'No ha sido fácil': Industriales piden cuidar a trabajadores fuera de fábricas
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“No ha sido fácil el retorno”: Industriales piden a autoridades cuidar a trabajadores fuera de las fábricas

Para la Concamin, los esfuerzos de las empresas por aplicar reglas estrictas de higiene resultan insuficientes para contener la pandemia si en las calles y el transporte público que usan los empleados no se vigila el cumplimiento de medidas sanitarias.
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21 de junio, 2020
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A fin de evitar un rebrote de la epidemia de COVID-19 en la etapa de reactivación económica, líderes de cámaras industriales urgieron a las autoridades a que implementen medidas sanitarias en vías y espacios públicos para que los trabajadores no se contagien fuera de las fábricas, armadoras y maquiladoras donde laboran.

Eduardo Solís, encargado de cadenas globales de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), señaló que los esfuerzos de las empresas por aplicar reglas estrictas de higiene resultan insuficientes para contener la pandemia si en las calles y el transporte público que usan los empleados no se vigila el cumplimiento de medidas sanitarias como la sana distancia o el uso de tapabocas.

“Hacemos un llamado a las autoridades municipales y estatales para que, así como nosotros protegemos a nuestros trabajadores de su traslado a la entrada del trabajo, pues que lo hagan ellos en las calles, porque vemos las calles llenas de gente sin cubrebocas, o la vemos haciendo fila para tomar un autobús sin ningún distanciamiento, o llenan los camiones sin dejar asientos disponibles para mantener una distancia”, indicó en entrevista.

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“Es decir, por más protocolo que tengas en las empresas, si las ciudades no van acorde a eso, si los trabajadores salen y van a comer en un puesto ambulante y se amontonan y se quitan el cubrebocas, pues, por más cuidado que tengamos en la empresa, si allá afuera no hay quien proteja, quien ejerza la obligación de la protección sanitaria, pues entonces es como tener un doble lenguaje: el de la seguridad en las empresas y el de la inseguridad en las ciudades”.

Solís, expresidente de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), afirmó que las compañías del sector industrial -uno de los primeros en reactivar- han adoptado recomendaciones de higiene en el trabajo como la toma de temperatura de los empleados, la aplicación de pruebas diagnósticas, la instalación de separaciones físicas entre los lugares de trabajo, la desinfección de las herramientas y el uso obligatorio de tapabocas y caretas.

“No ha sido fácil el retorno, por tratarse de una reapertura que conlleva una responsabilidad que las empresas han tomado muy en serio de proteger la vida y la salud de los empleados. Se ha estado monitoreando el regreso de una manera que puedan convivir estos dos elementos, el más importante, la vida y la salud de los empleados y de los proveedores, y, por el otro lado, la parte económica, la parte de echar adelante la maquinaria que permita regresar a esta nueva normalidad”, detalló.

Apuntó que, en las ciudades en las que aún está en rojo el semáforo epidemiológico -lo que indica un elevado número de contagios-, a las fábricas se les permite operar sólo con un 30% de su planta laboral.

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Debido a que industrias nacionales son proveedoras de empresas en otros países, especialmente Estados Unidos, y dado que el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (TMEC) entrará en vigor el 1 de julio, se requiere del apoyo del gobierno en dos modalidades: financiamiento para la aplicación de protocolos sanitarios y acompañamiento para adaptarse a las nuevas exigencias comerciales del tratado en medio de la pandemia, explicó Solís.

“Se debe apoyar a las empresas para poder seguir estrictos protocolos; que haya financiamiento para que las pequeñas y medianas empresas que están dentro de la cadena puedan asegurar el mismo nivel de exigencia que se tiene desde las armadoras y desde los proveedores del primer nivel; tener conciencia de que el 1 de julio entra en vigor el tratado, que impone reglas de origen mucho más estrictas”, comentó.

“Me parece que el tema sanitario y el tema del tratado las empresas lo tienen encima, y la Secretaría de Economía deberá mantenerse muy cercana a ellas para el cumplimiento del tratado, el aprovechamiento del mismo, pero también para poder tener protocolos de altísimos estándares que aseguren la vida y salud de nuestros trabajadores”.

Por su parte, Salvador Saavedra, vicepresidente del sector automotriz de la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (Canacintra), afirmó que los empresarios se han tomado “muy en serio” el cuidado de su planta laboral debido a que tener casos de contagio podría paralizar nuevamente sus procesos de producción.

“Se toman muy en serio estas medidas porque, si no, te puede parar la industria, además de las pérdidas, la reputación, la repercusión social; es altamente complicado, no quieres que dentro de la empresa suceda; si dentro de la empresa tienes un caso, pues tiene que aislar a todo el personal que estuvo relacionado con ese caso, no es sólo la persona que resultó con COVID-19, sino todas las personas que estuvieron relacionadas con ella, entonces puede crear un conflicto muy grande tener media planta detenida”, indicó.

Saavedra coincidió con el representante de Concamin en que las autoridades deben tomar medidas para evitar los contagios de los empleados fuera de las plantas de trabajo.

“Las medidas que nosotros tomamos ayudan a prevenir el contagio dentro del centro de trabajo, sin embargo, una vez que el empleado sale, ya no tienes ese control de qué pasa, y por ello sigue siendo muy estrictos los controles de entrada”, expuso.

Dueño a su vez de una empresa fabricante de carrocerías y remolques, Saavedra indicó que, en la reactivación económica, el sector industrial enfrenta la dificultad de que la mayoría del trabajo se debe ejecutar de manera presencial por los empleados.

“Dependiendo del giro, las manufactureras han sufrido mucho, porque en esa industria tú quieres hacer los procesos lo más corto posibles, y en muchas ocasiones tienes personas cercanas unas a otras”, planteó. “En la áreas de almacén y producción, el que está atrás de una máquina tiene que estar ahí, el que está ensamblando un vehículo tiene que estar ahí, eso no lo podemos hacer remoto”.

El representante industrial apuntó que las empresas tuvieron que hacer “inversiones importantes” en tecnología informática para permitir el trabajo remoto a sus empleados de áreas administrativas, así como en separaciones físicas entre las personas y en capacitaciones.

Agregó que la recuperación económica será lenta porque, para evitar aglomeraciones, las compañías tuvieron que implementar horarios escalonados y reestructurar sus procesos productivos para que más funciones sean realizadas por una sola persona en lugar de dos o más.

Dijo que, si las empresas industriales descuidan las medidas para evitar contagios, ello no sólo afectará su propia recuperación, sino que perjudicará cadenas globales de suministro.

“Ya era hora de reactivar, siempre y cuando la industria tome todas las medidas para hacerlo bien; habrá industrias que, por ahorrarse unos pesos, no capacitaron a su personal, y eso nos va a traer rebrotes muy altos. El mundo está tan interconectado que hay industrias que están operando en México y tienen que surtirle a otra que está en Estados Unidos y a otra que está en Alemania y se hace un círculo muy grande, entonces una pequeña industria que pare aquí puede parar una gran industria en algún otro lugar del mundo”, explicó.

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Vacuna contra COVID: por qué algunas dosis acaban en la basura y qué se puede hacer para evitarlo

El mundo vive una carrera por hacerse con las escasas vacunas disponibles contra la COVID. ¿Por qué algunas acaban en la basura o se vacuna a personas no prioritarias?
5 de febrero, 2021
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Enfermeras cargan dosis de la vacuna en Nantes, Francia.

Reuters
Muchos países se enfrentan al reto de administrar las vacunas antes de que se estropeen.

Golpeado por la pandemia de covid, el mundo se enfrentó primero al reto de desarrollar en tiempo récord una vacuna. Ahora, al de distribuirla a escala planetaria sin malgastar una sola de las preciadas dosis.

Con la oferta de vacunas disponibles lejos aún de cubrir la ingente demanda mundial, los gobiernos han establecido rigurosos planes de vacunación que establecen los colectivos que deben ser vacunados primero: generalmente, personas mayores, enfermos crónicos y trabajadores de los servicios de salud.

Sin embargo, no han tardado en aparecer las noticias de personas no pertenecientes a estos grupos prioritarios que recibían la vacuna, o, algo más sorprendente aún, de dosis que acababan en el cubo de la basura.

En la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina, la prensa local informó de que hubo que desechar 140 dosis de la vacuna rusa Sputnik-V porque se había roto la cadena de frío en su conservación.

En España, el general al mando de las Fuerzas Armadas tuvo que dimitir después de que se hiciera público que había recibido la vacuna, pese a que algunos de sus colaboradores les dijeron a los medios españoles que lo había hecho precisamente para evitar que se echaran a perder las dosis sobrantes en su departamento tras vacunar a las personas prioritarias.

En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, condenó por “inmoral” al médico que vacunó a dos familiares después de un error en el sistema de citas del hospital en el que trabaja.

Son solo algunos ejemplos de noticias que han provocado malestar y críticas en muchos países cuando la mayoría de la gente sigue a la espera y en muchos casos aún sujeta a distintos grados de confinamiento.

El desafío de optimizar las vacunas

Lo cierto es que los sanitarios se pueden ver a veces ante un incómodo dilema, ya que las vacunas requieren condiciones especiales de conservación y, en algunos casos, sobre todo en pequeñas localidades o lugares alejados, no pueden cumplirse a rajatabla los estrictos criterios fijados por los gobiernos.

La vacuna fabricada por Pfizer, por ejemplo, debe conservarse a temperaturas muy bajas y, una vez descongelada, ha de usarse antes de 5 días.

La Sputnik-V se comercializa en ampollas de cinco dosis, por lo que si se quiere evitar malgastar ninguna, debe haber un número igual de pacientes listos para recibir el pinchazo.

Una profesional de la salud recibe la vacuna en un hospital de Ciudad Juárez, México.

Reuters
Los trabajadores sanitarios figuran entre los colectivos prioritarios en la mayoría de países.

Como explicó en conversación con BBC Mundo el doctor Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, un centro de investigación médica de Buenos Aires, “la prioridad es no desperdiciar la vacuna“.

“Una campaña de vacunación, y más una como esta, es siempre un gran desafío de ingeniería”, indica el experto. Y no siempre es posible acomodar la disponibilidad de vacunas con el número de pacientes dispuestos a ponérsela, su disponibilidad para acercarse a los centros de vacunación a recibirla y las necesidades de espacio para mantener la distancia social en ellos.

A esto se suma el problema de los pacientes que no acuden a las citas programadas, sea porque no pueden desplazarse o porque, como los seguidores del movimiento antivacunas, rechazan la inmunización o desconfían de los gobiernos y los fabricantes de medicamentos.

¿Qué hacer entonces con la dosis sobrante cuando ya se ha cubierto el cupo de pacientes prioritarios agendados para el día?

Contenedores de residuos sanitarios en Manchester, Inglaterra.

Getty Images
En algunos países ya ha habido noticias de vacunas que acaban en la basura.

En Estados Unidos ya ha habido centros sanitarios que han empezado a convocar por la emisora de emergencias a los paramédicos que quieran vacunarse una vez cubierto el cupo diario para evitar que se echen a perder las dosis sobrantes.

Y un equipo médico del estado de Oregón que quedó atrapado en una congestión de tráfico comenzó a vacunar a otros automovilistas retenidos ante la imposibilidad de volver a refrigerar a tiempo las dosis que llevaban consigo.

Mejor en un brazo que en el cubo de la basura

Ante la emergencia sanitaria global, los centros médicos a nivel local se enfrentan al desafío de vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, conservando adecuadamente las vacunas y priorizando a los grupos de población de riesgo establecidos por las autoridades nacionales.

En esa tarea titánica, han encontrado una inesperada colaboración en los grupos de espontáneos que hacen fila junto a las clínicas y los centros de vacunación a la espera de que se les administre alguna de las dosis no utilizadas, una imagen cada vez más frecuente en Estados Unidos y en Israel, el país que lidera la frenética carrera global por la vacunación.

“A todas las dificultades se suma la de la incertidumbre acerca de las dosis que se van recibir y cuándo”, señala el doctor Bonvehí.

Para los dispensarios locales se complica aún más llevar una planificación adecuada de la vacunación ya que en muchos casos los gobiernos tampoco han podido ofrecer un calendario claro de vacunación y son ellos quienes centralizan la adquisición de los medicamentos.

Un hombre carga una bombona de oxígeno en Manaos, Brasil.

Reuters
América Latina es una de las regiones más golpeadas por la pandemia y muchos países aún no han podido comenzar a vacunar.

Para los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, que se encuentran detrás de los más ricos en la lista de espera global por recibir la vacuna en la cantidad y con la regularidad suficientes, hacer un uso óptimo de las que llegan se hace más crítico si cabe.

Bonvehí propone que “en las citas se llame a pacientes suplentes, para que, si alguien no se presenta, no haya que desperdiciar ninguna dosis”.

Y la Organización Mundial de la Salud ha pedido que los países más prósperos, que han comprado muchas más dosis de las necesarias para vacunar a toda su población, envíen las que no usen a los países en desarrollo.

Todo, porque, como le dijo Amesh Adalja, especialista en enfermedades infecciosas de la Johns Hopkins University, a la cadena NPR, “una vacuna en un brazo siempre va a ser mejor que una vacuna en el cubo de la basura”.


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