Si mi bebé muere solo será una estadística: la espera por un trasplante
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“Si mi bebé muere solo seremos estadística para el IMSS”, la espera por una operación de trasplante

Aunque el pequeño Rodrigo ha estado estable, el deterioro en su hígado no para, además está en el límite de edad para afrontar con éxito la operación.
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10 de julio, 2020
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En el año y medio de vida de Rodrigo, él y sus padres han recorrido un camino tortuoso en ocho hospitales, con decenas de consultas y horas de trámites burocráticos. El pequeño nació sin vesícula y tenía atresia de vías biliares, por eso el deterioro en el hígado le ha provocado cirrosis y ahora necesita un trasplante para sobrevivir.

Cuando creían haber encontrado luz al final del túnel al confirmar que su madre, Kerenia Pavón, resultó compatible para ser donadora y cumplieron todos los estudios del protocolo, la suspensión de estas operaciones en el IMSS debido a la pandemia de coronavirus les dio un golpe en seco.

En marzo pasado, cuando les darían fecha de operación, México comenzaba el confinamiento para controlar la propagación de COVID-19 y los hospitales iniciaban la reconversión para atender a pacientes contagiados, por eso el médico que lleva el caso informó a los padres que el hospital de especialidades no realizaría esas operaciones, pero en cuanto la autoridad lo permitieran, estarían listos.

Han pasado tres meses y aunque el pequeño Rodrigo ha estado estable, el deterioro del hígado no para, además está en el límite de edad para afrontar con éxito la operación, pues los niños que nacen con este padecimiento tienen una esperanza de vida de 2 años máximo sin el trasplante.

Y mientras las actividades económicas en la Ciudad de México comienzan a abrirse, incluso aquellas menos esenciales como los centros comerciales a partir de este martes tras la constante presión para reactivar la economía, la operación de Rodrigo sigue en vilo, pese a que en el Centro Médico ya se han hecho otras operaciones, según le han dicho a los padres.

“Sólo somos un número más para ellos. Si mi hijo vive o muere será solo estadística del IMSS, pero para nosotros no, no nos imaginamos la vida sin él. En verdad que es una desesperación, una impotencia muy grande, es frustrante, porque somos de a pie a los que nadie voltea a ver. Si fuéramos importantes o tuviéramos influencias tal vez nos harían caso”, lamenta Rodrigo Vian con voz entrecortada a través del teléfono.

Son ya 13 hospitalizaciones en los últimos meses, la más reciente fue hace 15 días luego de una fiebre tan atroz que no cedió en 12 horas. Tomaron maleta y apenas amaneciendo, fueron al hospital La Raza, con más miedo aún porque ahí atienden a pacientes covid.

Temieron que incluso podría haber contraído coronavirus pues estuvo en el área de sospechosos durante 10 días, hasta que les informaron el resultado de la prueba como negativo. El diagnóstico fue infección en las vías urinarias, una más en su corta edad.

Cada día viven con temor a que el pequeño Rodrigo no soporte más, y además, dice Rodrigo, también tiene pesar por su primer hija, que está por cumplir los seis años, y  ve a sus padres tristes y llorando sin entender bien por qué.

A ello se suma el desgaste económico. El papá, químico de profesión, trabaja en una fábrica de tintas con un salario bajo, pero sigue ahí para mantener la con la prestación del seguro social. Con eso poco debe mantener a su esposa, su hija y solventar todos los gastos que conlleva cada hospitalización y la enfermedad del pequeño Rodrigo.

“Estamos siendo condenados a ver morir lentamente a nuestro hijo”. Por eso, dice Rodrigo, acude a un medio de comunicación para dar a conocer su caso con la esperanza de que puedan atenderlo. Su desesperación le hace pensar en ir a Palacio Nacional, buscar llegar al presidente o al director del IMSS, Zoe Robledo. Hacer cualquier cosa con tal de ser escuchado y salvar la vida de su hijo.

No quiere esperar a que su hijo tenga una falla fulminante, un escenario posible dada su situación, y que para resolver la urgencia, los médicos realicen el trasplante porque hacerlo así disminuiría considerablemente el éxito de la operación. Lo ideal sería hacerlo ahora cuando el bebé está “en condiciones ideales”.

Justamente sólo las urgencias son atendidas de acuerdo al protocolo previsto ante la pandemia por el Centro Nacional de Trasplantes (CENATRA), órgano rector dependiente de la Secretaria de Salud y de organismos internacionales. “No deja de atenderse la urgencia médica nacional para trasplante, administrada y supervisada por el CENATRA, tal es el caso de la falla hepática fulminante, daño cardiaco irreversible o lesión corneal severa, entre otras”.

En cambio, el CENATRA recomendó “suspender temporalmente los procesos de donación, las cirugías de extracción y el trasplante de órganos y tejidos” para proteger a los pacientes de un posible contagio “debido al alto riesgo que tendrían los pacientes de padecer la enfermedad por el coronavirus, al tener comprometido su sistema inmunológico de defensa, secundario al tratamiento farmacológico anti rechazo que se les administra”.

Y en los casos de cirugías programadas, como el de Rodrigo, “tienen seguimiento por médicos especialistas para el control de la enfermedad de base, garantizando que el trasplante se realice en las mejores condiciones posibles para lograr el éxito y se disminuyan los riesgos de complicaciones”.

En el IMSS se realizan en promedio 3 mil 200 trasplantes al año, de acuerdo al informe de labores y programas de actividades 2018-2019, pero hasta el momento no hay estadísticas públicas sobre el número de operaciones suspendidas a causa de la pandemia.

Rodrigo Vian y su esposa Kirenia Pavón escribieron esta carta con la intención de que el presidente Andrés Manuel López Obrador y el director del IMSS, Zoe Robledo, conozcan su caso y que el pequeño Rodrigo sea atendido. Aquí la puedes leerla.

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COVID: por qué las vacunas de células T podrían ser la clave para la inmunidad a largo plazo

Algunas vacunas de células T ya están entrando a la etapa de ensayos clínicos. En el futuro, estas vacunas podrían ayudar al mundo a convivir con la COVID en forma más segura.
14 de enero, 2022
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Dado que la variante ómicron ha aumentado rápidamente las infecciones por covid, la atención se centra una vez más en los anticuerpos, y con razón.

Los anticuerpos desempeñan un papel fundamental en la lucha contra los virus y son importantes para evitar que el coronavirus infecte nuestras células.

Esta es la razón por la que algunos países han montado campañas de vacunación de refuerzo en respuesta a los recientes aumentos repentinos de covid, con el fin de incrementar los niveles de anticuerpos.

Pero hay un problema. Los anticuerpos contra la covid no persisten tan bien, de ahí la necesidad de refuerzos.

De hecho, si bien estas inyecciones adicionales mantienen una buena protección contra la covid grave, se estima que las personas que reciben una tercera dosis de la vacuna de Pfizer verán caer su protección contra el desarrollo de síntomas de covid (de cualquier grado) del 75 % al 45 % durante las diez semanas siguientes a su refuerzo.

Los científicos han cuestionado si recargar permanentemente los anticuerpos, solo para verlos disminuir pronto, es una estrategia sostenible.

Si queremos desarrollar una inmunidad duradera a la covid, tal vez sea el momento de analizar nuevamente nuestra respuesta inmunitaria más amplia.

Los anticuerpos son solo una parte de nuestro intrincado y entrelazado sistema inmunológico. Específicamente, tal vez sea hora de que nos concentremos en las células T.

Cómo funcionan las diferentes células inmunitarias

Cuando el cuerpo está infectado, digamos con un virus, responde produciendo glóbulos blancos llamados linfocitos. Los tipos principales de linfocitos son las células B, que producen anticuerpos, y las células T, que apoyan la producción de anticuerpos de células B o actúan como células asesinas para destruir el virus.

Algunas células T y células B también se convierten en células de memoria de larga duración que saben qué hacer si se encuentran con la misma infección nuevamente.

Las células B y las células T “ven” el virus de diferentes maneras.

En términos generales, las células B reconocen las formas en el exterior del virus, creando anticuerpos que se traban o acoplan con ellas (un poco como dos piezas de rompecabezas que coinciden).

Ilustración de anticuerpos (en blanco) uniéndose a las proteínas Spike del virus que causa covid.

Science Photo Library
En esta ilustración se ve a los anticuerpos (en blanco) uniéndose a la proteínas del virus que causa covid.

En cambio, las células T reconocen fragmentos de los aminoácidos que componen el virus, incluyendo fragmentos que normalmente se encuentran en su interior.

Cada virus tiene muchas características únicas, tanto por dentro como por fuera. La respuesta inmune de una persona puede acabar produciendo una variedad de células T y células B que, entre ellas, atacan una amplia gama de esos rasgos.

Esto a veces se llama “amplitud de respuesta“. Una buena amplitud de respuesta involucra a muchos linfocitos diferentes que ven diferentes partes del virus, lo que hace que sea muy difícil para el virus ocultarse completamente.

Ómicron preocupó a muchos investigadores porque una parte clave de su estructura externa a la que se dirigen los anticuerpos, la proteína espiga o spike (en rojo en la primera imagen arriba), tiene muchas mutaciones, lo que reduce la capacidad de los anticuerpos para unirse al virus y neutralizarlo.

Sin embargo, debido a que las células T se enfocan en otras partes del virus, es posible que tales mutaciones no impidan identificarlo.

De hecho, datos preliminares que aún están pendientes de revisión por pares, sugieren que éste es el caso.

Esto es tranquilizador, porque la proteína espiga del virus ha cambiado mucho durante la pandemia, lo que sugiere que siempre podría estar mutando fuera del alcance de los anticuerpos.

Sin embargo, las células T deberían ser menos susceptibles a la mutación viral. Las células T diseñadas para combatir la covid también parecen durar mucho más en el cuerpo humano que los anticuerpos.

Pero, ¿tienen las células T tienen un efecto importante?

Ya sabemos mucho sobre el papel crítico de las células T en otras infecciones virales.

Este conocimiento sugiere que, contra la covid, una buena respuesta de las células T no solo es necesaria para ayudar a las células B a producir anticuerpos, sino que también debería crear células T asesinas que puedan reconocer ampliamente el coronavirus, protegiendo contra múltiples variantes.

Todavía se está recopilando evidencia sobre la covid y las células T. Sin embargo, gradualmente se está volviendo más claro que las células T parecen jugar un papel importante en esta enfermedad.

Una mujer es vacunada contra la covid

Getty Images
Los anticuerpos contra la covid no persisten tan bien, de ahí la necesidad de vacunas de refuerzo.

Se ha demostrado que la generación de células T ampliamente reactivas, que reconocen una variedad de características virales, está asociada a una fuerte respuesta contra la enfermedad.

En particular, la generación de buenas cantidades de células T asesinas ampliamente reactivas parece hacer que la covid sea menos grave.

Por el contrario, una respuesta deficiente de las células T se asocia con peores resultados para los pacientes. De hecho, se ha descubierto que algunas personas que han tenido covid grave tienen defectos persistentes en su respuesta de células T.

Muchos estudios que demuestran la eficacia de las células T en el caso de la covid tienen una característica común: la necesidad de una amplia gama de respuestas, con células T (y células B) que reconozcan múltiples características del virus. Se cree que esta podría ser la clave para experimentar una enfermedad más leve.

Esta amplitud podría incluso extenderse más allá de este coronavirus específicamente. El virus que causa covid es un betacoronavirus, y hay varios betacoronavirus que ya nos infectan, incluidos los que causan el resfriado común.

Las características compartidas entre estos virus que causan el resfriado y la covid pueden significar que las células T que ya teníamos contra el resfriado nos están protegiendo ahora contra la covid. Se están descubriendo indicios de esto tanto en adultos como en niños.

¿Qué significa esto para las vacunas?

Muchas de las vacunas diseñadas hasta la fecha, incluidas las de Moderna, Pfizer y AstraZeneca, se han centrado en un solo objetivo principal del coronavirus: su proteína espiga.

Estas vacunas han sido tremendamente efectivas en la generación de anticuerpos. También estimulan una respuesta de células T a la proteína espiga.

Pero ahora que entendemos más sobre el papel de las células T, la importancia de tener una respuesta amplia de estas células y el problema de la disminución de anticuerpos, tal vez deberíamos considerar reenfocar nuestras estrategias de vacunas y dirigirlas a generar células T y a apuntar a más de una proteína.

Mujer estornudando

Getty Images
Si queremos desarrollar una inmunidad duradera a la covid, tal vez sea el momento de analizar nuevamente nuestra respuesta inmunitaria más amplia.

Hay investigaciones en esta dirección. Se han completado los primeros ensayos clínicos de vacunas que pueden desencadenar respuestas de células T auxiliares y asesinas mucho más reactivas, y varias otras vacunas de células T también están entrando a la etapa de ensayos clínicos.

Estas vacunas de células T podrían ser la clave para fortalecer la inmunidad existente y generar una protección duradera contra síntomas graves generados por variantes del virus que causa covid.

Si esto es así, esas vacunas serían una contribución fundamental para ayudar al mundo a convivir con la covid en forma más segura.

*Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.

Sheena Cruickshank es profesora de ciencias biomédicas en la Universidad de Manchester en Reino Unido.


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