La ventilación mecánica: una esperanza de alto riesgo para pacientes COVID
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La ventilación mecánica: una esperanza de alto riesgo para pacientes COVID

La ventilación mecánica se convirtió en una esperanza para los pacientes graves de COVID-19, pero este procedimiento requiere profesionales experimentados.
Por Samedi Aguirre, Evelyn C. Ayala, Michelle Morelos y Carlos Antonio Sánchez
16 de junio, 2020
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Cuando Gustavo Briseño llegó al hospital sus posibilidades de superar el COVID eran 50/50. Respiraba con dificultad. Los médicos decidieron intubarlo, la ventilación mecánica se convirtió en una esperanza respiratoria para él, aunque también tiene riesgos.

Para conectar el ventilador, el paciente necesita sedación y analgesia para disminuir el estímulo de conciencia y dolor, al colocar el tubo de plástico flexible en la tráquea. Este procedimiento médico requiere profesionales experimentados  que hayan recibido la debida formación. 

Pero en medio de la emergencia por COVID-19, eso no siempre es posible. Un artículo de la Gaceta Médica de México en 2018 indica que en el país hay 119 médicos especialistas por cada 100 mil habitantes, de los cuales el 54.2% se concentra en la Ciudad de México, Estado México, Jalisco y Nuevo León. Cabe señalar que no en todas las especialidades médicas se fortalecen los conocimientos sobre intubación. 

El mismo texto explica que según datos de la OCDE de 2015, el 65% de los médicos en México tenían alguna especialidad, en Reino Unido esa cifra era de 71.4 %, y en Francia de 49.8 %. 

 A causa de las secreciones y de la inflamación del tejido, los pulmones de los pacientes con el SDRA tienen resistencia a inflarse adecuadamente, por eso el ventilador debe introducir aire a una presión mayor a la normal. Aquí la ventilación mecánica se vuelve un reto para el personal médico. 

A ello se suman otros problemas. La Secretaría de Salud y la OMS coinciden en que la obesidad, el sobrepeso, la diabetes y la hipertensión, son estados de salud que pueden agravar la enfermedad.

 

Atacar un problema de peso 

El COVID-19 se vuelve un problema de mayor importancia para la población mexicana donde la mayoría enfrenta padecimientos crónicos, uno de ellos la obesidad, que complican la enfermedad y la operación de un ventilador.

“Somos un país de gordos, hipertensos y diabéticos. El sistema de salud ya estaba rebasado por estas epidemias”, señala Carlos Pantoja, académico del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UNAM.

La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2018 documentó la existencia de 8.6 millones de personas de 20 años y más con diabetes y 15.2 millones con diagnóstico médico previo de hipertensión, dos comorbilidades que incrementan la gravedad de la COVID-19.

“Nuestro país es de personas obesas o con sobrepeso y eso nos cuesta mucho porque son personas de cuello muy corto y al momento de intubar tienes que hacer una hiperextensión del cuello hacia atrás para que se pueda visualizar la vía aérea”, dice Karen Ramírez, enfermera de un hospital COVID-19.

“Los pacientes obesos son los que tienden a morir más rápido, al haber un exceso de grasa, cuando están en sedación comprimen más sus pulmones y evita que se expandan de una manera efectiva”, asegura Iván Torres, especialista perioperatorio en del Hospital General De Zona 48 del IMSS, San Pedro Xalpa.

Sin la asistencia ventilatoria, los órganos de Gustavo pueden colapsar debido a que los alvéolos no hacen el intercambio de gases de forma efectiva y no llevan oxígeno al torrente sanguíneo.

Aún cuando la prueba de confirmación COVID-19 está en espera, el personal médico ha intubado y ventilado mecánicamente a Gustavo Briseño con un permiso firmado por su familia. Cada minuto es valioso para salvar su vida.

Pero según reitera Carlos Pantoja, “hay otro desconocimiento de cuando se habla de ventiladores, no son solo los ventiladores, es el equipo de médicos que maneja esos ventiladores”.

Existen factores principales a vigilar durante la ventilación mecánica: el volumen de aire y por lo tanto de oxígeno que entra a los pulmones, la frecuencia con la que lo hace, la Presión Positiva al Final de la Espiración (PEEP, por sus siglas en inglés) y la fracción inspirada de oxígeno (FiO2) .

“Nosotros (los médicos) calculamos que el volumen que debemos programar en el ventilador depende de la estatura del paciente porque los pulmones se confinan dentro del espacio del tórax, de las costillas”, asegura Ernesto Arriaga, jefe de urgencias del Hospital San Ángel Inn Sur. 

En cambio, la PEEP, que protege a los alvéolos de estirarse demasiado en la inspiración o de vaciarse por completo durante la espiración, se calcula con el Índice de Masa Corporal del paciente, una herramienta internacional para saber si el peso de una persona es saludable respecto a su estatura. 

“Ser obeso es un factor de riesgo para el paciente que se va a ventilación mecánica. Entre más gordito sea mi paciente voy a tener que programar esa presión más alta con las implicaciones que pueda llevar que esté metiendo presión al pulmón”, dice Ernesto Arriaga. 

El riesgo de la ventilación mecánica 

“Desde el momento que un dispositivo extraño entra a tu cuerpo, genera un daño”, dice Karen Ramírez, enfermera de un hospital COVID. De hecho, la literatura científica acepta que existe el riesgo de desarrollar lesiones pulmonares asociadas al uso del ventilador mecánico. 

Dado que las condiciones pulmonares de un paciente crítico de COVID-19 exigen aire a presiones muy altas, la cantidad de oxígeno o la FiO2 que entra a los pulmones es mayor a la normal, pero eso también tiene consecuencias en la salud del paciente si no se vigila adecuadamente.

“Nosotros respiramos aire y ese aire tiene una concentración del 21% de oxígeno, entonces si reduce la capacidad pulmonar necesitas suministrar más concentración de oxígeno para que el paciente pueda seguir respirándolo, para que siga habiendo un intercambio de gases”, dice Javier Solís, ingeniero biomédico.

“El oxígeno es bueno en la proporción adecuada, pero entre más tiempo paso con oxígeno alto puedo tener lesiones muy importantes”, dice Ernesto Arriaga, jefe de urgencias del Hospital San Ángel Inn Sur. 

Las lesiones principales “son los fenómenos tanto de estiramiento y ruptura de estructuras pulmonares (volutrauma), como la apertura y cierre cíclico de zonas alveolares cerradas (atelectrauma), indica el artículo “Lesión pulmonar inducida por la ventilación mecánica” del médico intensivista Federico Gordo Vidal. 

“Es como un clip, si lo doblo muchas veces en el mismo lugar lo rompo y eso le ocurre al alveolo. Vamos a tener una cantidad considerable de pacientes con lesiones mixtas, tanto la lesión crónica que posiblemente genere en el pulmón la COVID, una cicatriz, una fibrosis; y las otras lesiones como volutrauma y atelectrauma”, advierte Arriaga.

El riesgo de lesión pulmonar puede disminuir si los pacientes son atendidos por médicos altamente capacitados en la ventilación mecánica. Todos los estudiantes de Medicina pueden tener conocimientos básicos que les permiten realizar una intubación, pero requiere años de práctica.

Para saber intubar se necesita conocer la anatomía del cuerpo y sus variantes, señala Gregorio Benítez, académico de la Facultad de Medicina, UNAM.

“El problema es como cuando va en una carretera y se abre la carretera en dos. Una es para ir al aparato digestivo y otro para ir al aparato respiratorio. Si no sabe donde ir lo mismo le daría irse al esófago (aparato digestivo) que irse para la tráquea (respiratorio)”, señala.

El siguiente reto es programar el ventilador: “Nadie programa un ventilador mal de manera intencionada; en manos de un experto las lesiones serán un poco más raras, sin embargo ahora también nos estamos enfrentando a que los ventiladores están siendo programados por personas no expertas”, dice Arriaga.

En memoria del abuelo Gustavo 

Dos días después de ingresar al hospital, los pulmones de Gustavo Briseño dejaron de intercambiar dióxido de carbono por oxígeno, a pesar del esfuerzo constante del ventilador mecánico y el personal médico. Falleció. Luchó contra un virus que puede consumir la vida mucho más rápido de lo que alguien puede recuperarse.

La American Thoracic Society calcula que aproximadamente el 40% de las personas con el SDRA fallecen pese a recibir un tratamiento intensivo, y de acuerdo con la Secretaría de Salud, entre el 60 y el 80% de los pacientes COVID-19 intubados no se recuperan.

A pesar de lo esfuerzos del sector salud, hasta el 14 de junio en el mundo se han perdido 430,766 vidas a causa del COVID-19, según reporta la Universidad Johns Hopkins. 

Gustavo Briseño

Abuelo Manuel, te amo fue lo último que te dije, recuerdo tu voz grave y tu cuerpo fuerte. Siempre me harás falta, pero tengo Consuelo de que me despedí con un te amo eterno: Itzel Briseño.

 

Consulta la segunda parte de este artículo: Ventiladores mecánicos: ¿que debe tener para mantener con vida a un paciente?

***

Este artículo hace parte de la serie de publicaciones resultado de la Beca de periodismo de soluciones 2020, ejecutada con el apoyo de la Fundación Gabo, Solutions Journalism Network y Tinker Foundation.

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¿Pueden los niños desarrollar COVID-19 de larga duración?

Según un estudio del King's College de Londres es posible, pero las cifras son bajas: menos de uno de cada 20 sufre síntomas por más de cuatro semanas.
28 de agosto, 2021
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Los niños que se enferman de coronavirus rara vez experimentan síntomas a largo plazo, y la mayoría se recupera en menos de una semana, según revela una nueva investigación.

Científicos del King’s College de Londres dicen que si bien un grupo pequeño puede experimentar una prolongación en el tiempo de los síntomas, los números son bajos.

Los síntomas reportados más comunes fueron dolor de cabeza y cansancio.

De acuerdo con un experto del Colegio Real de Pediatría y Salud Infantil británico, la información recabada por el estudio refleja lo que los médicos ven en la práctica.

Uno de cada 20

En comparación con los adultos, los niños son menos propensos a enfermarse de covid-19.

Muchos niños que se infectan no desarrollan síntomas y, aquellos que lo hacen, tienden a padecer un cuadro más leve de la enfermedad.

Este estudio, revisado por pares y publicado en la revista Lancet de Salud Infantil y Adolescente, buscó analizar cómo la covid afecta a los niños y cómo se compara con otras enfermedades respiratorias.

La información analizada fue provista por los padres o encargados de los niños a la app británica Zoe.

El estudio analizó los casos de 1,734 niños de entre cinco y 17 años que habían desarrollado síntomas y dieron positivo en la prueba de covid entre septiembre de 2020 y febrero de 2021.

Menos de uno de cada 20 de los que tenían covid experimentó síntomas por cuatro semanas o más, y uno de cada 50 tuvo síntomas durante más de ocho semanas.

En promedio, los niños mayores estuvieron enfermos durante un poco más de tiempo que los niños de la escuela primaria.

Prueba de covid en una niña

Getty Images
Es común que muchos niños den positivo en la prueba de PCR pese a no tener síntomas.

Los niños de entre 12 y 17 años tardaron una semana en recuperarse, mientras que para los niños más pequeños la enfermedad duró cinco días.

Los síntomas más frecuentes que se reportaron fueron cansancio y dolor de cabeza. Otros síntomas comunes incluyeron dolor de garganta y perdida de olfato.

No se reportaron síntomas neurológicos como ataques o convulsiones.

“Escuchar a las familias”

El equipo también observó un número igual de niños que tenían síntomas pero dieron negativo en la prueba de covid.

Solo unos pocos niños, 15 de 1.734, tuvieron síntomas durante al menos 28 días, menos de uno de cada 100.

Emma Duncan, profesora de endocrinología clínica en el King’s College de Londres, quien trabajó en la investigación, dijo que el “mensaje que deja el estudio” es: “¿Pueden los niños tener una enfermedad prolongada después de sufrir covid-19? Sí, pueden, pero no es común y la mayoría de estos niños mejora con el tiempo“.

“Los niños también pueden tener síntomas prolongados de otras enfermedades. Necesitamos cuidar a todos los niños que tienen enfermedades prolongadas, independientemente de si esa enfermedad es covid-19 o cualquier otra cosa”.

Michael Absoud, médico especialista en neurodiscapacidad pediátrica del Hospital Infantil Evelina en Londres, y autor principal del estudio, dice que es importante escuchar a las familias que dicen que sus hijos tienen síntomas.

“Si estás preocupado por tu hijo, lo primero que debes hacer es ir a tu médico de cabecera y describir sus síntomas particulares”, explica.

Niña hablando con su abuela por internet

Getty Images
Aunque las consecuencias de la covid no sean graves en los niños, el problema es que pueden contagiar la enfermedad a los miembros más vulnerables de la familia.

“Ellos pueden darte información o derivarlo a un pediatra. Es importante recordar que puede haber algo más”.

En opinión de Liz Whittaker, especialista en enfermedades infecciosas del Colegio Real de Pediatría y Salud Infantil, que no estuvo involucrada en la ivestigación: “El estudio es tranquilizador para la mayoría de los niños y jóvenes que desarrollan infección por SARS-CoV-2, y refleja lo que los pediatras estan viendo en la práctica”.


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