ONG que reparten comida aumentan sus ayudas ante crisis por COVID-19
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Carlo Echegoyen

ONG que reparten comida aumentan sus ayudas ante crisis por COVID-19

De 250 personas que iban por comida una vez a la semana antes del coronavirus, ahora son 1000 repartidos en dos días de la semana.
Carlo Echegoyen
28 de junio, 2020
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Rodolfo Martínez tiene 63 años, así que a finales de marzo, cuando ya había estallado en México la pandemia de COVID-19 y se ordenó por decreto oficial no exponer a empleados vulnerables, como los mayores de 60, en su trabajo en una bodega de la Central de Abasto lo mandaron a su casa, con la promesa de pagarle la mitad de su sueldo mientras pasaba la emergencia.

Así fue solo durante un mes y, como todavía no tiene edad para acceder a la pensión para adultos mayores, a partir de mayo se quedó sin ningún ingreso. Por eso, ahora hace fila para recibir una torta y fruta gratis de una asociación civil.

Espera su turno en la esquina de Reforma y Génova, junto a la parroquia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, que se ha quedado pequeña entre las modernas torres de esta avenida principal.

Sobre la calle peatonal que lleva hasta la Glorieta de Insurgentes, llena de bares que permanecen cerrados, ha empezado a llamar la atención de quienes pasan por ahí las tres filas que ahora se forman lunes y miércoles: una de mujeres, una mixta encabezada por personas con discapacidad y una de hombres, la más larga, que guardando sana distancia sobre Reforma le dan la vuelta a la cuadra.

Van llegando desde antes de las 6 de la tarde, aunque el reparto de comida empiece alrededor de las 8. Hasta adelante hay sobre todo personas en situación de calle que ya eran recurrentes para recibir esta ayuda, pero con la crisis económica que está provocando el cierre de actividades por la pandemia, hay muchas nuevas que, como Rodolfo, han encontrado aquí su única opción para llevarse algo al estómago.

De 250 personas que iban por comida una vez a la semana antes del coronavirus, ahora son 500 los lunes y 500 los miércoles. Es decir, cuatro veces más. Los voluntarios que la reparten son de la asociación de laicos Sant’Egidio, que llevan cinco años con esta labor social, pero al ver más gente con necesidad, decidieron ampliar sus esfuerzos.

“Decimos que estos que llegan son nuevos pobres. Porque si alguien está ahí esperando una hora y media por alimento —que lo que entregamos es muy básico, es nutritivo, está cuidado, está hecho con la mejor intención, pero es la cena de un día—, gente que no tiene trabajo que ahora esté pidiendo esa comida, quiere decir que realmente hay una necesidad. Nadie se para ahí dos horas con el frío, con la lluvia a esperar a que le den un poco de comida, realmente es porque hay un hambre terrible. Eso nos hace escuchar a la gente, hay una realidad que está pasando, que se está viviendo, hay gente que se quedó sin trabajo, que no está completando ni siquiera para comer, y que encuentra en estos días una liberación a las preocupaciones de qué voy a comer ese día”, señala César Cárdenas, secretario de esta comunidad en México.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), durante abril  12 millones de personas salieron del mercado laboral porque se suspendió su trabajo, sin que estén seguras de si al pasar la emergencia sanitaria podrán volver o no, y sin ingresos. Muchas de estas, trabajaban en condiciones de informalidad, por lo que no tuvieron una liquidación por despido ni pueden acceder al seguro de desempleo en la Ciudad de México.

Es el caso de las gemelas Rubí y Esmeralda Medellín, que también hacen fila en la calle Génova junto a su mamá, Ivonne Cano. Tienen 47 años y llevaban ocho trabajando con una señora como distribuidoras de productos, que en marzo les dijo que ya no habría trabajo y ni siquiera les pagó ese mes. Trataron de asesorarse para demandarla, pero no hay contrato que las respalde y los juzgados también cerraron.

Llegaron al límite cuando su madre tuvo un problema de salud y hubo que pagarle un doctor y medicina, ya que no tienen seguridad social. A sus 62 años, ella hacía cortes de pelo, ponía inyecciones o lo que le saliera, pero ahora ninguna de las tres tiene en qué trabajar. Junto a los gastos que tienen con los más de 10 perros y gatos de la calle que cuidan, el dinero se les acabó.

Es la tercera vez que cruzan la ciudad, desde Iztapalapa hasta esta calle de la Zona Rosa, para recibir un paquete de torta, fruta, agua, galletas saladas y otras dulces. Y por ahora planean seguir viniendo hasta que encuentren algún otro empleo, que no saben si será pronto, como se ven las cosas.

Se disparan solicitudes de ayuda

Entre los que hacen fila sobre la calle Génova se van contando de otros lugares donde conseguir comida el resto de los días de la semana. María Elena, a la que pidieron dejar de ir a trabajar porque sigue en un proceso de recuperación de cáncer de mama, cuenta que encontró otro punto por Chapultepec donde también le regalan alimentos. Canek Ávila, artesano de Coyoacán que se quedó casi sin ventas, dice que los miércoles varios se van de ahí a atrás del metro Cuauhtémoc porque otra organización reparte tamales y atole.

No solo en esta esquina de la Ciudad de México se ha multiplicado la cantidad de gente que va a pedir ayuda. Otras organizaciones filantrópicas, religiosas o de la sociedad civil, están notando el aumento de personas que necesitadas de lo más básico ante la falta de trabajo y, por lo tanto, de ingresos: apoyo para poder comer.

Uno de los esfuerzos más organizados y a nivel nacional es el que hace la Asociación de Bancos de Alimentos de México (BAMX), con 55 bancos agrupados que reparten despensas en 29 estados. La directora de alianzas estratégicas, Almendra Ortiz, detalla que el 90% de ellos han reportado que a partir de la contingencia por COVID-19 se ha acercado más gente, que esperan sea de modo temporal.

El año pasado atendieron a un total de 1.9 millones de personas; este 2020, a medio año ya llegaron casi a la misma cantidad: 1.8 millones, de los que alrededor de 25% son nuevos beneficiarios.

Los Bancos funcionan sobre todo gracias a donaciones de productos que recuperan porque todavía están en buen estado pero ya no llegan a comercializarse. Y dentro de su estructura para empaquetar, por ejemplo, reciben el trabajo voluntario de muchos de los mismos beneficiarios. Pero la pandemia ha traído retos extras, ya que muchas de esas personas están confinadas para cuidar su salud, así que han buscado nuevo personal y echado mano de un fondo de emergencias para comprar más grano, que es lo que menos reciben en donación porque no es perecedero.

Aun así, no se dan abasto con la ayuda y tienen listas de espera, en las que a través de un estudio socioeconómico breve deciden quiénes tienen la necesidad más apremiante. En su página de internet bamx.org.mx se puede buscar el Banco más cercano para solicitar ayuda o para donar.

Otra organización religiosa de ayuda social que ha reaccionado ante la emergencia es Cáritas. A partir del 12 de abril echaron a andar un call-center en el número 800-CARITAS (2274827) para que la gente directamente se comunique y solicite apoyos. En estos dos meses y medio han repartido 103 mil 586 despensas. 

El director de Cáritas, el Padre Rogelio Narváez, explica que esta ayuda emergente se suma a comedores comunitarios y reparto de alimentos que ya tenían de manera cotidiana cada una de las mil 200 oficinas repartidas en 74 diócesis alrededor del país, y que también han tenido un aumento de demanda, e incluso llevan la comida hasta las casas de personas mayores que ahora por la cuarentena es preferible que no se expongan saliendo a buscar comida.

Subraya que también han sido muchos los jóvenes que se han acercado a aportar su trabajo voluntario y que en ese mismo 01-800 cualquiera puede llamar para hacer aportaciones.

“La sociedad civil, como ha sido siempre, responde a México. Hay muchas asociaciones de todos los orígenes, de todos los credos, de gente de buena voluntad. Inclusive, lo digo, hacemos un trabajo que le tocaría al gobierno”, afirma.

Crisis despierta la solidaridad

La necesidad de quienes se han quedado sin ingresos también ha despertado la solidaridad de los que tienen algo que dar. Muchas caras nuevas han desfilado en las últimas semanas por la sede de Sant’Egidio, que se organiza en un terreno ubicado en Jalapa 18, en la Colonia Roma, antes de salir a repartir las cenas.

Un miércoles llega por segunda vez como voluntaria Lorena. Cuenta que en los meses de confinamiento, hubo una semana que sintió que fue pésima; pero en lugar de deprimirse con el malestar que tenía, se acordó que un amigo le había contado de esta labor social y le llamó para acompañarlo.

“A veces necesitas enfrentar la realidad y darte cuenta de que lo que te pasa no es tan grave”, comenta.

El coordinador, César Cárdenas, calcula que la mitad de voluntarios que están ayudando a repartir comida son nuevos, además de quienes se han sumado en llevarles tortas, fruta o aguas para los paquetes que distribuyen. No hace falta ser religioso para dar o recibir apoyo en Sant’Egidio, aunque sea un movimiento de laicos católicos que lleva 25 años en México. Una de sus bases como organización es la oración, pero tienen otros dos: la búsqueda de la paz y el servicio a los pobres, entendidos como todo aquel que ha quedado excluido de algún modo de la sociedad, que parece tener negado el derecho a tener derechos, explica Cárdenas.

Desde las 6 de la tarde, jóvenes y adultos bien preparados con cubrebocas, careta y guantes acomodan los alimentos en bolsas de papel de estraza. Antes de salir, hacen una pequeña capacitación y reparto de tareas: entre ellas, dar cubrebocas lavables, poner gel antibacterial en las manos de todos los que accederán a la comida y tomarles la temperatura con un termómetro a distancia para asegurarse de que nadie tenga síntomas de coronavirus.

Rosa es una de las más jóvenes. Mientras su propio trabajo como encargada de sistemas en una empresa se tambalea, decidió que quería hacer algo por los demás y empezó a venir a apoyar. En las filas ya la conocen: una mujer con cáncer de mama se acerca a preguntarle si ya la tienen registrada para venir regularmente, porque antes solo pasaba por unas galletas o lo que hubiera sobrado, pero al quedarse sin trabajo, va a venir mientras no tenga otra opción. Otro hombre que vive en la calle le pregunta si le pudo traer unos tenis que le pidió la semana pasada, porque ella trata de conseguirles ropa, productos de limpieza o lo que le digan que les hace más falta.

Otra de las consignas en Sant’Egidio es darle a los pobres el derecho a la identidad, a ser reconocidos, así que a cada uno que pasa le preguntan su nombre, cómo está; no son un número o una torta más.

Gaby es otra de las nuevas voluntarias, que siempre tiene una sonrisa para todos: aunque el cubrebocas no deje que se le vea, se le nota en los ojos. Dan las 9 de la noche y no parece cansada. Ha habido días que terminan casi a las 11, dice. Cuando se acaban las cenas, reparten latas de atún, frutas o galletas que les hayan quedado, para que nadie se vaya con las manos vacías. Toda la gente agradece su labor, pero ella dice que no sabe si hace más por los demás de lo que los demás hacen por ella con esa gratitud.

Puedes contactar y apoyar a la organización en esta liga.

 

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Vanessa Guillén: el misterio que rodea la desaparición de la soldado de origen mexicano

La soldado de origen mexicano fue vista con vida por última vez el 22 de abril en una base militar. Su familia asegura que la joven sufría acoso sexual por parte de un superior, lo que ha generado protestas y motivado a otras mujeres a compartir sus historias.
2 de julio, 2020
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Vanessa Guillen

Ejército de EE.UU.
Vanessa Guillen tiene el rango de soldado de primera clase de las fuerzas armadas de EE.UU. en Texas.

“Por favor, no se olviden de mí”, dice la última línea que describe lo que vivía Vanessa Guillén antes de desaparecer, según su familia.

La soldado estadounidense de 20 años y origen mexicano no ha sido vista desde el pasado 22 de abril, cuando estaba en la base militar de Fort Hood, Texas, a la que estaba adscrita.

Más de dos meses después, las autoridades informaron el miércoles del hallazgo de restos humanos que podrían corresponder con la soldado, a falta de un examen forense que lo confirme.

Sin embargo, detrás de su desaparición han surgido señalamientos de acoso sexual por parte de un sargento en la base militar donde servía en el Escuadrón de Ingenieros Regionales.

“Le dije a mi madre que uno de mis sargentos me estaba acosando sexualmente en Fort Hood. Mi madre intentó convencerme de que le diera el nombre de la persona que me estaba acosando, pero no quería meterme en problemas”, dice la página que creó la familia para buscarla (Find Vanessa Guillén) con base en la información que tenían.

Vanessa Guillen

Ejército de EE.UU.
Guillén había contado a su familia que estaba sufriendo acoso en la base militar donde servía.

“Mi madre me dijo que lo denunciaría por mi seguridad, pero le dije que conocía a otras mujeres soldados que habían denunciado acoso sexual y que el ejército de los Estados Unidos no les creía”, añade.

Un sospechoso, también miembro de las fuerzas armadas, se suicidó justo antes de que autoridades lo detuvieran el miércoles, pero los investigadores dicen que “no está involucrado con las acusaciones de acoso sexual”.

Otra persona fue arrestada en relación con este caso. Sin embargo, las autoridades dicen que están reservándose la información que tienen porque la investigación está en curso.

“Seguimos tomando muy en serio las acusaciones de que Vanessa Guillén fue agredida sexualmente. Cuando escuchamos esto fue por parte de la familia”, dijo este jueves el agente Damon Phelps, del equipo de investigación.

Un mural para Vanessa Guillen

FindVanessaGuillen
Varios murales en honor a Vanessa Guillén han sido pintados en Texas.

Su desaparición y la infructuosa búsqueda durante 70 días ha llevado a muchos en la comunidad latina de Texas a exigir su localización y atención a las denuncias de la soldado.

También otras mujeres han dado testimonios de acoso en las fuerzas armadas a través de la etiqueta en redes sociales #IAMVanessaGuillen (Yo Soy Vanessa Guillen).

¿Qué se sabe de su desaparición?

Guillen pertenecía a una unidad militar que reparaba armas en el Tercer Regimiento de Caballería en Fort Hood, en el centro del estado de Texas (suroeste de EE.UU.).

Desapareció al mediodía del 22 de abril pasado. Había visto por última vez en el estacionamiento de esa base militar, según la investigación de las autoridades.

Su auto y sus llaves, su tarjeta de identificación y su cartera fueron encontrados en la sala de armas donde había estado ese día.

Map

La madre y las hermanas de la soldado señalan negligencias de las autoridades militares, pues aseguran que no les reportaron la desaparición de Guillén de inmediato y solo ofrecieron información hasta que se conoció el caso en los medios.

“En dos meses no nos dieron respuestas. Tomaron a mi hermana como si fuera un chiste. Mi hermana era un ser humano. Puso su vida por el país, por nosotros, y miren cómo la trataron”, dijo Guadalupe Guillén, una hermana, este miércoles.

Sin embargo, el agente Damon aseguró este jueves que su búsqueda se inició al día siguiente de la desaparición.

La búsqueda

El Comando de Investigación Criminal del Ejército inició la búsqueda en mayo, a la que luego se sumaron los Rangers de Texas (policía estatal), el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) y la policía local.

Ofrecían una recompensa de US$25.000 por información de su paradero desde principios de junio.

Cártel de búsqueda

Ejército de EE.UU.

Luego de semanas sin indicios de su paradero, un portavoz militar, Chris Grey, informó el miércoles que recibieron un aviso de la posible ubicación, cerca del río León, a unos 48 km de Fort Hood.

“Después de recibir información adicional, los agentes descubrieron lo que se ha descrito como restos humanos parciales después del análisis de un antropólogo forense”, explicó.

Los restos fueron encontrados en una fosa poco profunda. Un análisis forense determinará si se trata de la soldado.

Una vista de Fort Hood

Getty Images
Fort Hood es una importante base militar de Estados Unidos.

Por su parte, el Departamento de Policía de Killeen informó que un sospechoso se suicidó cuando las autoridades se le acercaban.

Fue identificado por el agente Damon como Aaron David Robinson, pero indicó que no hay información que lo relacione con las acusaciones de acoso.

Al ser cuestionado insistentemente por reporteros sobre las líneas de investigación o los sospechosos, Damon dijo insistentemente que no podía compartir más detalles por estar en marcha la pesquisa.

Una mujer detenida es “la esposa separada de un exsoldado de Fort Hood y actualmente está bajo custodia en la cárcel del condado de Bell a la espera de cargos por parte de las autoridades civiles”, dijo Grey el miércoles sin detallar cuál es su vínculo con el caso.

Acusaciones

La abogada Khawam dijo que Guillén le había dicho a su familia y a otros compañeros en la base que estaba siendo acosada, pero no llegó a presentar una denuncia formal.

“Ella temía hacerlo, porque el acoso sexual venía de sus superiores”, dijo Khawam.

La madre de Vanessa Guillén

FindVanessaGuillen
Gloria Guillén asegura que su hija le contó sobre el acoso del que era víctima en Fort Hood.

“Le dije a mi madre que el mismo sargento que me acosaba sexualmente me seguía cada vez que corría y hacía ejercicio, y lo incómodo que me hacía sentir. Mi mamá me dijo que lo detendría, pero yo le dije que yo me ocuparía de eso, sentí que podía detenerlo yo misma”, relató la familia a nombre de la soldado.

Nunca llegó a darle el nombre del presunto responsable, solo que era un “sargento”.

El agente Damon dijo que no tenían información sobre el acoso que denuncia la familia y la abogada: “Queremos información acerca de eso, queremos investigarlo”.

El portavoz Grey dijo el día previo que recibieron las denuncias de parte de la familia sobre “agresión sexual”, pero dijo que la investigación habrá de emitir sus conclusiones a su debido tiempo.

“Una vez que se complete la investigación, el IO (autoridad investigadora) presentará los hallazgos y las recomendaciones al comando de la unidad para su revisión”, señaló.

Demanda de justicia

La desaparición ha llevado a la familia Guillén a exigir justicia y una investigación independiente del Congreso de EE.UU.

“Mi hermana fue víctima de acoso sexual, pero no se hizo nada al respecto. Fort Hood no ofreció seguridad ni respeto. No garantizaron la seguridad de mi hermana”, dijo el miércoles entre lágrimas Guadalupe Guillen.

Una ilustración de Vanessa Guillén de shopcherine

BBC
El caso de Guillén ha llevado a muchos en la comunidad latina a demandar justicia. (Ilustración cortesía de shopcherine.com)

“No entiendo cómo fueron capaces de mentir desde el primer día. Por qué, no lo sé. No sé quién está encubriendo a quién. Por eso necesitamos una investigación del Congreso”, expresó Mayra Guillen, otra de las hermanas.

La familia y activistas han encabezado vigilias y manifestaciones que han congregado a decenas de personas en Houston, la ciudad natal de la soldado.

También han denunciado casos de otras presuntas víctimas de agresiones o desaparecieron en Fort Hood.

Dos mujeres con un cartel

FindVanessaGuillen
En las protestas se han denunciado las desapariciones de otros soldados de Fort Hood.

La abogada Natalie Khawam, acompañada por la congresista Tulsi Gabbard, dijo que están promoviendo que haya una ley que se llame “Vanessa Guillén” para investigar el acoso sexual en las fuerzas armadas de manera independiente.

“Las mujeres no deben tener miedo de denunciar el acoso sexual. Estamos en 2020. Esto es inaceptable”, añadió.

Y a través de la etiqueta #IAMVanessaGuillen, mujeres han compartido testimonios en redes sociales sobre lo frustrante que es exigir justicia en casos de agresión sexual en el ejército.

“Acabo de cumplir 20 años. Ni siquiera había terminado el entrenamiento cuando fui agredida sexualmente. Lo reporté. Él confesó y otras cuatro mujeres se presentaron. Fue absuelto. Dos miembros del jurado del E8 se rieron en mi cara después de dar el veredicto de ‘no culpable’. Él obtuvo un ascenso. Tengo trastorno por estrés postraumático”, decía un testimonio en Twitter.


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