Hospitales públicos no atendieron a menor y ahora sus padres deben $100 mil
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Hospitales públicos dejan sin atención a menor, padres lo llevan a privado y ahora deben más de 100 mil pesos

La deuda contraída es imposible de pagar para los padres de Iñaki, pues uno de ellos se quedó sin trabajo por la crisis de COVID-19.
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22 de julio, 2020
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Jacqueline Ramírez apenas podía correr con su hijo Iñaki, de dos años y siete meses en los brazos, el cobertor con el que lo cubría y la maleta donde llevaba recetas, medicamentos, y otros enseres del pequeño. Como pudo alcanzó la puerta de salida de urgencias del Instituto Nacional de Pediatría (INP), de la Secretaría de Salud federal, donde su esposo, Alejandro Sandoval, la esperaba para ir a buscar otro lugar donde sí atendieran al menor.

Era la segunda vez en menos de cuatro días que la mujer salía de ahí con su pequeño en los brazos sin conseguir atención médica. Tampoco la consiguieron en el Hospital Materno Pediátrico Xochimilco, de la Secretaría de Salud de la Ciudad de México.

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Los padres terminaron con su hijo en un hospital privado, donde le practicaron una cirugía de emergencia por una apendicitis fase 3, que estuvo a punto de ser peritonitis, de acuerdo con las notas médicas de las que Animal Político tiene copia.

El pequeño fue dado de alta y se encuentra estable, pero sus padres se han quedado con una deuda de más de 100 mil pesos. Tuvieron que conseguir dinero prestado para pagar los gastos en el hospital particular y los servicios médicos. La deuda llega justo cuando Alejandro se encuentra desempleado a causa de la pandemia de COVID-19.

Para los padres de Iñaki el peregrinaje buscando atención para su hijo empezó al final del sábado 4 de julio.

Jacqueline cuenta que en la noche de ese día, el semblante y el ánimo del niño cambiaron. “Él es muy activo siempre y de pronto se puso pálido y como tristón. No se veía bien”.

Los padres se preocuparon. Eran alrededor de las 11 de la noche de un sábado y no lograron localizar a su pediatra. En Uber llegaron hasta el Hospital Materno Pediátrico Xochimilco, en la alcaldía donde ellos viven. Justo en ese momento, el pequeño vomitó.

Por la contingencia sanitaria por COVID-19 el acceso en ese hospital estaba restringido y el policía de la entrada indicó que sólo podía pasar uno de los dos papás. Alejandro ya llevaba al niño en brazos así que entró él.

Después de esperar unos minutos, de acuerdo al relato que el padre hizo a Animal Político, una doctora, que no se identificó con nombre, los hizo pasar a uno de los consultorios. Preguntó por qué acudían a consulta, pesó al menor, le tomó la temperatura, le revisó el estómago y quiso saber si había algún familiar o alguien con COVID con el que Iñaki hubiera convivido.

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El padre respondió que no,  y que ellos llevaban el resguardo domiciliario estricto y casi obligado, desde hacía tres meses, cuando Alejandro tuvo que dejar de ir a trabajar al Sky Zone de Lomas Verdes, donde se empleaba y que cerró por la epidemia de COVID.

La doctora, cuenta el padre de Iñaki, le dio al pequeño unos mililitros de medicamento, según dijo para bajarle la fiebre, y los despachó, sin darles receta ni ningún papel. Solo indicó mantener al menor en observación, recomendó administrarle Tempra en caso de más fiebre, y advirtió de que si lo del niño resultaba ser COVID ellos ahí no atendían la enfermedad.

Cuando salieron del hospital de Xochimilco, Jacqueline insistió en buscar otra opción. Se fueron al Instituto Nacional de Pediatría (INP).

Lo que vivieron ahí fue muy similar a lo del otro hospital. Los mandaron a la entrada de urgencias y les dijeron que solo podía pasar uno de los dos papás. Esta vez decidieron que sería Jacqueline.

También allá los recibió una doctora que preguntó por síntomas de COVID, le revisó la panza al niño y dijo que no encontraba nada malo. Los mandó a casa con una receta de Espaven, un medicamento para malestares estomacales y reflujo.

A partir de ahí los papás empezaron a peregrinar de un médico a otro, de un hospital privado a otro, con el pequeño sufriendo de diarrea, vómito  y fiebre. La pediatra del niño a la que localizaron el lunes sospechó de un recargón por embutidos. Le recetó medicamentos que no lo mejoraron.

Para el miércoles, los papás decidieron llevarlo a un hospital privado, en Álvaro Obregón, con un pediatra que una prima le recomendó a Jacqueline. Para entonces el niño ya iba con dolor en el abdomen.

Ahí quisieron hacerle al menor varios estudios que incluían el de orina. Esperaron por horas sin que Iñaki hiciera pipí. Así que se fueron con diagnóstico de una infección urinaria, que no podían precisar, y una receta de antibiótico.

La pareja abordó un Uber para volver a casa con el niño. “Llevábamos unos 10 minutos de camino, cuando Iñaki se empezó a quejar de más dolor en el estómago, flexionaba ya sus piernas. Vomitó. Tenía los ojos hundidos y la boca seca. Le dije a mi esposo que no me iba a regresar así a la casa. Teníamos el INP cerca y le pedimos al conductor ir para allá”, relata Jacqueline.

Entérate: Sistema de salud mexicano descuida a personas con diabetes, hipertensión y obesidad

“Nos hemos quedado con esa deuda enorme” 

Al llegar al instituto, otra vez solo dejaron entrar a uno. Pasó Jacqueline. Le preguntaron si el niño llevaba síntomas de COVID.

“Estaba una médica joven, residente quizá. Me preguntó qué tenía el niño y me mandó a la caja a pedir por una cita de urgencias y a pagar 35 pesos. No tenían cambio. Se pusieron a buscar cómo cambiar el billete. Me dan una tarjeta y me mandan con esa a administración, me dicen que me siente y que ahorita me atienden”, cuenta Jacqueline.

La madre se fue a sentar. “Ahí estaba yo, en eso la mujer de la caja le dijo a la residente que había mandado mal mi orden de cita, que todas las mandaba mal y se empezaron a reír. Llegó entonces una chica, de unos 17 años, la doctora le preguntó qué tenía, la muchacha le dijo que Lupus, le dijo: pásate. La atendió a ella primero cuando yo estaba antes, solo porque se equivocaron con la cita. Para entonces Iñaki ya estaba inmóvil, apenas podía tener los ojos abiertos y cuando lo lograba solo me miraba. Me puse a llorar”.

La desesperación de la madre llamó la atención de otra doctora que se acercó a ver qué pasaba. Pero ese acercamiento solo derivó en una reprimenda para la residente por no revisar al bebé antes de pedir la cita de urgencias y en un “ahorita te atienden”, que pasaría por una nueva ida a la caja y administración.

Jacqueline se salió corriendo con su hijo en brazos. Alejandro la esperaba afuera. No sabían a dónde ir. Acabaron en otro hospital privado, donde le practicaron al menor una cirugía de emergencia, le drenaron toda la pus que ya tenía en el abdomen y le quitaron el apéndice.

“El médico nos dijo que un poco más y le da una peritonitis a Iñaki”, dice Jacqueline.

Ahora el niño ya está en casa, pero los papás quedaron con una deuda enorme para ellos. El total en el hospital fue de 140 mil pesos. Amigos, familiares y conocidos se movieron: sacaron ahorros, pidieron prestado, primero para cubrir el depósito que pedían para iniciar la atención al menor, después para liquidar la cuenta.

“Una amiga nos prestó 26 mil pesos; mi abuela 40 mil y así. Es dinero que debemos pagar porque las personas que nos lo prestaron van a necesitarlo. Nos hemos quedado con esa deuda enorme ahora”.

Para la familia las cosas ya se habían puesto mal desde antes de la enfermedad de Iñaki. Cuando cerraron el Sky Zone donde Alejandro trabajaba, en abril, le bajaron el sueldo 75% y le quitaron las prestaciones. Le estaban pagando solo mil pesos cada quince días. Después ya no le pagaron nada. La familia se quedó sin ingreso y sin Seguro Social. En esa situación los encontró la enfermedad del menor.

“No sabemos cuándo pueda regresar Alejandro al trabajo. Y yo me estaba dedicando a cuidar al niño. Los ahorros que teníamos nos han servido para irla pasando y pagar la renta. Ahora no tenemos con qué saldar la deuda que adquirimos con medio mundo para liquidar el hospital. Hasta hemos abierto una página en Donadora para recaudar apoyo”, dice Jacqueline.

Animal Político solicitó una entrevista a la Secretaría de Salud de la Ciudad de México para saber por qué no se le brindó atención al pequeño en el Hospital Materno Pediátrico de Xochimilco.

El área de comunicación de Sedesa solicitó los datos de los padres y el menor. Al inicio aseguraron  que no tenían en el hospital registro de la visita de Iñaki y sus padres, pero después informaron que se encontró un registro de entrada del niño, por lo que el hospital  se comprometió a hacer un recuento de hechos, apoyado en los testimonios de los padres y los trabajadores de la unidad para saber qué sucedió y por qué no se le brindó la atención al niño.

Además se comprometieron a garantizar los servicios de salud que requiera el menor.

Este portal también solicitó al área de comunicación de la Secretaría de Salud federal  saber por qué no se le había dado atención a Iñaki en el INP. Hasta el cierre de esta edición no hubo ninguna respuesta.

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Andrea Taylor

`La distribución desigual de vacunas entre países ricos y pobres significará que el virus continuará propagándose y mutando'

La investigadora Andrea Taylor cree que, de continuar el actual sistema de distribución de las vacunas, el virus podría seguir mutando, haciendo inefectiva la inmunización y produciendo consecuencias devastadoras.
Andrea Taylor
4 de febrero, 2021
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La carrera global por una vacuna contra el COVID-19 ha sido, probablemente, una de las más decisivas y frenéticas de nuestro tiempo.

En menos de un año, farmacéuticas, gobiernos, aerolíneas, centros de investigación y empresas de todo el mundo se han unido en un esfuerzo en común para materializar una inyección que se ha vuelto la última esperanza para salir del oscuro túnel de muertes, contagios y confinamientos que se ha sacudido el mundo de un extremo a otro.

Sin embargo, ahora que varias vacunas han comenzado a distribuirse y las autoridades sanitarias de numerosos países se esfuerzan en administrar el mayor número de dosis posible a su población, los expertos han comenzado a alertar que en esta nueva carrera los mayores beneficiados no serán, necesariamente, quienes terminen primero.

Y es que según un estudio que realizó la Universidad de Duke en Estados Unidos y que se volvió referencia en el tema en los últimos meses, la forma en la que se distribuyen actualmente las vacunas supone otro grave peligro de salud pública a nivel mundial.

La situación, de alguna forma, reproduce el actual sistema global: los países más ricos han comprado ya la mayor cantidad de vacunas que se producirá este año, mientras los más pobres no tendrán dosis para administrar incluso ni a sus poblaciones más vulnerables.

Como resultado, se estima que cerca del 90% de las habitantes en casi 70 países de bajos ingresos tendrán pocas posibilidades de vacunarse contra el COVID-19 en 2021.

Mientras, otras naciones, como Canadá, ya han comprado suficientes dosis para vacunar cinco veces a su población.

Número de dosis compradas por países. . .

Los expertos temen que, de continuar como va el actual sistema de distribución, el virus podría seguir mutando, hacer inefectivas las actuales vacunas, además de producir consecuencias económicas, políticas y morales devastadoras.

Para analizar este tema en BBC Mundo conversamos con Andrea Taylor, quien dirige la investigación del Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad de Duke que rastrea la distribución de vacunas a nivel global.

El proyecto, denominado Launch and Scale Speedometer, analiza datos globales sobre vacunas y terapias para combatir la pandemia y sus hallazgos se han vuelto un llamado de alerta entre políticos, académicos y expertos en salud pública.


¿Cuáles fueron los principales hallazgos de este proyecto que dirigió sobre la distribución global de vacunas?

Analizamos los datos disponibles públicamente de las compras de vacunas contra el COVID-19 para comprender mejor la asignación de vacunas en todo el mundo.

Lo que descubrimos es que los países ricos han comprado la mayor parte, mientras que los países más pobres luchan por obtener suficientes vacunas para cubrir incluso a sus poblaciones más vulnerables.

Identificamos estas brechas por primera vez en octubre de 2020 y aún no las hemos visto cerrarse, lo cual es muy preocupante.

¿Cómo se llegó a este punto?

Los países ricos aprovecharon su poder adquisitivo e inversiones en el desarrollo de vacunas para obtener un lugar en primera fila y luego compraron la mayoría de las vacunas antes que otros países.

Los países de ingresos altos tienen el 16% de la población mundial, pero actualmente cuentan con el 60% de las dosis de vacunas que se han vendido.

Vacuna

Getty Images
Conseguir una vacuna con efectividad probada no será suficiente para detener la pandemia, pues hará falta garantizar su distribución.

Debido a que la capacidad de fabricación global es limitada, esto deja menos dosis para todos los demás, al menos a corto plazo.

Los países de ingresos medianos y bajos no pudieron realizar compras de gran volumen o comprar vacunas cuando el riesgo de falla aún era muy alto, por lo que no obtuvieron acceso prioritario. Estos países están claramente en peligro ahora.

La principal preocupación es que los países de ingresos bajos y medianos simplemente no tendrán suficientes vacunas y que las personas que viven en países ricos estarán protegidas mientras el virus se propague en los países más pobres.

Si se desarrolla de esta manera, todos sufriremos más, tanto en términos de impacto sanitario como económico.

En ese sentido, hace semanas, la Organización Mundial de la Salud advirtió que el mundo se enfrentaba a un “fracaso moral catastrófico” debido a las políticas desiguales de vacunación contra el covid-19. ¿Cuáles son los principales riesgos a nivel global de la forma en que se venden y distribuyen actualmente las vacunas?

La distribución desigual de las vacunas es peligrosa para todos. Ciertamente es un fracaso moral, pero también nos enfrentamos a resultados económicos y de salud catastróficos.

Provocará muchas más muertes en todo el mundo, especialmente entre nuestros vecinos más vulnerables.

Pero también significa que el virus continuará propagándose y mutando, aumentando el riesgo de que nuestra lista de vacunas no cubra eficazmente nuevas cepas.

La sede de la OMS en Ginebra

Reuters
La OMS ha advertido que solo un esfuerzo coordinado mundial para eliminar la amenaza del SARS-CoV-2.

Si los países ricos vacunan a sus poblaciones, mientras permiten que el virus se propague a otros lugares, es posible que descubran que no están protegidos de las cepas más nuevas que surjan.

También devastará nuestras economías.

Los modelos recientes muestran que si los países ricos vacunan a sus poblaciones antes de garantizar el acceso a los países más pobres, la devastación económica costará entre US$1,5 y US$9,2 billones y al menos la mitad caerá sobre los países ricos.

Algunos de los países que tendrían que esperar años para vacunar a toda su población son ahora algunos de los lugares donde muchas vacunas se están sometiendo a ensayos clínicos. ¿Cómo entender esta aparente contradicción?

Desde el principio quedó claro que las naciones de ingresos medios y bajos iban a tener dificultades para llegar al frente de la fila para comprar vacunas.

Vimos países que aprovechaban tanto la capacidad de fabricación como la infraestructura de ensayos clínicos para intentar conseguir ofertas de vacunas.

Una enfermera prepara una dosis de la vacuna CoronaVac, de Sinovac en Ankara, Turquía.

Reuters
Muchas naciones pobres tendrán que esperar hasta incluso 2024 para vacunar a toda su población contra el coronavirus.

Líderes de varios países nos dijeron que estaban trabajando para atraer ensayos clínicos con la esperanza de que les ayudara a negociar un acuerdo de suministro con el desarrollador de la vacuna.

En algunos lugares esta estrategia tuvo éxito, pero en otros no.

Es el caso de América Latina, donde también hemos visto muchos gobiernos que tomaron la decisión de comprar algunas vacunas (como la rusa o la china), incluso cuando los procesos de ensayos clínicos y resultados estaban siendo cuestionados por expertos en salud pública. ¿Podría la falta de acceso a otras vacunas aprobadas y más seguras llevar a los países menos desarrollados a administrar dosis que no se han probado a fondo?

Los líderes de estos países están tomando decisiones de salud pública muy difíciles y el cálculo cambia cada semana, a medida que cambia la carga de morbilidad y se descubren nuevas variantes.

Hace unos meses, escuchábamos a líderes de muchos países menos desarrollados decir que no aceptarían una vacuna sin datos sólidos de eficacia.

Más recientemente, estamos viendo que estos mismos países compran vacunas que no han publicado datos sólidos, pero que pueden estar en un avión dentro de las 24 horas posteriores al cierre del trato.

Por supuesto, esto es un riesgo y no es una opción tan buena como usar una vacuna que ha sido revisada y aprobada rigurosamente por una autoridad reguladora estricta.

Pero si su elección como líder está entre algo y nada, probablemente algo sea mejor.

Por otra parte, están los reportes de países como Canadá o Estados Unidos, que han comprado dosis suficientes para vacunar a toda su población varias veces. ¿Cuál es la lógica detrás de este “acaparamiento”?

Muchos países ricos compraron suficientes vacunas para cubrir muchas veces a sus poblaciones. Esto tenía sentido en el mundo en el que vivíamos hace 6 meses, porque aún no sabíamos cuál de las vacunas candidatas, si es que había alguna, llegaría al mercado.

La mayoría de los países ricos compraron dosis de múltiples candidatos con la esperanza de que si uno o dos de ellos llegaban al mercado, tendrían una cobertura de su población del 100%.

Dosis de vacunas en una fábrica.

Getty Images
Se espera que el plan Covax se ponga en marcha en febrero.

Al final resultó que las vacunas contra el covid-19 han tenido éxito más allá de las expectativas.

Ya tenemos algunas en el mercado y otras más saldrán en los próximos meses.

En realidad, ningún país rico tiene dosis de vacunas adicionales en esta etapa, pero sí se han reservado los espacios de fabricación prioritarios para 2021 para la mayoría de las vacunas contra el covid-19.

Esto significa que los países que realizan compras ahora pueden tener que esperar meses o incluso un año más.

Una de las alternativas para esta situación es Covax, el esfuerzo global que involucra tanto a países ricos como a otros menos desarrollados para un acceso equitativo a las vacunas contra el covid-19. ¿Cuáles serían los principales desafíos que enfrenta esta propuesta?

El principal desafío al que se enfrenta Covax es el tiempo.

Si bien la iniciativa ha tenido éxito en la compra de vacunas, garantizar la entrega en paralelo con el lanzamiento de la vacuna en las naciones ricas es mucho más difícil.

Las naciones de ingresos medios y bajos que cuentan con Covax como una parte importante de su estrategia de vacuna necesitan las dosis ahora, pero gran parte de los espacios de fabricación prioritarios ya han sido reservados por países ricos que hicieron acuerdos bilaterales.

También es importante señalar que Covax es necesario pero no suficiente.

Con una cobertura de población del 20%, es una pieza fundamental de la solución, pero los países pobres seguirán enfrentando brechas masivas en el acceso a las vacunas.

Tenemos que preocuparnos por la cobertura de población restante del 40-50% necesaria para alcanzar la inmunidad colectiva en estos países.

Supongamos que soy el primer ministro de una nación muy rica. ¿Qué argumento me daría para convencerme de que no debería comprar dosis suficientes para vacunar a toda mi población, porque al hacerlo, otros países menos desarrollados no tendrán acceso a esa vacuna? ¿Por qué debería preocuparme por ellos en lugar de vacunar a todos mis conciudadanos?

Realmente es un argumento de autoconservación. Al asegurarte de que otros países también tengan acceso a la vacuna, está garantizando el éxito de la tuya.

Los líderes de los países ricos deben asegurarse de que sus poblaciones estén cubiertas lo más rápido posible y se consideraría un fracaso masivo si no lo hicieran.

También deben garantizar que todos los países tengan acceso a las vacunas al mismo tiempo para cubrir a sus poblaciones más vulnerables, lo que ayudaría a proteger los servicios de salud y de emergencia y reducir las muertes.

Una mujer es vacunada contra el coronavirus en Rusia.

Reuters
La mayoría de naciones que han comenzado la vacunación son países de altos inresos.

Los modelos recientes demuestran que no hacerlo probablemente devastará las economías de las naciones ricas y creará una situación en la que nunca estaremos libres de este virus.

Muchos países, incluidos Canadá, Reino Unido y el bloque de la Unión Europea, han declarado su compromiso de donar el exceso de dosis a otros países, pero el momento en esto realmente importa.

Los líderes de los países ricos deben comenzar a donar dosis a los países más pobres sin dejar de vacunar a sus propias poblaciones.

Noruega ha liderado esto y ha declarado que donará dosis en paralelo con el lanzamiento de su propia vacuna.

Los líderes de los países ricos deberían elegir mejores resultados a largo plazo a riesgo de pérdidas políticas a corto plazo y encontrar formas de transmitir la importancia y los beneficios de esto a sus poblaciones.

Esto requiere un liderazgo más fuerte del que hemos visto hasta ahora pero, sin él, incluso los ciudadanos de los países ricos saldrán mucho peor.


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