Ley de Amnistía no se aplica y no ha beneficiado a ninguna persona presa
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Cuartoscuro Archivo

Por recortes y burocracia, Ley de Amnistía no se aplica y no ha beneficiado a ninguna persona presa

No se ha creado la Comisión que recibirá las solicitudes de los internos que quieran beneficiarse de la Ley de Amnistía.
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15 de junio, 2020
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La Ley de Amnistía aprobada de forma urgente desde el 20 de abril para ayudar a despresurizar los penales del país ante la pandemia del coronavirus no se aplica hasta la fecha. ¿La razón? No se ha podido crear la comisión que la ley contempla como primer paso para recibir las solicitudes de los reos que quieran acceder al beneficio.

Problemas burocráticos surgidos a partir de los recortes al presupuesto por las medidas de austeridad anunciadas por el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador han retardado la instalación de esta comisión, luego de que originalmente se prometió que el proceso sería rápido y no se agotarían los plazos legales.

Mientras tanto los niveles de sobrepoblación en las cárceles del país se han agravado. En mayo el número de personas en reclusión superaba las registradas al cierre del año pasado. La pandemia ha enfermado ya a cerca de 450 internos y 68 de ellos han perdido la vida. Según especialistas las cifras podrían ser mayores, pero existe opacidad en los registros oficiales.

Entérate: La falta de pruebas impide saber el impacto de COVID-19 en las cárceles

La Ley de Amnistía fue aprobada por el Senado el pasado 20 de abril y publicada en el Diario Oficial de la Federación el 22 del mismo mes. Pero un día después, el 23, se publicó el decreto de las medidas de austeridad firmado por el presidente, con recortes de 75% en los presupuestos de diversas dependencias.

Maïssa Hubert, subdirectora Ejecutiva de Equis Justicia, organización promotora de la referida ley ante el gobierno, dijo que aunque la norma plantea un plazo de 60 días para crear la comisión, había el compromiso político de no agotar este ni otros plazos para que la ley pudiera tener un impacto en el contexto de la pandemia.

Sin embargo, ya transcurrieron dos terceras partes de dicho periodo y la comisión no existe. El problema, explica Hubert, es presupuestal, ya que en los artículos transitorios de la Ley de Amnistía se ordenó la transferencia de recursos a la misma.

“Hay un borrador del acuerdo para crear la comisión de amnistía en la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria, que está bloqueado por un tema que es presupuestal. Los transitorios marcaban que tenía que haber recursos, pero luego vino el decreto de austeridad y ahora no saben cómo darle salida al tema. Está bloqueado y no hay señal de que se mueva”, señalo en entrevista.

La Secretaría de Gobernación confirmó que la intervención de Hacienda ha detenido el proceso. Paulina Téllez, titular de la Unidad de Apoyo al Sistema de Justicia de dicha dependencia, detalló en una conferencia en línea organizada por la organización Reinserta el jueves pasado el escollo presupuestal.

“Por cuestiones burocráticas para instalar la comisión, Hacienda nos pidió dar un reporte de suficiencia presupuestal de INMUJERES y del IMPI que no tienen que ver en la operación, sino que solo son integrantes de la comisión de Amnistía. Entonces hemos subsanado desde hace dos semanas este requerimiento y estamos al pendiente de la respuesta de Hacienda para poder terminar con el trámite y poder hacer la instalación”, dijo la funcionaria.

La tardanza en la implementación de la Ley de Amnistía federal también ha impactado negativamente en la posible implementación de dicha medida a nivel de los estados. Hubert explicó que hay 19 entidades con proyectos iniciales para crear sus normas.

“Pero están viendo que a nivel federal no se puede avanzar ni en lo mas básico que es la comisión, lo que ha despertado dudas sobre el modelo que se quiere implementar”, dijo.

Inútil contra pandemia y hacinamiento

Mas allá de los retrasos en su puesta en marcha, expertas en temas de seguridad y justicia advierten que la Ley de Amnistía, por sí sola, es una herramienta inútil para disminuir los riesgos de la pandemia en el sistema penitenciario, tanto por los tiempos que conlleva así como por su limitado alcance.

En su intervención en la conferencia en línea organizada por Reinserta, Catalina Pérez Correa, investigadora de la Universidad de Stanford, explicó que aun cuando se logre poner en marcha la comisión, lo que sigue es un periodo de presentación de solicitudes y el análisis de una por una, procedimiento que puede tomar otros cuatro meses al menos.

“Hay que separar a la Ley de Amnistía de la epidemia de COVID. La ley de Amnistía no es una respuesta para COVID. Los tiempos que requieren no dan para eso. Aunque se le rescató en ese contexto de la pandemia, la amnistía es mas bien una respuesta al uso excesivo que estamos haciendo del derecho penal y del sistema carcelario”, dijo.

Pérez Correa y la doctora en Derecho Ana Laura Magaloni coincidieron en la sesión en que la ley manda un mensaje correcto ,al contemplar que ciertas personas no deben estar en prisión, como una mujer que es acusada de practicar un aborto o un sujeto de bajos recursos detenido por narcomenudeo.

No obstante, su alcance para despresurizar por sí sola el sistema penal es limitado, ya que solo contempla delitos en el fuero federal. Animal Político publicó en abril que la ley, en el mejor de los casos, podría beneficiar solo al 7% de todos los presos.

Aun más relevante, destaca Pérez Correa, es la contradicción en la política pública en el ámbito penitenciario. Esto ya que el año pasado se aprobaron reformas constitucionales para ampliar el catálogo de delitos de prisión preventiva oficiosa, lo que facilita el encarcelamiento de personas en vez de dificultarlo.

Preliberaciones insuficientes, sobrepoblación crece

Hasta ahora ni una persona ha podido ser liberada por la aplicación de la Ley de Amnistía. No obstante, algunos gobiernos estatales anunciaron que aprovechando las posibilidades que desde hace años permite la Ley Nacional de Ejecución Penal se intentaría acelerar las libertades anticipadas y preliberaciones de personas en prisión, durante la pandemia del coronavirus.

Paulina Téllez dijo que Gobernación elaboró una guía de preliberaciones para asesorar a las entidades en esta estrategia.

De acuerdo con cálculos de organizaciones que dan seguimiento a temas penitenciarios, como AsíLegal o Documenta, entre marzo y mayo se habría conseguido preliberar de esta forma de 2 mil a 3 mil internos en el país. Datos oficiales de los cuadernos de información penitenciaria nacional arrojan que de enero a abril se concedieron 1 mil 404 libertades anticipadas.

Sin embargo, lo anterior ha sido insuficiente para aminorar el crecimiento de la población penitenciaria. De hecho, el problema se ha agravado.

Las cifras oficiales arrojan que mientras en enero la población penitenciaria del país era de 202 mil 337 internos, para el arranque de mayo la misma había crecido a 207 mil 890. Es decir, casi 5 mil 500 internos más en un plazo de apenas cuatro meses. En el mismo lapso el número de centros penitenciarios en el país con problemas de hacinamiento pasó de 110 a 115 reclusorios.

Uno de los ejemplos más ilustrativos es el de Ciudad de México. A principios de mayo la jefa de Gobierno anunció la intención de liberar a 800 internos de las cárceles capitalinas. El poder Judicial de Ciudad de México dijo, no obstante, que cada caso tendría que ser evaluado en lo individual para determinar si se cumplen o no los requisitos.

Hasta la semana pasada, de acuerdo con cifras del Poder Judicial, las personas preliberadas no rebasaban las 200, es decir, apenas la cuarta parte de lo que el gobierno capitalino había previsto.

Lo que sí ha crecido, en cambio, es la población en las cárceles de la ciudad. De acuerdo con cifras de la Subsecretaría del Sistema Penitenciario mientras que en diciembre de 2019 la cifra de reos en penales capitalinos era de 24 mil 702, para abril la cifra había crecido a 25 mil 324 reos, y al cierre de mayo subió a 25 mil 711.

Maïssa Hubert, subdirectora de Equis Justicia, dice que la explicación detrás de esto es sencilla: las preliberaciones no se diseñaron pensando en que fueran masivas o para vaciar las cárceles en una pandemia. De hecho, las que se han concedido en 2020 se encuentran en la misma proporción que las que se venían facilitando antes de la crisis de salud.

“La ley de ejecución no está hecha para enfrentar una pandemia sino para garantizar los derechos de las personas y hay un sinfín de requisitos que se tienen que cumplir, los jueces tienen que medir esos requisitos, si todas esas disposiciones se cumplen, si hay reparación del daño. Y si no es el caso no se puede conceder esa preliberación”, dijo en entrevista.

Nohemí Juárez, abogada de la organización Documenta, hizo hincapié en que la decisión de si se cumplen estos requisitos dependen de jueces de ejecución los cuales tampoco han estado laborando al cien por ciento, lo que repercute en que el número de beneficios no sea mayor.

“Durante los meses de la pandemia mucha de la actividad en los juzgados se detuvo. Es cierto que se quedaron algunos de guardia, pero para ver casos urgentes, y como casos urgentes era una orden de aprehensión o reaprehensión. No necesariamente los requisitos de una preliberación. Eso también afectó”, dijo Juárez.

Y a todo ello se suma el efecto contrario que ha traído consigo el ampliar la cantidad de delitos de prisión oficiosa, situación que ya ha revertido el descenso de la población penitenciaria que se venía registrando en los últimos tres años.

Los muertos por COVID… y los que no se saben

De acuerdo con un monitoreo que lleva a cabo la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), hasta el pasado 10 de junio se habían confirmado 429 casos de coronavirus en los centros penitenciarios del país. Además, se tenían registrados 219 casos como sospechosos. En cuanto a decesos, la cifra confirmada era de 68 internos muertos.

Sin embargo, las especialistas advierten que las cifras podrían ser mayores. Pérez Correa cuestionó que haya entidades federativas que reportan cero casos en sus cárceles.

“Eso no es creíble y más bien parece que se ocultan los datos o peor, ni se conocen”, dijo en la conferencia en línea.

Hubert criticó el hecho de que las autoridades de salud federal y estatales no den un reporte mucho más pormenorizado y constante sobre los casos de COVID, ni sobre las políticas de prevención y atención que se están implementando en los centros penitenciarios, y que hasta el día de hoy la única información que se publica proviene de CNDH.

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Cómo se forman los huracanes y por qué son tan frecuentes en México, Estados Unidos y el Caribe

La explicación científica es apasionante y te ayudamos a entenderlo con mapas, gráficos e imágenes satelitales.
30 de agosto, 2021
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Los huracanes son las tormentas más grandes y violentas del planeta.

Cada año, entre los meses de junio y noviembre, azotan la zona del Caribe, el golfo de México y la costa este de Estados Unidos, en algunas ocasiones arrasando con edificios y poblaciones.

Sus homólogos son los tifones, que afectan al noroeste del océano Pacífico, y los ciclones, que lo hacen al sur del Pacífico y el océano Índico.

Zonas donde se forman ciclones tropicales

BBC

Todos son ciclones tropicales, pero el nombre “huracán” se usa exclusivamente para los del Atlántico norte y del noreste del Pacífico.

Pero, ¿cómo se forman y por qué suelen afectar a esta zona del mundo?

Huracanes, bombas de energía

El mecanismo más común de formación de huracanes en el Atlántico — que provoca más del 60% de estos fenómenos — es una onda tropical.

La onda empieza como una perturbación atmosférica que crea un área de relativa baja presión.

Suele generarse en África Oriental a partir de mediados de julio.

Si encuentra las condiciones adecuadas para mantenerse o desarrollarse, esta área de baja presión empieza a moverse de este a oeste, con la ayuda de los vientos alisios.

Origen de la onda tropical y los vientos globales

BBC

Cuando llega al océano Atlántico, la onda tropical puede ser el germen de un huracán, pero para que este se forme necesita fuentes de energía, como el calor y el viento adecuado.

En concreto, es necesario que la superficie del agua esté por encima de los 27ºC y que haya una capa espesa de agua caliente en el océano.

También tiene que haber, por un lado, vientos con un giro horizontal para que la tormenta se concentre. Por el otro, vientos que mantengan su fuerza y velocidad constante a medida que suben desde la superficie del océano.

Si hay cortante de viento, o variaciones del viento con la altura, esto puede interrumpir el flujo de calor y humedad que hace que el huracán se forme.

Además, tiene que haber una concentración de nubes cargadas de agua y una humedad relativa alta presente en la atmósfera.

Ingredientes para un huracán

BBC

Todo esto tiene que ocurrir en las latitudes adecuadas, en general entre los paralelos 10° y 30° del hemisferio norte, ya que aquí el efecto de la rotación de la Tierra hace que los vientos puedan converger y ascender alrededor del área de baja presión.

Cuando la onda tropical encuentra todos estos ingredientes, se crea un área de unos 50-100 km, donde empiezan a interactuar.

“El movimiento de la onda tropical funciona como el disparador de esa tormenta”, explica a BBC Mundo Jorge Zavala Hidalgo, coordinador general del Servicio Meteorológico Nacional de México.

Y es esta tormenta la que hace de catalizador: empieza el baile de calor, aire y agua.

El área de baja presión hace que el aire húmedo y caliente que viene del océano suba y se enfríe, lo que alimenta las nubes.

La condensación de este aire libera calor y provoca que la presión sobre la superficie del océano baje aún más, lo que atrae más humedad del océano, engrosando la tormenta.

Los vientos convergen y ascienden dentro de este área de baja presión, girando en dirección contraria a las agujas del reloj — por influencia de la rotación de la Tierra — y dando a los huracanes esa imagen tan característica.

A medida que la tormenta se hace más poderosa, el ojo del huracán — el área central de hasta 10 km — permanece relativamente tranquilo.

A su alrededor se levanta la pared del ojo, compuesta de nubes densas donde se localizan los vientos más intensos.

Más allá, están las bandas nubosas en forma de espiral, donde hay más lluvias.

La velocidad de los vientos es la que determina en qué momento podemos llamar a este fenómeno “huracán”: en su nacimiento es una depresión tropical, cuando aumenta de fuerza pasa a ser una tormenta tropical y se convierte en huracán cuando pasa de los 118 km por hora.

Pasos de depresión a ciclón tropical

BBC

A partir de ahí, se suelen clasificar en cinco categorías según la velocidad sostenida del viento. En el Atlántico, se usa la escala de vientos Saffir-Simpson para medir su poder destructivo.

Tal es su fuerza que los vientos de un huracán podrían producir la misma energía que casi la mitad de la capacidad de generación eléctrica del mundo entero, según la Administración Nacional de Océanos y de la Atmósfera de Estados Unidos (NOOA, por sus siglas en inglés).

Escala de vientos Saffir-Simpson

BBC

Sin embargo, no es el viento sino la marejada y las inundaciones que provoca la lluvia que descarga el huracán las que generalmente causan la mayor destrucción y pérdida de vidas.

En Estados Unidos, por ejemplo, la marejada provocada por ciclones tropicales en el Atlántico fue responsable de casi la mitad de muertes entre 1963 y 2012, según datos de la Sociedad Americana de Meteorología (AMS, por sus siglas en inglés).

Además de estos factores, la destrucción causada por un huracán va a depender de otras circunstancias, como la velocidad a la que pasa, la geografía del territorio y la infraestructura de la zona afectada.

Mujer en su casa inundada

Getty Images
“Amanda” y “Cristóbal” no llegaron a ser huracanes pero dejaron lluvias extraordinarias y mucha destrucción en México y Guatemala en mayo de 2020.

“No necesariamente el daño o el peligro asociado a un ciclón tropical corresponde a su categoría. Por ejemplo, el ciclón de mayor categoría no tiene por qué tener asociada más precipitación”, dice Jorge Zavala Hidalgo a BBC Mundo.

México, Estados Unidos y el Caribe: las zonas más vulnerables

Uno de los factores que explica que esta parte del mundo sea propensa a los huracanes es que el océano Atlántico, en las latitudes tropicales, tiene la temperatura adecuada para su formación durante más meses al año.

Otro es el movimiento de las grandes corrientes de vientos que empujan a los huracanes.

Los vientos alisios — las corrientes de vientos globales en el trópico — van de este a oeste llevándolos hacia las costas del Caribe, el Golfo de México y el sur de Estados Unidos.

El recorrido de estos vientos también está influenciado por la rotación de la Tierra — el llamado efecto Coriolis — que hace que tiendan a desviarse hacia el norte.

Recorrido de los huracanes en el Atlántico norte en 2019

Wiki Project Tropical Cyclones/Tracks/Nasa/Xyklone
Los huracanes que se formaron en el Atlántico norte durante el 2019 siguieron distintos recorridos según las corrientes globales de viento u otros fenómenos – como los anticiclones – que encontraban en su camino.

En el Atlántico, mientras los huracanes avanzan se desvían levemente hacia el norte; y al superar aproximadamente los 30°N, suelen encontrase con los vientos del oeste, otra de las grandes corrientes globales, que hacen que se curven hacia el este.

En su camino van a toparse con el anticiclón de Bermudas-Azores que va a determinar si se dirigen hacia el Golfo de México o hacia Estados Unidos.

Los anticiclones son regiones de alta presión atmosférica con aire más seco, menos nubes y vientos que giran en la dirección de las agujas del reloj en el hemisferio norte.

El anticiclón de Bermudas actúa como un obstáculo y si los huracanes quieren avanzar tienen que bordearlo. Por este motivo, el tamaño y la posición del anticiclón puede determinar hacia dónde va un ciclón tropical.

Gráfico de localización del anticiclón de Bermudas-Azores

BBC

Si es débil y está más posicionado hacia el este, los huracanes lo rodean y siguen hacia el norte, alejándose del Caribe.

Por lo contrario, si es más fuerte y se encuentra al suroeste, un ciclón tropical puede dirigirse hacia el Golfo de México o hacia Florida.

La posición del anticiclón cambia según el año, las estaciones y puede variar en cuestión de días.

“A causa de esas variaciones, un huracán puede seguir una trayectoria muy distinta hoy que otro que pasa tres o cinco días después”, explica Jorge Zavala Hidalgo, del Servicio Meteorológico Nacional de México.

Siguiendo la misma lógica, los anticiclones y otras masas de aire son responsables de que un huracán se recurve hacia el oeste, como pasó en 2012 con el huracán Sandy, por ejemplo.

Huracán Sandy en Nueva York

Getty Images
En su camino hacia el norte, el huracán Sandy (2012) se curvó azotando las costas de Nueva York y Nueva Inglaterra, en Estados Unidos.

Después de tocar tierra en Cuba, Sandy empezó a desplazarse hacia el noreste, pero un anticiclón en Groenlandia y un frente frío bloquearon su camino. Eso provocó que Sandy retrocediera hacia la costa este de Estados Unidos, causando destrucción en Nueva York y Nueva Jersey.

En el Pacífico Este, a pesar de que es una zona más activa que el Atlántico Norte, tocan tierra menos huracanes.

“Lo que sucede es que esas tormentas suelen dirigirse hacia el oeste o noroeste. Algunas pueden retroceder hacia las costas de México si los vientos son los adecuados, pero la mayoría se dirigen a latitudes más altas, encuentran aguas más frías y desaparecen”, dice a BBC Mundo Gary M. Barnes, profesor retirado de la Universidad de Hawái, Estados Unidos.

Por qué casi no vemos en Sudamérica

Si bien la parte norte del Atlántico puede ofrecer las condiciones ideales para la formación de huracanes, no ocurre lo mismo bajo la línea del Ecuador.

“El Atlántico Sur es más tranquilo porque no hay onda tropical — es un fenómeno más común en el hemisferio norte — y hay más variaciones en la velocidad y en la dirección del viento, algo que inhibe la formación de huracanes”, explica Barnes.

Simulación de todos los huracanes entre 1985 y 2015

NASA
El efecto Coriolis es demasiado débil en la línea del Ecuador para que los vientos giren y formen huracanes.

Además, los ciclones tropicales normalmente no se forman si no están al menos a unos 500 kilómetros del Ecuador, ya que el efecto Coriolis es demasiado débil para hacer que los vientos giren y formen un huracán.

Aunque es un fenómeno que pasa con poquísima frecuencia en Sudamérica, sí se han registrado huracanes en las costas del sur de Brasil.

En 2004, el ciclón tropical Catarina dejó 11 muertos y más de 30.000 personas desplazadas.

¿Y cómo puede impactar el cambio climático?

“El cambio climático provoca que la temperatura de la superficie del océano y la capa gruesa sean más calientes y eso es un problema. Tenemos teorías que dicen que si el océano es más cálido eso puede traducirse en tormentas más fuertes e intensas.”, dice el meteorólogo Gary M. Barnes.

Hay indicaciones de que las áreas en que un ciclón encuentra condiciones para mantenerse y sobrevivir se están extendiendo con el paso del tiempo, según Jorge Hidalgo, coordinador del Servicio Meteorológico Nacional de México.

“Quizás el número de ciclones no aumente pero la distribución de categorías puede cambiar. Es decir, que haya más huracanes de categoría mayor y menos de categoría menor”, añade Zavala.

Los científicos coinciden, ,sin embargo, en que es muy pronto para medir el impacto del cambio climático en la formación y avance de los huracanes.

“Es probable que las tormentas se intensifiquen muy poco a poco, pero vamos a necesitar muchísima data para probar que el calentamiento global va a provocar huracanes más fuertes. En 25 años puede que tengamos evidencias”, concluye Barnes.

Agradecimiento a José Manuel Gálvez, meteorólogo del la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).


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