España no tiene datos sobre mal estado de salud de Emilio Lozoya
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España no tiene datos sobre mal estado de salud de Emilio Lozoya; así fue su llegada a México

La FGR dijo que Lozoya fue trasladado a un hospital por problemas de salud. España sostiene que no hay constancia de que estuviera enfermo mientras estuvo preso en ese país.
Cuartoscuro
17 de julio, 2020
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España no tiene constancia del presunto mal estado de salud del exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, como informó en su comunicado oficial la FGR.

Fuentes penitenciarias de España dijeron a Animal Político no tener constancia de que Lozoya tuviese algún padecimiento.

Estas fuentes explicaron que a todos los presos se les hace una revisión de su estado de salud desde el momento en que ingresan a prisión. Y que, a partir de ese entonces, tienen derecho a la atención médica cuando lo necesiten, o cuando lo pidan, puesto que hay doctores de manera permanente en las prisiones españolas.

En el caso de que los internos requieran de tratamiento especializado se les traslada a un centro de salud fuera de la prisión, o a un hospital. Incluso, los presos que quieran tener asistencia médica privada dentro de prisión, también pueden solicitarlo.

Lee: Lozoya llega a México y es trasladado a un hospital por anemia y problemas de esófago

Las fuentes apuntaron que Emilio Lozoya, como cualquier otro preso en el sistema penitenciario español, tuvo acceso al derecho de una atención sanitaria permanente.

A su llegada a México, el exdirector de Pemex fue trasladado a un hospital debido a problemas de salud importantes, lo que fue ratificado por un médico de la propia familia del exfuncionario.

“El perito médico de la Fiscalía General de la República (FGR), por su parte, realizó la revisión física y médica correspondiente  del extraditado y encontró anemia desarrollada y problemas sensibles en el esófago, así como una debilidad general en toda su salud, por lo que propuso su internación en un hospital. La familia del extraditado pidió, y se le autorizó, que un médico particular hiciera también una revisión, en la que encontró los mismos síntomas. En razón de lo anterior, el MPF ordenó su traslado a un hospital”, dijo la Fiscalía en su comunicado.

Emilio Lozoya fue detenido en Málaga, España el pasado 13 de febrero. Posteriormente se le trasladó a una cárcel en Madrid durante se desarrollaba el juicio de extradición que finalmente concluyó con el exdirector de Pemex aceptando la misma a cambio de colaborar con la Fiscalía y obtener algún beneficio legal. En todo ese lapso no se reportaron problemas de salud del exfuncionario del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

¿Un traslado que no existió?

El exdirector de Pemex llegó poco antes de la una de la mañana al Aeropuerto internacional de la Ciudad de México en un avión de la Fiscalía General de la República (FGR) proveniente de España, país del que fue extraditado en cumplimiento de dos órdenes de aprehensión por los casos Odebrecht y Altos Hornos de México.

Hasta ahí todo marchaba como estaba previsto. Pero en las horas posteriores, lo que debió ser una puesta a disposición ante los jueces que ordenaron su captura se convirtió en un traslado a un hospital por problemas de salud realizado en medio de versiones contradictorias.

De forma cronológica los hechos ocurrieron de la siguiente forma: a las 3:58 de la mañana de este viernes un convoy compuesto por 6 camionetas, un automóvil y 2 motocicletas – todos de la FGR – abandonó las instalaciones del aeropuerto capitalino en el oriente de la capital.

Entérate: De qué se le acusa, posibles beneficios legales y ‘vecinos’ de celda, las claves del caso Lozoya

El trayecto del convoy fue seguido por numerosos medios de comunicación. A las 4:24 de la mañana el convoy llegó al Reclusorio Preventivo Norte en la alcaldía Gustavo A. Madero donde decenas de fotógrafos y camarógrafos ya lo esperaban.

En los 15 minutos siguientes los vehículos permanecieron detenidos debido a que la presencia de los medios impidió que el convoy ingresara rápidamente al complejo. Finalmente, a las 4:42 de la mañana, las dos camionetas que lideraban el convoy, una blanca y una negra, ingresaron al área de estacionamiento frontal del complejo penitenciario donde ya no pudieron ser seguidas por la prensa.

En los minutos posteriores los medios de comunicación dieron por un hecho que Emilio Lozoya había ingresado al reclusorio en uno de esos vehículos e incluso se difundió con insistencia la fotografía de un hombre dentro de una de las camionetas, que portaba chaleco antibalas, cubrebocas y gorra, asegurándose que se trataba de Lozoya.

Incluso a las 6 de la mañana el Consejo de la Judicatura Federal activó a través de su área de comunicación social un chat en la aplicación whatsapp en donde se darían a conocer los pormenores de la audiencia inicial de Lozoya, luego de que debido a restricciones sanitarias no se permitiría el ingreso del público y prensa a la misma.

No obstante, los minutos transcurrían sin que se confirmara oficialmente a qué hora se llevaría a cabo la referida audiencia ya que la FGR no había solicitado que se programara la misma.

A las 7:01 de la mañana la FGR difundió el comunicado 225/20 en el que confirmaba que Lozoya había llegado al Aeropuerto, sin embargo, reveló que la revisión médica que conforme a la ley debe realizarse a cualquier detenido al llegar a otro sitio, había evidenciado problemas importantes de salud en el exdirector de Pemex, entre ellos “anemia desarrollada y problemas sensibles en el esófago”. Esto, según la Fiscalía, fue corroborado también por un médico privado de la familia del exfuncionario.

Por este motivo, la FGR indicó que el Ministerio Público ordenó el traslado del detenido a un hospital para su internamiento y observación en calidad de detenido, situación que fue notificada a los jueces correspondientes. Es decir, según la información oficial de la Fiscalía, Lozoya no fue trasladado al penal capitalino.

Entérate: Audiencia de Emilio Lozoya será privada por pandemia de COVID; se dará información a medios por WhatsApp

A las 7:45 de la mañana autoridades de la FGR contactaron a Animal Político para ratificar que Lozoya nunca fue trasladado al centro penitenciario, sino que se le llevó directamente a un hospital, y que el convoy que los medios siguieron durante la madrugada fue “una diligencia distinta”, de la que hasta el momento no se han dado detalles.

No obstante, de forma paralela a este hecho en la conferencia matutina que el presidente Andrés Manuel López Obrador ofreció desde Colima, el secretario de seguridad Alfonso Durazo señalaba, aunque en un tono de duda, que Lozoya había sido llevado al reclusorio capitalino.

“Efectivamente fue ingresado en este penal pero fue trasladado inmediatamente después a un hospital por algunos síntomas de algunas molestias que presentó. Estoy tratando de localizar el reporte de la Fiscalía…” dijo Durazo.

Pese a dicho señalamiento la FGR – que finalmente es la instancia legalmente responsable del traslado y manejo de Lozoya – mantuvo su postura respecto al traslado directo del aeropuerto al hospital de Lozoya. 

Esta versión fue fortalecida posteriormente por autoridades del Gobierno de Ciudad de México quienes a las 8:30 de la mañana confirmaron a Animal Político que Lozoya nunca fue ingresado a las instalaciones del Reclusorio Preventivo Norte.

Por su parte el Consejo de la Judicatura Federal ratificó a las 9 de la mañana a este medio que la audiencia inicial de Lozoya nunca fue programada ya que, aunque estaban listos para ella, la Fiscalía no solicitó la realización de la misma.

A su vez, ni el Poder Judicial ni el gobierno capitalino tenían corroborado, hasta las 10 de la mañana, si realmente iba una persona detenida en el convoy que durante la madrugada siguieron los medios y en donde se supuso que iba el exdirector de Pemex.

 

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Qué es la "renuncia silenciosa" y por qué puede ser buena para trabajadores y empresas

Renunciar silenciosamente puede ser la solución para un mejor equilibrio entre la vida laboral y personal.
22 de agosto, 2022
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En muchas oficinas (y aun más en aplicaciones como Zoom, Teams y Slack), tanto empleados como gerentes cuchichean sobre la “gran renuncia”.

Reino Unido experimentó un fuerte aumento en el número de personas que renunciaron a sus trabajos en 2021, y una quinta parte de los trabajadores en este país europeo aún dice que tiene pensado renunciar el próximo año en búsqueda de una mayor satisfacción laboral y de mejores salarios.

Si no estás feliz con tu trabajo, pero dejarlo no es una opción o no cuentas con alternativas atractivas, puedes intentar “renunciar silenciosamente“.

Esta tendencia de simplemente hacer lo mínimo que se espera de uno en su trabajo ha despegado en TikTok y claramente ha causado ruido entre los jóvenes.

También ha frustrado a gerentes, y algunos parecen estar preocupados por la holgazanería de sus empleados.

Pero renunciar tranquilamente no se trata de evitar hacer tu trabajo, se trata de tener una vida significativa fuera de tu trabajo.

En los últimos 20 años, muchas personas se han sumado a una cultura de exceso de trabajo en todo el mundo, en la que el trabajo no remunerado se ha convertido en una parte que se espera que muchos trabajadores lleven a cabo.

Diferencias generacionales

Después de múltiples recesiones y una pandemia global, los millennials y la generación Z en particular suelen no tener las mismas oportunidades laborales y de seguridad financiera que tuvieron sus padres.

Muchos jóvenes en trabajos profesionales que esperaban una progresión relativamente sencilla en la vida se han enfrentado a contratos precarios, incertidumbre laboral e intentos fracasados de comprar una vivienda.

Hay quienes constantemente dedican horas extra y van más allá en el trabajo para tratar de asegurar promociones y bonificaciones, pero aún así encuentran complicaciones.

Mujer sentada en su oficina.

Getty Images
Muchos millenials y jóvenes de la generación Z rechazan el estilo de vida de vivir para trabajar.

Quizás en respuesta a esta decepción, un estudio reciente de Deloitte descubrió que los jóvenes buscan cada vez más flexibilidad y propósito en su trabajo, además de equilibrio y satisfacción en sus vidas.

Muchos jóvenes profesionales ahora rechazan el estilo de vida de vivir para trabajar. Continúan trabajando pero no permiten que el trabajo controle sus vidas.

Trabajar a una capacidad mínima puede parecer extraño. Pero tú (y tu empleador) no debéis temerle a la renuncia silenciosa. De ​​hecho, podría ser bueno para ambos.

Bueno para la salud mental

Diversos estudios han concluido que el equilibrio entre el trabajo y la vida están conectados a la salud mental en una variedad de trabajos.

Y una encuesta de 2021 en la que se entrevistaron a 2.017 trabajadores de Reino Unido, realizada por Glassdoor, un sitio web que analiza empleadores, encontró que más de la mitad de los entrevistados sentía que le faltaba equilibrio entre el trabajo y la vida personal.

Renunciar en silencio tiene como objetivo restablecer ese equilibrio, en situaciones donde el trabajo ha tomado tiempo de la vida personal.

También puede ayudar a separar tu autoestima personal de tu trabajo. Cuando todo lo que haces es trabajar, es difícil no enfocar tu sentido de valor en él.

Los fracasos percibidos en el trabajo, como no obtener el ascenso que querías o que no te reconozcan tus logros, pueden internalizarse como fracasos personales.

Esto puede aumentar la ansiedad y hacer que te preocupes por cómo mejorar tu rendimiento.

Hombre con su laptop escuchando musica.

Getty Images
Muchas personas ahora rechazan trabajar en exceso para evitar la fatiga, y prefieren elegir un equilibrio y una vida más alegre.

A menudo, las personas responden trabajando más, lo que exacerba aún más el círculo vicioso del exceso de trabajo y baja autoestima.

Los peligros de la fatiga

En el peor de los casos, todo puede terminar en fatiga.

En 2019, la Organización Mundial de la Salud reconoció oficialmente la fatiga como un fenómeno ocupacional caracterizado por sentimientos gotamiento, cinismo, distanciamiento mental del trabajo y bajo rendimiento.

La fatiga es un riesgo significativo cuando se trabaja en exceso y puede tener impactos a largo plazo en la salud física, emocional y mental.

La fatiga es difícil y costosa tanto para las personas como para los empleadores.

Muchas personas con fatiga terminan ausentándose del trabajo, o trabajando a una capacidad inferior a la plena. Renunciar en silencio puede crear un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida personal y, por lo tanto, podría proteger contra la fatiga antes de que suceda.

Mejorar las relaciones de trabajo

Las investigaciones muestran que los empleados más felices son más productivos y comprometidos. Esto incluso puede mitigar el hecho de sentirse distraído o no querer estar presente.

Cuando las personas se sienten felices, es más probable que sean más amigables, abiertas y que fomenten amistades en el lugar de trabajo. Muchas personas han asegurado que toman en cuenta esto al estimar cuánto disfrutan su trabajo.

Mujer en su escritorio mirando por la ventana.

Getty Images

El enfoque de la renuncia silenciosa en simplemente enfocarse en hacer su trabajo también elimina el impacto negativo de sentirse constantemente en competencia con colegas.

Tener amistades en el lugar de trabajo alimenta nuestra necesidad básica de un sentido de pertenencia y, a su vez, puede aumentar la lealtad al lugar de trabajo y mejorar el desempeño laboral.

Todo esto puede resultar en una mayor productividad, lo que por supuesto significa mayores ganancias.

Renunciar tranquilamente podría ser una “gran liberación” y una respuesta a la gran resignación.

Las personas ahora rechazan trabajar en exceso para evitar la fatiga, y prefieren elegir un equilibrio y una vida más alegre. Además están poniendo cada vez más límites para que su identidad y autoestima no esté ligada a su productividad laboral.

En lugar de ponerse nerviosos por la pérdida de productividad, los empleadores deben aprovechar este movimiento silencioso de renuncia para apoyar el bienestar de su personal.

Fomentar un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida les mostrará a los trabajadores que son valorados, lo que generará un mayor compromiso, productividad y lealtad: todos ganan.

*Este texto fue escrito por Nilufar Ahmed, quien es profesora de Ciencias Sociales en la Universidad de Bristol.

Puedes leer la nota original en inglés en The Conversation..


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