El oasis forestal purépecha que surgió de las cenizas del volcán Paricutín
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Foto: cortesía Comunidad Indígena Nuevo San Juan Parangaricutiro.

El oasis forestal purépecha que surgió de las cenizas del volcán Paricutín

Nuevo San Juan Parangaricutiro renació después de la erupción del volcán Paricutín en la década de los cuarenta. Y lo hizo dando forma a un modelo de manejo forestal que hoy le permite tener 12 empresas comunitarias.
Foto: cortesía Comunidad Indígena Nuevo San Juan Parangaricutiro.
Por Agustín del Castillo/ Mongabay Latam
25 de julio, 2020
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Michoacán es el estado en el centro-occidente de México donde, en diciembre de 2006, comenzó la llamada “guerra contra las drogas”. Mientras la entidad se descomponía, se destruían paralelamente los bosques con un fenómeno casi igual de explosivo: la expansión ilegal de la frontera del cultivo del aguacate, al calor del su alto precio internacional. Sin embargo, en la misma región, en los bosques comunales de Nuevo San Juan Parangaricutiro, se daban lecciones de un manejo forestal ejemplar, gobernanza, conservación y generación de riqueza.

Esta comunidad forestal purépecha, ubicada en las inmediaciones del volcán Paricutín, tuvo dificultades ante el clima de ingobernabilidad que se desató en la zona a partir de 2006. Nuevo San Juan protegió con éxito su patrimonio y mantuvo vivas sus cadenas productivas y sus rutas comerciales. Lo hizo, incluso, cuando un par de años después, la pandemia del virus H1N1 irrumpió y paralizó la economía regional.

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Hoy, sin haberse resuelto el problema de la violencia, a la puerta de otra crisis más severa por la pandemia de COVID-19, con el retiro casi total del Estado mexicano en el subsidio y apoyo al sector forestal, y un contexto internacional desafiante, los comuneros de Nuevo San Juan se sienten más fuertes y preparados por las experiencias previas que han marcado su historia y que quizás explican por qué su experimento forestal es exitoso: se quedaron sin alternativas cuando la erupción del volcán Paricutín sepultó la mayor parte del pueblo colonial (1943-1952), y con ello, las tierras productivas, cuenta el responsable de ventas y comercialización, Héctor Andrés Anguiano Cuara, vocero designado por la comunidad.

La hipótesis de este comunero, que estudió ingeniería en Uruapan y se especializó en negocios en el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE), se resume en el popular apotegma: hicieron de la necesidad, virtud.

Cenizas que dan valor al bosque

“Esta comunidad —señala Héctor Anguiano— ha vivido muchas complejidades que le han permitido fortalecer su esquema de organización. La primera complicación grande fue la erupción del Paricutín, en 1943; hubo que moverse y construir un nuevo centro de población. La gente se quedó sin trabajo, sin casa y sin posibilidades de desarrollo económico para sus familias, pues las tierras productivas quedaron bajo la ceniza o la lava y no se le daba valor al bosque; esto provocó emigración a otros estados, pero sobre todo a Estados Unidos”.

En 1949 —de acuerdo con lo documentado por los investigadores Alejandro Torres, Gerardo Bocco y Alejandro Velázquez en el estudio Las enseñanzas de San Juan— las autoridades tradicionales y sus abogados solicitan al gobierno mexicano el reconocimiento y titulación de los bienes comunales, procedimiento que culminó en 1991.

Si bien la seguridad en la tenencia de la tierra es esencial, el largo ínterin de cuatro décadas permitió fundar el nuevo poblado y concebir lentamente la transformación.

En esa región de Michoacán muchos indígenas purépechas trabajaban la madera en el monte —concesionado a empresas particulares— y decidieron que debían capacitarse técnicamente para tomar el control. La oportunidad se dio en 1977, cuando una veintena de poblados conformaron la Unión de Ejidos y Comunidades Indígenas Forestales de la Meseta Tarasca Luis Echeverría Álvarez  y, en 1979, obtuvieron el primero de los permisos de aprovechamiento forestal.

La experiencia no fue del todo positiva, Nuevo San Juan se separó de la Unión y se enfocó a trabajar, por su cuenta, un proyecto para sus bosques comunales que habían sido devastados por las empresas.

Los comuneros de Nuevo San Juan primero se dedicaron a extraer maderas muertas y leña, comenta Anguiano Cuara, pero luego comenzaron a aprovechar el bosque.

Anguiano Cuara explica que en los inicios del proyecto forestal, la comunidad contó con el apoyo de lo que hoy se conoce como Biopapel Grupo Scribe de Morelia, los primeros clientes de la organización. El 16 de julio de 1983 lograron montar un aserradero modesto, que dio entre 14 y 16 empleos para la comunidad. “No había recursos de gobierno, ellos (la empresa) nos apoyaron con un financiamiento que se fue pagando con leña, y así se arrancó, con un aserradero manual”.

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Los comuneros de Nuevo San Juan realizan faenas, trabajo para el bosque, sin recibir remuneración. Foto: María Eugenia Olvera/Polea A.C

Dar forma a una empresa forestal

Los primeros resultados del trabajo forestal se presentaron durante una asamblea comunal en 1984. Anguiano recuerda algunas personas no confiaban, por lo que el proyecto pudo haberse desplomado. Pero los purépechas decidieron que no sería así.

“Había una situación compleja en lo político y social; políticas internas y liderazgos; la gente se había desanimado, la unión dejó desconfianza; muchos no creían en el proyecto, pero había otra gente que siguió apoyando hasta que hubo resultado», resalta Anguiano.

El vocero dice que los mayores aún recuerdan que la empresa forestal tenía muchas necesidades, pero para ganar la confianza de la gente, se decidió que las utilidades se repartieran entre los comuneros y no invertirlas en los vehículos y maquinaria que se requerían.

Pero a la mayoría de los comuneros, el recurso económico no les duraba mucho. Así se dieron cuenta de que repartir las utilidades no ayudaba, y que la empresa necesitaba reinversión. También llegaron a la conclusión de que era mejor garantizar empleos permanentes para la comunidad. En asamblea se optó por esos acuerdos. Eso fue decisivo para la siguiente década de trabajo.

Los comuneros no solo dejaron de cobrar utilidades, también tenían que aportar trabajo gratuito. Lo que en el estado de Oaxaca llaman tequio, en la comunidad de Nuevo San Juan se conoce como faenas: un apoyo sin remuneración. Así se comenzaron a construir las primeras instalaciones, bodegas y oficinas, mientras se reinvertía para herramientas, vehículos y capacitación del personal.

“Eran campesinos que sabían trabajar la tierra (no el bosque), por lo que hubo que traer mucha gente de fuera para sacar adelante los primeros procesos. La gente muy rápido fue tomando práctica y se apropió de los procesos”, explica Anguiano.

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Ampliar la zona forestal

La apuesta por impulsar la educación de sus jóvenes fue la otra determinación que aclaró el futuro. Los primeros egresados como técnicos e ingenieros forestales caminaban diariamente de diez a doce kilómetros para tomar clases en Uruapan, pues no había transporte y los caminos eran malos.

La otra decisión que tomó la empresa fue comprar un molino para material celulósico; luego construyeron con adobe los primeros hornos de secado de madera. En 1985, se hizo el cambio del método de manejo forestal, del “método móvil” al método de desarrollo silvícola, que brindó mejores resultados en volumen de aprovechamiento de madera.

A finales de los años 80 nació la dirección técnica forestal. El esfuerzo de los comuneros llevó a tratar de recuperar tierras sumidas bajo arena volcánica. Si en 1980 se tenían unas 10 000 hectáreas de bosque, hoy los terrenos forestales han crecido, al menos, en mil hectáreas. La comunidad mostró ir a contracorriente de la tendencia nacional de deforestación.

Esto fue el primer eslabón “de lo que conocemos como las huertas agrícolas de la comunidad”. La apuesta por el bosque ya estaba decidida. Las huertas fueron de durazno, hoy son predominantemente de aguacates, pero no han crecido a expensas de la floresta: son tierras recuperadas al volcán.

Los comuneros, además de los trabajos de silvicultura, también cuentan con áreas dedicadas a huertos frutales. Foto: Cortesía Conafor.

Nuevo San Juan Parangaricutiro tiene una superficie comunal de 18 138 hectáreas: más de 10 880 están designadas a la silvicultura, 1200 son de plantío forestal y viveros, 1913 son usadas para la agricultura, 2122 son huertos frutales y 35 se utilizan como pasto para el ganado.

Unas 1685 adicionales están categorizadas como “terreno rocoso” y 152 como arbustos y matas, de acuerdo con los datos que se incluyen en el estudio de caso publicado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), a propósito del premio de la Iniciativa Ecuatorial que la comunidad obtuvo en 2004.

Nuevo San Juan Parangaricutiro cuenta con un bosque templado, típico del altiplano central mexicano: predominan las coníferas, aunque hay una importante diversidad de encinos, ailes y otras especies. La densidad de especies vegetales —desde arbustos y acates hasta árboles— ronda un centenar por hectárea, y el reto del aprovechamiento es no romper esa estructura que otorga servicios ambientales esenciales como captura de carbono y hábitat para fauna como el venado cola blanca, gato montés, coyotes, zorras, reptiles, anfibios y aves.

La importancia de las florestas de Nuevo San Juan, con alto grado de conservación, ha crecido con la devastación que está dejando en la región la expansión del aguacate, con cambios de uso de suelo ilegal por toda la meseta Purépecha.

El director de Gira (Grupo Interdisciplinario de Tecnología Rural Apropiada, AC), Jaime Navia Antezana, resalta que de las casi 200 000 hectáreas de cultivo de aguacate establecidas en el estado de Michoacán en los últimos 30 a 35 años, cerca de la mitad eran bosques templados. Este cultivo, señala Navia, está “incrementándose día con día; no solo en la meseta, sino en lo que se denomina la franja aguacatera que cruza todo Michoacán, de oriente a poniente”.

Instalaciones del centro ecoturístico, una de las 12 empresas comunitarias. Foto: cortesía Cortesía Comunidad Indígena Nuevo San Juan Parangaricutiro.

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Crecer, gracias al bosque

En 1989, Nuevo San Juan invirtió en incorporar más maquinaria, lo que les ha permitido “mucho más material celulósico” y con lo que han conseguido, hasta la fecha, contar con un flujo de efectivo diario.

La empresa Scribe (dedicada a la fabricación de papel), “más que clientes son nuestros socios comerciales, que nos han apoyado para inversiones estratégicas”, señala el coordinador de ventas y comercialización .

Hacerlo todo de nuevo obligó a hacer cosas distintas. Por ejemplo, al comienzo de la década de los noventa, Nuevo San Juan compró cuatro camiones de transporte urbano para mover a los trabajadores y a la población. Esa empresa comunitaria tiene cuatro rutas que cruzan todos los polígonos de la comunidad. Con los años, también crearon una empresa embotelladora de agua, una tienda comunitaria y una de televisión por cable.

Nuevo San Juan ha crecido en su capital humano de manera exponencial. En 1990, según el INEGI, apenas 4.9 % de la población había superado la educación primaria. En 2020, las cifras de la comunidad, que se actualizan cada cinco años, señalan que de cada seis familias, cinco tienen al menos un hijo con estudios universitarios o en proceso de alcanzarlo. Esto incluso genera una salida constante de habitantes de la comunidad por trabajo o por asuntos académicos, pero la diversificación de estudios y oficios es una ventaja competitiva. Se tienen desde maestros, abogados y contadores hasta ingenieros de las más diversas ramas y especialistas en negocios.

Además, la comunidad es espacio de prácticas para la Escuela de Guardas Forestales de Uruapan y tiene nexos con la facultad de Agrobiología, enclavada en la misma ciudad vecina.

Lee el reportaje completo en Mongabay Latam 

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#YoSoyAnimal

Cómo tu personalidad cambia a medida que cumples años

Por mucho tiempo se ha pensado que nuestra personalidad se fija, aproximadamente, para cuando alcanzamos los 30 años de edad. Investigaciones recientes revelan que no es así.
1 de febrero, 2021
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“Señor presidente, quiero plantearle un tema que creo que ha estado rondando durante dos o tres semanas y presentarlo específicamente en términos de seguridad nacional… “, dijo el periodista Henry Trewhitt, mientras miraba fija y seriamente al presidente estadounidense Ronald Reagan.

Era octubre de 1984, y Reagan estaba en el circuito de debates, luchando por permanecer en el cargo por un segundo mandato.

Unas semanas antes había tenido un mal desempeño frente a su rival principal. Entonces se rumoreaba que, a los 73 años, simplemente era demasiado mayor para el trabajo.

En ese momento, Reagan ya era el presidente más mayor en la historia de Estados Unidos, un récord que ha sido superado por Donald Trump (74) y ahora por el actual presidente Joe Biden, de 78 años.

Trewhitt quería saber si Reagan tenía alguna duda de si podría funcionar en circunstancias estresantes.

“No, ninguna, Trehwitt”, respondió Reagan, conteniendo una sonrisa.

Expresidente de EE.UU. Ronald Reagan en 1984

Getty Images
En 1984, Reagan era el presidente de mayor edad que había gobernado EE.UU. hasta la fecha.

“Y quiero que sepa que tampoco voy a convertir la edad en un tema de esta campaña. No voy a explotar, con fines políticos, la juventud y la inexperiencia de mi oponente”.

Su respuesta fue recibida con risas estridentes y aplausos, que precedieron a una victoria aplastante en las elecciones.

La broma de Reagan, sin embargo, contenía más verdad de lo que sabía entonces.

No solo tenía la experiencia de su lado, también tenía una “personalidad madura”.

Cambio misterioso

Todos estamos familiarizados con la transformación física que conlleva el envejecimiento: la piel pierde su elasticidad, las encías retroceden, nuestra nariz crece, los pelos brotan en lugares peculiares -a la vez que desaparecen por completo de otras partes- y esos preciosos centímetros de altura a los que nos aferramos comienzan a desaparecer.

Ahora, después de décadas de investigación sobre los efectos del envejecimiento, los científicos han comenzado a descubrir cambios más misteriosos.

“La conclusión es exactamente esta: que no somos la misma persona durante toda nuestra vida“, señala René Mõttus, psicólogo de la Universidad de Edimburgo.

Mujer mayor disfrutando de una piscina de agua caliente.

Getty Images
Si bien nuestras personalidades cambian constantemente, lo hacen en relación a quienes nos rodean.

A la mayoría de nosotros nos gustaría pensar en nuestra personalidad como algo relativamente estable a lo largo de nuestra vida. Pero diversas investigaciones sugieren que este no es el caso.

Nuestros rasgos cambian constantemente, y para cuando entramos en la década de los 70 y 80 años, hemos experimentado una transformación significativa.

La modificación gradual de nuestra personalidad tiene algunas ventajas sorprendentes. Nos volvemos más conscientes, agradables y menos neuróticos.

Los niveles de los rasgos de personalidad de la llamada “Tríada Oscura” -el maquiavelismo, el narcisismo y la psicopatía- también tienden a disminuir, y con ellos, nuestro riesgo de caer en comportamientos antisociales como el crimen y el abuso de sustancias.

Las investigaciones han demostrado que nos convertimos en personas más altruistas y confiadas. Nuestra fuerza de voluntad aumenta y desarrollamos un mejor sentido del humor.

Finalmente, los adultos mayores tienen más control sobre sus emociones.

Es sin duda una combinación ganadora, y una que indica que el estereotipo de que las personas mayores son gruñonas y cascarrabias necesita ser revisada.

Nuestras personalidades son fluidas y maleables

Lejos de asentarse en la infancia, o alrededor de los 30 años -como pensó la comunidad científica durante años-, parece que nuestras personalidades son fluidas y maleables.

“Las personas se vuelven más agradables y más adaptadas socialmente”, dice Mõttus.

“Son cada vez más capaces de equilibrar sus propias expectativas de vida con las demandas de la sociedad”.

Los psicólogos llaman al proceso de cambio que ocurre a medida que envejecemos “maduración de la personalidad”.

Mujer mayor

Getty Images
Aquellos con mayor autocontrol serán probablemente más saludables de mayores.

Es un cambio gradual e imperceptible que comienza en nuestra adolescencia y continúa al menos hasta nuestra octava década en el planeta.

Curiosamente, parece ser universal: la tendencia se observa en todas las culturas humanas, desde Guatemala hasta India.

“Generalmente es controvertido hacer juicios de valor sobre estos cambios de personalidad”, dice Rodica Damian, psicóloga social de la Universidad de Houston, en Estados Unidos.

“Pero al mismo tiempo, tenemos evidencia de que son beneficiosos”.

Por ejemplo, la falta de estabilidad emocional se ha relacionado con problemas de salud mental, tasas de mortalidad más altas y divorcios.

Entretanto, Damian explica que la pareja de alguien con un grado elevado de conciencia probablemente sea más feliz, porque es más probable que estas personas laven los platos a tiempo y sean menos propensos a engañar a su pareja.

Un lado más estable de nuestra personalidad

Resulta que, si bien nuestra personalidad cambia en cierta dirección a medida que envejecemos, lo que somos en relación con otras personas del mismo grupo de edad tiende a permanecer bastante estable.

Por ejemplo, es probable que el nivel de neurosis de una persona vaya bajando en general, pero los niños de 11 años más neuróticos siguen siendo, en general, los ancianos de 81 años más neuróticos.

“Hay una base de quiénes somos en el sentido de que mantenemos nuestro rango en relación con otras personas hasta cierto punto”, dice Damian.

“Pero en relación a nosotros mismos, nuestra personalidad no está escrita en piedra, podemos cambiar”.

¿Cómo se desarrollan estos cambios de personalidad?

Dado que la maduración de la personalidad es universal, algunos científicos piensan que, lejos de ser un efecto secundario accidental de haber tenido más tiempo para aprender las normas sociales, las formas en que cambia nuestra personalidad podría estar genéticamente programada, tal vez incluso moldeada por fuerzas evolutivas.

Por otro lado, otros expertos creen que nuestra personalidad está en parte forjada por factores genéticos y luego esculpidas por presiones sociales a lo largo de nuestra vida.

Por ejemplo, una investigación de Wiebke Bleidorn, psicóloga de la personalidad de la Universidad de California, concluyó que, en culturas donde se esperaba que las personas maduraran más rápido (en términos de casamiento, empezar a trabajar, asumir responsabilidades adultas), sus personalidades tienden a madurar a una edad más temprana.

Niño con traje

Getty Images
Las personas de culturas donde se espera que se casen o empiecen a trabajar más jóvenes, tienen personalidades que maduran antes.

“Las personas simplemente se ven obligadas a cambiar su comportamiento y, con el tiempo, a volverse más responsables. Nuestras personalidades cambian para ayudarnos a enfrentar los desafíos de la vida”, dice Damian.

¿Pero qué ocurre cuando nos volvemos muy mayores?

Hay dos formas posibles de estudiar cómo cambiamos a lo largo de nuestra vida.

La primera es tomar un grupo grande de personas de muchas edades diferentes y luego observar en qué se diferencian sus personalidades.

Un problema con esta estrategia es que es fácil confundir accidentalmente los rasgos generacionales que han sido esculpidos por la cultura de un período de tiempo particular -como la mojigatería o una adoración inexplicable por las natillas y el jerez- con los cambios que ocurren a medida que uno envejece.

Estudio de largo plazo

La alternativa es tomar un mismo grupo de personas y estudiarlas a medida que crecen.

Esto es exactamente lo que sucedió con el Lothian Birth Cohort (estudio de cohorte de Lothian), un grupo de personas en Escocia a quienes se les examinaron sus rasgos de personalidad e inteligencia en junio de 1932 o junio de 1947, cuando aún estaban en la escuela.

En ese momento, las personas tenían cerca de 11 años de edad.

Junto con colegas de la Universidad de Edimburgo, Mõttus rastreó a cientos de las mismas personas cuando tenían 70 u 80 años, y les hizo dos pruebas idénticas más, con varios años de diferencia.

Señor mayor en un parque

Getty Images
Un famoso estudio con personas en Escocia mostró resultados notablemente diferentes para dos generaciones de personas.

“Debido a que teníamos dos grupos diferentes de personas, y ambas fueron medidas en dos ocasiones, pudimos utilizar ambas estrategias a la vez”, dice Mõttus.

Fue una suerte, porque los resultados fueron notablemente diferentes para las dos generaciones.

Si bien las personalidades del grupo más joven permanecieron más o menos iguales en general, los rasgos de personalidad del grupo mayor comienzan a cambiar, de modo que, en promedio, se volvieron menos abiertos y extrovertidos, así como menos agradables y concienzudos.

Los cambios beneficiosos que habían estado ocurriendo a lo largo de sus vidas comenzaron a revertirse.

“Creo que esto tiene sentido, porque en la vejez las cosas comienzan a pasarle a la gente a un ritmo más rápido”, dice Mõttus, quien señala que la salud de estas personas podría haber estado en declive y es probable que hayan comenzado a perder amigos y familiares.

“Esto tiene cierto impacto en su participación activa en el mundo”.

Nadie ha investigado aún si esta tendencia continuaría después de los 100 años.

Investigaciones sobre japoneses centenarios han descubierto que tienden a obtener una puntuación alta en la conciencia, la extroversión y la apertura, pero es posible que hayan tenido más de estas características para empezar, y tal vez esto incluso contribuyó a su longevidad.

Mujer mayor asiática

Getty Images
Nuestra personalidad está muy ligada a nuestro bienestar.

De hecho, nuestra personalidad está intrínsecamente ligada a nuestro bienestar a medida que envejecemos.

Por ejemplo, aquellas con un mayor autocontrol tienen más probabilidades de ser saludables en la edad adulta, las mujeres con niveles más altos de neurosis tienen más probabilidades de experimentar síntomas durante la menopausia, y cierto grado de narcisismo se ha asociado con tasas más bajas de soledad, que en sí mismo es un factor de riesgo para una muerte más temprana.

En el futuro, comprender cómo ciertos rasgos están vinculados a nuestra salud -y cómo podemos esperar que nuestra personalidad evolucione a lo largo de nuestra vida- podría ayudar a predecir quién está en mayor riesgo de padecer ciertos problemas de salud y poder intervenir.

El conocimiento de que nuestra personalidad cambia a lo largo de nuestra vida, lo queramos o no, es una prueba útil de lo maleables que son.

“Es importante que sepamos esto”, considera Damian. “Durante mucho tiempo, la gente pensó que no”.

“Ahora estamos viendo que nuestra personalidad puede adaptarse, y esto nos ayuda a enfrentar los desafíos que nos presenta la vida”, agrega.

Al menos, nos da a todos algo que esperar a medida que envejecemos y la posibilidad de descubrir en quiénes nos convertiremos.


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