La falta de pruebas impide saber el impacto de COVID-19 en las cárceles
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La falta de pruebas impide saber el impacto de COVID-19 en las cárceles

No hay un registro oficial a nivel federal sobre la población penitenciaria afectada por COVID-19; "hay completa omisión de los casos, de lo que está ocurriendo, de cuánta gente se está muriendo”, acusa Saskia Niño de Rivera, directora de Reinserta.
Cuartoscuro Archivo
Por Alberto Pradilla y Gonzalo Ortuño
2 de junio, 2020
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Arnulfo Albarrarán, de 50 años, lleva dos semanas durmiendo en la calle, en el exterior del Hospital General de Cholula, en el Estado de Puebla. “Aquí estoy, a la intemperie todo el día”, dice, en conversación telefónica.

Padece hambre y frío, pero no está dispuesto a moverse. Ahí dentro, en el centro médico, está su hermano Adán, contagiado de COVID-19 y con pronóstico reservado. Le han regalado una tienda de campaña para que mantenga su vigilia ante el nosocomio.

“Mi hermano es víctima de una negligencia”, denuncia Arnulfo.

Adán Albarrarán tiene 44 años y lleva cuatro encerrado en el Centro de Readaptación Social (Cereso) de Huejotzingo desde 2016. Está acusado del robo de un vehículo y desde entonces permanece en prisión preventiva. Ni siquiera tiene fecha para que se emita su sentencia.

El pasado 18 de mayo fue trasladado al Hospital General del Sur, Puebla, para tratarle de una complicación de la cirrosis hepática que padece. Dos días después, su hermano recibió una notificación del Cereso en la que le comunicaban que Adán dio positivo a la prueba de COVID-19.

Entérate: Ley de Amnistía solo sacará de la cárcel a 7% de presos y las liberaciones tardarían meses

“Se contagió en la cárcel o en el hospital”, dice Albarrarán. “Si fue en el hospital, se trata de una negligencia en el traslado. Y si fue en la cárcel, ¿cuántas personas más están contagiadas en el Cereso?”, se pregunta.

En un primer momento, el área jurídica del Cereso de Huejotzingo rechazó tener casos de COVID-19 dentro de su población penitenciaria. Sin embargo, luego reconoció que el preso había sido trasladado a un hospital que únicamente atiende a pacientes con coronavirus. Días después, el gobernador Miguel Barbosa reconoció ante medios locales el contagio. “Está siendo atendido, sí. Registramos el caso, está en el hospital general de San Andrés Cholula y está siendo atendido. Y, bueno, estamos tomando medidas en todos los reclusorios de sanitización”, dijo.

La opacidad envuelve el caso de Adán Albarrarán. Animal Político se puso en contacto con la Secretaría de Salud del Estado de Puebla, pero al cierre de la nota no había obtenido respuesta.

Aunque la dirección del reclusorio negó en un primer momento que sufriese un brote de coronavirus, el monitoreo diario que realiza la Comisión Nacional de los Derechos Humanos señala que 21 internos están contagiados. Solo uno de ellos, Adán Albarrarán, permanece hospitalizado.

Según el informe de la CNDH, Puebla, con 89 casos, es el segundo estado con más casos de coronavirus en sus prisiones solo superado por Jalisco, que tiene 99. A finales de mayo, el gobierno de Miguel Barbosa habilitó el primer centro penitenciario destinado exclusivamente a reclusos que han contraído la COVID-19.

En total, 299 presos fueron diagnosticados de COVID-19 y se registraron 43 muertes.

A Adán Albarrarán le hicieron una prueba porque su estado empeoró y tuvo que ser hospitalizado. Sin embargo, él es una excepción. Fuentes de la Tercera Visitaduría de la CNDH lamentan que la escasez de pruebas hace imposible conocer hasta qué punto se ha extendido la enfermedad en los centros penitenciarios.

Albarrarán denuncia que el contagio de su hermano dentro de la cárcel se debió a las negligencias dentro del Cereso. Presentó una queja ante la CNDH y un juez decretó la suspensión de plano debido a la urgencia de un amparo que presentó. El mandato judicial le obliga a las instituciones penitenciarias a restablecer la salud de su hermano. Aunque él es pesimista.

“Quiero que se determine una investigación de quién, cómo y en dónde lo contagiaron y las negligencias del sistema penitenciario. Hubo omisión de vigilar el actuar de los servidores públicos por el manejo de un interno del Cereso. Por tan solo un drenado de líquido abdominal por retención de líquidos por cirrosis hoy está sentenciado a muerte por haberse contaminado con Covid-19”, afirma.

“Hemos hablado para solicitar al centro penitenciario información sobre su caso, pero no hemos recibido respuesta. Este es un reflejo de la situación del sistema penitenciario en nuestro país”, dice Noemí Suárez, abogada de Documenta, una ONG que asesoró a Arnulfo para que este promoviese amparos ante las autoridades.

“Hemos recibido muchas quejas. Sobre todo, que no están recibiendo información. No les dan datos sobre cómo están sus familiares”, explica.

Casos en 17 estados, según CNDH

El caso de Adán Albarrarán es solo la punta del iceberg de un sistema penitenciario hacinado, en el que apenas hay datos sobre cuántas personas están contagiadas y donde la falta de pruebas impide hacer una radiografía real de la situación. Su hermano Arnulfo lo sabe bien. El pasado 15 de abril fue liberado del Reclusorio Oriente, donde permaneció casi cinco años y medio por robo de vehículo. Él fue uno de los primeros presos cuya excarcelación anunció la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, en el contexto de la pandemia. Él, sin embargo, alega que interpuso un amparo un año antes y que su expediente se retrasó por irregularidades en la institución.

Hasta ahora, no hay un registro oficial a nivel federal sobre la población penitenciaria afectada por el COVID-19, ni sobre las preliberaciones que los sistemas penitenciarios de los estados han otorgado para evitar contagios dentro de las prisiones en el país.

En las conferencias del sábado 23 y el domingo 24 de mayo, el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, se comprometió a ofrecer datos sobre contagios al interior de las prisiones. Finalmente, estas cifras no se hicieron públicas, aunque el funcionario aseguró que “se ha logrado segmentar a la población para evitar más riesgos y contagios”.

Esta es una visión excesivamente optimista para las organizaciones civiles que trabajan con presos. “Desde nuestro monitoreo en redes así como conversaciones con familiares y personas privadas de libertad en distintos puntos del país, es complicada de respaldar”, dijo en un comunicado Asistencia Legal para los Derechos Humanos AC, Asilegal.

La única fuente oficial que hasta el momento ha ofrecido datos sobre contagios es la CNDH. Su informe registra 299 casos y 43 fallecimientos, con Puebla y Jalisco como estados más afectados, seguidos por el Estado de México, la Ciudad de México y Sinaloa.

Solo 17 de los 32 estados mexicanos reportaron casos de COVID-19 en sus prisiones, según el informe de la CNDH. Entre los que aseguran no tener un solo caso en sus reclusorios están Tamaulipas, Veracruz, Coahuila o Michoacán.

“Es un botón de muestra de lo que está pasando al interior de los penales, pero no hay suficiente elementos”, dice la organización México Evalúa.
La ONG Reinserta hizo su propio monitoreo a través de solicitudes de acceso a la información. Únicamente seis estados respondieron: Nuevo León, Yucatán, San Luis Potosí, Nayarit y Baja California. El informe revela falta de insumos como desinfectante, mascarillas, cubrebocas y guantes, “principalmente por falta de recursos”.

“La situación está muy complicada. Hay completa omisión de los casos, de lo que está ocurriendo, de cuánta gente se está muriendo”, dice Saskia Niño de Rivera, directora de Reinserta.

“No se están haciendo pruebas”, denuncia.

Animal Político contactó con las autoridades sanitarias de algunos los estados con mayor número de casos en sus prisiones: Puebla, Jalisco, Ciudad de México y Baja California. También con la secretaría de Seguridad Pública del Gobierno federal. Al cierre de la nota no había recibido respuesta.
Escasez de insumos

“Hay poca información y pocos medios”, dijo un preso encerrado en el Reclusorio Oriente y que habló a condición de anonimato.

Según denunció, únicamente recibieron cubrebocas en una ocasión. “Fue a principios de mayo, nos dieron uno por recluso y eran de muy baja calidad”, dice. Además, señala que hubo dificultades con el gel antibacterial. En principio está prohibido, ya que contiene alcohol. Sin embargo, las autoridades fueron flexibles y permitieron su ingreso, pero hubo internos que lo ingirieron, así que se volvió a impedir su uso.

Las autoridades han adecuado el dormitorio 1 para aquellos reclusos que tienen síntomas de COVID-19. Por otro lado, el Centro de Observación y Clasificación se ha habilitado para los contactos de aquellos que son casos sospechosos y el dormitorio 9 está reservado para las personas mayores de 60 años.

Según este preso, “la gente oculta los síntomas para evitar el aislamiento”.
“Uno de los grandes problemas es el hacinamiento. Hay celdas en las que duermen hasta 30 personas. Duermen parados, en hamacas o sentados en el piso”, explica. Unas condiciones que hacen imposible respetar la sana distancia para evitar que la enfermedad se propague.

Liberaciones para evitar los contagios

La Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México anunció que estarían analizando 5 mil 500 casos de posibles liberaciones, pero solo ha confirmado 250.

Mientras que el Edomex inició un programa de preliberación de adultos mayores y mujeres embarazadas, con una meta de 5 mil personas a beneficiar, de las cuales solo ha liberado a 1,894 personas; 59 ya obtuvieron total libertad y 1,836 salieron con brazaletes electrónicos bajo vigilancia y seguimiento de su conducta.

México Evalúa también reportó la liberación de 39 personas en Coahuila, ante la emergencia sanitaria.

El monitoreo de la organización Equis: Justicia para las Mujeres recabó, hasta el 24 de mayo y utilizando reportes de prensa y de CNDH, que en el país 150 personas privadas de la libertad han contraído COVID-19; 98 más son sospechosas; 31 han fallecido por la enfermedad, y 61 se han recuperado.

“Hemos detectado que, al menos, hay tres posibilidades: una es que haya 171 contagios y 22 defunciones; otra es 184 contagios y 13 defunciones, y una última sobre 330 contagios y 15 defunciones. Cada escenario varía dependiendo de las fuentes periodísticas que incluyes/excluyes. Sin embargo, la gran variación demuestra que no tenemos una forma de validarlo con datos oficiales porque no se presentan, en el caso de la Secretaría de Salud, o no dicen cómo registran, en el caso de la CNDH”, explica la organización.

La organización también reporta que se han liberado a entre 2,100 y 2,390 personas, pero que las únicas cifras validadas son las dadas a conocer por Ciudad de México y Estado de México

Equis Justicia también identificó tres riñas en el Edomex, Quintana Roo y Tabasco, así como siete eventos violentos que han surgido tras protestas de las personas internas, y que han sido reprimidas por agentes de la fuerza pública.

Arnulfo Albarrarán inicia su tercera semana en el exterior del hospital de Cholula. Dice que recientemente recibió la llamada de una autoridad penitenciaria que le afeó su campaña pública de denuncia. “Uno hace lo que tiene que hacer. ¿Qué haría si fuera su hermano?”

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Rusia y Ucrania: 5 escenarios de cómo podría terminar la guerra

A estas alturas de la invasión rusa a Ucrania no hay señales todavía de cómo podría llegar a su fin el conflicto. BBC Mundo te cuenta cuáles son las opciones más plausibles y cuáles serían sus implicaciones.
4 de marzo, 2022
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En medio de la niebla de la guerra, puede ser difícil ver el camino a seguir. Las noticias que llegan sobre los lugares donde se está combatiendo, los ruidos diplomáticos, la aflicción de los refugiados y desplazados… todo esto puede ser abrumador.

Pero demos un paso atrás por un momento y consideremos cómo podría desarrollarse el conflicto entre Rusia y Ucrania.

¿Cuáles son algunos de los posibles escenarios que están examinando los políticos y los jefes militares? Pocos pueden predecir el futuro con certeza; no obstante, aquí hay algunos posibles resultados. La mayoría son sombríos.

Guerra corta

En este escenario, Rusia escala sus operaciones militares. Hay más ataques indiscriminados de artillería y cohetes en todo Ucrania. La fuerza de aviación rusa, que hasta ahora ha desempeñado un papel discreto, lanza devastadores bombardeos aéreos.

Los ataques cibernéticos masivos se extienden por Ucrania y tienen como objetivo la infraestructura nacional clave. Se cortan los suministros de energía y las redes de comunicaciones. Mueren miles de civiles.

A pesar de la valiente resistencia, Kiev cae en cuestión de días. El gobierno es reemplazado por un régimen títere pro-Moscú. El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, es asesinado o huye, al oeste de Ucrania o incluso al extranjero, para establecer un gobierno en el exilio.

El presidente ruso, Vladimir Putin, declara la victoria y retira algunas fuerzas, dejando suficientes para mantener cierto control. Miles de refugiados continúan huyendo hacia el oeste. Ucrania se une a Bielorrusia como estado satélite de Moscú.

Este resultado no es de ninguna manera imposible, pero dependería de que cambien varios factores como un mejor desempeño de las fuerzas rusas, un mayor despliegue de las mismas y el desvanecimiento del extraordinario espíritu de lucha de Ucrania.

Putin podría lograr un cambio de régimen en Kiev y el fin de la integración occidental de Ucrania. Pero cualquier gobierno prorruso sería ilegítimo y vulnerable a la insurgencia.

Ese resultado seguiría siendo inestable y la posibilidad de que estallara de nuevo el conflicto sería alta.

Guerra larga

Quizás lo más probable es que esto se convierta en una guerra prolongada. Tal vez las fuerzas rusas se atasquen, obstaculizadas por la baja moral, la mala logística y un liderazgo inepto.

Tal vez las fuerzas rusas tarden más en asegurar ciudades como Kiev, cuyos defensores luchan por cada calle. Se produce un largo asedio.

La confrontación trae ecos de la larga y brutal lucha de Rusia en la década de 1990 para apoderarse -y destruir en gran medida- Grozny, la capital de Chechenia.

Chechenos durante la ocupación rusa de Grozny.

Getty Images
La lucha de Moscú para mantener bajo su control a Chechenia fue larga y sangrienta.

E incluso una vez que las fuerzas rusas hayan logrado cierta presencia en las ciudades de Ucrania, quizás les cueste mantener el control.

Tal vez Rusia no pueda proporcionar suficientes tropas para cubrir un país tan vasto.

Entonces, las fuerzas defensivas de Ucrania se transforman en una insurgencia eficaz, bien motivada y apoyada por las poblaciones locales. Occidente continúa proporcionando armas y municiones.

Y luego, quizás después de muchos años, puede ser con un nuevo liderazgo en Moscú, las fuerzas rusas finalmente abandonan Ucrania, doblegadas y ensangrentadas, al igual que sus predecesores abandonaron Afganistán en 1989 después de una década luchando contra los insurgentes islamistas.

Guerra europea

¿Sería posible que esta guerra se extendiera más allá de las fronteras de Ucrania?

El presidente Putin podría tratar de recuperar más partes del antiguo imperio de Rusia enviando tropas a ex repúblicas soviéticas como Moldavia y Georgia, que no forman parte de la OTAN.

O simplemente podría haber un error de cálculo y una escalada. Putin podría declarar que el suministro de armas occidentales a las fuerzas ucranianas es un acto de agresión que justifica represalias.

Podría amenazar con enviar tropas a los estados bálticos, que son miembros de la OTAN, como Lituania, para establecer un corredor terrestre con el enclave costero ruso de Kaliningrado.

Vista de la plaza frente al Ayuntamiento de Járkiv, destrozada por los ataques rusos.

Getty Images
La plaza frente al Ayuntamiento de Járkiv fue destrozada por los bombardeos rusos.

Esto sería enormemente peligroso e implicaría el riesgo de una guerra con la OTAN. Según el artículo 5 de los estatutos de la alianza militar, un ataque contra un miembro es un ataque contra todos.

Pero Putin podría asumir ese riesgo si sintiera que es la única forma de salvar su liderazgo. Si tal vez se enfrentara a la derrota en Ucrania, podría verse tentado a escalar aún más.

Ahora sabemos que el líder ruso está dispuesto a romper las normas internacionales establecidas.

Esta misma lógica se puede aplicar al uso de armas nucleares. Esta semana, Putin puso sus fuerzas nucleares en un nivel más alto de alerta.

La mayoría de los analistas dudan de que esto signifique que su uso es probable o inminente. Pero fue un recordatorio de que la doctrina rusa permite el posible uso de armas nucleares tácticas en el campo de batalla.

Solución diplomática

¿Habrá, a pesar de todo, todavía una posible solución diplomática?

“Las armas están hablando ahora, pero el camino del diálogo siempre debe permanecer abierto”, dijo el secretario general de la ONU, António Guterres. Ciertamente, el diálogo continúa.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha hablado con el presidente Putin por teléfono.

Los diplomáticos dicen que están tanteando a Moscú. Y, sorprendentemente, funcionarios rusos y ucranianos se han reunido para conversar en dos ocasiones.

Putin conversa por videoconferencia con Macron.

Getty Images
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha estado en contacto con Putin.

Es posible que no hayan progresado mucho.

Apenas el jueves llegaron a un principio de acuerdo para crear corredores humanitarios y evacuar a la población civil de las zonas más afectadas, pero en todo caso, al permitir las conversaciones, Putin parece haber aceptado al menos la posibilidad de un alto el fuego negociado.

La pregunta clave es si Occidente puede ofrecer lo que los diplomáticos denominan como “una rampa de salida”, un término estadounidense para referirse a una salida de una autopista.

Los diplomáticos dicen que es importante que el líder ruso sepa qué se necesitaría para que se levanten las sanciones occidentales para que de esa manera finalmente sea posible un acuerdo que permita salvar las caras.

Consideremos este escenario. La guerra va mal para Rusia. Las sanciones comienzan a inquietar a Moscú. La oposición crece a medida que las bolsas para cadáveres regresan a casa.

Putin se pregunta si ha mordido más de lo que puede masticar. Juzga que continuar la guerra puede ser una amenaza mayor para su liderazgo que la humillación de terminarla.

Un soldado ucraniano patrulla frente al monumento de la Independencia en Kiev.

Getty Images

China interviene, presionando a Moscú para que se comprometa, advirtiendo que no comprará petróleo y gas rusos a menos que reduzca la escalada. Así que Putin comienza a buscar una salida.

Mientras tanto, las autoridades ucranianas ven la continua destrucción de su país y concluyen que el compromiso político podría ser mejor que una pérdida de vidas tan devastadora.

Entonces los diplomáticos se involucran y se hace un trato. Ucrania, digamos, acepta la soberanía rusa sobre Crimea y partes del Donbás. A su vez, Putin acepta la independencia de Ucrania y su derecho a profundizar los lazos con Europa.

Esto puede no parecer probable. Pero no está más allá del reino de lo posible que tal escenario pueda surgir de los restos de un conflicto sangriento.

Putin derrocado

¿Y el propio Vladimir Putin? Cuando lanzó su invasión, declaró: “Estamos listos para cualquier resultado”.

Pero ¿y si ese resultado fuera que él perdiera poder? Puede parecer impensable. Sin embargo, el mundo ha cambiado en los últimos días y ahora se piensa en esas cosas.

Lawrence Freedman, profesor emérito de Estudios de Guerra en el King’s College de Londres, escribió esta semana: “Ahora es tan probable que haya un cambio de régimen en Moscú como en Kiev”.

¿Por qué podría decir esto? Bueno, tal vez Putin persigue una guerra desastrosa. Mueren miles de soldados rusos. Las sanciones económicas hacen daño a Rusia. Putin pierde apoyo popular.

Policías detienen en Moscú a la cantante Olga Romanovskaya por participar en una protesta contra le guerra.

Getty Images
En Rusia también ha habido protestas en contra de la invasión de Ucrania.

Tal vez exista la amenaza de la revolución popular. Él utiliza las fuerzas de seguridad internas de Rusia para suprimir esa oposición.

Pero esto se hace muy duro, y suficientes miembros de la élite militar, política y económica de Rusia se vuelven contra él.

Occidente deja en claro que si Putin se va y es reemplazado por un líder más moderado, Rusia verá el levantamiento de algunas sanciones y el restablecimiento de relaciones diplomáticas normales.

Hay un golpe palaciego y Putin está fuera.

Nuevamente, esto puede no parecer probable en este momento. Pero puede que no sea inverosímil si las personas que se han beneficiado de Putin ya no creen que él puede defender sus intereses.

Conclusión

Estos escenarios no son mutuamente excluyentes: algunos aspectos de cada uno podrían combinarse para producir resultados diferentes.

Pero como sea que se desarrolle este conflicto, el mundo ha cambiado. No volverá al statu quo anterior.

La relación de Rusia con el mundo exterior será diferente. Las actitudes europeas hacia la seguridad se transformarán.

Y el orden internacional liberal basado en reglas podría haber redescubierto para qué servía desde un principio.


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