Descuidos y negligencia de pacientes y directivos disparan COVID en doctores
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Cuartoscuro

Descuidos y negligencia de pacientes y directivos disparan contagios de COVID en doctores

El tema de los contagios de COVID en personal médicos es más complicado que reducirlo a una falta de insumos.
Cuartoscuro
Por Manu Ureste y Andrea Vega
23 de junio, 2020
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La doctora Arely dice que, a ciencia cierta, no sabe cómo se infectó de coronavirus. Quizá fue un descuido, admite: un día entró a pedir unos informes al área COVID y se le olvidó la careta y el cubrebocas N95.

No está segura, insiste. Pero en su interior algo le dice que, ese día, tiró por la borda todo lo aprendido en las pláticas de capacitación que, desde febrero, muy al inicio de la pandemia en México, le dieron en el hospital sobre cómo usar el equipo de protección para evitar contagios.

Menos de una semana después, Arely comenzó a sentir un fuerte y constante dolor de cabeza, acompañado de un intenso dolor de cuerpo.

“Me sentía muy débil todo el tiempo”, relata la doctora, que pide no revelar su verdadero nombre, pero cuya identidad, cargo, y hospital, fue corroborado por este medio.

Los síntomas no fueron suficientes para que su clínica le hiciera la prueba COVID.

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“La enfermedad se manifestó de una manera muy atípica. Tenía dolor de cabeza y de cuerpo, pero sin fiebre, tos seca, ni dificultad para respirar. Y por eso, aunque era un caso sospechoso, no era candidata para la toma de muestra”, explica Arely, que optó por hacer el estudio por su cuenta.

A los pocos días, del laboratorio, le dieron dos noticias: la mala y la peor.

La mala: tenía el virus. La peor: llevaba días trabajando infectada.

Arely recalca que, desde que sintió los síntomas, extremó el uso del N95 “para no contagiar a nadie”. Pero, aún así, concede que es imposible saber si esos días que laboró infectada no contagió a otros doctores o a pacientes.

“Es cierto -admite la médica-. Fue un riesgo muy alto”.

Lee más: Contratados por Insabi ante emergencia de COVID denuncian retraso en pagos, desorganización y falta de seguro

Como ‘moscas’

En abril, cuando comenzaron a ser recurrentes las notas sobre brotes entre el personal médico, el gobernador de Baja California, Jaime Bonilla, lanzó una sentencia polémica: “los médicos están cayendo como moscas”.

Desde entonces, y hasta ahora, las autoridades sanitarias llevaron a cabo varias medidas para revertir esa situación denunciada por Bonilla y por los médicos, quienes criticaron que los mandaron a la ‘guerra’ sin ‘armas’.

Por ejemplo, a finales de marzo, IMSS e ISSSTE compraron insumos por 2 mil 309 millones de pesos para tratar COVID- 19, mientras que Cancillería anunció otra inversión por más de 1 mil 200 millones de pesos en la compra a China de mascarillas N95, caretas, guantes, y trajes quirúrgicos. A la par se inició la reconversión de hospitales para separar a médicos COVID de los que atienden otras enfermedades y así evitar contagios.

Pero las medidas de contención parecen no tener efecto: de acuerdo con cifras oficiales, la tasa de médicos contagiados es del 20.9%; cifra muy próxima a la reportada por España, 21.3%, uno de los países más golpeados en el mundo por la pandemia.

El infectólogo veracruzano, Uri Torruco, advierte que este dato puede estar “sesgado”. La razón: en México se hacen pocas pruebas a la población general y muchas a los médicos. Y por eso, la tasa puede estar “inflada”.

Sin embargo, hay más cifras oficiales que reflejan la gran dimensión de los contagios. De acuerdo con el informe presentado por Salud el pasado martes, tan solo en la primera mitad de junio los casos positivos entre el personal médico aumentaron en 12 mil 171; un crecimiento del 60%. Y otro dato: en solo una semana, la que va del 9 al 16 de junio, hubo 6 mil 722 casos nuevos de médicos infectados; 960 cada 24 horas.

Es decir, tres meses después de la polémica sentencia de Bonilla, los médicos mexicanos se siguen contagiando a un ritmo muy alto.

¿Pero, por qué? Animal Político entrevistó a médicos que superaron el virus. La mayoría señaló que la falta de insumos, o la mala calidad de estos, es una parte de la respuesta, pero no explica todo el problema.

De hecho, muchos admitieron un grado importante de responsabilidad en los contagios, debido a descuidos, exceso de confianza, desidia, o por un mal uso de los equipos de protección. “Muchas veces, los médicos no hacemos bien las cosas”, aseguran.

Cubrebocas, escasos y defectuosos

El doctor Guillermo García Hernández es director del Hospital 30 del IMSS de Mexicali, Baja California. Comenzó a dirigirla después de que en abril se produjera un brote COVID que infectó a por lo menos 19 médicos, entre ellos varios residentes y el exdirector.

El tema de los contagios, opina, es más complicado que reducirlo a una falta de insumos. Por ejemplo, en el caso de su clínica, dice que los médicos se infectaron “a pesar de que contaban con un equipo de protección”. Así que los motivos pudieron ser múltiples.

Uno de esos motivos, cree, es que los doctores del área No COVID atienden a pacientes que no tienen síntomas aparentes, o que son asintomáticos, o que no les avisan que tienen síntomas por miedo a que los confinen en el área COVID. Y esto los pone en riesgo porque, si bien llevan cubrebocas y otros insumos, no utilizan los equipos de alta protección como los que se utilizan en el área COVID.

Eso le sucedió a Israel, nombre ficticio para proteger su identidad, quien se contagió de COVID hace poco más de un mes y apenas lleva unas semanas de vuelta en el Hospital Rubén Leñero, de la Secretaría de Salud capitalina.

Su hospital también es ‘híbrido’, como el de Mexicali. Y como en el caso de la clínica bajacaliforniana, él también cree que se enfermó por atender en el área No COVID a una persona que se suponía no tenía síntomas, pero que, poco después, se confirmó que estaba contagiada.

Entérate: Médicos del ISSSTE protestan en CDMX por material ante epidemia COVID-19

“Muchas veces, se ven a los pacientes sin la protección al 100% porque se supone que no son COVID y no hay tanto riesgo”, explica el doctor que añade que, otras veces, tampoco los atienden con la protección adecuada porque los insumos escasean, a pesar de las compras del gobierno y de las donaciones de la ciudadanía y de la sociedad civil.

“Casi siempre solo traigo el cubrebocas quirúrgico, el tricapa. También nos dieron de los N95, pero solo me han dado cuatro. Hasta ahora, no nos han dicho que los reusemos, pero tampoco nos dicen cuándo darán otros”.

Desde el inicio de la pandemia, la escasez de insumos de protección ha sido una constante en México, y también en muchos otros países, como España, Brasil, Ecuador, y Estados Unidos, donde médicos y personal de enfermería han salido -y aún salen- a las calles a protestar.

En México, la escasez ha sido tal que algunos médicos han recurrido a la justicia. Así lo hizo José Alberto Beverido de la Huerta, quien cuenta que por medio de un amparo fue como consiguió que el hospital del ISSSTE donde labora, en Córdoba, Veracruz, le entregue a diario un N95.

“Si no es porque los obligué con un amparo, no me habrían dado nada”, recalca el doctor, que no fue el único en recurrir a la justicia. La organización civil Renace San Luis también ha presentado amparos colectivos para defender a médicos de Oaxaca, Guanajuato, y Jalisco, que denunciaron que trabajan en áreas COVID sin los equipos necesarios.

Pero, además de escasos, el doctor Israel apunta que los N95 que les entregan son de mala calidad: ha hecho varias pruebas con ellos, como rociarlos de agua, y el líquido atraviesa el filtro de protección. Por lo que supone que el virus también puede pasar con facilidad.

Por su parte, el infectólogo Rodrigo Ville, que labora en el hospital COVID que se instaló temporalmente en el centro Citibanamex de la Ciudad de México, suma otro problema: los N95 chinos están diseñados para ajustarse al tamaño y forma del rostro de personas asiáticas.

“Por eso, muchas veces no nos quedan bien. Porque no se ajustan y no hacen el sello que deberían”, advierte.

Apatía

La doctora Arely dice que, en su caso, ella sí recibe con regularidad caretas, cubrebocas N95, guantes y gafas protectoras. Y destaca que, al menos en su clínica del IMSS, sí les dan capacitación constante sobre cómo usar esos equipos y, sobre todo, cómo retirárselos sin riesgo de contagio.

“Desde febrero, cuando se dio el primer caso, ya empezaron a darnos los cursos”, expone la médica. “Y no es un curso de que si quieres vas. No, es obligatorio y tienes que firmar de que estás recibiendo la capacitación”.

“El problema -añade- es que muchas veces entras al curso y si tenían que estar 30 o 40 personas, pues ves que solo hay 10. Es decir, también hay cierta apatía en una parte del personal médico. Aunque también se puede deber a que son cursos que, por lo general, son fuera del horario de trabajo, y, claro, hay que hacer un sacrificio. Y mucha gente que tiene otras obligaciones familiares, o incluso otros empleos, no puede hacerlo”.

El doctor Graciano López es jefe de Pediatría en el Hospital General del IMSS de Tijuana, en Baja California, donde en marzo registraron los primeros casos de doctores infectados, entre ellos propio Graciano.

Para el médico, la capacitación es fundamental. Aunque cree que la respuesta inicial fue tardía porque “la pandemia nos agarró por sorpresa”.

“No estábamos conscientes de la magnitud”, dice el médico, que divide responsabilidades. “Por un lado, como personal de la salud debe haber un compromiso de conocer todo sobre este nuevo virus”, plantea. “Pero, por otro, también está la obligación de hacer del conocimiento del personal cuáles son las medidas necesarias a tomar. Probablemente, se da una vez, pero, a veces, no basta para comprender la magnitud del problema”.

En cuanto al uso de los equipos de protección, el doctor admite que, desde el inicio de la pandemia, las autoridades de Salud han publicado manuales, lineamientos, y reglamentos, pero opina que tampoco ha sido suficiente.

“Hay una gran cantidad de papeles publicados, es cierto. Pero, en la práctica, no alcanza el tiempo para enseñar a todo el personal cómo ponerse el material y quitárselo. Y eso es un problema porque, sin la capacitación necesaria, la contaminación es muy fácil”.

“Piensen que no se van a enfermar”

El infectólogo veracruzano Uri Torruco también divide responsabilidades.

Por un lado, critica que hay “mucho desconocimiento” entre los doctores, en cuanto al uso de los insumos. Incluso, cree que “el miedo al contagio” ha provocado que se “sobreestime la necesidad de material de protección”.

“Es increíble que los mismos trabajadores de la salud no tengamos conocimiento de cuándo está indicado ponerse un traje impermeable y cuándo no, y lo mismo con los cubrebocas de alta eficacia, que solo deben usarse en procedimientos muy específicos”, plantea.

Una crítica que comparte personal de otras clínicas, como la Unidad Médica Familiar 22 de Atotonilco, en Jalisco, o el Hospital General 30 de Iztacalco, en Ciudad de México, quienes por medio de un escrito enviado a este medio en respuesta a una solicitud de entrevista hicieron un resumen de cuáles son, en su experiencia, las causas de los contagios. Entre esas causas, mencionan que “la mayoría del personal” desconoce el tipo de cubrebocas que “evita la infección”. E, incluso, añaden: “Muchos lo eligen por el dibujo y no por la seguridad”.

Por otro lado, el doctor Torruco critica que, a pesar de que desde febrero las autoridades dieron instrucciones para atender la pandemia, desde los despachos de los hospitales se cometen negligencias por improvisación o desconocimiento, como no segmentar de inmediato las clínicas, una mala separación de las instalaciones de las áreas COVID, no reducir las consultas desde los primeros casos, o no hacer pruebas constantes a los médicos.

Como resultado de esas negligencias, el doctor opina que se produjeron brotes como el de la clínica 7 del IMSS de Monclova, en Coahuila, donde un paciente con los síntomas COVID permaneció 10 días sin hacerse la prueba junto a otras personas en  urgencias, infectando a 22 médicos.

“No solo la falta de insumos te pone en riesgo. Te arriesga más pertenecer a un sistema de salud que hace aguas. Y con un sistema tan deteriorado, claro que llega una pandemia y te hace pedazos”, sentencia Torruco.

José Alberto Beverido señala que la falta de insumos y la improvisación –“se nos avisó que venía una pandemia y no se tomaron medidas”-, explican los contagios tanto como la mala actuación de algunos directivos.

“Nos tratan como personal desechable”, dice el doctor, que, para ejemplificar la sentencia, cuenta un caso. Un paciente diabético llegó a urgencias de su clínica; el hombre se sentía mal, pero como el hospital es solo de primer nivel, se le dio atención básica para canalizarlo. El problema es que lo revisaron “sin protocolo COVID”. Es decir, “a mano limpia”. Sin guantes, cubrebocas, caretas. Nada. A los dos días, el paciente falleció por COVID. Entonces, el médico de urgencias y las dos enfermeras que lo atendieron fueron con sus superiores a expresarles su preocupación.

“Yo estaba en la dirección y lo que les respondieron fue: ‘está comprobado que la mente es muy poderosa. Ustedes piensen que no se van a infectar’. Y eso fue todo. No los mandaron a cuarentena ni les hicieron pruebas, y así siguieron trabajando”, cuenta el doctor, que señala a “los secretismos” al interior del gremio como otro factor que explica los contagios.

“Estos compañeros debieron comunicar la situación al resto para prevenirnos -añade Beverido-. Pero muchos se prestan al juego de ‘mejor no digas nada, porque te van a tratar como apestado, o como el doctor problemático’. Y eso también nos pone en riesgo a todos”.

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Los países en América Latina en los que desarrollan proyectos de vacunas contra la COVID-19

Se trata de candidatas a vacunas contra la enfermedad que ha puesto en jaque al mundo. Desde que se desató la pandemia de coronavirus, varios investigadores latinoamericanos se han unido a la búsqueda de una inmunización.
30 de marzo, 2021
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Desde que se desató la pandemia, decenas de grupos de investigación en diferentes países buscan crear vacunas contra la covid-19.

Algunos de ellos se encuentran en Latinoamérica, como Cuba, que comenzó este mes la última fase de los ensayos de dos de las cinco candidatas que está desarrollando.

En México, el secretario de Salud, Jorge Alcocer Varela, dijo recientemente que antes de que termine este año su país podría contar con “una vacuna desarrollada por científicos mexicanos“.

Y es que detrás de ese objetivo hay varios proyectos en esa nación.

Uno de ellos es el que lidera la bioquímica e inmunóloga Edda Sciutto, en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Fase preclínica

De acuerdo con la investigadora, quien tiene 30 años de experiencia en el desarrollo de vacunas, la candidata que han creado es una molécula, una parte pequeña de la proteína espiga, que es la que usa el virus para penetrar en las células humanas e infectarlas.

Edda Sciutto y Gladis Fragoso

Cortesía: Sonia Olguín/IIB/UNAM
Las investigadoras Edda Sciutto (izquierda) y Gladis Fragoso del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Junto a los Laboratorios Alpharma, han avanzado en las fases preclínicas, con resultados “muy prometedores”.

“El candidato vacunal formulado para uso humano fue probado en ratones, en los que indujo una respuesta potente de alto nivel de anticuerpos que son neutralizantes; es decir, son capaces de inhibir la entrada del virus a la célula”, le señala la experta a BBC Mundo.

“En el caso de los cerdos, probamos diferentes dosis para poder acercarnos más a la que es adecuada para humanos, y las tres dosis evaluadas provocaron altos niveles de anticuerpos neutralizantes, similares a los de los convalecientes”.

Califica la potencial vacuna de “muy segura”, ya que sigue “todos los lineamientos internacionales solicitados”.

La han concebido para que se inyecten dos dosis, en diferentes momentos, vía intramuscular.

UNAM

Getty Images
El proyecto de la UNAM cuenta con la colaboración de varios órganos e institutos de salud de México.

“La ventaja de que sea una plataforma (de fabricación) muy sencilla es que podemos modificar rápidamente la composición de la vacuna, reformulándola con las secuencias de las cepas virales que vayan prevaleciendo“.

Todos los esfuerzos, indica Sciutto, están concentrados en completar los estudios preclínicos y comenzar las fases 1 y 2, que son las etapas en las que el compuesto biológico se prueba en personas.

“Aún no está listo el diseño de la fase 3, pero seguramente van a ser decenas de miles de personas, como tiene que ser”.

Este proyecto cuenta con la colaboración de varios órganos e institutos de salud de México.

“Esperamos que en mayo se puedan empezar los ensayos en personas y que en el curso de este año podamos tener una versión de vacuna mexicana, si salen los resultados que esperamos”.

“Esta pandemia nos está ilustrando sobre la importancia de tener vacunas nacionales y no depender como ocurre actualmente de que lleguen vacunas (del exterior) para poder vacunar en México”.

En el sur

La Organización Mundial de la Salud ofrece una lista de proyectos de vacunas contra la covid-19 que están en desarrollo preclínico (184) o clínico (83) en diferentes partes del mundo.

Dimas Covas, director del Instituto Butantan, Joao Doria, gobernador de Sao Paulo y Jean Gorinchteyn, secretario de Salud de Sao Paulo,

Getty Images
Dimas Covas, director del Instituto Butantan, Joao Doria, gobernador de Sao Paulo, y Jean Gorinchteyn, secretario de Salud de Sao Paulo, en la presentación de la candidata a vacuna ButanVac.

Aclara que la inclusión en ese listado no constituye ni debe interpretarse como una aprobación o respaldo por parte de la OMS a dicho producto o entidad.

Entre las candidatas a vacunas en fase preclínica se puede encontrar un proyecto de la Universidad de Sao Paulo y otro del Instituto Butantan, que, el viernes, informó que solicitaba la autorización de las entidades reguladoras brasileñas para iniciar los ensayos clínicos en humanos.

“Es un anuncio histórico para el mundo. La vacuna 100% nacional, con pruebas prometedoras y fruto del trabajo de una institución de 120 años de existencia, que es el mayor productor de vacunas del Hemisferio Sur”, declaró Joao Doria, gobernador de San Pablo, en una rueda de prensa en la sede del laboratorio estatal.

La tecnología detrás de esa candidata brasileña, que han llamado Butanvac, es similar a la que se utiliza para la vacuna de la gripe.

Doctora Juliana Cassataro

Dirección de Comunicación y Prensa del MINCYT
La doctora Juliana Cassataro dirige el laboratorio de inmunología, enfermedades infecciosas y desarrollo de vacunas del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la Universidad Nacional de San Martín, en Argentina.

Otra iniciativa se está dando en el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la Universidad Nacional de San Martín, en Argentina, y se encuentra en fase preclínica.

Juliana Cassataro, investigadora de esa casa de estudios y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) lidera el grupo que “ha identificado dos fórmulas de vacuna candidatas”, le señaló a BBC Mundo.

De acuerdo con la experta, las fórmulas evaluadas en animales “inducen anticuerpos neutralizantes del virus y respuesta T”.

La posibilidad de una vacuna mucosal

También en Argentina, otro proyecto lo encabezan los investigadores de la Universidad Nacional de La Plata y del Conicet Guillermo Docena y Omar Azzaroni.

Omar Azzaroni y Guillermo Docena

Gentileza: Prensa Conicet
Los investigadores Omar Azzaroni y Guillermo Docena encabezan otro proyecto en Argentina para desarrollar una nueva vacuna contra el covid-19.

Se basa en el uso de fragmentos de la proteína S (ubicada en la cubierta del SARS-Cov-2, el virus que causa la covid-19) y se busca “encapsular esas fracciones de la proteína en nanopartículas e inocularlas para generar los anticuerpos necesarios que permitan bloquear la entrada del virus, y provoquen la respuesta de memoria que garantice inmunidad protectora en el tiempo”, informó el Conicet.

“En principio, la idea es emplear este método para el desarrollo de una vacuna de tipo sistémica, que podría aplicarse por ejemplo de manera intramuscular, como es el caso de las que se han obtenido para covid-19”, señaló Docena.

A lo que añadió: “Pero evaluamos también la posibilidad de hacerlo en una vacuna mucosal; es decir, que se aplique en mucosas, ya sea de manera intranasal o vía oral“.

Una vez el equipo halle “las condiciones experimentales para inducir la mejor respuesta inmune” y pueda caracterizar esos anticuerpos, pasarán al estudio en animales.

“Esperamos poder concluir estas etapas durante el transcurso de 2021, para luego evaluar la posibilidad y condiciones de pasar a fases clínicas”, indicó el investigador.

Desde el nacimiento

Un proyecto que se encuentra en la etapa de estudios preclínicos está en Chile.

Alexis Kalergis, director del Instituto Milenio de Inmunología y profesor e investigador de la Pontificia Universidad Católica de Chile, le explica a BBC Mundo que para que una vacuna sea exitosa debe conferir inmunidad específica, porque es más eficiente y duradera.

Alexis Kalergis

Cortesía: Equipo Llambías
“La ciencia que hemos desarrollado en Chile por varios años en el desarrollo de vacunas, nos ha permitido establecer colaboraciones con múltiples equipos científicos expertos en vacunas en varios países del mundo”, señala Alexis Kalergis.

“Sin embargo, uno de nuestros prototipos de vacunas está basada en una formulación que, por sí sola, es capaz de inducir inmunidad entrenada contra el SARS-CoV-2”, señala.

Y añade: es “una característica que ha sido publicada por nuestro grupo científico, y que hemos utilizado en otras formulaciones contra otros patógenos, como el virus respiratorio sincicial o metapneumovirus”.

Pero ese tipo de inmunidad es un proceso inespecífico y de corta duración.

“Por lo tanto, se deben incluir en las formulaciones de vacunas componentes del virus para inducir respuesta inmune específica, que es lo que estamos realizando”.

El bioquímico y su equipo están diseñando la candidata para que pueda ser utilizada desde el nacimiento.

“Uno de nuestros prototipos cuenta con el atributo de seguridad e inmunogenicidad en la población infantil“, indica.

“Se fundamenta en un tipo de formulación que ha sido usada anteriormente en recién nacidos, adultos y adultos mayores. Esta cualidad de nuestra formulación, la distingue de todas las otras que se encuentran en desarrollo”.

Aunque reconoce que la creación de una vacuna es un proceso que puede ser largo y cuyos plazos son difíciles de predecir, es optimista.

“Creemos que seguiremos avanzando de manera permanente y efectiva, esperamos poder concluir la etapa preclínica este año y a partir del próximo conseguir lo necesario para iniciar los primeros estudios clínicos”.

Plataforma genética

En Ecuador, la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL) anunció el 1 de marzo que desarrolló un prototipo de vacuna y que prevé comenzar en los próximos meses las pruebas preclínicas en colaboración con el Instituto Nacional de Investigación en Salud Pública (INSPI) y la Universidad de las Fuerzas Armadas (ESPE).

Sars Cov-2

Getty Images
Científicos en diferentes partes del mundo están analizando los genomas del Sars Cov-2.

De acuerdo con un comunicado de ESPOL, el equipo, liderado por el jefe del Laboratorio para Investigaciones Biomédicas de la Facultad de Ciencias de la Vida, Washington Cárdenas, analizó la secuencia genética del virus y pidió (en el extranjero) sintetizar un fragmento del mismo, al que le creó una plataforma genética.

Tras clonar el fragmento viral, “se introdujo en cultivo celular para producir la proteína codificada”.

Y, para los ensayos preclínicos, la proteína se está purificando, es decir, se está aislando.

El objetivo es optimizar el proceso de producción de la misma porque es “un insumo necesario para ser inyectado” en las pruebas que se harán con roedores.

Un vector

En la lista de la OMS de candidatas a vacunas en etapa preclínica también figura el trabajo de Farvet, una compañía farmacológica veterinaria de Perú, que dice haber desarrollado unas gotas para ser administradas en las fosas nasales en dos dosis.

Dibujo de un rostro y virus

Getty Images
Entre los síntomas de la covid-19 están el cansancio, la fiebre y la tos seca, pero también algunos pacientes pueden tener dolores, congestión nasal, dolor de garganta y diarrea.

Esa propuesta “usa como vector el virus de Newscastle, que causa la enfermedad de Newcastle en aves y no ha reportado ser patógeno en humanos”, le dice a BBC Mundo Zimic Mirko, científico consultor del proyecto liderado por el microbiólogo y director de Farvet, Manolo Fernández.

Mirko, quien también es profesor y jefe de la Unidad de Bioinformática y Biología Molecular de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, explica que un vector es como una especie de caballo de Troya que lleva el antígeno del SARS-Cov-2 en su superficie y lo muestra al sistema inmunológico.

“Se hicieron todos los estudios preclínicos de seguridad, inmunogenicidad, tolerancia, toxicidad, estabilidad y, al final, se realizó la evaluación de la eficacia de la vacuna en animales en un estudio de desafío (con el virus) y los resultados han sido muy favorables”, señaló.

Mujer siendo vacunada

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Las vacunas que se están usando en América Latina para combatir la convid-19 fueron desarrolladas por laboratorios como Pfizer, AstraZeneca, Sinovac, Centro Nacional Gamaleya de Epidemiología y Microbiología y CanSino.

Tras haber probado la sustancia en ratones, ratas y hámters, faltan los ensayos clínicos con humanos.

Cada una de las tres fases de dichos estudios exige que se cumplan estrictos requisitos éticos y los prototipos deben producirse siguiendo las condiciones de Buenas Prácticas de Manufactura (BPM).

“Estamos tocando las puertas de varios laboratorios del mundo, que tengan certificación BPM, que nos puedan apoyar para producir las dosis al menos de un número limitado para hacer los ensayos de fase 1 y 2”.

El experto asegura que han recibido la asesoría del Instituto Internacional de Vacunas (IVI).

“El reto más importante es demostrar que es seguro para humanos usar una vacuna como esta por la vía intranasal y, para eso, se necesitan hacer los ensayos clínicos respectivos y tener todos los permisos (de las autoridades reguladoras peruanas). Hacía eso estamos apuntando”.

Este proyecto ha estado salpicado por la controversia, después de que Fernández informara que tanto él como su familia y miembros de su equipo habían probado un prototipo.

Posteriormente negó que eso hubiese ocurrido y dijo que sus declaraciones habían sido un error.

“Nunca nos hemos vacunado, no nos podemos vacunar porque se requiere un permiso de un Comité de Ética”, le dijo al diario peruano El Comercio.

Evaluación

Antes de que una candidata a vacuna sea utilizada, debe contar con la autorización del ente regulador del país donde se quiere usar.

Este se cerciorará de que en cada fase se cumplan todos los requisitos de seguridad para los voluntarios que participen y, una vez completados todos los ensayos en humanos, analizará si la misma es eficaz y segura para la población.

Jarbas Barbosa, subdirector de la OPS

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Jarbas Barbosa, subdirector de la OPS, destacó la importancia de que hayan proyectos de desarrollo de vacunas contra la covid-19 en América Latina.

Los países pueden pedir la evaluación de la OMS o del Fondo Rotario de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que es “un mecanismo de cooperación solidaria mediante el cual se compran las vacunas, jeringas y suministros afines, en nombre de los estados miembros participantes”.

Jarbas Barbosa, subdirector de la OPS, resaltó, en una rueda de prensa reciente, la importancia de que hayan proyectos de desarrollo y de fabricación de vacunas contra la covid-19 en América Latina y el Caribe.

Cuántos más productores hayan en el mundo, mejor, siempre y cuando se cumplan con todas las exigencias de seguridad.

“El Fondo Rotatorio solamente puede adquirir una vacuna que haya sido calificada previamente (por la OMS) o que haya sido incluida en la lista para uso de emergencia de la OMS”, indicó.

Las fuentes consultadas por BBC Mundo coinciden en afirmar cuán importante ha sido la colaboración científica que se ha dado para frenar la pandemia de covid-19 y, aunque las vacunas que se están usando en muchos países se desarrollaron en tiempo récord, históricamente crear una vacuna segura y eficaz toma varios años.


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