‘No había vivido en la calle’: perder casa y empleo por culpa del COVID-19
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Alberto Pradilla

‘Nunca había vivido en la calle’: perder la casa y el empleo por culpa del COVID-19

La Ciudad de México dispone de tres programas para ayudar a las personas que quedaron sin trabajo en plena emergencia de salud, aunque todos ellos están ya cerrados.
Alberto Pradilla
Por Alberto Pradilla y Eréndira Aquino
15 de julio, 2020
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Andrés Hernández Tolentino pasó su primera noche en la calle el 17 de mayo de 2020. Después de una semana sin pagar los 1,500 pesos por los que rentaba cada mes un cuarto en Peñón Viejo, Iztapalapa, sus caseros le dieron el ultimátum: o saldaba sus cuentas o hacía las maletas. No tuvo otra opción. Recogió sus cosas del que fue su cuartito, de cuatro por cinco metros, se metió en el metro y se dirigió al Hospital General, en la colonia Doctores. Con él iban su esposa y sus dos hijos, de 14 y 8 años.

Aquella noche comenzó su vida en la calle. Pasaron de tener una habitación en la que cobijarse, una cama en la que dormir y armarios en los que guardar sus pertenencias a acostarse en el suelo y cargar con lo poco que les quedaba en una bolsa de plástico. 

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Sin un lugar en el que almacenar sus posesiones, se quedaron con lo imprescindible —algo de ropa, unas cobijas—, y se desprendieron del resto. 

“Es muy difícil. Nunca había vivido en la calle. No descanso bien. Me quedo velando por mi familia. Llueve y hay que correr para buscar refugio y no mojarse”, dice el hombre de 50 años, escasa estatura, bigote ralo y rasgos indígenas. Sus abuelos, oriundos del norte del estado de Hidalgo, hablaban nahua, pero la lengua no llegó hasta los nietos. Él heredó una casita en el campo y el español para comunicarse.

Pasan algunos minutos de las 13 horas en el jardín Ramón López Velarde, en la colonia Roma, frente al Hospital General. Hernández Tolentino viene a recibir almuerzo en el comedor móvil que opera la secretaría de Inclusión Social y Bienestar. Hay una larga fila de personas que ahora viven en las inmediaciones. Son como caracoles que cargan con su casa en una bolsa de plástico. 

Antes, en esta caseta se ofrecía comida para familiares de los pacientes ingresados en los centros médicos que esperaban en el exterior. Ahora reparten diariamente entre 63 mil y 65 mil comidas. El coronavirus incrementó la población que se quedó en la calle y disparó el número de personas que, aún con un techo bajo el que refugiarse, no tienen ni para comer. 

“Ahorita hemos encontrado en estas últimas semanas gente que no vivía en la calle, que no tenía experiencia de vivir en la calle”, explica Enrique Hernández, director de la asociación civil El Caracol, con 26 años de trabajo con poblaciones en situación de calle. 

Según la Secretaría de Bienestar de la Ciudad de México, 6 mil 754 personas forman parte de la población callejera en la capital. De ellos, 4 mil 354 duermen en la calle y otros 2 mil 400 en diferentes albergues. Pero estos son datos desfasados. Forma parte de un informe de 2017. No hay datos de los últimos años, ni sobre la emergencia que ha provocado la crisis por el nuevo coronavirus.  

Los técnicos de esa institución han detectado a 20 familias en la situación de Hernández Tolentino, que con la crisis económica actual se quedaron sin trabajo e ingresos y no tuvieron más opción que dejar su vivienda. A ellos los enviaron a un albergue, pero son, de lejos, los únicos casos así. La familia de Andrés, por ejemplo, no estaba en las estadísticas oficiales. Él nunca se planteó la idea de acudir a un albergue, optó directamente por la calle. Es posible que existan muchas más personas en su misma situación, gente que perdió todo por la crisis provocada por la pandemia y está durmiendo a la intemperie sin recibir ningún apoyo. Gente que no existe para las instituciones. 

Personas en situación de calle en parque de CDMX

Personas en situación de calle en parque de CDMX

Si hubiese optado por acudir al albergue, el local de la calle Coruña, en la colonia Viaducto Piedad, sería su primer destino. Ahí es a donde los técnicos de la secretaría de Bienestar de la Ciudad de México lo hubieran enviado antes de ser valorado y derivado a otro centro, donde posiblemente lo hubieran separado de su familia. 

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El albergue de Coruña cuenta con espacio para 650 personas, pero lo sobrepasó durante los primeros meses la contingencia por el coronavirus. Por ello, el gobierno habilitó dos albergues emergentes: uno en el Deportivo Reynosa de la alcaldía Azcapotzalco, para 700 hombres adultos; y uno más en Villa Mujeres, para 45 adultas que podrían compartir espacio con uno de sus hijos menores de edad, en la Gustavo A. Madero.

Hernández Tolentino y su familia prefirieron sus cobijas en el exterior del Hospital General. Aunque reconoce las dificultades de su decisión. 

“La calle es muy peligrosa, hay que estar pendiente. Te meten un susto, aunque no tengas nada. Es lo que más desespera”, dice. 

El primer día que pasó a la intemperie no pudo dormir ni un minuto. Estaba asustado. Nunca había tenido contacto con una población a la que antes observaba desde lo lejos. 

Hernández Tolentino durante 13 años acudió religiosamente a su puesto de trabajo en una serigrafía ubicada cerca del metro Chabacano. Cada semana se embolsaba unos 2 mil pesos, aunque no tenía contrato ni prestaciones. Le pagaban dependiendo de la producción. Con eso cubría la renta, la ropa y la comida de su esposa y sus hijos. No tenían lujos, pero vivían en paz, hasta que llegó la pandemia y todo se vino abajo. 

El 28 de febrero se detectó el primer caso de COVID-19 en México. El 18 de marzo se registró el primer muerto y un día por esas fechas, Hernández Tolentino fue trabajar y se encontró con la puerta cerrada. 

13 años en la empresa para que el patrón no se molestase en llamarle por teléfono y avisarle que iban a cerrar. Él y otros seis compañeros se quedaron en la calle y sin un peso de compensación. Ha regresado a ver si quizá puede recoger las cosas que dejó, pero el local sigue cerrado. Quién sabe si algún día volverá a abrir o si le llamarán. 

Buscar trabajo cuando vives en la calle 

“Espero buscar trabajo. Pero ahorita está muy difícil”, explica.

Su rutina es una peregrinación en busca de trabajo y comida. Se levanta a las seis de la mañana, lo despiertan las pisadas de los transeúntes que ya caminan en las inmediaciones del pabellón Cuauhtémoc, donde se acuesta cuando llueve. Ahí, justo al lado del lugar en el que despliega sus cobijas, hay una tiendita de venta de dulces y periódicos. Una de las primeras cosas que Hernández Tolentino hace al despertar es mirar las ofertas en los periódicos. Dice que le gustaría un puesto en una taquería, como aquella en la que trabajaba cuando conoció a su esposa hace más de 15 años. Qué lejos quedan esos tiempos, cuando enamoró a la mesera y se fueron a vivir juntos. Quién iba a imaginar que terminarían así: él durmiendo en la calle y ella refugiada en Hidalgo para que sus hijos no tengan que pasar por esta miseria. 

“Preparo parrilladas, tortas, hamburguesas… me gustaría volver a trabajar en una taquería. Puedo hacerlo. Pero tengo 50 años. Y son 50 años”, lamenta. La edad es una losa cuando se busca trabajo. Además, teme que su aspecto pueda ser un problema. Duerme en la calle y es difícil disimularlo, pero existen baños públicos con regaderas. Como la vez que se presentó en una taquería ya con el uniforme de mesero listo para empezar. El puesto lo habían ocupado quince días antes. 

Mientras continúa la búsqueda de un empleo sólido, los mercados le ofrecen la opción de ganarse unos pesos con los que resolver el día. Ese es su segundo destino de la jornada. Allí se ofrece para cortar chiles, cebollas, colocar mesas o barrer. Se lleva unos tacos y algunas monedas a voluntad. Nada con lo que poder rentar un cuarto. Ni se le acerca. 

“Yo nunca había estado así”, repite. 

Ahora comparte con más de un millón de personas la desgracia de perder su empleo a causa del coronavirus. Solo en la Ciudad de México son 197 mil puestos de trabajo formales, según datos del mes de junio de la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum. La Secretaría de Trabajo de la capital explica que es imposible calcular cuántos puestos han desaparecido en el mercado informal. 

“No tengo ningún apoyo del gobierno”, se queja. Son las 10 de la noche y llueve. Ha colocado sus cobijas en una de las cubiertas del Pabellón Cuauhtémoc. A su alrededor hay un grupo de compañeros que también dormirán en la calle esa noche. Pronto serán muchos más. Mañana madrugará para seguir buscando un empleo que cada vez parece más difícil conseguir. 

Andrés acostado en Pabellón Cuauhtémoc donde duerme cuando hay lluvia

Andrés acostado en Pabellón Cuauhtémoc donde duerme cuando hay lluvia

La Ciudad de México dispone de tres programas para ayudar a las personas que quedaron sin trabajo en plena emergencia de salud, aunque todos ellos están ya cerrados. Hernández Tolentino jamás escuchó de su existencia. 

El primero es el seguro de desempleo, que para este año contaba con un presupuesto de 500 millones de pesos. Antes se ofertaba por seis meses, pero con la contingencia se redujo a dos para poder abarcar a más gente. Los beneficiarios reciben 2 mil 641 pesos y están inscritas 48 mil 801 personas. 

El segundo se puso en marcha cuando el COVID-19 llegó a México. Se trata de mil 500 pesos a quienes perdieron su empleo debido a la pandemia. Está previsto que se pueda apoyar a 33 mil 333 personas con un presupuesto de 100 millones de pesos. 

El último es el “Apoyo Emergente a Personas Trabajadoras No Asalariadas residentes y a Personas Trabajadoras Eventuales”, que está destinada a dos tipos de población. Por un lado, quienes trabajan en empleos informales, pero registrados ante la secretaría de Trabajo, como organilleros, boleros o los mariachis de Garibaldi. El segundo para trabajadores eventuales que vieron sus ingresos afectados por la COVID-19. 

En ambos casos reciben 1,500 pesos mensuales durante dos meses. Su presupuesto es de 30 millones 792 pesos y en su registro se incluyó a 2 mil 700 personas en la primera modalidad y 7 mil 564 en la segunda. 

Andrés con cubrebocas

Hernández Tolentino y su familia prefirieron sus cobijas en el exterior del Hospital General. Aunque reconoce las dificultades de su decisión.

En principio, Hernández Tolentino podía encajar en la tercera opción. 

“No suelen dar facilidades para que esta población solicite estas ayudas”, se queja Enrique Hernández, director de Caracol. Su apoyo es el que permite que algunas de estas personas sobrevivan. Semanalmente realizan salidas para informar a la población callejera del COVID-19 y ofrecerles información sobre la pandemia y las medidas higiénicas. También reparten algunas despensas, siempre menos de las que les gustaría. Antes no daban comida directamente, pero cambiaron de estrategia ante la gravedad de la crisis provocada por el coronavirus. 

Explica el activista que uno de sus objetivos es que las personas que recién quedaron en situación de calle puedan tener pronto un lugar en el que dormir. Dice que es importante que no se acostumbren. Alguien que duerme por primera vez al raso puede pensar que la experiencia ha sido horrible. Un mes después, ese mismo alguien puede verse a sí mismo satisfecho por sobrevivir. Y pensar que no se está tan mal, que puede aguantar un tiempo más. 

Por eso Hernández Tolentino quiere salir de la calle lo antes posible y por eso se ha separado su familia. Porque tiene miedo de que les ocurra algo y tampoco quiere que se acostumbren. 

Desde los primeros días de calvario su esposa y sus hijos conocieron a un grupo religioso que les ofrecía un techo durante el día. Ella les apoyaba en la cocina y los menores podían ver la televisión sin estar expuestos. Llegó un día en el que les dijeron que no podían seguir así, que la calle no es lugar para una adolescente de 14 años y un niño de 8. Así que les ofrecieron pagarles el traslado a Hidalgo para refugiarse en la casa familiar. Aceptaron y se fueron la mujer con los hijos. Él se quedó en la capital. “Tengo que encontrar trabajo para que nos volvamos a encontrar”, dice. 

Aquella noche, cuando supo que su familia estaría a salvo, fue la primera en la que Andrés Hernández Tolentino durmió tranquilo. 

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Elecciones en EU: ¿podría Donald Trump ir a la cárcel si pierde las elecciones?

El mandatario podría estar jugándose en las urnas algo más que su futuro político. Te explicamos por qué.
3 de noviembre, 2020
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Para Donald Trump, una derrota en las elecciones de este martes no sería solamente una humillación política. El mandatario arriesga mucho más.

Las investigaciones en torno a los escándalos que han ocurrido durante su gestión sugieren, según expertos, que el mandatario puede enfrentar una compleja situación financiera personal, además de procesos penales, si tiene que salir de la Casa Blanca el próximo 20 de enero.

Hasta el momento, frente a la posibilidad de una investigación criminal en su contra, lo protege la inmunidad que le brinda el cargo. Los presidentes en ejercicio no pueden ser procesados.

Lo que lleva a la pregunta obvia: ¿qué pasa si ya no es el presidente?

La inmunidad en el cargo

“Creo que hay la posibilidad de que se le imputen cargos criminales a Trump”, dice a BBC Mundo Bennett Gershman, catedrático de derecho constitucional en la Universidad de Pace, quien se desempeñó por una década como fiscal en el estado de Nueva York.

“Los cargos que el presidente podría enfrentar tienen que ver con fraude bancario, fraude de impuestos, lavado de dinero, fraude electoral”, entre otros, asegura Gershman, citando “toda la información que ha salido a la luz en los medios sobre su conducta financiera”.

Como si esto fuera poco, Trump enfrenta grandes riesgos financieros, incluyendo, según informes de los medios estadounidenses, una enorme deuda personal y dificultades con su imperio empresarial.

El diario The New York Times ha dicho que en los próximos cuatro años Trump tiene que pagar más de 300 millones de dólares en préstamos, en momentos en que algunas de sus inversiones personales no pasan por el mejor momento.

Y si Trump sale derrotado en los comicios, tal vez sus acreedores sean menos flexibles a la hora de exigir el pago de esas obligaciones.

La Casa Blanca ha actuado como una barrera frente a los problemas legales y financieros del mandatario, advierten sus críticos. Si esa muralla desaparece, Trump enfrentaría días difíciles.

No admite faltas

El presidente asegura haber sido víctima de numerosas conspiraciones por parte de sus enemigos para acusarlo falsamente de haber cometido crímenes antes y durante su tiempo en el poder.

Joe Biden.

Reuters
Trump ha acusado repetidamente a Biden sin presentar pruebas.

Trump niega de manera tajante haber cometido cualquier falta.

Y subraya el haber salido airoso de las investigaciones que ha llevado a cabo el Departamento de Justicia en torno a los numerosos escándalos que han enmarcado su gestión, así como del juicio político que le realizó el Congreso a comienzos de este año.

Pero todos esos procesos partían de la base de la inmunidad presidencial frente a los procesos penales. El Departamento de Justicia ha dicho en repetidas ocasiones que un mandatario no puede ser procesado penalmente mientras ocupe el cargo.

No obstante, esas investigaciones podrían ser la base de nuevas actuaciones judiciales contra Trump, le dicen expertos a BBC Mundo.

“Ya sabemos que puede enfrentar acusaciones de fraude electoral, ya que el fiscal federal del Distrito Sur de Manhattan en efecto ya nombró como co-conspirador junto a Michael Cohen“, asegura Gershman.

El experto se refiere a la investigación federal contra el exabogado personal de Trump, Cohen, quien en 2018 se declaró culpable de irregularidades electorales durante la campana de 2016 relacionadas con pagos efectuados a la actriz porno Stormy Daniels, quien alega haber tenido un affaire con el presidente.

Stormy Daniels.

Reuters
La actriz Stormy Daniels estuvo en el centro de uno de los escándalos que afectaron al presidente.

Durante la investigación contra Cohen, la fiscalía describió en su acusación oficial a un entonces candidato presidencial, al que designaron como “Individuo 1”, supuestamente relacionado con esa actividad criminal. Los medios estadounidenses asumieron universalmente que la Fiscalía se refería en ese momento a Trump.

En su momento, el hecho fue noticia nacional. El 7 de diciembre de 2018, The New York Times titulaba: “Fiscales dicen que Trump dirigió pagos ilegales durante la campaña”.

Agregaba el diario que “fiscales federales dijeron el viernes que el presidente Trump dirigió pagos ilegales para evitar un potencial escándalo sexual que amenazaba sus posibilidades de ganar la Casa Blanca en 2016, poniendo el peso del Departamento de Justicia detrás de las acusaciones previamente realizadas por su exabogado”.

El informe Mueller

Gershman dice que cabe suponer que “pueda haber otros cargos por obstrucción a la justicia” a partir de los resultados del llamado informe Mueller.

En 2019, el fiscal especial Robert Mueller entregó su investigación sobre las acusaciones de interferencia del gobierno ruso en la campaña presidencial estadounidense de 2016.

Dicho informe no encontró prueba concluyente de que la campaña del entonces candidato Trump estuviera deliberadamente colaborando con el gobierno ruso.

Sin embargo, el informe documentó una serie de actuaciones controversiales del mandatario en respuesta a esa investigación.

Mueller manifestó entonces que el Congreso estadounidense debía decidir si le seguía un “impeachment” o juicio político a Trump por supuesta obstrucción de justicia, ya que el presidente tenía inmunidad frente a los canales normales de la justicia penal.

Robert Mueller.

EPA
Hay expertos que creen que Trump podría afrontar cargos derivados de la investigación que llevó a cabo el fiscal especial Robert Mueller.

En esa ocasión, el Congreso se abstuvo de abrirle un juicio político a Trump, aunque sí lo hizo meses después por un caso distinto, esta vez ante versiones que decían que el presidente había intentado manipular al gobierno de Ucrania para que investigara supuestas irregularidades cometidas por Hunter Biden, el hijo del candidato demócrata Joe Biden.

En diciembre de 2019 la Cámara de Representantes, de mayoría demócrata, acusó formalmente a Trump, pero en febrero siguiente, el Senado, de mayoría republicana, lo absolvió.

Trump fue apenas el tercer mandatario estadounidense en la historia en enfrentar un “impeachment”.

Cargos locales y federales

Como presidente, Trump podría en principio autoperdonarse por cualquier violación a las leyes federales que hubiese cometido, aunque no hay antecedentes en la historia del país de una situación semejante.

En cambio, sí ha ocurrido que un mandatario que enfrenta la posibilidad de cargos criminales salga del cargo y sea perdonado por su sucesor.

Ese fue el caso en 1974 cuando Richard Nixon renunció después del escándalo de corrupción de Watergate, y su entonces vicepresidente y sucesor en el cargo, Gerald Ford, le extendió un perdón judicial total.

Richard Nixon.

BBC
Nixon es hasta ahora el único presidente en la historia de EE.UU. que ha recibido un perdón total.

“Hay muy poca probabilidad de que Trump enfrente cargos federales, pues es de esperar que se autoperdone”, le dice a BBC Mundo Norman Ornstein, experto del American Enterprise Institute, un centro de investigación política de línea conservadora.

En un escenario de derrota electoral, si Trump no se atreve a autoamnistiarse, dice Ornstein, el mandatario tendría algún incentivo para renunciar al cargo antes del final de su periodo, que se cumple el 20 de enero de 2021.

En ese escenario hipotético extremo, el actual vicepresidente Mike Pence quedaría a cargo para completar los días finales del periodo presidencial y podría perdonar a Trump por anticipado de cualquier crimen a nivel federal que hubiese podido cometer.

Pero las potenciales dificultades legales de Trump no terminan ahí, asegura Ornstein.

Los medios estadounidenses han estado ventilando la posibilidad de que, aparte de cargos federales, Trump también enfrente cargos criminales a nivel local, le recuerda a BBC Mundo el exfiscal Gershman.

Carteles frente a la Casa Blanca.

Reuters
Detractores del presidente han colgado carteles que piden su arresto frente a la Casa Blanca.

El 1 de noviembre, la publicación The New Yorker se unía a muchos otros medios estadounidenses discutiendo un escenario en el que el fiscal de Nueva York, Cyrus Vance, quien ha estado investigando los negocios privados del presidente, podría eventualmente acusarlo de irregularidades relacionadas con su pasado como magnate inmobiliario.

En eso concurre Ornstein, quien le dice a BBC Mundo: “Hay investigaciones agresivas en curso por el Fiscal General del Estado de Nueva York, y el Fiscal del Distrito de la Ciudad de Nueva York sobre irregularidades de impuestos y de otra índole potencialmente cometidas antes de que Trump fuese presidente”.

A diferencia de los cargos federales, los de nivel local no son susceptibles de perdón presidencial.

Una decisión política

Los expertos insisten en que no hay seguridad de que las autoridades decidan emprender estas acciones en contra de Trump, incluso si creyesen que existe evidencia para justificarlo.

Ya en 1974 el gobierno de la época decidió que enjuiciar a Nixon solo extendería la agonía del escándalo de Watergate, y, alegando conveniencia nacional, prefirió perdonarlo.

Al respecto, Joe Biden dijo el pasado 6 de agosto en una entrevista que, en caso de ser elegido presidente, ni se opondría ni impulsaría un proceso penal contra Trump, dejando esa decisión enteramente a los fiscales del Departamento de Justicia.

Si esos fiscales federales, o los del estado de Nueva York, finalmente deciden adelantar un proceso contra Trump, no será una situación que se resuelva rápidamente.

Por cuenta de los litigios previos, un juicio fácilmente podría tomar meses o incluso años en comenzar, le dice Gershman a BBC Mundo

Si fuera encontrado culpable por cargos como los que se han discutido, Trump podría enfrentar una pena “de años, no de meses” en prisión, advierte el académico.

“La ley aplica para todos”, recuerda Gershman.

Ornstein, por su parte, sospecha que los fiscales de Nueva York seguirán adelante con sus investigaciones contra Trump.

“No creo que terminen sus esfuerzos contra Trump cuando deje su cargo. Trump es vulnerable, y lo sabe”, le dice Ornstein a BBC Mundo.

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BBC

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