INAH cumplirá con tareas sustantivas pese a recorte de 700 mdp, dice director
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INAH cumplirá con tareas sustantivas pese a recorte de 700 mdp, promete el director del Instituto

No habrá ninguna merma en las tareas de conservación, investigación y resguardo a cargo del INAH, asegura Diego Prieto, director del Instituto.
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11 de junio, 2020
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El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) cumplirá con el recorte de 75% en su gasto de operación y servicios generales ordenado por la Secretaría de Hacienda que implicará operar sin 700 millones pesos para este año. Pero, según su director, Diego Prieto, ninguna de las actividades sustantivas de la institución será afectada.

Para afrontar la crisis económica y sanitaria derivada de la pandemia de COVID-19, el gobierno federal disminuirá el gasto en servicios operativos y generales en la administración pública, que suponen conceptos como gasolinas, arrendamientos o insumos de oficina, pero en el caso del INAH se trata de gastos indispensables para su operación, según acusan empleados.

Sin embargo, Prieto sostiene que no habrá ninguna merma en las tareas de conservación, investigación y resguardo a cargo del Instituto y, en cambio, acatar el recorte es sacar a flote la tradición de organismo solidario. “El INAH tiene riesgos, pero tiene un problema la humanidad entera, el país y particularmente los sectores que se han quedado sin ingreso y requieren de programas sociales que salgan en auxilio de su mermada o colapsada economía”.

Lee: Recorte al INAH afectará Palenque, Templo Mayor, restauración y museos

En entrevista con Animal Político asegura que aplicar el recorte significa que “tenemos que ser anuentes, para que el Estado mexicano sienta que estamos colaborando y participando en este esfuerzo sanitario y de carácter social”.

Por eso, a los funcionarios que han protestado por este recorte, Prieto les dice que la sociedad debe ver al instituto como una institución que no sólo que pide, sino que aporta. “Que no sólo nos vean preocupados por el INAH, sino por la sociedad toda. No sólo estar preocupado por mi proyecto de investigación, que seguramente será muy importante, sino también preocupado por las comunidades con las que interactúo”.

El INAH, a cargo de 110 mil monumentos históricos, 53 mil zonas arqueológicas, y 162 museos, tenía un presupuesto de 3 mi 918 millones de pesos, además de 800 millones que obtendría por las entradas a recintos y zonas arqueológicas pero que tampoco tendrá debido a que fueron cerradas al público debido a la pandemia.

El recorte dejará sólo con 3 mil 200 millones de pesos de presupuesto, más 400 millones de pesos autogenerados una vez que se reanuden actividades. Y aun así,  requerirá más recursos, pero Prieto confía en que el gobierno Federal los aportará cuando sea necesario a través de algún mecanismo presupuestal porque el presidente Andrés Manuel López Obrador, “aprecia” al INAH.

“Yo no soy el que puede decidir si se aplica una excepción o una medida fiscal, pero lo que sí puedo asegurarles, porque así me ha dado la seguridad la secretaria Alejandra Frausto, y conozco el aprecio que el tiene el señor presidente López Obrador al INAH, es que el INAH no va a carecer de los recursos mínimos indispensables para salir adelante”, explica.

Este martes, Animal Político publicó las afectaciones que sufriría el Instituto de acuerdo con los empleados que operan proyectos tan importantes como la conservación de zonas arqueológicas como Palenque o Templo Mayor, además acusan la imposibilidad de reducir gastos para mantener museos y sus acervos.

Y si bien el recorte presupuestal está tocando a toda la administración pública, ha habido sectores que generaron tal presión que lograron dar marcha atrás a la amenaza, como ocurrió con la comunidad cinematográfica al defender el Fideicomiso Fondo de Inversión y Estímulos al Cine, o los fideicomisos de los centros Conacyt, con la intervención su titular, María Elena Álvarez Buylla.

Al preguntarle al director del INAH por qué no pelearía por más recursos para el instituto, como lo exigen los trabajadores, aseguró que esa no es su función. “Mi trabajo no es pelearme. Las autoridades sólo podemos ejecutar los actos para los que estamos facultados por la ley. Defender al INAH de alguna manera es una tarea que está plasmada en la Ley Orgánica, pero lo que sí tengo de hacerme cargo es contar con el recuso básico para atender los encargos sociales que me impone la ley”.

No se tocará nada sustantivo

Diego Prieto explicó que el recorte estará regido bajo tres principios: No habrá despidos en todo el Instituto; no se afectarán derechos y, por tanto, todas las prestaciones están garantizadas y ninguna operación sustantiva de investigación, conservación y difusión será suspendida.

Habrá recursos suficientes para mantener las actividades inaplazables como lo es la conservación de zonas arqueológicas, investigaciones o mantenimiento de museos. Si bien tal vez no haya proyectos de excavación ambiciosas, que además la nueva normalidad tampoco lo permite, sí habrá para lo básico. “El recursos indispensable está asegurado porque está la voluntad política”, asegura.

Los gastos que definitivamente estarán suspendidos durante el año son los viajes al extranjero, congresos, presentaciones “con su respectivo brindis”, viáticos o transportes.

Sin embargo, el recorte mantendrá una de las problemáticas que el Instituto ha arrastrado en los últimos 20 años en materia laboral, pues debido a los recortes de plazas una parte de las contrataciones de personal se hacían a través del capítulo 3000, uno de los afectados por el recorte.

Por eso es que arqueólogos, historiadores, museógrafos, topógrafos y restauradores, entre otros profesionales, eran contratados por honorarios, sin si quiera tener seguridad social o certidumbre laboral, toda vez que sus contratos sólo son por proyecto. Sumaban años de trabajo sin generar antigüedad, con la esperanza de conseguir una plaza.

La actual administración comenzó con la regularización de este personal, que hasta el primer semestre logró la incorporación de 250 empleados, pero debido al recorte, quedó pendiente la revisión de los casos de 700 colaboradores que prestaban servicio por honorarios.

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El lugar del mundo donde la gente reconoce 5 géneros

El pueblo bugis, en Indonesia, es un grupo étnico que reconoce cinco géneros sexuales. Pero el futuro de su cultura única en el mundo parece estar en peligro.
22 de abril, 2021
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La isla indonesia de Célebes se extiende como una estrella de mar borracha en el océano Pacífico occidental, sus cuatro patas esmeralda tocan los mares de Celebes, Molucca y Flores.

En su extremo suroeste se encuentra la ciudad portuaria de Macasar, una población ahogada por una niebla tóxica que durante mucho tiempo fue un importante punto comercial y la puerta oriental de Indonesia al mundo.

En un amanecer gris, me puse de pie en el paseo marítimo mientras veía las proas curvas de los tradicionales veleros prahu avanzar elegantemente hacia el caos del puerto de Paotere. Llegaban allí para descargar pepinos de mar, sepias y otras extrañas criaturas de las profundidades marinas.

Estas embarcaciones pertenecen al pueblo bugis, una sociedad de marineros notable por reconocer cinco géneros.

“Los bugis tienen palabras para cinco géneros que representan cinco formas de estar en el mundo”, explica Sharyn Graham Davies, antropóloga de la Universidad Monash en Melbourne, Australia.

Los bugis son el grupo étnico más grande de la isla de Célebes. Se concentran en Makassar y el campo de cultivo de arroz al norte de la ciudad, pero su destreza como marineros y comerciantes consolidó la influencia de los bugis en Indonesia y el archipiélago malayo.

También sembró miedo en los corazones de los colonizadores europeos, quienes los veían como piratas despiadados.

Un pueblo influyente

A pesar de que representan solo seis de los 270 millones de habitantes que tiene Indonesia, los bugis son extremadamente influyentes.

Algunos ejemplos destacados incluyen a Jusuf Kalla, quien fue dos veces vicepresidente de Indonesia; y a Najib Razak, ex primer ministro de Malasia.

Los bugis son una sociedad marinera cuya influencia se ha extendido por Indonesia y el archipiélago malayo.

Getty Images
Los bugis son una sociedad marinera cuya influencia se ha extendido por Indonesia y el archipiélago malayo.

“Los bugis se encuentran entre los grupos étnicos con más fuerza del archipiélago, política, económica y culturalmente”, señala Sudirman Nasir, un bugis que trabaja en salud pública en el sur de la isla.

La antropóloga Sharyn Graham Davies explica que en la sociedad bugis, los géneros makkunrai y oroani corresponden a los conceptos de mujer cis y hombre cis en Occidente.

Los calalai nacen con cuerpos femeninos pero asumen roles de género tradicionalmente masculinos; pueden llevar camisa y pantalones, fumar cigarrillos, llevar el pelo corto y realizar trabajos manuales.

Por otro lado, los calabai nacen con cuerpos masculinos pero asumen roles de género femeninos, usan vestidos y maquillaje y se dejan crecer el cabello.

“Muchos calabai trabajan en salones de belleza“, asegura Neni, una calabai del pueblo de Segiri, al norte de Makassar.

“También ayudamos a planificar bodas y actuamos en ceremonias”.

El quinto género

Los calabai no se hacen pasar por mujeres, detalla Davies, sino que exhiben su propio conjunto de comportamientos femeninos que serían mal vistos en las mujeres makkunrai, como usar minifaldas, fumar y actuar de una manera más sexualizada exteriormente .

Dentro de la sociedad bugis, las personas calabai y calalai pueden ser mal vistas en algunos sectores, pero son ampliamente toleradas, incluso se considera que juegan un papel importante en la sociedad.

De manera general no son atacadas ni perseguidas por miembros de su propia comunidad.

El quinto género bugis es el bissu, que no se considera ni masculino ni femenino, sino que representa la totalidad del espectro del género.

Los bissu, como los calabai y calalai, muestran su identidad a través de la vestimenta: a menudo usan flores, un símbolo tradicionalmente femenino, pero llevan la daga keris asociada con los hombres.

Muchos bissu nacen intersexuales, pero el término tiene implicaciones más allá de la biología.

Si bien el género en los bugis a menudo se describe como un espectro, se considera que los bissu están por encima de esta clasificación: son seres espirituales que no están a medio camino entre el hombre y la mujer, sino que encarnan el poder de ambos a la vez.

“Se dice que, en su descenso del cielo, los bissu no se separaron convirtiéndose en hombre o mujer, como la mayoría de la gente, sino que siguieron siendo una unidad sagrada de ambos”, explica Davies.

Como tales, son percibidos como intermediarios entre mundos y ocupan un papel similar al de los chamanes en la religión bugis.

Poseídos por los dioses

Una anciana serena y un pollo que cacareaba fueron mis compañeros de viaje cuando me fui de Makassar en un maltrecho bemo (minibús público) de color azul celeste.

Mientras avanzábamos hacia el norte, fragmentos de piedra caliza kárstica, cubiertos de jungla, se elevaban hacia el cielo desde los arrozales circundantes.

Muchos bugis viven en la verde y montañosa isla indonesia de Célebes.

Getty Images
Muchos bugis viven en la verde y montañosa isla indonesia de Célebes.

Era época de siembra y pasamos por un campo donde se empujaba un arado mecánico, precedido por un desfile ritual de bissu, reconocibles por sus túnicas rojas, doradas y verdes y sus tocados adornados con flores de colores.

Seguimos conduciendo. El sol de la tarde comenzó a brillar como carbón y los agricultores bugis proyectaban sombras encorvadas y alargadas, mientras se inclinaban para ocuparse de los campos de arroz.

Cuando cayó la noche, llegamos a la ciudad de Segiri, donde seguí a una multitud de lugareños hasta una gran casa de madera.

Cinco bissu estaban reunidos en el centro de la habitación alrededor de una pila de arroz. El humo del incienso fragante se arremolinaba en la casi oscuridad, y el sonido de los tambores y los cánticos se aceleró a un punto febril mientras el bissu bailaba bruscamente hasta un estado de trance.

Al unísono, desenvainaron sus dagas keris y comenzaron a apuñalar las hojas onduladas en sus propias sienes, palmas, incluso en los párpados, aparentemente sin sentir ningún dolor o apenas sacando una gota de sangre.

Someterse a este ritual, conocido como ma’giri’, y salir ileso es considerado como una prueba de que los bissu han sido poseídos por los dioses y están listos para dar bendiciones.

El idioma de los cielos

Esta ceremonia, como el desfile en el campo de arroz, está orientada a asegurar una cosecha abundante; buena salud y embarazos exitosos son otros de los resultados que se esperan de una bendición bissu.

“Convertirse en bissu es una llamada del alma”, dice Eka, jefe de los bissu en Segiri.

“Viajamos a una edad temprana para estudiar con un bissu mayor y aprender nuestro idioma secreto, Basa To Ri Langiq (la lengua de los cielos), que solo nosotros podemos entender”.

Además de otorgar bendiciones, Eka oficia bodas. “Los bugis nos tratan muy bien”, prosigue. “Tienen que hacerlo, porque supervisamos todas las costumbres de los bugis”.

Aunque sus rituales religiosos y su concepción del género están impregnados de ideas preislámicas, la mayoría de los bugis son musulmanes, muchos devotos.

“Hubo interacciones complejas entre los valores bugis y la enseñanza islámica”, explicó Nasir. “Esto llevó a formas de sincretismo islámico-bugis“.

Luchan contra su propia sexualidad

Por ejemplo, como señala Davies, los bugis a menudo acuden a los bissu para bendecir un próximo peregrinaje a La Meca.

Muchos calalai y calabai luchan contra su propia sexualidad y contra el sentido de sí mismos, explica la antropóloga.

Creen que su estilo de vida -que puede incluir relaciones entre personas del mismo sexo- es pecaminoso según la creencia islámica, pero también que son como son porque fue prescritopor Allah.

Por la misma razón, no tienen el concepto de haber nacido en el cuerpo equivocado. Aunque algunas calabai pueden someterse a procedimientos cosméticos para lucir más femeninas, no se considerarán mujeres, como descubrió Davies en su trabajo de campo.

El islam comenzó a ser predominante en Indonesia cerca del año 1400, pero durante siglos los locales reconciliaron su variada percepción del género con la nueva fe.

“Los marinos europeos escribieron sobre sus reflexiones sobre la diversidad de género en el la isla de Célebes desde al menos el siglo XVI”, cuenta Davies.

Igualdad social

En 1848, el colonialista británico James Brooke escribió en su diario: “La costumbre más extraña que he observado es que algunos hombres se visten como mujeres y algunas mujeres como hombres; no ocasionalmente, sino toda su vida, dedicándose a las ocupaciones y búsquedas de su sexo adoptado”.

Al visitar la isla de Célebes, Brooke se sorprendió aún más por la igualdad social que observó entre mujeres y hombres, un sentimiento compartido por su compañero imperialista Thomas Stanford Raffles.

Un tercer género conocido como waria (un acrónimo de wanita, que significa mujer, y pria, que significa hombre) ha sido reconocido durante mucho tiempo en las sociedades de Indonesia.

Sin embargo, desde mediados del siglo XX, Indonesia en general se ha vuelto menos tolerante con las ideas no binarias de género, lo que ha provocado la persecución de los calabai y bissu en particular.

Torturados y asesinados en los 50

A partir de la década de 1950, comenzó una ola de ataques violentos contra la comunidad LGBTQ.

“Cuando el movimiento de rebelión Darul Islam de Kahar Muzakkar quiso establecer un estado islámico en la década de 1950, los bissu fueron arrestados, torturados y obligados a arrepentirse”, recuerda Nurhayatai Rahman Mattameng, filólogo del pueblo bugis.

A algunos bissu les raparon la cabeza para avergonzarlos públicamente; algunos fueron asesinados.

“Durante la era del Nuevo Orden bajo el presidente Suharto (1967-1998), hubo una iniciativa llamada Operación Arrepentimiento”, añade Mattameng.

“Todos los bissu se vieron obligados a (renunciar) al Latang, la religión ancestral de los bugis, y en su lugar eligieron una de las religiones oficialmente reconocidas en Indonesia”.

En 2001, extremistas islámicos incendiaron la sede en Makassar de GAYa Celebes, una organización que aboga por los derechos de los homosexuales.

En 2018, el Jakarta Post informó que las mujeres transgénero estaban siendo detenidas y colocadas en centros de detención en la capital de Indonesia, como una medida “disuasiva” para las personas que se identificaban como waria.

Un hombre en Makassar.

Getty Images
Hace poco, muchos bissu vivían con miedo de ser arrestados o asesinados; algunos estaban incluso avergonzados de ser bissu.

“Los bissu, los calalai y los calabai están experimentando mucho estigma y discriminación, que lamentablemente está aumentando junto con la creciente asertividad del islam político”, lamenta Nasir.

“A nivel social, hay una fuerte tendencia hacia una mayor piedad y puritanismo, que podría compararse con la de los cristianos nacidos de nuevo en Occidente. El futuro de estas personas perseguidas no es muy prometedor”.

“En peligro”

Eka está de acuerdo en que el futuro parece sombrío.

“El número de profesores con conocimiento de costumbres bissu está disminuyendo. También está disminuyendo el interés de la gente en vivir como calabai”, señala.

“En el futuro, los bissu estarán en peligro de extinción”.

Sin embargo, no todo el mundo es tan pesimista sobre el futuro de esta cultura única. Hay ayuda disponible gracias a personas como Halilintar Lathief, una activista, artista y antropóloga bugis.

La organización de Lathief, Latar Nusa, lucha para revitalizar la cultura bissu y calabai preservando la literatura tradicional y empoderándolos para aprovechar los beneficios económicos de sus roles tradicionales al buscar trabajo remunerado como maquilladores de novias, planificadores de bodas y proveedores de catering y chamanes medicinales.

“Durante los primeros días, el trauma de la persecución que habían enfrentado significaba que nadie quería convertirse o pretender ser bissu”, asegura Lathief.

“Tenían miedo de ser arrestados o asesinados; algunos estaban avergonzados. Ahora, después de varios años, hay muchas más personas que se identifican como calabai y otras más que se enorgullecen de ser llamadas bissu”.

Puedes leer la versión original de este artículo en inglés en BBC Travel.


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