En tres meses, 53 periodistas fueron atacados por su cobertura del COVID-19
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En tres meses, 53 periodistas fueron atacados por su cobertura del COVID-19 en México

Del 12 de marzo al 16 de mayo, Artículo 19 documentó alrededor de 120 agresiones contra periodistas, de las cuales el 43.33% ocurrieron durante la cobertura de la pandemia.
Cuartoscuro
9 de julio, 2020
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En México, las contradicciones y ataques de los gobiernos estatales y federal hacia la cobertura mediática del COVID-19, así como la desinformación, han perjudicado la libertad de expresión y el derecho de información de la ciudadanía.

Así lo concluyó la organización Artículo 19, en su informe especial Coronavirus Opacidad Violencia Impunidad y Desinformación (COVID).

De acuerdo con el informe, en México y Centroamérica, la pandemia por COVID evidenció la precariedad y falta de garantías laborales que enfrenta el periodismo, “y exacerbó los ánimos autoritarios de gobiernos que, hasta el momento, se consideraban democráticos”.

Dicho autoritarismo se vio reflejado, según la organización, al momento en que las autoridades estatales y federales “mostraron un preocupante recelo ante el escrutinio público” y cuestionaron “un sinnúmero de veces la capacidad de la prensa para hacer su trabajo”.

Lee: Ley en CDMX protege el Secreto Profesional de periodistas: no tendrán que revelar sus fuentes

En el documento también se expone la intolerancia de funcionarios públicos de diversos niveles de gobierno y su falta de voluntad para brindar información útil a la población más vulnerable. 

Violencia contra la prensa

El informe señala que en el marco de la emergencia sanitaria, en la que el acceso a la información es una necesidad, las agresiones contra periodistas no han frenado. 

Del 12 de marzo al 16 de mayo, Artículo 19 documentó alrededor de 120 agresiones contra periodistas, de las cuales 52 (43.33%) ocurrieron durante la cobertura de la pandemia.

Según el documento, durante la contingencia, el Estado ha sido “el mayor perpetrador de la violencia contra la prensa”. 

De las 52 agresiones ocurridas durante la cobertura de la pandemia, 36 fueron cometidas por agentes del Estado. 

Los tipos de agresión más comunes perpetrados por las autoridades fueron: bloqueos o alteración de información (27.8%); intimidación y hostigamiento (22.2%); privación de la libertad (19.4%); uso ilegítimo del poder público (16.7%), y ataques físicos (13.9%).

“En México, las autoridades han aprovechado la crisis como una excusa para censurar y estigmatizar las voces disidentes (…) Los individuos en general, han retomado el discurso estigmatizante para intimidar y evitar la cobertura de su propio manejo de la emergencia sanitaria”. 

Para ejemplificar los ataques y la estigmatización por parte del Estado, el informe cita la ocasión en la que el presidente Andrés Manuel López Obrador usó calificativos negativos contra la columnista Denise Dresser. 

 El 1 de abril, Dresser dirigió un tuit al subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, en el que cuestionaba al subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, sobre las proyecciones oficiales para el número de muertos en México. 

La también académica preguntó por el modelo usado en México. “Urge saber para entender la magnitud de la crisis del COVID-19 y cómo encararla mejor”, escribió. 

Un día después el presidente López Obrador declaró: “Ayer estaba viendo un mensaje de una periodista pidiendo que digamos cuántos muertos va a haber. Esto me hace pensar…, es posible decir que estamos viviendo en temporada de zopilotes”. 

Artículo 19 señala que “comparar a una periodista con animales carroñeros es sumamente grave pues, por un lado, vulnera y desacredita a la persona y su labor y, por el otro, desdibuja la importancia que tiene el derecho a informar, al tiempo que inhibe la libertad de expresión”. 

Lee: 2019 registró el mayor número de ataques contra periodistas de la última década: Artículo 19

Esa no fue la única vez que el presidente ha usado calificativos negativos para referirse a la prensa en torno al tema de COVID. 

El 22 de abril, el mandatario dividió a la prensa al categorizar entre “periodistas buenos y malos”, argumentando que los primeros “son quienes se apegan a los discursos oficiales sin criticar y los malos quienes disienten”. 

Esto “alimenta la creciente polarización del país y contraviene los estándares internacionales sobre libertad de expresión”, señala en el informe. 

Autoridades contribuyen a la desinformación 

Las notas falsas y la desinformación han sido una constante durante la pandemia por COVID. 

Según el informe en México son tres los factores que propician la ambigüedad, la confusión y el escepticismo para reconocer la gravedad y el alcance del virus:  

– Los mensajes contradictorios y la falta de información, de una postura clara y de coordinación de las autoridades en torno al COVID-19. 

– El flujo masivo de información y contenidos relacionados con el tema, disponibles tanto a través de los medios tradicionales como de los digitales. 

– La falta de rigor de periodistas y medios de comunicación, que ha llevado a no informar con precisión o a contribuir a la generación de narrativas discriminatorias. 

En lo que corresponde a la desinformación, el informe señala que muchas veces las noticias no verificadas se propagan rápidamente debido a que es difundido inicialmente por figuras públicas a las que se les concede alguna autoridad, o porque provienen de fuentes oficiales, por ejemplo, determinados funcionarios públicos.

El documento cita algunos casos en los que medios de comunicación, en su mayoría impresos, han difundido información sin verificar que alarma a la población, como fotografías de hospitales saturados de pacientes que no corresponden al contexto real. 

En el caso de los funcionarios, el informe cita el caso del gobernador de Puebla, Miguel Barbosa, quien el 25 de marzo afirmó en conferencia de prensa que el COVID-19 ataca principalmente a gente “acomodada” y que “los pobres son inmunes”.

Lee: ‘Solo los ricos tienen riesgo de contagiarse de COVID-19, los pobres somos inmunes’: Barbosa

“Hay mucha gente de las cuarenta personas; algunos son padres de familia, sí; la mayoría son gente acomodada, ¿eh?, sí lo saben, ¿o no? Si ustedes son ricos, tienen el riesgo; si ustedes son pobres, no; los pobres estamos inmunes”, dijo el gobernador. 

Artículo 19 reprueba declaraciones como esta ya que Barbosa, en su papel de gobernador, tiene más bien “la responsabilidad y obligación de proveer información oficial y datos de manera oportuna y eficaz para combatir la desinformación, los rumores y el miedo”. 

La organización señala que esa no fue la única vez que el gobernador de Puebla compartió información “sin validez científica y contradiciendo las directrices de la Secretaría de Salud y de la OMS”. 

El 14 de marzo declaró: “Me dijeron que la vacuna que ya se descubrió en contra del coronavirus es un plato de mole de guajolote. Vamos nosotros a echarnos un plato de vacuna contra ese virus que atenta contra el mundo”.

El presidente Andrés Manuel López Obrador también es mencionado en este apartado del informe por ciertas actitudes que “pueden ser consideradas también como una fuente de desinformación y de contradicción con la información difundida por la Secretaría de Salud”. 

El informe señala que algunas de las declaraciones del presidente contradicen las recomendaciones del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell.

Un ejemplo es la declaración del 4 de marzo en su conferencia matutina, cuando afirmó: “Miren, lo del coronavirus, eso de que no se puede uno abrazar… Hay que abrazarse, no pasa nada”. 

Un consejo que va en contra de las medidas de distanciamiento social para evitar contagios, por las autoridades federales de Salud. 

El 18 de marzo de 2020, el presidente volvió a contradecir a Salud cuando dijo que el escudo protector contra el COVID era el “ ‘detente’, la honestidad, el no permitir la corrupción” e, incluso, mostró amuletos protectores contra el virus diciendo que eran sus “guardaespaldas”. 

Afirmaciones sin sustento científico que además de causar confusión en la población, pueden propiciar que la gente reste importancia a la gravedad del virus. 

Poblaciones indígenas en el olvido

El gobierno federal no adoptó medidas para informar y proteger los grupos de mayor vulnerabilidad, como las comunidades indígenas; personas en condición de pobreza; migrantes, o personas sin hogar.

Sectores que deben recibir especial atención al tener un menor acceso a medidas y artículos preventivos, entre ellos, los cubrebocas y desinfectantes. 

Pero la falta de información no fue una falla solo a nivel federal.    

Para el 21 de abril, fecha en que inició la fase 3 de la pandemia en México, “algunos gobiernos estatales no habían publicado información oficial completa y oportuna sobre la atención a la emergencia sanitaria”. 

Según el informe, en esa fecha, estados como Campeche, Tabasco y Nayarit ni siquiera habían informado en sus páginas oficiales sobre las medidas de salud que debía tomar la población. 

Al 15 de mayo Ciudad de México, Tabasco y Yucatán aún no publicaban información estadística sobre el comportamiento del virus. 

También se acusa que “ha habido una falta evidente de comunicación oportuna y adecuada a las comunidades indígenas”. 

En este sentido, diversas instancias han fallado en la generación de una estrategia de transparencia proactiva que haga llegar información pertinente y de manera constante a las comunidades. 

En entrevistas hechas por Artículo 19 en comunidades indígenas de Chiapas y Yucatán se supo que hasta finales de marzo, el gobierno federal generó por primera vez información en algunas lenguas, “pero su difusión se limitó principalmente a contenidos en formato de texto, a través de internet, en páginas oficiales y redes sociales, demostrando, una vez más, la falta de pertinencia cultural y la difusión tardía de la misma”.

Si bien a la fecha la información básica ya ha sido traducida por el gobierno federal a las lenguas indígenas, “sigue siendo insuficiente, ya que existe otro tipo de información primordial para que los pueblos indígenas estén debidamente al tanto y puedan adoptar medidas a nivel individual, familiar y comunitario”. 

Otro aspecto que dificulta el cuidado de estas comunidades son las condiciones de pobreza que les imposibilitan la compra de insumos de higiene y cuidado como el gel antibacterial.

“Los obstáculos que persisten para que los pueblos indígenas tengan acceso a la información son una muestra de que su condición actual de vulnerabilidad es ocasionada por un cúmulo de epidemias de mayores dimensiones: la pobreza, la desigualdad y la discriminación”, dice el informe.

Ante este contexto, Artículo 19 pide al Estado garantizar a todas las personas el acceso a información clara, oportuna y significativa, apegándose a la máxima publicidad.

Así como asegurar que el gobierno federal y los gobiernos estatales tengan una mayor y mejor coordinación a la hora de recopilar información y compartirla con la población.

El informe completo puede consultarse aquí.

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La pesadilla de la montaña de basura tan alta como un edificio de 18 pisos en India

El primer ministro Narendra Modi anunció a principios de mes un plan para cerrar los enormes vertederos a cielo abierto en los que se acumula basura desde hace años.
19 de octubre, 2021
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Las “montañas de basura” de India pronto serán reemplazadas por plantas de tratamiento de desechos, prometió el primer ministro Narendra Modi a principios de este mes. Saumya Roy* escribe para la BBC sobre la más antigua de todas, tan alta como un edificio de 18 plantas, ubicada en la ciudad costera occidental de Bombay.

Todas las mañanas Farha Shaikh se para en la cima de una montaña de desechos de más de un siglo de antigüedad en Bombay, esperando que los camiones de basura suban.

Esta joven de 19 años ha estado hurgando en este vertedero del suburbio de Deonar desde que tiene memoria.

Normalmente recupera de entre los desechos viscosos botellas de plástico, vidrio y alambre que luego vende en los prósperos mercados de residuos de la ciudad.

Pero, sobre todo, busca teléfonos móviles rotos.

Cada pocas semanas Farha encuentra un celular “muerto” en la basura y con sus escasos ahorros lo repara.

Una vez que cobra vida, pasa las tardes viendo películas, jugando a los videojuegos, enviando mensajes de texto y llamando a sus amigos.

Cuando días o semanas después el aparato vuelve a dejar de funcionar, la conexión de Farha con el mundo exterior se desvanece.

Entonces regresa a las largas jornadas de rebuscar entre la basura, para conseguir botellas que vender y celulares que restaurar.

Deonar

Saumya Roy

Más de 16 millones de toneladas de desechos forman la montaña de basura de Deonar, ocho de ellas repartidas en una extensión de 121 hectáreas.

Los desechos se apilan hasta alcanzar una altura de 36,5 metros.

Se puede ver el mar desde la cima y sobre los sólidos montones de basura se han construido villas miseria.

Gases nocivos y contaminantes

Los desechos en descomposición liberan gases nocivos como metano, sulfuro de hidrógeno y monóxido de carbono.

Y en 2016 fue escenario de un incendio que ardió durante meses y llenó de humo gran parte de Bombay.

De acuerdo a un estudio que el regulador de polución de la India llevó a cabo en 2011, otros incendios similares contribuyeron con el 11% del material particulado que inunda el aire de Bombay, una de sus principales causas de contaminación.

Los vecinos de los alrededores llevan luchando en los tribunales desde hace 26 años, exigiendo el cierre del vertedero de Deonar.

Pero esa montaña de basura no es una excepción en el país. Una investigación realizada en 2020 por el Centro para la Ciencia y el Medio Ambiente (CSE), un think tank independiente con sede en Nueva Delhi, identificó en toda India 3.159 montañas de este tipo que contienen 800 millones de toneladas de desechos.

Estas han sido durante años un dolor de cabeza para funcionarios y políticos.

El 1 de octubre, Modi anunció un “programa nacional de limpieza” de casi US$13.000 millones que incluirá la instalación de una serie de plantas de tratamiento de aguas residuales para reemplazar gradualmente los vertederos de basura al aire libre como el de Deonar.

Pero los expertos se muestran escépticos.

“Si bien se ha logrado en ciudades más pequeñas, es difícil proporcionar una solución para las montañas de desechos a esta escala”, dice Siddharth Ghanshyam Singh, subdirector de programas de CSE.

“Se reconoce que es un problema, pero hemos aceptado que si vamos a vivir en grandes ciudades como Bombay o Nueva Delhi estas montañas de basura van a estar allí”, señala Dharmesh Shah, coordinador en el país de la Alianza Global para Alternativas de Incineradores, una coalición de grupos que abogan por la reducción de residuos.

Deonar

Reuters
La montaña de basura se incendi[o en marzo de 2016;.

Desde el año 2000, India ha aprobado regulaciones que obligan a los municipios a que procesen los desechos.

Pero la mayoría de los estados informan de un cumplimiento solo parcial y no hay suficientes plantas de tratamiento de desechos.

Bombay, la capital comercial y del entretenimiento de la India y hogar de unos 20 millones de personas, tiene una sola planta de este tipo.

Ahora hay planes para instalar una planta que convierta los residuos en energía en Deonar.

Modi dijo que espera que el plan cree nuevos empleos ecológicos. Pero esto preocupa a los recolectores como Farha que llevan toda la vida dedicados a ello.

Aunque desde el incendio de 2016 acceder a la montaña de basura de Deonar se ha vuelto más difícil.

El municipio incrementó la seguridad para evitar que los recolectores entren y provoquen incendios: las llamas derriten la basura más liviana, quedando con ello expuesto el metal que se vende a precios altos.

Los recolectores que logran colarse a menudo son golpeados, detenidos y expulsados, aunque algunos sobornan a los guardias o acceden al vertedero antes del amanecer, cuando comienzan las patrullas de seguridad.

Pero ese no es el único motivo por el que los recolectores de basura de Deonar han visto su modo de vida. Y es que ahora gran parte de la separación de residuos se hace en la ciudad.

Como consecuencia, Farha no tiene teléfono desde hace meses. Y se ve obligada a sobornar a los guardias con al menos 50 rupias (US$0,67) todos los días para entrar y trabajar en los terrenos de Deonar.

Para recuperar esto, incluso pensó en buscar entre la basura que comenzó a llegar desde las salas del hospital en las que se atendía a los pacientes de covid-19 el año pasado.

Pero su familia le pidió que no recogiera esos desechos “dañinos”.

Así que ahora se queda cerca, observando a los recolectores que usan equipo de protección para seguir recogiendo plástico bajo la lluvia para revender.

La ciudad estaba enviando basura nueva y, como lo habían hecho durante años, las montañas tenían que acomodarla y los recolectores tenían que recolectarla y revenderla.

“El hambre nos matará si no nos mata la enfermedad”, dice Farha.

*Saumya Roy es una periodista con sede en Bombay y autora del libro Mountain Tales: Love and Loss in the Municipality of Castaway Belonging (Profile Books / Hachette India).


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