La epidemia dejó a Felipe sin su trabajo de mesero, ahora vende 'chácharas'
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Foto: Google Maps

De mesero a vender fierro viejo: trabajadores de restaurantes han padecido por la epidemia

La historia de don Felipe, trabajador de La Casa del Pavo, resume el impacto de la pandemia de COVID-19 en el sector restaurantero, uno de los más afectados.
Foto: Google Maps
15 de junio, 2020
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Don Felipe Méndez aguantó dos meses y medio sin trabajo, tras el cierre del legendario restaurante La Casa del Pavo, en el Centro Histórico, donde ha sido mesero durante dos décadas y media. No consiguió otro empleo, aunque lo intentó -en alguna taquería, en un tianguis-, y su último recurso fue ponerse a juntar “chácharas” para venderlas: fierro viejo, botellas de plástico, latas de aluminio.

“Está muy difícil, oiga; llegué al extremo de estar buscando mis fierros a ver qué chácharas puedo vender, porque esto está cabrón”, comenta el hombre de 58 años.

“Ya sabemos que de por medio está nuestra salud y nuestra vida, pero hay que encomendarnos a Dios y cubrirnos bien, protegernos lo mejor que se pueda, y a lucharle, porque, si no, ¿qué vamos a hacer?”.

Entérate: México pierde en mayo 344 mil 526 empleos por efectos del COVID-19

La última vez, en un depósito de chatarra, le pagaron 150 pesos por todo lo que juntó, y con eso compró tortillas y pan para alimentar durante dos días a su familia (vive con sus dos hijas y sus cinco nietos).

Chachareando, como él dice, complementa las despensas de frijoles, arroz, azúcar, cereal, pasta, gelatina y aceite que le ha regalado la alcaldía de Iztapalapa por estar desempleado.

“Me llamó mi patrón hace 15 días, me dijo que probablemente abríamos la semana que viene, dijo que me volvía a hablar, estoy esperando a que me marque, pero mientras ando viendo qué chachareo, oiga”, añade en entrevista telefónica.

La historia de don Felipe resume el impacto de la pandemia de COVID-19 en el sector restaurantero, uno de los más afectados por la crisis.

La Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac) ha estimado el cierre de 300 mil fuentes de empleo en dicho sector y un pérdida económica de 100 mil millones de pesos.

Aún así, el mesero Felipe conserva la esperanza de que recuperará su trabajo.

“Yo espero que me llamen. Créame que, si me llaman ahorita, ahorita mismo me arranco. Ojalá Dios quiera que ya abran, porque ya son tres meses”, expresa.

“Imagínese, estoy desesperado, dando vuelvas y vueltas en la casa, yo estoy acostumbrado a trabajar desde que me enseñaron a trabajar, a los 12 años, de ahí para acá, trabajador como burro. Dice mi familia: ‘oye, casi ni te conocemos, no estás aquí’; les digo: ‘¿trabajo o me quedo a que me contemplen?’. Ahora que ha pasado esto, digo: ‘¿quieren seguirme contemplando aquí?’. Por una parte está bien, pero por la otra, ¿qué vamos a comer? Quiero mucho a mi familia, pero prefiero estar trabajando para traerles algo, que no tengan que andar corriendo para acá y para allá, viendo malas caras que no tiene uno necesidad”.

Don Felipe es un hombre creyente, pero, ya desesperado, se encomienda hasta a Alfonso Cuarón, que filmó en La Casa del Pavo una icónica escena de su película Roma, que ganó un Oscar el año pasado.

“Sería un buen momento para refrendar su ayuda. Sería el momento de ver realmente quién es Alfonso Cuarón, si se solidarizara con el pueblo, no nada más con La Casa del Pavo. Si pudiera, yo le diría que no se olvidara del pueblo, de la gente que, de alguna u otra forma, está con él y lo apoya; quiera que no, hay un éxito de Cuarón en la tele y ahí van todos los mexicanos a apoyarlo, a comprar sus películas, verlas y darles el apoyo, aunque sea moral”, explica.

–¿Usted vio Roma?

–Sí, señor; la verdad, me gustó –dice–. Mire, para nosotros los viejitos fue algo bonito, algo de gustarnos, porque refleja lo que fue la moda y el tiempo de esa época; vimos muchas cosas que hoy en día no existen, desde el simple televisor, ¿hoy dónde encuentras un televisor de esos? A las botellas de la salsa Búfalo que nosotros manejamos en el restaurante les pusieron etiquetas de esa época (para filmar la escena con Yalitza Aparicio), y eso no está en donde quiera, sólo lo pueden tener los anticuarios. Todas las calles, cómo le dieron la imagen de lo que era ese tiempo, ¿no? Me causó nostalgia.

‘No nos dejamos caer’

Hace poco más de un mes, Briseida José Juárez, dueña del Café Alameda, temía que iba a tener que cerrar su negocio si el confinamiento se extendía más allá de mayo. Pasó mayo, está pasando junio, y Briseida, de 29 años, no sólo no cerró, sino que ha registrado una ligera mejora en sus ventas.

“Este mes como que subió un poquito la venta, no me vi en la necesidad de cerrar, creo que se debe a que la gente ya está saliendo, ya se ve un poquito más de movimiento”, comenta.

Durante esta contingencia hubo días en que sus ingresos, que en circunstancias normales eran de hasta 10 mil pesos diarios, se desplomaron a 200 pesos al día. Fueron los momentos más críticos. Ahora celebra que sus ventas han tenido un repunte a los mil pesos diarios. Las dos trabajadoras que conservó como meseras por fin cobran propinas, además de su sueldo.

“Les estoy dando su dinerito a la semana, ellas dependen de eso, las propinas han mejorado, ya se llevan unos 50 pesos, que ya es algo. Ellas me dan las gracias, esperan que esto ya se abra lo más pronto posible para que empiecen a recuperarse, porque también me comentaron que se quedaron endeudadas. Y yo me siento bien, contenta de no haberlas tenido que despedir o descansar”, comparte, y se oye que sonríe del otro lado del teléfono.

A tres meses del inicio de la emergencia sanitaria, Briseida arrastra deudas en el pago de servicios como luz, agua y teléfono, así como del alquiler de su establecimiento, ubicado en la colonia Santa María la Ribera. Los pocos ingresos que obtiene los destina a reponer insumos de su cafetería y a pagar la nómina.

Afirma que, aunque el escenario no es el mejor, ella está optimista, pues no se dejó caer en el peor momento de la pandemia, menos lo hará ahora, con la esperanza de que los contagios de COVID-19 bajen de tal manera que el semáforo epidemiológico pase de rojo a amarillo en la Ciudad de México y puedan reabrir los restaurantes.

“Nosotras abríamos siempre desde temprano, y lo que alcanzáramos a vender era bueno; no nos dejamos caer, no dijimos ‘no se puede’”, relata.

Otros empresarios restauranteros no vislumbran el mismo escenario optimista que Briseida.

Fernando Campo, dueño de Fonda Garufa y Alacena Bistró, señala que no ha despedido a una sola de las 83 personas que conforman la nómina, todas con seguro social. Han transcurrido tres meses de generar deudas; otros dos meses con las mismas ventas bajas, advierte, significarían un golpe mortal.

“Estamos vendiendo 90% debajo de lo normal, estamos aguantando básicamente para sacar dinero para el personal, porque viven al día; eso nos va a generar pérdidas brutales que no sé cómo se repondrán, y si esto sigue dos meses así, estamos hablando ya de que va a cerrar una barbaridad de lugares. Mi negocio lo vería perdido prácticamente”, alerta.

Fernando no sólo acumula deudas en el pago de servicios y del alquiler de sus establecimientos, ubicados en Condesa, Del Valle y Lomas, sino que también ha tenido atrasos en el pago de los salarios.

“Tengo deudas con el personal, hemos estado prácticamente al día, aunque ellos mismos decidieron reducir sus jornadas y conservar su trabajo; todo el dinero que entra es para reponer el insumo y para pagar nómina; hemos pagado luz y seguro social. De arrendamiento ya tengo deudas de marzo, abril, mayo y junio en los tres locales”, explica.

El empresario restaurantero señala que en este momento es crucial el apoyo del gobierno con créditos en el pago de servicios y obligaciones.

“Yo creo que el gobierno puede dar créditos en electricidad, seguro social, y establecer algo para la relación con los caseros en el pago de las rentas”, considera.

Vicente Ramírez Mauro, dueño de la fonda La Santa María, reabrió esta semana su negocio para vender exclusivamente a domicilio, después de más de dos meses de haberlo cerrado. Antes creía que no valía la pena mantener abierto y pagar la nómina de sus cinco trabajadores cuando las ventas por pedidos eran tan bajas. Ahora está en busca, al menos, de esos pocos ingresos.

“Estoy reiniciando el negocio, obviamente no hay ventas, pero ni modo, hay que empezar a picar piedra desde ahorita, porque ya no podemos seguir así; si yo me aguanto un mes más así (sin ingresos), ya no vuelvo, es más, ya ni siquiera aguanto el mes, yo tengo que preocuparme por mi negocio, por mis trabajadores y por mí. Los escasos ahorros que había ya se acabaron, también por eso la intención de reactivarme, no puedo seguir así, porque no hay ahorro que te aguante si no hay ingreso”, cuenta.

Vicente, de 55 años, destinó un poco de inversión en remodelar su establecimiento, localizado en la Santa María la Ribera, y recontrató a dos empleados.

“Los trabajadores tenían mucha ansiedad, me estaban marcando para preguntarme: “¿cuándo empezamos?, ¿cuándo empezamos?”; afortunadamente tengo plantilla completa, están ansiosos por regresar, la necesidad es fuerte, por ese lado a mí también me preocupa, es una responsabilidad que tengo con la gente, yo tengo seis fuentes de trabajo que cuidar, incluyendo la mía”, expone.

Son las 3 de la tarde de un jueves y ha vendido dos comidas en el día. Son 140 pesos. Y es más que nada.

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¿Por qué los hombres usan menos los cubrebocas si corren más riesgo de morir por covid-19 que las mujeres?

Las tasas de mortalidad por covid-19 son considerablemente más altas entre los hombres. ¿Por qué entonces estos utilizan menos las mascarillas faciales que las mujeres?
15 de julio, 2020
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Mujer con mascarilla al lado de hombre sin mascarilla

Getty Images
La evidencia sugiere que en todo el mundo las mujeres acostumbran utilizar más las mascarillas faciales que los hombres.

Después de mucho pelear, Mónica* tomó una decisión drástica.

Mientras Brasil iba en camino de convertirse el segundo país del mundo en muertes por coronavirus, solo por detrás de Estados Unidos, su esposo, Eduardo, se negaba a usar una mascarilla.

Entonces decidió abandonar el departamento familiar en Niteroi, cerca de Río de Janeiro, y mudarse a casa de sus padres con su hijo de siete años.

“Soy asmática y eso me hace particularmente vulnerable al coronavirus. Pero para mi esposo estaba siendo paranoica“, le dice a la BBC.

No sabemos a cuántas otras parejas en todo el mundo les pasó lo mismo que a Eduardo y Mónica.

Pero su historia es un buen ejemplo de la brecha de género en las actitudes hacia el uso de máscaras faciales que se ha hecho evidente durante la pandemia.

Hasta el 14 de julio, la covid-19 ya había infectado a más de 13 millones de personas y matado a más de 570,000, según la base de datos de la Universidad Johns Hopkins.

Y en la gran mayoría de los países donde hay datos disponibles, las tasas de mortalidad son considerablemente más altas entre los hombres.

Pero, a pesar de eso, estudios y encuestas también han encontrado que los hombres son más renuentes que las mujeres a usar equipos de protección personal y cubiertas faciales, actitud que también se ha observado durante epidemias anteriores.

Jared Kushner e Ivanka Trump

Getty Images
También en la familia Trump hay diferencias de género en el uso de mascarillas.

El uso de mascarillas, sin embargo, es una medida ampliamente recomendada por las autoridades de salud para ayudar a prevenir la propagación del coronavirus.

La Organización Mundial de la Salud, por ejemplo, apoya el uso de mascarillas como “parte de una estrategia integral de medidas para suprimir la transmisión”. Y, aunque admite que hay evidencia limitada sobre la efectividad de las mascarillas no médicas para el público en general, alienta su uso cuando el distanciamiento social no es posible.

Varios países y ciudades también están promoviendo su uso, y algunos incluso las han hecho obligatorias en espacios confinados o abarrotados, como en el transporte público, bares y tiendas.

Orgullo y prejuicios

Pero si las mascarillas pueden ser una ayuda en la lucha contra el coronavirus, ¿por qué los hombres son menos propensos a usarlas?

Uno de los análisis más recientes y publicitados del comportamiento masculino fue realizado por Valerio Capraro, profesor titular de Economía en la Universidad de Middlesex, y la matemática canadiense Hélène Barcelo, del Instituto de Investigación de Ciencias Matemáticas de Berkeley.

Cementerio

Getty Images
Los hombres son más propensos a morir por covid-19 y también a negarse a usar mascarillas.

Los académicos encuestaron a casi 2,500 personas que viven en Estados Unidos y descubrieron que los hombres no solo estaban menos inclinados a usar máscaras faciales que las mujeres, sino que consideraban que ponerse una mascarilla era “vergonzoso” y “un signo de debilidad”.

Y la encuesta también encontró que las mujeres tenían casi el doble de probabilidades que los hombres de manifestar la intención de “usar una máscara facial fuera de su casa”.

“Los hombres tienen menos tendencia a cubrirse la cara, y una de las razones principales es que tienden a creer que la enfermedad no los afectará más que las mujeres”, explica Capraro.

“Pero eso es particularmente irónico porque las estadísticas oficiales muestran que en realidad el coronavirus impacta a los hombres más seriamente que a las mujeres”, agrega el científico.

Menos máscarillas, más muertos

Otros estudios también han demostrado consistentemente que los hombres también son menos obedientes al lavado de manos, una de las medidas básicas de higiene para ayudar a prevenir la propagación de enfermedades.

Una encuesta reciente, por ejemplo, encontró que el 65% de las mujeres dice lavarse las manos regularmente, por un 52% de los hombres.

Y aunque en EE.UU. las afiliaciones políticas también influyen fuertemente en el comportamiento de hombres y mujeres durante la pandemia, el género parece seguir siendo un factor más importante.

Simpatizante de Trump con máscara facial

Getty Images
Las mujeres republicanas utilizan más las mascarillas que los hombres de su mismo partido.

Según varias encuestas, los partidarios del Partido Republicano del presidente Donald Trump son menos propensos a usar mascarillas o mantener la distancia social que los partidarios del Partido Demócrata.

Pero la encuesta nacional más reciente, hecha en junio, mostró que mientras el 68% de las mujeres que apoyan a los republicanos utiliza mascarillas fuera del hogar de forma frecuente, solamente un 49% de los hombres dijo ponerse una al salir de casa.

Todo indica, sin embargo, que la importancia de las máscaras faciales solo irá en aumento: nueva evidencia sugiere que el coronavirus puede propagarse por pequeñas partículas suspendidas en el aire y no solo a través de las gotas más grandes expulsadas cuando las personas tosen o estornudan.

Y un reciente estudio de científicos japoneses, que aún no se ha publicado, encontró una correlación entre el uso de mascarillas faciales y las tasas de mortalidad en 22 países.

Mujer con mascarilla al lado de hombre sin mascarilla

Getty Images
Científicos sostienen que hay una correlación entre mortalidad y uso de mascarillas.

Al analizar las encuestas del instituto de investigación YouGov, los científicos Daisuke Miyazawa y Gen Kaneko descubrieron que los países donde más personas dicen usar mascarillas tenían menos muertes por millón de personas.

¿Exceso de confianza?

Christina Gravert, científica conductista de la Universidad de Copenhague, no se sorprende por la división de género en el uso de mascarillas evidenciada por investigaciones.

Después de todo, hay una gran cantidad de trabajo académico que muestra que hombres y mujeres parecen abordar el riesgo de una manera diferente.

Pero Gravert le dice a la BBC que una simple observación en la capital danesa le bastó para confirmar que las mujeres estaban siendo más conscientes de los esfuerzos por contener la propagación de la covid-19.

Mujer caminando

Getty Images
Las mujeres le ponen más atención a las indicaciones.

“Los senderos para caminar en Copenhague se convirtieron en calles de un solo sentido, para que la gente no se cruzara al correr o caminar”, cuenta Gravert.

“Y mi impresión es que más hombres que mujeres se equivocan (al desplazarse por los mismos)”, destaca.

La brecha de género también se ha observado en otros países durante epidemias anteriores.

Por ejemplo, un estudio sobre el comportamiento de los usuarios del metro de Ciudad de México durante el brote de gripe porcina de 2009, que mató a casi 400 personas, encontró una mayor proporción de mujeres que de hombres con mascarillas.

También hay diferencias de género incluso en los países asiáticos donde usar máscaras faciales es una norma social ampliamente establecida y ampliamente observada.

Y la mayor reticencia masculina no es algo reciente: durante la pandemia de gripe de 1918 que mató a decenas de millones de personas, los hombres y los niños fueron el principal blanco de las campañas de salud pública que recomendaban el uso de mascarillas.

¿Hombres menos cuidadosos?

Junto con el trabajo académico mencionado por Christina Gravert, la vida real también parece confirmar constantemente la percepción de que los hombres son menos cuidadosos.

Los proveedores de seguros de automóviles, por ejemplo, han cobrado históricamente a las mujeres primas más bajas, porque los hombres están detrás de la mayoría de los accidentes de tránsito en todo el mundo (aunque también es cierto que el mundo tiene más conductores masculinos que femeninos).

Otro ejemplo curioso es el llamado Premio Darwin, que destaca las muertes más absurdas (y evitables): de 1995 a 2014 casi el 90% de los “ganadores” fueron hombres.

Hombre lee el periódico en las vías del tren

Getty Images
Numerosos estudios indican que los hombres toman más riesgos.

E incluso el investigador Valerio Capraro, admite haber sido negligente en el uso de mascarillas faciales.

“Solo comencé a usar una hace unos meses, cuando fui de viaje a Italia, donde el uso de mascarillas es obligatorio en una serie de situaciones”, admite.

Capraro ahora cree que hacer que las máscaras sean obligatorias hará que más hombres sigan los consejos de salud pública.

“Los estudios han demostrado que la diferencia de género casi desaparece en los lugares en los que es obligatorio cubrirse la cara”, destaca.

Christine Gravert, sin embargo, ve más potencial en campañas de concientización dirigidas al público masculino.

Mascarilla abandonada

Getty Images
Para hacer que más hombres utilicen mascarillas los expertos recomiendan campañas dirigidas y regulaciones más estrictas.

“Si el problema es el exceso de confianza, podría ayudar a que los hombres conozcan las estadísticas y mostrarles que sufren más de covid que las mujeres”, explica.

“Y si tomamos en serio que los hombres son en promedio menos altruistas y más egoístas, entonces la comunicación debería centrarse menos en proteger a los demás y más en protegerse a uno mismo”, dice la experta.

Un final feliz

También hay evidencia de que la presión de grupo puede funcionar, como lo muestra la historia de Eduardo y Mónica, la pareja dividida por una máscara facial.

Después de darle un ultimátum a su esposo, Mónica vio un cambio radical que se tradujo en un final feliz: Eduardo lleva una mascarilla desde hace un tiempo.

“Todavía pienso que mi esposo cree que un hombre sano como él no se enfermará“, dice Mónica.

“Pero ahora es bastante consciente de que sus buenas acciones protegerán a su familia”, concluye.

* Los nombres de Mónica y Eduardo fueron cambiados a solicitud de la entrevistada.

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