Recorte de 75% ordenado por AMLO, con impacto en gobierno, ciencia, salud
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro Archivo

Recorte de 75% compromete pagos de servicios básicos del gobierno y arriesga inversiones en salud y ciencia

El recorte ordenado por el presidente compromete el pago de servicios esenciales para el funcionamiento del gobierno, como luz, agua, gas, telefonía, pero también podría afectar inversiones en salud y educación.
Cuartoscuro Archivo
1 de junio, 2020
Comparte

El recorte del 75% al “gasto corriente” del presupuesto público ordenado por Andrés Manuel López Obrador compromete el pago de los servicios esenciales para el funcionamiento del gobierno, como luz, agua, gas, telefonía y arrendamientos, pero también podría afectar inversiones prioritarias en salud, educación, energía e investigación científica.

Algunas de dichas inversiones están relacionadas con la adquisición de medicamentos y suministros de laboratorio, arrendamiento de equipo médico, producción de materiales de enseñanza para centros educativos o la compra de combustibles para plantas productivas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Entérate: Publican decreto de austeridad; establece que ‘de forma voluntaria’ se reducirá el sueldo de funcionarios

Dichas inversiones están incorporadas como “gasto corriente” en los capítulos “2000 Materiales y Suministros” y “3000 Servicios Generales” del Presupuesto de Egresos de este año.

La Secretaría de Hacienda aplicará el recorte del 75% sobre los recursos que las instituciones públicas tenían disponibles en esos capítulos entre el 23 de abril -fecha en que se publicó el decreto- y diciembre.

La reducción presupuestaria no aplicará para los Poderes Judicial y Legislativo ni para los órganos autónomos; tampoco se verán afectadas las Secretarías de Salud, Defensa y Marina ni la Guardia Nacional (adscrita a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana).

Las demás instituciones gubernamentales -dependencias del Poder Ejecutivo, organismos descentralizados, órganos desconcentrados y empresas paraestatales- deberá operar el resto del año con el 25% de los fondos sobrantes en los capítulos 2000 y 3000.

Dichos capítulos no sólo constan de gastos que podrían considerarse superfluos o prescindibles, como los viajes de funcionarios públicos, los congresos y exposiciones o la publicidad oficial, sino que también incluyen partidas para cubrir servicios esenciales -cuya falta de pago podría paralizar al gobierno- e inversiones en insumos y equipamientos prioritarios.

A fin de entender el impacto del recorte, Animal Político revisó, concretamente, en qué ha gastado el gobierno este año los recursos asignados a los capítulos 2000 y 3000 del presupuesto, con base en el reporte del Avance del Gasto Público al Primer Trimestre elaborado por la Secretaría de Hacienda, que es el informe más actualizado disponible.

Para esta revisión se tomó en cuenta el gasto ejercido exclusivamente por las instituciones públicas que serán objeto de la reducción presupuestal, con la finalidad de describir, precisamente, cuáles de sus actividades podrían verse en riesgo.

Conforme al decreto, el recorte se aplicará a las Secretarías de Estado y sus órganos desconcentrados; empresas con participación estatal (Pemex y CFE); organismos descentralizados (CEAV, Inmujeres, Pueblos Indígenas, entre otros), así como al IMSS y al ISSSTE, que no fueron excluidos de la política de austeridad -a diferencia de la SSA-, pese a su relevante función actualmente en el combate a la pandemia.

Gasto en servicios esenciales

Entre enero y marzo, las instituciones consideradas en el decreto de austeridad ejercieron un gasto de 59 mil 587.2 millones de pesos del presupuesto asignado al capítulo “2000 Materiales y Suministros”, y 49 mil 690.8 millones de pesos del capítulo “3000 Servicios Generales”.

En este último se incluye el pago de servicios básicos del gobierno.

Las instituciones públicas gastaron 3 mil 442.5 millones de pesos por concepto de electricidad, agua, gas, telefonía fija y acceso a internet.

Otros servicios esenciales cubiertos son el arrendamiento de edificios y terrenos (717 millones de pesos); servicio de limpieza y manejo de desechos (511.8 millones de pesos); servicio de protección y vigilancia (1 mil 252 millones de pesos); seguro de bienes patrimoniales (1 mil 224.8 millones de pesos); servicios financieros y bancarios (453.8 millones de pesos) y servicios postales (61.9 millones de pesos).

Todas estas erogaciones por servicios esenciales suman 7 mil 677.1 millones de pesos, que equivalen al 15.4% del gasto del capítulo 3000 durante el primer trimestre del año.

Inversiones prioritarias

Con recursos del capítulo “2000 Materiales y Suministros”, la CFE adquirió combustibles nacionales y de importación para sus plantas productivas con una inversión de 31 mil 263.1 millones de pesos, de acuerdo con el informe de Avance del Gasto de Hacienda.

Esa cifra representa el 52.4% de todos los fondos del capítulo 2000 ejercidos el primer trimestre de año.

Los recursos sobrantes de ese capítulo se destinaron, por ejemplo, a la partida de “Medicinas y productos farmacéuticos”, en la que se invirtió 7 mil 153.3 millones de pesos, principalmente por parte de tres instituciones: IMSS (4 mil 408.1 millones), ISSSTE (2 mil 417 millones) y Pemex (320.3 millones).

Existe también una partida de “Materiales, accesorios y suministros médicos”, a la que las dependencias destinaron 1 mil 318.4 millones de pesos, especialmente del IMSS (979.3 millones), ISSSTE (249 millones) y Pemex (86.5 millones).

El recorte podría afectar la partida “Materiales, accesorios y suministros de laboratorio”, que implicó un gasto gubernamental de 419.3 millones de pesos, que en mayor proporción fue erogado por el IMSS (287.1 millones), Pemex (55.5 millones), ISSSTE (35.3 millones) y SEP (30 millones).

Aunque de nombre semejante, en el capítulo 2000 también existe un partida llamada “Refacciones y accesorios de equipo e instrumental médico de laboratorio”, a la que exclusivamente el IMSS destinó un gasto de 100.5 millones de pesos.

Con el recorte, asimismo, podría resultar impactada la partida “Materiales y útiles de enseñanza para planteles educativos”, en la que la SEP invirtió 693.3 millones de pesos. Esos recursos se distribuyeron así: 566.3 millones de pesos para la UNAM; 70.8 millones para el IPN; 31.6 millones para la UAM; 18.3 millones para el Consejo Nacional de Fomento Educativo, entre otras instituciones.

Con fondos del capítulo 2000, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) compró 3.5 millones de pesos en plaguicidas, abonos y fertilizantes; por su parte, la SEP invirtió 1.3 millones de pesos en dichos insumos y los destinó a la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, al IPN y al Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).

La administración pública también destinó 34 millones de pesos de este capítulo en la partida “Prendas de protección personal”, en su mayoría invertidos por la CFE (14.6 millones), Pemex (8.7 millones) y SEP (4.6 millones).

Las instituciones públicas también acudieron a los recursos del capítulo 2000 para adquirir vestuario y uniformes para el personal por un monto global de 447.9 millones de pesos. De ese monto, la CFE invirtió 253.6 millones de pesos; el IMSS 63.5 millones; la Secretaría de Cultura 43.5 millones -para el INAH y el INBA-; la SEP 31.4 millones y el ISSSTE 30.6 millones.

Aunque el capítulo 3000 se llama, abstractamente, de “Servicios Generales”, en él existe una partida para “Investigación científica y desarrollo”, en la que el gobierno invirtió 20.2 millones de pesos durante los primeros tres meses del año. De ese total, tan sólo Pemex destinó 12.4 millones de pesos a la elaboración de estudios e investigaciones, seguido de otras instituciones como la Secretaría de Turismo (3.2 millones), la Sader (1.7 millones) y la Secretaría de Bienestar (1.4 millones).

En este capítulo, en el apartado de pago de pago de alquileres -generalmente de inmuebles y vehículos-, existe una partida específica para “Arrendamiento de equipo e instrumental médico”, en la que el IMSS y el ISSSTE invirtieron, respectivamente, 33.4 y 6.3 millones de pesos.

Con los recursos del capítulo 3000, la administración ha financiado también la partida destinada a la impresión de documentos oficiales para la prestación de servicios públicos (identificaciones, formatos fiscales, certificados y títulos), a la que destinó 96.3 millones de pesos.

El gobierno también invirtió 94 millones de pesos en la instalación, reparación y mantenimiento del equipo de cómputo empleado en las instituciones públicas.

La SEP y la Sader utilizan los recursos de este capítulo para financiar una partida de “Servicios generales para planteles educativos”, en la que invirtieron 1 mil 168.4 millones de pesos, distribuidos de la siguiente manera: 1 mil 060.7 millones de pesos a la UNAM (90.7% de dicho monto); 113.3 millones a la Universidad Autónoma de Chapingo; 45.5 millones al IPN y 34.1 millones a la Subsecretaría de Educación Media Superior, que administra bachilleratos públicos como el Conalep, CETIS y CBTIS.

La Secretaría de Gobernación (Segob) cuenta con una partida para financiar traslados aéreos y terrestres, así como viáticos, de funcionarios vinculados a programas de seguridad pública y seguridad nacional; la dependencia invirtió en ello 15.1 millones de pesos.

Con fondos del capítulo 3000, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) pagó gastos generales de las oficinas del Servicio Exterior Mexicano (SEM) por un monto de 1 mil 130.6 millones de pesos.

Durante el primer trimestre del año, el gobierno también invirtió 683 millones de pesos en el arrendamiento de vehículos destinados a funcionarios para la operación de programas públicos (capítulo 3000), y otros 409.5 millones de pesos para el combustible de dichas unidades.

Estos servicios fueron contratados principalmente por instituciones como el IMSS, CFE, SEP, SCT, Semarnat, Bienestar y Pueblos Indígenas.

Gastos superfluos

Los capítulos 2000 y 3000 constan también de partidas que podrían considerarse gastos superfluos o prescindibles.

Por ejemplo, entre enero y marzo, la administración federal invirtió 630.6 millones de pesos en el pago de vuelos y pasajes terrestres, así como viáticos, de funcionarios públicos en “comisiones oficiales” dentro y fuera del país (capítulo 3000).

También gastó 163.7 millones de pesos en el arrendamiento de vehículos para funcionarios, excluyendo las funciones de seguridad pública (capítulo 3000), y 8.8 millones de pesos en el combustible necesario para su funcionamiento (capítulo 2000).

El gobierno también erogó 26.1 millones de pesos en la realización de congresos y exposiciones, y 40.2 millones en capacitaciones a servidores públicos (capítulo 3000).

En el primer trimestre del año se destinó un monto de 37.4 millones de pesos para gastos de publicidad oficial, y 2.5 millones específicamente en servicios de monitoreo de medios (capítulo 3000).

Las instituciones públicas también gastaron 37.7 millones de pesos en la compra de materiales de oficina, impresión y fotocopiado, así como 442.6 millones de pesos en el servicio de comedor para funcionarios (capítulo 2000).

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Por qué hace 100 años muchos en EU se negaron a usar cubrebocas contra la gripe española

En el peor momento de la gripe española de 1918 muchos estadounidenses se negaron a usar tapabocas, algo que también está sucediendo este 2020 con la pandemia de covid-19.
9 de agosto, 2020
Comparte
Manifestación en Estados Unidos contra el uso de mascarillas

Getty Images
Durante la pandemia de covid-19, se han organizado manifestaciones en contra del uso de mascarillas en Estados Unidos.

Todos hemos visto los titulares alarmantes: los casos de coronavirus están aumentando en 40 estados de Estados Unidos, con nuevos fallecimientos y tasas de hospitalización aumentando a un ritmo alarmante.

Los funcionarios de salud advirtieron que EE.UU. debe actuar rápidamente para detener la propagación o se correrá el riesgo de perder el control sobre la pandemia.

Para controlarlo existe un claro consenso de que se deben usar mascarillas en público y practicar el distanciamiento social.

Si bien la mayoría de los estadounidenses apoyan el uso de tapabocas, el cumplimiento generalizado y constante ha resultado difícil de mantener en las comunidades de todo el país.

Manifestantes se reunieron frente a los ayuntamientos de la ciudad de Scottsdale, Arizona; Austin, Texas; y otras ciudades para protestar contra los mandatos locales respecto a las mascarillas.

Varios alguaciles del estado de Washington y de Carolina del Norte han anunciado que no harán cumplir las normativas de uso.

He investigado extensamente la historia de la pandemia de 1918.

En ese momento, sin vacunas o terapias farmacológicas efectivas, las comunidades de todo el país instituyeron una serie de medidas de salud pública para frenar la propagación de una epidemia de influenza mortal: cerraron escuelas y negocios, prohibieron reuniones públicas y aislaron y pusieron en cuarentena a los infectados.

Titulares de periódicos de Chicago relacionados con la pandemia de gripe española

Getty Images
Titulares de periódicos de Chicago relacionados con la pandemia de gripe española que incluyen: “Redadas policiales en bares en la guerra contra la influenza”, “Toque de queda en la ciudad” y “Quien estornude sin taparse será detenido”.

Muchas comunidades recomendaron o exigieron que los ciudadanos usaran mascarillas en público, y eso, no los onerosos encierros, fue lo que provocó la mayor ira.

Por la patria

A mediados de octubre de 1918, en medio de una terrible epidemia en el noreste y brotes de rápido crecimiento en todo el país, el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos distribuyó folletos recomendando que todos los ciudadanos usaran tapabocas.

La Cruz Roja sacó anuncios en los periódicos alentando su uso y ofreció instrucciones sobre cómo fabricar mascarillas en casa con gasa e hilo de algodón.

Algunos departamentos de salud estatales lanzaron sus propias iniciativas, sobre todo California, Utah y Washington.

En todo el país, los carteles presentaban el uso de mascarillas como un deber cívico: la responsabilidad social se había incrustado en el tejido social mediante una campaña de propaganda federal masiva en tiempos de guerra lanzada a principios de 1917, cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial.

barrendero con una máscara en Nueva York

Getty Images
Siguiendo la recomendación de la Junta de Salud de Nueva York, es “Mejor ser ridículo que estar muerto”, un barrendero usa una mascarilla en octubre de 1918.

El alcalde de San Francisco, James Rolph, anunció entonces que “la conciencia, el patriotismo y la autoprotección exigen un cumplimiento inmediato y rígido” del uso de tapabocas.

En las cercanías de Oakland, el alcalde John Davie declaró que “es sensato y patriótico, sin importar cuáles sean nuestras creencias personales, proteger a nuestros conciudadanos uniéndonos a esta práctica”.

Sin orden

Los funcionarios de salud entendieron que cambiar radicalmente el comportamiento del público era una tarea difícil, especialmente porque a muchos les resultaba incómodo usar mascarillas.

Los llamamientos al patriotismo solo podían llegar hasta cierto punto.

Como señaló un funcionario de Sacramento (California), las personas “deben ser obligadas a hacer las cosas que son mejores para sus intereses”.

La Cruz Roja declaró sin rodeos que “el hombre, la mujer o el niño que no use mascarilla es ahora un negligente peligroso“.

Numerosas comunidades, particularmente en todo el Occidente del país, impusieron ordenanzas obligatorias. Algunos condenaron a los delincuentes a penas de cárcel breves y las multas oscilaron entre US$5 y US$200.

Juicio en un parque en San Francisco

Getty Images
En San Francisco,los jueces se salieron de las cortes y los juicios se hicieron al aire libre… pero sin mascarillas.

La aprobación de estas ordenanzas fue con frecuencia un asunto polémico. Por ejemplo, el director de salud de Sacramento tuvo que intentar varias veces antes de lograr convencer a los funcionarios de la ciudad de que promulgaran la normativa.

En Los Ángeles, no fue aprobada. Un proyecto de resolución en Portland, Oregón, provocó un acalorado debate en el consejo de la ciudad y un funcionario declaró la propuesta como “autocrática e inconstitucional”, y agregó: “Bajo ninguna circunstancia me pondrán un bozal como a un perro hidrófobo“. La medida no prosperó.

La junta de salud de Utah consideró emitir una orden obligatoria de mascarillas en todo el estado, pero decidió no hacerlo, argumentando que los ciudadanos sentirían una falsa seguridad y relajarían sus cuidados.

A medida que la epidemia resurgía, Oakland debatió una segunda orden de uso de tapabocas después de que el alcalde contara enojado que lo habían arrestado en Sacramento por no llevar una puesta.

Un médico prominente que asistió al debate comentó que “si un hombre de las cavernas apareciera… pensaría que los ciudadanos enmascarados son todos lunáticos“.

Con orden

En los lugares donde las órdenes de usar mascarillas se implementaron con éxito, el incumplimiento y el desafío se convirtieron rápidamente en un problema.

Barbería en Chicago en 1918

Getty Images
En Chicago, solo uno de los barberos de este local usa mascarilla, algo que, en este caso, es imposible para cualquiera de los clientes.

Muchas tiendas que no estaban dispuestas a rechazar clientela, no prohibían el ingreso a los desenmascarados.

Los trabajadores se quejaron de que los tapabocas eran demasiado incómodos para usarlos todo el día.

Una vendedora de Denver se negó porque dijo que “se le dormía la nariz” cada vez que se ponía una. Otra dijo que creía que “una autoridad superior al Departamento de Salud de Denver se ocupaba de su bienestar”.

Como lo expresó un periódico local, la orden de usar máscaras “fue casi totalmente ignorada por la gente; de hecho, la orden es motivo de burla”.

La regla fue enmendada para aplicarse solo a los conductores de tranvías, quienes luego amenazaron con hacer huelga. Se evitó una huelga cuando la ciudad flexibilizó la norma una vez más.

Denver soportó el resto de la epidemia sin ninguna medida que protegiera la salud pública.

En Seattle, por su parte, los conductores de tranvías se negaron a rechazar a los pasajeros sin tapabocas.

Un conductor de tranvía rechaza la entrada a un viajero que no usa máscara, Seattle, Washington, diciembre de 1918.

Getty Images
Un conductor de tranvía rechaza la entrada a un viajero que no usa mascarilla en Seattle, Washington, diciembre de 1918.

El incumplimiento estaba tan extendido en Oakland que los funcionarios delegaron a 300 voluntarios civiles del Servicio de Guerra para conseguir los nombres y direcciones de los infractores para que pudieran ser acusados.

Cuando entró en vigencia una orden de mascarillas en Sacramento, el jefe de policía ordenó a los oficiales: “Salgan a las calles y siempre que vean a un hombre sin tapabocas, tráiganlo o manden a buscar el carro”. En 20 minutos, las estaciones de policía se inundaron de delincuentes.

En San Francisco hubo tantos arrestos que el jefe de policía le advirtió a los funcionarios de la ciudad que se estaba quedando sin celdas en la cárcel. Los jueces y oficiales se vieron obligados a trabajar hasta altas horas de la noche y los fines de semana para despejar la acumulación de casos.

Protestas

Muchos de los que fueron sorprendidos sin mascarillas eran personas que pensaron que podían ir a hacer un mandado o al trabajo sin que los atraparan.

En San Francisco, sin embargo, el incumplimiento inicial se convirtió en un desafío a gran escala cuando la ciudad promulgó una segunda ordenanza sobre tapabocas en enero de 1919, momento en que la epidemia se disparó nuevamente.

Muchos denunciaron lo que consideraron una infracción inconstitucional de sus libertades civiles.

Policía estadounidense con máscara.

Getty Images
La decisión de arrestar a quienes no usaran mascarillas llenó las cárceles de “delincuentes”.

El 25 de enero de 1919 aproximadamente 2,000 miembros de la Liga Antimascarilla hicieron una manifestación para denunciar la ordenanza de tapabocas y proponer formas de derrocarla. Entre los asistentes se encontraban varios médicos destacados y un miembro de la Junta de Supervisores de San Francisco.

Ayer y hoy

Es difícil determinar la efectividad de las máscaras utilizadas en 1918.

Hoy en día, tenemos un creciente cuerpo de evidencia de que los revestimientos faciales de tela bien confeccionados son una herramienta eficaz para frenar la propagación del covid-19.

Sin embargo, queda por verse si los estadounidenses mantendrán el uso generalizado de mascarillas mientras la pandemia actual continúa desarrollándose.

Los ideales profundamente arraigados de la libertad individual, la falta de mensajes cohesivos y liderazgo en el uso de mascarillas y la desinformación generalizada han demostrado ser los principales obstáculos hasta ahora, precisamente cuando la crisis exige consenso y un cumplimiento generalizado.

Ese fue ciertamente el caso en muchas comunidades durante el otoño de 1918. Esa pandemia finalmente mató a unas 675,000 personas en EE.UU.

Ojalá que la historia no esté repitiéndose.


* J. Alexander Navarro es el subdirector del Centro de Historia de la Medicina de la Universidad de Michigan.

Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Lee la nota original en inglés aquí.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

Visita nuestra cobertura especial


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=zdkwo02LwCs

https://www.youtube.com/watch?v=FkdL3esx7t0&t=

https://www.youtube.com/watch?v=Fq8jbuaUW0M

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.