Jeidy, la joven indígena que sufrió un ataque transfóbico en Puebla
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Foto: Especial

La historia de Jeidy, joven indígena que sufrió un ataque transfóbico en Tehuacán, Puebla

Jeidy vive con tristeza e incertidumbre sobre su futuro luego de recibir dos disparos de tres mecánicos que la persiguieron.
Foto: Especial
Por Lucero Hernández
13 de julio, 2020
Comparte

Nota del editor: En una primera versión esta nota publicó por error cambios en el género de Jeidy y en la agresión tránsfoba que recibió. Agradecemos a los lectores por hacer la observación para corregirlo. 

A Jeidy le gusta lucir su cabello largo, pintarse sus labios y ojos, tomarse fotos; pero no podía ser Jeidy todo el tiempo, se lo impedían los ojos de extraños, en su trabajo y las miradas reprobatorias de la gente que transitaba a su lado en las calles de Tehuacán, Puebla.

Ya había recibido agresiones, pero no cómo la que vivió el pasado sábado 4 de julio cuando recibió dos disparos de tres mecánicos que la persiguieron gritándole “pinche puto”, “hija de la chingada”.

Entérate: Crímenes de odio, Observatorio LGBT+ registra 209 asesinatos desde 2014; este año van 25

Un disparo en el pie, otro en la cabeza. Jeidy se desmayó a unos pasos de llegar a la pequeña casa que renta junto con su sobrina Yuridia. Ella escuchó los disparos y salió, se dio cuenta de que era su tía que antes de desmayarse le dijo “fueron los mecánicos”.

Jeidy despertó en la cama del Hospital Municipal después de dos días con un tratamiento médico al que se encuentra sometida y que involucra muchas medicinas que no ha podido costear, pero le han dicho que no se preocupe, que todo está pagado por el gobierno municipal de Tehuacán. La agresión transfóbica que sufrió mediatizó su caso.

El alcalde suplente de Tehuacán, Andrés Artemio Caballero López, y el de Zoquitlán, Claudio Hernández Cabanzo, la apoyaron económicamente tanto en el tratamiento médico como en la atención hospitalaria.

Jeidy ha perdido la cuenta de cuántos medicamentos tiene que tomar, sólo ve entrar y salir a tres doctores que han dado a su caso prioridad, al grado que después de dos días de la agresión, la Fiscalía de Puebla logró la detención de los tres presuntos agresores.

Jeidy se encuentra estable, pero triste y con miedo. Su sobrina Yuridia Hernández Rivera compartió que aún no han podido retirarle las esquirlas de las balas por el riesgo que representa para su vida.

El día de la agresión salió a las 5 de la tarde de su casa. Avisó que iría al centro, a las 9 de la noche dijo que ya iba de regreso. “Escuché los balazos, mis vecinos comenzaron a gritar; nunca pensé que fuera mi tía. Lo único que me dijo es que fueron los mecánicos y se desmayó. Me dio miedo, mis vecinos le hablaron a la ambulancia y a la patrulla. Yo no pude por los nervios”, relató Yuridia.

Ella es la única familia que tiene Jeidy en Tehuacán. La agresión y posterior hospitalización de Jeidy la ha obligado a pedir permiso en la tienda de conveniencia donde trabaja, para atender a su tía; lleva tres días faltando, teme que pierda su empleo.

Ambas han vivido agresiones de los mecánicos que trabajan en un taller en avenida del Trabajo, cerca del fraccionamiento Puertas del Sol. Para llegar a la casa que rentan, tienen que caminar obligadas frente al taller.

“Eres puto”, “eres choto”, “hija de la chingada”, eran insultos comunes para Jeidy, que sólo se agachaba y seguía caminando acelerando el paso.

Para Yuridia la situación también era agresiva: “Te puedo acompañar”, “a dónde vas”. Los chiflidos eran constantes.

Ser indígena y trans en México

Jeidy dejó su pueblo a los 22 años de edad, solo con estudios de primaria; hablante indígena de náhuatl, trabajó atendiendo mesas o haciéndose cargo de bares.

Hace 10 años llegó a Tehuacán procedente de Tepexilotla, junta auxiliar de Tepepa de Zaragoza en Zoquitlán, municipio de la Sierra Norte de Puebla, comunidad de alta pobreza y rezago, donde gran parte de la población habla náhuatl.

Acceder a la educación y a servicios de salud en Tepexilotla, es complicado. Son comunidades de menos de 500 habitantes y la mayoría no concluyó la educación básica. La única oportunidad de ayudar a la economía del hogar es salir de ahí e ir a la ciudad más cercana (seis horas) que es Tehuacán.

En 2010 llegó a Tehuacán y en 2015 invitó a su sobrina a vivir juntas. A sus 32 años, Jeidy planeaba hacer el tránsito para ser mujer transgénero y ya sostenía acercamientos con grupos activistas que apoyan a las mujeres trasgénero en Tehuacán, aspiraba a vivir todos los días como Jeidy.

Jeidy trabaja desde temprana edad con la finalidad de tener su propio negocio, ese es su sueño: ser propietaria de su propia marisquería o bar. Pero el coronavirus la dejó sin empleo, el bar donde trabajaba tuvo que cerrar desde hace tres meses obligado por la pandemia. Los ahorros que en algún momento se imaginó serían para su negocio, le han permitido sobrevivir en el desempleo.

“Vamos a buscar otro cuarto”

Tanto a Jeidy como a Yuridia no les interesa saber qué pasará con los mecánicos, solo quieren buscar un nuevo departamento para rentar en otro lugar. Aún no saben si Jeidy presentará daños permanentes por los balazos, tema que les preocupa, pues si requiere de terapias no cuentan con el dinero para pagarlas.

Aun viniendo de una comunidad indígena, la familia de Jeidy la ha aceptado sin discriminarla, solo le quedan tres hermanos, pues sus papás fallecieron. Su familia está enterada de lo que le pasó y solo piden que sean los propios mecánicos quienes paguen la compra de medicamentos, “pero eso lo dejamos con las autoridades, no nos queremos meter en problemas”.

La joven indígena solo piensa que en cuanto se recupere se cambiará de lugar para vivir. Sabe del comunicado que la familia de los mecánicos dirigieron al gobernador de Puebla, Miguel Barbosa, para pedir que no los detuvieran. Le da temor una nueva agresión en su contra, o en contra de su sobrina de 24 años de edad.

67 crímenes de odio en 20 años

Desde que empezó el actual gobierno federal con Andrés Manuel López Obrador, suman 117 crímenes de odio contra la comunidad LGBTTIQ, esto es un homicidio en contra de personas de esta comunicad cada tres días en el país, de acuerdo con un seguimiento de casos que registra la organización civil Letra Ese.

En Puebla de 1996 a 2019, la organización civil Vida Plena Puebla ha documentado 64 crímenes de odio por homo-lesbo-bi-transfobia, aún y cuando en la entidad, el“crimen de odio” se encuentra penalizado en el artículo 330 Bis, no así en el Código Penal Federal, donde no considera el crimen de odio en razón de la “preferencia u orientación sexual” de la víctima, y tampoco figura el término “identidad de género”.

De los 217 municipios de Puebla, la capital encabeza el listado de agresiones a personas de la comunidad LGBTTIQ con 33 de los 64 casos, seguido de Tehuacán con 12.

En lo que va del año 2020, suman tres crímenes de odio en Puebla, dos contra jóvenes homosexuales y uno con una mujer transgénero que atropellaron.

Las leyes mexicanas sí consideran protección constitucional contra la discriminación por orientación sexual establecida en el artículo 1 de la Constitución, así como en las constituciones estatales de Campeche, Chihuahua, Coahuila, Colima, Durango, Guanajuato, Michoacán, Morelos, Nuevo León, Oaxaca, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala, Veracruz y Puebla, este último establecido en el artículo 11.

Rezago en la resolución de crímenes de odio

Ante los vacíos legales, Onán Vázquez Chávez, representante de la organización Vida Plena, aseguró que lo peor sería que el intento de asesinato en contra de Jeidy quede impune, “tememos que la fiscalía no haya integrado bien la averiguación, queremos saber a qué juez lo van a turnar para que ojalá lleven el debido proceso y hagan uso de los protocolos en materia de diversidad sexual que existen”.

En 2019, Vida Plena A.C. envió solicitudes de reunión a la Fiscalía de Puebla para conocer el panorama real de los crímenes de odio, pues la organización realiza un registro vía hemerográfica y les gustaría coincidir con información oficial, además de conocer cuántos casos se han resuelto con número de sentencias. A la fecha no han recibido respuesta.

Pero la organización lleva su propio registro y así saben que de los 67 crímenes de odio ocurridos en 23 años, solo cinco han sido resueltos y cumplido con sentencias, aunque en su mayoría por homicidio y robo. Hay 40 averiguaciones previas en curso.

Las personas homosexuales son las más agredidas, revelan las estadísticas de Vida Plena, acumulan 37 casos a la fecha. Las personas travestis siguen con 24 casos y transexuales con cuatro.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Cómo eran las relaciones sexuales de los neandertales

Te contamos lo que los científicos han descubierto hasta ahora sobre el momento de la historia de la humanidad en el que los humanos modernos primitivos y los neandertales tuvieron sus primeros encuentros.
6 de abril, 2021
Comparte
Recreación de una mujer neandertal.

Getty Images
El sexo entre los humanos modernos primitivos y los neandertales no era un evento raro.

Sus ojos se encontraron a través del accidentado paisaje montañoso de la Rumania prehistórica.

Era un neandertal y estaba casi al desnudo. Tenía buena postura y piel pálida, quizás ligeramente enrojecida por las quemaduras solares. Alrededor de uno de sus gruesos y musculosos bíceps llevaba un brazalete de garras de águila.

Ella era una humana modernaprimitiva, vestida con un abrigo de piel de animal con un ribete de piel de lobo. Tenía la piel oscura, piernas largas y su cabello estaba recogido en trenzas.

Él se aclaró la garganta, la miró de arriba abajo y, con una voz nasal absurdamente aguda, hizo su mejor presentación. Ella le devolvió la mirada sin comprender. Por suerte para él, no hablaban el mismo idioma. Se rieron incómodamente y, bueno, todos podemos adivinar lo que pasó después.

Por supuesto, eso podría haber sido mucho menos parecido a una escena de una apasionante novela romántica. Quizás la mujer era en realidad neandertal y el hombre pertenecía a nuestra propia especie. Tal vez su relación era de tipo informal y pragmática, porque simplemente no había mucha gente alrededor en ese momento. Incluso se ha sugerido, también, que tales conexiones no fueron consensuadas.

Si bien nunca sabremos qué sucedió realmente en este encuentro, o en otros similares, de lo que podemos estar seguros es que se dio la unión de esa pareja.

Aproximadamente entre 37.000 y 42.000 años después, en febrero de 2002, dos exploradores hicieron un descubrimiento extraordinario en un sistema de cuevas subterráneas en las montañas del suroeste de los Cárpatos, cerca de la ciudad rumana de Anina.

Dentro de la Peştera cu Oase, o “Cueva con huesos”, encontraron miles de huesos de mamíferos. Entre ellos había una mandíbula humana, cuya datación por radiocarbono reveló que era de uno de los humanos modernos primitivos más antiguos conocidos en Europa.

Se cree que los restos permanecieron intactos desde entonces. En ese momento, los científicos notaron que, si bien la mandíbula era inconfundiblemente moderna en su apariencia, también contenía algunas características inusuales similares a las de los neandertales.

Años más tarde, esta corazonada se confirmó.

Los científicos descubrieron que el individuo era un hombre y que probablemente era un 6-9% de neandertal. Esta es la concentración más alta jamás encontrada en un ser humano moderno primitivo, y alrededor de tres veces la cantidad encontrada en los europeos y asiáticos actuales, cuya composición genética es aproximadamente del 1-3% neandertal.

Debido a que el genoma contenía grandes extensiones de secuencias neandertales ininterrumpidas, los expertos calcularon que es probable que el dueño de la mandíbula haya tenido un ancestro neandertal tan solo cuatro o seis generaciones antes. Determinaron que el enlace probablemente ocurrió menos de 200 años antes de la época en que vivió.

Paisaje de los Cárpatos en Rumania.

Getty Images
Un encuentro amoroso entre nuestros ancestros humanos modernos y los neandertales pudo haber tenido lugar en las montañas de los Cárpatos.

Además de la mandíbula, el equipo encontró fragmentos de cráneo de otro individuo en Peştera cu Oase, que poseía una mezcla similar de características. Los científicos aún no han podido extraer ADN de estos restos, pero al igual que la mandíbula, se cree que pueden haber pertenecido a alguien que tenía ascendencia neandertal cercana.

Desde entonces, se ha ido acumulando la evidencia de que el sexo entre los humanos modernos primitivos y los neandertales no era un evento raro.

Escondidos en los genomas de las poblaciones actuales, hay indicios reveladores de que sucedió en muchas ocasiones distintas y en una amplia zona geográfica.

De hecho, el ADN neandertal se puede encontrar en todas las personas que viven hoy en día, incluidas las de ascendencia africana, cuyos antepasados no se cree que hayan entrado en contacto directamente con este grupo.

Y la transferencia también ocurrió al revés. En 2016, los científicos descubrieron que los neandertales de las montañas de Altai en Siberia pueden haber compartido del 1 al 7% de su genética con los antepasados de los humanos modernos, que vivieron hace aproximadamente 100.000 años.

Los besos

En 2017, Laura Weyrich, antropóloga de la Universidad Estatal de Pensilvania, descubrió la marca fantasmal de un parásito microscópico de 48.000 años aferrado a un diente prehistórico.

“Veo a los microbios antiguos como una forma de aprender más sobre el pasado, y el sarro es realmente la única forma confiable de reconstruir los microorganismos que vivían dentro de los humanos antiguos”, dice Weyrich.

Estaba particularmente interesada en lo que comían los neandertales y cómo interactuaban con su entorno. Para averiguarlo, secuenció el ADN de la placa dental en dientes hallados en tres cuevas diferentes.

Dos de las muestras se tomaron de 13 neandertales encontrados en El Sidrón, en el noroeste de España. Para sorpresa de Weyrich, uno de los dientes contenía la firma genética de un microorganismo parecido a una bacteria, Methanobrevibacter oralis, que todavía se encuentra en nuestra boca hoy en día.

Cráneo de un neandertal.

Getty Images
Los neandertales tenían rasgos faciales distintivos, pero se han encontrado algunos cráneos con una mezcla de rasgos.

“Para mí, lo que es fascinante es que este es también uno de los primeros períodos en los que describimos el mestizaje entre humanos y neandertales”, dice Weyrich. “Así que es maravilloso ver una especie de microbio envuelto en esa interacción”.

Weyrich explica que una posible ruta para la transferencia son los besos: “Cuando besas a alguien, los microbios orales van y vienen entre las bocas”, dice.

“Pudo haber sucedido una vez, pero luego de alguna manera se propagó mágicamente, si el grupo de personas infectadas tuvo éxito. Pero también podría ser algo que ocurriera con más regularidad”.

Otra forma de transferir sus microbios orales es compartiendo alimentos. Y aunque no hay evidencia directa de que un neandertal esté preparando una comida para un humano moderno primitivo, una comida romántica podría haber sido una fuente alternativa de M. oralis.

Para Weyrich, el descubrimiento es emocionante porque sugiere que nuestras interacciones con otros tipos de humanos hace mucho tiempo han dado forma a las comunidades de microorganismos que tenemos hoy.

Neandertales masculinos o femeninos

Es imposible decir con certeza si fueron en su mayoría mujeres neandertales las que se acostaron con los hombres humanos modernos primitivos, o al revés, pero hay algunas pistas.

En 2008, los arqueólogos descubrieron un hueso de un dedo roto y un solo diente molar en la cueva Denisova, en las montañas de Altai en Rusia, a partir de la cual se reveló una nueva subespecie de humanos.

Durante años, los “denisovanos” se conocían solo por el puñado de muestras desenterradas en este sitio, junto con su ADN, del cual los científicos descubrieron que su legado continúa hasta el día de hoy en los genomas de personas de ascendencia melanesia y de Asia oriental.

Los denisovanos estaban mucho más relacionados con los neandertales que los humanos actuales; las dos subespecies pueden haber tenido rangos que se superpusieron en Asia durante cientos de miles de años.

Reconstrucción de un denisovano

Maayan Harel
Los denisovanos tienen rasgos comunes con los humanos modernos y los neandertales.

Esto se hizo particularmente evidente en 2018, con el descubrimiento de un fragmento de hueso que pertenecía a una niña, apodada Denny, que tenía una madre neandertal y un padre denisovano.

En consecuencia, tendría sentido si los cromosomas sexuales masculinos de los neandertales fueran similares a los de los denisovanos. Pero cuando los científicos secuenciaron el ADN de tres neandertales, que vivieron hace 38.000 a 53.000 años, se sorprendieron al descubrir que sus cromosomas Y tenían más en común con los de los humanos actuales.

Los investigadores dicen que esto es evidencia de un “fuerte flujo de genes” entre los neandertales y los primeros humanos modernos: se cruzaban mucho.

Otra investigación ha demostrado que casi exactamente el mismo destino tuvieron las mitocondrias neandertales: la maquinaria celular que ayuda a convertir los azúcares en energía aprovechable.

Estos se transmiten exclusivamente de madres a hijos, por lo que cuando se encontraron las primeras mitocondrias humanas modernas en restos de neandertales en 2017, insinuó que nuestros antepasados también estaban teniendo relaciones sexuales con neandertales masculinos.

Enfermedades de transmisión sexual

Hace unos años, Ville Pimenoff estaba estudiando la infección de transmisión sexual por el virus del papiloma humano (VPH) cuando notó algo extraño.

Existe una clara división a nivel mundial entre dónde se encuentran ciertas variantes de este virus. En la mayor parte del planeta, lo más probable es que encuentre el tipo A, mientras que en el África subsahariana la mayoría de las personas están infectadas con los tipos B y C.

Curiosamente, el patrón coincide exactamente con la distribución del ADN neandertal en todo el mundo, pues las personas en África subsahariana no solo portan cepas inusuales del VPH, sino que tienen relativamente poco material genético neandertal.

Para averiguar qué estaba pasando, Pimenoff utilizó la diversidad genética entre el tipo A actual para determinar que surgió por primera vez hace 60.000-120.000 años aproximadamente. Esto lo hace mucho más anterior que los otros tipos de VPH-16 y, lo que es más importante, ocurre en la época en que los primeros humanos modernos emergieron de África y entraron en contacto con los neandertales.

Aunque es difícil de probar definitivamente, Pimenoff cree que inmediatamente comenzaron a intercambiar enfermedades de transmisión sexual, y que la división en las variantes del VPH-16 refleja el hecho de que adquirimos el tipo A de sus antecesores.

“Lo probé miles de veces usando técnicas computacionales, y el resultado siempre fue el mismo: que este es el escenario más plausible”, dice Pimenoff.

Curiosamente, Pimenoff también cree que la adquisición del tipo A de los neandertales explica por qué es tan canceroso en los seres humanos: debido a que lo encontramos por primera vez hace relativamente poco, nuestro sistema inmunológico aún no ha evolucionado para poder eliminar la infección.

Neandertal

Lambert/Ullstein Bild/Getty Images
Tanto hombres como mujeres neandertales se cruzaron con nuestra propia especie, según registros genéticos.

De hecho, el sexo con neandertales podría habernos dejado otros virus, incluido un antiguo pariente del VIH. Pero no hay necesidad de sentirse resentido con nuestros parientes, porque también hay evidencia de que les contagiamos ETS, incluido el herpes.

Los órganos sexuales

Aunque pueda parecer burdo preguntarse cómo eran los penes y las vaginas de los neandertales, los genitales de diferentes organismos han sido objeto de un vasto cuerpo de investigación científica.

Resulta que los órganos sexuales de un animal pueden revelar una cantidad sorprendente de información sobre su estilo de vida, estrategias de apareamiento e historia evolutiva, por lo que hacer preguntas sobre ellos es solo otra ruta para comprenderlos.

El reino animal contiene una variedad caleidoscópica de diseños. Estos incluyen el pulpo argonauta y su pene desmontable con forma de gusano, que puede nadar solo para aparearse con las hembras, o las vaginas triples de canguros, que hacen posible que las hembras estén embarazadas perpetuamente.

Una de las formas en las que los penes humanos son inusuales es que son lisos.

Nuestros parientes vivos más cercanos, los chimpancés comunes y los bonobos, con quienes compartimos alrededor del 99% de nuestro ADN, tienen “espinas del pene”.

Se cree que estas pequeñas púas, que están hechas de la misma sustancia que la piel y el cabello (queratina), evolucionaron para eliminar los espermatozoides de los machos competidores o para irritar ligeramente la vagina de la hembra y hacer que deje de tener relaciones sexuales por un tiempo.

En 2013, los científicos descubrieron que el código genético de las espinas del pene no existe en los genomas neandertal y denisovano, al igual que en los humanos modernos, lo que sugiere que desapareció de nuestros antepasados comunes hace al menos 800.000 años.

Esto es significativo, porque se cree que las espinas del pene son más útiles en especies promiscuas, donde pueden ayudar a los machos a competir con otros y maximizar las posibilidades de reproducción.

Esto ha llevado a la especulación de que, como nosotros, los neandertales y los denisovanos eran en su mayoría monógamos.

Evolución

Getty Images
Hace 100.000 años convivieron diferentes grupos de humanos.

Más promiscuos

Sin embargo, hay alguna evidencia que sugiere que los neandertales tenían más sexo que los humanos modernos.

Los estudios en fetos han demostrado que la presencia de andrógenos como la testosterona en el útero puede afectar la “proporción de los dígitos” de una persona en la edad adulta, una medida de cómo se comparan las longitudes de los dedos índice y anular, calculada dividiendo el primero por el segundo.

En un entorno con niveles altos de testosterona, las personas tienden a terminar con proporciones más bajas. Esto es así independientemente del sexo biológico.

Desde este descubrimiento, se han encontrado vínculos entre la proporción de dígitos y el atractivo facial, la orientación sexual, la asunción de riesgos, el rendimiento académico, cuán empáticas son las mujeres, cuán dominantes parecen los hombres e incluso el tamaño de sus testículos, aunque algunos estudios en esta área son controvertidos.

En 2010, un equipo de científicos también notó un patrón entre los parientes más cercanos de los humanos. Resulta que los chimpancés, gorilas y orangutanes, que generalmente son más promiscuos, tienen proporciones de dígitos más bajas en promedio, mientras que un humano moderno primitivo encontrado en una cueva israelí y los humanos actuales tenían proporciones más altas (0,935 y 0,957, respectivamente).

Los humanos son ampliamente monógamos, por lo que los investigadores sugirieron que podría haber un vínculo entre la proporción de dígitos de una especie y la estrategia sexual.

Si tienen razón, los neandertales, que tenían proporciones entre los dos grupos (0,928), eran un poco menos monógamos que los humanos modernos y actuales.

En familia

Una vez que una pareja de humanos neandertales-modernos-primitivos se encontraban, es posible que se establecieran cerca de donde vivía el hombre, y cada generación seguía el mismo patrón.

La evidencia genética de los neandertales sugiere que los hogares estaban compuestos por hombres, sus parejas e hijos. Las mujeres parecían abandonar el hogar familiar cuando encontraban pareja.

Otra idea de su unión para siempre proviene de un estudio de los genes que dejaron en los islandeses de la actualidad.

El año pasado, un análisis de los genomas de 27.566 de estos individuos reveló las edades en las que los neandertales tendían a tener hijos: mientras que las mujeres eran generalmente mayores que sus homólogas humanas modernas, los hombres generalmente eran padres jóvenes.

Garra de un águila.

STR/AFP/Getty Images
Hace cerca de 130.000 años, un neandertal en lo que hoy es Croacia cortó la garra de un águila posiblemente para hacer joyas.

Si la pareja del principio de este artículo hubiera tenido un un bebé, tal vez, como otros neandertales, la madre lo habría amamantado durante unos nueve meses y destetado por completo alrededor de los 14 meses, que es antes que los humanos en las sociedades modernas no industriales.

La curiosidad sobre estas interacciones antiguas está revelando nueva información sobre cómo vivían los neandertales en general y por qué desaparecieron.

Se cree que estas uniones han contribuido a una variedad de rasgos que los humanos modernos llevamos hoy, desde el tono de piel, el color del cabello y la altura hasta nuestros patrones de sueño, estado de ánimo y sistema inmunológico.

Aprender sobre ellos ya está llevando a posibles tratamientos para enfermedades modernas, como los medicamentos que se dirigen a un gen neandertal que se cree que contribuye a los casos graves de covid-19 .

Ahora se cree que la extinción de los neandertales hace aproximadamente 40.000 años puede haber sido impulsada en parte por nuestra atracción mutua, así como por factores como el cambio climático repentino y la endogamia.

Una teoría emergente es que las enfermedades transmitidas por las dos subespecies, como el VPH y el herpes, inicialmente formaron una barrera invisible, que impedía expandir su territorio y potencialmente entrar en contacto.

En las pocas áreas en las que se superpusieron, se cruzaron y los primeros humanos modernos adquirieron genes de inmunidad útiles que de repente hicieron posible aventurarse más lejos.

Pero los neandertales no tuvieron tanta suerte: el modelo sugiere que si tuvieran una mayor carga de enfermedades, es posible que hayan permanecido vulnerables a estas nuevas cepas exóticas durante más tiempo, independientemente del mestizaje, y esto significa que estaban estancados.

Finalmente, los antepasados de los humanos actuales llegaron a sus territorios y los aniquilaron.

Otra idea es que absorbimos gradualmente su población relativamente pequeña en la de los primeros humanos modernos. Después de todo, ya habían adoptado en gran medida nuestros cromosomas Y así como las mitocondrias, y al menos el 20% de su ADN todavía existe en personas vivas en la actualidad.

Quizás la pareja que se unió en la Rumania prehistórica sobreviva en alguien que lee este artículo.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en BBC Future.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=eeU0dpGZPZ8

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.