A 11 años de la Guardería ABC: cero detenidos y familias sin reparación
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A 11 años de la Guardería ABC: cero detenidos, cien familias sin reparación, y una ley incompleta

Víctimas y abogados acusan que pese a los cambios de gobierno los años pasan y la impunidad persiste. Acusan que, aunque AMLO lo prometió, el fiscal Gertz no ha querido recibirlos.
Cuartoscuro
5 de junio, 2020
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Un día como hoy, pero del 2009, 49 niñas y niños murieron y más de cien resultaron heridos a causa de un incendio en la Guardería ABC, una estancia infantil subrogada del IMSS en Sonora. Han pasado 11 años, sin embargo, a la fecha no hay personas detenidas, ni se le ha reparado el daño a mas de cien familias.

Incluso, la ley que se promulgó para que hechos como estos no se repitieran, no ha terminado de aplicarse con su reglamento en todos los estados.

“En resumen no hay justicia. Lo que hay es impunidad y un desinterés de todos los gobiernos y las fiscalías que han pasado para resolver el caso, incluyendo la actual. Al fiscal General (Alejandro Gertz) no lo hemos visto una sola vez”, señala José Francisco García Quintana, padre de uno de los niños fallecidos y vocero del Movimiento 5 de Junio, que agrupa a varias de las familias afectadas.

Entre los varios pendientes que existen en el caso a más de una década de distancia, el que más duele a los padres de las niñas y niños afectados, según García, es la falta de castigo a los responsables pese a que ya se han dictado sentencias, así como las deficiencias en las indagatorias que persisten hasta la fecha.

Lee: ‘Calderón presionó a la Corte por Guardería ABC y caso Cassez, pero no cedí’, dice Zaldívar

En 2016 un juez penal dictó sentencias condenatorias en contra de 19 personas – entre exfuncionarios del IMSS y particulares – por los delitos de homicidio y lesiones no intencionales, e impuso penas de prisión que fueron de los 14 hasta 30 años de prisión.

Un año mas tarde, y tras revisar varios recursos de apelación, el Tercer Tribunal Unitario en Sonora ratificó las penas de prisión en contra de todos los detenidos. 

Sin embargo, los implicados no fueron detenidos ni encarcelados ya que promovieron diversos juicios de amparo alegando que la sentencia impuesta fue excesiva. Por su parte, las victimas también promovieron amparos para que no se revirtieran los procesos.

Ante la trascendencia del caso, los tribunales federales determinaron que debería ser la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) la que lo analizara, por lo que en 2018 le enviaron los expedientes.

El Máximo tribunal aceptó la competencia del caso y los proyectos fueron repartidos en las ponencias de los ministros Jorge Mario pardo Rebolledo y Juan Luis González Alcántara.

Pero hasta ahora no se ha resuelto ninguno de los amparos. Apenas el pasado miércoles 3 de junio se volvió a aplazar la resolución de uno de ellos pese a que ya estaba enlistados.

Lee: Al ABC no le quitaron el permiso para pruebas de COVID-19; privados reclaman a Salud falta de certeza

“La Corte tiene estos 15 amparos al menos que no ha resuelto desde hace mas de dos años. Y es triste decirlo, pero se suma a la cadena de incompetencias que ha habido hasta la fecha. Y aquí lo mas importante son que las penas se apliquen. Que sepas que lo que pasó tuvo consecuencias. Mientras la Corte no se pronuncie las sentencias no estarán firmes y por lo tanto no hay nadie en la cárcel. No hay castigo a los responsables y continua la impunidad”, dice García Quintana.

El vocero de los padres agregó que la definición de la Corte es importante, además de las sentencias, por el mensaje que los ministros pueden enviar hacia el resto de las autoridades que, hasta ahora, no han cumplido con una respuesta acorde al tamaño de la tragedia.

Un crimen de Estado… que no importa

En 2010 la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió que lo ocurrido en la Guardería ABC era un caso de graves violaciones a los derechos humanos en el que había responsabilidad de autoridades de los tres niveles de gobierno, y que como tal debería ser indagado de forma exhaustiva y hasta sus últimas consecuencias.

A partir de esa fecha y a lo largo de los años tanto las autoridades locales, así como la entonces PGR hoy Fiscalía General de la República (FGR), han hablado de explorar nuevas líneas de investigación, entre ellas, la relacionada con que el incendio pudo ser provocado con la finalidad de eliminar documentos del gobierno estatal que se encontraban en una bodega contigua a la guardería.

La ultima vez fue en septiembre del año pasado, cuando el director del IMSS Zoé Robledo ofreció a los padres ampliar la denuncia presentada por el caso, con la finalidad de que la indagatoria alcance al exgobernador del estado Eduardo Bours y a otros 13 funcionarios que no han sido parte del proceso, así como a diversos particulares.

Lee: Juez abre proceso contra comisionada de Víctimas por incumplir amparo en caso ABC

“Pero todo ha sido una burla en estos años. Una tomada de pelo. Llevamos ya cinco procuradores distintos y ahora un fiscal a nivel federal y lo único que han mostrado es que no les importa. Este crimen ocurrió en una guardería subrogada del IMSS, hay funcionarios implicados. Es un crimen de Estado, pero no les importa” dice García Quintana.

El vocero de los padres de la guardería dijo que temen que varios de los delitos ya estén prescritos y por lo tanto no pueda hacerse nada, situación que tendría que ser aclarada por el fiscal General, Alejandro Gertz Manero. El problema es que no ha querido hablar con ellos.

“No lo hemos podido ver ni una sola vez desde que está en el cargo. La verdad es que este caso parece no interesarle pese a que también es un crimen de Estado. En diciembre (de 2019) el presidente López Obrador nos dijo que el sería el puente con el fiscal para que nos atendiera. Pero ni aun con eso ha pasado” señaló García Quintana.

Cien familias sin reparación; ley incompleta

Otro de los grandes pendientes a 11 años de la tragedia en la Guardería ABC es el de la reparación del daño. Más de cien familias han promovido igual número de amparos en contra de jueces penales y de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) por esta situación, algunas de las cuales también han llegado a la Corte, sin que hayan sido resueltas.

La abogada Reyna Velasco resume este problema en dos aristas principales. Una de ellas tiene que ver con la condena que un Tribunal federal ratificó en 2017 en contra de los implicados, pero en la que no se fijó un monto de reparación del daño, sino que se delegó esa facultad a otro juez previa realización de nuevos estudios a los familiares.

La litigante dijo que lo anterior es revictimizante y una artera violación al derecho de una justicia pronta y expedita, además de que retrasa innecesariamente la entrega de apoyos a familias que ya han esperado demasiado.

Por otro lado, están las indemnizaciones que deben recibir las familias de niños que fallecieron, así como los programas de apoyo para las familias con niños lesionados, todo ello en su calidad de victimas de violaciones graves a derechos humanos. En este caso toca a la CEAV fijar los montos, pero en todos los casos lo ha hecho de forma incorrecta, lo que ha obligado a promover amparos.

“El problema es que las resoluciones no han sido satisfactorias para las victimas, pues como los mismos jueces lo han señalado cuando la CEAV realiza el plan de reparación deja de observar algunos aspectos específicos, lo que trae como consecuencia que no se pueda considerar que se ha reparado el daño” dice la litigante.

Lee: AMLO acusó que la CNDH no dijo nada sobre el caso de la Guardería ABC ¿es verdad?

Otro pendiente relevante tiene que ver con la Ley General de Prestación de Servicios para la Atención, Cuidado y Desarrollo Integral Infantil popularmente conocida como “Ley 5 de Junio”, promulgada en 2011 por el gobierno del entonces presidente Felipe Calderón, peor que hasta la fecha aun no termina de implementarse.

José Francisco García Quintana dijo que hasta antes de la tragedia en la guardería solo existían mas que normas de referencia para la operación de guarderías o de asilos. Con la “Ley 5 de Junio” lo que se buscó fue establecer una regulación completa respecto al funcionamiento de las guarderías que por un lado prevengan que hechos como los del caso ABC se repitan, y por otro lado impulsen el desarrollo integral de los menores.

Se trata, añade García Quintero, de una buena norma pero que casi una década de distancia aún no termina por ser aterrizada a nivel estatal. Hay dos entidades que aun no armonizan sus legislaciones locales con la Ley General, y varios estados siguen sin emitir los reglamentos de estas, lo que complica su aplicación,

En ese contexto el movimiento de padres de la Guardería ABC, con apoyo del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro están promoviendo desde hace varios años que el caso sea admitido por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para que, a la postre, pueda llegar a la Corte Internacional  y conseguir así que la actuación del Estado mexicano sea examinada y, en su caso, juzgada.

 

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Coronavirus: el conductor de Uber al que echaron de su casa y terminó muriendo solo de covid-19

Rajesh Jayaseelan trabajaba como conductor en Londres para ahorrar lo suficiente y poder establecerse con su familia en India.
30 de abril, 2020
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Rajesh Jayaseelan con sus dos hijos.

Mary Jayaseelan
Rajesh Jayaseelan hablaba todos los días con sus dos hijos, de 6 y 4 años.

La última vez que Mary Jayaseelan habló con su esposo Rajesh, estaban a punto de conectarlo a un ventilador en una sala de emergencias para enfermos de covid-19.

Rajesh estaba en el Hospital Northwick Park de Londres, la ciudad en la que trabajaba como conductor de Uber durante la mayor parte del año.

Mary estaba a más de 8,000 kilómetros de distancia, en la casa de la familia en Bangalore, India, con los dos hijos pequeños de la pareja.

Hasta ese momento, él le había dicho en repetidas ocasiones que estaría bien, que se sentía enfermo pero que no debía preocuparse, que mejoraría: con 44 años, era joven y, por lo demás, estaba sano.

Pero durante esa llamada, se quebró y admitió: “Mary, estoy un poco asustado”.

Murió al día siguiente.

Short presentational grey line

BBC

Rajesh y Mary se casaron el 24 de febrero de 2014 y alquilaron una casa en Hulimavu, al sur de Bangalore, que compartían con la madre de él, de 66 años.

Durante la mayor parte del año, Rajesh alquilaba una habitación en Harrow, en el norte de Londres, y trabajaba como conductor de Uber.

Un teléfono que muestra la aplicación Uber frente a Tower Bridge, en Londres

Getty Images
Rajesh trabajaba como conductor de Uber en la capital británica.

Trabajaba desde altas horas de la noche hasta las primeras de la mañana, cuando la demanda es mayor, para poder ahorrar suficiente dinero y pasar así unos meses con su familia en India.

Le gustaba ser conductor, aunque no previó que su precario trabajo lo haría vulnerable ante la crisis de salud global que surgiría más tarde.

“Había estado viviendo en Londres de forma intermitente durante 22 años, y volvía a India durante varios meses seguidos”, dice Mary.

“Le encantaba la ciudad. Siempre me hablaba de lo hermosa que era y tan limpia. Nunca he estado en Londres, así que él me la describía”.

Eran muy felices, dice.

Rajesh amaba a su esposa y jugar con sus dos hijos, de seis y cuatro años. Cuando no estaba en India, mantenían videoconferencias a diario.

“También era un muy buen cantante”, dice Mary, llena de orgullo. “Cantaba muchas canciones en hindi”.

Era una “persona humilde y gentil”, agrega su amigo cercano Sunil Kumar.

Sunil y Rajesh se conocieron en 2011. Ambos eran de Bangalore, por lo que amigos en común los pusieron en contacto cuando Sunil se mudó a Reino Unido.

Se ayudaban mutuamente a navegar por los diversos sistemas burocráticos británicos, se prestaban pequeñas cantidades de dinero cuando era necesario, y Sunil y su esposa invitaban a Rajesh a comer a su casa en Hertfordshire, enviándolo de vuelta con deliciosa comida del sur de la India para varios días.

Aunque Rajesh amaba Londres, no planeaba quedarse para siempre: quería volver a estar con su familia en India.

Rajesh y Mary el día de su boda, en febrero de 2014.

Mary Jayaseelan
Rajesh y Mary el día de su boda, en febrero de 2014.

Alquilar su casa en Hulimavu fue relativamente costoso, por lo que durante su última estadía en Bangalore, a fines de 2019, él y su esposa obtuvieron un préstamo y compraron un terreno para construir su propia vivienda.

Pensaron que el préstamo no sería un problema: Rajesh volvería a Londres y ahorraría el dinero suficiente para pagarlo. La siguiente vez que viajara a Bangalore, le dijo a su esposa, sería para quedarse.

Regresó a Londres el 15 de enero. Menos de dos semanas después, se reportaron los primeros casos de coronavirus en Reino Unido.

Aunque el virus había llegado a país, Rajesh no estaba demasiado preocupado.

Las tiendas y restaurantes todavía estaban abiertos, la gente seguía yendo al trabajo y saliendo después. Para todos, incluidos los conductores de Uber, la vida continuó como siempre.

Luego llegó marzo y el virus ya estaba pasando de persona a persona dentro de Reino Unido. El número de casos, y muertes, aumentaba cada día.

A quienes mostraban síntomas, incluidas fiebre leve y tos persistente, se les pidió que se autoaislaran durante siete días.

El 23 de marzo el primer ministro, Boris Johnson anunció un cierre nacional que duraría inicialmente tres semanas.

Significaba que la mayoría de las empresas cerrarían, y solo se permitiría a las personas salir a tomar aire una vez al día y hacer viajes esenciales a las tiendas, a menos que fueran considerados trabajadores “esenciales”.

Al igual que muchos conductores de Uber, Rajesh continuó trabajando al principio, pero rápidamente desarrolló síntomas parecidos a la gripe y tuvo que dejar de hacerlo.

Su último trabajo fue el 25 de marzo: un viaje al aeropuerto de Heathrow.

Aviones en el aeropuerto de Heathrow

Getty Images
El último viaje que realizó Rajesh fue al aeropuerto de Heathrow.

Sus síntomas empeoraron mucho y fue ingresado con deshidratación.

En el hospital le hicieron la prueba del coronavirus. Dio positivo.

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BBC

El personal médico le dijo que se fuera a casa, se aislara y que volviera si sus síntomas empeoraban. Hizo lo que le dijeron y se fue a su habitación. Pero las cosas estaban a punto de empeorar.

“El propietario le pidió a Rajesh que saliera a buscar algo y cuando regresó había cambiado las cerraduras, por lo que no pudo entrar”, dice Mary.

“Trató de llamar a la puerta y pedirle al arrendador que hablaran, pero no abrió la puerta”.

El propietario no sabía sobre su diagnóstico positivo, pero le dijo que, como conductor de Uber, podría traer el coronavirus a la casa, y que no era un riesgo que estuviera dispuesto a correr.

Sin otro lugar adonde ir, Rajesh se vio obligado a dormir en su automóvil durante varias noches.

“No tenía comida, absolutamente nada que comer”, dice Mary.

En este punto llamó a su amigo Sunil para pedirle su consejo.

“Esa fue la última llamada que me hizo”, dice este. “No entró en detalles sobre lo que le estaba sucediendo, pero debido a que yo trabajo en el Servicio Nacional de Salud (NHS), me hacía preguntas como ‘¿Qué tan seguros estamos?’, ‘¿Es mejor volver a India? … cosas así”.

“Me preguntó si conocía alguna ruta, si había alguna forma posible de hacerlo: quería ir a India y estar con su familia. Pero para ese entonces también había  un cierre total en India”.

Rajesh Jayaseelan con sus dos hijos.

Mary Jayaseelan
Tras enfermar, Rajesh trató de averiguar cómo podía volver a India a estar con su familia.

Sunil le dijo que lo mejor era quedarse en casa, no trabajar, y buscar ayuda financiera para los trabajadores autónomos que el gobierno acababa de anunciar, o la asistencia de 14 días ofrecida por Uber.

Rajesh estuvo de acuerdo y explicó que necesitaba encontrar un nuevo lugar para vivir, porque su propietario le dijo que era de alto riesgo. Pero, dice Sunil, no le dijo que ya lo había echado de casa: “Puede que se sintiera avergonzado por ello“.

Tras conversar con su amigo, Rajesh volvió a llamar a su arrendador para rogarle que lo dejara quedarse. No hubo respuesta.

Después de días de búsqueda, finalmente encontró otra habitación en una casa compartida en Harrow.

El nuevo propietario le hizo pagar por adelantado £4,000 (unos US$5,000), un dinero que no tenía, y Mary dice que tuvo que pedir prestado.

Una vez que Rajesh volvió a conseguir donde vivir, no quiso arriesgarse a ser desalojado nuevamente.

Se escondió y evitó el contacto con su nuevo propietario y todos los demás inquilinos, sin siquiera atreverse a cocinar.

Su salud empeoraba con cada día que pasaba. La única interacción social que tenía eran las llamadas diarias con su esposa.

Fue durante una de estas conversaciones telefónica que Mary notó que estaba respirando con dificultad.

“Resollaba mucho en esa habitación y cada día empeoraba”, dice ella.

“Una noche le dije que fuera al hospital. No quería llamar a una ambulancia, por si los vecinos se enteraban de que estaba enfermo y volvían a desalojarlo”.

Rajesh condujo hasta el hospital, a pesar de que se quedaba sin aliento. Cuando llegó le diagnosticaron neumonía.

“A la mañana siguiente me llamó desde el hospital. Era una videollamada, y cuando los niños lo vieron comenzaron a llorar por lo enfermo que estaba”, dice Mary.

Apagó su video y me dijo que no quería que lo recordaran tan mal“. Hablarían solo unas pocas veces más.

Northwick Park Hospital, en Londres, donde falleció Rajesh.

Getty Images
Rajesh murió en el hopital Northwick Park, en Londres.

El 11 de abril, los médicos que lo cuidaban llamaron a Mary y le explicaron que Rajesh estaba crítico y que no esperaban que mejorara.

Organizaron una videollamada para que ella y los niños lo vieran por última vez. Estaba inconsciente.

Murió dos horas después.

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BBC

Si bien se ha repetido a menudo durante esta pandemia que “el coronavirus no discrimina”, es evidente que el virus es peor para algunos que para otros.

Afecta particularmente a los que viven al día y a aquellos que no tienen trabajos permanentes, lo que incluye a conductores autónomos como Rajesh.

El año pasado 4.7 millones de personas tenían ese tipo de empleos en Reino Unido y, según un estudio publicado en 2018, el 60% de la población mundial trabaja en la economía informal.

Otra investigación realizada por el Foro Económico Mundial y otros organismos muestra que estos trabajadores se ven desproporcionadamente afectados por la pandemia.

Se debe a una combinación de factores: ser clasificados como trabajadores “esenciales”, lo que requiere que continúen interactuando con extraños; no contar con licencias por enfermedad con goce de sueldo, lo que dificulta el autoaislamiento; tener salarios bajos e inseguros, lo que hace que sea más probable que habiten viviendas inseguras; y no tener derecho a evaluaciones de riesgo o equipo de protección.

Ayako Ebata, del Instituto de Estudios de Desarrollo de la Universidad de Sussex, en Reino Unido, dice que debido a que estas personas no tienen empleos permanentes y “dependen en gran medida de sus salarios diarios”, están bajo mucha presión para no perder sus trabajos o tomarse un descanso, incluso cuando existen riesgos importantes para su salud.

No es porque sean ignorantes o estén desinformados, es porque todo el sistema los está obligando a tomar decisiones que eventualmente resultarán perjudiciales para sus medios de vida y su salud”.

Un repartidor negro y un farmaceuta asiático en Londres

Getty Images
En Reino Unido, muchos de los trabajadores esenciales, que están más expuestos al coronavirus, pertenecen a minorías raciales.

La raza también es un factor de riesgo. Según múltiples estudios recientes, las personas negras, asiáticas o de minorías étnicas en Reino Unido, como Rajesh, tienen una probabilidad desproporcionadamente mayor de tener un trabajo inseguro que las blancas.

También tienen una probabilidad desproporcionadamente mayor de enfermarse de gravedad y morir con covid-19.

Los pacientes de minorías étnicas representan el 34% de los que están en cuidados intensivos, a pesar de representar solo el 13% del total de la población.

Las investigaciones sugieren que esto se debe a una combinación de factores de riesgo: una mayor incidencia de afecciones de salud subyacentes de alto riesgo, como diabetes e hipertensión, así como factores sociales y una desigualdad sistemática.

“El coronavirus está haciendo que muchas de las desigualdades en nuestra sociedad, a las que previamente habíamos hecho la vista gorda, se vean muy claramente“, dice Alex Wood, un sociólogo de la Universidad de Oxford.

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Después de enterarse de que su hijo había muerto, la madre de Rajesh se enfermó.

Sufre de hipertensión y tuvo un aumento del nivel de azúcar en sangre, por lo que ahora se limita a estar en cama. “Está inconsolable desde entonces”, dice Mary.

Como tiene que hacer frente al préstamo para comprar su casa, las facturas médicas y las tarifas escolares, Mary está tratando de encontrar trabajo como limpiadora en su área, pero el confinamiento está haciendo que sea mucho más difícil tener sus finanzas bajo control.

Sunil los está ayudando con dinero cuando puede, y ha organizado una recaudación de fondos en línea para ellos.

Mary y sus dos hijos

Mary Jayaseelan
La campaña online que creó Sunil logró recolectar más de US$170.000 para Mary y sus hijos.

También está investigando si puede emprender acciones legales contra el primer arrendador de Rajesh, y los familiares de Mary en Bangalore le han organizado una recaudación de fondos en India.

Uber también contactó a la BBC para ofrecer sus condolencias a la familia.

Pero más que nada, Mary está luchando para aceptar la rapidez con que todo ha cambiado.

“Ahora que Rajesh se ha ido, nuestra vida se ha vuelto muy difícil”, dice. “No sé qué haremos sin él”.

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