50 días de encierro y luego 30 de 'relajación' , proponen científicos ante COVID
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50 días de confinamiento y 30 de 'relajación', proponen investigadores internacionales ante COVID

La propuesta de investigadores de instituciones internacionales busca la mejor mejor manera de convivir con el virus en un periodo de 18 meses antes de que haya una vacuna. 
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26 de junio, 2020
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La decisión de cuidar la salud de la población y evitar que las economías colapsen es un tema complicado y permanente en los países ante la pandemia del coronavirus. Hasta el momento nadie ha encontrado la fórmula infalible, pero investigadores de instituciones internacionales hicieron un estudio que propone una medida “pragmática” para el control del COVID-19: una combinación de 50 días de estricto distanciamiento social y 30 días de “relajación”.

Esto como medida para convivir con el virus al menos 18 meses en el escenario optimista de encontrar una vacuna después de ese periodo, lo que permitiría a países con problemas económicos como México reactivar su economía y, al mismo tiempo, evitar el colapso de los servicios médicos.

La investigación “Intervenciones dinámicas para controlar la pandemia de COVID-19: un estudio de predicción multivariante que compara 16 países de todo el mundo”, en los que se encuentra México, fue elaborada por investigadores del Instituto de Medicina Social y Preventiva (ISPM) de la Universidad de Berna y la Universidad de Cambridge, y publicado en la European Journal of Epidemiology. 

En él, los investigadores utilizaron un modelo matemático para analizar posibles escenarios por periodos distintos de confinamiento. Incluyeron el análisis de estimaciones estandarizadas por edad de la gravedad de los casos y la mortalidad en los países incluidos, el impacto de un escenario no controlado de la pandemia en cada país, dados los recursos actuales de sus sistemas de salud, y la comparación de combinaciones continuas contra intermitentes de estrategias de confinamiento.

Derivado de los cálculos, los investigadores concluyeron que resultaron más convenientes “los ciclos dinámicos de supresión de 50 días, seguido de una relajación de 30 días para todos los países, para mantener las demandas de camas de terapia intensiva por debajo de las capacidades nacionales”.

Además, un número significativo de nuevas infecciones y muertes “podrían prevenirse” si estas medidas de supresión ‘continuas’ pueden mantenerse durante un período de 18 meses, o hasta que esté disponible un tratamiento o vacunación adecuados.

Sin embargo, “la implementación (y el sustento socioeconómico) de una medida tan estricta podría verse desafiada por sus efectos perjudiciales en el bienestar y los medios de vida de la población”.

La países analizados fueron seleccionados por regiones geográficas. En Europa occidental (Países Bajos, Bélgica), América del Sur (Chile, Colombia), América del Norte (México), África (Sudáfrica, Nigeria, Etiopía, Tanzania, Uganda), Asia meridional (India, Bangladesh, Pakistán Sri Lanka), Asia occidental (Yemen) y el Pacífico (Australia). Naciones que también representan todas las categorías de ingresos definidas por el Banco Mundial: grupo alto, medio-alto, medio-bajo y de bajos ingresos.

Para todos los países, la combinación intermitente de distanciamiento social estricto por 50 días y un periodo relativamente relajado de 30 días “puede permitir que las poblaciones y las economías nacionales ‘respiren’ a intervalos, un potencial que podría hacer que esta solución sea más sostenible, especialmente en las regiones pobres en recursos”.

Sin embargo, las medidas de relajación no significan una apertura total, sino un periodo con “pruebas eficientes, aislamiento de casos, localización de contactos y protección de los vulnerables” en los países.

Esta propuesta daría lugar a una pandemia más larga, más allá de 18 meses en todos los países; pero, la mortalidad global se reduciría a 131,643 durante ese periodo, según los cálculos de los investigadores.

La implementación eficiente de intervenciones de supresión dinámica en todo el mundo significaría una “opción política”, que ayudaría a prevenir la sobrecarga de cuidados críticos y las muertes, ganar tiempo para desarrollar medidas preventivas y clínicas, y reducir las dificultades económicas a nivel mundial, sostiene el estudio.

La apertura

Después de cuatro meses de contagios y con estadísticas que rebasan máximos conforme avanzan los días, México ha iniciado la reapertura de actividades económicas porque su economía ha resentido los estragos del confinamiento.

Mientras este martes 23 de junio se agregaron al registro 6 mil 288 contagios en el país, el mayor alza hasta el momento en un día, y suman más de 25 mil muertes hasta el 25 de junio, 16 entidades en el país reiniciaron actividades como ocupación hotelera, negocios y servicios que deben cumplir con medidas de higiene y distanciamiento.

Se trata de la segunda semana en que gracias a la implementación de un semáforo epidemiológico, 16 estados pasaron de rojo a naranja y pudieron reabrir actividades, aunque 11 de ellos mantienen tendencias de contagio a la alza. Sin embargo, lograron pasar al semáforo naranja gracias al cambio de metodología que priorizó la disponibilidad de camas de hospital por encima del número de casos, como publicó Animal Político este jueves.

Estados Unidos, donde algunos estados ya abrieron actividades, registró ayer un total de 34 mil 700 nuevos casos de COVID-19, la cifra más alta en dos meses, desde el pico de 36 mil 400 registrados a mediados de abril, de acuerdo con datos de la Universidad Johns Hopkins. Además, 762 muertes en las últimas 24 horas, con un total de 121 mil 870.

En Texas comenzaron a levantar las restricciones de confinamiento el 1 de mayo, pero las hospitalizaciones han aumentado al doble y los nuevos casos al triple en dos semanas. El gobernador Greg Abbott dijo al canal KFDA-TV que el estado atraviesa un “brote masivo” y podría requerir nuevas restricciones locales para preservar espacio para hospitalizaciones en algunos lugares.

En tanto, en Corea del Sur, que había logrado contener la pandemia, nuevamente se impusieron medidas de distanciamiento social en su capital, Seúl, ante la detección de un brote con 79 nuevas confirmaciones, la cifra más alta desde abril, lo que aviva el temor de una segunda ola de contagios.

Mientras que en España se registran 18 brotes que suman 330 casos positivos tras el desconfinamiento, según un reporte del diario El País. 

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Hasta 1982, las lejanas y paradisíacas islas de Palaos no contaban con ningún hotel.

Ese año se inauguró el primer alojamiento turístico y desde entonces, este país, rodeada por las aguas celestes del océano Pacífico, ha disfrutado del auge del turismo.

En 2019 llegaron a Palaos 90.000 turistas, cinco veces la población total.

Según los datos recogidos por el FMI (Fondo Monetario Internacional), en 2017 el turismo representó el 40% del PIB del país.

Pero eso fue antes de la pandemia de covid-19.

Vista aérea de unos islotes de Palaos.

Getty Images
La República de Palaos se halla en un privilegiado enclave de Oceanía.

Las fronteras de Palaos han permanecido cerradas desde finales de marzo y es uno de los diez países del mundo sin casos confirmados (contando sólo los países miembros plenos de Naciones Unidas y excluyendo a Corea del Norte y Turkmenistán).

Sin embargo, aunque no se ha registrado ni un solo caso, el virus de alguna manera sí ha devastado el país.

Los hoteles están cerrados, los restaurantes vacíos y las tiendas de souvenirs no venden nada.

Los únicos huéspedes que tienen ahora los hoteles son los residentes que regresan a la isla y están obligados a guardar cuarentena.


Países sin casos registrados de covid-19

  • Palaos
  • Micronesia
  • Islas Marshall
  • Nauru
  • Kiribati
  • Islas Salomón
  • Tuvalu
  • Samoa
  • Tonga
  • Vanuatu

“El océano aquí es mucho más bonito que en cualquier otro lugar del mundo”, dice Brian Lee, gerente y copropietario del Hotel Palau.

Es el océano azul celeste lo que mantuvo ocupado a Brian.

Antes de la pandemia, sus 54 habitaciones tenían una ocupación del 70% al 80%.

Pero cuando las fronteras se cerraron, no hubo nada a lo que recurrir.

“Es un país pequeño, así que es normal que la gente local no se quede en Palaos”, dice Brian.

El hotel tiene alrededor de 20 empleados y los ha mantenido a todos, aunque con horario reducido.

“Trato de encontrarles trabajo haciendo otras tareas como mantenimiento, renovación, etc”, dice.

Sin embargo, los hoteles vacíos no pueden mantenerse ni renovarse para siempre.

Buzo en aguas de Palaos

Reinhard Dirscherl/ Getty Images
Los arrecifes de coral de Palaos son el principal atractivo para muchos visitantes.

“Puedo estar así otro medio año”, dice Brian.

“Pero luego es probable que tenga que cerrar”.

Apoyo estatal

Brian no culpa al gobierno, que ha ofrecido apoyo financiero a los residentes y, después de todo, ha mantenido alejado al virus.

“Creo que han hecho un buen trabajo”, dice.

Y, sin embargo, para que el primer hotel que hubo en Palaos sobreviva, algo tiene que cambiar pronto.

El presidente anunció recientemente que los viajes aéreos “esenciales” podrían reanudarse el 1 de septiembre.

Mientras tanto, ha habido rumores de que se instauraría un “corredor aéreo” con Taiwán que permitiría la visita de turistas.

Pero para Brian, la medida podría llegar demasiado tarde.

Islas del Pacífico

BBC

“Creo que tienen que empezar a reabrir de nuevo. Tal vez podamos tener burbujas de viajes con Nueva Zelanda y países del entorno”, dice.

“De lo contrario, nadie podrá sobrevivir aquí”.

El caso de las Islas Marshall

A unos 4.000 km al este a través del vasto Océano Pacífico, las Islas Marshall también permanecen libres de covid-19.

Pero, como Palaos, no tener casos también ha tenido un impacto.

El Hotel Robert Reimers se encuentra en una franja de tierra en el atolón principal, Majuro, con una laguna a un lado y el océano al otro.

Atolón Bikini

Getty Images
El atolón Bikini es uno de los más famosos de las Islas Marshall.

Antes de la pandemia, las 37 habitaciones tenían una ocupación del 75% al 88%.

Sus huéspedes llegaban principalmente de Asia, del Pacífico o “el continente” (Estados Unidos).

Desde que se cerraron las fronteras a principios de marzo, la ocupación ha caído a entre el 3% y el 5%.

“Algunos de nuestros huéspedes vienen de las islas exteriores”, dice Sophia Fowler, que trabaja para el grupo hotelero.

“Pero no muchos”.

A nivel nacional, se espera que el país pierda más de 700 puestos de trabajo en la recesión post-covid, la mayor caída desde 1997.

De ellos, 258 estarán en el sector de hoteles y restaurantes.

También la pesca

Pero el autoaislamiento afecta a sectores más allá del turismo, y las Islas Marshall dependen mucho menos de los turistas que Palaos.

El problema para estas islas es la industria pesquera.

Para mantener el país libre de covid-19, los barcos que han estado en países infectados tienen prohibido ingresar a sus puertos.

Otros barcos, incluidos los buques tanque de combustible y los portacontenedores, deben pasar 14 días en el mar antes de atracar.

.Las licencias de pesca están suspendidas y se ha rebajado el número de vuelos de carga.

El efecto es claro.

Las Islas Marshall están especializadas en peces de acuario, el más popular es el pez ángel llama, pero las exportaciones cayeron un 50%, según un informe estadounidense.

El envío de atún sashimi se redujo en la misma cantidad.

Otras industrias pesqueras esperan una caída del 30% durante el año.

En resumen, se puede mantener el virus fuera del país, pero luchar contra sus efectos en la economía es distinto.

Así que al final el covid-19 te arrastra de una forma u otra.

Sophia Fowler “espera” que las cosas vuelvan a la normalidad para el país y el Hotel Robert Reimers el próximo año.

¿Pero si no lo hacen?

“Entonces no será un proyecto viable”, dice.

Pero aunque el cierre de las fronteras ha empobrecido a los países sin casos de covid, no todos quieren salir del confinamiento.

El doctor Len Tarivonda es el director de salud pública en Vanuatu, otra isla del Pacífico con una población de 300.000 habitantes.

Aunque trabaja en la capital, Port Vila, es de Ambae, una isla de 10.000 habitantes a unos 275 kilómetros al norte.

“La mayoría de los habitantes prefiere que la frontera se mantenga cerrada el mayor tiempo posible”, cuenta.

“Dicen: ‘No queremos que la enfermedad llegue. Si sucede, básicamente estamos condenados'”.

Alrededor del 80% de la población de Vanuatu vive fuera de las ciudades y de la “economía formal”, dice Tarivonda.

“Y creo que no necesariamente sienten el apuro todavía. Son agricultores de subsistencia, cultivan sus propios alimentos, dependen de la economía local y tradicional”.

No obstante, el país sufrirá.

El Banco Asiático de Desarrollo espera que el PIB caiga casi un 10%, la mayor caída de Vanuatu desde su independencia en 1980.

Anne Pakoa

BBC
Los pueblos rurales de Vanuatu son muy numerosos y carecen de atención médica permanente.

Pero ese retroceso no se debe solo al cierre de fronteras por el covid-19.

En abril, el ciclón tropical Harold azotó gran parte del país, mató a tres personas y afectó a más de la mitad de la población.

“Teníamos sesiones informativas diarias sobre operaciones de emergencia sanitaria”, recuerda Tarivonda.

“Primero discutiríamos sobre el covid, luego sobre el ciclón Harold. Dos desastres al mismo tiempo”.

Sin embargo, la pandemia tendrá un impacto más duradero.

En julio, el gobierno anunció que tenía planes para reabrir la frontera a otros países “seguros” antes del 1 de septiembre.

Pero al aumentar los casos en Australia y Nueva Zelanda, el plan comenzó a retrasarse.

Tarivonda, que forma parte del grupo de trabajo fronterizo junto con funcionarios del gobierno, del sector del turismo y de las aerolíneas, admite que están “casi de vuelta al punto de partida” y no tienen una nueva fecha para la reapertura.

Vanuatu

Getty Images
Vanuatu es otro destino paradisíaco.

Los viajes transfronterizos más pequeños pueden ayudar a Vanuatu.

El ejemplo más reciente es cuando el gobierno permitió que 172 trabajadores viajaran al Territorio del Norte, en Australia, durante seis meses para recoger mangos.

Aunque las remesas ayuden en la situación económica, no son suficientes en un país donde el 35% del PIB proviene del turismo.

Sin prisa

Pero, a pesar de esa necesidad de reabrir las fronteras, Vanuatu no se apresurará en hacerlo.

El doctor Tarivonda recuerda con preocupación el caso de Papua Nueva Guinea, que estuvo casi libre de covid hasta un fuerte aumento a fines de julio.

“Si el virus entra en el país, probablemente será como un incendio forestal, y lo que estamos viendo en Papúa Nueva Guinea refleja por qué estamos preocupados”, dice.

“Dadas nuestras limitaciones y el contexto que tenemos en el Pacífico, la mejor opción es mantener el virus fuera de nuestro país el mayor tiempo posible”.

Funafuti, Tuvalu.

Getty Images
¿Llegará el covid a las remotas islas del Pacífico?

A medida que pasan los meses, aumenta la desesperación en los países cerrados del Pacífico.

Sin embargo, Jonathan Pryke, director del Programa de las Islas del Pacífico en el Instituto Lowry, no tiene ninguna duda de que la única opción para estos países es el autoaislamiento.

“Incluso si mantuvieran sus fronteras abiertas, sus principales mercados turísticos de Australia y Nueva Zelanda no estarían abiertos, ya que han cerrado sus propias fronteras”, dice.

“Así que solo habríamos conseguido lo peor de ambos mundos: una crisis de salud y una crisis económica. Tendremos años y años para ver cuáles fueron las decisiones correctas”.

“Pero echando la vista atrás, nadie duda de que cerrar fue la medida correcta para estos países del Pacífico”, concluye Pryke.

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