'Tenía ganas de hacer compras': así reabrieron centros comerciales en CDMX
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Foto: Carlo Echegoyen

'Tenía ganas de hacer compras': así fue la reapertura de centros comerciales en CDMX 

Los centros comerciales de la Ciudad de México volvieron a abrir bajo las condiciones que marca el semáforo naranja de coronavirus, al 30% de su capacidad.
Foto: Carlo Echegoyen
Comparte

El miércoles fue el primer día en el que Carlos salió de casa desde que comenzó la pandemia. Acompañando a su esposa Daniela acudió a la plaza El Palacio del Hierro, en la colonia Polanco, que abría sus puertas por primera vez desde que la pandemia por COVID-19 alcanzó a la Ciudad de México y se decretó el cierre de actividades.

“Tenía muchas ganas de venir a hacer compras y algunas necesidades importantes personales y de trabajo”, explicó, tras abandonar el centro comercial a primera hora de la tarde. En su bolsa, una computadora Mac, una Tablet y algo de ropa. No tuvo que hacer fila y se sentía satisfecho. “Hay buenas medidas de seguridad”, aseguró. En el interior de la plaza, situada en una de las zonas más exclusivas de la capital, había más personal que compradores. En el exterior, trabajadores equipados con cubrebocas y careta tomaban la temperatura a los clientes.

Mario también adquirió una computadora el miércoles. En su caso fueron cuatro. Las cargaba en bolsas negras junto a su esposa Sofía en la calle Uruguay, en la colonia centro de la capital. “Soy comerciante, las he comprado para revenderlas”, dijo.

Foto: Carlo Echegoyen

Aunque la Plaza de la Tecnología está cerrada, Mario pudo comprar el material a alguno de los vendedores que ofrecen su mercancía a viva voz en la calle. Para él no fue una jornada de reapertura. Desde que se decretó el cierre de los centros comerciales lo que cambió fue la dinámica de compraventa. Se redujo el trasiego pero nunca se dejó de trabajar. Quienes antes ofrecían su mercancía en el interior de la plaza se ubican ahora en las calles del exterior buscando a los clientes. Aquí la sana distancia se mantiene con dificultad. Algunos llevan cubrebocas y otros no.

Los centros comerciales de la Ciudad de México abrieron bajo las condiciones que marca el semáforo naranja: capacidad al 30%, un solo sentido de entrada y salida, filtros sanitarios, juegos infantiles inutilizados, restaurantes que no sean al aire libre clausurados y horario de 11.00 a 17.00 horas. No hay una estimación oficial sobre cuántas personas acudieron a realizar sus compras. Solo en la alcaldía Miguel Hidalgo, un total de 16 parques podían abrir sus puertas.

Foto: Carlo Echegoyen

Los ejemplos de Carlos y Mario muestran las dos caras de una capital muy desigual. Hay una Ciudad de México que pudo mantener su confinamiento desde el minuto uno en el que la COVID-19 llegó al país. Gente que trabaja desde casa, apenas sale y para la que la reapertura fue como un punto de inflexión hacia una nueva normalidad a la que se acerca de puntillas. Pero también hay esa otra que jamás dejó de trabajar y para la que el confinamiento solo fue un paréntesis en el que bajó su actividad. En las calles del Centro la actividad comercial no se detiene. Ahora el mostrador es una silla delante de una persiana cerrada.

Entérate: Si vives en CDMX consulta este mapa y conoce cuántos casos activos de COVID hay en tu colonia

El símbolo de la apertura fue el Parque Delta, más cerca del primer ejemplo que del segundo. Es decir, mucho comprador con home office que acudía para comprar productos no esenciales pero que buscaba algo de oxígeno. Durante toda la jornada, cientos de personas guardaron fila para hacer sus compras por primera vez en varios meses. México no es una excepción. Ocurrió en ciudades como París y Madrid y era esperable que también sucediese aquí.

Para Julio, que había llegado de compras con su mujer y su hija al Parque Delta, las filas son consecuencia del nuevo sistema.

“Para entrar al estacionamiento solo hay una entrada, y eso no me gustó. Lo demás, sí. Te ponen gel en las manos, todos van con tapabocas y no hay tanta gente como esperaba”, dijo. Para este comerciante que ha salido de casa durante todo el confinamiento por motivos laborales la zona le daba sensación de seguridad. En su opinión, existe más riesgo de contagiarse en otros espacios más concurridos, como los tianguis.

Las plazas deben llevar el conteo cada hora para no exceder del 30% que, por el momento, se permite al interior. Si se incumple el aforo los locales pueden ser clausurados por 15 días. Este proceso de sanitización, temperatura y conteo explica, en parte, las filas en el exterior. También está la novedad, el hartazgo por más de dos meses encerrados y la necesidad de regresar a algo que se parezca a la vida tal y como la conocíamos antes. También hay críticas de quien considera esta actitud irresponsable, lo que también se repitió en ciudades que reabrieron antes.

Foto: Carlo Echegoyen

¿Por qué venir ahora? ¿Necesidad o un espacio para tomar aire y olvidar la pandemia?

Alejandro, que empujaba el carro de su hijo de año y medio, aseguró que el niño había crecido durante la cuarentena y que ya no disponían de ropa. “No teníamos ganas de venir, pero era necesario”, dijo. La familia al completo venía antes cada 15 días pero ahora no se sienten tan seguros. Pero el hombre, que trabaja en un museo y pasó en casa desde que se decretó la emergencia de salud, explicó que tuvieron un problema comprando la ropa en línea y decidieron que mejor era en persona.

“Ya urgía comprar. Además, hay rebajas y todo está en descuento”, dijo Laura, que había venido con su esposo, Gabriel. En opinión de la pareja, “no hay tanta gente”. Y es verdad que una cosa es la fila en la calle y otra la amplitud de los espacios en el interior del centro comercial, donde la distancia se guardaba sin problemas. “No tengo miedo porque todo el mundo está tomando precauciones”, decía ella. “Las manos las tengo peladas de tanto gel”, decía él. Ambos trabajaron en casa por lo que esta era una de las primeras salidas que realizaban, al margen de las visitas al supermercado.

Foto: Carlo Echegoyen

A varios kilómetros de allí, en el parque Antara, se habían organizado dos maneras de entrar a la plaza. Una, bien despejada, para los clientes que querían acceder al centro comercial. Otra, con fila, para aficionados a la ropa deportiva que esperaban el lanzamiento de las zapatillas de una conocida marca. Unas zapatillas que cuestan en la tienda 3 mil 400 pesos pero que en la reventa pueden ver cómo se multiplica su precio. Entre las personas que esperaban su turno había algunos con varias bolsas. Ellos eran señalados por el resto como personas encargadas de acaparar las zapatillas y luego venderlas muy por encima de su valor.

“Son zapatillas exclusivas, de las que sacan pocos ejemplares”, explicó Jorge Daniel, estudiante de Ingeniería en la Universidad del Valle y que ha pasado en casa la mayoría del confinamiento.

Antes trabajaba en una empresa de cosméticos, pero fue despedido justo al momento de comenzar la pandemia. “Apenas he salido de casa. Tenía un guardadito y, con mis ahorros, después de un tiempo de no comprar, decidí venir por las zapatillas”, dijo.

Si las imágenes de gente guardando fila sorprendieron en el primer día de centros comerciales abiertos es posible que escandalicen llegado el fin de semana, cuando se espera una mayor afluencia. Luego, como ocurre hasta con una pandemia, todo el mundo terminará acostumbrándose a lo que sea.

Foto: Carlo Echegoyen

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

'Fuimos héroes pero ya nos olvidaron': Los médicos italianos que enfrentaron la pandemia

Ahora que Italia ha superado el auge de la pandemia, el personal médico de ese país dice que está sintiendo el trauma tras haber encarado la emergencia.
27 de mayo, 2020
Comparte

Los doctores y enfermeras en Italia han sido elogiados como héroes por haber atendido y tratado a pacientes extremadamente enfermos con coronavirus.

Pero ahora ellos están sufriendo.

Lombardía fue la región del mundo más afectada y el personal médico está teniendo dificultades tratando de mantener la cordura.

Paolo Miranda es un enfermero de cuidados intensivos en Cremona. “Estoy más irritable”, confiesa. “Me enojo fácilmente y busco pleitos”.

Hace unas semanas, Paolo decidió documentar la desoladora situación dentro de una unidad de cuidados intensivos tomando fotografías. “Nunca quisiera olvidar lo que nos ocurrió. Pronto estará consignado a la historia”, me cuenta.

Una enfermera con la cara cubierta con una máscara en un entorno oscuro

Paolo Miranda
“Teníamos que combatir un enemigo. Ahora que tengo tiempo para reflexionar, me siento tan perdida, sin dirección”.

En sus fotografías, quiere mostrar cómo sus colegas están lidiando con la “Fase 2”, a medida que la vida regresa a la normalidad en Italia.

“Aunque la emergencia se está calmando, nos sentimos rodeados de oscuridad“, señala. “Es como si estuviéramos llenos de heridas. Cargamos internamente todo lo que hemos visto”.

Pesadillas y sudores nocturnos

Es un sentimiento compartido por Monica Mariotti, también una enfermera de la unidad de cuidados intensivos. “Las cosas son mucho más difíciles ahora que durante la crisis”, afirma.

“Teníamos que combatir un enemigo. Ahora que tengo tiempo para reflexionar, me siento tan perdida, sin dirección”.

Durante la crisis, el personal estaba abrumado y no tenía tiempo para pensar. Pero, a medida que la presión de la pandemia se desvanece, igualmente lo hace la adrenalina.

Todo el estrés acumulado durante las últimas semanas empieza a subir a la superficie.

Un enfermero con la cara cubierta con una máscara en un entorno oscuro

Paolo Miranda
“Es como si estuviéramos llenos de heridas. Cargamos internamente todo lo que hemos visto”.

“Tengo insomnio y pesadillas”, dice Monica. “Me despierto 10 veces todas las noches con el corazón acelerado y sin aliento”.

Su colega Elisa Pizzera recalca que se sintió fuerte durante la emergencia pero que ahora está exhausta.

No tiene energía para cocinar ni encargarse de los quehaceres en la casa y, cuando tiene un día libre, se pasa la mayor parte del tiempo sentada en el sofá.

No es el “nuevo normal”

Martina Benedetti, una enfermera de cuidados intensivos en Toscana, todavía rehúsa ver a la familia y amigos por temor de infectarlos.

“Inclusive mantengo la distancia social con mi esposo”, confiesa. “Dormimos en cuartos separados”.

Una joven enfermera con la cara irritada por el uso de una máscara

BBC
“No estoy segura de que quiera seguir siendo una enfermera”.

Hasta las cosas más sencillas se han vuelto demasiado. “Cada vez que salgo a caminar, me siento ansiosa y tengo que regresar a casa inmediatamente”, reconoce Martina.

Ahora que finalmente tiene tiempo para reflexionar, está llena de inseguridades.

“No estoy segura de que quiera seguir siendo una enfermera”, me cuenta. “He visto más gente morir en los últimos dos meses que durante seis años”.

Alrededor de 70% de trabajadores de la salud que se ocupaban de covid-19 en las regiones peor afectadas de Italia están sufriendo de agotamiento, según un estudio reciente.

“En realidad, este es el momento más difícil para médicos y enfermeras”, explica Serena Barello, autora del estudio.

Cuando enfrentamos una crisis, nuestro cuerpo produce hormonas que nos ayudan a manejar el estrés.

“Pero, cuando finalmente tienes tiempo de reflexionar sobre lo sucedido, y la sociedad sigue hacia adelante, todo se te puede derrumbar y te sientes más cansancio y angustia emocional”, dice la doctora Barello.

Un enfermero con lesiones en su nariz y pómulos causadas por equipo de protección

Paolo Miranda
“De repente nos convertimos en héroes, pero ya nos han olvidado”

Se preocupa que muchos médicos y enfermeras sufrirán síntomas de trastorno por estrés postraumático (TEPT) mucho después de la pandemia.

Esto es cuando el impacto de una experiencia traumática afecta la vida de una persona, meses y hasta años después.

Para los trabajadores de la salud, esto podría dificultar sus habilidades de continuar trabajando con la intensidad y concentración que sus trabajos requieren.

Héroes olvidados

Alrededor del mundo, los médicos y enfermeras en las primeras líneas están siendo elogiados como héroes por arriesgar sus vidas para tratar a los pacientes. Pero en Italia, ese aprecio se está desvaneciendo.

“Cuando estaban temiendo la muerte, de repente todos nos volvimos héroes, pero ya nos han olvidado”, dice Monica.

“Volveremos a ser vistas como personas que limpian culos, perezosas e inútiles”.

Una enfermera con la cara cubierta con una máscara en un entorno oscuro

Paolo Miranda

En Turín, unas enfermeras recientemente se encadenaron y se pusieron bolsas plásticas, en referencia a cómo tuvieron que improvisar en los hospitales por escasez de equipos de protección personal.

Realizaron la manifestación para exigir reconocimiento por su labor.

“En marzo fuimos héroes, ahora ya nos han olvidado“, gritó una enfermera a través de un megáfono.

Les habían prometido un bono por su trabajo pero todavía no se ha materializado.

Sin escape

Por lo menos 163 médicos y 40 enfermeras han muerto de covid-19 en Italia. Cuatro de estas muertes fueron suicidios.

No obstante, muchos trabajadores de la salud ahora sienten como si la pandemia nunca hubiera sucedido. “Me siento abrumada por la ira“, indica Elisa Nanino, una médico que atendió casos de covid-19 en hogares de cuidado

Desde que se levantó el confinamiento, constantemente ve a personas bebiendo y comiendo juntas sin máscaras protectoras y sin mantener el distanciamiento social.

Me gustaría acercarme a ellos y gritarles en la cara, decirles que están poniendo a todos en peligro”, dice. “Es una gran falta de respeto hacia mí y todos mis colegas”.

Pero una cosa en la que todos los trabajadores de la salud coinciden es el apoyo del público les ayudó a sobrellevar la crisis.

Una enfermera con equipo de protección personal

Paolo Miranda

“No soy ningún héroe, pero me hizo sentir importante”, señala Paolo.

El reconocimiento público es la manera más poderosa que tenemos para ayudar a los trabajadores de la salud que enfrentan TEPT, según el estudio de la doctora Barello.

“Todos nosotros tenemos un papel crucial que jugar en este momento”, señala. “Debemos asegurarnos de no olvidar lo que médicos y enfermeras hicieron por nosotros”.

Los soldados pueden abandonar el campo de batalla y lidiar con su trauma en casa. Pero para estos médicos y enfermeras, el próximo turno de 12 horas siempre está a la vuelta de la esquina.

Tienen que lidiar con todo esto en el mismo lugar donde han sufrido tanto.

“Me siento como un soldado que acaba de regresar de la guerra”, explica Paolo. “Obviamente no vi armas ni cadáveres en la calle, pero de muchas maneras, siento como si hubiera estado en las trincheras”.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

Visita nuestra cobertura especial


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=QZ9JbrioTiw

https://www.youtube.com/watch?v=XBfltfjAEZk

https://youtu.be/QBv7nudMSpc

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.