COVID-19: 'La pesadilla no termina cuando muere tu ser querido'
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'La pesadilla no termina cuando muere tu ser querido': las secuelas que deja COVID-19 en una familia

Una familia en Edomex relata que tras la muerte de uno de sus integrantes por COVID ha enfrentado problemas emocionales y económicos, además de estigmas.
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4 de junio, 2020
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Desde que a las tres de la madrugada del viernes 24 de abril los operarios de una funeraria llegaron a recoger a su hermano vestidos “como astronautas”, con trajes blancos que les cubrían de pies a cabeza, guantes de goma y unas aparatosas máscaras antigás, Fabiola dice que su vida y la de su familia cambió para siempre.

Y no solo por el motivo más importante, la pérdida de Óscar, su hermano de 41 años, chofer de una micro en Atizapán, Estado de México, que solo cuatro días después de sentir los primeros síntomas del COVID falleció en casa de su madre. Sino porque, como consecuencia de la pandemia, no hubo tiempo para procesar la pérdida, ni para el luto. 

Entérate: Cuerpos en lista de espera, en México no hay suficientes crematorios para los miles de muertos por COVID-19

De hecho, remarca Fabiola, desde el instante en murió su hermano por el coronavirus, una nueva pesadilla sucedió inmediatamente a la anterior.  

Ahora, explica, viven con la “secuela permanente” del miedo a contagiarse. Sin empleos por la cuarentena y sin dinero suficiente para pagar una tanatóloga para que ayude a su madre a superar el trance. Y enfrentando, además, las miradas escrutadoras, los cuchicheos y el estigma de quienes se cambian de banqueta para no pasar por la casa donde falleció Óscar.

“Con este virus, la pesadilla no se acaba cuando muere tu ser querido”, lamenta Fabiola, que exhala un largo suspiro al otro lado de la llamada telefónica. 

Aunque, aún con el suspiro en la boca, la mujer matiza que este proceso tan doloroso también les ha dejado algo positivo en sus vidas. 

“Ahora la familia está más unida que nunca”, asegura. 

Hacer negocio de la desgracia

“Que nadie lo toque. Cúbranlo con una sábana. Y salgan de la casa hasta que lleguemos”.

Estas fueron las instrucciones precisas que, por medio de una llamada telefónica, le dieron a Fabiola los operarios de la funeraria. Era la tercera o la cuarta a la que acudían, después de infinitas llamadas al 911, a funerarias particulares, y a las oficinas de varios municipios. 

“Todas me decían que estaban saturados por el coronavirus. Que podían venir a llevárselo hasta, por lo menos, dentro de tres días. Pero ¿se imagina? -cuestiona enojada Fabiola-. ¿Qué íbamos a hacer con nuestro difunto tres días ahí en la sala de la casa?”

En mitad de la desesperación, y aún con el cuerpo de Óscar tendido en el lugar de la casa donde falleció tras dos días de fiebre y una tos intensa, imparable, Fabiola cuenta que, al fin, una funeraria les ofreció ayuda para que tuvieran un servicio rápido y sin problemas de papeleo por el COVID. Pero, a cambio de 18 mil pesos. Un dinero que ellos, sin empleo el padre, por la cuarentena, y sin empleo los hermanos por lo mismo, no tenían a la mano. 

“En ese instante, yo estaba viviendo el momento más difícil de mi vida. ¡Se murió mi hermano! No era el primo lejano que nunca ves, o el tío ya viejito. Era mi hermano. Y, aún así, tienes que soportar que alguien quiera aprovecharse del dolor para sacarte dinero. Tienes que aguantar que quieran hacer negocio de tu desgracia”, dice Fabiola.

Finalmente, gracias a la intervención de un familiar, otra funeraria les dio el servicio por menos dinero, y de forma adecuada. Es decir, cumpliendo con los protocolos de higiene -limpiaron a fondo el lugar donde falleció Óscar- y llevándose rápido el cuerpo a la funeraria. 

Aunque ese proceso también dejó una profunda herida: todo fue tan vertiginoso, tan aséptico, tan impersonal, tan solitario, que en la familia se quedó irremediablemente un sentimiento de que no fue la despedida que Óscar merecía.

“Vinieron, lo metieron en un saco de plástico, y luego en otro. Sanitizaron todo y se lo llevaron. Al día siguiente solo pudo ir una persona a recoger las cenizas. No hubo sepelio, no hubo despedida, nada”. 

La otra pesadilla: el miedo a contagiarse

Óscar falleció la tarde del jueves del 23 de abril. Fue la culminación de cuatro días de locura, que nadie, ni él mismo, imaginó que pasarían por culpa de un virus que se originó en un remoto mercado de Wuhan, China. 

La mañana del lunes previo, Óscar amaneció con una ligera tos. Pero insistió en que se encontraba bien. 

El martes, la situación empeoró. Más tos y fiebre.

El miércoles, Fabiola lo llevó a la unidad médica más cercana, que está a unos pocos minutos de la calle privada de donde viven, en Atizapán. Ahí, en el filtro sanitario, le tomaron la temperatura, y de inmediato les prohibieron el paso porque Óscar presentaba “el cuadro de coronavirus”. Lo mandaron a un Hospital COVID. 

“Pero yo les dije: ‘cómo creen, si nada más tiene tos y un poco de temperatura. Capaz y lo llevo a un hospital y ahí sí se me contagia de verdad’”, recuerda Fabiola. 

Entonces, en el filtro les aconsejaron que fueran a un laboratorio privado a hacerse la prueba COVID. Si salía negativo, podían regresar. Pero, si salía positivo, debían llevarlo de inmediato al Hospital. 

Fabiola y Óscar regresaron a casa. Esa noche la situación empeoró. Fabiola escuchaba desde su habitación que Óscar no dormía. Todo el rato tosía y se quejaba entre jadeos de que le costaba respirar.

La mañana del jueves, a las 9, fueron a hacerse la prueba. Y horas después, a eso de las ocho de la tarde, falleció en su casa.

“Fue rapidísimo”, murmura Fabiola, aun contrariada.

Sin descanso para asimilar nada, el lunes siguiente, a Fabiola la llamaron para informarle que su hermano había dado positivo a COVID 19. 

A partir de ese momento, “un miedo terrible y una gran desesperación” se esparció por los ocho integrantes de la familia, entre padres, hermanos, y sobrinos, que acompañaron hasta el último minuto a Óscar. 

“Todos fuimos muy imprudentes, la verdad”, admite Fabiola. “Mi mamá tiene 65 años y es diabética, mi papá tiene hipertensión, y todos estábamos sin protección porque aún no sabíamos bien qué onda con el virus. Incluso, mi hija trató de darle los primeros auxilios a mi hermano”. 

De inmediato, todos se hicieron la prueba, que tardó cinco días en dar resultado. 

“Fueron los días más largos de nuestras vidas”, asegura la mexiquense, que durante ese tiempo cuenta que, en la casa, ahora sí, todos llevaban cubrebocas, y comían por turnos y en espacios separados. Aunque ni así pudieron calmar la ansiedad y el temor a contagiarse de un virus que, con sus propios ojos, vieron cómo se llevó en cuestión de días a Óscar. 

“Este virus también te deja como secuela un miedo terrible. Yo misma me inventaba sin ser consciente los síntomas. Y aún lo hago: a cada rato siento que tengo fiebre y que me cuesta respirar, aunque el médico ya me ha dicho que no tengo nada”, cuenta Fabiola.  

Finalmente, los resultados dieron una tregua: todos salieron negativos. 

Pero, aún así, doña Dolores seguía inmersa en un nubarrón de pensamientos negativos y de reproches: se repetía que si le hubiera dicho a su hijo que tal día no fuera a una reunión, o si hubiera hecho las cosas diferentes, quizá aún hoy estaría vivo. 

“Mi mamá tenía crisis de ansiedad. Decía que todos los días soñaba con mi hermano. Que no podía dormir, que sentía su esencia por toda la casa”. 

Gracias a un anuncio que vieron en la calle, de ‘Ayuda para mujeres desesperadas’, una tanatóloga atendió a doña Dolores. La primera sesión gratuita “le cayó súper bien”, dice Fabiola. Pero la segunda ya tenía un costo de 500 pesos. Demasiado dinero, máxime luego de que la cuarentena dejó sin trabajo a su padre, don José, que es operario de un camión de volteo, y también a sus hermanos, que, aunque uno de ellos ya regresó al taxi, siguen sin tener ingresos fijos. 

“A mi mamá le hace mucha falta una tanatóloga, para ir sanando. Pero, ahora mismo, a nadie le sobra el dinero, y nos hace mucha falta para comer, y para pagar sus medicamentos, como la insulina”. 

El estigma COVID y la otra cara de la moneda

Ha pasado un mes desde la muerte de Óscar. Pero el alivio aún no llega a la vida de Fabiola. En ese tiempo, el coronavirus ha seguido golpeándola de una u otra forma: su pareja actual, y su expareja, padre de sus hijos, están en cuarentena tras infectarse. Y el hermano de su expareja y la mamá de su pareja actual fallecieron por COVID. 

“Muchas veces me digo: ¿Qué clase de pesadilla es esta que no acaba? ¿Cuándo voy a despertar de una vez?”, se pregunta. 

Y a todo esto, hay que añadir el estigma, de la discriminación. En el vecindario ya los miran diferente, asegura Fabiola. En la tiendita de la esquina, cuando su hija entra, la gente sale corriendo, en silencio y sin mirar atrás. O cuando saca el coche del garaje y coincide con el vecino de al lado, éste se mete de nuevo para esperar a que ella se marche. 

“Es muy triste -murmura la mujer-. De por sí traes un enorme duelo, porque no pudiste despedir a tu ser querido, y encima se nos quedó este estigma, como si en mi casa hubiera la peste”. 

No obstante, matiza a colación, en la muerte de su hermano también hay otra cara de la moneda. La bonita, que atesora en la memoria para seguir adelante. La que le erizó la piel cuando vio a los compañeros y amigos de Óscar acudir a su casa, a pesar del miedo al coronavirus, a presentar sus respetos a doña Dolores. 

A ella le entregaron un apoyo económico y un montón de mensajes escritos a mano. 

En un de ellos, Fabiola dice emocionada que alguien resumió muy bien en pocas palabras a su hermano Óscar: “Era un enojón. Pero un gran compañero. Una gran persona. Y, sobre todo, un gran amigo”. 

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El otro virus que preocupa en Asia (y cómo trabajan los científicos para que no provoque otra pandemia)

La tasa de mortalidad por el virus Nipah es de hasta un 75% y no tiene vacuna. Los científicos trabajan arduamente para asegurarse de que este virus no cause la próxima pandemia.
15 de enero, 2021
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Supaporn Wacharapluesadee

Getty Images
Supaporn Wacharapluesadee es una “cazadora de virus”.

Era el 3 de enero de 2020, y Supaporn Wacharapluesadee estaba esperando una entrega.

Se había corrido la voz de que había algún tipo de enfermedad respiratoria que afectaba a las personas en Wuhan, China.

Con la llegada del Año Nuevo Lunar, muchos turistas chinos se dirigían a la vecina Tailandia para celebrar.

Por eso, el gobierno tailandés comenzó a examinar en el aeropuerto a los pasajeros que llegaban de Wuhan, y se eligieron algunos laboratorios, incluido el de Wacharapluesadee, para procesar las muestras con las que querían detectar el problema.

Wacharapluesadee es una experta cazadora de virus.

Dirige el Centro de Ciencias de la Salud y Enfermedades Infecciosas Emergentes de la Cruz Roja Tailandesa en Bangkok.

Durante los últimos 10 años, ha formado parte de Predict, un proyecto mundial para detectar y detener enfermedades que pueden pasar de animales a humanos.

Ella y su equipo han tomado muestras a muchas especies, pero su enfoque principal ha estado en los murciélagos, que se sabe que albergan muchos coronavirus.

Un monje enseña un murciélago

Huw Evans picture agency
Los murciélagos que comen fruta son habituales en el sur de Asia y son el hábitat perfecto para el virus Nipah.

Pudieron comprender la enfermedad en solo unos días, detectando el primer caso de covid-19 fuera de China.

Descubrieron que, además de ser un virus nuevo que no se originó en humanos, estaba más estrechamente relacionado con los coronavirus que ya habían encontrado en los murciélagos.

Gracias a la información preliminar, el gobierno pudo actuar rápidamente para poner en cuarentena a los pacientes y asesorar a los ciudadanos.

A pesar de ser un país de casi 70 millones de habitantes, un año después, el 3 de enero de 2021 Tailandia había registrado 8.955 casos y 65 muertes.

La próxima amenaza

Pero mientras el mundo lidia con la covid-19, Wacharapluesadee ya está mirando hacia la próxima pandemia.

Asia tiene un gran número de enfermedades infecciosas nuevas.

Un murciélago

Getty Images
El equipo de Supaporn Wacharapluesadee fue el primero en confirmar un caso de covid-19 fuera de China.

Las regiones tropicales tienen una rica variedad de biodiversidad, lo que significa que también albergan una gran cantidad de patógenos.

Esto aumenta las posibilidades de que surja un nuevo virus.

El crecimiento de las poblaciones humanas y el aumento del contacto entre personas y animales salvajes en estas regiones también aumentan el factor de riesgo.

En el transcurso de un proyecto en el que tomó muestras de miles de murciélagos, Wacharapluesadee y sus colegas han descubierto muchos virus nuevos.

En su mayoría han encontrado coronavirus, pero también otras enfermedades mortales que pueden extenderse a los humanos.

Tasa de mortalidad del 40%-75%

Entre estos virus está el Nipah.

Los murciélagos que comen fruta son su huésped natural.

“Supone una gran preocupación porque no hay tratamiento y este virus tiene una alta tasa de mortalidad”, dice Wacharapluesadee.

La tasa de mortalidad de Nipah varía entre el 40% y el 75%, dependiendo de dónde ocurra el brote.

Pero la científica no está sola en su preocupación.

Murciélagos

Getty Images
El Nipah vive en los murciélagos que comen fruta y son ellos quienes lo transmiten.

Cada año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) revisa la larga lista de patógenos que podrían causar una emergencia de salud pública para decidir cómo priorizar sus fondos de investigación y desarrollo.

Se enfocan en aquellos que presentan el mayor riesgo para la salud humana, aquellos que tienen potencial epidémico y aquellos para los que no existen vacunas.

El virus Nipah está entre los 10 primeros.

Un virus siniestro

Y, como ya se han producido varios brotes en Asia, es probable que no hayamos visto el último.

Hay varias razones por las que el virus Nipah es tan siniestro.

El largo período de incubación de la enfermedad, que puede llegar hasta los 45 días, significa que existen muchas posibilidades de que un animal o persona infectada, sin saber que está enferma, lo propague.

Además puede infectar a una amplia gama de animales, lo que aumenta la posibilidad de que se extienda.

Y se puede contagiar por contacto directo o consumiendo alimentos contaminados.

Alguien con el virus Nipah puede experimentar síntomas respiratorios que incluyen tos, dolor de garganta, dolores y fatiga, y encefalitis, una inflamación del cerebro que puede causar convulsiones y la muerte.

Es claramente una enfermedad que a la OMS le gustaría evitar que se propague.

Pero el contagio es posible en cualquier lugar.

El mercado de la mañana en Battambang, Camboya.

Getty Images
El mercado de la mañana en Battambang, Camboya, sería un asunto sin complicaciones, excepto por sus murciélagos frugívoros.

El peligro acecha

En el mercado de Battambang, una ciudad a orillas del río Sangkae, en el noroeste de Camboya, las motocicletas pasan entre los compradores y levantan polvo a su paso.

Los carros llenos de mercancías y cubiertos con láminas de colores se colocan junto a puestos improvisados que venden frutas deformes.

Los lugareños entran y salen de las gradas, con las bolsas de plástico llenas de sus compras.

Las ancianas con sombreros de ala ancha se agachan sobre mantas cubiertas con verduras para la venta.

En otras palabras, es un mercado matutino bastante normal. Es decir, hasta que miras al cielo.

Colgados en silencio en los árboles de arriba hay miles de murciélagos que comen fruta, defecando y orinando sobre cualquier cosa que pase debajo de ellos.

En una inspección más cercana, los techos de los puestos del mercado están cubiertos de heces de murciélago.

Battambang

Getty Images
Los murciélagos sobrevuelan el mercado de Battambang defecando y orinando en cualquier sitio.

“La gente y los perros callejeros caminan todos los días bajo construcciones expuestas a la orina de los murciélagos“, dice Veasna Duong, jefa de la unidad de virología del laboratorio de investigación científica Instituto Pasteur en Phnom Penh y colega y colaboradora de Wacharapluesadee.

El mercado de Battambang es uno de los muchos lugares donde Duong ha identificado murciélagos frugívoros y otros animales que entran en contacto con humanos a diario en Camboya.

Cualquier lugar donde los humanos y los murciélagos frugívoros estén cerca se considera un “intercambio de alto riesgo” por su equipo, lo que significa que es muy posible que se produzca un contagio.

“Este tipo de exposición podría hacer que el virus mute, lo que podría causar una pandemia”, dice Duong.

A pesar de los peligros, los ejemplos de proximidad son infinitos.

“Observamos aquí y en Tailandia, en mercados, áreas de culto, escuelas y lugares turísticos como Angkor Wat, donde, por ejemplo, hay un gran nido de murciélagos allí”, dice.

En un año normal, Angkor Wat recibe 2,6 millones de visitantes.

Y eso son 2,6 millones de oportunidades al año para que el virus Nipah pase de murciélagos a humanos en un solo lugar.

El mercado matutino de Battambang

Huw Evans picture agency
El mercado matutino de Battambang es uno de los muchos lugares en Camboya donde los murciélagos y los humanos entran en contacto cercano.

De 2013 a 2016, Duong y su equipo lanzaron un programa de rastreo con GPS para comprender más sobre los murciélagos frugívoros y el virus Nipah, y para comparar las actividades de los murciélagos camboyanos con los murciélagos en otras regiones de puntos críticos.

Dos de estos lugares son Bangladesh e India.

Ambos países han experimentado brotes del virus Nipah en el pasado y probablemente estén relacionados con el consumo de jugo de palmera datilera.

Por la noche, los murciélagos infectados sobrevuelan las plantaciones de palmeras datileras y lamen el jugo que se derramaba del árbol y que los locales recolectan a través de un cuenco sujeto al árbol.

Es probable que los murciélagos orinen cerca del cuenco.

A la mañana siguiente, los lugareños que compren un jugo a su vendedor ambulante, pueden infectarse con la enfermedad.

En 11 brotes diferentes de Nipah en Bangladesh entre 2001 y 2011, se detectaron 196 personas con Nipah.

De ellas 150 murieron.

Laboratorio médico

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El virus Nipah es mortal en muchas ocasiones.

El jugo de palmera datilera también es popular en Camboya, donde Duong y su equipo han descubierto que los murciélagos frugívoros en Camboya vuelan lejos, hasta 100 km cada noche, para encontrar fruta.

Eso significa que los humanos en estas regiones deben preocuparse no solo por estar demasiado cerca de los murciélagos, sino también por consumir productos que los murciélagos podrían haber contaminado.

Duong y su equipo también identificaron otras situaciones de alto riesgo.

Las heces de murciélago son un fertilizante popular en Camboya y Tailandia y en áreas rurales con pocas oportunidades laborales vender excrementos de murciélago puede ser una forma de ganarse la vida.

Duong identificó muchos lugares donde los locales animaban a los murciélagos frugívoros, también conocidos como zorros voladores, a posarse cerca de sus hogares para poder recolectar y vender su guano.

Los aldeanos cosechan guano en una caverna,

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Los aldeanos cosechan guano en una caverna, un fertilizante popular en Camboya y Tailandia, pero que conlleva riesgos.

Pero muchos recolectores de guano no tienen idea de los riesgos a los que se enfrentan al hacerlo.

“El 60% de las personas que entrevistamos no sabían que los murciélagos transmiten enfermedades. Hay todavía una gran falta de conocimiento”, dice Duong.

De vuelta en el mercado de Battambang, Sophorn Deun vende huevos de pato.

Cuando se le preguntó si había oído hablar del virus Nipah, una de las muchas enfermedades de riesgo que podrían portar los murciélagos, dijo: “Nunca. Los zorros voladores no molestan a los aldeanos, nunca me he enfermado”.

Educar a los lugareños sobre las amenazas que suponen los murciélagos debería ser una iniciativa importante, cree Duong.

Cambiando el mundo

Evitar los murciélagos podría haber sido fácil años atrás, pero a medida que la población humana se expande, cambiando el planeta y destruyendo hábitats silvestres para satisfacer la creciente demanda de recursos, esto aumenta la propagación de enfermedades.

“La propagación de estos patógenos y el riesgo de transmisión se aceleran con los cambios en el uso de la tierra como la deforestación, la urbanización y la intensificación agrícola”, escriben los autores Rebekah J. White y Orly Razgour en un informe de 2020 de la Universidad de Exeter sobre enfermedades zoonóticas emergentes.

Campos deforestados

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La deforestación obliga a los murciélagos a mudarse.

El 60% de la población mundial ya vive en las regiones de Asia y el Pacífico, y todavía se está produciendo una rápida urbanización.

Según el Banco Mundial, casi 200 millones de personas se trasladaron a áreas urbanas en Asia Oriental entre los años 2000 y 2010.

El Nipah en el pasado

La destrucción de los hábitats de los murciélagos ha causado infecciones por Nipah en el pasado.

En 1998, un brote del virus Nipah en Malasia mató a más de 100 personas.

Los investigadores concluyeron que los incendios forestales y la sequía local habían desalojado a los murciélagos de su hábitat natural y los habían obligado a buscar árboles frutales cultivados en las mismas granjas que los cerdos.

Bajo estrés, se ha demostrado que los murciélagos esparcen más virus.

La combinación de verse obligados a reubicarse y estar en estrecho contacto con una especie con la que normalmente no interactuarían permitió que el virus pasara de los murciélagos a los cerdos y luego a los granjeros.

Además, aunque Asia alberga casi el 15% de los bosques tropicales del mundo, pero la región también es un foco de deforestación.

El continente se encuentra entre los primeros del mundo en pérdida de biodiversidad.

Gran parte de esto se debe a la destrucción de bosques en plantaciones para productos como el aceite de palma, pero también a la creación de áreas residenciales y espacio para el ganado.

Deforestación

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Asia está experimentando altos niveles de deforestación, a menudo debido a la construcción de plantaciones para productos como el aceite de palma.

Los murciélagos que comen fruta tienden a vivir en regiones boscosas espesas con muchos árboles frutales de los que alimentarse.

Refugios alternativos

Cuando su hábitat es destruido o dañado, encuentran nuevas soluciones, como el gallinero de una casa o las torres con grietas de Angkor Wat.

“La destrucción del hábitat de los murciélagos y la interferencia de los humanos a través de la caza impulsa a los zorros voladores a buscar refugios alternativos“, dice Duong.

Es probable que los murciélagos que el equipo de Duong ha monitoreado viajando hasta 100 kilómetros por noche en busca de fruta lo estén haciendo porque su hábitat natural ya no existe.

Pero los murciélagos, hemos sabido recientemente, albergan una serie de enfermedades desagradables: Nipah y covid-19, pero también ébola y SARS.

¿Deberíamos simplemente erradicar los murciélagos?

No, a menos que queramos empeorar las cosas, dice Tracey Goldstein, directora de instituto del Laboratorio del One Health Institute y directora de laboratorio del Proyecto Predict.

Murciélago

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Aunque los murciélagos son portadores de enfermedades, también ayudan a controlar loa insectos, por lo que sacrificarlos no es una buena opción, dicen los científicos.

“Los murciélagos juegan un papel ecológico enormemente importante”, dice Goldstein.

Polinizan más de 500 especies de plantas.

También ayudan a mantener a raya a los insectos, desempeñando un papel muy importante en el control de enfermedades en los seres humanos, por ejemplo, reduciendo la malaria al comer mosquitos, dice Goldstein.

“Desempeñan un papel muy importante en la salud humana”.

También señala que se ha demostrado que sacrificar murciélagos es perjudicial desde la perspectiva de la enfermedad.

“Lo que hace una población cuando disminuye el número de bebés es tener más bebés; eso haría que sea más susceptible”, dice.

Encontrar respuestas, crear preguntas

Pero por cada respuesta, siempre surgen más preguntas.

Una es: ¿por qué Camboya aún no ha experimentado un brote del virus Nipah, dados todos los factores de riesgo?

¿Es cuestión de tiempo, o los murciélagos frugívoros de Camboya son ligeramente diferentes a los murciélagos frugívoros de Malasia, por ejemplo?

¿El virus en Camboya es diferente al de Malasia?

¿La forma en que los humanos interactúan con los murciélagos es diferente en cada país?

El equipo de Duong está trabajando para encontrar las respuestas, pero aún no conoce todos los aspectos del tema.

Angkor Wat

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Los templos de Angkor Wat, en Camboya, son el escondire perfecto para los murciélagos.

Por supuesto, el equipo de Duong no es el único que analiza estas preguntas.

La búsqueda de virus es un esfuerzo de colaboración global masivo, con científicos, veterinarios, conservacionistas e incluso científicos ciudadanos que se unen para comprender a qué enfermedades nos enfrentamos y cómo evitar un brote.

Cuando Duong encuentra el virus Nipah en alguna de las muestras extraídas en murciélagos, se lo envía a David Williams, jefe del Grupo de Diagnóstico de Laboratorio de Enfermedades de Emergencia del Centro Australiano de Preparación para Enfermedades.

Debido a que el virus Nipah es tan peligroso (los gobiernos de todo el mundo consideran que tiene potencial de bioterrorismo), solo un puñado de laboratorios en todo el mundo pueden cultivarlo y almacenarlo.

El laboratorio de Williams es uno de ellos.

Su equipo está formado por algunos de los principales expertos mundiales en virus Nipah, con acceso a una amplia gama de herramientas de diagnóstico que no están disponibles en la mayoría de los laboratorios.

Al usar trajes de contención herméticos, pueden cultivar más virus altamente peligrosos a partir de una pequeña muestra y luego, trabajando con una carga mayor, realizar pruebas para comprender cómo se replica, transmite y cómo causa enfermedades.

Científicos

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Los científicos tienen que tratar las muestras de virus peligrosos con un equipo especial.

Es bastante complicado llegar a este punto: primero, Duong recolecta orina de murciélago extendiendo una lámina de plástico debajo de un gallinero en Camboya.

Esto evita tener que atrapar a los murciélagos, lo que puede resultar traumatizante para ellos.

Lleva sus muestras al laboratorio, las decanta en tubos, las etiqueta y las empaqueta de forma segura en cajas frías.

Estos son recolectados por un servicio de mensajería especial que está aprobado para enviar mercancías peligrosas y vuelan a Australia, donde las muestras de virus pasan por la aduana para que se aprueben las licencias y los permisos correspondientes.

Finalmente llegan al laboratorio de Williams.

Después de las pruebas, compartirá los resultados con Duong en Camboya.

Fondos para investigación

Le pregunto a Williams si construir más laboratorios de alta seguridad como el suyo en todo el mundo podría acelerar la detección de enfermedades dañinas.

“Potencialmente sí, al poner más laboratorios en lugares como Camboya que podrían acelerar la caracterización y el diagnóstico de estos virus”, dice. “Sin embargo, su construcción y mantenimiento son costosos. A menudo, ese es el elemento limitante”.

La financiación del trabajo que están llevando a cabo Duong y Wacharapluesadee ha sido irregular en el pasado.

El gobierno de Trump dejó que el programa Predict, con 10 años de antigüedad, expirara, aunque el presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, prometió restaurarlo.

Mientras tanto, Wacharapluesadee tiene fondos para una nueva iniciativa llamada Thai Virome Project, una colaboración entre su equipo y el Departamento de Parques Nacionales, Vida Silvestre y Conservación de Plantas del gobierno en Tailandia.

Muestras

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Las muestras se mandan a Australia.

Esto le permitirá tomar muestras de más murciélagos y una gama más amplia de vida silvestre para comprender las enfermedades que albergan y las amenazas a la salud humana.

Duong y su equipo están buscando fondos para su próximo viaje de detección de patógenos.

Uno para financiar la vigilancia continua de los murciélagos en Camboya y otro para comprender si ha habido infecciones en humanos de las que no se han tenido noticias hasta ahora.

Todavía no han logrado asegurar el dinero para continuar con su trabajo contra el virus Nipah.

Sin él, dicen, es más probable un brote potencialmente catastrófico.

“La vigilancia a largo plazo nos ayuda a informar a las autoridades medidas preventivas y para evitar un contagio no detectado que causaría un brote más grande”, dice Duong.

Y sin una formación continua, es posible que los científicos no puedan identificar y caracterizar nuevos virus rápidamente, como hizo Wacharapluesadee con covid-19 en Tailandia.

Esta información es necesaria para comenzar a trabajar en una vacuna.

Murciélagos

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Los murciélagos pueden recorrer decenas de kilómetros.

Cuando hablamos en junio de 2020 por videollamada, le pregunté si Wacharapluesadee estaba orgullosa del notable logro de su equipo. “¿Orgullosa?”, dijo. “Sí, lo estoy”.

“Pero el proyecto Predict fue un ejercicio sobre cómo diagnosticar virus nuevos a partir de animales salvajes. Así que cuando mi equipo y yo encontramos el genoma del no fue una gran sorpresa . Nos dio mucha experiencia. Fortaleció nuestra capacidad”, dijo.

Duong y Wacharapluesadee esperan seguir colaborando para combatir el virus Nipah en el sudeste asiático, y la pareja ha elaborado una propuesta para vigilar de forma conjunta el virus Nipah en la región.

Planean enviarlo a la Agencia de Reducción de Amenazas de Defensa, una organización gubernamental de Estados Unidos que financia el trabajo destinado a reducir las amenazas que representan los agentes de enfermedades infecciosas, una vez que la crisis de covid-19 disminuya.

En septiembre de 2020, le pregunté a Wacharapluesadee si cree que puede detener la próxima pandemia.

Estaba sentada en su oficina con su bata blanca de laboratorio, después de haber procesado cientos de miles de muestras para realizar pruebas de covid-19 en los últimos meses, algo muy por encima de la capacidad habitual de su laboratorio en cualquier otro año.

A pesar de todo, una sonrisa apareció en su rostro. “¡Lo intentaré!”, dijo.

Con información adicional de Mora Piseth en Camboya.

La presentación de informes para esta historia, que es parte de la serie “Stop the Next One”, fue financiada por el Pulitzer Center.

Esta nota se publicó originalmente en inglés en BBC Future.


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