Detenidos ilegalmente narran agresiones de policías de Jalisco
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Andrés Robles Vaca

“Pensé que me llevaban secuestrado”: detenidos ilegalmente narran agresiones de policías ministeriales de Jalisco

Un periodista independiente en una radio local relata cómo fueron las seis horas que pasó detenido por la policía ministerial de Jalisco
Andrés Robles Vaca
7 de junio, 2020
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“Pensé que me llevaban secuestrado”. Luis Antonio Maldonado, 32 años, periodista independiente en una radio local, relata cómo fueron las seis horas que pasó detenido por la policía ministerial de Jalisco, cuando se dirigía al inmueble de la Fiscalía del estado a cubrir una protesta social por la muerte del joven Giovanni López. 

Por medio de un video publicado en su perfil Facebook, ‘Dialogando en Espiral’, Luis explica que el jueves 4 de junio cubrió como reportero la primera manifestación frente a la sede del Palacio de Gobierno, cuando se produjeron múltiples enfrentamientos entre manifestantes y policías, y la quema de vehículos, que dejó un saldo de 28 personas detenidas. Y que, al día siguiente, el viernes 5, hizo lo mismo. Tomó sus cámaras de fotos, un micro, y el celular, y se dirigió al lugar donde vio en redes sociales que se iba a congregar otra segunda protesta, en las instalaciones de la Fiscalía estatal, en la zona industrial de Guadalajara.  

Al llegar de las inmediaciones del inmueble, Luis cuenta que, junto a una gasolinera, ve a unos “elementos policiacos” junto a una camioneta. 

“Se me hizo muy llamativo porque parecían tortugas ninja. Traían bates en la espalda, así cruzados, y armas de grueso calibre. En ese momento, más allá de pensar ‘wow, qué buena foto’, lo que pensé fue: ‘¿por qué van tan armados esos weyes?’”. 

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En ese instante, cuando ya se iba a retirar del lugar, el reportero de 32 años explica que ve pasar a una joven junto a los elementos y que éstos la detienen y comienzan a revisarle sus pertenencias

En otro video publicado en su cuenta de Facebook, se aprecia cómo Luis Antonio se acerca en bicicleta a auxiliar a la joven, que se encontraba “muy asustada” ante la revisión de los policías. Les cuestiona que “bajo qué criterios” están esculcando las pertenencias de los viandantes, y en ese instante se corta la transmisión. 

“Uno de los agentes hizo una señal y de repente se me vienen cuatro encima. Uno me tumba el celular y otro me agarra del cuello y me somete en el suelo”, cuenta Luis, que añade que, a partir de ese instante, de nada sirvió que tratara identificarse como periodista independiente, mostrando sus cámaras y micrófono.

“Me subieron a bola de patadas a la camioneta. Me decían baja la vista, no digas nada. Y uno de ellos me rodeó el cuello con el brazo haciendo mucha presión”, asegura. 

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“Los primeros diez minutos aún no creía que fueran policías -añade-, pensaba que iba secuestrado porque fue una detención sin protocolo alguno, sin motivo. No se cercioraron de quién era yo, ni qué hacía en el lugar. Simplemente, me subieron a la camioneta y me llevaron a toda velocidad entre más golpes e insultos”. 

Tras unos minutos de trayecto, “en los que solo pude ver los pies de los elementos porque no me dejaban alzar ni tantito la vista del suelo”, a Luis Antonio lo dejan “en una jaula” junto a otros “20 o 25 jóvenes de entre 19 y 23 años”. Todos traían marcas de que habían sido golpeados. 

Foto: Andrés Robles Vaca

“La mayoría de los que yo vi a mi lado traían el dibujo de las botas en la cara. Muchos estaban llorando, y los polis aún nos decían que nos iban a desaparecer. Durante horas fue una violencia psicológica muy pesada, como la que se ve en las series de narcos”, cuenta el reportero. 

A las tres horas de encierro, los agentes comienzan a bajar la intensidad de los ataques verbales. Permiten a los detenidos sentarse en el suelo, y uno de ellos les asegura que no se preocupen por sus pertenencias, que las van a recibir de vuelta. Y les explica, además, que las detenciones fueron para “prevenir que no hicieran desmadres en la Fiscalía”. 

“Nos dijo que, según, habían descubierto un grupo de Whatsapp donde se estaba organizado una serie de desmanes. Y que querían investigar qué onda con ese supuesto grupo”, apunta el periodista. 

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Posteriormente, comienzan a liberar a los primeros detenidos, excepto a Luis y a otro joven de 19 años. A Luis le dicen que espere para que le entreguen su bicicleta. Y al otro joven “le dijeron que se quedaba por feo”. 

Al rato, el periodista asegura que los agentes le pusieron un documento delante que tenía que firmar si quería salir en libertad. 

“Acepté lo que estaba escrito en la carta porque no había otra manera de salir rápido de ahí. Si no firmaba, no salía. Así de claro”. 

Finalmente, a las 11 de la noche, Luis sale libre a la calle junto al joven de 19 años. 

Fiscalía y Gobierno ofrecen disculpa pública

El testimonio del reportero independiente Luis Antonio Maldonado concuerda con la denuncia pública que hizo ayer sábado la Comisión Estatal de Derechos Humanos sobre la actuación de la policía ministerial de la Fiscalía el viernes 5. 

En conferencia de prensa ayer, el titular de la Comisión, Alfonso Hernández Barrón, aseguró que la policía ministerial hizo detenciones de manifestantes “fuera de todo protocolo” en las inmediaciones del edificio de la Fiscalía estatal. 

“Fueron detenciones arbitrarias. Incluso, estas detenciones pueden calificarse como desapariciones forzadas de personas, al no estar debidamente registrada cómo se produjo la detención, por qué motivos, y dónde trasladaron a las personas”, acusó el ombudsman estatal. 

Horas después, en la tarde de ayer sábado, el propio fiscal general de Jalisco, Gerardo Octavio Solís, admitió en otra conferencia virtual que policías ministeriales a su cargo estuvieron involucrados en detenciones “ilegales” el viernes 5, y anunció que ya había dos elementos detenidos por estos hechos. 

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Tanto el fiscal, como el propio gobernador jalisciense, Enrique Alfaro, ofrecieron a la ciudadanía una disculpa por la actuación policiaca en las manifestaciones del 4 y 5 de junio por la muerte del joven Giovanni López a manos, presuntamente, de policías locales de Ixtlahuacán de los Membrillos. 

Hasta la noche de ayer sábado, Ángela García Reyes, abogada del Centro de Justicia para la Paz que ha estado acompañando a jóvenes detenidos en las marchas por Giovanni, informó a este medio que fueron liberadas 22 personas que habían sido presas el jueves pasado por elementos policiacos.

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Cómo el narco ganó presencia en CDMX tras años de considerarse 'inmune' al crimen organizado

Autoridades de la capital mexicana negaron durante años la presencia del crimen organizado, lo que según expertos fue aprovechado por estos grupos para extender sus tentáculos por la ciudad a falta de una estrategia en su contra.
Getty Images
1 de julio, 2020
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Durante años, las autoridades de Ciudad de México negaron que allí hubiera presencia del crimen organizado, tan habitual en otros estados del país.

Tradicionalmente, en la capital se habló siempre de grupos locales dedicados a actividades de pequeña escala como el “narcomenudeo” o venta de droga en pequeñas cantidades.

Nada apuntaba a la operación de grandes organizaciones del narco como el cartel de Sinaloa o el Jalisco Nueva Generación (CJNG). Hasta hace tres años.

Desde entonces, en Ciudad de México se registraron actuaciones, operativos y detenciones contra células de grandes estructuras criminales.

La más reciente fue el atentado fallido el pasado viernes contra el secretario de Seguridad de la capital, Omar García Harfuch, que él mismo atribuyó al CJNG y con el que expertos consideran que se cruzó una especie de “línea roja” en la capital del país.

En una zona de alto nivel adquisitivo de la ciudad, plagada de embajadas y representaciones diplomáticas, decenas de hombres dirigieron una impresionante balacera contra el jefe de policía.

“Consulté mis archivos y no tengo registrado ningún atentado de esta magnitud en 50 años en Ciudad de México. Responde a una criminalidad organizada muy compleja”, le dice a BBC Mundo Javier Oliva, especialista en seguridad.

Carro baleado

Reuters
Así quedó el auto en el que viajaba García Harfuch el día de su atentado, de una extrema violencia nunca vista antes en Ciudad de México.

José Armando “N”, alias el Vaca y señalado como uno de los presuntos jefes de sicarios del CJNG, fue detenido como supuesto autor intelectual del atentado.

Y aunque el gobierno prefirió dejar abiertas todas las hipótesis sobre la autoría mientras avanza la investigación, dijo no tener dudas de que se trató de “una organización criminal consolidada, dado el poder de fuego” observado en el suceso.

“Es una de las alertas más fuertes que hemos vivido aquí en Ciudad de México, que revela no solo la presencia que tienen estos grupos del crimen organizado sino el mensaje que quieren enviar hacia las autoridades y la ciudadanía de la capital”, opina la periodista de investigación Sandra Romandía.

Expertos apuntan a que esa aparente tranquilidad de la capital mexicana ante el crimen organizado pasó a la historia hace años. Otros creen que esa “inmunidad”, simplemente, nunca existió.

El interés del CJNG

La Unión Tepito, la Fuerza Anti Unión Tepito y el cartel de Tláhuac son los tres grupos delictivos identificados históricamente en Ciudad de México.

A ellos se les atribuye buena parte de los delitos de tráfico de drogas, extorsión, trata de personas, secuestros exprés e invasión de inmuebles sufridos en la capital.

Romandía, coautora del libro “Narcos CDMX”, cuenta que son estos grupos formados por pequeñas familias narcomenudistas en el céntrico barrio de Tepito los que empezaron a controlar la mayoría de zonas de la capital desde hace dos o tres décadas, antes de ser un grupo de crimen organizado.

“En 2010, un capo del grupo de los Beltrán Leyva llamado la Barbie junta a estas familias y les dice que tienen todo el poder para ser un cartel en esta ciudad. Y ahí empieza la pesadilla para Ciudad de México con la formación de La Unión”, le dice a BBC Mundo.

Dos mariachis miran la escena del crimen

Reuters
Un enfrentamiento entre La Unión Tepito y La Anti Unión dejó seis muertos en la turística plaza Garibaldi de Ciudad de México en 2018.

Pero aunque tradicionalmente se les ha identificado como grupos locales y de pequeña escala, cada vez más expertos están convencidos de la existencia en la capital del país de estructuras mucho más complejas.

“Uno de los principales centros de tráfico de drogas, dinero y personas es el aeropuerto internacional de Ciudad de México. Para que funcione, es necesaria la corrupción de autoridades, pero también se requieren organizaciones criminales que ni la Unión Tepito ni Tláhuac tienen las capacidades para operar”, explica Oliva.

Romandía ubica a mediados del año 2017 la llegada del CJNG a la capital. Lo hizo siguiendo una de sus políticas más características: buscando alianzas con bandas locales para entrar a un nuevo territorio.

En el caso de Ciudad de México lo hizo en alianza con el cartel de Tláhuac y la Anti Unión para combatir a La Unión Tepito.

Según la experta, su origen coincide con la liberación en octubre de 2017 de Luis Eusebio Duque, alias el Duke, un expolicía capitalino que en la cárcel conoció a José Pineda, el Avispón, miembro del CJNG y hombre de confianza de Nemesio Oseguera, el Mencho.

Se asociaron dentro de prisión y, al salir, el CJNG habría tenido la ayuda del Duke para ganar presencia en la capital en alianza con el Tortas, uno de los líderes de La Anti Unión.

Muchas de estas alianzas se diluyeron con el tiempo y, según algunos analistas, en la actualidad el CJNG campa a sus anchas en varias de las alcaldías de Ciudad de México.

Ficha del Mencho en el sitio web de la DEA.

DEA
Hay indicios de que el CJNG del Mencho, el fugitivo más buscado por la DEA estadounidense, opera en CDMX desde 2017.

“Lo que es importante es que el CJNG intenta entrar desde hace tres años y no lo ha logrado del todo porque hay otros grupos poderosos. También hay teorías de que tendría alianzas con todos los grupos de la capital y se estaría formando un gran grupo”, explica Romandía.

El año pasado, investigaciones periodísticas revelaron un “pacto de no agresión” en la ciudad entre los cárteles de Tláhuac, Jalisco Nueva Generación y La Unión Tepito para reducir las disputas por el control de la venta de droga.

“Lo que es importante es que el CNJG es un cartel muy interesado en la ciudad y no la ha podido controlar del todo”, agrega Romandía.

Cambio de discurso

La mayor complejidad de Ciudad de México, con más vigilancia y una mayor resonancia política y mediática de cualquier hipotético atentado, podrían explicar esta demora del CJNG a la hora de lanzar sus redes en la capital.

No hay constancia, sin embargo, de presencia de sus rivales del cartel de Sinaloa. Según Romandía, su actividad se limitaba a alianzas comerciales y a actuar como proveedores de las organizaciones locales, pero sin asentarse en la ciudad.

La delincuencia común continúa siendo mucho más grave que el crimen organizado en Ciudad de México, cuyas cifras aún están muy lejos de sus actividades registradas en otros estados del país.

Aeropuerto de Mexico

Reuters
El aeropuerto de Ciudad de México es un foco de atención para el crimen organizado.

Pero atentados como el organizado contra García Harfuch por grandes estructuras criminales “ponen en evidencia la necesidad de que las autoridades hagan un análisis y replanteamiento de sus programas de seguridad pública”, dice Oliva, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Romandía asegura que tanto la corrupción policial como la tradicional narrativa oficial de negar la existencia de estos grupos en Ciudad de México fueron alicientes importantes para su crecimiento.

Y esa negación, dice, llevó a que no hubiera estrategia ni detenidos hasta hace no mucho.

“Por eso nuestro libro ‘Narcos CDMX’ lo titulamos también ‘El monstruo que nadie quiere ver’, porque no se quiso hablar de él, así que el monstruo se dejó crecer”, dice.

“Al darse cuenta de que había impunidad y protección policial, ese animal se fue expandiendo hasta tener tentáculos en muchos negocios ilícitos, muchos delitos y muchas zonas hasta llegar a los lugares más turísticos de la ciudad”, agrega.

Dos policías frente a la escena de un crimen en Polanco

Getty Images
La actividad del crimen organizado llega cada vez a más zonas de Ciudad de México, incluidos los barrios más turísticos o de mayor plusvalía.

La experta destaca que ese discurso cambió con la llegada del actual equipo de gobierno a Ciudad de México. El propio García Harfuch reconoció la existencia del crimen organizado en la capital y atacarlo fue una de sus prioridades.

Solo en los últimos tres meses, al menos tres cabecillas importantes del CJNG y una veintena de miembros del resto de grupos fueron detenidos en la capital.

Sin embargo, ese aumento de arrestos no se ha reflejado aún en la reducción de delitos en Ciudad de México.

El año pasado se registraron en la capital 1.397 homicidios dolosos, 30 más que en 2018. Las extorsiones e intentos de extorsión tuvieron un aumento aún mayor: de 2.089 a 3.106, según datos de la Fiscalía General de Justicia de la ciudad.

Omar García Harfuch

AFP
Según las autoridades, el trabajo de García Harfuch contra el crimen organizado antes y después de su llegada a la Secretaría de Seguridad de CDMX fue el detonante del atentado en su contra.

Por eso, Romandía alerta de cómo el crimen organizado está marcando territorio en los últimos años en Ciudad de México y tiene intención de seguir haciéndolo mediante actuaciones tan violentas como el atentado contra el jefe de policía capitalino.

“Esa señal alerta de que el problema se debe atender con inteligencia y estrategia, y fue casi una declaración de guerra para el gobierno. Esto podría ser un indicio de lo que se podría esperar: un futuro muy difícil y violento de no tomarse cartas en el asunto”, vaticina


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