Alexander, el menor que quería ser futbolista y que policías mataron por error
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Facebook: Filial Rayados Tierra Blanca

Alexander, el adolescente que soñaba con ser futbolista profesional, y que policías mataron “por accidente”

'Chander', como lo llamaban sus amigos, era un apasionado del futbol y estudiaba en la Universidad Golfo de México. 
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11 de junio, 2020
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“Si la policía ya sabe quiénes son los malos, ¿por qué se meten con los niños? ¿Por qué mataron a mi niño?

Con la voz rota, Victoria Gómez se lleva las manos a la cara y manotea al aire para tratar de sacar de alguna forma la rabia. A continuación, grita. Insulta. Maldice. Y con los ojos desencajados, vuelve a buscar una respuesta entre la multitud que la rodea en un silencio sepulcral y a la que pregunta insistentemente por qué, por qué, y mil veces por qué.

Por qué hace tan solo una hora, en la noche del martes 9 de junio, un policía disparó en la cabeza a su hijo Alexander, un adolescente de 16 años. 

“Mi hijo tenía un sueño, quería ser futbolista profesional. Yo iba con él a todas partes. Yo lo llevaba a entrenar y a jugar sus partidos. ¡Yo luché con él para superar todos los obstáculos! ¡Y miren lo que le han hecho! -dice la mujer apuntando hacia la puerta metálica de la clínica San Miguel, en Acatlán de Pérez, Oaxaca-. ¡Me lo quitaron! ¡Me lo arrancaron de mi sangre! ¡Me lo mataron!”.  

Lee: Policías matan “por accidente” a Alexander, joven de 16 años, en Oaxaca

A continuación, tal y como se aprecia en un video que tomó un familiar la noche del martes, Victoria llama de entre la multitud a otros tres jóvenes que caminan hacia ella en silencio y restregándose las lágrimas de los rostros aún imberbes, lampiños. 

“¡Mírenlos! -pide Victoria a la gente señalando a los jóvenes que aún se debaten entre la niñez y la adolescencia-. ¿Estos son los delincuentes que buscaban los policías? ¿Estos niños? -pregunta de nuevo, ante las miradas huidizas de los jóvenes, aún atemorizados y en estado de shock-. 

Ellos son los amigos que iban con ‘Chander’, como lo llamaban. 

Esa misma noche, apenas una hora y media antes, sobre las 22:30 horas, los cuatro tomaron las motos para ir a una tienda de autoservicio que hay junto a una gasolinera, ya en terreno de Vicente Camalote, Oaxaca. Allí compraron unos refrescos para acompañar la pizza que iban a compartir en casa de Alexander.

“Pero de regreso se toparon con la patrulla número 23 de la Policía Municipal de Acatlán”, explica en entrevista con Animal Político Ulises Aguilar, primo de Alexander.

“Los testigos del suceso dijeron que la patrulla le cerró el paso a mi primo sin saber causa ni motivo. Mi primo logró esquivar la patrulla, pero golpeó con la llanta de atrás de la moto al coche. Y de la nada, uno de los elementos empezó a tirar a lo que agarrara, pero con tentativa de muerte. Es decir, tiraron a matar”. 

El informe policial, en cambio, asegura que los jóvenes intentaron burlar el retén y que lo que sucedido después fue un accidente. 

Así lo publica el diario veracruzano El Mundo de Córdoba, que cubrió la noticia desde el lugar de los hechos: “Según el informe, los uniformados vieron que se acercaban unas motos, les marcaron el alto, y al ver la presencia de los uniformados, los jóvenes intentan burlar el cerco policíaco aventándoles las motos. Esto provocó que un policía cayera y, al azotar el arma contra el suelo, ésta se dispara generándose el suceso”.

Lee: Golpes, pruebas fabricadas y hasta homicidios: los abusos cotidianos en las detenciones en México

El Ayuntamiento de Acatlán, por su parte, insistió en un escueto comunicado publicado en su Facebook que el suceso fue “un accidente” y señaló que el policía involucrado ya fue puesto a disposición de la Fiscalía General de Oaxaca para que se esclarezcan los hechos. 

Pero nada de esto convence a Victoria. 

“La patrulla se le fue encima porque pensaban que mi hijo llevaba un arma. ¡Que no mamen! -exclama fuera de sí-. Mi hijo jamás ha usado armas. Estos jóvenes no son unos delincuentes -dice ahora Victoria, rendida y abrazándose a los amigos de Alexander-. Estos jóvenes son solo unos niños”. 

Solo un vicio: el futbol

Acatlán de Pérez Figueroa es un municipio oaxaqueño de poco más de 42 mil habitantes ubicado en la ‘frontera’ con Veracruz, en la Cuenca del Papaloapan.

A tan solo unos 40 kilómetros de Tierra Blanca, Veracruz, donde el 30 de mayo un grupo armado mató a siete personas en un salón de fiestas, Acatlán también está sufriendo los embates de la violencia. 

Apenas el 15 de mayo se produjo en esta localidad un enfrentamiento entre policías y presuntos integrantes del crimen organizado que dejó como saldo a seis personas muertas, así como la comandancia y el Palacio municipal rafagueados, y escenas de pánico entre la población. 

Y unos días antes, el 29 de abril, otros dos jóvenes de 20 y 19 años fueron baleados cuando circulaban en una motocicleta sobre la carretera estatal que comunica la localidad oaxaqueña de Cosolapa con Acatlán, y fueron hallados muertos en Omealca, Veracruz.

Pero tanto familiares, como amigos y vecinos de Alexander que dejaron mensajes en redes sociales, aseguran que el adolescente, que estudiaba en la Universidad Golfo de México (UGM), en el campus de Orizaba, nunca tuvo que ver con nada relacionado con la violencia.

“Desde el primer momento de los hechos, la policía ha querido lavarse las manos diciendo que mi primo los amenazó con un arma -plantea Ulises-. Pero todos aquí saben que eso no es cierto porque mi primo era un joven muy tranquilo y sano. No tomaba, no fumaba, no consumía drogas, y solo tenía un vicio: el futbol”. 

“Yo soy de esos chicos que sueñan en grande, ese chico que sueña con dejar una gran marca en el mundo del futbol”, se puede leer en el perfil que escribió en primera persona a modo de homenaje Alexis, el hermano de Alexander. 

La pasión del joven por el futbol comenzó desde que iba a quinto de primaria. A partir de ese instante, cuenta su primo Ulises, ningún juego, ni otro deporte, le interesó más que la cancha de pasto, el balón y la portería rival.

Luego, el tiempo pasó. Y, al mismo tiempo que ‘Chander’ crecía físicamente hasta convertirse en un joven alto, espigado y de buena planta, su juego también crecía a pasos agigantados. 

Alexander empezó a destacar en todos los equipos por los que iba dejando un reguero de goles. Tanto, que el club de futbol Rayados de Monterrey, a través de su equipo filial en la ciudad veracruzana de Tierra Blanca, puso los ojos en su talento y, con solo 16 años, lo incorporó a sus filas en tercera división para irlo desarrollando con miras a dar el gran salto al primer nivel, al futbol profesional. 

Ayer miércoles, el club también lamentó en sus redes sociales el fallecimiento de su ‘rayado’: “A nuestro alumno le arrebataron la vida y sus sueños de ser jugador profesional”, escribió el filial Rayados Tierra Blanca, que añadió: “Le arrebataron la vida nuestras mismas autoridades que nos deben de dar paz y seguridad”. 

Esta última frase adquiere aún mayor carga tras los recientes sucesos en México, en los que varias personas han fallecido en circunstancias en las que han estado presuntamente involucrados policías. 

Por ejemplo, apenas el pasado lunes 8, los familiares de Carlos Andrés Navarro, un serigrafista de 33 años, denunciaron que el joven murió por los golpes que le propinó la policía estatal luego de ser detenido el 2 de mayo pasado, presuntamente por escandalizar la vía pública en la colonia popular donde vivía, en Xalapa. 

Y pocos días antes, el 4 de junio, múltiples personas protestaron en Guadalajara, Jalisco, por la muerte a manos de la policía, presuntamente, de Giovanni López, un joven de 30 años que había sido detenido por uniformados del municipio de Ixtlahuacán, aparentemente por no llevar cubrebocas, aunque la Fiscalía estatal negó que ese fuera el motivo de la detención. 

En Acatlán de Pérez los familiares y vecinos también salieron la noche del martes a protestar a las calles, y a exigir justicia por la muerte de Alexander. Al mismo tiempo, las redes sociales se llenaron de mensajes de sus compañeros del equipo de futbol y de amigos y familiares.

“Lo cuento yo, porque Alexander ya no puede -escribió su hermano Alexis en Facebook-. Si un día no vuelvo, sal a la calle y grita mi nombre. Grita por mí y por todos. Grita por el dolor de los que ya no están. Grita por los que quedan. Grita mi nombre y guárdalo en lo más profundo de tu corazón, y recuérdame como el gran chico soñador que fui”. 

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Evolución del coronavirus: El covid-19 se comporta como si fuera una enfermedad de transmisión sexual

Desde el punto de vista evolutivo, el coronavirus se asemeja a una enfermedad de transmisión sexual: la persona infectada continúa viéndose y sintiéndose bien mientras contagia a otros. Y, dado a que en algunos casos provoca cuadros graves y en otros no, es un virus muy difícil de controlar.
Getty Images
18 de junio, 2020
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En el caso de los virus, hay una delgada línea entre la severidad y la transmisibilidad. Si son demasiado virulentos, matan o dejan incapacitado a su huésped, pero esto limita su habilidad de infectar a otros nuevos.

Por el contrario, si hacen poco daño, no pueden generar suficientes copias de sí mismos para volverse infecciosos.

Pero, el SARS-CoV-2, el coronavirus que causa la covid-19, esquiva esta compensación evolutiva.

Los síntomas, por lo general, no aparecen hasta que la persona infectada ha estado propagando el virus durante varios días.

Un estudio del SARS-CoV-2 estimó que la tasa más alta de transmisión viral tiene lugar uno a dos días antes de que la persona infectada comience a mostrar síntomas.

En términos más sencillos, sólo te sientes enfermo cuando el virus ha logrado cumplir con su meta evolutiva: propagarse.

Los virus que son buenos haciendo copias de sí mismos y haciendo que esas copias entren dentro de nuevos huéspedes, son más exitosos y se vuelven más prevalentes hasta la que inmunidad del huésped o medidas de salud pública lo contienen.

Como profesores que estudiamos medicina evolutiva, sabemos que la compensación entre la virulencia y la transmisibilidad ayuda a mantener a un patógeno bajo control.

Prueba de covid

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Entre el 40% y el 45% de las personas infectadas con SARS-CoV-2 son asintomáticas.

La misma destructividad de un virus evita que se propague demasiado.

Esto ha sido el caso con otros patógenos pandémicos, incluyendo el virus de Marburgo, el ébola y el coronavirus original responsable del SARS.

Los brotes que causan consistentemente síntomas severos son más fáciles de acorralar con medidas de salud pública, porque los individuos infectados son fácilmente identificables.

El SARS-CoV-2, sin embargo, puede invadir comunidades sigilosamente, porque muchos individuos infectados no tienen ningún síntoma.

Como una enfermedad de transmisión sexual

Desde este punto de vista, la covid-19 se asemeja a una enfermedad de transmisión sexual.

La persona infectada continúa viéndose y sintiéndose bien, mientras propaga la enfermedad a nuevos huéspedes.

El VIH y la sífilis, por ejemplo, son relativamente asintomáticos por una gran parte del tiempo en que son contagiosas.

Con el SARS-CoV-2, investigaciones recientes indican que el entre el 40% y el 45% de las personas infectadas son asintomáticas.

Y estos portadores son capaces de transmitir el virus por un período más largo.

Hombre en un consultorio médico

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Al igual que enfermedades de transmisión sexual, lpersona infectada continúa viéndose y sintiéndose bien, mientras propaga la enfermedad a nuevos huéspedes.

La covid-19 tiene otra similitud con muchas enfermedades de transmisión sexual.

Su severidad no es la misma en todos los huéspedes y por lo general estas diferencias son dramáticas.

Hay evidencia de que la habilidad para luchar contra la infección difiere entre la gente. La severidad entre las cepas del virus también puede ser diferente, aunque aún no hay evidencia sólida al respecto.

Incluso cada cepa de SARS-CoV-2 puede afectar a la gente de diferentes formas, lo cual puede facilitar su propagación.

Hospital

Reuters
El virus es particularmente agresivo con las personas mayores de edad y con ciertas enfermedades preexistentes como diabetes o hipertensión.

El virus SARS-CoV-2 -o cualquier otro patógeno- no cambia deliberadamente lo que hace para explotarnos y usar nuestro cuerpo como vehículo de transmisión, pero los patógenos pueden evolucionar de modo que parezca que están jugando con nosotros.

Estudios muestran que los patógenos pueden expresar virulencia condicional -es decir, que pueden ser altamente virulentos en algunos individuos y menos virulentos en otros- dependiendo de características del huésped como la edad, la presencia de otras infecciones y la respuesta inmunitaria de cada individuo.

Esto puede explicar por qué el SARS-CoV-2 evita el mecanismo de compensación.

En algunos individuos maximiza la virulencia. En otros maximiza su transmisibilidad.

Cómo el SARS-CoV-2 se sale con la suya

La edad, hasta el momento, parece ser un factor crítico. La gente mayor tiende a sufrir infecciones altamente destructivas, mientras que los huéspedes más jóvenes, aunque pueden infectarse de la misma manera, se ven mayormente poco afectados.

Esto puede ser porque distintos huéspedes pueden tener distintas respuestas inmunitarias.

Otra explicación es que, a medida que nos volvemos mayores, somos más propensos a desarrollar otras enfermedades como obesidad e hipertensión, que pueden hacernos más susceptibles al daño provocado por el SARS-CoV-2.

Más allá del mecanismo, este patrón basado en la edad le permite al SARS-CoV-2 salirse con la suya desde el punto de vista evolutivo: devastando a las personas mayores con alta virulencia, pero manteniendo a las personas más jóvenes como vehículos de transmisión.

Hospital

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Al ser una enfermedad nueva, todavía hay demasiadas incógnitas sin responder, cómo cuáles son sus efectos a largo plazo, por ejemplo.

Algunos estudios indican que la gente joven es más probable que sea asintomática.

Ambos, los asintomáticos y los presintomáticos pueden transmitir el virus.

¿Qué sabemos entonces de la evolución del SARS-CoV-2? Desafortunadamente, aún no mucho. Hay algo de evidencia de que el virus puede estar adaptándose a nosotros, como nuevos huéspedes, pero hasta el momento no hay evidencia que muestre que estas mutaciones están cambiando al virulencia o transmisibilidad del SARS-CoV-2.

Y como el SARS-CoV-2 puede esquivar la compensación típica entre la virulencia y la transmisibilidad, puede que haya poca presión evolutiva para transformarse disminuir su severidad a medida que se propaga.

De todos los misterios que rodean a la covid-19, una cosa es cierta: no podemos dejarnos llevar por una falsa sensación de seguridad. Como advirtió Sun Tzu en “El arte de la guerra”, conoce a tu enemigo.

Hay mucho más que saber sobre el SARS-CoV-2 antes de cantar victoria.

*Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original en inglés.. Athena Aktipis es profesora asistente de Psicología del Centro de Evolución y Medicina de la Universidad Estatal de Arizona en EE.UU. Joe Alcock es profesor de Medicina de Emergencia de la Universidad de México.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC


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