Audios prueban que hubo soborno para liberar al Mochomo: FGR
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Cuartoscuro

'Dando y dando': llamadas prueban que hubo soborno millonario a juzgado para liberar al 'Mochomo'

La FGR aseguró tener pruebas de un soborno que recibió un juzgado en el Estado de México para liberar al "Mochomo", presunto líder de Guerreros Unidos.
Cuartoscuro
3 de julio, 2020
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La Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) intervino legalmente conversaciones telefónicas que revelan un soborno en millones de pesos a funcionarios de un juzgado de distrito para que liberaran a José Ángel Casarrubias Salgado el “Mochomo”, presunto líder de Guerreros Unidos y señalado por la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa.

En una conversación telefónica, un abogado de nombre Juan le informa a Francelia Salgado Patiño, madre del “Mochomo”, que todo estaba listo para beneficiar a José Ángel Casarrubias.

Leer más: FGR y Consejo de la Judicatura investigan posible corrupción en la liberación del Mochomo

En la grabación presentada por el periodista Ciro Gómez Leyva se escucha cuando el abogado le dice a Salgado: “le comentaba yo a su hijo que esta persona nos comentó que ya está todo hecho y que si podíamos ir avanzando con el tema económico”.

Francelia Salgado deja claro que el dinero se lo entregarán cuando su hijo sea liberado, es decir, “dando y dando”.

A continuación una parte del audio: 

Mamá: A ver.

Abogado: Como usted ya sabe se presentaron las pruebas y los alegatos en la mañana. En compañía del licenciado Arturo pasamos ahí con la persona que nos está ayudando, y bueno ya nos comentó que ya tiene también listo el trabajo y ya nada más nos estaba esperando con las pruebas para llevarlo, hacerlo valer y tuviera todo el sustento, entonces ya está completo.

Mamá: ¿Ya nada más es esperar o qué?

Abogado: Mire, le comento. En la mañana nos comentó la licenciada y a mi, el amigo, que ya estaba listo el trabajo, es decir, ya terminó el proyecto, ya nomás están esperando nuestras pruebas para agregarlas, asentar su proyecto y listo. Lo iba a pasar alrededor de la una de la tarde con la jefa para que lo aprobara, si acaso le hará dos, tres correcciones de redacción, ortografía y detallitos. Pero lo importante ya está.

Mamá: ¿Y como a qué hora ya sabemos bien todo?
Abogado: Pues en el transcurso del día, puede ser que… como la juez tiene hasta mañana, puede ser que hoy, puede ser que mañana le avise. Puede ser que de hoy a mañana.

Mamá: ¿Enton’s usted me avisa?
Abogado: Ajá, entonces… nosotros la mantenemos informada cuando esté publicado eso y todo.

Mamá:Bueno.
Abogado:Entonces le comentaba yo a su hijo, esta persona nos comentó que bueno, que ya estaba todo hecho y que si podíamos ir avanzando con el tema económico, inclusive me citó ahorita a las seis de la tarde, por eso le había yo comentado del tema económico. Pero no sé, usted indíqueme.

Mamá: No, acuérdese que quedamos que, como dicen, dando y dando.
Abogado: Sí, ya ve que esa fue la idea original, entonces por eso ya no, esté…

Mamá:Nosotros no nos vamos a echar para atrás, ya ve que nosotros vamos a cumplir, pero queremos dando y dando.
Abogado: Ajá, ¿entonces le parece bien lo siguiente? Mire vamos a hacerlo así, porque voy a ver ahorita a esa persona, entonces ya para tenerlo coordinado con él, le voy a decir así, pero… sería de la siguiente forma: él nos va avisar mañana cuando ya esté saliendo de firma, cuando ya esté todo listo, ya para ir avisarle tanto a su hijo como a nosotros.

 

La Fiscalía General de la República (FGR) dijo que en la liberación de “el Mochomo”, señalado como líder del cártel Guerreros Unidos, hubo sobornos por “varios millones de pesos.

Esto, luego de que en el Juzgado Segundo de Distrito de Procesos Penales Federales decretaron su liberación al negar el valor de pruebas que se presentaron y que fueron admitidas en 2014. 

Por este motivo la FGR señaló que las pruebas “eran válidas en el sistema vigente en ese momento”, por lo que señaló que en el juzgado federal decidieron no revisar 21 pruebas contra el “Mochomo”, por lo que apeló la decisión.

“La Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO), dependiente de la FGR, tiene autorizadas por un juez competente, intervenciones que señalan el cohecho (soborno) por varios millones de pesos realizado por diversos individuos cercanos al imputado, a personal del juzgado referido, para que decretara la libertad de dicha persona”, denunció la Fiscalía en un comunicado. 

También explicó que por estas intervenciones, “junto con otras razones legales”, se obtuvo el arraigo de el “Mochomo”, quien fue detenido el pasado 24 de junio en el municipio de Metepec, Estado de México, “donde se había ubicado después de vivir por varios años, oculto en distintas zonas serranas del país”. 

La FGR dijo que buscará solicitar una nueva orden de aprehensión contra el presunto líder delictivo por hechos distintos a la acusación de delincuencia organizada que se le había hecho.

Este mismo 2 de julio, el Consejo de la Judicatura Federal  (CJF) inició una investigación en el Juzgado Segundo de Distrito de Procesos Penales Federales en el Estado de México por posibles actos de corrupción. 

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Por qué acumular grasa corporal nos hace más vulnerables al COVID

El exceso de grasa en el cuerpo provoca problemas de suministro, de distribución y de entrada de aire que nos hacen más propensos a sufrir todo tipo de infecciones respiratorias, entre ellas la covid-19.
19 de enero, 2022
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Seguro que conoces la historia contada en “La ilíada” de Homero. Relata cómo los griegos, después de varios años intentando conquistar Troya, lograron su propósito gracias a un enorme caballo de madera en cuyo interior se ocultaron sus soldados.

Aprovechando la oscuridad de la noche, asaltaron la ciudad desde dentro.

Pues bien, parece que nuestro enemigo el SARS-CoV-2 ha encontrado un caballo de Troya inesperado en nuestro interior que le ayuda en su lucha: nuestra grasa corporal.

Un caballo de Troya para la infección por coronavirus

El SARS-CoV-2 entra en las células del organismo cuando una proteína de su envoltura, la llamada spike o proteína S viral, se une con la enzima convertidora de angiotensina tipo 2, molécula de la membrana de varios tipos de células humanas.

En el fenotipo obeso, la expresión de estas moléculas de membrana en el tejido adiposo aumenta.

Y eso convierte a la grasa en reservorio ideal del virus tras su entrada en el organismo, permaneciendo en el cuerpo de los pacientes con obesidad durante más tiempo.

Por si fuera poco, en modelos animales de obesidad se ha observado que la enzima convertidora de angiotensina tipo 2 también aumenta en las células pulmonares.

Eso implica un mayor número de sitios de unión para el virus y favorece la entrada de partículas virales en el epitelio pulmonar.

La intensidad de la infección aumenta, como también la respuesta local en los pulmones, principal lugar en el que se libra la batalla para evitar el desarrollo de la covid-19.

A esto hay que añadirle que las personas con obesidad presentan un estado inflamatorio crónico de bajo grado que activa una respuesta inmune local caracterizada por la movilización de células inmunes productoras de sustancias proinflamatorias.

Esto da lugar a una respuesta inmune deficiente que aumenta la susceptibilidad a las infecciones, entre ellas la producida por el SARS-CoV-2.

Este déficit inmune, junto con la situación previa de inflamación, puede ampliar la conocida tormenta de citoquinas desencadenada tras la infección viral, produciendo un empeoramiento de los síntomas.

Por otro lado, el exceso de grasa abdominal de las personas con obesidad impide el correcto desplazamiento del diafragma durante la respiración, reduciendo la capacidad pulmonar y generando dificultades que predisponen al desarrollo de infecciones respiratorias.

Obesidad

Getty Images

De hecho, no es la primera vez que la obesidad se define como factor de riesgo en las infecciones causadas por virus respiratorios.

En 2009, durante la pandemia causada por el virus influenza H1N1, la obesidad se asoció con un incremento en el riesgo de hospitalización e ingreso en la UCI tras la infección vírica.

Atascos y problemas de abastecimiento

Imaginemos el cuerpo de una persona con obesidad como una ciudad amurallada.

La alta cantidad de tejido adiposo disregulado que contiene hace que, en condiciones normales, la ciudad sufra una obstrucción en las vías de suministro (por hipertensión, aterosclerosis o patologías cardiovasculares).

Pero también dificultades con el suministro y la gestión de los alimentos (resistencia a la insulina y diabetes) y con la entrada de aire (por dificultades respiratorias).

El acceso esta ciudad, ya de por sí debilitada y enferma, sería relativamente fácil para un invasor como el causante de la covid-19, puesto que el tejido adiposo se comportaría como un caballo de Troya.

Es decir, serviría de refugio al nuevo enemigo. Quien, dicho sea de paso, se encontraría con más puertas de entrada en la zona verdes de suministro de aire de la ciudad (el pulmón, en nuestro cuerpo).

El desastre sería absoluto. Sobre todo porque cuando los soldados del ejercito inmune de la ciudad tratasen de expulsar al enemigo, su respuesta deficitaria provocaría aún más daños “urbanos” como consecuencia de la tormenta de citoquinas.

Además, al atacar al caballo de Troya (nuestro tejido adiposo), invadido por el virus, se produciría muerte adipocitaria.

Y las calles de la ciudad se llenarían de residuos (gotas de grasa), que las taponarían y nos predispondrían a desarrollar el síndrome del embolismo graso. Un síndrome que dispara la probabilidad de sufrir un evento trombótico.

Esto generaría aún mayores problemas de circulación de mercancías y distribución de alimentos.

En resumen, el exceso de grasa corporal no hace si no empeorar los síntomas de la infección por SARS-CoV-2 e incrementar el riesgo de hospitalización y muerte.

Ilustración de coronavirus

Getty Images
El coronavirus puede permanecer más tiempo en el cuerpo de los pacientes con obesidad.

Las “ciudades” viejas y de sexo femenino sufren más

Cuando la ciudad afectada por obesidad es de sexo masculino, la distribución del tejido adiposo a nivel visceral es mayor.

Eso provoca un incremento de citoquinas proinflamatorias que conduce a una mayor activación de las células inmunes, lo que hace a los hombres presentar un mayor riesgo de desencadenamiento de la famosa tormenta de citoquinas responsable del empeoramiento y agravamiento de los síntomas de la COVID-19.

Con todo y con eso, parece que el efecto devastador de la enfermedad en el largo plazo es mayor cuando esa ciudad pertenece al sexo femenino.

Ahora que ha pasado tiempo suficiente para ver las secuelas de la enfermedad, se ha podido comprobar que, dentro de los factores de riesgo de síndrome post-covid-19 , tener obesidad y ser mujer predispone a presentar covid persistente.

Siguiendo con el símil, desde el inicio de la pandemia se ha observado que ciudades más envejecidas (mayores de 55 años) tendrían más riesgo de ser totalmente destruidas por la invasión (mayor mortalidad).

Incluso en caso de personas con normopeso. Sin embargo, ya desde el principio de la pandemia observamos que la “ciudad obesa” joven sufría igual los efectos que “ciudades normopeso” de mayor edad.

Todo ello explica la mayor propensión de las personas con obesidad a desarrollar la infección por SARS-CoV-2 con síntomas más graves y necesitar hospitalización, ventilación mecánica y cuidados intensivos.

También explica por qué las personas con obesidad suelen requerir una hospitalización prolongada y tratamientos más intensos: tardan más tiempo en eliminar la presencia del virus.

Más a largo plazo, la presencia de obesidad aumenta el riesgo de desarrollar secuelas crónicas de covid-19.

Visto lo visto, deberíamos reflexionar sobre la necesidad de realizar importantes esfuerzos, tanto a nivel personal como desde todos los estamentos implicados, para implementar todas las medidas que ayuden a paliar la actual epidemia de obesidad.

*Marta Domínguez Álvaro es investigadora postdoctoral en enfermedades crónicas, de la Universidad Camilo José Cela y Silvia Salado Font es directora de la OTRI, Universidad Camilo José Cela. Este artículo se publicó en The Covnersation. Puedes leer la versión original aquí.


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