De superpolicías en tres sexenios, a fugitivos por presunto nexo con el narco
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Cárdenas y Pequeño: de superpolicías en tres sexenios, a fugitivos por presunto nexo con el narco

Cárdenas Palomino y Pequeño García escalaron a los máximos puestos policiales de inteligencia, prevención y seguridad en los sexenios de Fox, Calderón y Peña Nieto.
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31 de julio, 2020
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Luis Cárdenas Palomino y Ramón Eduardo Pequeño García fueron durante tres sexenios altos mandos de la policía en México. Impulsados por su jefe, Genaro García Luna, escalaron posiciones en áreas de seguridad e inteligencia, hasta tener a su cargo operativos clave contra el crimen organizado y la vigilancia de instalaciones estratégicas, carreteras y aeropuertos.

Pero ayer, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos los acusó de ser, – al mismo tiempo, – protectores, colaboradores y cómplices del Cártel de Sinaloa y del tráfico de toneladas de cocaína a su territorio. En síntesis: de trabajar para el cártel. Todo ello a cambio de supuestos sobornos de millones de dólares.

Lee: Acusan en EU a dos exmandos de García Luna de recibir sobornos del Cártel de Sinaloa

Las imputaciones forman parte de una acusación ampliada presentada ante una corte de Nueva York en contra del propio García Luna, actualmente preso en ese país. La adición a la misma de los nombres de Cárdenas y Pequeño García, ha convertido ahora en fugitivos a los que por años conformaron la cúpula policial en México.

En nuestro país, mientras tanto, existen desde hace más de una década señalamientos de posible cooperación de García Luna, Cárdenas Palomino, entre otros, con el crimen organizado. Se han iniciado carpetas de investigación y se han congelado cuentas ligadas a ellos por posible lavado de dinero.

Pequeño García, incluso, fue dado de baja a mediados del gobierno del expresidente Enrique Peña Nieto del cargo de jefe de División de inteligencia de la Policía Federal, luego de que el líder del “Cártel de Sinaloa” lograra escapar de un penal vigilado por cámaras que tenía a su cargo.

Pero hasta ahora no existe en contra de alguno de ellos casos judicializados ni órdenes de aprehensión por corrupción en México. No obstante, las acusaciones anunciadas ayer en Estados Unidos podrían derivar en solicitudes de detención con fines de extradición en México.

De superpolicías a fugitivos

Cárdenas Palomino y Pequeño García desarrollaron carreras en ascenso en las estructuras policiales en México hasta llegar a puestos clave en los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

En ese tiempo llegaron a presumir incluso de reconocimientos. Pero de forma paralela, habrían colaborado con el crimen organizado según los fiscales de Estados Unidos.

Una cosa es segura, ambos fueron hombres del primer círculo de confianza de García Luna, jefe máximo de los aparatos de investigación policial y de seguridad en el país durante doce años, y quien ahora enfrenta un juicio en los Estados Unidos por su presunta cooperación con el narco.

Desde finales de la década de los 80, Cárdenas Palomino conoció a García Luna cuando ambos colaboraran como agentes del ya desaparecido Centro de investigación y Seguridad Nacional.

En los 90 comenzó su carrera en la entonces Policía Judicial Federal y fue escalando posiciones. Avanzó a jefe de grupo en operativos antinarcóticos y luego a titular del grupo antisecuestro, hasta llegar al puesto de Director General Adjunto de la referida corporación ya bajo su nueva denominación como Agencia Federal de Investigación (AFI), cuyo titular era, justamente, García Luna.

Durante todo el gobierno del presidente Vicente Fox, Cárdenas Palomino se mantuvo en la posición de segundo al mando de la AFI, corporación responsable de investigar todos los delitos federales en México y de ejecutar las órdenes de aprehensión giradas por jueces federales.

A mediados de 2006 Palomino fue designado jefe de la AFI luego de que García Luna dejó el puesto para conformar y encabezar la Secretaría de Seguridad Pública federal (SSP), ya en el sexenio de Felipe Calderón

En 2007 Cárdenas Palomino llegó a la SSP ocupando diversos puestos entre ellos el de Coordinador de Inteligencia para Prevenir el Delito, y el de titular de la División de Seguridad Regional. En esos puestos, este funcionario estuvo a cargo tanto del diseño de operativos clave contra el crimen, así como de la vigilancia de carreteras, puertos, aeropuertos e instalaciones estratégicas en el país. Dejó el puesto al concluir el gobierno de Calderón.

Ramón Eduardo Pequeño García, por su parte, también fue integrante del CISEN y un cercano colaborador de García Luna desde la época de la AFI; pero su ascenso se dio ya en el seno de la Policía Federal de la SSP. Avanzó de mandos medios hasta puestos clave entre ellos, el de titular de la División Antidrogas o el de Coordinador de Seguridad Regional.

A diferencia de Cárdenas y del propio García Luna, Pequeño García se mantuvo en la alta esfera de mando policial tras la llegada de Enrique Peña Nieto a la presidencia, ocupando el cargo de jefe de la División de Inteligencia de Policía Federal. Se mantuvo en ese puesto hasta la mitad del sexenio priista, cuando fue removido en el contexto de la investigación por la fuga de “El Chapo” Guzmán del penal del Altiplano, en 2015.

¿Doble cara?

La acusación del Departamento de Justicia de los Estados Unidos responsabiliza a los dos exmandos policiales de haber facilitado, al menos entre el 2001 y el 2007, el ingreso de cocaína del Cártel de Sinaloa a territorio estadounidense. Ello al prestar apoyo a dicha organización delictiva de diversas formas.

“Cárdenas Palomino y Pequeño García también fueron funcionarios mexicanos de alto nivel que trabajaron bajo García Luna durante este tiempo. Cada uno recibió millones de dólares en sobornos del Cártel de Sinaloa” indican los documentos judiciales.

Esta es la primera vez que ambos exfuncionarios son acusados ante un tribunal de cometer delitos de esta gravedad. No obstante, señalamientos de posible corrupción ya existían desde hace tiempo en contra de ellos y de otros integrantes del equipo de García Luna.

En el caso de Cárdenas Palomino, desde 2010 existe un testimonio de Sergio Villarreal alias “El Grande” que lo relacionaba a él y a otro mando, Armando Espinoza de Benito, de recibir sobornos de “El Chapo” Guzmán y de filtrar información al cártel de los Beltrán Leyva.  García Luna, su jefe en ese entonces, dijo que todo eso era falso y un intento por desprestigiarlos

En su trayectoria como policía, Cárdenas también fue señalado de diversas violaciones a derechos humanos y hasta de tortura en casos como el de Israel Vallarta. La periodista Anabel Hernández lo acusó a el y a otros mandos de SSP ligados a García Luna, entre ellos Facundo Rosas, de amenazarla por revelar supuestos nexos con el crimen organizado.

También fue duramente cuestionado por su posible relación con el caso Florence Cassez, un supuesto operativo de secuestro que en realidad resultó ser un montaje mediático, y donde por irregularidades en el proceso fueron liberados algunos de los probables responsables.

En el actual sexenio, el gobierno federal a través de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) ha llevado a cabo una investigación en torno a cárdenas Palomino, al que se le han congelado cuentas bancarias por operaciones sospechas. Incluso ya fue denunciado ante la FGR por posible lavado de dinero.

Sobre Pequeño García también existen señalamientos de irregularidades, aunque la más grave y que lo llevó a ser cesado de un cargo ocurrió en 2015 cuando Joaquín Guzmán Loera llegó a escaparse del penal de máxima seguridad del Altiplano, por un túnel construido debajo de su celda.

La destitución de Pequeño como jefe de la División de inteligencia de Policía Federal obedeció a que bajo su cargo estaban las cámaras de vigilancia del penal, que captaron la fuga del capo sin que alguien hiciera algo. Pese a dicho cese el exmando policiaco no fue investigado.

En 2012, una carta firmada por Edgar Valdez Villarreal alias “La Barbie”, otro capo criminal, acusaba a García luna, Cárdenas Palomino y Pequeño García de recibir desde diez años antes pagos del Cártel de Sinaloa operados por él mismo, dichos que hoy son corroborados, al menos en parte, por la acusación de Departamento de Justicia.

Pero esos nombres no son los únicos. En la carta aparecen, entre otros, el ya referido Espinoza Benito que también fue titular de inteligencia de Policía Federal, el de Facundo Rosas que fue coordinador regional, y el de Gerardo Garay Cadena, ex comisionado. Solo este último fue procesado y a la postre liberado por fallas en la indagatoria.

Una herencia maldita

En el sexenio de Vicente Fox, García Luna y Cárdenas Palomino impulsaron un crecimiento inédito en la fuerza de investigación de la entonces PGR. Transformaron a la vieja Policía Judicial Federal hasta convertirla en la AFI, una fuerza de detectives policiales similar al FBI en Estados Unidos.

Para 2006 el estado de fuerza en la AFI llegó a ser de hasta 8 mil agentes, pero luego todo cambió.

En el sexenio de Calderón, García Luna convenció al Presidente de que era necesario crear una nueva Policía Federal con la capacidad de investigación de la AFI, pero independiente y separada de la FGR. El presidente lo avaló.

Así, a la par de que la Policía Federal crecía y captaba la mayor parte de los recursos económicos y tecnológicos, la entonces AFI perdió casi dos terceras partes de sus elementos. Al final del gobierno de Calderón, en 2012, fue renombrada como Policía Federal Ministerial, con apenas 3 mil agentes. Hasta la fecha no ha logrado recobrar su estado de fuerza original.

La Policía Federal, en cambio, llegó a crecer hasta contar con 40 mil efectivos, pero hoy tampoco existe. El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador la extinguió tras consolidarla una corporación corrupta e ineficaz, y en su lugar puso en marcha a la Guardia Nacional de corte militar.

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Coronavirus: qué es la 'COVID incidental' y qué pistas nos da sobre la ola de ómicron

"COVID incidental" es el término que están usando miembros del personal de salud y científicos en Reino Unido para designar a los casos que acuden al hospital por una dolencia distinta, pero una vez allí, descubren que también son portadores del virus.
4 de enero, 2022
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Mientras la ola de ómicron rompe récords de contagios por el mundo, la comunidad científica se apresura a comprender el impacto real de esta última variante de coronavirus.

La evidencia reunida hasta la fecha apuntan a dos cuestiones claras.

La primera, que gracias a la protección de las vacunas, la inmunidad natural y los cambios en el virus, ómicron parece ser menos severa que sus predecesoras.

La segunda, que se transmite tan rápido que su avance sigue siendo un desafío para la salud pública y la recuperación económica.

Reino Unido, debido a su alto número de contagios, su extenso programa de pruebas diagnósticas y capacidad de secuenciación del virus, nos ofrece pistas rápidas y fiables sobre el comportamiento de ómicron.

Y una de las características de esta ola en este país parece ser el peso de los llamados casos de “COVID incidental”, un fenómeno que podría cambiar la forma en que medimos el impacto real de la pandemia.

Pero ¿en qué consisten estos casos?

COVID como causa secundaria

“COVID incidental” es el término que están usando miembros del personal de salud y científicos en Reino Unido para designar los casos de aquellos que acuden al hospital por una dolencia distinta a la provocada por el coronavirus pero que, una vez allí, descubren que también son portadores del virus.

Sala de hospital en Reino Unido.

Getty Images
Cientificos en Reino Unido llaman covid incidental a aquellos pacientes que ingresan al hospital por otra causa que no es coronavirus pero que luego dan positivo en los tests.

Es decir, pacientes que supuestamente están en el hospital “con COVID”, pero no “por COVID”.

Ómicron se extiende tan rápido que un considerable porcentaje de la población, asintomática o no, tiene el virus sin saberlo. Así que es probable que acuda al hospital, por ejemplo, por apendicitis, y que una vez internada dé positivo por coronavirus. En otros casos es posible que se infecten en el propio hospital.

Estos positivos son incluidos igualmente en las cifras diarias de contagios y hospitalizados con el virus.

Datos de la pasada semana sugieren que un tercio de los admitidos en los hospitales de Inglaterra estaban en esta posición.

Esto, debaten políticos y científicos, podría estar ofreciendo una imagen distorsionada del impacto de esta ola.

Pero ¿se trata de una buena o mala noticia? ¿Significa que estamos sobrevalorando la capacidad de infección de esta nueva variante?

Tests positivos alrededor de un teléfono.

Getty Images
Por su amplio programa de pruebas diagnósticas y secuenciación genética, Reino Unido nos ofrece pistas rápidas y fiables sobre el comportamiento de ómicron.

Es pronto para sacar conclusiones y los expertos esperan que con el paso de las semanas el panorama será más claro.

Además, la situación puede variar por países debido a diferencias demográficas y epidemiológicas.

Debate acrecentando

Chris Hopson, director ejecutivo de NHS Providers, la organización de membresía para los fideicomisos del servicio público de salud en Inglaterra, habló sobre el peso de los casos de COVID incidental en un hilo en Twitter a finales de diciembre.

En este advertía, entre otras cuestiones, sobre la mayor proporción de “pacientes asintomáticos admitidos al hospital por otras razones y que luego dan positivo por COVID , lo que algunos están describiendo como “COVID incidental”.

Boris Johnson, primer ministro de Reino Unido.

Getty Images
El gobierno de Reino Unido vigila de cerca el comportamiento de ómicron para decidir si es necesario imponer más restricciones.

Algunos recibieron esta observación como una buena noticia, como una prueba más de la menor gravedad de los casos de ómicron.

Y varios artículos publicados en la prensa británica se preguntaban si llegó el momento de cambiar la forma en la que se mide el impacto de la pandemia.

Si bien los datos muestran que a pesar del récord de contagios las hospitalizaciones por COVID aumentan a un ritmo menor que en otras olas, los expertos consultados por BBC Mundo insisten en que es muy pronto para determinar el impacto potencial de ómicron.

De momento, esta nueva variante está generando varios desafíos.

Menos neumonía, más daño autoinmune

El profesor David Strain, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Exeter en Reino Unido, le asegura a BBC Mundo que ómicron está provocando menos casos de neumonía y que muchos de los pacientes que llegan al hospital no ingresan por COVID como causa primaria.

La neumonía es una de las complicaciones más graves tras la infección por el coronavirus y la causa final de muerte de muchos de los infectados, sobre todo ancianos y pacientes inmunodeprimidos.

Paciente con respiración asistida en un hospital de Reino Unido.

Getty Images
Son menos los ingresados por ómicron que necesitan respiración asistida que los hospitalizados en olas anteriores.

Sin embargo, “no diría que esto es precisamente una buena noticia”, apunta Strain.

La falta de protección de los no vacunados y una mayor probabilidad de reinfectarnos, aunque estemos vacunados, por esta variante conllevan otros problemas.

“Muchos pacientes, sobre todo los más jóvenes, de entre 20 y 30 años, siguen llegando muy enfermos. Son pacientes que evitan la neumonía, pero que sufren la segunda parte de la infección, la que provoca una sobrecarga de problemas inflamatorios como coágulos de sangre o edemas”, explica Strain.

Los pacientes que sufren enfermedades crónicas como la diabetes, problemas cardiovasculares o la colitis ulcerosa, por ejemplo, están más expuestos a este tipo de respuestas autoinmunes.

“Al igual que la gripe, la COVID-19 puede agravar ese tipo de dolencias médicas, así como los problemas en los pulmones, riñones y el cerebro”, le dice a BBC Mundo Julian Tang, virólogo especializado en enfermedades respiratorias por la Universidad de Leicester, también en Reino Unido.

Strain explica que son esos pacientes los que, una vez que entran al hospital, pueden también figurar como casos de COVID incidental.

Vista del Parlamento de Reino Unido.

Getty Images

“Pero aunque ingresen porque su dolencia cardiovascular se haya resentido, si tienen COVID es muy probable que esa infección sea la que haya empeorado su padecimiento previo“, dice Strain.

Como consecuencia, conlleva “una estadía más prolongada en el hospital, un aumento en los ingresos recurrentes y una mayor frecuencia de visitas ambulatorias”, agrega Tang.

En resumen, si bien los casos de COVID incidental parecen excluir complicaciones como la neumonía, estos pacientes siguen suponiendo un desafío derivado del virus tanto para individuos como para los sistemas de salud.

“Es cierto que los casos de COVID incidental no son admisiones directas y no suelen tener neumonía, pero al final son pacientes cuyas enfermedades se han deteriorado definitivamente a causa de la COVID”, explica Strain.

Hospitales comprometidos

Tang enumera otros problemas derivados de la alta tasa de contagios de ómicron y los casos de COVID incidental.

“Esta ola está provocando muchas ausencias del personal sanitario en hospitales debido que a que las vacunas y dosis de refuerzo ofrecen una protección incompleta frente a la variante ómicron”, explica Tang.

Ambulancias en Reino Unido.

Getty Images
Aunque la proporción de covid incidental sea mayor, esto sigue suponiendo una gran presión sobre el sistema sanitario.

“Si no hay suficiente personal, esto repercute de manera indirecta y empeora las perspectivas para los pacientes“, explica.

Por lo tanto, “los casos de COVID incidental siguen siendo importantes desde el punto de vista del control de infecciones y de la salud pública”, añade.

“Estamos viendo un aumento en las personas que acuden al hospital, más bajas de personal sanitario y todo ello aumenta la presión” sobre el sistema de salud, admitió Chris Hopson en una entrevista este lunes con la BBC.

Mientras, el gobierno de Reino Unido, encabezado por el primer ministro Boris Johnson, ha descartado la aplicación de más medidas restrictivas, alegando que ómicron es “claramente más leve” que otras variantes.

Sin embargo, ha reconocido que la presión sobre los servicios de salud pública será “considerable” en la próximas semanas y que sería un “disparate” pensar que la pandemia se ha acabado.


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