Nueva normalidad inicia con mucha gente en la calle; creen que pandemia ya acabó
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Carlo Echegoyen

Nueva normalidad en CDMX inicia con mucha gente en la calle y tránsito; creen que la pandemia ya acabó

La nueva normalidad en la CDMX, que aún se encuentra en semáforo en rojo, inició con mucha gente caminando, paseando al perro, o incluso corriendo por la banqueta.
Carlo Echegoyen
Por Manu Ureste y Francisco Sandoval
2 de junio, 2020
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“Mucha gente está confundida. Se quedaron con la idea de que el final de la jornada de sana distancia era también el final de quedarse en casa. Y por eso muchos creyeron que este lunes ya se acabó la pandemia. Que ya todo es normal. Y pues ahí tiene el resultado: mucha gente en la calle y mucho tráfico”. 

Ricardo tiene 50 años y es empleado de limpieza pública de la Ciudad de México. Son las tres de la tarde y apenas acaba de comenzar su turno, que termina a las diez de la noche. Pero dice que lleva un año barriendo el Paseo de la Reforma, desde la zona del Ángel, hasta la Estela de Luz. Tiempo suficiente, asegura, para saber de sobra que este lunes “hay mucho más movimiento en la calle que semanas atrás”, a pesar de que las empresas aún mantienen sus puertas cerradas por disposición gubernamental.

“Todavía no está como era antes de la pandemia, claro. Pero ya se ve mucha gente caminando, paseando al perro, o incluso corriendo por la banqueta. Y, sobre todo, se nota que hay mucho más tráfico”, dice Ricardo, que porta un uniforme amarillo y una gorra con una visera alargada de plástico, que al bajarla le protege los ojos y la cara.

Lee: Nueva normalidad en CDMX: rastreo de casos COVID, censo de enfermedades y vigilancia de negocios

A unos pocos metros de distancia, en el cruce de Florencia y la glorieta del Ángel con dirección a Marina Nacional, un reguero de carros, camiones, y motocicletas, que se acumula frente a la luz roja de un semáforo, corrobora las palabras de Ricardo. Como también las corrobora el propio titular de la Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México, Andrés Lajous.

Foto: Carlo Echegoyen

En una entrevista radiofónica este lunes con Denise Maerker, el funcionario señaló que, de acuerdo con el monitoreo que hacen de las principales vialidades, este pasado fin de semana hubo un incremento en el número de vehículos que circulan por la capital, en comparación con lo registrado en semanas previas.

Por lo que, de nuevo, recordó que la ciudad aún se encuentra en ‘semáforo rojo’, y que la consigna sigue siendo la de quedarse en casa. Especialmente, porque este fin de semana también se registró un aumento de pacientes hospitalizados e intubados por COVID.

Pero en Reforma, ya en la zona de la Esquina de la Información, entre Bucareli y la torre de El Caballito, el llamado de Andrés Lajous, así como los carteles pegados en las paredes que dicen: ‘El que no se lo tome en serio, puede llegar al cementerio’ ‘Salir un ratito, alarga otro ratito la cuarentena’, no parecen tener excesivo eco entre la gente.

Como tampoco genera efecto, aparentemente, las mantas amarillas colgadas de semáforos en el inicio de la Alameda Central, que aún continúa vallada y resguardada por policías, en las que se advierte que el viandante está entrando a una zona peligrosa de “alto contagio”.

“Con lo de que ya se acabó la sana distancia, todo se ha relajado bastante”, opina Abril, una joven de 18 años, que dice no inquietarle para nada la manta amarilla que está colgada a unos metros de ella, y de unos skaters que aprovechan que la Avenida Juárez está cortada al tráfico vehicular para patinar a sus anchas entre risas y selfies.

-Pero, si todo está cerrado -se le plantea a Abril-, los restaurantes, las tiendas de ropa y de zapatos, etcétera, ¿por qué estás en la calle?

La joven se retoca el cubrebocas negro, de fabricación casera, e interrumpe una videollamada con una amiga, para encoger los hombros y admitir con una risa nerviosa que está en la calle por simple aburrimiento.

“La verdad, ya estaba chocada de estar tanto tiempo encerrada”, explica.

“Además, al final de cuentas vamos a tener que aprender a vivir con este virus -añade-. Y pues no vamos a estar encerrados de por vida, ¿no? Creo que, tomando las precauciones necesarias, como el cubrebocas y el gel antibacterial, sí podemos ir saliendo poco a poco a la calle”.

Lee más: Uso de cubrebocas será obligatorio en CDMX; recomiendan evitar barba, bigote, corbata y joyería

En el cruce de Eje Central con calle Madero, a la altura de la Torre Latino, donde un grupo de policías bloqueó la avenida en demanda de un incremento salarial que dicen incumplido, se planteó la misma pregunta a los viandantes. ¿Por qué están en la calle?

Foto: Carlo Echegoyen

Javier Vélez, 37 años, desempleado, es precisamente de los que creen que, con el fin de la jornada de sana distancia, también se acabó la pandemia, a pesar de que la ciudad aún se mantiene en semáforo rojo.

“Salí a la calle a dar un paseo porque ya dieron ‘luz verde’ las autoridades, ¿no? -se pregunta Javier, que no está muy convencido de su argumento-.

Mavic, de 42 años, asegura que va a hacerse unos estudios médicos, aunque no precisa a dónde, ni de qué.

Roberto, 58 años, cubrebocas arrugado que le deja a la vista bigote y barbilla, dice que entiende que aún estamos en “semáforo rojo”, pero que ha salido a por unas medicinas.

Luis y Bradly, turistas peruanos que se quedaron varados en México con la pandemia, dicen que están en el zócalo para aprovechar que aún sigue acordonado y vacío para tomarle unas fotos de recuerdo.

Juan y Eva, quiene son pareja, dicen que también están hartos de estar en casa. Así que salieron con desesperación a buscar un helado.

Mientras que la señora María Gómez, de 62 años, dice parada justo encima de una equis de color amarillo, que está pintada en el suelo para mantener el metro y medio de sana distancia, que lleva unos cinco minutos haciendo fila para entrar a una conocida panadería en la calle 16 de septiembre. Quiere comprar pan dulce y unos bolillos para la cena.

Ahí precisamente, a un costado de la panadería donde un empleado pone gel antibacterial a una fila de al menos 10 personas, al mismo tiempo que les advierte con tono solemne que sin cubrebocas no podrán acceder al local, está Pablo, de 50 años, y del barrio de Tepito. Aunque por el ritmo de la música salsa que toca y baila en plena calle, cuenta entre risas que frecuentemente le preguntan de qué parte de Veracruz es.

Foto: Carlo Echegoyen

“Hoy lunes se ve mucha más gente”, coincide con el resto de los entrevistados para esta crónica.

“Pero lo que no ha subido son las ventas, ni las propinas”, dice. “La gente ya está muy gastada, no trae dinero en la bolsa”.

Él mismo, asegura, está en la calle porque ya no aguantaba más. “Le paré durante un tiempo en la pandemia, pero se me acabó lo ahorrado. Me lo gasté todo, vaya. Y ya no me queda de otra más que salir a chambearle”.

En la banca de enfrente, en un parque donde al menos 20 personas aprovechan las generosas sombras que ofrecen unos árboles centenarios para chatear con sus teléfonos, leer alguna novela, o simplemente pasar el rato, está doña Margarita, de 64 años; rostro severo, ojos cansados, y manos todavía firmes. De hecho, es fisioterapeuta.

Pero hoy la cosa va mal, lamenta la mujer que sostiene un cartel amarillo en el que ofrece masajes. No ha habido ningún servicio todavía.

Aún así, dice que se mantiene optimista: ayer, sin ir más lejos, consiguió meterse a la bolsa los primeros 100 pesos desde que estalló la pandemia de COVID. “No es mucho, pero es un primer paso, ¿no cree?, pregunta Margarita, optimista.

Informalidad y fake news en la calle

Aunque el optimismo no abunda precisamente en esta zona, donde los comerciantes ambulantes, a pesar de que hay más gente circulando por las calles, no ven nada claro su panorama laboral.

Por ejemplo, César, de 48 años, cocinero que, como 12 millones de mexicanos, perdió su empleo tras el estallido de la pandemia el pasado mes de marzo. Sentado sobre una caja de plástico de refrescos, explica que con los 1 mil 500 pesos que le acaba de depositar el gobierno de la ciudad como apoyo por el coronavirus, poco o nada puede hacer. “Con eso no te alcanza para pagar luz, gas, agua, predial, nada”. Resultado: ha recurrido a la informalidad. A la calle. Donde vende, o a tratar de hacerlo, facturas falsas en Santo Domingo.

Y muchos están en su misma situación, subraya. Por eso, la gran apuesta de la mayoría en las laberínticas calles del casco histórico de la capital es que, a partir del 15 de junio, vuelvan a abrir las plazas comerciales, como la Friki Plaza, o la plaza de la computación, en Eje Central, para que las avenidas y calles vuelvan a llenarse de clientes, y vuelvan a fluir las ventas.

Foto: Carlo Echegoyen

Por otra parte, lo que sí abunda todavía, a pesar de que van más de dos meses de pandemia, en los que desde ayer lunes se superaron las 10 mil muertes por COVID, son las personas entrevistadas que siguen sin creer en el coronavirus, o que creen y difunden todo tipo de mitos, teorías de la conspiración, o fake news.

Estas son solo algunas de las escuchadas en el recorrido:

“Se soltó un virus en China porque esto es una tercera guerra mundial biológica”.

“Estamos en una guerra de virus”.

“Echaron un veneno en la atmósfera. Y, como el mundo va dando vueltas, lo recogieron todos los países”.

“Con helicópteros están regando el virus”.

“Yo vivo en Ecatepec. Y pasó una aeronave anunciando supuestamente las medidas sanitarias. Pero la gente dice que no, que son ellos mismos los que están aventando veneno. Que por eso hay que tener mucho cuidado con que no te fumiguen la casa, que no lo permitamos, porque lejos de que sea para sanitizar, es para meternos el virus”.

Y, aunque en México la polémica en las últimas semanas ha sido porque varios medios de comunicación extranjeros, como The New York Times, han cuestionado al gobierno capitalino de estar ocultando las cifras reales de defunciones por COVID, en la calle hay quienes piensan que, de hecho, es al contrario: “En los hospitales están repartiendo dinero, 20 mil pesos. Para que la gente, cuando se les muere algún familiar, diga que es por el coronavirus”.

Nueva normalidad… ¿o desafío a la autoridad?

A unos diez kilómetros del centro, en la alcaldía Miguel Hidalgo, la postal no llega a ser totalmente opuesta, pero se aprecia menos afluencia de personas y de tráfico.

Por ejemplo, en la Avenida Lago Alberto de la colonia Anáhuac, el tráfico vehicular del lunes por la tarde se asemeja más bien al de un día sábado antes de la epidemia. Aunque el bajo puente de Lago Alberto, con Avenida Río San Joaquín, el tráfico es más constante, pero sin que se formen filas de autos como las de la calle Florencia, junto al Ángel, o las de la Calle Simón Bolívar, esquina con Tacuba, en el casco histórico.

En los diferentes centros comerciales de la colonia Polanco sólo los establecimientos de los llamados esenciales están abiertos, y a sus alrededores es muy poca la gente que entra o sale de ellos.

En la avenida Presidente Masaryk sólo los restaurantes, la gasolinera y una tienda de computadoras se encuentran abiertas, y durante el día es común observar a peatones caminando con sus mascotas, ejercitándose, pero también a otros con ropa formal.

En la avenida Mariano Escobedo, una zona de mucha afluencia, son pocos los vehículos que por allí circulan, pues la mayoría de sus comercios continúan cerrados.

En otras zonas de la ciudad, como las colonias Narvarte, Roma y Doctores se observa -aun con la mayoría de los comercios y negocios cerrados- movimiento vehicular fluido en sus principales avenidas, el cual inició este viernes y que no ha parado todo este fin de semana, según reconocieron las propias autoridades de la CDMX.

Pero, pequeño o no, el incremento de movilidad en la Ciudad de México es real, ya sea porque la gente comienza a salir a sus trabajos, o porque, simplemente, salen a realizar sus compras, o están cansados del encierro y poco a poco buscan adaptarse a la nueva normalidad, desafiando el semáforo rojo impuesto en la capital.

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'Fuimos héroes pero ya nos olvidaron': Los médicos italianos que enfrentaron la pandemia

Ahora que Italia ha superado el auge de la pandemia, el personal médico de ese país dice que está sintiendo el trauma tras haber encarado la emergencia.
27 de mayo, 2020
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Los doctores y enfermeras en Italia han sido elogiados como héroes por haber atendido y tratado a pacientes extremadamente enfermos con coronavirus.

Pero ahora ellos están sufriendo.

Lombardía fue la región del mundo más afectada y el personal médico está teniendo dificultades tratando de mantener la cordura.

Paolo Miranda es un enfermero de cuidados intensivos en Cremona. “Estoy más irritable”, confiesa. “Me enojo fácilmente y busco pleitos”.

Hace unas semanas, Paolo decidió documentar la desoladora situación dentro de una unidad de cuidados intensivos tomando fotografías. “Nunca quisiera olvidar lo que nos ocurrió. Pronto estará consignado a la historia”, me cuenta.

Una enfermera con la cara cubierta con una máscara en un entorno oscuro

Paolo Miranda
“Teníamos que combatir un enemigo. Ahora que tengo tiempo para reflexionar, me siento tan perdida, sin dirección”.

En sus fotografías, quiere mostrar cómo sus colegas están lidiando con la “Fase 2”, a medida que la vida regresa a la normalidad en Italia.

“Aunque la emergencia se está calmando, nos sentimos rodeados de oscuridad“, señala. “Es como si estuviéramos llenos de heridas. Cargamos internamente todo lo que hemos visto”.

Pesadillas y sudores nocturnos

Es un sentimiento compartido por Monica Mariotti, también una enfermera de la unidad de cuidados intensivos. “Las cosas son mucho más difíciles ahora que durante la crisis”, afirma.

“Teníamos que combatir un enemigo. Ahora que tengo tiempo para reflexionar, me siento tan perdida, sin dirección”.

Durante la crisis, el personal estaba abrumado y no tenía tiempo para pensar. Pero, a medida que la presión de la pandemia se desvanece, igualmente lo hace la adrenalina.

Todo el estrés acumulado durante las últimas semanas empieza a subir a la superficie.

Un enfermero con la cara cubierta con una máscara en un entorno oscuro

Paolo Miranda
“Es como si estuviéramos llenos de heridas. Cargamos internamente todo lo que hemos visto”.

“Tengo insomnio y pesadillas”, dice Monica. “Me despierto 10 veces todas las noches con el corazón acelerado y sin aliento”.

Su colega Elisa Pizzera recalca que se sintió fuerte durante la emergencia pero que ahora está exhausta.

No tiene energía para cocinar ni encargarse de los quehaceres en la casa y, cuando tiene un día libre, se pasa la mayor parte del tiempo sentada en el sofá.

No es el “nuevo normal”

Martina Benedetti, una enfermera de cuidados intensivos en Toscana, todavía rehúsa ver a la familia y amigos por temor de infectarlos.

“Inclusive mantengo la distancia social con mi esposo”, confiesa. “Dormimos en cuartos separados”.

Una joven enfermera con la cara irritada por el uso de una máscara

BBC
“No estoy segura de que quiera seguir siendo una enfermera”.

Hasta las cosas más sencillas se han vuelto demasiado. “Cada vez que salgo a caminar, me siento ansiosa y tengo que regresar a casa inmediatamente”, reconoce Martina.

Ahora que finalmente tiene tiempo para reflexionar, está llena de inseguridades.

“No estoy segura de que quiera seguir siendo una enfermera”, me cuenta. “He visto más gente morir en los últimos dos meses que durante seis años”.

Alrededor de 70% de trabajadores de la salud que se ocupaban de covid-19 en las regiones peor afectadas de Italia están sufriendo de agotamiento, según un estudio reciente.

“En realidad, este es el momento más difícil para médicos y enfermeras”, explica Serena Barello, autora del estudio.

Cuando enfrentamos una crisis, nuestro cuerpo produce hormonas que nos ayudan a manejar el estrés.

“Pero, cuando finalmente tienes tiempo de reflexionar sobre lo sucedido, y la sociedad sigue hacia adelante, todo se te puede derrumbar y te sientes más cansancio y angustia emocional”, dice la doctora Barello.

Un enfermero con lesiones en su nariz y pómulos causadas por equipo de protección

Paolo Miranda
“De repente nos convertimos en héroes, pero ya nos han olvidado”

Se preocupa que muchos médicos y enfermeras sufrirán síntomas de trastorno por estrés postraumático (TEPT) mucho después de la pandemia.

Esto es cuando el impacto de una experiencia traumática afecta la vida de una persona, meses y hasta años después.

Para los trabajadores de la salud, esto podría dificultar sus habilidades de continuar trabajando con la intensidad y concentración que sus trabajos requieren.

Héroes olvidados

Alrededor del mundo, los médicos y enfermeras en las primeras líneas están siendo elogiados como héroes por arriesgar sus vidas para tratar a los pacientes. Pero en Italia, ese aprecio se está desvaneciendo.

“Cuando estaban temiendo la muerte, de repente todos nos volvimos héroes, pero ya nos han olvidado”, dice Monica.

“Volveremos a ser vistas como personas que limpian culos, perezosas e inútiles”.

Una enfermera con la cara cubierta con una máscara en un entorno oscuro

Paolo Miranda

En Turín, unas enfermeras recientemente se encadenaron y se pusieron bolsas plásticas, en referencia a cómo tuvieron que improvisar en los hospitales por escasez de equipos de protección personal.

Realizaron la manifestación para exigir reconocimiento por su labor.

“En marzo fuimos héroes, ahora ya nos han olvidado“, gritó una enfermera a través de un megáfono.

Les habían prometido un bono por su trabajo pero todavía no se ha materializado.

Sin escape

Por lo menos 163 médicos y 40 enfermeras han muerto de covid-19 en Italia. Cuatro de estas muertes fueron suicidios.

No obstante, muchos trabajadores de la salud ahora sienten como si la pandemia nunca hubiera sucedido. “Me siento abrumada por la ira“, indica Elisa Nanino, una médico que atendió casos de covid-19 en hogares de cuidado

Desde que se levantó el confinamiento, constantemente ve a personas bebiendo y comiendo juntas sin máscaras protectoras y sin mantener el distanciamiento social.

Me gustaría acercarme a ellos y gritarles en la cara, decirles que están poniendo a todos en peligro”, dice. “Es una gran falta de respeto hacia mí y todos mis colegas”.

Pero una cosa en la que todos los trabajadores de la salud coinciden es el apoyo del público les ayudó a sobrellevar la crisis.

Una enfermera con equipo de protección personal

Paolo Miranda

“No soy ningún héroe, pero me hizo sentir importante”, señala Paolo.

El reconocimiento público es la manera más poderosa que tenemos para ayudar a los trabajadores de la salud que enfrentan TEPT, según el estudio de la doctora Barello.

“Todos nosotros tenemos un papel crucial que jugar en este momento”, señala. “Debemos asegurarnos de no olvidar lo que médicos y enfermeras hicieron por nosotros”.

Los soldados pueden abandonar el campo de batalla y lidiar con su trauma en casa. Pero para estos médicos y enfermeras, el próximo turno de 12 horas siempre está a la vuelta de la esquina.

Tienen que lidiar con todo esto en el mismo lugar donde han sufrido tanto.

“Me siento como un soldado que acaba de regresar de la guerra”, explica Paolo. “Obviamente no vi armas ni cadáveres en la calle, pero de muchas maneras, siento como si hubiera estado en las trincheras”.

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