Marina busca a 27 personas que le señalan de desaparecer en Tamaulipas
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Secretaría de Marina

Marina dice ayudar en búsqueda de las 27 personas de Tamaulipas que CNDH le señala de desaparecer

La Fiscalía General de la República todavía no ha judicializado ningún caso, denuncian las familias de las víctimas. 
Secretaría de Marina
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La Secretaría de la Marina (Semar) asegura que colabora con la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB) para dar con los 27 desaparecidos en Nuevo Laredo, Tamaulipas, cuyo caso recogió la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en su recomendación 36VG/2020.

En dicho informe, la institución que preside Rosario Piedra Robles señaló directamente a los marinos como posibles responsables de la desaparición forzada de estas personas en diversos eventos entre marzo y mayo de 2018; 12 de ellos aparecieron finalmente muertos en diversas fosas en Tamaulipas y Nuevo León. 

Leer más: ‘Es una simulación, no quieren investigar a la Marina’, denuncian por caso de 27 desapariciones en Nuevo Laredo

“Actualmente ya se están realizando acciones en conjunto con la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas de la Secretaría de Gobernación, con el objeto de que las víctimas sean inscritas en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, y que en el ámbito de sus atribuciones coadyuve con esta Dependencia a localizar de forma inmediata y presentación con vida de las mismas, o de ser el caso sus restos mortales, situación que realizará esta Institución en el esquema de las operaciones navales realizadas dentro de su jurisdicción y de las normas y disposiciones aplicables”, dijo en respuesta escrita la Semar a preguntas de Animal Político. 

En su informe, la CNDH realizó varias recomendaciones y la Semar hizo público un tuit por el que aceptaba las indicaciones. A preguntas de este medio sobre cómo cumplirá con las víctimas, la Marina dice que se compromete con la búsqueda de los desaparecidos y que se coordinará con el gobierno de Tamaulipas y el municipio de Nuevo Laredo para llevar a cabo una disculpa pública tal y como viene reflejado en la recomendación. 

Para ello, la Marina informó que ha designado al titular de la Unidad de Promoción y Protección de los Derechos Humanos como enlace con la CNDH para dar seguimiento al cumplimiento de la recomendación.

Sin embargo, la CNDH recomendó más cosas de las mencionadas por Semar en su respuesta. 

Entre sus peticiones está que se “brinde la reparación integral del daño” que incluya una compensación para los familiares de las víctimas.

Además, la CNDH registró diversas recomendaciones directas hacia el secretario de Marina, el almirante José Rafael Ojeda Durán. Entre ellas: colaborar con la queja que se interpondrá ante la Unidad de Inspección y Contraloría General de Marina contra los agentes que negaron las detenciones y ocultaron datos sobre los operativos; colaborar con la denuncia penal que se interpondrá ante la FGR; identificar a los oficiales que presuntamente ordenaron o participaron en los cateos ilegales y detenciones arbitrarias y se presenten los datos ante la FGR; así como girar la orden para que se graben todos los patrullajes y operativos, y capacitar en Derechos Humanos a los efectivos. 

Este 28 de julio, la FGR mantuvo diversos encuentros con familiares de las víctimas. Sin embargo, estas quedaron decepcionadas ya que por el momento no se ha judicializado ninguno de los casos. 

“Hay muchas irregularidades en la investigación”, dijo Jessica Molina, esposa de Daniel Trejo, que fue capturado por elementos de la Marina el 27 de marzo de 2018 cuando se encontraba en su casa de Nuevo Laredo. Ahí se encontraba también Gabriel Gaspar Vázquez, vecino de Oaxaca que buscaba trabajo en la frontera con Estados Unidos. Los dos fueron subidos en los vehículos por hombres uniformados y armados y desde entonces no se ha sabido de ellos.

“Se avientan la pelota de unos a otros y no explican por qué no se ha judicializado nada desde hace más de dos años. Argumentan que quieren armar bien los casos pero no hay avances”, dijo.

Raymundo Ramos, director de la Comisión de los Derechos Humanos (CDH) de Nuevo Laredo, que acompaña a las familias de las víctimas, denunció que la FGR se resiste a investigar a los marinos, presuntos responsables de la desaparición de 27 personas. 

Según la recomendación, la propia Semar deberá ayudar a FGR a entregar los nombres de las personas responsables de aquellos operativos. Por el momento los marinos solo se comprometen a ayudar en la búsqueda de hombres y mujeres que ellos presuntamente hicieron desaparecer. 

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El experimento de confinamiento que terminó con sus participantes casi muertos

En 1991, un ambicioso proyecto encerró a ocho científicos en un ecosistema artificial. El objetivo era replicar las condiciones de vida en la Tierra, pero por poco acaba en tragedia.
18 de julio, 2020
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La aventura casi termina en tragedia. En 1991, un grupo de ocho investigadores voluntarios se encerró durante dos años en una estructura de cristal y acero dentro de la que científicos habían recreado varios ecosistemas del planeta Tierra.

Aquel experimento formaba parte del proyecto Biosfera 2 y el objetivo era comprobar si, en un futuro, los humanos podrían vivir en circunstancias similares en colonias en otros planetas.

Gran parte de la rutina de los ocho participantes, llamados “biosferianos”, se redujo a labores agrícolas. Debían cultivar sus propios vegetales, recolectar granos del suelo y obtener proteínas de animales de granja y peces criados en estanques de acuicultura.

El experimento, presentado como como una “misión espacial” dentro de la Tierra, acaparó la atención mediática..

Pero la aventura no acabó como se esperaba.

Los cultivos no crecían al ritmo estimado, la comida empezó a escasear, el oxígeno era insuficiente y la tensión afloró en la convivencia de los participantes.

Un “Jardín del Edén”

El diseño original del complejo Biosfera 2 fue idea de John Polk Allen, un ingeniero graduado por la Universidad de Harvard en Estados Unidos.

Biosfera 2 en Arizona.

Getty Images
El complejo se sitúa en Oracle, en pleno desierto de Arizona.

Allen era también el director de la empresa Space Biospheres Ventures, que en 1984 compró la propiedad donde se localizó el ecosistema artificial cerrado en Oracle, en el desierto de Arizona en Estados Unidos.

La construcción se completó en 1989 y consistía en tres edificios. El primero, un gran domo de cristal y acero; el segundo un área subterránea de tecnología y el tercero una zona destinada al hábitat humano.

Interior del edificio principal de Biosfera 2.

Getty Images
Biosfera 2 reprodujo varios ecosistemas terrestres como un bosque tropical y un océano con arrecifes de coral.

El domo medía casi 28 metros en su punto más alto y contenía cinco ecosistemas: un bosque tropical, un desierto, una sabana, un manglar y un océano con arrecifes de coral. Dentro se encontraba, además, la zona dedicada a la agricultura.

En el interior del edificio tecnológico se alojaban los componentes que mantenían la climatología interior, con controladores de temperatura y humedad.

El objetivo principal era determinar si una biosfera artificial podía funcionar, incrementando reservas de energía y biomasa, preservando un alto nivel de biodiversidad y biomas, estabilizando su agua, suelo y atmósfera”, según escribieron el director del proyecto, John Polk Allen, y uno de sus participantes, Mark Nelson, en un documento con el resultado de la investigación en 1997.

Los investigadores involucrados querían saber si una biosfera autosostenible, con todos los ecosistemas de vida de la Tierra, podía “proveer una vida creativa y saludable para humanos que trabajaron como naturalistas y científicos”, según dicho documento.

Zona de agricultura de Biosfera 2.

Getty Images
“Era como crear una especie de Jardín del Edén en interiores”.

Básicamente,se trataba de comprobar si el ser humano sería capaz de mudarse a otro planeta llevándose un trozo del nuestro. Para ello, los científicos viajaron por el mundo y recopilaron recursos y conocimientos para crear el ecosistema artificial.

Llenaron Biosfera 2 de animales, vegetación y la tecnología necesaria para mantener las condiciones adecuadas.

Era como crear una especie de Jardín del Edén en interiores“, dijo Linda Leigh, una de las científicas que estuvo confinada, en un documental reciente sobre el experimento llamado Spaceship Earth.

Y así, en septiembre de 1991 cuatro hombres y cuatro mujeres: Roy Walford, Taber MacCallum, Mark Nelson, Sally Silverstone, Silke Schneider (quien después sería sustituida por Abigail Alling), Mark Van Thillo, Jane Poynter y Linda Leigh.

Impacto mediático

“Me llamaron por teléfono proponiéndome que me uniera al equipo voluntario y antes de que terminaran la oración ya había dicho que sí”, recuerda Nelson, uno de los biosferanos, en el documental.

Sally Sylverstone y Jane Poynter.

Getty Images
Sally Sylverstone y Jane Poynter fueron dos de las involucradas en el proyecto.

“Éramos pioneros, los primeros biosferanos. Nos habían dado un nuevo mundo para cuidar de él”, agregó Nelson.

Mientras, el mundo se enteraba del proyecto gracias al eco de los medios de comunicación, hasta el punto en que necesitaron contratar un equipo de relaciones públicas para lidiar con la presión mediática.

Poco después de empezar el confinamiento, el entusiasmo inicial de los integrantes comenzó a disiparse. Aumentaron los roces y las discusiones.

“Nunca se sabe lo que puede pasar cuando te encierras a convivir durante dos años con otras siete personas”, recuerda Nelson.

Los turistas se paseaban por fuera de las instalaciones, en visitas guiadas donde veían trabajar a los investigadores a través del cristal, como si se tratara de una visita al zoológico.

Dentro, cada uno de los participantes tenía una misión específica. Debían ocuparse de la ganadería, la preservación de los arrecifes de coral, la cría de peces y los cultivos, por ejemplo.

Además, evaluaban el comportamiento de los gases, sobre todo del oxígeno y el dióxido de carbono.

Interior del edificio principal de Biosfera 2.

Getty Images
Para recrear el ecosistema artificial, los científicos recolectaron recursos de varias partes del mundo.

Roy Walford era médico, y su trabajo era vigilar los efectos del confinamiento en la salud de los ocho voluntarios.

“Si podemos trasplantar un arrecife de coral, gestionar una granja, no contaminar la atmósfera ni el agua y reciclar nutrientes, se pueden aprender grandes lecciones aquí”, pensaba Nelson durante su confinamiento experimental.

Hambre, tensión y falta de oxígeno

Los biosferanos concuerdan en que la escasez de comida no ayudó a tener un ambiente sano.

De todos los cultivos, uno de los más exitosos, según revelaron Allen y Nelson en los resultados de la investigación, fue el plátano. De esta forma, los confinados tuvieron que utilizar dicho fruto para múltiples recetas. Hasta intentaron producir vino de plátano, pero sin éxito.

“Tuvimos que tomar decisiones importantes, porque algunos cultivos se daban mucho mejor que otros. Así que terminábamos comiendo un mismo producto, como la remolacha, en forma de sopa o en forma de ensalada”, dijo durante el documental Sally Sylverstone, otra de las biosferanas.

Pero los alimentos no fueron el único recurso que empezó a escasear. Tanto los participantes en el confinamiento como otros científicos que monitoreaban el experimento desde fuera, detectaron un aumento en los niveles de dióxido de carbono y una disminución del oxígeno.

“No podía terminar una oración sin que me faltara el aire”, dijo Nelson.

Participantes de Biosfera 2.

Getty Images
Los ocho participantes salieron del confinamiento a los dos años estipulados, a pesar de las dificultades ocurridas.

“Subía un par de escalones y ahí me detenía para volver a tomar aliento”, recuerda Linda Leigh.

La falta de suficientes alimentos hizo que los biosferanos perdieran peso, y de mantenerse los bajos niveles de oxígeno existía el riesgo de daño cerebral.

“Respirábamos el aire del otro, estábamos sofocados y muertos de hambre”, dijo Leigh.

“Estar peleándonos, además, no ayudaba a que consiguiéramos el objetivo por el que nos habíamos encerrado aquí”, lamentó Nelson.

El experimento se desmoronaba y la primera idea de sobrevivir dos años solo con lo que había dentro de Biosfera 2 no funcionó. Se introdujeron alimentos extra y extractores de dióxido de carbono y bombas de oxígeno desde fuera.

La prensa tildó al proyecto como un “fracaso”.

No más confinamientos

A pesar de necesitar ayuda del exterior y no poder llevar una vida autosuficiente, el proyecto consiguió durar los dos años estipulados.

Biosfera 2 en Arizona.

Getty Images
El complejo pertenece hoy a la Universidad de Arizona y se usa como centro de investigación.

En 1994, una segunda expedición regresó a los interiores de Biosfera 2, pero se canceló antes de que terminara la misión.

Hoy, Biosfera 2 pertenece a la Universidad de Arizona y se utiliza como centro de investigación sobre los ecosistemas de la Tierra.

Casi tres décadas después, ya no hay más confinamientos ni experimentos en los interiores del domo gigante de cristal.


https://www.youtube.com/watch?v=8urGTdEioOQ

https://www.youtube.com/watch?v=JwghZEmvmb8

https://www.youtube.com/watch?v=qd1YehNpbV4

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