Darán hasta 10 años de cárcel a quien ataque con ácido a mujeres en Edomex
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Patricia Ordaz

Darán hasta 10 años de cárcel a quien ataque con ácido o químicos a mujeres en el Edomex

Estos cambios en el Código Penal también fueron impulsados por Carmen Sánchez, quien fue atacada con ácido por su expareja. El sistema de justicia minimizó sus lesiones y no ha llevado aún a la cárcel a su agresor.
Patricia Ordaz
2 de julio, 2020
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El Congreso del Estado de México aprobó este jueves una reforma al Código Penal local para castigar, hasta con 10 años de cárcel, a quien arroje ácido o sustancias corrosivas, químicas o flamables a una persona.

La iniciativa fue presentada por la diputada de Morena, Mariana Uribe Bernal, quien consideró que en materia legislativa existían vacíos legales que dejaban expuestas a las víctimas de estos ataques, en particular a las mujeres, lo que permitía que sus agresores burlaran el sistema de justicia.

“No hay pena que alcance a cubrir todo el daño que le han hecho a estas mujeres atacadas con ácido ya que destrozaron su vida, su integridad, su posibilidad de poder encontrar empleo al tener que someterse a tantas cirugías”, sostuvo la legisladora.

Lee: Retomar la vida tras un ataque con ácido, el largo y difícil proceso para la recuperación

La reforma agrava las penas por el delito de lesiones cuando se cometa con ácidos o material corrosivo o químico. La reforma fue llevada a cabo al adicionar la fracción XI al artículo 238 del Código Penal del Estado de México para quedar de la siguiente manera:

“Cuando las lesiones se produzcan dolosamente mediante el uso de ácidos, sustancias corrosivas, o químicas o flamables, se aplicarán de cinco a diez años de prisión y de 100 a 200 días de multa”.

Actualmente, el delito de lesiones es sancionado con tres o seis meses de prisión, además de 30 a 60 días multas.

El Código Penal del Estado de México, hasta hoy no tenía tipificadas las agresiones provocadas por ácido, razón por la cual el Ministerio Público llegaba a clasificar estos ataques como “leves”, argumentando que las lesiones tardaban en sanar hasta en 15 días, cuando en realidad la recuperación lleva años, e incluso pone en riesgo la vida de la víctima.

La diputada Mariana Uribe dijo que esta reforma representa un gran avance porque da la bases para que se haga justicia cuando ocurra un ataque y no se califiquen las lesiones como “leves”, ya que sí hay secuelas de por vida y daños irreversibles.

El caso de Carmen Sánchez impulsó los cambios

En entrevista, la legisladora comentó que una de las cosas que la motivaron a presentar la iniciativa de reforma fue el acercamiento que tuvo con Carmen Sánchez, una mujer atacada con ácido en el Edomex en 2014. El sistema de justicia minimizó sus lesiones y no ha llevado aún a la cárcel a su agresor. Junto con otras mujeres que pasaron por la misma situación han impulsado la lucha para el cambio en las leyes.

A Carmen su expareja le roció una botella con ácido en la cara y en el cuerpo. Eso ocurrió hace seis años y aún su agresor no ha sido detenido. Ella sigue exigiendo justicia.

El ácido dañó la mitad de su rostro. Carmen tiene injertos en brazos, piernas, pecho, tórax y cara, su cuello fue severamente dañado. Su párpado todavía no está reconstruido y existe el riesgo de perforación ocular porque éste no cierra. Lleva más de 55 cirugías y aún le faltan más.

“El Estado no ha hecho nada por mi caso, mi agresor sigue libre. Hay una recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH)  y la Fiscalía del Edomex no la ha cumplido. Ya estoy desesperada, en verdad ya estoy desesperada de que no puedan detener a mi agresor y que la Fiscalía tenga todo parado”, comentó Carmen a Animal Político.

“Sé y entiendo que ahorita todos estamos atravesando tiempos difíciles, pero esto no es de apenas por la pandemia, la Fiscalía no ha hecho su trabajo, mi ataque ocurrió desde el 2014”, dijo.

“Estas leyes no van a ser retroactivas ni para mí, ni para las otras mujeres, pero lo que yo he estado haciendo desde hace varios años, no solo tiene que ver conmigo. Esta lucha que estamos dando es por las mujeres que vienen (…) Ojalá está ley sea un freno y que ninguna otra carpeta de investigación vuelva a presentar las omisiones que tuvo la mía”.

Cuando Carmen denunció el ataque el médico legista determinó que sus lesiones no ponían en peligro su vida y que sanarían en menos de 30 días. Hasta septiembre de 2018 −cuatro años después del ataque−, se concluyó que sus lesiones sí la ponían en riesgo.

La carpeta de investigación de su caso fue extraviada y se mantuvo casi cuatro años sin avances. Un juez otorgó la orden de aprehensión contra su agresor tres meses después del ataque por el delito de lesiones dolosas. Ninguna autoridad le dio seguimiento.

Además, su carpeta de investigación se inició por lesiones simples y no se clasificó como un delito grave.

“La Fiscalía no ha cumplido”, aseguró Carmen quien ve un avance en la reforma a la legislación del Edomex, pero que sigue exigiendo justicia por su caso.

“Ser rociada con ácido es una muerte en vida porque no es la piel la que se daña, sino el alma”, sostuvo.

Los ataques con ácido en México no están considerados como un delito en el Código Penal Federal.

En la Ciudad de México, apenas en enero de 2020 se modificó la legislación para que los ataques con sustancias corrosivas tengan penas que van de los 9 a 12 años de prisión.

En Oaxaca este año también se aprobó una reforma al Código Penal local para castigar, hasta con 40 años de cárcel, a quien ataque con agentes químicos o sustancias corrosivas a mujeres por razones de género. En esta entidad fue atacada la saxofonista oaxaqueña María Elena Ríos.

Aquí puedes leer la historia de Carmen Sánchez, Esmeralda Millán, Martha Ávila y de María Elena Ríos, cuatro mujeres atacadas con ácido en varios puntos del país.

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Afganistán: qué ocurre ahora con la economía del país tras la llegada de los talibanes (y cuál puede ser el papel de China)

Ahora que los talibanes tienen de nuevo el control del país, ¿puede funcionar su sistema financiero?
18 de agosto, 2021
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La economía de Afganistán está “moldeada por la fragilidad y la dependencia de la ayuda internacional”.

Este es el problemático panorama económico que describió el Banco Mundial muchos meses antes de que los talibanes se hicieran otra vez con el control del país, algo que se concretó este fin de semana.

Y con la situación actual, las perspectivas económicas son mucho más precarias, con una nube de incertidumbre que se cierne sobre la asistencia financiera que le llega a este país.

Por una parte, Afganistán tiene recursos minerales, pero la crisis política ha impedido su explotación.

Entiende mejor: Afganistán: cómo surgió el Talibán y otras 5 preguntas clave sobre el grupo islamista

La dependencia económica es llamativa. En 2019, el Banco Mundial mostró que la ayuda para el desarrollo representaba el 22% del ingreso general nacional (que no es lo mismo que el PIB, pero sí muy parecido).

Esta es una cifra muy alta, pero es mucho menor que la de unos 10 años atrás, cuando llegaba al 49%.

Ahora esas ayudas están bajo un manto de duda. La ministra de Relaciones Exteriores de Alemania, Heike Maas, le dijo a las cadenas de su país que “no le vamos a dar otro centavo si los talibanes toman el control del país y reintroducen la ley sharia”.

Otros países que son proveedores de ayuda van a estar mirando la situación muy de cerca.

El mal de la corrupción

La fragilidad a la que se refiere el Banco Mundial se ilustra con los altos gastos en defensa y seguridad antes de que los talibanes retomaran el control: Afganistán dedica el 29% del PIB a estos gastos, una cifra muy superior al 3% promedio que tienen los países de bajos ingresos.

Además de la seguridad y los serios problemas de corrupción, detrás hay otro aspecto crítico persistente en Afganistán: la poca inversión extranjera que hay en el país.

De acuerdo con Naciones Unidas, en los últimos años no se han hecho anuncios sobre nuevas inversiones, por parte de capitales extranjeros iniciando nuevos negocios.

Desde 2014 solo se han contado cuatro inversiones de este tipo.

Pastor de ovejas en Afganistán.

Getty Images
Cerca del 60% del ingreso promedio de los hogares en Afganistán dependen de la agricultura y el campo.

Solo para comparar con dos países del sur de Asia con poblaciones parecidas, en Nepal el número de nuevos negocios con inversión extranjera es 10 veces superior al logrado por Afganistán, y Sri Lanka multiplica por unas 50 veces esa cifra en ese mismo período.

El Banco Mundial describe el sector privado afgano como “estrecho”. El empleo está concentrado en una producción agrícola limitada: el 60% de los ingresos de los hogares en Afganistán vienen de este rubro.

A esto se suma que en el país funciona una enorme economía informal e ilegal. Por ejemplo, hay minería ilegal y, por supuesto, la muy conocida producción de opio y su contrabando asociado.

El tráfico de drogas también es una fuente de financiamiento para los talibanes.

Riqueza mineral

Dicho todo esto, la economía afgana ha crecido desde la invasión en 2001.

Aunque las cifras económicas de Afganistán no son del todo confiables, lo que estas muestran, de acuerdo con el Banco Mundial, es un crecimiento promedio anual del 9% desde 2003 hasta 2013.

Después de ese año, los números del crecimiento caen un poco (que coinciden con la reducciòn de los niveles de ayuda) a un promedio de 2,5% desde 2015 hasta 2020.

Amapolas

EPA
El tráfico de drogas ha sido una importante fuente de ingresos para los talibanes.

Ahora, el país cuenta con abundantes recursos naturales y, en la medida en que mejore la seguridad y reduzca la corrupción, puede ser atractivo para los negocios internacionales.

Se pueden encontrar grandes cantidades disponibles de cobre, cobalto, carbón y hierro. También hay yacimientos de gas y petróleo.

Un material particular destaca sobre otros: el litio, que tiene una alta demanda para la producción de baterías para celulares y vehículos eléctricos.

Y va a ser fundamental para la industria automotriz en su transición hacia un modelo de “emisión cero” de gases contaminantes.

De vuelta en 2010, un general estadounidense le dijo al New York Times que el potencial minero de Afganistán era impresionante. Eso sí, como muchas salvedades.

El diario también reportó que el departamento de Defensa de EE.UU. había dicho en un informe que el país podía convertirse en la “Arabia Saudita del litio”.

Pero a pesar ello, este potencial no está ni cerca de ser explotado. Ni los afganos están cerca de percibir algún beneficio por ello.

Poderes extranjeros

Se han presentado muchos informes que revelan la voluntad de China de tomar parte. El gigante asiático parece tener mejores relaciones con los talibanes que las potencias occidentales, por lo que puede tener una ventaja si el nuevo régimen se mantiene en el poder.

Ahora, lo cierto es que las empresas chinas obtuvieron contratos para desarrollar operaciones de cobre y petróleo, pero no pasó mucho.

Es de esperar que China esté interesada. Las oportunidades están allí y los dos países comparten un corto segmento de frontera.

Pero cualquier empeño chino, ya sea oficial o empresarial, va a necesitar cierta certeza de que tendrá éxito.

Y los chinos se mostrarán reacios a comprometerse a menos que sientan que los problemas de seguridad y corrupción están lo suficientemente resueltos -o al menos, contenidos- como para permitirles extraer cantidades valiosas de estos productos de uso industrial.

Mineros en Afganistàn.

Getty Images
Afganistán posee un gran potencial de explotación de minerales.

Una pregunta clave para cualquier inversionista potencial, de China o de cualquier otro lugar, será si es probable que los talibanes serán más capaces de crear el tipo de entorno que necesita el negocio de lo que lo fue el anterior gobierno afgano.

Otro factor que puede afectar la economía es el empleo de las mujeres. En la última década, el porcentaje de la población femenina de más de 15 años con empleo ha aumentado drásticamente, aunque en 2019 era del 22%, todavía bajo los estándares internacionales.

Bajo control de los talibanes, es probable que este cambio se revierta, lo que podría dañar aún más las perspectivas económicas.

En el futuro inmediato, también existe una gran incertidumbre sobre la estabilidad financiera. En estos días se han visto largas filas de personas que intentan sacar su dinero de los bancos.

El Afghan Islamic Press, con sede en Pakistán, informó que un portavoz talibán ofreció garantías a los propietarios de bancos, cambistas, comerciantes y tenderos de que sus vidas y propiedades estarán protegidas.

Que incluso haya dudas sobre la seguridad física de los operadores financieros es impactante.

Necesitan tener confianza para que funcione el sistema financiero de Afganistán. Pero también se necesita que los clientes sientan que su dinero está seguro y eso seguramente no sucederá pronto.


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