Miedo a COVID aleja de hospitales a pacientes con otras enfermedades
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Foto: Andrea Vega

Miedo a COVID aleja de los hospitales a pacientes con otras enfermedades

El hecho de que no acudan a recibir atención oportuna puede ponerlos en grave riesgo y convertirse en una bomba de tiempo para el sector hospitalario.
Foto: Andrea Vega
Por Andrea Vega y Manu Ureste
30 de junio, 2020
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José Alberto Beverido, médico de la Clínica del ISSSTE de Córdoba, Veracruz, cuenta que hace unas semanas recibieron a una señora en el área de urgencias. Tenía vértigo y mareos. Pero cuando quisieron ingresarla por unas horas, la mujer se negó a permanecer en la unidad sanitaria.

“Le dijimos que, aunque no tenemos área de internamiento, porque somos clínica y no hospital, la íbamos a internar durante unas horas en observación para ver cómo evolucionaba con los medicamentos y luego ya tomar una decisión. Pero la señora pegó un brinco y dijo que no, que no le pusiéramos nada, que ella solo había ido por una pastillita y que se iba de allí en ese momento, porque tenía miedo a contagiarse de coronavirus”.

Beverido cuenta también el caso de una paciente que llevaba 20 días con descompensación de azúcar. “No quiso venir antes por lo mismo, estaba muerta de miedo por el Covid”.

Entérate: 100 días sin consulta, la epidemia interrumpe tratamientos de casos que no son COVID

La señora Alejandra Nieto, 65 años y chef de profesión, es otro ejemplo de que el miedo ha alejado a los pacientes de este hospital veracruzano. Antes de la pandemia, la señora iba regularmente a la Clínica del ISSSTE en Córdoba, una vez al mes sin falta, a que le dieran su medicina y la checara el doctor. Su última cita la tenía para el 15 de abril, pero ya no fue.

“Tengo ya tres meses sin ir a la clínica. Y no voy porque, la verdad, sí tengo mucho miedo del coronavirus. No quiero contagiarme. Y bueno, aunque quisiera ir, mis tres hijas no me dejan salir ni de la puerta de la casa. Dicen que, como soy hipertensa, tengo mucho riesgo de enfermarme muy grave si me contagio de Covid. Así que no salgo para nada”, cuenta doña Alejandra.

La señora ha dejado de ir incluso a la farmacia de la clínica. “El medicamento lo puedo pedir por teléfono al ISSSTE, para que me lo manden para la casa. Pero, la verdad, siempre hay mucho problema con eso. Tardan muchísimo en contestar, o a veces ni contestan. Así que mejor lo compro yo por fuera, en una farmacia de genéricos, para que no me salga tan caro”, dice.

Ocho profesionales de la salud entrevistados por Animal Político para este reportaje coinciden en señalar que muchas personas no están yendo a los hospitales, aunque se sientan muy mal, por miedo a infectarse.

Los médicos y enfermeras aceptaron compartir sus testimonios respecto al tema de atención a otros padecimientos en los hospitales donde laboran y si la gente está acudiendo a las instituciones, pero todos, salvo Beverido, prefirieron omitir su nombre.

México no es un país donde los profesionales de la salud quieran compartir información con nombre y cargo. Tienen miedo de las consecuencias negativas en sus empleos.

“Hay pacientes que han suspendido su hemodiálisis por no querer ir al hospital y después ya ingresan en estado crítico. Están llegando pacientes muy graves, prácticamente a morir nada más”, asegura una residente del Hospital General de Zona # 57 del IMSS, en Cuatitlán Izcalli, Estado de México. Este es uno de los llamados hospitales híbridos, donde se reciben tanto casos de Covid como de otras enfermedades.

La médica precisa que antes de la epidemia, entre primer contacto y urgencias había entre 50 o 60 pacientes, 40 en promedio en este hospital. Ahora, solo hay de 19 a 20 pacientes en urgencias no Covid, contando los referidos de otros dos hospitales, el # 72 y el 58, dedicados al 100% a la atención del nuevo coronavirus.

En el Hospital Rubén Leñero de la Secretaría de Salud de la CDMX, otro de los híbridos, la situación es similar. Uno de los residentes de esa institución dice que antes de la crisis de Covid recibían una urgencia de apendicitis por guardia. “Ahora llega un caso cada tres o cuatro días. No sabemos si la gente se está aguantando y de pronto van a llegar, o cómo están en su casa, quizá un poco más tranquilos, no han detonado las urgencias. No sabemos”.

La cuestión es que en este hospital se manejaba un volumen de 60 o 70 pacientes y hasta 150. “Ahorita no hay ni la tercera parte. Tenemos camas vacías en la zona No covid. El área Covid sí está llena, pero la otra no. Y eso que estamos recibiendo casos de emergencia de otros hospitales, donde solo se dedican a pacientes con el virus”.

En el Hospital General de Zona # 47 del IMSS, en Iztapalapa, CDMX -otro híbrido que atiende a enfermos propios y referidos de hospitales, como el # 31, 162 y 160 del Seguro Social- una de las enfermeras comenta que por semanas hubo pocos pacientes, pero a partir del 1 de junio notaron más afluencia.

“Con lo de la Nueva Normalidad algunos entendieron que ya pueden salir y empezaron a ir a los hospitales, están llegando con padecimientos ya medio complicados, por el tiempo que esperaron. Creemos que este flujo se va a incrementar y si el de pacientes Covid no baja, a ver cómo se pone la situación”.

A uno de los médicos del Belisario Domínguez le preocupa otra posibilidad. “Como no quieren acercase a los hospitales, creemos que la gente se ha ido a buscar atención en cliniquitas, en consultorios privados pequeños o en estos de las farmacias similares. Y bueno, ahí habrá que ver si luego no se viene un problema, de gente que llegue a las instituciones de salud ya complicada y además sobremedicada”.

Los médicos consultados plantearon que, otra posible explicación de por qué hay poca carga de pacientes no Covid, es que en el triage de las áreas de urgencias generales se pusieron más estrictos para el ingreso a hospitalización.

En México, dice la residente del HGZ # 57, “se ha optado por una medicina a la defensiva. En época no Covid lo normal es que haya muchos pacientes hospitalizados que en realidad se podrían tratar de forma ambulatoria, pero hay mal manejo en los triages, en los que prefieren hacer ingresos a llevarse una demanda”.

Los ingresos innecesarios, ejemplifica, “suceden mucho cuando llegan pacientes con mucho dolor por alguna lumbalgia o por colon irritable, y en el caso de algunas infecciones urinarias, que son dolorosas pero pueden tratarse de forma ambulatoria, no todas ameritan hospitalización”.

Ahora, “esos ingresos a la defensiva no se están haciendo”.

La atención a emergencias no ha parado

A las personas que sí acuden a los hospitales buscando atención por una emergencia diferente a la de Covid se les está canalizando a los que son híbridos, así lo confirmaron a Animal Político tanto médicos como familiares.

El 3 de junio, Carla Suárez llegó con su suegra al Hospital General de Zona # 57. Primero la había llevado a la Unidad de Medicina Familiar # 64 en la colonia Tequesquinahuac, en Tlanepantla. Ahí le dijeron que se la llevará al hospital. La señora, de 81 años, tenía una grave infección en las vías urinarias, complicación de la diabetes que padece desde hace años.

A Carla y a su esposo les dio miedo llevarla, no querían que la señora se contagiará de Covid en un hospital, pero se enfilaron para la institución de salud. En el HGZ # 57 recibieron de inmediato a la adulta mayor. Su ingreso se hizo por la puerta de urgencias generales, separadas de las provocadas por el nuevo coronavirus.

Se supone que en los hospitales híbridos, donde se atienden casos Covid y no Covid, se está recibiendo a todo aquel que llegue con una emergencia. Aunque los médicos explicaron a Animal Político que se les recibe solo en caso de una urgencia “real”.

En estos tiempos eso significa llegar a un hospital con apendicitis, una herida de bala o de arma de fuego, traumatismos por accidente, próxima a un parto o cesárea, hernias, sangrado en el tubo digestivo, infartos o insuficiencia renal complicada.

“Si llegan y es una urgencia no se les niega la atención. Pero se valora si realmente lo amerita y esto es por la propia seguridad del paciente. Somos un hospital híbrido, se están atendiendo también casos de Covid-19, es por su seguridad”, explica el residente del Hospital Rubén Leñero.

En esta institución se está recibiendo a los pacientes de otros hospitales de la Secretaría de Salud capitalina que son 100% Covid, como el Belisario Domínguez, el General de Tlahuac o el Enrique Cabrera.

En el Belisario Domínguez, dice un médico del hospital, si llega una urgencia real, “un baleado, un acuchillado”, se les recibe, pero solo mientras se resuelve el problema agudo. Después, ya más estable, se les envía a otro hospital de los que son híbridos: el Balbuena, el Leñero, La Villa, el de Xoco; hasta más pequeños como el Emiliano Zapata, o el Gregorio Salas (en Tepito).

Animal Politico solicitó a la Secretaria de Salud, al IMSS y al ISSSTE información sobre cuántos de sus hospitales son híbridos y cuál es la estrategia para referir a los pacientes a estas instituciones, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.

Solo la Secretaría de Salud de la CDMX respondió que las emergencias, en efecto, se están atendiendo en sus seis hospitales que son híbridos: Xoco, Rubén Leñero, Balbuena, La Villa, Iztapalapa y Milpa Alta

En la puerta del Rubén Leñero, familiares de enfermos confirman que el hospital ha recibido a los casos graves de otros padecimientos distintos al nuevo coronavirus.

“Mi esposo llegó por un tumor en el hígado, necesitaba una cirugía de urgencia. Llegó ayer (15 de junio) y hoy ya está en el quirófano. No me pusieron ningún pero para recibirlo. Tampoco peregrinamos. Un familiar que había visto en redes o algo así que este era híbrido nos dijo que lo trajéramos directo acá”, cuenta una mujer apostada en la puerta de urgencias del Rubén Leñero, quien prefiere no dar su nombre.

La señora no termina su relato porque le suena el teléfono. Desde dentro del hospital le piden que vaya a conseguir un fármaco. Ella se disculpa y corre a buscarlo.

Por el lado de la puerta de hospitalización, tres mujeres esperan recargadas en un árbol. La más joven dice que su mamá tiene dos días hospitalizada.

“Llegó el sábado (13 de junio) en la mañana por una inflamación en el cerebro. Empezó con un dolor de cabeza el día anterior. No se le quitaba, se hizo más fuerte y se agravó con vértigo. Primero fuimos al Hospital Balbuena, pero de allá nos enviaron para acá, porque ese otro es Covid”.

Aquí la recibieron sin peros. Ahora está en observación. “Nos dicen que la inflamación puede ser por una deficiencia severa de potasio. Pero aún no es definitivo el diagnóstico. La verdad es que le están haciendo pruebas y le van a hacer la de COVID también”, señala la joven que también prefiere omitir su nombre.

En el otro extremo de la puerta de hospitalización del Hospital Rubén Leñero de la CDMX está otra joven. Ella dice que no tiene problema en identificarse. Se llama Laura Ríos. También a su mamá la refirieron del Hospital de Balbuena para acá.

“Tiene un sangrado intestinal. Llegó ayer (15 de junio) en la noche. Le están haciendo estudios para saber si es una úlcera o un tumor u otra cosa. Estamos en espera del diagnóstico, pero sí la atendieron sin problema”.

Las familias que esperan informes de sus familiares en la puerta de este hospital coinciden en que no han sido testigo de que se le niegue la atención a algún paciente.

Lo mismo dicen las personas que se encuentran en la puerta principal del Hospital General de Zona # 57 en la Quebrada, en Cuautitlán Izcalli, Estado de México. Todos los pacientes que llegan con una emergencia son admitidos.

Aquí incluso le dieron acceso a la suegra de Carla, la adulta mayor de 81 años que llegó con una infección grave en las vías urinarias.

“Tiene 13 días hospitalizada y hoy la dan de alta. Como no tiene Covid y no está en área Covid, porque aquí los tienen muy bien separados, nos han dejado entrar a verla. Tres veces hemos entrado. Está bien, pero ya se quiere ir. Le da miedo contagiarse del coronavirus”, dice la nuera de la señora.

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Por qué la Iglesia de Inglaterra es copropietaria de los éxitos musicales de Beyoncé o Rihanna (y otros temas)

La Iglesia de Inglaterra se encuentra entre los inversores de una empresa que ha ido adquiriendo los derechos de míticas canciones. Y no es la única.
Getty Images
19 de octubre, 2020
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¿Sabías que la Iglesia de Inglaterra es copropietaria de la canción Single Ladies de Beyoncé, la famosa Umbrella de Rihanna y el éxito SexyBack de Justin Timberlake?

Suena extraño, pero la institución es uno de los cientos de inversionistas de una compañía llamada Hipgnosis, que durante los últimos tres años ha estado adquiriendo uno a uno los derechos de miles de canciones exitosas.

Hasta ahora, ha gastado más de 1,000 millones de dólares en música de Mark Ronson, Chic, Barry Manilow y Blondie.

Su última adquisición es el catálogo de canciones de LA Reid, lo que significa que tiene participación en temas como End Of The Road de Boyz II Men’s, I’m Your Baby Tonight de Whitney Houston y Don’t Be Cruel de Bobby Brown.

Cuando esas canciones se reproducen en la radio o aparecen en una película o programa de televisión, Hipgnosis gana dinero.

Y también sus inversores como son la Iglesia de Inglaterra y las gestoras de fondos Aviva, Investec y Axa.

‘Más valioso que el oro’

Según el fundador de Hipgnosis, Merck Mercuriadis, la música que ha comprado es “más valiosa que el oro o el petróleo”.

“Estas excelentes y exitosas canciones son muy predecibles y fiables en sus fuentes de ingresos“, explica.

“Si tomas una canción como Sweet Dreams de Eurythmics o Livin ‘On A Prayer de Bon Jovi, estás hablando de tres o cuatro décadas de ingresos seguros”.

Merck Mercuriadis y Nile Rodgers

LAYTON THOMPSON
Hipgnosis fue lanzado en la Bolsa de Valores de Londres en 2018 por Mercuriadis y el asesor de Hipgnosis, Nile Rodgers de Chic.

Dice que las canciones de éxito son una inversión estable porque sus ingresos no se ven afectados por los cambios en la economía.

“Cuando la gente está contenta vive con una banda sonora de canciones”, explica.

“Pero también en momentos menos buenos, como el tipo de desafíos que hemos experimentado durante los últimos seis meses debido a la pandemia, las canciones reconfortan y ayudan a escapar”.

“Así que siempre se consume música y ésta siempre genera ingresos”.

De hecho, con los usuarios de Spotify aumentando en un promedio mensual del 22% entre marzo y julio, las ganancias por derechos de transmisión han aumentado durante la pandemia de COVID-19.

Como resultado, el precio de las acciones de Hipgnosis han aguantado las turbulencias vistas en otro tipo de negocios.

Una larga carrera

Mercuriadis, de Quebec, Canadá, empezó a trabajar en la industria de la música después de llamar a la oficina de Virgin Records en Toronto todos los días durante meses hasta que le dieron un empleo en el departamento de marketing.

Allí trabajó con artistas como UB40, The Human League y XTC.

En 1986, se unió a Sanctuary Group, convirtiéndose finalmente en su CEO, donde dirigió las carreras de Elton John, Iron Maiden, Guns N ‘Roses, Destiny’s Child y Beyoncé, además de trabajar en el relanzamiento de la carrera de Morrissey en 2004.

Kanye West lo llamó recientemente una “de las personas más poderosas y conocedoras de la industria de la música”.

Beyoncé en un concierto.

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Merck Mercuriadis trabajó con estrellas como Beyoncé.

Despedido por decir la verdad

“He tenido la suerte de poder trabajar con todas las personas con las que siempre quise trabajar”, dice Mercuriadis.

Dice que la clave para manejar a cualquier artista de éxito es “luchar duro por ellos” y “decir la verdad”, incluso cuando sea incómodo.

“Lo que la mayoría de la gente no se da cuenta es que, si tienes una carrera tan larga como la de Elton, serás el artista más genial del mundo siete veces. De la misma manera, serás el artista menos genial otras siete veces”.

“La vida real significa decir: ‘Aquí es donde estamos actualmente, aquí es donde queremos estar, y esto es lo que tenemos que hacer para llegar allí. Así que a subámonos las mangas, ensuciemos nuestras manos y no nos quedemos atascados”.

Admite que en el pasado fue “despedido por decir la verdad”, aunque no menciona nombres.

“Pasa todo el tiempo. No todo el mundo quiere decir la verdad y aún hay menos personas dispuestas a escucharla”.

La idea de Hipgnosis surgió en 2009, cuando se lanzó Spotify en Reino Unido.

“Pude ver que el streaming iba a cambiar el panorama y que iba a hacer que la industria de la música volviera a tener mucho éxito”, dice.

The Eurythmics, Blondie y Barry Manilow

Getty Images
Hipgnosis ha adquirido los derechos de los hits de Dave Stewart, Blondie y Barry Manilow, entre otros.

Señala que el punto de referencia tradicional que mide el éxito de la industria es el disco de platino, que en Estados Unidos representa un millón de ventas.

Suena impresionante, dice, hasta que te das cuenta de que una película de éxito como Toy Story 4 vendió 43 millones de entradas.

“Lo que revelan esas cifras es que aunque a la gran mayoría de la población le encanta la música, muy pocos se llevan la mano al bolsillo y sacan un billete de diez y pagan”.

El streaming cambió eso, dice, porque quienes antes consumían música de forma pasiva estaban dispuestos a pagar una suscripción mensual.

Se estima que 88 millones de personas están suscritas a servicios de streaming en Estados Unidos, más de una cuarta parte de la población.

A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de las discográficas, Hipgnosis no se centra en encontrar el “próximo superventas”.

Un tercio de las canciones que posee tienen más de 10 años y el 59% tienen entre 3 y 10 años.

Menos del 10% son versiones recientes.

“Lo único que tienen todas mis canciones en común es que son culturalmente importantes”, dice Mercuriadis.

‘Cada canción es una minimarca’

La idea de invertir en las ganancias futuras de un artista no es nueva.

David Bowie

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David Bowie en 1973 en un concierto en Los Angeles, California.

En 1997, David Bowie se financió con unos activos, denominados “bonos Bowie”, que otorgaban a los inversores una participación en los derechos de canciones como Life On Mars y Heroes.

El lado negativo era que se trataba esencialmente de un préstamo.

Si Bowie no ganaba tanto dinero como se predijo, habría tenido que renunciar a los derechos de sus canciones.

Mercuriadis dice que sus acuerdos son “más sofisticados”.

Paga a los artistas con 15 años de los derechos por adelantado.

Teniendo en cuenta la desgravación fiscal, muchos se van con “unos 25 años de dinero de una sola vez”, dice.

A cambio, Hipgnosis posee las canciones a perpetuidad.

Para los artistas, la atracción no es solo el dinero, sino que Hipgnosis actúa como una “empresa de gestión de canciones” en lugar de simplemente explotar un éxito para respaldar nueva música (que es como funcionan la mayoría de sellos y editores).

“Se trata de ver cada canción como una minimarca en sí misma”, dijo Dave Stewart de Eurythmics después de vender su catálogo a la compañía el año pasado.

“La gente de todo el mundo que canta Sweet dreams are made of this puede que no sepa quién soy yo o quién es Eurythmics, pero se saben la canción. El enfoque es el de comprar estas canciones clásicas y mantenerlas vivas y construir pequeños mundos a su alrededor”.

“Eso está bien para mí porque cuando salgo y toco esas canciones, lo que quiero es que la gente las conozca. Él es muy proactivo”.

Merck Mercuriadis, Nile Rodgers y Dave Stewart

CAITLIN MOGRIDGE
Mercuriadis y Rodgers firmaron su acuerdo con Dave Stewart de The Eurythmics el año pasado.

Para una empresa que ha basado su estrategia en ganancias futuras, Mercuriadis debe ser consciente de las críticas que a las compañías de streaming por lo que pagan a los artistas.

¿Apoya las campañas actuales #BrokenRecord y #FixStreaming, que abogan por un pago más justo?

“Sí, los servicios de streaming deben pagar más dinero a los compositores”, dice.

Mejor pago

“Aunque creo que la campaña #BrokenRecord es imperfecta ya que ha enfocado sus esfuerzos contra estos servicios los verdaderos villanos son las principales compañías discográficas que se están quedando con la mayor parte del dinero”.

“La forma en que funciona el modelo económico es que Apple, Amazon y Spotify se quedan con el 30% del dinero y pagan el 70% a los titulares de los derechos. Tal como está actualmente, de los 70 peniques por dólar que corresponden al autor, 58.5 van a parar a la discográfica. El artista obtiene, en el mejor de los casos, una sexta parte de eso, es decir, 11.5 peniques por la canción”.

“Creemos que es hora de que las compañías discográficas den un paso al frente y reconozcan que existe un desequilibrio real entre lo que se paga por grabar la música y lo que se paga por la canción”.

De hecho, la campaña ha sido igualmente crítica tanto por las compañías de streaming como por los sellos discográficos, pero Mercuriadis dice que la industria debería centrarse primero en aumentar la base global de suscriptores de los servicios de streaming de 450 millones a 2,000 millones de cara a finales de esta década.

“Porque si eso se hace realidad, las ganancias de los compositores serán muy significativas”.

Merck Mercuriadis

Jill Furmanovsky
Merck Mercuriadis dirigió a artistas como Elton John y Iron Maiden antes de lanzar su última compañía.

Para entonces, espera que Hipgnosis tenga un catálogo de alrededor de 60.000 canciones.

En ese momento, la compañía saldrá del negocio de adquisiciones y se centrarán en colocar sus éxitos en videojuegos o programas de televisión, conseguir nuevos artistas y asegurarse de aparecen en listas de reproducción destacadas.

“Estas grandes canciones son la energía que hace girar al mundo”, dice.

¿Hay un catálogo de canciones que le encantaría tener en sus manos?

“Todo el mundo quiere a los Beatles“, sonríe.

“Es el mejor conjunto de canciones jamás escrito”.

“No me gustaría vivir en este mundo si los Beatles no fueran parte de él”.


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