Con evaluación y certificación inconclusa, 80% de elementos de la Guardia
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Cuartoscuro Archivo

80% en Guardia Nacional carece de certificación como policía, predominan en esta fuerza militares y marinos

En la conformación de la Guardia se ha dado prioridad a la cantidad y velocidad de elementos transferidos o reclutados, sobre la evaluación y certificación de sus capacidades como policías.
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6 de julio, 2020
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Para conformar la Guardia Nacional y cumplir con las metas de despliegue en las calles, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador ha seguido una estrategia que prioriza la cantidad y velocidad de elementos transferidos o reclutados, sobre la evaluación y certificación de sus capacidades como policías.

El resultado: hoy se cuenta con más de 90 mil elementos oficialmente adscritos a la nueva fuerza, sin embargo, más del 80% de ellos están en las calles sin que cuenten con el certificado legal que avala que completaron sus evaluaciones y que son aptos para ser policías.

Ello sumado a que aun cuando la ley define a la Guardia Nacional como una policía civil, el grueso de su estado de fuerza se ha construido, en realidad, a partir del reclutamiento y transferencia exclusivamente de soldados y marinos.

Así lo prueban nuevos datos oficiales, a los que tuvo acceso Animal Político, a través de solicitudes de transparencia dirigidas al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) y a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

De acuerdo con lo dado a conocer por el gobierno federal, al cierre de 2019 la Guardia Nacional ya contaba con más de 70 mil elementos, que para junio de 2020 – a un año de su despliegue – ya sumaban más de 90 mil. Ello convierte a esta fuerza de seguridad en la mas grande del país, y en la mas rápida que se haya conformado.

La Constitución y la ley de la Guardia Nacional establecen que los guardias son policías civiles y que, como tal, deben cumplir con las disposiciones de la Ley del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Entre esas disposiciones se encuentra contar con evaluaciones de control de confianza aprobadas y con el denominado Certificado Único Policial (CUP) que acredita que dicho policía tiene, además del referido control de confianza, una adecuada formación inicial, académica y de habilidades.

Contar con dichas certificaciones es requisito obligatorio para ser policía en México. En la Guardia Nacional, sin embargo, ocurre lo contrario.

Muchos sí, ¿confiables? No se sabe

El SESNSP tiene bajo su jurisdicción el Centro Nacional de Certificación y Acreditación (CNCA), organismo que concentra la información de todas las evaluaciones de control de confianza y de las certificaciones que se realizan en las fuerzas de seguridad en los distintos centros acreditados del país.

Mensualmente el secretariado publica en esta página los resultados por fuerza, con excepción de la Guardia Nacional. Por ello este medio solicitó los datos vía transparencia. La respuesta se recibió a través del oficio SESNSP/UT/1080/2020 fechado el pasado 16 de junio.

De acuerdo con dicho informe, el CNCA tiene un registro de 10 mil 750 elementos de la Guardia que cuentan con el CUP. Ello equivale a solo el 11% de todo el estado de fuerza de la guardia.

A su vez dicho centro detalló contar con un registro de 16 mil 786 evaluaciones de control realizadas para conformar a la Guardia Nacional. Esto significa que el 81% de los elementos de dicha fuerza están en activo sin que siquiera hayan sido sometidos a los procesos de examinación correspondientes, que incluyen pruebas de conocimientos, toxicológicas, polígrafo y entorno social.

De los que sí han sido evaluados, solo 4 mil 438 ya calificaron como elementos aprobados. Hay 919 que reprobaron y de ninguna manera podrían pertenecer ni a la Guardia, mientras que los 11 mil 429 siguen en espera de resultado.

El gobierno ha insistido en que GN cuenta con un despliegue de más de 90 mil efectivos en el país, y que al menos los nuevos reclutas (que equivalen a una cuarta parte) cuentan con talleres de capacitación y preparación cercanos a las mil horas e impartidos en instalaciones militares.

Pero los datos del Centro Nacional de Acreditación y Certificación del SESNSP prueban que en promedio 8 de cada 10 de los efectivos desplegados no tienen completo el procedimiento de evaluación y/o certificación que avala que asimilaron la preparación que recibieron, y que son aptos para desempeñar el trabajo.

El plan: aplazar pruebas y usar militares

Aunque la ley contempla que un policía debe contar obligatoriamente con las pruebas y certificaciones que avalan que pueden hacer bien su trabajo y que por ende son confiables ante la ciudadanía, en el caso de la Guardia Nacional se hizo una excepción temporal desde el inicio.

En el artículo cuarto transitorio de la Ley que crea la Guardia Nacional se estableció un plazo de dos años para que los centros de evaluación puedan concluir de evaluar y de certificar a los guardias. Ese plazo vence hasta mediados de 2021.

Gracias a ello se ha podido reclutar y desplegar a miles de guardias en el país sin que cuenten aun con la certificación correspondiente. Legisladores que en su momento aprobaron la ley señalaron que se hizo para no obstaculizar la rápida conformación y despliegue de la nueva fuerza.

Pero esta no fue la única estrategia adoptada por el gobierno para acelerar el crecimiento del estado de fuerza de la Guardia Nacional y su despliegue en el país. La otra fue llenarla de militares que ya estaban en activo, aunque no fueran elementos de seguridad pública.

De acuerdo con los datos disponibles más del 60% de los elementos que conforman a esta nueva fuerza son efectivos de la Defensa Nacional y de la Marina que fueron comisionados temporalmente a esta.

Sumados a ellos hoy hay cerca de 25 mil nuevos reclutas en la Guardia que, sin embargo, también son militares, no civiles.

 Animal Político corroboró lo anterior a través de la respuesta que la Secretaría de la Defensa Nacional proporcionó a la solicitud de transparencia folio 0000700150030 fechada el pasado 15 de junio. En dicha solicitud se le preguntó a la Defensa, en su calidad de responsable operativa de la GN, sobre la cifra de nuevos reclutas en dicha fuerza.

Lo que la Defensa respondió que ha reclutado 22 mil 714 nuevos policías militares (cuya preparación y exigencia es distinta a la de agentes de seguridad pública) que luego fueron asignados a la Guardia Nacional. Un fenómeno similar sucede con policías navales reclutados y transferidos por la Secretaría de Marina.

Dicha situación confirma lo que un análisis independiente del Observatorio Ciudadano de la Guardia Nacional había adelantado, respecto a que se trata de una fuerza totalmente militar, donde los únicos civiles fueron los policías federales que en su momento aceptaron ser transferidos a esta.

Decomisos, detenciones… y homicidios

El pasado 30 de junio el gobierno federal detalló en un comunicado los logros que ha alcanzado la Guardia Nacional a un año de su despliegue. De inicio se subrayó que se había conseguido ya realizar un despliegue superior a los 90 mil elementos, y después de ello se detallaron detenciones y decomisos.

Entre otras cosas se destacó el aseguramiento de 15 mil personas por diversos delitos, 3 mil 705 armas de fuego, 105 inmuebles y de más de cien millones de pesos. Ello sumado a decomisos de drogas, entre ellas, 66 toneladas de mariguana, seis toneladas de metanfetamina, dos toneladas de cocaína, y 133 kilos de heroína. Ello además del combate a redes de pornografía infantil, delitos cibernéticos, etc.

Algunos de estos resultados son similares a los que la extinta Policía Federal reportaba comúnmente.

De lo que no se dio detalle en ese comunicado fue del impacto de la Guardia Nacional en la reducción de la violencia, sobre todo a partir de que fue concebida como una fuerza que ayudaría a pacificar el país. Animal Político publicó que son más de 30 mil los asesinatos perpetrados al menos en los primeros 11 meses del despliegue de esta nueva fuerza, cifra superior a los que se cometían antes.

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Coronavirus; ¿Qué produce una respuesta inmunitaria más fuerte: la infección natural o la vacuna?

Si bien ambas producen una respuesta inmunitaria, te explicamos por qué es mejor la protección que te puede ofrecer una vacuna contra el SARS-CoV-2.
16 de diciembre, 2020
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Reino y Estados Unidos iniciaron ya su programa de vacunación masiva contra el coronavirus con la vacuna de Pfizer/BioNTech.

La inmunización, producida en Bélgica, es un nuevo tipo de vacuna llamada ARN que utiliza un pequeño fragmento del código genético del virus para enseñarle al cuerpo a combatir la COVID-19 y generar inmunidad.

El resto de las vacunas —incluidas la rusa Sputnik V, que comenzó a suministrarse de forma masiva en Moscú, la china Sinovac, la estadounidense Moderna o la británica Oxford-AstraZeneca— continúan en la carrera y la aprobación de algunas de ellas se espera de forma inminente.

En Reino Unido, los primeros en recibir la dosis inicial de las dos necesarias para alcanzar la inmunidad completa son las personas mayores de 80 años, los profesionales de la salud en primera línea, así como los trabajadores de las residencias de ancianos.

Y mientras que la mayoría de la población espera con ansias que le llegue su turno, hay quienes miran a la vacuna con recelo por las incógnitas que todavía no tienen respuesta.

Una de las preguntas que se repite (aunque no necesariamente entre quienes están en desacuerdo con la vacunación) es, ¿Qué genera una respuesta inmune más fuerte: la infección natural o la vacuna?

BBC Mundo conversó con tres expertos en el tema en busca de una respuesta.

Según el caso

En pocas palabras: aún no se sabe.

“Hay algunas enfermedades donde la vacuna protege más que la enfermedad y otros casos donde la enfermedad brinda más protección que la vacuna”, le explica a BBC Mundo Carlos Rodrigo, vacunólogo y Director Clínico de Pediatría del Hospital Germans Trias i Pujol, en Barcelona.

Paciente de covid-19

Getty Images
Mientras que a algunas personas el virus les provoca pocos o ningún síntoma otros deben ser hospitalizados o conectados a un respirador.

Rodrigo da como ejemplo enfermedades clásicas como el sarampión, la varicela o las paperas, donde la infección natural es la que otorga una inmunidad más prolongada, donde lo habitual es que una vez que la pasas no te vuelvas a enfermar.

En otro tipo de infecciones, como las provocadas por neumococos o meningococos (dos tipos de bacterias) en niños o por el virus del papiloma humano (VPH) —un grupo de virus que puede causar verrugas y varios tipos de cáncer— la situación es exactamente opuesta.

En el caso del VPH, por ejemplo, la vacuna genera una respuesta inmune más potente que la inmunidad natural, ya que esta última es particularmente débil.

Esto se debe a que, entre otra cosas, el virus emplea varias tácticas para evadir al sistema inmune, le explica a BBC Mundo Maitreyi Shivkumar, profesora de Biología Molecular en la Facultad de Farmacia de la Universidad De Montfort, en Reino Unido.

“Muchos virus, entre los que se incluye el VPH tienen proteínas que bloquean la repuesta inmune o simplemente mantienen un perfil bajo para no ser detectadas”.

En cambio la vacuna, “contiene una concentración alta de una sola proteína —la que sobresale de la superficie del virus y la que detecta el sistema inmune— en su forma más pura”.

Al suministrar una gran cantidad de esta proteína, la respuesta que se genera es mucho más fuerte, señala Shivkumar.

Y, además, la vacuna permite que, “de cierta forma, el sistema inmune no se distraiga con otros trozos del virus (como ocurriría en una infección natural)”, añade la experta, aunque aclara que son pocos los casos donde la inmunidad generada por la vacuna es mayor a la que suscita la infección natural.

“Por lo general las vacunas son tan buenas como la infección (en este sentido), o brindan suficiente inmunidad y eso es lo que se quiere lograr”.

¿Cómo se posiciona la covid-19 en este sentido?

Dado que se trata de una enfermedad nueva y de que los estudios sobre la vacuna fueron diseñados para determinar su seguridad y eficacia más que para evaluar la longevidad de la inmunidad, no sabemos con exactitud por cuánto tiempo se extiende el efecto protector de ninguna de las dos.

HPV

Getty Images
En el caso del VPH, la vacuna genera una respuesta inmune más fuerte que el virus mismo.

Lo que sí sabemos es que, a diferencia de la infección natural, de la que podemos recibir una dosis viral variable (alta, mediana o baja) que produce diferentes niveles de inmunidad, “cuando te suministran una vacuna, recibes una dosis predeterminada que sabemos provoca una respuesta inmune fuerte y apropiada, capaz de prevenir la infección en un gran porcentaje de los casos”, le dice a BBC Mundo Jennifer Gommerman, inmunóloga de la Universidad de Toronto, Canadá.

“Hay muchas similitudes: las dos cosas —la infección natural y la vacuna— generan anticuerpos neutralizantes e inmunidad celular (el proceso que activa entre otras cosas a las células T)”.

“Pero una de las grandes diferencias es que las vacunas no provocan el daño colateral de una respuesta inmune extremadamente robusta, que en mucha gente puede ser perjudicial y causar daño en los pulmones”, explica la experta.

Sin vacuna, dice Carlos Rodrigo, atravesar la enfermedad es “una aventura, un azar, una ruleta rusa: mientras que a algunas personas no les ocasiona ningún problema, a otras les causa problemas gravísimos. Y a otras no tan graves pero persistentes en el tiempo, e incapacitantes”.

Por último otra de las ventajas de la vacuna es que al suministrar una dosis fija, “se garantiza una respuesta imunitaria estandarizada en toda la población. Es una forma de controlar la respuesta y no dejarla al azar”, añade Shivkumar.

Y si tuve covid-19, ¿es necesario vacunarme?

En opinión de Gommerman, deberías dejar que vacunen a otros primero porque tu cuerpo todavía debería tener memoria del virus y por lo tanto capacidad para combatirlo, pero luego es importante que lo hagas.

Vacunación

Getty Images
Aunque hayas tenido covid-19, es aconsejable recibir la vacuna.

“Primero que mucha gente nunca tuvo confirmación de haber tenido el virus”, dice. “Cuando nos llega gente que piensa que ha tenido covid-19 y se les hace la prueba de anticuerpos, no siempre dan positivo porque en realidad no han estado expuestos al virus”.

Esa ya es una buena razón para darse la vacuna. Pero por otro lado, “hasta donde sabemos, no hay consecuencias negativas de darse la vacuna después de haber tenido el virus. Es como reforzar tu respuesta inmunitaria”, señala la experta.

Y, tercero, “tu respuesta inmune pudo haber sido muy buena o no, dependiendo de a cuánto virus estuviste expuesto, y como esa carga es variable, no sabrás en que parte del espectro te encuentras, por lo tanto, es mejor darse la vacuna”.

Rodrigo tiene una visión similar, aunque recomienda hacer un test primero para verificar si la persona aún tiene anticuerpos.

Estas personas “no serían prioritarias, pero es posible que al cabo de unos cuantos meses, la inmunidad natural no sea suficiente”.

“Habrá que evaluar si todavía tiene anticuerpos, porque en casos que los haya, la vacuna es inútil”.


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