La informalidad laboral en México, un problema que persiste con los años
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

#SemáforoEconómico La informalidad laboral en México, un problema que persiste con los años

En promedio, en los últimos 15 años, la tasa de informalidad registró un nivel de 58.2%.
Cuartoscuro
28 de julio, 2020
Comparte

La informalidad en México se ha mantenido estable en los últimos años: aproximadamente la mitad de la fuerza laboral del país se encuentra empleada en el sector informal.

En promedio, en los últimos 15 años, la tasa de informalidad (TIL 1) registró un nivel de 58.2%. El nivel más alto se dio en el 4° trimestre de 2009, con 60% de la población ocupada total.

Lee: Pandemia por COVID-19 provocó el cierre de 90 mil restaurantes, reporta Canirac

Por el contrario, la tasa observada en el 1° trimestre de 2020 de 56.1% de informalidad laboral es la más baja desde el 2005, año en el que se inició la encuesta. El reto de la formalidad laboral ha persistido a lo largo de los años.

El Inegi calcula la población con empleo informal a través de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).

En los primeros tres meses del año, la tasa de informalidad (TIL1) se ubicó en 56.1%; esto quiere decir que más de la mitad de la población ocupada total (aquella que cuenta con un trabajo o un vínculo laboral) no contó con una relación con su fuente de trabajo reconocida ante la ley o se encontró empleada en un negocio informal, una disminución de apenas 0.1 punto porcentual respecto al trimestre inmediato anterior.

A través de su #SemáforoEconómicoEstatal, la organización México, ¿cómo vamos? da seguimiento este indicador a través de la tasa de informalidad TIL2 del Inegi. A diferencia de la TIL1, esta se refiere a la proporción de la población ocupada no agropecuaria. La informalidad laboral a nivel estatal registró un nivel mayor al nacional en 15 entidades de la República durante el primer trimestre del año según datos del Inegi.

¿Cómo están los estados? 

En el periodo, Oaxaca, Guerrero e Hidalgo fueron los estados que registraron las mayores tasas de informalidad TIL2, con el 73.1%, 71.7% y 70.3% de su población ocupada no agropecuaria en el sector informal o sin ningún tipo de vínculo laboral ante la ley respectivamente. El semáforo de casi la mitad de los estados está rojo.

Por otro lado, en Chihuahua, Coahuila y Nuevo León se observaron las menores tasas de informalidad con 32.1%, 33.5% y 35.9% respectivamente. A pesar de las disparidades entre los estados, a nivel nacional la mitad de la población ocupada no agropecuaria se encuentra en la informalidad laboral (TIL2) (52.0%).

La ENOE del Inegi es una herramienta eficiente para estudiar el desempeño y la composición del mercado laboral en México. Sin embargo, dada la emergencia sanitaria, el Inegi se vio obligado a ajustar la metodología y mecanismo de recopilación de los datos, por lo que en abril 2020 presentó el primer levantamiento de la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE).

Debido a las diferencias en el diseño estadístico, la ETOE y la ENOE no son estrictamente comparables, pero la modalidad telefónica sirve como punto de referencia para evaluar los cambios observados en el mercado laboral a raíz de la pandemia de COVID-19 y el paro económico que implicó.

Lee: COVID deja temporalmente sin empleo a casi 12 millones de personas y reduce ingresos de empleados

Durante abril (primer mes completo de confinamiento), se observó que la Población Económicamente Activa (PEA) -población que trabaja o busca trabajo- disminuyó significativamente, de 57.4 a 45.4 millones de personas. Esta caída se debió a una disminución de 12.5 millones de personas en la población ocupada.

Sin embargo, ésta no se tradujo en un aumento en la población desocupada (aquellos que no tienen trabajo, pero están buscando de manera activa y pertenecen a la PEA), sino que se observó un aumento de 14.1 millones de la Población No Económicamente Activa (PNEA) Disponible, que se encuentra disponible para trabajar pero no busca activamente un empleo.

Además, en abril, se observó una tasa de informalidad laboral (TIL1) de 47.1%, tasa menor en 8 puntos porcentuales a la registrada en marzo.  Esta caída en la tasa de informalidad se debió a que de marzo a abril la población con ocupación informal cayó de 31 a 20.7 millones de personas. Esta reducción de 10.4 millones de personas con ocupación informal reflejó la suspensión temporal de actividades y la espera que se tenía para retomarlas.

La disminución en la ocupación informal fue mayor a la reducción observada en la ocupación formal ya que ésta pasó de 24.7 millones de personas en marzo a 22.6 millones en abril.

Con el segundo levantamiento de la ETOE en mayo se registró un aumento de 4.1 puntos porcentuales en la tasa de informalidad laboral (TIL1) respecto al mes previo para situarse en 51.8%.

En el segundo mes de confinamiento, se observó un aumento de aproximadamente 300 mil personas en la población ocupada. Por su parte, la tasa de desocupación cayó de 4.7% en abril a 4.2% en mayo. Sin embargo, el incremento en la población ocupada se debió a una mayor prevalencia de la informalidad: en mayo, la cantidad de personas en estas condiciones de trabajo aumentó en 1.9 millones, mientras que la población con trabajo formal disminuyó en 1.6 millones.

Lee: México perdió 1 millón 113 mil empleos en los primeros 4 meses de epidemia

La propuesta de reforma al sistema de pensiones en México presentada recientemente por el presidente de la Republica añade una dimensión de complejidad al problema de informalidad en el país, pues, aunque busca incrementar la cobertura y el monto de las pensiones otorgadas en el país, el aumento progresivo a las aportaciones patronales encarecería la incorporación al mercado laboral formal.

Lee: Qué implica la reforma al sistema de pensiones que pide AMLO y a quiénes beneficia

Esto, a su vez, podría desincentivar a las empresas a otorgar un vínculo reconocido por la ley a sus trabajadores, hecho que resultaría perjudicial para la fuerza laboral, al implicar una pérdida del derecho a las prestaciones que instituciones como el IMSS o el ISSSTE ofrecen y, al mismo tiempo, una reducción en el acceso a una pensión que asegure un retiro digno, efecto totalmente contraproducente a los objetivos de la reforma.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Quién vigila la radiación del 5G (y cuáles son sus verdaderos riesgos)

Esta nueva tecnología regresa el eterno debate sobre los efectos sobre la salud de las radiaciones electromagnéticas. Estos, sin embargo, son descartados por todas las agencias internacionales.
27 de octubre, 2020
Comparte
Seúl

Getty Images
Corea del Sur ya tiene una red 5G en todo el país.

Decenas de antenas, dispositivos bluetooth y cientos de teléfonos móviles nos rodean e irradian cada día. Por no hablar de la telefonía 5G que, al parecer, acabará con la vida en la Tierra. ¡Tanta radiación no puede ser buena!

¿Quién controla los niveles de exposición y los posibles efectos sobre la salud?

Percepción del riesgo

Los campos electromagnéticos están presentes en la naturaleza desde antes de la aparición del ser humano. La luz solar, los rayos cósmicos, las tormentas y la radiación natural terrestre son fuentes de exposición a estos campos.

A mediados de los años 90, se comenzaron a desplegar las redes de antenas de telefonía móvil. Aunque se hacían con estándares técnicos internacionales, que ya tenían en cuenta la protección de la población, no se ofreció la suficiente información al respecto.

A pesar de una reacción rápida por parte de organismos, operadoras y expertos, la percepción de riesgo se instaló entre los ciudadanos. También caló en instituciones, administraciones locales y asociaciones.

Así, se produjo una situación paradigmática. Por un lado, el rechazo a las antenas era un fenómeno global. Por el otro, crecía la demanda universal del servicio.

Ilustracion 5G

Getty Images
La red 5G es mucho más que la mejora de la red 4G.

La OMS parece tenerlo claro

Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Unión Europea fueron conscientes a principios de los 2000 de esa carencia y de la necesidad de dar respuesta a una inquietud y percepción social del riesgo asociado a la telefonía móvil.

Aunque esta percepción e inquietud estaban sobredimensionadas.

A pesar de los esfuerzos realizados para informar y tranquilizar a la población, la OMS reconoció en 2006 que “algunas personas consideran probable que la exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencia entrañe riesgos y que éstos puedan ser incluso graves”.

En la revisión de 2014, la OMS aseguraba que “hasta la fecha no se ha confirmado que el uso del teléfono móvil tenga efectos perjudiciales para la salud”.

En otro documento publicado a comienzos de este 2020 sobre el 5G, insiste en que en las últimas décadas no hay estudios científicos que demuestren una relación causal que pueda hacer temer efectos sobre la salud.

“El calentamiento de tejidos es el principal mecanismo de interacción entre los campos electromagnéticos de radiofrecuencia y el cuerpo humano”.

Ese posible efecto, a los niveles habituales de exposición, es insignificante. Por eso es importante que los niveles se mantengan por debajo de los límites establecidos por agencias internacionales independientes.

Mujer con una tablet.

Getty Images
La OMS ha dicho que no hay estudios científicos que demuestren una relación causal del 5G que pueda hacer temer efectos sobre la salud.

Quién y cómo se establecen los límites de exposición

En 1992 se estableció en Alemania la Comisión Internacional de Protección frente a Radiaciones No Ionizantes (ICNIRP). Esta organización científica, independiente y sin ánimo de lucro, revisa periódicamente y de forma sistemática las evidencias científicas para determinar los niveles a los cuales se producen efectos biológicos.

No solo de los campos electromagnéticos de radiofrecuencia, sino también de otras radiaciones electromagnéticas como la luz visible, los infrarrojos y los ultravioletas que, por encima de ciertos niveles, también pueden resultar muy peligrosos.

Por eso se fijan niveles de seguridad y, por eso mismo, no debemos preocuparnos de la radiación que emite el mando a distancia de nuestra tele. Tampoco del router wifi de nuestra casa o de nuestro teléfono inalámbrico.

El proceso de revisión es abierto y su publicación se realiza en una revista científica tras un proceso de revisión por pares.

Así, una vez se establecen los niveles a los cuales se observan efectos para cada frecuencia, se aplica un factor de precaución o seguridad de 50.

Estos valores son aceptados por la mayor parte de los países occidentales desde hace décadas y se adoptan en las correspondientes legislaciones.

Además, existen otras agencias u organismos que realizan una revisión similar. Por ejemplo el Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE) y la Food and Drug Administration de Estados Unidos.

Estos tres organismos, en los últimos meses y coincidiendo con el despliegue de la 5G, han revisado y publicado sus guías de límites seguros de exposición humana.

La mano negra de la industria

Que la industria está detrás de todas estas regulaciones e instituciones es un argumento reiterado por los movimientos antiantenas -ahora anti-5G- que parecen acoger toda clase de creencias conspiranoicas con respecto, también, a las mascarillas, las vacunas y la COVID-19.

En realidad han sido la industria y los profesionales del sector los más interesados en garantizar que las radiaciones emitidas por las antenas fueran seguras y que los niveles de potencia estuviesen dentro de los límites permitidos.

Transmisión de eventos deportivos en dos pantallas.

Getty Images
Con la conexión 5G se podrán conectar muchos dispositivos al mismo tiempo.

El Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT), como entidad de derecho público al servicio de la sociedad, fue la primera organización que ya en 2001 elaboró un informe sobre las radiofrecuencias de telefonía móvil.

Con ello se pretendía informar a la ciudadanía y mitigar la inquietud que ya surgía ante el desconocimiento de esta tecnología y la normativa que la regula.

La labor de difusión se centró en ayuntamientos y asociaciones ciudadanas, aunque se ha seguido trabajando durante todos estos años con todo tipo de administraciones e instituciones.

En 2006, se creó el Comité Científico Asesor de Radiofrecuencias y Salud (CCARS), comité independiente compuesto por profesionales de gran prestigio -en campos como la medicina, física, química, biología, ingeniería de telecomunicación y derecho-, que, desde entonces, ha elaborado cinco informes trienales de referencia.

En ellos recogen las evidencias científicas existentes sobre el impacto de los campos electromagnéticos en la salud.

Además, ha publicado numerosos documentos sobre tecnologías concretas -el último sobre 5G-, con el ánimo de informar verazmente a la sociedad, manteniendo siempre el conocimiento científico riguroso como referencia.

Sus informes han tratado siempre de arrojar luz y evitar cualquier tergiversación que de forma interesada se intentara hacer sobre el efecto de estas tecnologías sobre la salud.

Incluidas comparaciones sin fundamento con sustancias, como el tabaco o el alcohol, que la ciencia sí ha demostrado como perniciosas incluso en pequeñas cantidades.

5G

Getty Images
Los verdaderos riesgos de estas tecnologías son los asociados a la dependencia, problemas musculares, malas posturas y al condicionamiento de nuestras relaciones personales y hábitos saludables.

Los verdaderos riesgos para la salud

Decir que los campos electromagnéticos de radiofrecuencia son inocuos es falso si no se acompaña de la frase “a los niveles habituales de exposición”.

Dichos niveles están decenas o centenas de miles de veces por debajo de los de seguridad marcados por ICNIRP.

Es lo que han demostrado numerosos estudios y revisiones sistemáticas de exposición personal en condiciones reales.

Pero hay efectos constatados derivados del uso de dispositivos y que no son consecuencia de las radiaciones que emiten.

Así, se ha demostrado que su uso puede provocar dependencia, problemas musculares, malas posturas y que condicionan nuestras relaciones personales y hábitos saludables.

Dichos efectos, sin embargo, no son denunciados por los movimientos en contra de estas tecnologías.

Ilustración 5G

Getty Images
Hay una proliferación de un cierto “negocio del miedo” vinculado a las nuevas tecnologías.

Negar la evidencia, ¿con qué fin?

Quizá piense que existe cierta controversia científica en este tema.

Habrá oído que “numerosos científicos alertan de los efectos” en cuestionables llamamientos internacionales, algún pseudoinforme como el Bioinitiative o declaración política ajena a la Unión Europea, como la declaración 1815 del Consejo de Europa.

Todos tienen en común su falta de rigor, el establecimiento de límites de forma arbitraria o la extrapolación inadecuada de estudios en animales o de laboratorio sin tener en cuenta las condiciones reales.

En 30 años, no se ha publicado una revisión sistemática o metaanálisis -los estudios con mayor fortaleza en ciencia- que demuestre sus alarmantes augurios y peligros para la salud (efectos sobre el sueño, la concentración, fisiológicos, hipersensibilidad o, incluso, cáncer).

En cambio, sí es constatable la relación de sus promotores con la proliferación de un cierto “negocio del miedo” a partir de datos tergiversados, erróneos y en ningún caso avalados por la evidencia científica.

Y ese negocio que se basa en esos datos afecta tanto a ámbitos como el médico-sanitario, con diagnósticos o prescripciones no fundamentados en el conocimiento médico; el legal, con denuncias insostenibles basadas en opiniones de supuestos expertos, medios de información carentes de credibilidad (webs pseudocientíficas) o, incluso, empresas que ofrecen aparatos y dispositivos de protección completamente innecesarios.

Todo un negocio basado en el miedo y el desconocimiento que sigue alimentando esa falsa percepción de que vivimos radiados al límite.

*Alberto Nájera López es doctor en radiología y medicina física y profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha y Juan Carlos López es ingeniero de telecomunicaciones y catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarganuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=6ekpZ0RCrs4&t=8s

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.