Enfermeras con hijos con discapacidad se amparan para estar en casa
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Enfermeras con hijos con discapacidad se amparan para no trabajar durante pandemia

Con apoyo de la ONG Bienvenidos a Holanda, las enfermeras han tramitado amparos para que los hospitales donde trabajan les permitan quedarse en casa con sus hijos y evitar contagiarlos de COVID.
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10 de junio, 2020
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El mayor miedo de A. era que pudiera contraer COVID-19 en su empleo como enfermera y contagiar a su hijo de menos de dos años, que tiene discapacidad y retraso psicomotor provocados por el Síndrome de West, y se alimenta por una sonda de gastrostomía. Pero cuando pidió dejar de ir a trabajar, por vivir con alguien considerado población de riesgo, le negaron la autorización.

Así que a mediados de mayo, apoyada por la asociación civil por los derechos de personas con discapacidad Bienvenido a Holanda, interpuso un amparo para que se garantizara el derecho a la salud de su hijo y ella fuera considerada dentro de las trabajadoras con licencia durante la pandemia.

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Apenas unos días después de iniciar el proceso legal, sus temores se hicieron realidad: empezó a tener mucho dolor de cabeza y malestar general. En donde trabaja, el Hospital de Psiquiatría con Unidad Médica Familiar 10, la revisaron y le dijeron que sí eran los síntomas de COVID-19, pero la mandaron a su clínica familiar por un diagnóstico.

Ahí le dijeron que solo se le hace la prueba a una de cada diez personas con síntomas leves, como estableció el modelo Centinela, y a ella no le tocaba, aunque fuera personal médico y hubiera estado en contacto directo con pacientes de coronavirus. Así que solo le dieron siete días de incapacidad, le mandaron tomar mucha agua, reposar y tomar paracetamol.

Con el amparo en trámite y el abogado enviando documentos, su hospital le llamó para que se fuera ahí a hacerse la prueba. Un nuevo médico la revisó, le diagnosticó bronquitis y le recetó unos inhaladores que la ayudaron porque se había ido agravando, hasta que llegó la confirmación: se había contagiado de SARS-CoV-2.

Regresó a su clínica familiar con el diagnóstico confirmado, donde solo le agregaron una semana y media más de incapacidad, y poco después la dieron de alta.

Con la enfermedad encima y su incapacidad a punto de vencer, por fin un juez de la Ciudad de México le concedió el amparo para “no asistir a su centro de trabajo (…) sin responsabilidad jurídica alguna, y con goce de sueldo, hasta en tanto el Consejo de Salubridad General o las autoridades federales sanitarias suspendan o den por concluida la emergencia sanitaria decretada en el país por el COVID-19; con la finalidad de conservar viva la materia del amparo, evitando daños o perjuicios de difícil o imposible reparación a la parte quejosa y su menor hijo”.

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El daño para ella, ya está hecho. Si su hijo no se contagió, fue porque ella misma, por precaución, desde que empezó la pandemia se había mantenido separada de él y de su esposo lo más posible. Viven en Nezahualcóyotl, en el Estado de México, en una casa pequeña. Ella empezó a dormir en un cuartito aparte, en un sleeping bag en el suelo, y ahora está completamente aislada, mientras su marido, que se dedica a transporte privado tipo taxi con un coche que sacaron a crédito, cuida al niño.

“Yo ya entraba a trabajar este sábado que pasó, pero justo un día antes me llegó la resolución del amparo, que fue satisfactorio a beneficio de mi pequeño y mío. Que ya no me presentara a mi unidad donde trabajo, por precaución y prevención para mi pequeño”, cuenta en entrevista con Animal Político.

En teoría, a los 12 días de confirmado el diagnóstico, deberían hacerle una segunda prueba para ver si ya se curó. Pero le dijeron que no hay pruebas y en su clínica ya la dieron de alta. Todavía tiene dolor de cabeza, así que ella piensa en mantenerse aislada un mes, antes de volver a entrar en contacto con su familia.

El caso de A. es el segundo amparo que consigue una enfermera en esta situación.

Hace unas semanas, M. ganó su propio amparo para uno de los dos lugares donde trabaja, el Toxicológico de Xochimilco. Desde que empezó la pandemia, como no es un lugar donde se reciba a pacientes de COVID-19, ignoraron que es la única cuidadora de su hijo, que vive con autismo, y no le autorizaron dejar de presentarse.

En ese caso, el juez que recibió la solicitud de amparo ordenó al hospital garantizarle todas las medidas de seguridad para evitar un contagio de coronavirus, y no solo los cubrebocas quirúrgicos de un solo uso, goggles y caretas, que era lo que tenía.

Según M., solo se lo proporcionaron un día, pero entonces hubo una sensación de que no podían hacer distinciones con otras enfermeras, así que tuvo dos efectos positivos: a ella le dijeron que ahora sí podía solicitar licencia por vivir con una persona que está dentro de la población considerada de riesgo y se la concedieron, y a sus compañeras les mejoraron el equipamiento, asegura.

Ahora va por un segundo amparo para su segundo trabajo, en el Instituto Nacional de Pediatría. Ahí, originalmente, cuando se desató la emergencia sanitaria, le dieron el permiso de no acudir porque se habilitó un piso entero para niños que se contagiaran de la nueva enfermedad, lo que la ponía en riesgo directo. Sin embargo, esa licencia venció el 30 de abril, y aunque en mayo la curva de contagios seguía creciendo y creciendo, tuvo que volver al trabajo.

Consciente del riesgo, pidió sus días de vacaciones para evitar el hospital y poder estar con su hijo, que necesita rehabilitación diaria y sufre de ansiedad por los ya más de dos meses de encierro. Espera que esos días alcancen para que nuevamente, se le conceda un amparo que la libre de estar expuesta.

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La fundadora de la organización Bienvenidos a Holanda, Margarita Garfias, que apoyó a las enfermeras en el trámite del amparo, explicó que por fortuna estos dos casos han sido los únicos entre unas 25 enfermeras con las que tiene contacto y a las que sí les concedieron licencia laboral por tener hijos con discapacidad que requieren cuidados especiales.

Sin embargo, lamentó que estén sujetas a buenas voluntades y no a derechos garantizados como cuidadoras.

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Nayib Bukele: qué supone que el presidente de El Salvador tenga 'poder absoluto' con el control del Legislativo

Los resultados provisionales, con el 80% de actas contadas, dan una victoria histórica al partido de Bukele. ¿Qué consecuencias puede haber?
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1 de marzo, 2021
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Aunque su nombre no estuvo en las boletas, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, se perfila como el gran ganador de las elecciones legislativas y municipales de este domingo.

Con más del 80% de las actas procesadas, su partido, Nuevas Ideas, y sus socios obtendrían dos tercios de la Asamblea Legislativa (Congreso), la mayoría absoluta, un hecho que no se veía en el país centroamericano desde hace más de dos décadas.

El TSE indicó que votaron más del 50% de los inscritos en el padrón electoral, en un país de más de 7 millones de habitantes, una cifra menor que en las pasadas elecciones presidenciales pero mayor que las dos anteriores legislativas.

La ya casi segura victoria no solo le permitirá a Bukele pasar leyes y aprobar presupuestos sin el contrapeso de la oposición, sino que también lo llevará a controlar prácticamente todas las ramas del gobierno.

“Las elecciones del Legislativo son las que llevan a lo que en El Salvador se conoce como elección de segundo grado o de funcionarios de segundo grado, que van desde el fiscal general, un tercio de los magistrados de la Corte Suprema, el procurador general hasta la procuraduría de derechos humanos, Corte de Cuentas, entre otras instituciones”, explica a BBC Mundo la analista política salvadoreña Bessy Ríos.

Conteo de votos en El Salvador.

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El conteo de votos se ha prolongado durante varias horas de la madrugada del lunes.

“Esto significa que si el partido del presidente domina el Legislativo, tiene también la oportunidad de controlar el poder judicial y los órganos de segundo grado, como la fiscalía, lo que le da un poder bastante considerable y sin contrapesos”, agrega.

Es la oportunidad para que el presidente pueda poner en práctica la agenda de su gobierno y fomentar medidas en beneficio popular sin los lastres y los enfrentamientos que había tenido ahora con el Legislativo.

“Esto implica un gran desafío para Bukele, porque tradicionalmente se ha quejado de que no puede hacer cosas porque no tiene poder. Aquí hay dos elementos: o cumple y le va bien, o no cumple y se le acabará su luna de miel con los salvadoreños”, opina Ríos.

Sin embargo, los más críticos con el gobierno temen que un “poder absoluto” pueda ser el “fin de la institucionalidad” en el país latinoamericano.

“Desde que llegó a la presidencia, Bukele no solo ha mostrado rasgos importantes de autoritarismo, sino que ha debilitado significativamente las instituciones y ha ignorado muchos de los controles impuestos a la acción ejecutiva” le dice a BBC Mundo José Miguel Cruz, experto en El Salvador de la Universidad Internacional de Florida, en Miami.

Nayib Bukele el pasado 22 de febrero.

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Los más críticos con el gobierno temen que la victoria de Nuevas Ideas sea el “fin de la institucionalidad” del país, ya que opinan que Bukele ha mostrado “rasgos importantes de autoritarismo”.

“Dados estos precedentes, existe el temor entre muchos sectores de que esta acumulación excesiva de poder pueda significar la destrucción definitiva de las instituciones democráticas en el país”, agrega.

El carismático y popular gobernante de 39 años que gobierna El Salvador desde mediados de 2019 niega las acusaciones de autoritarismo y afirma que sus adversarios se oponen a sus políticas porque con el ascenso de su proyecto ven amenazados “sus privilegios”.

El vicepresidente de El Salvador, Félix Ulloa, rechazó también los señalamientos cuando periodistas le preguntaron este domingo acerca de varias cartas y documentos que congresistas de EE.UU. publicaron en los últimos meses y en los que alertaban de un posible autoritarismo, de vulnerar las instituciones democráticas y de ataques a la prensa por parte del gobierno salvadoreño.

Según el sitio web elsalvador.com, Ulloa dijo a los congresistas: “Deberían venir acá y observar lo que sucede, porque normalmente ellos reciben información sesgada, tergiversada, interesada de algunos grupos de oposición. Lo mejor es que vengan y vean (…), que revisen todas las encuestas (…) donde el nivel de aceptación del presidente sobrepasa el 90%”.

“Les invito personalmente a que vengan, para que observen cómo está la situación a nivel nacional, y no informarse por noticias o reportes que no siempre son objetivos”, insistió en un ataque a los medios como al que acostumbra Bukele.

¿Cómo se llegó aquí?

La aparente victoria del partido de Bukele es extraordinaria en la historia reciente de El Salvador y no sólo porque logró hacerse con una mayoría en el Congreso a poco menos de tres años de ser creado.

“Es excepcional porque en las últimas décadas, los gobiernos necesitaron de alianzas entre partidos en el Congreso, lo que llevaba a que se distribuyeran los funcionarios de segundo grado. Ahora, por primera vez en años, el presidente no requerirá de esas alianzas o de partidos bisagras”, dice.

Los contextos en los que ocurre también son inéditos.

Los salvadoreños han dado su voto de confianza a un partido que ha gobernado en alguno de los momentos más difíciles de la nación en las últimas tres décadas y que ha tomado también algunas medidas que han levantado cuestionamientos en organizaciones de derechos humanos.

Durante el año pasado -y a raíz del coronavirus y de desastres naturales- se profundizó con creces la deuda del país, se perdieron más de 80,000 empleos y el producto interno bruto cayó en 8.6%.

“El país está en condiciones muy difíciles, con un endeudamiento muy fuerte, con una parálisis productiva importante por la pandemia y los desastres naturales”, le dice a BBC Mundo Jose María Tojeira, exrector de la Universidad Centroamericana de El Salvador y director de su Instituto de Derechos Humanos.

Salvadoreños reclaman la necesidad de comida tras la caída de remesas por las restricciones del coronavirus.

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A raíz del coronavirus, muchos problemas se han agudizado en El Salvador.

“A eso también se han sumado otras medidas por parte del Ejecutivo que han despertado cierta preocupación en el plano de los derechos civiles y humanos y de respeto a la institucionalidad”, agrega.

Y es que el gobierno no solo fue señalado de asumir medidas coercitivas “extremas” para frenar la pandemia, sino que se enfrentó abiertamente a los medios de comunicación, a políticos que lo cuestionan y también al poder legislativo y judicial, al punto de que Bukele envió militares al Congreso y desafió abiertamente a la Corte Constitucional.

“Sin embargo, nada de esto ha impedido que la popularidad del presidente haya crecido y que sea muy bien aceptado en los sectores más desfavorecidos. No había dudas previo a las elecciones de que obtendría una mayoría”, agrega.

¿Cómo se explica la popularidad de Bukele y su partido?

Una encuesta realizada por la consultora Mitofsky a mediados del año pasado ubicaba a Bukele no solo como el mandatario más popular de la región, sino que lo colocaba por encima de líderes de Australia, Asia o Europa, como Angela Merkel.

Y cuando los resultados de las encuestas para las elecciones de este domingo comenzaron a salir, muy pocos dudaron que el partido Nuevas Ideas alcanzaría una mayoría.

Bukele tras votar junto a su esposa, Gabriela Rodríguez.

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“Bukele es un extraordinario comunicador, muy efectivo y carismático”, opina el experto José María Tojeira, sobre una de las claves de la popularidad del mandatario.

Según los expertos consultados por BBC Mundo, la victoria de Bukele en estas elecciones y su creciente popularidad obedecen a tres factores principales:

  • “Los salvadoreños sienten un rechazo casi mortal hacia los partidos que tradicionalmente se han repartido el poder del Ejecutivo y el Legislativo en los últimos 30 años de posguerra. Es un sentimiento que Bukele ha sabido aprovechar y que ha hecho ver a Nuevas Ideas como la alternativa”, dice Ríos.
  • “Bukele es un extraordinario comunicador, muy efectivo y carismático, hace un manejo muy hábil de las redes sociales y los medios de comunicación, lo que le ha hecho llegar a muchas personas de una forma muy directa”, opina Tojeira.
  • “Desde que llegó al poder, ha implementado una gran campaña de patronazgo y clientelismo en el país, en la que distribuye regalías y bonos entre la gente más necesitada. Con la pandemia, esto se ha incrementado y lo ha llevado a una campaña sostenida de distribución de recursos que le han hecho ganar el voto de los sectores más populares”, considera Cruz.

¿Qué pasa ahora?

Los expertos consultados por BBC Mundo coinciden en que el control del Parlamento le da a Bukele un “poder casi absoluto” sobre el país, con limitados contrapesos para su acción.

“Tradicionalmente, hemos oído a Bukele quejarse de que no tiene poder como presidente. Y eso es cierto, porque desde el fin de la dictadura, se crearon varios mecanismos para limitar el poder del Ejecutivo. Ahora tiene un gran desafío, un compromiso muy fuerte para materializar su plan de gobierno”, opina Ríos.

“Ahora lo que muchos temen es que los contrapesos para ese poder ya no van a estar. ¿Por qué? Precisamente porque venimos de ahí, porque por nuestra historia sabemos que el poder total puede ser mal consejero, que se puede caer en la tentación de conducir el país con autoritarismo, sin tomar en cuenta las minorías. Y ahí vienen los abusos, la corrupción”, dice.

Protestas antiBukele en El Salvador el pasado 9 de febrero.

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Varios expertos apuntan que, a pesar de tener más poder, Bukele tendrá un gran desafío por delante.

Cruz, por su parte, recuerda que en la historia latinoamericana reciente, las experiencias similares de poder absoluto por parte del Ejecutivo no han llegado a buen puerto.

“Este caso recuerda lo que ha sucedido en otros países latinoamericanos en tiempos recientes, como el caso de Venezuela o Nicaragua, con Ejecutivos extremadamente fuertes que llegan al poder por medios democráticos pero que cambian las reglas para mantenerse en el poder de manera indefinida e ignorar las normas democráticas, a pesar de haber ganado por la vía electoral”, considera.

“Por eso, existe el temor entre un sector de la población en que esto sea el primer paso para que Bukele promueva una reforma constitucional para mantenerse en el poder por un segundo mandato consecutivo y que se afiance la postura autocrática que ya había manifestado con anterioridad”, agrega.

La votación de este domingo llevó a una confrontación entre Bukele y el Tribunal Supremo Electoral, luego de que el mandatario convocara una conferencia de prensa para denunciar supuestas irregularidades y convocar a sus seguidores a salir a votar, lo que fue considerado como una violación del silencio electoral.

Durante esa presencia ante los medios, Bukele encuadró su esperada victoria en una especie de paso lógico tras ganar las presidenciales de 2019 y en su deseo de contar con una Asamblea “que trabaje de la mano” con el Ejecutivo.

“Si usted votó el 3 de febrero 2019 (cuando ganó las presidenciales), hoy es el día para que terminemos de cerrar lo que comenzamos (…) Terminemos de cerrar lo que iniciamos ese día logrando tener una Asamblea Legislativa que trabaje de la mano con el Gobierno (…)”, dijo.

Por su parte, Tojeira opina que “solo en el futuro veremos cuál es el resultado real de estas elecciones“.

“Si con la victoria electoral el partido Nuevas Ideas se comenzara a dialogar más con quienes tienen un pensamiento crítico y con los que tienen ideas diferentes, si se evidenciara que hay un plan sólido de gobierno, si se toman medidas dentro de las normas de la democracia, no sería malo”, afirma.

“El problema es que de momento no se ve una agenda democrática y de desarrollo clara, con apertura al debate… Pero hay que mirar a ver qué pasa en el futuro”.


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