Más filtros y acudir según tu apellido, nuevas medidas para Centro Histórico
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Más calles peatonales, filtros y acudir según tu apellido, nuevas medidas para Centro Histórico de CDMX

Las autoridades capitalinas aclararon que la medida de acudir al Centro Histórico en un día determinado de la semana, de acuerdo con la primera letra del apellido, es una "invitación" que esperan que la gente acepte.
5 de julio, 2020
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Autoridades de la Ciudad de México presentaron este domingo nuevas medidas para acudir al Centro Histórico mientras la capital del país aún está en semáforo naranja de alerta ante COVID-19.

La secretaria de Gobierno de la Ciudad de México, Rosa Icela Rodríguez, fue la encargada de anunciar las nuevas disposiciones, que comenzarán a operar el lunes 6 de julio luego de que este fin de semana las administración de Claudia Sheinbaum optara por mantener cerrado el Centro Histórico, ante los altos niveles de movilidad registrados y por lo tanto el mayor riesgo de contagios de coronavirus.

Entre las principales disposiciones están:

1. Se sumarán más calles a la peatonalización a fin de ganar espacio para la sana distancia.

2. El cierre de estaciones del Metro Zócalo, Allende y Merced.

3. Se instalarán filtros sanitarios en los accesos de calles con mayor afluencia donde se verificará el uso de cubrebocas y se tomará la temperatura.

4. El cierre de calles donde 30% de negocios incumpla con las medidas sanitarias y el cierre por 15 días de aquellos negocios que no estén cumpliendo con las medidas sanitarias.

5. Recordar que el sentido peatonal por la calle es igual que el vehicular.

Además de estos cinco puntos, las autoridades capitalinas recomendaron a la gente que, si tiene necesidad de acudir al Centro Histórico, lo hagan de acuerdo a la primera letra de su apellido.

Es decir, que la gente cuyo primer apellido inicie con las letras de la A a la L, acuda los días lunes, miércoles y viernes.

Y la gente cuyo primer apellido inicie con las letras de la M a la Z, acuda los martes, jueves y sábados.

“Esta medida es una invitación y ojalá ayuden porque estamos en semáforo naranja y aún está sufriendo la Ciudad un tema de pandemia”, dijo la secretaria de Gobierno, insistiendo en que solo es una recomendación y no es una medida obligatoria.

Las autoridades insistieron en pedir a la gente que si decide ir al Centro Histórico cumplan con las restricciones sanitarias de la nueva normalidad, para evitar más contagios de coronavirus.

“(Que) los viajes que tengan que hacer al Centro lo hagan individuos, que no viajen en grupo, o sea, una sola persona que venga al Centro y así como hemos estado haciendo en el transporte público hay un llamado, una orientación a  que las personas vengan con su cubrebocas que tape nariz y boca, esto es muy importante porque sabemos que es una medida que está dando resultados”, mencionó el secretario de Movilidad, Andrés Lajous.

El hecho de que haya más calles peatonales, dijo Lajous, “no es una invitación” para venir a pasear al Centro.

“La peatonalización de calles es para que las personas que están obligadas a venir al Centro por razones económicas; ya sean los propios comerciantes o las personas que se abastecen en el Centro Histórico de la Ciudad lo puedan hacer con Sana Distancia, sabemos que el Centro Histórico por su estructura histórica tiene baquetas reducidas y por eso se está haciendo la peatonalización, para que pueda haber más espacio sobre las calles”.

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"El COVID no es una pandemia": científicos creen que es una sindemia (y qué significa)

El hecho de que la enfermedad se exacerba cuando interactúa con otras condiciones de salud que prevalecen en grupos desfavorecidos social y económicamente ha llevado a algunos científicos a pensar que estamos frente a una sindemia.
10 de octubre, 2020
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Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.

Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

“Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno”, escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Pero la historia del covid-19 no es tan sencilla.

Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

Bangladesh

Getty Images
El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social.

Estas condiciones, argumenta Horton, exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Uno más uno es más que dos

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo.

Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90 para explicar una situación en la que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades”.

“El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto”, le explica Singer a BBC Mundo.

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

Merrill Singer

Merrill Singer
Singer acuñó el término “sindemia” en los años 90.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del covid-19, “vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas“, explica Singer.

Y enfermedades como la diabetes o la obesidad —que son factores de riesgo para el covid-19— son más comunes en individuos de bajos recursos, añade en conversación con BBC Mundo Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá, y quien trabaja en el Ártico con poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria, el cambio climático y condiciones de vivienda que dificultan cumplir con las recomendaciones sanitarias como lavarse las manos o mantener la distancia social.

¿Pero no es el este el caso de la mayoría de enfermedades? ¿No tienen la mayoría de las veces un impacto mayor en los grupos con menos acceso a salud, alimentación, educación e higiene? ¿No se potencian casi siempre cuando se combinan con otra o con una condición médica de base?

En cuanto a la interacción biológica, no es necesariamente siempre así, destaca el científico.

Cementerio en La Paz, Bolivia

Getty Images
La pandemia de covid-19 no se resuelve únicamente por la vía médica, creen los científicos que analizan la situación actual desde el marco conceptual de la sindemia.

“Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común son contrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla”.

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Cambio de estrategia

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

Es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad.

“Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia”, opina Singer.

“Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada”, agrega.

“El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, y que continuará ocurriendo a medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvajes, o a raíz del cambio climático y la deforestación”.

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente: “No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para el covid-19 puramente biomédica fracasará”.

Y concluye: “A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente al covid-19”.


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