'Núcleos' de alumnos para clases en línea, proponen científicos ante COVID
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Que estudiantes formen 'núcleos' para tomar clases en línea, proponen científicos de Cinvestav

Con la epidemia ha surgido la preocupación del impacto a largo plazo que puede tener el aislamiento en los niños, por eso la propuesta busca retomar la interacción presencial en grupos pequeños.
Cuartoscuro
23 de julio, 2020
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Ante la advertencia de que las escuelas son lo último que retomará actividades, cuando los semáforos epidemiológicos por la pandemia de COVID-19 estén en verde, un grupo de científicos del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) ha diseñado un modelo que combina la educación virtual con un sistema presencial que ayude al desarrollo de los y las niñas y libere parcialmente a sus progenitores, que tendrán que volver a sus trabajos.

La idea central es formar “núcleos” de estudio, con cuatro alumnos reuniéndose cada semana en casa de uno de ellos de forma rotativa para tomar clases virtuales, pero no de forma individual.

Entérate: ‘Pueden ser víctimas invisibles’, así impactan la epidemia y el aislamiento a niñas y niños

Y es que hasta ahora, las autoridades de Salud y de Educación han descartado que el ciclo escolar 2020-2021 pueda empezar antes de septiembre. Además, en caso de rebrotes y de que los semáforos que vuelvan a subir el nivel de riesgo a amarillo (por ahora ni siquiera han bajado de rojo y naranja), podrían volver a interrumpirse las escuelas.

El doctor Marcos Nahmad, que es biólogo y coordina desde hace tres años un taller de educación de la ciencia, reunió a un grupo de ocho personas entre estudiantes y otros especialistas, como un psicólogo, para diseñar cómo podría ser ese retorno a los estudios de la manera que más beneficie a todos.

En entrevista con Animal Político, explica que más allá de cuidar la salud física, entre sociólogos y psicólogos ha surgido la preocupación del impacto a largo plazo que el aislamiento puede tener en los niños, sobre todo pequeños, al no sociabilizar con otros y con personas fuera de su familia.

“Básicamente que a ‘los niños de la pandemia’ los vamos a poder incluso identificar en el futuro, cuando sean jóvenes, con problemas de interacción social, porque muchas de estas habilidades las tienen que aprender en una edad específica del desarrollo”, comenta.

Por eso, la propuesta de los núcleos es que a partir de criterios como la cercanía de sus domicilios, factores académicos, de personalidad y conducta, se integren núcleos de cuatro estudiantes que se reúnan a tomar clases en línea en casa de uno de ellos rotativamente y bajo la supervisión de un tutor que cumpla con todas las medidas sanitarias.

“Un aspecto interesante de la propuesta, es que los niños de un NÚCLEO no observarán ninguna medida de distanciamiento social entre ellos, procurando que puedan interactuar de forma NORMAL, favoreciendo el desarrollo de sus habilidades sociales, cognitivas y de aprendizaje. Aunque esto supone un riesgo sanitario de propagación de la enfermedad entre los integrantes de un NÚCLEO, en caso de un brote, este estaría contenido y podrá ser controlado sin afectar a toda la comunidad escolar”, señala la propuesta escrita.

Nahmad detalla que se basaron en los estudios matemáticos recientes que se han publicado sobre cómo es necesario mantener segregadas las redes de contacto social para que en caso de darse un contagio, se extienda a la menor cantidad de gente posible, y que tiene similitudes en otros contextos epidemiológicos como el ébola en África.

“A través de una plataforma digital (de fácil acceso desde teléfonos móviles), los padres de cada alumno cargarán diariamente información de salud de los alumnos y sus familiares con los que habitan. Esta información será recibida por los administradores de la escuela, quienes podrán monitorear constantemente los factores de riesgo y tomar decisiones sobre cada NÚCLEO. En caso de un posible contagio, el NÚCLEO se fragmentaría por un par de semanas sin afectar la continuidad del proceso escolar y volverse a formar cuando ya no haya condiciones de riesgo”, agrega el documento.

Además de ayudar a los niños en su desarrollo, este modelo también facilitaría que los padres y madres puedan retomar sus trabajos en caso de que tengan que acudir físicamente y solo unos días al mes tengan que negociar hacer home office, en lugar de que estén obligados todo el mes, como ha sido hasta ahora durante los meses de cuarentena.

Para ello sí habría que incluir capacitaciones a los que vayan a ser tutores en logística y operación del programa, comprar o garantizar un equipo de cómputo portátil por núcleo y un módem para conectarse a internet, pero esto saldría más económico que la opción de clases presenciales.

Porque la otra alternativa a mantener las clases en línea de forma individual, como hasta ahora, sería volver a las aulas con una serie de medidas extraordinarias de restricciones y sanitización que se ve poco viable y resultaría carísima, asegura Nahmad. Un estudio hecho en Estados Unidos, cuenta, calculó que la inversión necesaria para volver en condiciones seguras sería de 12 mil pesos por estudiante.

Tras leer esta publicación a principios de junio, fue que se juntó el grupo a discutir opciones y desarrollar el modelo de los núcleos. Su idea es que esta propuesta sea tomada como “en construcción”, y pueda haber un debate más amplio para afinar el modelo.

Por ello han creado las cuentas de Facebook Núcleos por la Educación y de Twitter e Instagram @nucleosporlaedu, para apelar a las autoridades y que la gente pueda participar, además de que este martes se envió formalmente a las Secretarías de Educación y Salud.

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Elecciones en Brasil: 3 claves para entender el áspero duelo entre Bolsonaro y Lula da Silva

La mayor democracia de la región celebra este domingo unos comicios marcados por la extrema polarización y las dudas sobre cómo reaccionaría el presidente ante una posible derrota.
2 de octubre, 2022
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A primera vista, las elecciones de este domingo en Brasil pueden parecer una típica disputa latinoamericana por votos entre la derecha y la izquierda política.

Sin embargo, este duelo electoral que tiene como protagonistas al presidente brasileño de ultraderecha, Jair Bolsonaro, y al expresidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva es especial por donde se lo analice.

Las últimas encuestas colocan a Lula como líder en las intenciones de voto, con una ventaja de entre seis y 14 puntos sobre Bolsonaro. Algunas dejan abierta la posibilidad de que gane la presidencia en esta primera vuelta, sin tener que ir a un balotaje el 30 de octubre.

Pero la dureza de la lucha electoral, el ánimo de los votantes y, sobre todo, las dudas sobre cómo actuaría Bolsonaro ante una posible derrota, llevan a expertos en política brasileña como Marco Antonio Teixeira a advertir que esta elección es “atípica”.

Tres claves ayudan a entender lo que ocurre en la mayor democracia de América Latina.

1. Polarización extrema

Si bien hay 11 candidatos presidenciales registrados, esta elección en Brasil es un pulso entre Bolsonaro, de 67 años, y Lula, de 76.

La idea de organizar una “tercera vía” nunca se concretó en la práctica.

El candidato que sigue en las encuestas, el centroizquierdista Ciro Gomes, figura con menos de 10% de las intenciones de voto.

A diferencia de elecciones anteriores en que los contendientes se veían como adversarios, ahora hay una fuerte polarización donde se instaló la noción de “enemigo político”, explica Vera Chaia, profesora de ciencia política en la Pontificia Universidad Católica de São Paulo.

“Con el enemigo no tienes diálogo, no respetas al otro: eso es lo que está ocurriendo”, dice Chaia a BBC Mundo. “La propagación del odio y la visión estrecha del candidato Bolsonaro hacen que esta elección sea muy exasperada”.

Manifestaciones a favor de Lula e Bolsonaro

Reuters
Brasil vive una fuerte polarización política entre Lula y Bolsonaro.

Ese nivel de crispación se apreció claramente en el último debate de candidatos presidenciales el jueves por la noche, donde Bolsonaro y Lula intercambiaron acusaciones de mentir y tener pandillas dedicadas al desvío de fondos en sus gobiernos.

Durante la campaña, Bolsonaro planteó los comicios como “una lucha del bien contra el mal”, se presentó como garante de los valores conservadores y cristianos, y se refirió a Lula como un “ladrón” que puede llevar a Brasil hacia un socialismo como el de Venezuela.

El presidente ha sido acusado de incitar la violencia política, con frases como la que lanzó en mayo al hablar de las alianzas de sus rivales: “Es bueno, un tiro solo mata a todo el mundo, o una granadita”.

Bolsonaro ha negado que sus palabras estimulen la violencia.

Pero Lula lo responsabilizó por el homicidio de un simpatizante suyo que, según la policía, fue apuñalado en agosto por un seguidor del presidente tras una discusión política en un área rural del estado de Mato Grosso.

En julio, un militante del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula fue asesinado a tiros por un policía que irrumpió en su fiesta de cumpleaños que homenajeaba al expresidente y gritó: “¡Aquí somos de Bolsonaro!”

Funeral del militante del PT Marcelo Arruda en Foz de Iguaçu

AFP
El asesinato del militante del PT Marcelo Arruda sacudió a Brasil en julio.

Lula ha buscado ampliar su base electoral con acuerdos como el que alcanzó con su candidato a vicepresidente, Geraldo Alckmin, un exrival suyo de centroderecha al que derrotó en las elecciones de 2006.

Pero el líder izquierdista tampoco rehuyó de la confrontación directa con Bolsonaro, a quien ha calificado de “genocida” por su respuesta a la pandemia de covid-19, y sostuvo que en las elecciones se juega “la democracia contra el fascismo”.

Con un debate alejado de las propuestas de gobierno, es probable que la tensión política aumente más en Brasil si ningún presidenciable supera la mitad de los votos válidos en la primera vuelta y hay un segundo turno entre Lula y Bolsonaro.

2. Un mar de angustias

Con este panorama, los brasileños parecen mirar con recelo la campaña electoral: tres de cada cuatro votantes (67,5%) teme sufrir agresiones por motivos políticos, según una encuesta de la firma Datafolha.

Pero esa está lejos de ser la única inquietud de la población.

De hecho, las mayores preocupaciones de los brasileños pasan por temas económicos como el desempleo o la inflación, así como por la salud, según distintos sondeos.

Fila de búsqueda de empleo en Brasil.

Agência Sindical
La tasa de desempleo en Brasil cayó a 9,1% pero aun es una de las mayores preocupaciones de los votantes.

Esta elección será la primera en Brasil luego de la pandemia que golpeó con dureza al país y dejó más de 685.000 muertes mientras Bolsonaro comparaba el covid con una “gripecita” y se mostraba escéptico sobre las vacunas para combatirlo.

La economía brasileña entró en recesión en 2021 y, si bien volvió a crecer desde hace casi un año y la tasa de desempleo cayó a 9,1% en julio, la mejora está lejos de ser percibida por la población en general.

El 15% de brasileños (unos 33 millones de personas) pasa hambre y más de la mitad de la población padece (125 millones de personas) padece en algún grado de inseguridad alimentaria, de acuerdo a un estudio de la red Penssan.

Algunas noticias recientes han causado escalofríos.

El agosto, un niño de 11 años en la región metropolitana de Belo Horizonte llamó a una línea policial de emergencia para informar que no había “nada” que comer en su casa, luego de ver a su madre desesperada por la falta de alimentos para sus hijos.

Mujer con hijo en brazos busca comida en un armario.

Getty Images/AFP

“La mayoría de la población brasileña está angustiada”, dice Chaia. “En Brasil ocurrió un retroceso total: en lugar de ir para adelante, Brasil fue para atrás”.

Muchos en el país añoran los años de 2003 a 2010 en que Lula gobernó en medio de un boom económico impulsado por altos precios de las materias primas y millones de personas ascendieron a la clase media con programas sociales del gobierno.

Bolsonaro y sus seguidores, en cambio, recuerdan el desplome que tuvo la economía brasileña bajo el mandato de la sucesora de Lula, Dilma Rousseff, y los grandes escándalos de corrupción que surgieron en los gobiernos del PT.

El propio Lula estuvo 19 meses preso por un caso de corrupción, pero el Supremo Tribunal Federal brasileño anuló sus condenas en 2021 por fallas en el proceso que condujo el entonces juez Sergio Moro, quien luego fue ministro de Bolsonaro.

Un hombre en Brasil muestra un plato que tiene escrita la palabra "hambre" en portugués.

Reuters
La el hambre y la inseguridad alimentaria moderada afecta a tres de cada 10 brasileños.

El gobierno de Bolsonaro, que también ha sido salpicado por denuncias de corrupción, aumentó 50% el programa Auxilio Brasil de subsidios a los pobres en agosto, hasta 600 reales (unos 115 dólares) por persona.

Pero nada indica que con esto el presidente haya eliminado la ventaja de Lula en las encuestas, que en las últimas semanas reflejaron una carrera estable.

3. Incertidumbre sobre el desenlace

Para que un candidato gane en primera vuelta, precisa superar la mitad de los votos válidos (es decir, descontando del total los sufragios en blanco o nulos).

Algunas de las últimas encuestas ubican a Lula próximo a ese umbral de 50% de los votos válidos.

Datafolha e Ipec, dos grandes encuestadoras brasileñas, proyectaron el sábado que el expresidente tenía el 50% y 51% de los votos válidos respectivamente.

Como el margen de error de esos sondeos es de dos puntos más o menos, señalaron que no es posible anticipar si Lula ganará en primera vuelta o irá a un balotaje con Bolsonaro en cuatro semanas.

Eso puede depender en buena medida del nivel de participación este domingo: los votantes de baja renta y escolaridad, que tienden a apoyar más a Lula, también suelen tener mayores índices de abstención. Por eso, el izquierdista llamó en los últimos días a votar.

Claro, las encuestas pueden errar y la diferencia entre los candidatos podría ser menor o mayor de lo que proyectan.

Pero lo que vuelve más peculiar esta elección es la incertidumbre sobre si Bolsonaro reconocería una victoria de Lula.

A semejanza de lo que hizo su “amigo” Donald Trump como presidente de Estados Unidos, Bolsonaro ha buscado sembrar dudas sobre la fiabilidad de las encuestas y, sobre todo, del sistema de votación de su país, sin presentar pruebas para ello.

Además ha repetido, como hacía Trump, que aceptará el resultado de las elecciones “siempre que sean limpias”.

Jair Bolsonaro

Reuters
Bolsonaro ha planteado dudas sobre la fiabilidad del sistema electoral brasileño, sin presentar pruebas.

Muchos se preguntan si Bolsonaro se prepara así para actuar también como Trump en caso de ser derrotado y denunciar un fraude en su contra, intentando seguir en el poder.

“Nunca antes en la historia de este país (…) discutimos una reelección y también si el resultado será impugnado o no”, dice Teixeira, politólogo de la Fundación Getulio Vargas, a BBC Mundo. “Eso es inédito en la democracia brasileña”.

La preocupación es tal que un manifiesto en defensa de la democracia y el sistema electoral del país recogió en agosto la firma de más de un millón de brasileños, desde artistas y deportistas hasta intelectuales y expresidentes.

Bolsonaro pareció moderar su retórica en días recientes, por ejemplo al declarar que si pierde la elección pasará la banda presidencial y se retirará de la política.

Pero algunos cuestionan si eso respondió apenas a un esfuerzo del presidente por captar votos de centro.

Luis Inácio Lula da Silva

Reuters
Lula figura como favorito en las encuestas aunque es probable que tenga que disputar un balotaje con Bolsonaro.

Distintos analistas ven un riesgo de que, si el Bolsonaro denuncia un fraude en su contra, sus seguidores arremetan contra las instituciones como hicieron los trumpistas el año pasado en el Capitolio de Washington.

En los actos de Bolsonaro es común ver carteles pidiendo “intervención militar” y en plena campaña la policía registró las casas de empresarios simpatizantes del presidente por discutir en WhatsApp sobre la posibilidad de un golpe de Estado, aunque ellos niegan haber cometido delito alguno.

Las Fuerzas Armadas ganaron protagonismo en el gobierno de Bolsonaro, un excapitán del Ejército que ha expresado nostalgia por el régimen militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985 y ha elogiado a uno de los torturadores de ese régimen.

Para estas elecciones, los militares plantearon cuestionamientos a la justicia electoral sobre las urnas electrónicas y prevén hacer un seguimiento propio del escrutinio, algo también novedoso en el país.

Teixeira descarta que las Fuerzas Armadas brasileñas como institución tengan intenciones golpistas.

Pero advierte que las dudas planteadas desde la propia presidencia sobre el desenlace de las elecciones “dejan todo en un estado que contribuye a la inestabilidad”.


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