Autoridades de CDMX reconocen fallas en atención a niños y familias vulnerables
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Ni planes, ni datos: autoridades reconocen fallas en atención a niños y familias vulnerables

Aunque en 2014 se aprobó una ley enfocada a atender integralmente los niños y padres, en CDMX fue letra muerta por años. Especialistas advierten que tomará tiempo construir un sistema que funcione.
Cuartoscuro
9 de junio, 2020
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En México las niñas y los niños tienen derecho a vivir en un entorno familiar que les permita disfrutar de bienestar, alimentación, educación y protección. Si esto se ve en riesgo, el Estado debe intervenir para garantizarlo teniendo como prioridad no separar a los menores de su familia, a menos que por el propio interés del niño sea necesario.

Pero, aunque la Constitución y la ley contemplan lo anterior, la realidad es que en entidades como la propia Ciudad de México el sistema institucional responsable ha operado por años entre fallas, negligencias o de plano el total abandono, al punto en que no había ni registros de cuántos casos se habían atendido ni como se hizo en años pasados.

“No recibimos ni siquiera una base de datos de ejercicios anteriores en donde yo te pueda decir cuales o qué cantidad de niñas, niños y adolescentes llegaban a la Agencia 59 dedicada a los menores y que fueron canalizados a DIF. No había antecedentes de planes de restitución de derechos, no había nada” dijo Estela Damián, actual directora del DIF capitalino.

Estas graves deficiencias y rezagos fueron reconocidas por funcionarios del actual gobierno capitalino y de la Fiscalía General de Justicia, quienes argumentan que desde el año pasado y con el arranque del actual sexenio han comenzado a construir un sistema de atención integral partiendo prácticamente de cero.

No obstante, especialistas señalan que casos como el Ana María Ortiz, quien en marzo pasado se suicidó junto con uno de sus hijos de dos años en un contexto de precariedad social y falta de apoyo institucional, muestran que aún estamos lejos de construir un sistema que visibilice y atienda de manera integral a familias y niños que se encuentran en grave vulnerabilidad.

Lee: Ana María fue invisible para el Estado; agobiada y sin ayuda se suicidó en el Metro

Animal Político buscó a las autoridades del DIF y de la Procuraduría para la Defensa de las Niñas, Niños y Adolescentes de la administración pasada, a quienes los funcionarios actuales señalan de no haber implementado el sistema y los programas que la ley aprobada desde 2015 marcaba, pero no quisieron proporcionar ningún comentario

Asistencialismo, no protección

La falta de un sistema integral de apoyo para los menores de edad y las familias en situaciones vulnerables es un problema histórico en México. Por décadas, nuestro país operó bajo la premisa de que bastaba que los niños tuvieran alimento y un techo para estar protegidos.

Lo anterior trajo como consecuencia que, por ejemplo, si una niña o un niño llegaba a manos de la autoridad por cualquier situación precaria o conflicto legal en que se viera envuelta su familia, la prioridad fuera mantenerlo en un albergue o canalizarlo a una casa hogar sin pensar en otras necesidades vitales como, por ejemplo, procurar su desarrollo en un entorno familiar.

“Aquí en la Ciudad de México la vieja Procuraduría (hoy Fiscalía) se volvió literalmente en una guardería. Hubo niños que llegaban a permanecer hasta más de un año en los albergues que supuestamente eran temporales. Y ocurrieron casos lamentables como el de Casitas del Sur” dijo en entrevista la actual subprocuradora de Atención a Víctimas de la Fiscalía, Nelly Montealegre.

El caso Casitas del Sur, al que hizo referencia la funcionaria, consistió en la desaparición de casi 30 menores de edad en diversos estados que habían sido canalizados por las autoridades a casas hogar. Se presume que los menores terminaron en redes de tráfico de personas. Algunos, continúan desaparecidos hasta la fecha.

Este tipo de incidentes graves junto con una creciente exigencia social de elevar los estándares de derechos humanos en México a parámetros internacionales, finalmente sentaron las bases para una discusión que permitiera abandonar los enfoques tradicionales.

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“Se reconoció el reto de evolucionar a un esquema de protección integral y superar de forma definitiva este asistencialismo en el que se pensaba solo en que el niño tuviera que comer y donde dormir, pero no nos preocupábamos del tema de sus derechos, ni de construir un mecanismo coordinado o formal para proveerles a las niñas y niños de educación, y de un entorno y espacio adecuado” explicó la subprocuradora.

El cambio de enfoque se materializó finalmente con la expedición en diciembre de 2014 de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes que, entre otras cosas reconoció a las personas menores de 18 años como sujetos con más de 20 tipos de garantías que van desde el derecho a vivir en familia, hasta el derecho a la identidad, a la paz, a la protección de su salud, a la no discriminación, al desarrollo, entre toros.

Con el reconocimiento de todos estos derechos se sentaron las bases para que la norma ordenara a los poderes de todos los niveles de gobierno el impulso de nuevas políticas públicas y la creación de un nuevo diseño institucional que permitiera garantizar la protección integral de las niñas y los niños.

Y con ello nacieron, por ejemplo, las Procuradurías para la Defensa de las Niñas, Niños y Adolescentes que, entre otras cosas, son responsables de proponer y elaborar los programas integrales de restitución de derechos para apoyar a niños y sus familias que se encuentren en situaciones de riesgo.

Nueva ley, letra muerta

Con la expedición de la ley general se dio un plazo de 180 días a los estados para que pudieran adecuar sus normas locales y expedir sus propias leyes. Sin embargo, hubo retrasos como el de Ciudad de México, donde la ley local se expidió hasta noviembre de 2015, casi un año después.

Lo más grave, sin embargo, es que al menos en la capital del país el trabajo para materializar lo que señalaba la ley fue prácticamente inexistente. Y es que según las actuales autoridades de la ciudad no hay datos ni registros que detallen, por ejemplo, qué planes de restitución de derechos se crearon o se implementaron en beneficio de los menores.

“Si tu me preguntas si encontramos un padrón con todos los niños institucionalizados, y las causas, las fechas, el expediente… la respuesta es NO. No había nada o al menos no nos dejaron nada. El plan de restitución de derechos que es un procedimiento clave también se encontraba totalmente abandonado, no tenemos ninguna constancia o método de trabajo y no conocemos cuál era la atención y seguimiento” dijo Estela Damián, directora del DIF capitalino.

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La subprocuradora de Víctimas de la Fiscalía General de justicia, Nelly Montealegre, confirmó por separado que tampoco encontraron rastro de algún plan de restitución. “Lo que sí encontramos fue una saturación de carpetas de investigación y de casos, pero sin ninguna estrategia y sin ningún plan como lo marca la ley”, señaló.

Las funcionarias coincidieron en otro punto grave: la total falta de comunicación y de coordinación entre las instancias claves, como por ejemplo, entre la Agencia 59 del MP que se especializa en asuntos de menores de edad con la Procuraduría de Protección de las Niñas, Niños y Adolescentes del DIF.

“Nos encontramos con que en la agencia no había personal del DIF y peor que eso: no había siquiera la mínima comunicación. A la agencia llegaban niños en alguna situación de vulnerabilidad y el DIF ni se enteraba” dijo Montealegre.

Estela Damián explicó que al comenzar la administración fueron percatándose de que literalmente “estaban sucediendo cosas sin que nos diéramos cuenta”.  Había, por ejemplo, casos de menores desaparecidos que luego eran recuperados sin que la Procuraduría del DIF diseñada para protegerlos, se diera cuenta.

A la falta de acciones para concretar las nuevas disposiciones legales se suman carencias sistemáticas en las que tampoco había trabajo alguno para darle la vuelta.

Montealegre explicó, por ejemplo, que los centros de atención transitoria de la Fiscalía (antes Procuraduría General de Justicia) contaban con reglamentos de la década de los 80 que nunca fueron reformados y que, por ende, nada tenían que ver con la lógica de una nueva protección integral para los menores.

Y a ello se suma la falta de personas especializado y certificado en casi todas las áreas tanto de la Fiscalía, así como en el DIF. Esto, de nuevo, como consecuencia de inercias que nunca se atendieron.

“Tenemos a personal sindicalizado con plazas literalmente heredadas. Hay por ejemplo una funcionaria asignada a una de las estancias pero que no es educadora ni psicóloga si no que es química. Tenemos que lidiar con esto y tratar de certificar al personal, algo en lo que tampoco se había avanzado” dijo Montealegre.

Partir de cero

Desde el año pasado el gobierno capitalino y la Fiscalía General de Justicia comenzaron la puesta en marcha de una estrategia que, según las funcionarias consultadas, busca poner en marcha “desde cero” un sistema que garantice la protección integral para los niños y sus familias.

Un primer paso se dio en febrero de 2019 con la firma de convenio entre la hoy Fiscalía General de Justicia con el DIF Nacional y el DIF capitalino. Esto con el objetivo inicial de mejorar la comunicación entre instituciones e implementar políticas y acciones conjuntas.

Pero el objetivo principal, y uno de los más complicados según reconocieron las funcionarias, es tratar de poner punto final a la política asistencialista que si bien fue eliminada de la ley desde hace más de cuatro años, en la práctica continuó funcionando.

“Aun cuando se hizo este cambio a la ley se siguió operando con el mundo al revés. Se institucionalizaba a los niños por sistema, es decir, se les dejaba en los albergues y no se buscaba a su familia, o a otra familia que los acogiera. Hoy estamos tratando de darle la vuelta a eso porque el desarrollo en familia es de los pilares más importantes para los niños” dijo la subprocuradora Montealegre.

Un paso importante para materializar la anterior fue la firma de convenios tanto con UNESCO así como con la Red Latinoamericana de Acogimiento Familiar, para el diseño de estrategias que permitan ubicar con estándares seguros y profesionales a los niños en familia de acogida.

De acuerdo con Estela Damián esta asesoría ya ha dado resultados, pues en 2019 se consiguió reubicar con el apoyo de dichas organizaciones a 435 menores, ya sea con sus familias de origen o con familias de acogida, una cifra nunca registrada en la ciudad. Se trata de menores que, en años anteriores, seguirían en albergues o en el mejor de los casos en casas hogar, pero no en un contexto familiar.

“Es muy violento sacar a un menor de un entorno familiar a un entorno en el que psicológicamente sabe que no pertenece y que nadie de ese entorno es su familia la casa hogar debe ser el último mecanismo de todos. Son recomendaciones internacionales y antes era la práctica común hacer esto, lo era” dijo Damián.

Fue gracias a estos convenios como se consiguió ubicar previo a la pandemia de coronavirus a varios niños más que se encontraban en albergues de la Fiscalía, entre ellos a los dos hijos de Ana María Ortiz luego del suicidio de esta.

El reto más importante ahora, dijo la directora del DIF, es impulsarlos planes de restitución de derechos para menores en condición vulnerable y su familia que según Damián ya consiguieron ponerse en marcha en varios casos. Consisten en un paquete de once programas sociales enfocados tanto a los menores como a sus tutores.

Inercias persisten

Pese a las modificaciones que las actuales autoridades destacan, especialistas consultadas por Animal Político consideraron que hay inercias negativas que persisten en la atención a este tipo de problemáticas y para las cuales se requerirán tanto tiempo como cambios profundos.

Un ejemplo de ello fue el caso de Ana María Ortiz registrada en marzo pasado, quien se suicidó junto con su hijo de dos años luego de que el DIF se negará a entregarle a su hija de 9 años que mantenía bajo custodia, y de que tampoco le ofreciera un plan para proteger los derechos de sus otros dos hijos y de ella misma.

Adriana Segovia, terapeuta e investigadora del Instituto Latinoamericano de Estudios de la Familia A.C., sostuvo que el caso muestra que aun cuando los funcionarios desempeñen su trabajo, la respuesta institucional se queda lejos de ofrecer una atención integral a los menores y sus familias.

“El juicio aquí no es a las personas sino a las instituciones. Puede que incluso se actúe bien, pero la institución no da para más. Cambiar no es un proceso rápido. Requiere mucho trabajo e inversión en capacitación, en diseño de políticas públicas” dijo la especialista.

Margarita Griesbach Guizar, directora de la Defensoría de los Derechos de la Infancia, destacó que, si bien en las leyes se ha reemplazado la visión meramente “tutelar y anacrónica” que había sobre los derechos de la niñez, lo cierto es que en la Ciudad de México y en varios estados las actuaciones negligentes y hasta violatorias de derechos humanos persisten.

“Nosotros hemos promovido dos amparos ya en contra de esta procuraduría por omisiones en cuidado que tendrían que haber dado. Y el caso de Ana María debería investigarse porque ahí podría haber no solo omisiones sino hasta una negligencia criminal” dijo.

Sobre esto, la subprocuradora de víctimas Nelly Montealegre reconoció que se enfrenta un reto importante por delante.

“Creo que el caso de Ana María evidencia el gran reto que tenemos relativo a que las personas operadoras del sistema de protección actúen bajo el principio del interés superior” dijo.

 

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Cómo la COVID está causando una crisis de oxigeno en América Latina y algunos países en desarrollo

¿Por qué los gobiernos de África, América Latina y Asia están luchando por conseguir oxígeno durante la pandemia?
29 de enero, 2021
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Antes de que la clínica se quedara sin oxígeno, Maria Auxiliadora da Cruz había mostrado alentadores signos de progreso contra la covid-19.

El 14 de enero, sus niveles de oxígeno habían estado por encima del nivel normal del 95%, pero pocas horas después de haber sido privada de ese recurso vital, sus niveles cayeron al 35%.

En esta instancia, a los pacientes normalmente se los intuba y se les suministra oxígeno a través de una máquina. Esto no ocurrió con esta enfermera jubilada de 67 años, que falleció.

“Fue horrible”, dice su nuera Thalita Rocha. “Fue una catástrofe. Muchos pacientes ancianos comenzaron a deteriorarse y ponerse azules”.

En un emotivo video que se viralizó en las redes sociales, Rocha describió lo que sucedía en la Policlínica Redenção en la ciudad de Manaos, en el norte de Brasil.

“Estamos en una situación desesperada. Toda una unidad de emergencia simplemente se ha quedado sin oxígeno … Mucha gente está muriendo”.

Rocha le dijo al Servicio Brasileño de la BBC que diez personas en la sala de guardia murieron ese día y que cree que su suegra podría haber sobrevivido.

“Ella no murió de covid. Lamentablemente, falleció por la falta de oxígeno“.

Thalita Rocha

Thalita Rocha
El video de Thalita Rocha pidiendo ayuda se hizo viral en las redes sociales.

Brasil tiene el segundo mayor número de decesos por covid del mundo, con más de 219.000 muertos.

En Manaos, el sistema de salud de la ciudad colapsó dos veces durante la pandemia y las muertes se duplicaron entre diciembre y enero, lo que llevó al gobierno local a anunciar planes para 22.000 nuevas tumbas.

Pero los hospitales y clínicas de Brasil no son de ninguna manera los únicos que luchan por conseguir suministros de oxígeno.

En México, donde más de 152.000 personas han muerto por la pandemia, ha habido informes de ladrones que se llevaron cilindros de oxígeno de hospitales y clínicas.

En un caso, dos hombres fueron arrestados luego de que un camión cargado con cilindros de oxígeno robados fuera encontrado al norte de Ciudad de México.

A principios de este mes, aparecieron videos que denunciaban la escasez de oxígeno en al menos dos hospitales en Egipto.

En uno, un hombre filmó camas cubiertas con mantas en el hospital al-Husseiniya en la gobernación nororiental de Sharqia y afirmó que “todos en la UCI han muerto“.

Las autoridades egipcias dijeron que cuatro pacientes habían muerto debido a condiciones crónicas preexistentes, no por falta de oxígeno, y han negado rotundamente que haya problemas de suministro.

Pero informes de incidentes similares en varios países han puesto de relieve la presión sobre los gobiernos para que proporcionen este tratamiento básico que permite salvar vidas.

“Crisis de oxígeno”

Un paciente recibe terapia con oxígeno en Lagos.

Getty Images
Uno de cada cinco pacientes con covid requerirá oxígeno, dice la OMS, pero la proporción es mayor en los casos graves.

La organización dice que no tiene datos específicos por país, pero agrega que algunos hospitales han visto aumentar la demanda de oxígeno entre cinco y siete veces los niveles normales debido a la afluencia de pacientes con enfermedades graves y críticas.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada cinco pacientes con covid-19 requerirá oxígeno. En casos severos, esto aumenta a tres de cada cinco.

PATH, una organización mundial sin fines de lucro que ayuda a varios gobiernos a responder a la pandemia, encontró que la demanda de oxígeno “aumentó dramáticamente” en 2020 debido a la afluencia de pacientes con hipoxemia (bajos niveles de oxígeno en la sangre) por la covid-19.

“Necesitamos pensar en el oxígeno tanto como pensamos en la electricidad, el agua u otros servicios básicos”, dice Lisa Smith, del programa de dinámicas de mercado de PATH.

“Esto no puede ser algo que solo nos preocupe cuando está mal, porque cuando está mal, la gente se muere”.

Actualmente, se necesitan cerca de 1,5 millones de cilindros de oxígeno todos los días en países de ingresos bajos y medianos para hacer frente a la demanda adicional generada por la pandemia, según una herramienta interactiva creada por PATH para rastrear las necesidades de oxígeno.

Esta herramienta digital ayuda a estimar la escala del desafío para quienes se encargan de formular políticas y fue desarrollada por el proyecto Covid-19 Respiratory Care Response Coordination que incluye a PATH y a Every Breath Counts (Cada respiración cuenta), una asociación público-privada que aboga por un mejor suministro de oxígeno en países de ingresos bajos y medianos.

“Existe una crisis de oxígeno en el África subsahariana, Asia y América Latina“, dice Leith Greenslade, de Every Breath Counts.

“Los países no se dan cuenta de la cantidad de oxígeno que necesitan los pacientes con covid-19: algunos requerirán diez, veinte veces más oxígeno del que necesitaría un paciente normal que necesita oxígeno”.

Pacientes con covid en Sudáfrica

Getty Images
PATH dice que la demanda de oxígeno ha “aumentado drásticamente” en los países de ingresos bajos y medios debido a la covid-19.

Según el rastreador, Brasil ha experimentado uno de los aumentos más drásticos en la demanda de oxígeno del mundo desde noviembre, requiriendo aproximadamente 340.000 cilindros adicionales al día para tratar casos de covid.

Después de que Manaos llegó a un punto crítico, se enviaron donaciones de oxígeno desde otros estados y desde el otro lado de la frontera con Venezuela.

Pero Jesem Orellana, epidemiólogo de la Fundación Oswaldo Cruz, le dijo a la BBC que el riesgo de escasez continúa y se ha agravado por la demanda global.

Maria Auxiliadora da Cruz

Familia de Maria Auxiliadora da Cruz
La salud de Maria Auxiliadora da Cruz se deterioró rápidamente cuando se acabaron los suministros de oxígeno en la clínica de Manaos.

En otros países en desarrollo, como India, hubo un aumento del 68% en la demanda de oxígeno entre abril y julio, luego un salto del 84% entre julio y el momento más álgido en septiembre.

Adamu Isah de Save the Children en Nigeria, donde se necesitan 10.000 cilindros adicionales al día, señaló que hay una “percepción generalizada de que hay escasez de oxígeno en casi todas las regiones del país”.

En Sudáfrica, el rastreador estima que el país necesita 100.000 cilindros adicionales al día.

El ministro de Salud, Zweli Mkhize, dijo que el gobierno estaba haciendo “todo lo posible para asegurarse de que haya oxígeno disponible” y ordenó a los fabricantes de oxígeno, cuyos principales clientes son normalmente grupos mineros, que prioricen las necesidades médicas.

¿De dónde proviene el oxígeno médico?

Un trabajador desinfecta cilindros de oxígeno en El Cairo, Egipto.

EPA
Solo una proporción pequeña del oxígeno que se produce el mundo se destina a fines médicos.

Según PATH, el oxígeno médico representa solo el 5-10% de la producción mundial de oxígeno. El resto se utiliza en diversas industrias, como la minera, química y farmacéutica.

Se produce en grandes cantidades en las plantas y se entrega a los hospitales de dos formas: a granel en tanques de líquido o como gas presurizado en cilindros que contienen volúmenes más pequeños.

El oxígeno líquido es la mejor y más barata tecnología disponible, pero requiere que los hospitales tengan la infraestructura adecuada para canalizar el oxígeno al lado de la cama del paciente. Esto es común en países desarrollados como Estados Unidos y Europa.

Los cilindros no requieren tuberías y se pueden entregar a clínicas sin una infraestructura sofisticada. Sin embargo, su distribución a menor escala significa que son menos rentables, además de ser engorrosos de transportar y manipular, lo que también conlleva un mayor riesgo de contaminación cruzada.

“Algunos países dependen casi por completo del envío de oxígeno a los hospitales, que son transportados en cilindros por terrenos accidentados y largas distancias”, explica el profesor Mike English, que codirige la Unidad de Servicios de Salud del Programa de Investigación del KEMRI-Wellcome Trust en Nairobi y los Sistemas de Colaboración en Salud de la Universidad de Oxford, en Reino Unido.

“Este es un gran problema y las cantidades necesarias son casi imposibles de proporcionar”.

Según English, la distribución de oxígeno ya era un problema en África antes de la pandemia.

“Antes de la covid, había muchas ocasiones en las que incluso en los hospitales adecuados, un niño enfermo, un recién nacido enfermo o cualquier persona en una situación de emergencia, podía no haber recibido el oxígeno que necesitaban”, explica.

“La covid ha hecho que este problema sea más visible porque ahora también afecta a los adultos”.

Opción tardía

Máquina concentradora de oxígeno utilizada en Nueva Delhi, India.

Getty Images
El oxígeno se puede suministrar a través de una variedad de formas, una de ellas es a través de máquinas que lo filtran del aire, llamadas concentradores.

El oxígeno ha sido considerado un medicamento esencial por la OMS desde 2017.

Pero Smith dice que ha sido tratado hasta el momento como “algo en lo que se piensa después”.

Para ella, se trata “verdaderamente de un problema de los sistemas de salud” en el que se necesitan varios “componentes” a un tiempo para mejorar la situación.

Todos los expertos consultados por la BBC remarcaron el mismo punto, incluyendo en su análisis la necesidad de equipos, entrenamiento y soluciones a largo plazo.

Los hospitales, por ejemplo, podrían construir sus propias plantas de oxígeno para producir un suministro regular.

Pero son costosas, necesitan electricidad confiable y requieren una experiencia considerable e ingenieros calificados para mantenerlos, lo que no siempre es posible, dice English.

“Como cada ‘solución aparentemente fácil’, las plantas de oxígeno requieren partes mucho más amplias del sistema de salud para ser funcionales”, agrega.

Grycian Mussa en el Hospital in central de Lilongwe

UNICEF Malawi/2020/Govati Nyirenda
Grycian Mussa opera una de las plantas de oxígeno en Malawi, establecida con la ayuda de Unicef y UK Aid.

En Malawi, hay tres plantas de este tipo: en el Hospital Central Queen Elizabeth de Blantyre, el Hospital Nkhata Bay y el Hospital Central Kamuzu en Lilongwe.

Para construirlos, el país necesitaba traer equipos y conocimientos técnicos de Sudáfrica, dice Grycian Mussa, principal ingeniero médico del hospital.

Con el confinamiento se produjo una crisis porque todo venía de Sudáfrica y Sudáfrica estaba en cuarentena y Malawi estaba en cuarentena”, explica.

“Creo que es hora de que los países africanos capacitemos a técnicos locales en nuestros países y veamos cómo podemos sostenernos a nosotros mismos. De lo contrario, siempre dependeremos de la ayuda de otros países en medio de las crisis”.

La necesidad de entrenamiento fue puesta en evidencia anteriormente en Nigeria por la “mesa de trabajo sobre oxígeno”, establecida con la ayuda de organizaciones sin fines de lucro y otras agencias para brindar asesoramiento sobre el suministro y el uso de oxígeno, dice Isah.

“Incluso si tienes todos los sistemas de oxígeno del mundo, si no capacitas a las personas sobre cómo detectar niveles bajos de oxígeno en la sangre, realmente estarás perdiendo el tiempo”, añade.

Un oxímetro controla los niveles de oxigenación en la sangre de un bebé en Francia.

Getty Images
“El oxígeno es útil en muchos casos, desde para el bebé más pequeño que necesita oxígeno hasta alguien con enfermedad pulmonar crónica avanzada en poblaciones de edad avanzada”, dice la Greenslade.

Los oxímetros, que se colocan en el dedo para medir los niveles de oxígeno en la sangre, son una forma asequible de controlar a los pacientes si las personas están capacitadas para usarlos. Pero aún queda el problema del suministro.

“Incluso estos, que deberían ser más fáciles de poner a disposición a gran escala, no suelen estar disponibles en los países de bajos y medianos ingresos de África. Proporcionarlos también es algo que recién está empezando a suceder”, dice English.

“Necesitamos ver el suministro de oxígeno como un desafío para todo el sistema y abordar todos los elementos juntos”.

Otras soluciones a corto plazo incluyen el uso de concentradores de oxígeno, una máquina que filtra el aire y lo convierte en oxígeno de grado médico.

La OMS ha distribuido unos 16.000 a nivel mundial durante la pandemia, pero advirtió que “no son suficientes para los pacientes con enfermedades críticas que necesitarán más flujo de oxígeno”.

Mujer con un oxímetro en el dedo en Nigeria.

Reuters
Los oxímetros son una forma barata y efectiva para medir las necesidades de oxígenos, dicen expertos en salud.

Incluso antes de la pandemia, agencias multilaterales como Unicef ​​habían estado distribuyendo concentradores de oxígeno e invirtiendo en plantas de oxígeno en hospitales en el mundo en desarrollo para combatir enfermedades como la neumonía, el “asesino silencioso” que se estima que mata a 800.000 niños cada año.

Ahora existe la preocupación, respaldada por organizaciones como Save the Children y expertos como el profesor English, de que la demanda adicional por la covid-19 de suministros de oxígeno pueda tener un efecto en cadena para el tratamiento de otras enfermedades.

“El oxígeno es útil en muchos casos, desde para el bebé más pequeño que necesita oxígeno, hasta alguien con enfermedad pulmonar crónica avanzada en poblaciones de edad avanzada”, dice la Greenslade.

“La covid nos ha demostrado cuán esencial es en países donde no hay vacunas contra la ella, ni medicamentos. Si vives o mueres, depende a menudo de si consigues oxígeno o no”.

* Investigación adicional de Vinicius Lemos en Sao Paulo


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