Si mi bebé muere solo será una estadística: la espera por un trasplante
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“Si mi bebé muere solo seremos estadística para el IMSS”, la espera por una operación de trasplante

Aunque el pequeño Rodrigo ha estado estable, el deterioro en su hígado no para, además está en el límite de edad para afrontar con éxito la operación.
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10 de julio, 2020
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En el año y medio de vida de Rodrigo, él y sus padres han recorrido un camino tortuoso en ocho hospitales, con decenas de consultas y horas de trámites burocráticos. El pequeño nació sin vesícula y tenía atresia de vías biliares, por eso el deterioro en el hígado le ha provocado cirrosis y ahora necesita un trasplante para sobrevivir.

Cuando creían haber encontrado luz al final del túnel al confirmar que su madre, Kerenia Pavón, resultó compatible para ser donadora y cumplieron todos los estudios del protocolo, la suspensión de estas operaciones en el IMSS debido a la pandemia de coronavirus les dio un golpe en seco.

En marzo pasado, cuando les darían fecha de operación, México comenzaba el confinamiento para controlar la propagación de COVID-19 y los hospitales iniciaban la reconversión para atender a pacientes contagiados, por eso el médico que lleva el caso informó a los padres que el hospital de especialidades no realizaría esas operaciones, pero en cuanto la autoridad lo permitieran, estarían listos.

Han pasado tres meses y aunque el pequeño Rodrigo ha estado estable, el deterioro del hígado no para, además está en el límite de edad para afrontar con éxito la operación, pues los niños que nacen con este padecimiento tienen una esperanza de vida de 2 años máximo sin el trasplante.

Y mientras las actividades económicas en la Ciudad de México comienzan a abrirse, incluso aquellas menos esenciales como los centros comerciales a partir de este martes tras la constante presión para reactivar la economía, la operación de Rodrigo sigue en vilo, pese a que en el Centro Médico ya se han hecho otras operaciones, según le han dicho a los padres.

“Sólo somos un número más para ellos. Si mi hijo vive o muere será solo estadística del IMSS, pero para nosotros no, no nos imaginamos la vida sin él. En verdad que es una desesperación, una impotencia muy grande, es frustrante, porque somos de a pie a los que nadie voltea a ver. Si fuéramos importantes o tuviéramos influencias tal vez nos harían caso”, lamenta Rodrigo Vian con voz entrecortada a través del teléfono.

Son ya 13 hospitalizaciones en los últimos meses, la más reciente fue hace 15 días luego de una fiebre tan atroz que no cedió en 12 horas. Tomaron maleta y apenas amaneciendo, fueron al hospital La Raza, con más miedo aún porque ahí atienden a pacientes covid.

Temieron que incluso podría haber contraído coronavirus pues estuvo en el área de sospechosos durante 10 días, hasta que les informaron el resultado de la prueba como negativo. El diagnóstico fue infección en las vías urinarias, una más en su corta edad.

Cada día viven con temor a que el pequeño Rodrigo no soporte más, y además, dice Rodrigo, también tiene pesar por su primer hija, que está por cumplir los seis años, y  ve a sus padres tristes y llorando sin entender bien por qué.

A ello se suma el desgaste económico. El papá, químico de profesión, trabaja en una fábrica de tintas con un salario bajo, pero sigue ahí para mantener la con la prestación del seguro social. Con eso poco debe mantener a su esposa, su hija y solventar todos los gastos que conlleva cada hospitalización y la enfermedad del pequeño Rodrigo.

“Estamos siendo condenados a ver morir lentamente a nuestro hijo”. Por eso, dice Rodrigo, acude a un medio de comunicación para dar a conocer su caso con la esperanza de que puedan atenderlo. Su desesperación le hace pensar en ir a Palacio Nacional, buscar llegar al presidente o al director del IMSS, Zoe Robledo. Hacer cualquier cosa con tal de ser escuchado y salvar la vida de su hijo.

No quiere esperar a que su hijo tenga una falla fulminante, un escenario posible dada su situación, y que para resolver la urgencia, los médicos realicen el trasplante porque hacerlo así disminuiría considerablemente el éxito de la operación. Lo ideal sería hacerlo ahora cuando el bebé está “en condiciones ideales”.

Justamente sólo las urgencias son atendidas de acuerdo al protocolo previsto ante la pandemia por el Centro Nacional de Trasplantes (CENATRA), órgano rector dependiente de la Secretaria de Salud y de organismos internacionales. “No deja de atenderse la urgencia médica nacional para trasplante, administrada y supervisada por el CENATRA, tal es el caso de la falla hepática fulminante, daño cardiaco irreversible o lesión corneal severa, entre otras”.

En cambio, el CENATRA recomendó “suspender temporalmente los procesos de donación, las cirugías de extracción y el trasplante de órganos y tejidos” para proteger a los pacientes de un posible contagio “debido al alto riesgo que tendrían los pacientes de padecer la enfermedad por el coronavirus, al tener comprometido su sistema inmunológico de defensa, secundario al tratamiento farmacológico anti rechazo que se les administra”.

Y en los casos de cirugías programadas, como el de Rodrigo, “tienen seguimiento por médicos especialistas para el control de la enfermedad de base, garantizando que el trasplante se realice en las mejores condiciones posibles para lograr el éxito y se disminuyan los riesgos de complicaciones”.

En el IMSS se realizan en promedio 3 mil 200 trasplantes al año, de acuerdo al informe de labores y programas de actividades 2018-2019, pero hasta el momento no hay estadísticas públicas sobre el número de operaciones suspendidas a causa de la pandemia.

Rodrigo Vian y su esposa Kirenia Pavón escribieron esta carta con la intención de que el presidente Andrés Manuel López Obrador y el director del IMSS, Zoe Robledo, conozcan su caso y que el pequeño Rodrigo sea atendido. Aquí la puedes leerla.

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La desconocida y trágica historia de Clipperton, el último territorio que perdió México

En esta pequeñísima isla perdida en medio del océano Pacífico se entrelazó una tragedia humana con una disputa internacional en la que participaron cuatro países. Esta es su increíble historia.
19 de febrero, 2021
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Era 18 de julio de 1917 cuando la tripulación del barco militar estadounidense USS Yorktown se encontró en medio del océano Pacífico a tres mujeres y ocho niños, que les hacían señas desde una pequeña isla a más de 1.200 km de distancia del punto más cercano en tierra firme, Acapulco.

Eran los últimos habitantes de una comunidad que en su máximo esplendor debió de tener alrededor de medio centenar de personas.

Pero ¿cómo llegaron hasta allí y qué pasó para que se quedaran solos?

Para entender su odisea hay que conocer la increíble historia de esta isla tropical perdida en el medio de la nada, que alguna vez fue mexicana.

Para empezar, tiene al menos tres nombres distintos.

Uno, Médanos, el que le dieron los conquistadores españoles que primero la registraron en un mapa, allá por el siglo XVI.

Otro, Clipperton, el que prevaleció, que es el apellido de un famoso pirata inglés que dicen que la usaba como escondite y base de operaciones a principios del siglo XVIII.

Y un tercero, isla de la Pasión, el que le pusieron los exploradores franceses que la redescubrieron un Viernes Santo de principios del siglo XVIII, cuando la declararon como propia.

Pero muchos en México desconocen su existencia, la larga disputa internacional por su soberanía y la trágica historia de la que fue escenario.

Es un relato de esos que superan a la ficción, protagonizado por empresarios, náufragos, militares y mujeres bravas que sobrevivieron a la enfermedad y a la violencia, abandonadas durante años en medio del océano y a cargo de sus hijos.

Todo eso, antes de que finalmente Francia se quedara con la isla, en el siglo XX, por decisión de un rey italiano.

El último hombre de la isla

Poco antes de ser tomada esta foto, dos de las mujeres retratadas tuvieron sangre en las manos.

Hacía un tiempo que, para proteger a sus familias, Tirsa Rendón y Alicia Arnaud Rovira se habían decidido a acabar con la vida del único hombre que quedaba en la isla y que llevaba varios años atormentando a su pequeña y vulnerable comunidad con golpizas, violaciones y asesinatos, según contaron los sobrevivientes.

Foto de 10 de los sobrevivientes de Clipperton, tomada en el buque USS Yorktown que los rescató en 1917.

Dominio Público
Foto de 10 de los sobrevivientes de Clipperton, tomada en el buque USS Yorktown que los rescató en 1917.

Quiso la casualidad que llevaran a cabo el plan el mismo día en que acabaron siendo rescatadas por el cañonero estadounidense, que, en el contexto de la Primera Guerra Mundial, se había acercado a Clipperton durante una misión de reconocimiento buscando barcos alemanes.

Ramón Arnaud, tenía 8 años cuando fue rescatado de Clipperton.

Dominio Público
Ramón Arnaud, que llegó a ser nonagenario, tenía unos 8 años cuando fue rescatado de Clipperton.

Ramón Arnaud tendría unos 8 años cuando fue testigo de lo sucedido, un episodio traumático del que le habló con frecuencia a sus descendientes y que le describiría sesenta años después con todo lujo de detalles al famoso explorador y conservacionista francés Jacques Cousteau, cuando regresó a Clipperton en 1981 como invitado para participar en uno de sus documentales.

Desde el rescate no había vuelto a pisar la isla donde había nacido, en 1909, cuando México aún la consideraba suya.

Hacía un año que su padre, el joven capitán Ramón Arnaud, primer y último gobernador de Clipperton, se había instalado permanentemente allí, de recién casado, con su esposa Alicia.

Arnaud (padre) estaba al frente de una guarnición militar de una decena de hombres que, acompañados de sus familias, cumplían una encomienda ordenada por el mismísimo presidente Porfirio Díaz: proteger la soberanía de México sobre la isla, que a lo largo del siglo XIX había despertado el interés de franceses, británicos y estadounidenses.

Paraíso e infierno

Desde el aire Clipperton parece un paraíso de vivos colores.

La isla coralina se formó sobre el borde del cráter de un volcán sumergido.

Xavier DESMIER
La isla coralina se formó sobre el borde del cráter de un volcán sumergido.

Es un cinturón blanco de arena de coral que destaca sobre el azul del océano y encierra una laguna de agua esmeralda.

De cerca es otra cosa.

Foto de Enrique Ballesteros.

Enrique Ballesteros / BBC
Los pájaros bobos y los cangrejos anaranjados son los verdaderos dueños del atolón. Foto de Enrique Ballesteros.

Los pájaros bobos dominan la isla cubriéndola con un manto de excremento, una peculiaridad que jugó un papel clave en la historia de Clipperton, porque atrajo el interés de las potencias y las compañías internacionales que a mediados del siglo XIX comerciaban con el guano, un preciado abono rico en fosfato derivado de esas heces animales.

Vivir allí debió de ser un infierno, “pero un infierno absoluto”, le dijo a BBC Mundo el investigador especializado en ecología marina Enrique Ballesteros, que se ha sumergido en aguas de todo el mundo, incluidas las de la laguna de Clipperton, cerradas al mar, malolientes y salobres, llenas de algas y bacterias pero desiertas de peces.

Este español participó en una expedición científica a la isla en 2016, como parte de una investigación del proyecto Pristine Seas, de National Geographic, en colaboración con la Universidad de la Polinesia Francesa.

Foto tomada en 2016 por el investigador Enrique Ballesteros.

Enrique Ballesteros / BBC
En 2016 las aguas que rodeaban a la Isla de Clipperton estaban repletas de tiburones, pero eran casi todos pequeños, de menos de un metro, lo cual, explica Ballesteros, indica que había presión pesquera en la zona. Foto tomada en 2016 por el investigador Enrique Ballesteros.

Y allí constató, junto a su equipo de investigadores, que la isla y las aguas que la rodean están llenas de vida, con una vegetación y fauna en constante evolución, que atrae la atención de los científicos.

Pero es un lugar inhóspito para los humanos.

Además de que está en la ruta de frecuentes temporales y huracanes, “hay un viento que no para y unas olas enormes que no te dejan acceder al mar”, recuerda Ballesteros.

La isla está rodeada por una gran barrera coralina que hace extremadamente difícil y peligroso el acceso en barco.

Imagen de la roca volcánica de la Isla de Clipperton. Foto tomada en 2016 por el investigador Enrique Ballesteros.

BBC / Enrique Ballesteros
La roca volcánica de la Isla de Clipperton está atravesada por cuevas y pasadizos. Foto tomada en 2016 por el investigador Enrique Ballesteros.

Además de algunos grupos de palmeras, lo único que destaca sobre la línea totalmente plana de arena es una gran roca volcánica de unos 28 metros de alto.

Sobre esa roca, a principios del siglo XX los mexicanos pusieron a funcionar un faro.

Casas bajo la roca de Clipperton.

BBC / Dominio público
Casas bajo la roca de Clipperton, probablemente a principios del siglo XX.

Y en una cabaña aislada, a los pies de esa roca agujereada por cuevas y pasadizos, pasó días y noches Victoriano Álvarez, el guardián del faro, que acabó perdiendo la razón.

Pulso de grandes potencias

La determinación del capitán Arnaud y su guarnición, que acabaron dando la vida por proteger los intereses soberanos de México, no lograron impedir que al final Francia se quedara con Clipperton.

Los franceses, de hecho, ya se habían anexado unilateralmente en 1858 la que entonces llamaban isla de la Pasión, pero los mexicanos no se enteraron hasta casi 40 años después, en 1897.

Mapa de la isla Clipperton

BBC
La ciudad en tierra firme más cercana a Clipperton es Acapulco.

En 1858 Francia envió en nombre del emperador Napoleón III a un teniente a tomar posesión formal del territorio que sus exploradores habían avistado por primera vez a principios del siglo.

La intención de los franceses era cederle después la explotación del guano a un empresario estadounidense que se había interesado por el atolón.

Cuando el teniente llegó a la isla levantó una acta administrativa que después registró ante el cónsul francés en Hawái, su siguiente destino, a más de 6.000 km de distancia. La noticia fue, además, publicada por el periódico The Polynesian, de Honolulú.

Pero después los franceses no volvieron a pasarse por Clipperton, en parte porque su proyecto inicial de explotación de guano no prosperó.

Quienes sí lo hicieron, en cambio, fueron los estadounidenses.

Levantaron, de hecho, su bandera sobre el atolón a finales del siglo XIX apoyándose en la llamada “Ley de las islas guaneras“, aprobada en 1856, que autorizaba a sus ciudadanos a tomar posesión y explotar cualquier isla con depósitos de guano que estuviera deshabitada y no estuviera bajo la jurisdicción de otro país.

Cuando finalmente todo esto salió a la luz, se volvió una disputa internacional que implicaba a cuatro naciones.

Sucedió por casualidad: un artículo en el diario Herald de Nueva York, en agosto de 1897, informaba que acababa de regresar un barco cargado de guano de Clipperton y apuntaba a que la bandera británica estaba a punto de remplazar allí a la estadounidense porque una compañía inglesa iba a tomar las riendas de la explotación.

Durante las siguientes semanas varios periódicos mexicanos se hicieron eco de la sorprendente noticia y creció tanto la presión que ese mismo año el presidente Porfirio Díaz envió un cañonero al atolón para ver qué estaba pasando y defender la soberanía mexicana.

Allí encontraron, efectivamente, una bandera estadounidense y varios trabajadores de la compañía Oceanic Phosphate Company, a quienes informaron que la isla era mexicana y tomaron posesión del territorio.

Sello estadounidense con una ilustración de Clipperton de finales del siglo XIX, cuando explotaban el guano en la isla, que asumieron que no tenía dueño.

Dominio Público
Sello estadounidense con una ilustración de Clipperton de finales del siglo XIX, cuando explotaban el guano en la isla, que asumieron que no tenía dueño.

Lo que no sabían entonces es que la verdadera amenaza a su soberanía no vendría de Estados Unidos, sino de Francia.

México empezó a instalar una pequeña colonia en Clipperton, que más tarde estaría liderada por el capitán Arnaud.

Pero tanto insistió Francia diplomáticamente en que el atolón era suyo, que en 1909 el gobierno de México, seguro de su posición, accedió a someter la disputa a un arbitraje internacional.

La decisión, que sería vinculante, quedaba así en las manos de un árbitro neutral, que acordaron que fuera el rey de Italia, Víctor Manuel III.

“Una cadena de malas decisiones”

“No debimos haberla dejado perder”, le dijo a BBC Mundo Laura Ortiz, apasionada de la historia de Clipperton y profesora de Derecho Internacional en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Como la gran mayoría de los mexicanos, no aprendió nada sobre el atolón en la escuela, sino que escuchó la historia “llena de fantasía y medio noveleada” cuando estudiaba Derecho en la universidad.

El arrecife de coral y el oleaje constante dificulta muchísimo el acceso a la isla. Foto tomada en 2016 por el investigador Enrique Ballesteros.

Enrique Ballesteros
El arrecife de coral y el oleaje constante dificulta muchísimo el acceso a la isla. Foto tomada en 2016 por el investigador Enrique Ballesteros.

Para Ortiz, detrás de la pérdida de Clipperton sobre todo está el “desinterés histórico” del gobierno de México por la isla y por el territorio insular en general. Y también “una cadena de malas decisiones”.

La primera, dice, fue la del presidente Porfirio Díaz, que gobernó México entre 1876 y 1911, por acceder a someter la disputa al arbitraje internacional, “porque la isla ya estaba colonizada por mexicanos”, explica Ortiz.

Luego pasaron más de 20 años antes de que el rey italiano emitiera su laudo. En ese tiempo de desencadenó la Revolución mexicana y la Primera Guerra Mundial.

Cuando finalmente llegó el laudo a favor de Francia, el 28 de enero de 1931, ya México era otro país: ya había muerto Porfirio Díaz y estaba el México posrevolucionario en ciernes.

El fallo decía que la soberanía de Clipperton le pertenecía a Francia desde 1858.

En el arbitraje “no se tomaron en cuenta las pruebas de los mapas de los derroteros españoles, en cuyas rutas aparecía como isla de Médanos. Y sí se tomó en cuenta el avistamiento de los franceses que entre comillas la descubrieron y la registraron”.

Y ahí viene, según Ortiz, otro error en la cadena: no haber apelado de manera inmediata la decisión del arbitraje ante la Corte Permanente de Justicia Internacional, la antecesora de la actual Corte Internacional de Justicia de la Haya, el principal órgano judicial de Naciones Unidas.

Otro error de México, continúa la profesora Ortiz, fue precipitarse a reformar la Constitución tras aceptar el fallo del arbitraje, eliminando a Clipperton del artículo 42, en el que figuraba expresamente, junto a otras islas mexicanas, como parte integrante del territorio nacional.

A principios del siglo XX por la isla se paseaban constantemente millones de cangrejos. Hoy en día ya no hay tantos. La fauna y vegetación de la isla cambia muy rápidamente, de una manera que sorprende a los científicos.

Xavier DESMIER / Getty Images
A principios del siglo XX por la isla se paseaban constantemente millones de cangrejos. Hoy en día ya no hay tantos. La fauna y vegetación de la isla cambia muy rápidamente, de una manera que sorprende a los científicos.

En México, “para todos los juristas y estudiosos del tema, el laudo arbitral fue injusto“, dice Ortiz.

Así lo consideraba también el ya fallecido abogado, escritor y político mexicano Miguel González Avelar, autor de “Clipperton, isla mexicana”.

“Son tan absurdas las circunstancias que determinaron su exclusión de la soberanía mexicana, que no hay persona razonable que, al conocerlas, se conforme con el resultado”, escribió en 1992.

Una decisión heroica que acabó en tragedia

Los primeros años del capitán Ramón Arnaud y Alicia Rovira en la isla, a principios del siglo pasado, transcurrieron con relativa calma.

El capitán Ramón Arnaud Vignon (1877–1915). Foto de la Colección Historia Gráfica de la Armada de México.

BBC / Dominio público
El capitán Ramón Arnaud Vignon. Foto de la Colección Historia Gráfica de la Armada de México.

Cada dos o tres meses llegaba de Acapulco un barco cargado de provisiones, medicinas y noticias.

Además de los miembros de su guarnición y sus familias, vivían en el atolón los últimos trabajadores de la compañía británica a la que México le acabó dando la concesión para explotar el guano, aunque pronto abandonarían la misión al comprobar que se trataba en realidad de una operación poco rentable.

Pero todo cambió a partir de 1910: el inicio de la Revolución mexicana en tierra firme interrumpió al principio el abastecimiento de la isla y lo dejó totalmente en el olvido después.

Lo que siguió entonces fue una trágica historia de supervivencia, que para los más afortunados duró siete años.

Antes de llegar a los momentos más críticos de escasez, enfermedad y muerte, el capitán Arnaud tuvo ocasión de marcharse de Clipperton a bordo de un barco estadounidense que llegó para rescatar a los sobrevivientes, al enterarse de que seguían vivos.

Pero el capitán decidió no abandonar su puesto a menos que sus superiores mexicanos así se lo ordenaran, y tanto la guarnición como sus respectivas familias rechazaron la oferta de volver a tierra firme para quedarse a su lado.

Para muchos fue un sacrificio heroico por la patria que las autoridades mexicanas del momento nunca valoraron.

Lo que Arnaud no se imaginaba era que en México, en plena revolución, ya nadie se quería hacer cargo de un pequeño y remoto destacamento militar fiel al gobierno anterior, ahora enemigo.

Con el tiempo los habitantes de Clipperton se quedaron en el olvido y después fueron dados por muertos.

En el atolón nunca llegaron a pasar hambre porque podían vivir del mar y de los pájaros bobos, pero la falta de vitamina C fue matando de escorbuto a la población.

Una decena de cocoteros, entonces la única vegetación de la isla, fue la salvación para los escasos sobrevivientes.

Mientras, los niños más pequeños de Clipperton crecían más o menos ajenos a las preocupaciones de los mayores.

Los tres hermanos pequeños de Ramón Arnaud apenas tenían memoria de las penurias que luego les contaron que vivieron.

Pero Ramón, que creció en la isla hasta los ocho años, recordaba “todos los detalles que te puedas imaginar. Los tenía todos clarísimos”, le dijo a BBC Mundo por videoconferencia su nieta Gabriela Arnaud, bisnieta del capitán Ramón y Alicia.

Contaba una y otra vez todo lo que había pasado “con la misma naturalidad con la que lo había vivido”, recuerda Gabriela, que ahora preside un proyecto llamado Clipperton Honor y Gloria, con el que quiere dar a conocer la historia familiar.

“Al principio yo, de niña, lo entendía todo casi como un cuento. Me contaba de una isla donde él había vivido, donde al principio todo estaba bien, donde el barco iba y venía, tenían una casa hermosa, su madre tocaba el piano, les daba clases a todos los niños de la isla… era una cosa muy linda, al principio, antes de que viniera toda la tragedia”, cuenta Gabriela.

Pero con los años las cosas se complicaron cada vez más.

Casi tres años antes de ver cómo su madre y Tirsa le daban muerte a Victoriano Álvarez, Ramón había visto cómo su padre se ahogaba en las aguas turbulentas que rodean al atolón, tratando de alcanzar junto a sus últimos hombres, menos el guardián del faro, un barco que había avistado en el horizonte.

Para entonces, 1915, ya el capitán tenía claro que nadie de la armada mexicana iba a volver a buscarlos.

Así fue como murió el primero y último gobernador de Clipperton. Y así fue como Alicia Arnaud, Tirsa Rendón y Altagracia Quiroz acabaron solas en medio del Pacífico, a cargo de siete niños y una adolescente, y hostigadas por un hombre enloquecido y violento.

(De izquierda a derecha) Alicia Arnaud, Altagracia Quiroz y Tirsa Rendón, las últimas mujeres adultas sobrevivientes en la Isla de Clipperton. Foto tomada por un miembro de la tripulación del USS Yorktown que las rescató en 1918 y publicada en 1937 en la revista US Naval Institute Proceedings.

BBC / Dominio público
(De izquierda a derecha) Alicia Arnaud, Altagracia Quiroz y Tirsa Rendón, las últimas mujeres adultas sobrevivientes en la Isla de Clipperton. Foto tomada por un miembro de la tripulación del USS Yorktown que las rescató, publicada en 1937 en la revista US Naval Institute Proceedings.

Tras su rescate en 1917 las mujeres tuvieron que dar explicaciones por la muerte del guardián del faro, pero según explica Gabriela Arnaud fueron exoneradas de culpa por haber actuado en defensa propia.

Con los relatos que su abuelo materno le contó, Gabriela Arnaud escribió un libro, “Clipperton, una historia de honor y gloria”.

No es el único. Los trágicos acontecimientos inspiraron también una película, varios documentales, numerosos ensayos, obras de teatro y novelas como la de Laura Restrepo “La isla de la pasión”.

Pero la historia del atolón no termina con el rescate de los sobrevivientes, ni con el laudo del rey italiano.

Clipperton hoy

Clipperton nunca volvió a tener una población permanente, pero durante la Segunda Guerra Mundial estuvo brevemente ocupada por Estados Unidos, que estableció allí una base meteorológica y un centro de observaciones.

En una carta de 1945 el entonces presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, que había visitado el atolón en varias ocasiones, le escribió a su secretario de Estado: “La propiedad y desarrollo de la isla de Clipperton son asuntos que considero de importancia para Estados Unidos por su ubicación estratégica con respecto al canal de Panamá“.

“Durante mucho tiempo México ha disputado el reclamo francés sobre esta isla y los argumentos mexicanos no son infundados. Sería ventajoso para nosotros que Estados Unidos, ante la ausencia de propiedad directa, buscara obtener derechos para una base sobre la isla de Clipperton con una concesión de largo plazo a través de la propiedad mexicana”, continúa la carta, ahora un documento público accesible a través de la Oficina del Historiador del Departamento de Estado de Estados Unidos.

Pero esa idea nunca prosperó. Hoy Clipperton es un territorio de ultramar francés.

Bandera francesa en la Isla de Clipperton.

Xavier DESMIER / Getty Images
Tras el laudo del rey italiano Francia tomó posesión de la Isla, que está deshabitada. Hoy en día es uno de los territorios franceses de ultramar.

Cada tanto una fragata se acerca al atolón para remplazar la bandera y repintar las letras R F, por Republique Française, inscritas sobre un monumento de cemento.

“Después de todos estos años el atolón per se no tiene ningún interés económico o estratégico, salvo por las aguas que rodean el islote”, comenta la profesora Ortiz.

Foto tomada en 2016 por el investigador Enrique Ballesteros.

Enrique Ballesteros / BBC
Hoy el entorno de Clipperton es un parque natural protegido. Foto tomada en 2016 por el investigador Enrique Ballesteros.

Gracias a Clipperton Francia tiene bajo su jurisdicción una Zona Económica Exclusiva de425.000 km², el equivalente al tamaño de Paraguay, en una de las áreas de pesca más ricas del mundo, en la que, irónicamente, le permite capturar atún a México por medio de un acuerdo de pesca.

Pero pocos en México recuerdan o cuestionan ya la pérdida de Clipperton.

Vista de la roca de Clipperton desde el otro lado de la laguna.

Xavier DESMIER / Getty Images
Vista de la roca de Clipperton desde el otro lado de la laguna.

“Durante varios años algunos legisladores dijeron que habría que reivindicar la soberanía territorial de Clipperton, pero no lograron que se afianzara esa idea”, explica Ortiz.

Ahora, más que un reclamo soberano por la vía jurídica, lo máximo que los apasionados mexicanos por Clipperton aspiran a conseguir algún día es algún tipo de negociación con Francia que le permita a México coadministrar la isla.

Entretanto, el busto del capitán Arnaud adorna una plaza de la Calle Real de Orizaba, la ciudad veracruzana que lo vio nacer y a la que nunca pudo regresar de su misión.


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