que ese criminal -hijo de Dámaso López a quien apodan en esos mundos El Licenciado, compadre de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo- no tenga ningún privilegio que le facilite evadir su presencia ante las instancias judiciales de nuestro país. 

La contingencia por el coronavirus ha imposibilitado la continuación de la audiencia intermedia, muchas veces suspendida. Aún espera la sentencia de otro de los asesinos. Uno más está muerto desde octubre de 2017.

Lee: Usan Pegasus y sitios falsos de Animal Político y Proceso para espiar a la viuda de Javier Valdez

Por la crisis no podremos realizar las jornadas ciudadanas que armamos en su memoria  los dos años anteriores en varias partes del país pero especialmente en Culiacán, donde participan artistas, poetas, defensores de derechos humanos, periodistas, ciudadanos que lo consideraban su amigo, su aliado, para seguir visibilizando la injusticia e impunidad que impera.

La pandemia del coronavirus que azota a muchos países del mundo, y el costo que está cobrando en nuestro país es alto. Respeto a quienes hacen frente a esta pandemia y a la gente que más está sufriendo, y me duele por la pérdida de miles de personas que han muerto contagiadas.

Pero las autoridades no deben olvidar a quienes todos los días, y desde hace años, estamos en la búsqueda de justicia. No podemos hacer como que no pasa nada e invisibilizar otras tragedias que vivimos en este país decenas de miles de víctimas y por quienes nos fueron arrebatados de forma violenta por su labor periodística. 

Yo no olvido. No olvidamos. Aquí estamos. Añoramos a Javier. Ese 2017 había cumplido sus primeros 50 años. Falta su presencia madrugadora en el café, en las reuniones de cada lunes en la redacción de Ríodoce, desde donde hacía periodismo que incomodaba a los que se sienten poderosos, sus llamadas a la sección de Estados de La Jornada. Hace falta en casa de su mamá, en especial los viernes cuando acudía a comer con ella. 

Yo lo extraño cada noche, sobre todo en aquellas en que me pedía no me durmiera antes que él. Su sinusitis crónica que se le manifestaba cuando cambiaba la temperatura.  Sus manos y su presencia grande y fuerte.  

Nuestras tardes en “El Guayabo”, su cantina favorita donde bebía güisqui, muchos litros de agua y comía cacahuates, un lugar donde platicaba con todas las personas que se acercaban a él y de donde se nutrió para escribir muchas de las historias de su columna Malayerba.

Extraño su llanto fácil como el día en que Tania, nuestra hija, se casó y yo tenía miedo de que se fuera infartar de la emoción, gusto y tristeza de verla partir. Añoro su hablar norteño y desenfadado.

Extraño los domingos cuando me despertaba y escuchaba desde temprano el ruido del teclado de su computadora mientras escribía, cuando me preparaba el desayuno y pasábamos el resto del día viendo juntos series de televisión.

Escribo esto el martes 5 de mayo. Todo marchaba bien hasta esta tarde hasta que recibo un mensaje de una persona cercana que me pregunta cómo estoy. Mi respuesta en automático es: “todo está bien”. Pero no lo estoy. Lo noto porque el llanto brotó fácil e inmediatamente. 

Las fotografías están esparcidas sobre la mesa del comedor, bebo café en una de las tazas de él, aquella color amarillo que Tania le regaló un Día del Padre, tengo a la mano el libro
“Periodismo escrito con sangre”, antología que reúne textos de seis de sus ocho libros.

Desde el primero de mayo he subido al Facebook fragmentos de uno de sus últimos textos incluido en este libro, es mi forma de honrarlo. ¿Cómo puedo contener el llanto si tantos recuerdos están ahí, reunidos? Tengo a la mano esas imágenes de nuestra época estudiantil, de novios. Yo embarazada de Tania, luego de Fran. En el trabajo, con nuestras amistades, de nuestras vacaciones los cuatro, de las posadas de Ríodoce.

Los recuerdos se agolpan y calan hondo porque no estaré en Culiacán este 15 de mayo. No iré al lugar donde reposan sus cenizas, no recorreré las calles y avenidas de la ciudad que tanto quiso, sobre todo la Álvaro Obregón que muchas noches patrullamos juntos. No llegaré a nuestro hogar, no veré a la gente que lo quiso. Esto duele tanto.

Mis ojos están hinchados y mi nariz roja. No dejo de moquear y me cuesta trabajo escribir. Hago pucheros, no lo puedo evitar. Mayo siempre será triste, muy triste.

*

Estos son algunos fragmentos de sus libros que he ido hilvanando con estas fotos nuestras.

Javier y yo esperando el nacimiento de Tania. Foto: Griselda Triana

“Uno se siente como un funámbulo, un acróbata del periodismo: haciendo malabares para no quedarse callado, guardar silencio. Y uno grita en los mítines las protestas, ‘no nos callarán’. En realidad ya lo hicieron. A medias o totalmente, como en Tamaulipas o en Sinaloa o en Chihuahua. Ya mandan y no somos nosotros los que tecleamos en las computadoras a la hora de hacer las notas, son ellos los que eligen las letras, las palabras, los párrafos y fotos de nuestras historias”. 

Javier Valdez, Periodismo en tiempos violentos, antología Periodismo escrito con sangre.

Javier cuando trabajó en Canal 3 de Culiacán. Foto: Griselda Triana

“En México cada vez es más difícil hacer periodismo. Son tiempos violentos, convulsos, de una decadencia galopante y una descomposición espantosa que no permite una vida digna. Y si en el país no hay condiciones para una vida digna, menos para hacer periodismo. A finales del año pasado publiqué mi más reciente libro, Narcoperiodismo. Pero justo cuando quería ponerle el punto final, surgían nuevos casos de periodistas asesinados o desaparecidos, amenazados. Es un libro con historias que no tienen fin. Fue difícil cerrarlo y entregarlo al editor. Aún ahora me duele haberle puesto un punto final que se diluye, se mancha de sangre y dolor”. 

Javier Valdez, Periodismo en tiempos violentos, antología Periodismo escrito con sangre.

Javier reporteando en la sierra de Chihuahua. Foto: Griselda Triana

“En este ambiente, los periodistas y el periodismo valiente y digno son más frágiles y vulnerables. Además, hay una sociedad que no cobija, que no acompaña al periodismo valiente en México. Esta condición de da sobre todo en medio de regiones diversas. Por eso, hacer periodismo en estas condiciones es un acto de resistencia, de ejercer la libertad de expresión en medio de muchas amenazas y muchos periodistas tienen a un espía del narco en las redacciones o están amenazados por los criminales de dentro y de fuera del gobierno y parecen teclear las historias con un fusil automático apuntándoles”. 

Javier Valdez, Periodismo en tiempos violentos, antología Periodismo escrito con sangre.

En algún café de Culiacán, trabajando. Foto: Griselda Triana.

“Este 2017, en marzo, fueron tres los reporteros asesinados en México, entre ellos mi compañera y amiga Miroslava Breach Velducea, quien recibió ocho balazos cuando salía de su casa. En un mensaje que le dejaron los homicidas decía ‘por lengua larga’. Y si a esas vamos, todos los periodistas valientes en este país, dignos, que hacen este periodismo de acróbatas, tenemos la lengua larga. Que nos maten a todos, si la condena por hacer este periodismo es la muerte”. 

Javier Valdez, Periodismo en tiempos violentos, antología Periodismo escrito con sangre.

Por la avenida Álvaro Obregón cubriendo una protesta del sector de la salud. Foto: Griselda Triana.

“Miros, como llamábamos a Miroslava, era corresponsal de La Jornada en Chihuahua, como yo en Culiacán. Sentí su muerte cerca. Uno dice, fue allá, en Chihuahua. Pero no, en realidad fue aquí, cerquita, a centímetros de estos dedos que escriben, de esos ojos que leen periódicos, de esas historias que sin los periodistas no sabríamos. Sí muere Miros, morimos nosotros también. La sociedad entera sufre amputaciones de oídos y ojos y manos que critican, denuncian, investigan y publican en los medios de comunicación. No es un periodista más, es una sociedad herida en la muerte de cada periodista”.

Javier Valdez, Periodismo en tiempos violentos, antología Periodismo escrito con sangre.

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Sismo en Indonesia: sube el número de muertos a 268 y hay decenas de desaparecidos

El sismo de magnitud 5.6 sacudió la ciudad de Cianjur, en Java Occidental, en Indonesia.
22 de noviembre, 2022
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Un sismo en la principal isla indonesia de Java dejó al menos 268 muertos, muchos de ellos niños, y cientos de heridos y desaparecidos este lunes.

El sismo de magnitud 5,6 sacudió la ciudad de Cianjur, en Java Occidental, a una profundidad de 10 km, de acuerdo con datos del Servicio Geológico de EE. UU.

El número exacto de personas fallecidas hasta ahora sigue sin estar claro.

El lunes, el gobernador regional Ridwan Kamil había informado de 162 muertos, pero esa cifra fue revisada luego a la baja por la Agencia Nacional de Mitigación de Desastres de Indonesia (BNPB), que dio la cifra de 62 muertos.

En su último reporte del martes, la BNPB subió la cifra a 268 muertos y agregó que 151 personas seguían desaparecidas.

Más de 1.000 personas resultaron heridas, dijeron los funcionarios.

Heridos del terremoto

Getty Images
Heridos del terremoto atendidos en la calle en Cianjur.

Los equipos de rescate trabajaron durante la noche para intentar salvar a otras personas que se cree que siguen atrapadas bajo los edificios derrumbados.

El terremoto se sintió a 100 kilómetros de distancia, en la capital, Yakarta. El lugar en el que se produjo está densamente poblado y es propenso a los desprendimientos de tierra, con casas mal construidas que quedaron reducidas a escombros en muchas zonas.

Según cifras proporcionadas por el goberandor, más de 13.000 personas habían sido desplazadas en la zona de Cianjur y más de 2.200 casas han resultado dañadas.

Escuela dañada en Cianjur.

Reuters
Escuela dañada en Cianjur.

Herman Suherman, jefe de la administración de la ciudad de Cianjur, dijo que la mayoría de los heridos tenían fracturas óseas.

“Las ambulancias siguen llegando desde los pueblos al hospital”, declaró a primera hora del día la agencia de noticias AFP. “Hay muchas familias en los pueblos que no han sido evacuadas”.

Muchos de los heridos fueron atendidos en el exterior, en el aparcamiento de un hospital, después de que éste se quedara sin electricidad durante varias horas tras el terremoto, sostuvo el gobernador de Java Occidental.

Mapa del terremoto

BBC

Los trabajadores de las oficinas se apresuraron a salir de los edificios durante el temblor, que comenzó a las 13:21 hora de Indonesia Occidental (WIT) del lunes, dijo la agencia.

“Estaba trabajando cuando el suelo debajo de mí se puso a temblar. Pude sentir claramente el temblor. Intenté no hacer nada para procesar lo que era, pero se hizo más fuerte y duró algún tiempo”, dijo a AFP la abogada Mayadita Waluyo.

Casa derruida por el terremoto en Cianjur

Getty Images
Edificio dañado en Cianjur.

Un oficinista llamado Ahmad Ridwan declaró a la agencia de noticias Reuters: “Estamos acostumbrados a esto (los terremotos) en Yakarta, pero la gente estaba muy nerviosa ahora mismo, así que también entramos en pánico”.

Los terremotos son habituales en Indonesia, que se encuentra en la zona del “anillo de fuego” de la actividad tectónica del Pacífico. El país tiene un historial de terremotos y tsunamis devastadores, con más de 2.000 muertos en un terremoto en Sulawesi en 2018.

Indonesia

Reuters

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