Tras 6 meses en paro contra el acoso, alumnas de Economía UNAM logran sus reclamos
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Itxaro Arteta

Tras 6 meses en paro contra el acoso, alumnas de Economía de la UNAM logran sus demandas

Hay cumplimiento o compromisos de las autoridades escolares en 27 de los 32 puntos que plantearon en su pliego petitorio.
Itxaro Arteta
28 de agosto, 2020
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Cuando empezó el año, justo antes de que llegara a México la pandemia de COVID-19, la UNAM enfrentaba una tormenta de protestas contra el acoso sexual que habían llevado a paros temporales a más de 10 facultades, escuelas preparatorias, CCH o hasta planteles de otros estados. La última en tomar esta acción fue la Facultad de Economía, el 28 de febrero, pero las alumnas han resistido toda la contingencia sanitaria sin ceder hasta que se cumplieran sus demandas.

Seis meses después, este viernes a las 10 de la mañana entregaron las instalaciones, de las que consideran que salen victoriosas: hay cumplimiento o compromisos de las autoridades escolares en 27 de los 32 puntos que plantearon en su pliego petitorio.

Lee: Fuera acoso de la UNAM: estudiantes exigen atender casos de violencia de género y hostigamiento sexual

La colectiva Mujeres Organizadas de la Facultad de Economía (MOFE) concede a Animal Político una entrevista dentro del edificio en el que han permanecido atrincheradas, en medio de una UNAM vacía por las medidas sanitarias que cambiaron la totalidad de las clases al ámbito virtual. En el patio central hay carteles y pintas con los nombres de los profesores señalados por agresiones sexuales, unas tiendas de campaña en una orilla, sin destrozos ni basura, y una mesa con sillones alrededor de la que se reúnen a dialogar siete chicas con las caras tapadas para proteger su identidad.

Su mayor orgullo al momento de la entrevista es que les acaban de confirmar que el próximo semestre, que iniciará en línea el 21 de septiembre, ya no será profesor Luis Arizmendi, un hombre contra el que hay multitud de acusaciones de ser presuntamente líder de una secta político-sexual desde hace décadas, para la cual coopta a estudiantes tanto en la UNAM como en el Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Foto: Itxaro Arteta

La salida de este profesor se suma a dos destituciones que hubo cuando empezó el movimiento de las mujeres, después de que durante años, se lamentan, las denuncias fueron ignoradas. Todavía les duele recordar el caso de Pedro Burrola, exsecretario de asuntos estudiantiles que acumuló cuatro denuncias por violación en 2018.

Una de las jóvenes presentes, a quien identificaremos como A., fue su víctima. Cuando una chica de Guadalajara hizo público en redes sociales que la había violado, pero las autoridades legales habían perdido su carpeta de investigación, A. y otras se animaron a contar que habían vivido la misma experiencia con él y lo denunciaron ante la Unidad para la Atención y Seguimiento de Denuncias de la Universidad (UNAD). Con la presión alrededor del caso, un día les informaron que Burrola había renunciado, pero entonces, como ya no tenía relación con la UNAM, no había nada que investigar ni sancionar.

Este año, la Facultad transparentó las cifras de denuncias por violencia de género recibidas: 42, de las que alrededor de 20 fueron desechadas, algunas sin mayor explicación, y otras 20 sí tuvieron sanción, pero encontraron casos en los que una acusación violación se castigó con tan solo 8 días de suspensión.

Cuando las mujeres organizadas hicieron su propio recuento a través de tendederos, publicaciones en redes sociales y un formulario de Google, juntaron 83 denuncias contra 56 hombres: 8 trabajadores, 24 alumnos y 24 profesores o profesores adjuntos, quienes acumulaban las quejas más graves y repetitivas—uno de ellos hasta con 10—.

Las jóvenes aseguran que para muchas, ir a estudiar a esa Facultad era soportar un clima de machismo, acoso y opresión constante. Con alrededor del 70% de estudiantes varones, dicen, muchas veces sus opiniones eran minimizadas y soportaban comentarios como que la Economía es para hombres. También vieron con asombro que mucha de la violencia machista está normalizada, incluso por las mujeres: B. cuenta que tuvo una profesora que esperó a que pasaran las dos semanas en las que se pueden hacer cambios de grupo para presentarles a su adjunto y entonces les advirtió que tenía cinco denuncias de abuso sexual, pero que ella no las creía, porque habían sido de sus exnovias.

Por todo eso fue que cuando explotó la ola feminista en la universidad decidieron hacer su propio paro y elaborar un pliego petitorio, y lanzarse a defenderlo hasta el final.

Logros feministas y resistencias de profesores

Las estudiantes están cansadas de la impunidad. Por eso, algunas de sus exigencias fueron para romperla, y fueron también las que más desgaste provocaron en las mesas de negociación que sostenían con el director Eduardo Vega y otros funcionarios universitarios.

El punto 9 de su pliego pedía que haya suspensión provisional de quien esté acusado de una agresión sexual grave a una alumna, por máximo tres meses, en lo que se investiga. Lograron que se aprobara, pero profesores, como el propio Arizmendi, con apoyo del Sindicato de Trabajadores de la UNAM, enviaron una carta al director exigiendo desconocer ese acuerdo, con el argumento de que eso violaría sus derechos laborales y hasta legales, al no respetar el principio de presunción de inocencia.

Otro compromiso que pidieron en el punto 15 fue la reapertura de investigaciones en casos graves que tuvieron sanciones mínimas, o en contra de acusados en el pasado que quieran volver a ser parte de la comunidad universitaria. Las chicas dicen que lo que pasó con Burrola no fue una excepción: que hay profesores que se van de año sabático cuando tienen acusaciones de violencia sexual, o son cambiados de plantel, o alumnos que se fueron sin titularse y regresan a terminar sus trámites como si nada hubiera pasado. Un mes duró esa negociación, pero al final lograron que la Facultad aceptara.

También tendrán su propia Unidad de Género para garantizar que a partir de ahora los procesos de denuncia se lleven correctamente, con garantías para la víctima y no protección para el victimario, ya que antes solo existía un área jurídica pero sin apoyo a las víctimas y que, acusan, no era independiente. La Unidad estará integrada por una abogada especialista en perspectiva de género, victimológica y feminista; una trabajadora social y una psicóloga, con las mismas características. Además se está trabajando un acuerdo con la Facultad de Medicina para que también las alumnas puedan tener acceso a servicios ginecológicos.

Otro punto importante para ellas, después del acoso que dicen haber sufrido cuando empezó el movimiento, es que les van a garantizar un espacio físico seguro que será exclusivo para mujeres, donde puedan organizarse y apoyarse.

Y sobre todo, las alumnas están convencidas de que más allá de las medidas formales, se inaugura una nueva etapa en esta Facultad, porque demostraron que ya no se van a dejar.

“Nosotras ya no vamos a ver a nuestros compañeros de clase como antes. Ya los vamos a ver con cada comentario machista que hicieron cuando tomamos la facultad, los vamos a reconocer por los mensajes que enviaron a un chat de WhatsApp. A los profesores también, por cada comunicado que sacaron para amenazarnos. Ya las cosas van a dar un giro, esperemos para bien, y esperemos que a nosotras nos afiance, nos comunique y nos junte”, afirma B.

Itxaro Arteta

Seis meses de paro físico, mientras había clases en línea

Las mujeres de Economía tomaron la Facultad el 28 de febrero y tan solo tres semanas después, se suspendieron las clases presenciales por la epidemia de COVID-19, así que como si no pasara nada en las instalaciones, las autoridades escolares organizaron clases en línea, por lo que pese a lo largo del paro, no se perdió el semestre.

Aun así, ellas decidieron mantenerse ahí físicamente. Vieron que otros planteles que llevaban más meses de lucha fueron dejando ese modo de protesta por la propia inseguridad que implicaba, como ocurrió en la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), que después de haber iniciado el paro el 4 de  noviembre de 2019, las alumnas entregaron las instalaciones el 14 de abril, cinco meses después, con la decepción de que sus demandas no estaban cumplidas.

En Economía fueron alrededor de 30 las que se mantuvieron hasta el final, provenientes de distintas generaciones y distintas colectivas, pero que terminaron perfectamente organizadas. Empezaron a rotarse en periodos de permanecer en la Facultad y luego ir a sus casas, para tratar de reducir el riesgo de contagiarse y contagiar a sus familias. A lo largo de los meses, el plantón se convirtió en su “segunda casa”, dicen.

Sufrieron distintas agresiones a lo largo del tiempo. De entrada, el primer fin de semana el director las desconoció como alumnas de la Facultad, a pesar, dicen, de que en diálogos previos habían hablado sin taparse la cara.

Otros estudiantes opositores crearon un grupo de WhatsApp donde supuestamente se iban a organizar para sacarlas. Metieron a tantas personas que al final a ellas les llegaron capturas de pantalla de todo lo dicho: amenazas de agarrarlas a golpes, comentarios misóginos, llenos de palabras altisonantes, humillantes, y con expresiones de superioridad masculina. Al final hubo mujeres externas a la organización que fueron a hacer una cadena de paz para impedirlo y el propio director reconoció como legítimo su movimiento.

Les tocó encontrar excremento humano en la puerta. Escuchar varias veces que alguien se había saltado al techo del edificio y estaba merodeando. Además de los comunicados de profesores atacándolas y rechazando los acuerdos que iban logrando con la dirección.

Pero también tuvieron momentos que las hacen soltar risas y palabras cariñosas, que se convirtieron en una experiencia para toda su vida, explican. Compartir sus historias, apoyarse a sobrellevar sus propios procesos de adquirir conciencia sobre todas las violencias que han vivido. Recibir donaciones de comida de gente que incluso les pide que no vayan a revelar que las ayudaron, pero las apoyan. Y mil recetas inventadas a partir de aquello que tenían para alimentarse aunque no combinara.

“Aquí fue como tener una segunda casa”, dice C. “Tenemos los cuidados, nos procuraron. El entorno, vivir entre mujeres, es distinto. Siento que hay mayor confianza, apertura, te sientes segura, te sientes acompañada. Y yo si noto la diferencia del principio a ahorita, esos tejidos, esa responsabilidad, esos cuidados cotidianos de quien cocina, quién lava, no nos peleamos, hacer algo es para todas. Y es algo que en otros espacios no se tiene”.

Cansadas pero satisfechas, las Mujeres Organizadas de la Facultad de Economía levantarán la toma de instalaciones que están seguras dejará un mejor panorama para las próximas generaciones de alumnas.

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Cómo es la estrategia del triple confinamiento y qué tan efectiva es para contener el COVID

En la región india de Kerala se implementó una estrategia que incluye la vigilancia estricta de ciertos sectores con tres premisas para contener la propagación del virus, después de un rebrote alarmante de casos en las últimas semanas.
Getty Images
21 de julio, 2020
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La pandemia del covid-19, que ha causado más de casi 15 millones de contagios y más de 600,000 muertes, ha llegado indistintamente a casi todas las regiones del planeta, pero los países han aplicado estrategias distintas para combatir la expansión del virus en sus territorios.

Mientras algunos prefieren confinamientos severos y cierre de fronteras, otros han optados por medidas más sectorizadas.

Y uno de los casos más llamativos es la estrategia que utilizó la región de Kerala, en la costa suroeste de India: lo han llamado el “triple confinamiento”.

“Es una aproximación sanitaria que toma varios elementos que se han implementado separadamente en otras regiones de India y tiene como objetivo combatir el virus en ciudades densamente pobladas”, explica el periodista del servicio indio de la BBC Inram Qureshi.

Y aunque el modelo se había aplicado primero en abril y mayo, lo cierto es que un grave resurgimiento de casos en los primeros días de julio obligó a las autoridades a introducir esta medida de nuevo.

El gobierno estatal reportó transmisiones locales del virus en las comunidades costeras, en lo que constituye la primera admisión de este tipo de contagios por parte de funcionarios de cualquier estado de India desde el comienzo de la pandemia.

“El real aumento en Kerala está sucediendo ahora. El virus había sido frenado anteriormente en una situación controlada, cuando se cerraron las fronteras del estado”, le dijo a la BBC Lal Sadasivan, un especialista en enfermedades infecciosas que trabaja el tema desde Washington DC.

Por eso, el estado indio decidió recurrir a un modelo que le había dado buenos resultados, al menos en los papeles. Pero, ¿en qué consiste? ¿Y es realmente efectivo?

Mucha gente, poco espacio

Una de las principales variables que tienen que analizar las autoridades de cualquier país a la hora de establecer las medidas de protección es la densidad poblacional.

En líneas generales (y aunque hay excepciones), una mayor concentración de habitantes por espacio entraña mayor riesgo de contagio. Por eso India, un país con cerca de 1.300 millones de personas, ha tenido un desafío importante.

Hasta este martes, y de acuerdo al análisis que realiza el John Hopkins Institute, el país asiático contabilizaba 1 millón 155,338 casos y más de 28,000 muertos por el nuevo coronavirus.

Policía haciendo controles.

Getty Images
Una de las principales características del triple confinamiento es el control de la policía en las zonas cerradas.

En las últimas semanas ha visto un resurgimiento en los contagios, lo que llevó a varias regiones a tomar decisiones localizadas para evitar la propagación.

Kerala entre ellas.

Esta pintoresca región costera, con 34 millones de habitantes, tuvo en principio pocos casos en comparación con otras zonas del país.

Tardó 110 días en reportar sus primeros mil contagios, un logro a los ojos de las autoridades. Pero a mediados de julio, reportaba alrededor de 800 infecciones por día, con un total de 12,000 enfermos y 43 muertes, todavía notoriamente por debajo de otras regiones del país.

Y el estado quiere protegerse frente al avance del virus cueste lo que cueste.

“El triple confinamiento sirve a ese fin, es un proceso de gestión por etapas y muy vigilado por la policía. Primero por sectores, después se focaliza en la casa o el apartamento donde se registra un caso positivo y por último en las personas contagiadas”, señala Qureshi.

El ensayo de Kerala

El pasado 6 de julio, el gobierno regional y la policía local pusieron en vigor este triple plan que ya habían ensayado previamente para contener el virus, durante el primer crecimiento de la curva.

De acuerdo a las autoridades sanitarias de Kerala, el nuevo pico se registró al aliviar las medidas de confinamiento después de que lograron aplanar la curva, en mayo.

No es casual, señalan los expertos: alrededor del 17% de la población económicamente activa de Kerala trabaja fuera del estado y casi medio millón de trabajadores regresaron desde los países del Golfo y otras partes de la India una vez se abrieron las fronteras.

Así, se vieron obligados a utilizar otra vez la estrategia del triple cierre.

Liderado por la policía y aplicado inicialmente en la capital del estado, Thiruvananthapuram, se trata de una medida de tres pasos que intenta contener el virus en medio de una área metropolitana y condados cercanos, en los que hay una población cercana a los nueve millones de habitantes (y que está bajo una oficina administrativa que se conoce como la Thiruvananthapuram Municipal Corporation).

El primer paso, que la policía ha llamado ‘Bloqueo 1’ y que fue impuesto desde el primer día del confinamiento, fue evitar que la gente se moviera dentro del distrito que ha sido cerrado”, señaló Qureshi.

En este caso, el triple confinamiento fue aplicado a ciertos distritos de los 100 que tiene el área metropolitana bajo la Thiruvananthapuram Municipal Corporation, donde se registraron más nuevos contagios.

“La policía bloqueó vías, instaló barricadas y no permitió la salida ni la entrada de personas de esos distritos. Además, se suspendió el transporte público. Y se invitó a la gente a quedarse en sus casas”.

El segundo paso, denominado “Bloqueo 2”, se activa cuando se confirma que un vecino da positivo de COVID-19: la casa del paciente se declara como “zona de contención”.

Esto significa que todas las personas que viven en ese espacio no pueden salir de la vivienda, deben guardar una cuarentena de 14 días y están vigiladas constantemente por la policía.

Ahora, si el paciente vive en un departamento, entonces los pisos que están arriba y debajo del suyo también se declaran como zona de contención.

De acuerdo a los documentos de las autoridades de Thiruvananthapuram, la última instancia del confinamiento es la etapa de “Bloqueo 3”, que consiste en que las personas que dan positivo por covid-19, tengan síntomas o no, son llevadas a un hospital para que cumplan con la cuarentena sin concesiones.

Este lunes se conoció que el triple confinamiento había sido extendido hasta el próximo 26 de julio.

Las autoridades de Kerala anotaron que habían implementado la medida después de que resultó efectiva para controlar los brotes que se habían registrado en abril, cuando se contaron 155 casos en un solo distrito.

Mujeres indias con ni;os

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El estado de Kerala tiene cerca de 34 millones de habitantes.

“Hay que señalar que este triple confinamiento es una medida muy similar a otras regiones vecinas de la India, pero lo que ellos han hecho es convertirla en una estrategia mucho más visible y clara para las personas, con pasos precisos y protocolos por cada una de las tres instancias”, anota Qureshi.

¿Qué tan efectiva es la medida?

De acuerdo al reporte de medios locales, la decisión de probar un confinamiento de tres niveles se tomó cuando los oficiales de salud de la ciudad notaron que los casos en la ciudad se habían reportado sin que se pudiese establecer el origen del contagio.

Durante la primera semana de julio se conocieron 43 casos nuevos sin origen claro en Thiruvananthapuram.

Además, desde el 13 de julio, el modelo del triple confinamiento se extendió a otras ciudades ubicadas en la costa sur de India y que pertenecen al estado de Kerala.

Para Abdul Latheef Naha, habitante de Kerala y corresponsal del diario The Hindu, la estrategia ha resultado efectiva por varias razones, entre ellas porque focaliza los controles y no los extiende a toda la ciudad.

“Yo no vivo en una zona que ha sido confinada, lo que nos permite continuar con nuestras actividades diarias. Y creo que eso es una medida que es adecuada para lugares con tanta población como esta región de India”, le dijo Naha a BBC Mundo.

Barco en Kerala

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Un barco atraca en un puerto de la región de Kerala y es custodiado por la policía

“Sin embargo, el control policial es muy estricto”, agrega. “Esto que puede causar desconfianza por parte de las personas que viven en las zonas confinadas”, agrega.

En particular, una app desarrollada localmente para controlar a los que cumplen cuarentena, que envía una alerta a la policía si alguien se aleja más de 50 metros de su sitio de residencia, ha despertado críticas y preocupaciones por atentar contra la privacidad, según señalan medios locales.

En tanto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que la respuesta de vigilancia y control contra la enfermedad adoptada por el estado indio son una respuesta apropiada al incremento en el número de casos.

“El rastreo y las pruebas exhaustivas de contactos son la base de la respuesta ante el COVID-19. El estado adaptó la guía de la OMS de rastrear, testear y aislar a la mayor cantidad (de casos) posible”, señala la organización en su reporte “Respondiendo a COVID-19: Las lecciones de Kerala”, del 2 de julio.

Confinamiento

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El triple confinamiento logró reducir el contagio en la región de Kerala en el mes de abril.

Una representante de la OMS para India señaló, además, que “este plan podría servir como un gran ejemplo para que otros estados emulen”.

En los confinamientos realizados en abril y junio, de acuerdo al reporte de las autoridades y conocidos por BBC, se había logrado controlar la expansión del virus en las áreas donde se había aplicado el triple cierre.

Y, a pesar del resurgimiento de casos, el estado de Kerala sigue manteniendo la tasa más baja de mortalidad a causa del covid-19 de todo el país

“En gran medida ha sido efectivo. Lo cierto es que las estrategias hechas en los meses anteriores el área de confinamiento tenía un radio de unos tres kilómetros y un anillo exterior de unos cinco kilómetros de la casa o grupo de pacientes positivos”, anota Qureshi.

“Lo que sí hay que decir es que este tipo de medidas hubo violaciones, no solo en Kerala o Karnataka, sino también en otros lugares”, agrega.

“Lo que hace pensar si el bloqueo de la policía es en realidad tan efectivo o si hay otros factores en juego que no vemos. También porque eso permitiría saber si el control policial tan estricto es sostenible y necesario”, concluye.

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