A un año de la Guardia Nacional en México crece la violencia
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Pese a Guardia Nacional crece la violencia: van más de 32 mil homicidios desde su despliegue

Es una fuerza totalmente militar, opaca e ineficaz en el combate al crimen, advierten especialistas del Observatorio Ciudadano. Justo ayer un elemento de la GN fue asesinado y 5 más heridos en una emboscada en Jalisco.
Cuartoscuro
30 de junio, 2020
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Hoy se cumple el primer año del despliegue de la Guardia Nacional (GN), la nueva fuerza de seguridad creada por el actual gobierno federal con la misión principal de pacificar al país. Sin embargo, pese a su presencia, el nivel de homicidios registrados en México sigue en ascenso.

Los datos oficiales revisados por Animal Político así lo prueban: de junio de 2019 a mayo de 2020, es decir durante los primeros 11 meses de su funcionamiento (los datos de junio de 2020 aún no están disponibles), la cifra de víctimas de homicidio dolosos ascendió a 32 mil 78 personas.

Ello representa casi 450 asesinatos más en comparación con los mismos 11 meses previos (junio de 2018 a mayo de 2019) cuando no existía en el país Guardia Nacional desplegada.

Pero incluso, ya con la Guardia Nacional a toda máquina no hay signo de mejoría. En los primeros cinco meses de 2020 se registraron 15 mil 16 asesinatos, casi 500 más que en el mismo periodo de 2019 que ya de por sí era un nivel récord.

Los propios elementos de la GN son blanco de la violencia. Apenas ayer un convoy de dicha fuerza fue emboscado por sujetos armados en el municipio de Tula de Hidalgo en Jalisco. La agresión, según confirmaron autoridades federales, dejó como saldo un guardia muerto y cinco más heridos.

El comandante en Jefe de la Guardia Nacional, el general Luis Rodríguez Bucio, sostuvo la semana pasada que en el país están desplegados 90 mil efectivos de esta nueva fuerza con la labor primaria de “apoyar en la seguridad pública” a los estados, y combatir la violencia.

Sin embargo, un análisis del Observatorio Ciudadano para la Guardia Nacional evidencia que este despliegue no sigue una lógica clara, al menos en cuanto a dar prioridad al combate en los estados más violentos. Prueba de ello es que las entidades con mayores tasas de homicidio como Guanajuato, Baja California o Chihuahua no figuran entre las que tienen más guardias.

Incluso hay estados como Querétaro, de los más seguros del país, donde la tasa de guardias asignados es superior a la de Guanajuato, estado que concentra casi la quinta parte de todos los asesinatos.

“Tristemente no hemos visto correlación del impacto de la Guardia Nacional en el tema de disminuir la violencia y la delincuencia. El despliegue territorial no se corresponde siquiera con las necesidades de las entidades con los mayores índices delictivos. Su movilización no ha sido sinónimo de mayor seguridad ni siquiera con un efecto disuasorio” dice la directora de la organización México Unido contra la Delincuencia e integrante del observatorio, Lisa Sánchez.

Animal Político publicó en el reportaje “Crimen y Violencia: La Guerra que no Acaba” que aun cuando el crecimiento de homicidios en el último año y medio se ha desacelerado, no existe evidencia que sustente que ello está relacionado con la Guardia Nacional, sobretodo porque dicho desaceleración se dio desde mediados de 2018, aún en el sexenio pasado.

Una sucursal del Ejército

Aunque constitucionalmente fue concebida como una fuerza de seguridad civil, la Guardia Nacional está compuesta mayoritariamente por elementos de las fuerzas armadas, y bajo el total mando operativo de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

El análisis del Observatorio Ciudadano construido a partir de solicitudes de transparencia arroja que dicha fuerza está conformada por policías militares, policías navales, y por nuevos elementos reclutados por las secretarías de la Defensa y la Marina, para luego ser comisionados temporalmente a la Guardia.

Alejandro Hope, experto en seguridad e integrante del observatorio, reveló que la Guardia Nacional no ha creado ni una sola nueva plaza para sus elementos. El salario de los efectivos es cubierto por las fuerzas armadas pues se trata de sus propias plazas.

Lo anterior significa que las cifras de reclutamiento de la Guardia que con frecuencia se reportan, son en realidad efectivos reclutados por la Defensa o Marina “prestados” a la nueva fuerza de seguridad.

“La Guardia Nacional es una sucursal del Ejército en otra dependencia, así de sencillo. De civil no tiene más que el nombre. El jefe de la 1ra Zona Militar en activo, por ejemplo, es el coordinador de la guardia en Ciudad de México. Ni siquiera hay la separación funcional que se había contemplado en la ley. Está clarísimo” indica Hope.

Pese a que la GN es una fuerza adscrita a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), esta no es dueña ni siquiera de sus instalaciones. Las bases militares que se están construyendo en todo el Ejército son edificadas por ingenieros militares en terrenos que los estados han cedido a la Sedena.

“Las funciones de la GN se suman a las atribuciones de las Fuerzas Armadas, las cuales, además, se han incrementado de manera importante durante el actual gobierno. Este caudal de responsabilidades constituye un abuso político, a costa del prestigio y capacidades de las Fuerzas Armadas”, dice el informe.

Dudosa preparación y opacidad

Otro de los puntos que destaca el informe del Observatorio es la falta de transparencia relacionada con la conformación de la GN. Ello ya que más allá de los anuncios que se dan en conferencias, no existe información precisa y proactiva sobre su nivel de conformación, esquemas de preparación y evaluación, cifras de despliegue territorial, ejercicio de sus recursos y distribución de sus plazas, entre otros.

Solo a través de solicitudes de transparencia dirigidas a las dependencias involucradas es como se ha podido recabar información que a veces ha resultado incompleta, o contradictoria.

Por ejemplo, en torno a la capacitación de los elementos de la GN, la SSPC no dio detalles en cuanto a la duración ni contenido de esta y pidió dirigir las solicitudes a las dependencias castrenses. Estas a su vez remitieron la solicitud directamente a la GN que en julio de 2019 dijo que el curso para elementos en activo era de 584 horas, pero un mes después señaló que era de 385 horas.

En cambio, la Secretaría de Marina señaló que el curso inicial era de 405 horas, cifra que no coincide con ninguna de las anteriores.

“No hay claridad en la formación, no hay criterios claros en cuanto a cómo se define el despliegue, no se sabe tampoco cómo avanza la evaluación ni el control de confianza aplicado. Es una danza de cifras confusas y opacidad”, dijo David Blanc, investigador de la organización Causa en Común.

Policías civiles, en el abandono

Otro punto que alertan los expertos del Observatorio es el descuido en que se encuentran las policías locales en el país, pese a que la conformación de la Guardia Nacional estaba emparejada con el desarrollo de las fuerzas civiles de seguridad.

El punto de partida, de acuerdo con el artículo séptimo transitorio del decreto constitucional que dio pie al nacimiento de la GN, era la elaboración y presentación de diagnósticos y programas de desarrollo para las corporaciones policiales estatales y municipales.

Pero dichos diagnósticos nunca fueron presentados al menos públicamente, y menos se conoce de la implementación de estos. Lo que sí se ha documentado es que una buena proporción de los policías locales continúan laborando en situaciones de bajos salarios y deficiente preparación.

En contrasentido, se ha continuado profundizando en la participación del Ejército y la Armada. Prueba de ello, dijeron, es el acuerdo presidencial publicado en mayo pasado que avala la intervención militar en seguridad pública sin fijar plazos ni mecanismos de fiscalización de esta.

“Mientras el país se militariza aceleradamente, no existe un esfuerzo real para rescatar y fortalecer a las policías del país. Por el contrario, la mayoría de las corporaciones locales apenas subsisten en condiciones precarias”, concluye el análisis.

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Por qué el año no termina realmente a la medianoche del 31 diciembre (y no siempre dura lo mismo)

La fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es un sistema, a la larga, "inventado".
31 de diciembre, 2020
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Getty Images
El momento en que comienza y termina el año es una convención.

Brindis y uvas, bailes, resoluciones y rituales… la medianoche del 31 de diciembre es un momento de festejo, esperanza y recuento para millones de personas en todo el planeta.

Un año “termina” y otro “comienza” y, con él, las aspiraciones de un mejor tiempo y de innumerables propósitos y nuevas metas.

Es el último día del calendario gregoriano, el patrón de 365 días (más uno en bisiesto, como 2020) que ha regido en Occidente desde que se dejó de usar el calendario juliano en 1582.

Su paso celebra el fin de un ciclo que ha marcado las cuentas del tiempo para diversas culturas desde hace milenios: una vuelta completa de la Tierra alrededor de su estrella.

“Lo que entendemos tradicionalmente por año, tanto en astronomía como en muchas culturas, es ese lapso que tarda nuestro planeta en darle la vuelta al Sol”, indica el astrónomo y académico Eduard Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, según explica el también físico teórico a BBC Mundo, la fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es una convención, o sea un sistema, a la larga, “inventado”.

“Asumir que el año termina a la medianoche del 31 de diciembre y empieza el 1 de enero es una construcción social, una definición que se hizo en un momento de la historia”, dice.

De acuerdo con Larrañaga, dado que la base para la medición de un año es el tiempo que tarda la Tierra en darle la vuelta al Sol, el conteo de cuándo empieza y termina ese ciclo puede ocurrir, en la práctica, en cualquier momento.

“Desde el punto de vista astronómico, no ocurre nada especial el 31 de diciembre para decir que es ahí donde termina el año ni ocurre nada especial el 1 de enero para decir que ahí es cuando comienza“, señala.

“En realidad, a lo largo de la órbita de la Tierra no hay nada especial ni fuera de lo común que ocurra para marcar el cambio de un año”, agrega.

Pero no termina ahí.

La duración exacta que le damos al año de 365 días (o 366 en los bisiestos) es otra convención social.

“En realidad, hay muchas formas de medir la duración de un año” y si se hace de una u otra forma, la duración no es la misma, indica Larrañaga.

Pero ¿cómo es posible?

La duración del año

Desde que fue introducido por el emperador Julio César en el año 46 a. C., el calendario juliano sirvió para contar el paso de los años y la historia en Europa hasta finales del siglo XVI.

Sin embargo, desde entrada la Edad Media, varios astrónomos se dieron cuenta de que con esa manera de medir el tiempo se producía un error acumulado de aproximadamente 11 minutos y 14 segundos cada año.

Fue entonces cuando en 1582 el papa Gregorio XIII promovió la reforma del calendario que usamos hasta el día de hoy e introdujo los bisiestos para corregir los errores de cálculo del calendario juliano.

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Getty Images
Millones de personas celebran el cambio de año este 31 de diciembre.

Larrañaga explica que, desde el punto de vista de la astronomía, base para la definición de lo que es un año, no existe una única unidad de medida, sino al menos cuatro para contar el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol.

  • Año juliano o calendario: “Es una convención y se usa en astronomía como una unidad de medida en la que se considera que la Tierra le da la vuelta al Sol en 365,25 días”.
  • Año sideral: “Es el que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol respecto a un sistema de referencia fijo. En este caso, se toma como referencia el grupo de las estrellas fijas y ese año tiene una duración de 365,25636”.
  • Año trópico medio: “En este se toma en cuenta longitud de la eclíptica del Sol, es decir, la trayectoria del Sol en el cielo con respecto a la Tierra a lo largo del año, principalmente en los equinoccios. Y este dura un poco menos que el año sideral, 365,242189 días”.
  • Año anomalístico: “La Tierra, al igual que los otros planetas, se mueve en elipsis. Esa elipsis hace que el Sol en algunas ocasiones esté más cerca y más lejos de la Tierra. Pero hay un punto donde ambos están lo más cerca posible, el llamado perihelio”. Y el año anomalístico es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos de la Tierra por su perihelio. Dura 365,2596 días”.

Si bien Larrañaga señala que todos están sobre el orden de los 365 días, asumir que este es el periodo exacto de la duración de un año se vuelve una simplificación.

Pero además, no tiene en cuenta otro factor.

“Hay otra cuestión, y es que, aunque tenemos esos cálculos, no todos los años duran lo mismo, no tienen la misma duración cada vez“, dice.

El largo de los años

De acuerdo con el experto, si bien los astrónomos han tratado de calcular con precisión a través de los siglos el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol, existe un problema básico que les impide obtener un número definitivo.

“Hay que tener en cuenta que la duración de los años nunca es igual debido a que en el Sistema Solar todo cambia. Tomemos el año anomalístico: mientras la Tierra se mueve alrededor del Sol, el perihelio cambia como resultado de la acción gravitatoria de otros planetas, como Júpiter”, dice.

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La influencia gravitatoria de los planetas y el movimiento de la Tierra hacen que la duración del año no sea igual siempre.

El físico teórico señala que algo similar ocurre con el llamado año trópico medio, que mide el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto Aries o equinoccio de primavera, o con el sideral.

“El año trópico medio también cambia, dado que depende del eje de la Tierra, que está torcido. Es como un trompo que va balanceándose. Entonces, la fecha y el momento del equinoccio también es diferente”, dice.

“Y si comparamos cuánto duraba el año sideral en 2020 con cuánto duró en el 1300 seguramente notaremos una diferencia. Siempre estaría en torno a los 365 días, pero no sería la misma duración exacta, porque el movimiento de la Tierra no es siempre el mismo”, agrega.


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