'Muchos tienen miedo': Anexos cierran sus puertas tras la masacre en Irapuato
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Foto: Fred Ramos

'Clausurados por temor': Anexos en medio de la guerra de cárteles cierran sus puertas tras la masacre en Irapuato

La mitad de los centros de rehabilitación de Irapuato cerraron tras el ataque del 1 de julio, en el que murieron 28 personas.
Foto: Fred Ramos
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Rosa Alba Santoyo Soria, de 55 años, lleva más de un mes de luto. El 1 de julio, tres hombres armados irrumpieron en el anexo “Recuperando mi vida” de Irapuato, Guanajuato, y dispararon contra todo el que se encontraba al interior. Allí dentro estaban sus hijos: Omar Regalado Santoyo, de 39 años; Hugo Cristian, de 30 años y Giovanni, de 27. Los tres fueron asesinados. En total, 28 personas perdieron la vida en la masacre. Las autoridades detuvieron a tres sospechosos de ser los autores materiales, pero creen que el instigador fue José Antonio Yepes Ortiz, el Marro, líder del Cartel Santa Rosa de Lima.

Su detención el domingo en Juventino Rosas, Guanajuato, debería permitir esclarecer atrocidades como la del anexo.

Para Santoyo Soria ya da igual. “No sé ni quién fue. Mis hijos ya no van a regresar, ya mis hijos se fueron. Lo que pido a Dios es que me mande consuelo, porque nunca voy a olvidar”, dijo en entrevista con Animal Político, realizada dos semanas antes de la detención del Marro.

Entérate: Camino perdido, las víctimas, fallas y omisiones detrás de la segunda mayor masacre del sexenio

La historia de los hermanos Regalado Santoyo es la de tres víctimas de una guerra en la que solo podían perder. Eran de origen humilde, como prueba la cocina desnuda del domicilio familiar, con paredes todavía del color del cemento. En el dormitorio contiguo no hay más adorno que un pequeño altar con las imágenes de los muertos. Una casa normal para una familia normal a la que todo se le empezó a torcer con la llegada de la metanfetamina. Dice su madre, todavía en estado de shock, que se daba cuenta de que algo no iba bien porque los veía “atontados”, pero no sabe en qué momento los perdió. Algo ocurrió entre aquellos tiempos en los que iban los siete hermanos a jugar con las bicicletas al parque y el día en el que Giovanni, el más pequeño, le dijo que no aguantaba más y que se encerraría en el anexo de Don Erasmo, el responsable de “Recuperando mi vida”.

Eligió aquel centro porque estaba muy cerca del domicilio familiar, a cinco minutos caminando. Explica Regalado Santoyo que ella ni siquiera sabía qué era un anexo antes de que sus hijos necesitasen uno.

A Giovanni le siguieron Omar y Cristian. Su madre pagaba 350 pesos semanales para su manutención. Además, les regalaba cloro y productos de limpieza de la fábrica en la que trabaja. Ella estaba contenta. Parecía que recuperaban peso, que se centraban, que iban a ser “hombres de provecho”.

Pero llegaron tres tipos con armas largas y acribillaron a todo el que se cruzó en su camino.

En realidad, Giovanni no debía estar ahí cuando los sicarios llegaron. Llevaba cinco meses limpio y solo había acudido aquella tarde para compartir una botella de Coca Cola con sus hermanos. Los otros todavía no estaban recuperados. Omar cumplía un mes encerrado y Cristian acababa de ser reingresado después de una recaída.

“Ellos se drogaban. Lo sabe toda la gente. Yo quería que se regeneraran”, dice Santoyo Soria. “Me siento mal. Yo misma fui a meter a mis hijos al nido de ratas. Me acuesto y me siento culpable”, lamenta.

Anexos

(De izquiera a derecha) Hugo Santoyo (30), Ariel Santoyo (27) y Omar Santoyo (39) ellos murieron en la masacre del 1 de Julio en el anexo.

La masacre del anexo de Irapuato es el penúltimo episodio de la guerra entre cárteles por el control de Guanajuato que convirtió al estado en el más violento de México. Por un lado, el recientemente detenido Marro y su Cártel Santa Rosa de Lima. Por otro, el Cártel Jalisco Nueva Generación.

Hasta el 20 de junio un total de 1,691 personas fueron asesinadas en Guanajuato, según datos de la secretaría de Seguridad Pública. En México, el número de homicidios ascendió hasta los 14,554. La estadística todavía no toma en cuenta hechos como la matanza en la que perdieron la vida Omar, Christian y Giovanni.

La masacre no fue el primer atentado contra centros de rehabilitación, pero sí el más brutal.

“Los primeros ataques fueron en diciembre. Fuimos al gobierno del Estado y dijimos que esto iba a empeorar. Que necesitábamos trabajar en conjunto. Empezamos a ver que había persona que estos lugares los utilizaban para esconderse y a nosotros nos iba a afectar”, explica Nicolás Pérez, presidente de los Centros de Rehabilitación Unidos del Bajío (CRUB).

“En lo que llevamos de año se han registrado 13 agresiones contra centros, según sus datos”.

Pérez es un padrino, como se conoce a los consejeros que acompañan a los adictos en su proceso de recuperación. Él mismo estuvo enganchado. A sus 48 años lleva 14 sin probar el alcohol ni los estupefacientes. Pasó por un centro de rehabilitación, pero se dio cuenta de que en muchos se maltrataba a los internos. Así que decidió abrir su local en Silao, un municipio a medio camino entre León e Irapuato.

Según explica, antes de la matanza había aproximadamente 260 centros de rehabilitación, también conocidos como anexos, solo en Irapuato. La inmensa mayoría son irregulares.
En este tipo de establecimientos hay tres categorías. Por un lado, los que cuentan con permisos. Son muy pocos, apenas 13 en todo Guanajuato y de precio inalcanzable para los más humildes y a que el tratamiento puede alcanzar los 35 mil pesos. La segunda categoría es la de locales como el que gestiona Pérez, adscritos a la asociación. Son 90 centros que están intentando regularizarse pero que denuncian que el gobierno estatal les pone trabas. El tercer eslabón, el más numeroso, son los anexos ilegales. Hay ocasiones en las que los propios cárteles los utilizan como centro de venta o de reclutamiento.

El asesor de seguridad David Saucedo explica que el Cártel Jalisco Nueva Generación es quien más ha empleado los centros de rehabilitación como base. Al final, en su interior hay personas que han estado familiarizadas con la droga y que son carne de cañón: gente con problemas de adicciones y, en su gran mayoría, pobre. Gente a la que poder reclutar por las buenas o por la fuerza.

No es difícil montar un anexo. Basta con hacerse con una casa, desplegar unos colchones en el suelo y reclutar a los pacientes. Quien decide anexarse asume que va a permanecer encerrado durante tres meses. En este tiempo recibe apoyo laboral, espiritual y terapia para dejar las drogas.

Las autoridades de Salud de Guanajuato suelen hacer revisiones pero para cuando llegan a un local y le amenazan con desalojarlo, su dueño ya se ha cambiado de casa.

Animal Político consultó a la Secretaría de Salud y a la de Seguridad Pública del gobierno estatal. Los primeros declinaron hacer declaraciones debido a la situación de inseguridad. Los segundos no habían respondido al cierre de la nota.

La principal consecuencia de la masacre fue el miedo. Muchos centros cerraron sus puertas y dejaron a los internos abandonados a su suerte. Lo explica Jorge Ortega Zúñiga, responsable de un anexo en el sur de Irapuato. “Después de lo que ocurrió muchos cerraron”, asegura. Según sus cálculos, la mitad de estos locales fueron clausurados por temor a ser los siguientes. También muchos internos dejaron el tratamiento. “Muchos tienen miedo. Cuando vieron toda esa matazón se me fueron. Tenía 35 internos y me quedaron 12. Todos los demás se fueron”, explica.

Reconoce Ortega Zúñiga que hay grupos delictivos que se aprovechan de la vulnerabilidad de algunos anexos. Por ejemplo, presionando para que se guarde la droga en el interior. Hablamos de locales humildes a los que van personas sin muchos recursos. Él, por ejemplo, cobra 500 pesos semanales a sus internos. Y aún así hay algunos a los que no les alcanza.

Para proteger a la comunidad, asegura, él entrevista a todos los aspirantes antes de aceptarles. Si tienen cuentas pendientes con la ley o vendían droga prefiere no admitirles. Hacerlo sería poner en riesgo al resto. Quién sabe si, como ocurrió el 1 de julio, alguien podría venir a buscarles.

“La policía cerró cuatro grupos, dos por no tener permisos y otros dos por carecer de material sanitario. Muchos cerraron por miedo. Ahora el problema lo tiene la sociedad, porque el 90% de estas personas recae en la droga y sale a la calle a delinquir”, asegura.

Mientras Ortega Zúñiga (también exadicto, al que su última recaída le duró un año entero) habla, desde el interior se escuchan los discursos de sus internos. Las reuniones son parte indispensable de la terapia. En el centro, sobre una especie de púlpito, van pasando los anexados.

Hablan de errores, de arrepentimiento, de conductas inaceptables. Lo hacen mirando al frente, a otros como ellos, y con un tono de letanía, como el de la prédica de un pastor evangélico. Se reconocen y se perdonan, porque todos saben de qué va esto.

Uno de los que habla es Roberto Quintana Ramírez, de 36 años. “Estoy aquí por drogadicto”, dice. El suyo es un caso atípico. Empezó a fumar cristal a los 30 porque “quería saber qué se sentía” y que ahora se arrepiente del daño causado. Dice que hay compañeros que tienen miedo pero que cada noche, en la oración, se dicen que no pasa nada, que nadie les va a atacar.

“No tengo idea de por qué se dan los ataques”, asegura. Suficiente tiene con centrarse en su recuperación, asegura.

Aunque la violencia no es algo nuevo para él. Sus tiempos de recaída son lo suficientemente cercanos como para recordar que estaban en riesgo. Por ejemplo, cuando un grupo armado, no dice de qué cartel, mató a tres de sus amigos en una casa de pánico, los locales antagónicos a los anexos. Si aquí la gente viene a rehabilitarse, a una casa de pánico uno va a drogarse. “Los mismos cárteles les mataron. Eran amigos de la actividad. No recuerdo sus nombres, pero los conocía”, dice.

No sabemos qué ocurrirá tras la detención del Marro. La experiencia dice que tras la caída de un gran capo suele llegar un periodo de violencia e inestabilidad. Entre el lunes y el martes, según denunció Nico Pérez, se registraron operativos por los que agentes federales, estatales y municipales se personaron en anexos para pedirles que clausurasen “por seguridad”. Uno de los locales a los que acudieron fue el de Jorge Ortega Zúñiga.

“Ahorita se estaba calmando, se estaba tranquilizando y ahora con la detención las autoridades son las que alarman más”, dijo Pérez. Insiste el padrino en que las clausuras de estos centros solo traerán más delincuencia. “¿Dónde van a ir las personas a seguir con su tratamiento?”, se pregunta.

Su miedo: que el gobierno estatal aproveche la incertidumbre para clausurar los anexos. Incluso aquellos que quieren legalizarse.

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El pueblo en Francia que se quiere iluminar con organismos vivos

Organismos tan diversos como las luciérnagas, los hongos y los peces tienen la capacidad de brillar a través de la bioluminiscencia, que está presente en el 76% de las criaturas de aguas profundas.
29 de abril, 2022
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En una tranquila habitación de un centro de vacunación contra el coronavirus en Rambouillet, una pequeña ciudad francesa a unos 50 kilómetros al suroeste de París, una suave luz azul emana de una fila de tubos.

En fechas próximas, el mismo resplandor azul iluminará la cercana Place André Thomé y Jacqueline Thomé-Patenôtre.

Pero a diferencia de las farolas estándar, que a menudo emiten un fuerte resplandor y necesitan ser conectadas a la red eléctrica, estas luces son alimentadas por organismos vivos a través de un proceso conocido como bioluminiscencia.

Este fenómeno, en el que las reacciones químicas dentro del cuerpo de un organismo producen luz, se puede observar en muchos lugares de la naturaleza.

Organismos tan diversos como las luciérnagas, los hongos y los peces tienen la capacidad de brillar a través de la bioluminiscencia: está presente en el 76% de las criaturas de aguas profundas.

Estos experimentos también están en marcha en toda Francia, incluso en el aeropuerto Roissy-Charles-de-Gaulle de la capital.

Variedad natural

Los ejemplos de bioluminiscencia en el mundo natural son muchos.

Las luciérnagas se iluminan para atraer parejas, mientras que algunas especies de algas brillan cuando se agita el agua circundante.

El rape (un pezde aguas profundas) permite que bacterias bioluminiscentes se establezcan en un lóbulo sobre su cabeza como un señuelo tentador para sus presas.

La mayoría de las especies oceánicas bioluminiscentes emiten una luz azul verdosa que, debido a las longitudes de onda más cortas de los colores, puede viajar más lejos en el océano.

Algunas luciérnagas y ciertos caracoles brillan de color amarillo, y se sabe que el llamado “gusano ferroviario”, una larva de escarabajo nativa de las Américas, se vuelve rojo y amarillo verdoso en un patrón que se asemeja a un tren por la noche.

Incluso se ha descubierto que algunos roedores nocturnos que se encuentran en el sur de África tienen cabello que produce un brillo biofluorescente de color rosa intenso.

Las luces de Francia

El brillo azul turquesa en la sala de espera en Rambouillet proviene de una bacteria marina recolectada en la costa de Francia llamada Aliivibrio fischeri.

Las bacterias se almacenan dentro de tubos llenos de agua salada, lo que les permite circular en una especie de acuario luminoso.

Dado que la luz se genera a través de procesos bioquímicos internos que forman parte del metabolismo normal del organismo, su funcionamiento casi no requiere más energía que la necesaria para producir los alimentos que consumen las bacterias.

La bioluminiscencia en las aguas de la bahía Preservation de Tasmania

Brett Chatwin

Se agrega una mezcla de nutrientes básicos y se bombea aire a través del agua para proporcionar oxígeno.

Para “apagar las luces”, simplemente se corta el aire, deteniendo el proceso al enviar la bacteria a un estado anaeróbico donde no produce bioluminiscencia.

“Nuestro objetivo es cambiar la forma en que las ciudades usan la luz”, dice Sandra Rey, fundadora de la empresa emergente francesa Glowee, que está detrás del proyecto en Rambouillet.

“Queremos crear un ambiente que respete mejor a los ciudadanos, el medio ambiente y la biodiversidad e imponer esta nueva filosofía de la luz como una alternativa real”.

Los defensores del proyecto argumentan que la bioluminiscencia producida por bacterias podría ser una forma sostenible y eficiente en energía para iluminar nuestras vidas.

La forma en que actualmente producimos luz, argumenta Rey, ha cambiado poco desde que se desarrolló la primera bombilla en 1879.

Si bien la bombilla LED, que surgió en la década de 1960, ha reducido significativamente los costos de funcionamiento de la iluminación, todavía depende de la electricidad, que se produce en gran parte por la quema de combustibles fósiles.

Glowee

Fundada en 2014, Glowee está desarrollando una materia prima líquida, en teoría infinitamente renovable, hecha de microorganismos bioluminiscentes.

Se cultiva en acuarios de agua salada antes de envasarse en los tubos.

El proceso de fabricación, afirma Rey, consume menos agua que la fabricación de luces LED y libera menos CO2, mientras que el líquido también es biodegradable.

Las luces también usan menos electricidad para funcionar que las LED, según la compañía, aunque las bombillas Glowee producen menos intensidad de luz que la mayoría de las bombillas LED modernas.

las luces de Glowee

Glowee
Las luces de Glowee.

Si bien las luces de Glowee actualmente solo están disponibles en tubos estándar para eventos, la compañía planea producir pronto varios tipos de mobiliario urbano, como bancos para exteriores, con iluminación incorporada.

En 2019, el ayuntamiento de Rambouillet firmó una sociedad con Glowee e invirtió US$109.000 para convertir la ciudad en “un laboratorio de bioluminiscencia a gran escala”.

Guillaume Douet, jefe de espacios públicos de Rambouillet, cree que si el experimento tiene éxito, podría conducir a una transformación en todo el país.

“Se trata de una ciudad del mañana”, dice Douet. “Si el prototipo realmente funciona, podemos implementarlo a gran escala y reemplazar los sistemas de iluminación actuales”.

Los usos de la bioluminiscencia

Los estudios de la bioluminiscencia no son nuevos.

Alrededor del año 350 a. C., el filósofo griego Aristóteles describió la bioluminiscencia en luciérnagas como un tipo de luz “fría”.

Los mineros del carbón han usado luciérnagas en frascos como iluminación en minas donde cualquier tipo de llama, incluso una vela, podría desencadenar una explosión mortal.

Luciérnagas

Getty Images

Mientras tanto, las tribus de la India han utilizado hongos brillantes durante años para iluminar selvas densas.

Sin embargo, Glowee es la primera empresa del mundo en alcanzar este nivel de experimentación y dice que está en negociaciones con 40 ciudades de Francia, Bélgica, Suiza y Portugal.

ERDF, una empresa mayoritariamente estatal que gestiona la red eléctrica de Francia, se encuentra entre los patrocinadores de Glowee; la Comisión Europea ha proporcionado US$1,9 millones de financiación y el Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia (Inserm) ha proporcionado asistencia técnica y apoyo.

Los desafíos

Carl Johnson, profesor de ciencias biológicas en la Universidad de Vanderbilt, cree que aún quedan serios desafíos por delante antes de que la bioluminiscencia pueda obtener luz verde para su implementación a gran escala.

“Primero, tienes que alimentar a las bacterias y diluirlas a medida que crecen”, dice.

“Eso no es tan fácil. Además, el fenómeno dependerá mucho de la temperatura y dudo que funcione en el invierno. En tercer lugar, la bioluminiscencia es muy tenue en comparación con la iluminación eléctrica”, agrega.

Rey, de Glowee, reconoce los desafíos que se avecinan, pero insiste en que los beneficios, tanto ecológicos como económicos, podrían ver ciudades futuras bañadas en luz azul bacteriana.

Hongos

Getty Images

Actualmente, el equipo de Evry está trabajando para aumentar la intensidad de la luz producida por bacterias, que por ahora solo dura días o semanas antes de requerir más nutrientes y aún no es tan fuerte como las luces LED.

Hasta ahora, Glowee dice que sus bacterias pueden producir una salida de brillo de 15 lúmenes por metro cuadrado, por debajo, pero no muy lejos, del mínimo de 25 por metro cuadrado que cree que se requiere para la iluminación pública en parques y jardines.

En comparación, una bombilla LED doméstica de 220 lúmenes puede producir unos 111 lúmenes por metro cuadrado de suelo.

“Estamos avanzando poco a poco”, dice. “Pero ya hemos dado pasos enormes y nuestra filosofía de la luz es una respuesta a la crisis que enfrenta la humanidad”.

Catrin Williams, profesora de la Facultad de Biociencias de la Universidad de Cardiff que ha estudiado la bioluminiscencia en bacterias, está de acuerdo en que es “difícil” mantener cultivos bacterianos vivos a largo plazo debido a la necesidad de suministro de nutrientes.

Pero Williams dice que esto podría superarse centrándose en la “quimioluminiscencia”, un proceso que Glowee también está investigando actualmente, que elimina la necesidad de bacterias vivas.

En cambio, la enzima responsable de la bioluminiscencia, la luciferasa, en teoría puede extraerse de las bacterias y usarse para producir luz.

“Creo que el enfoque de Glowee es extremadamente novedoso e innovador y podría ser fantástico”, dice Williams.

Otras iniciativas

Otras iniciativas en todo el mundo están proporcionando más rayos de esperanza.

Nyoka Design Labs, con sede en Vancouver, está desarrollando una alternativa biodegradable a las barras luminosas utilizando enzimas no vivas y libres de células que, según los creadores, son mucho más fáciles de mantener que las bacterias vivas.

“En lugar de usar todo el automóvil, solo quitamos los faros”, dice Paige Whitehead, fundadora y directora ejecutiva.

“La enzimología ha avanzado hasta el punto de que ya no tenemos que depender de los sistemas sustentados por células”, agrega.

Luciérnagas

Getty Images
Las luciérnagas han sido estudiadas desde la Antigüedad.

Una vez utilizadas, las barras luminosas no se pueden reciclar debido a la mezcla de productos químicos que contienen.

Se utilizan en una amplia gama de aplicaciones, desde usos policiales y militares hasta festivales de música.

Algunos investigadores han expresado su preocupación por el efecto de los productos químicos que contienen en la vida marina, ya que también se utilizan a menudo como señuelos en la pesca con palangre.

“Gran parte de este desperdicio es innecesario”, dice Whitehead. “La visión que buscamos es reemplazar cualquier sistema de iluminación alternativo para hacerlos más sostenibles”.

En un gran avance para esa visión, un estudio publicado en abril de 2020 reveló que un equipo de bioingenieros rusos que trabajan con una empresa emergente de biotecnología con sede en Moscú han creado un método para mantener la bioluminiscencia en las plantas.

Afirman que pudieron hacer que las plantas brillaran 10 veces más y durante más tiempo que los esfuerzos anteriores, produciendo más de 10.000 millones de fotones por minuto, mediante la bioingeniería de genes bioluminiscentes de hongos en las plantas.

La nueva investigación se basó en los hallazgos que identificaron una versión fúngica de la luciferina, uno de los compuestos únicos que es necesario para la bioluminiscencia, junto con las enzimas luciferasa o fotoproteína.

Keith Wood, un científico que hace 30 años creó la primera planta luminiscente utilizando un gen de luciérnagas, dice que la tecnología podría reemplazar en parte la iluminación artificial como los LED.

Más recientemente, descubrió que al alterar la estructura genética de una luciferasa que se encuentra en el camarón de aguas profundas Oplophorus gracilirostris, su brillo podría aumentar 2,5 millones de veces.

luces

Getty Images

La enzima resultante, que los investigadores llamaron NanoLuc, también era 150 veces más brillante que las luciferasas que se encuentran en las luciérnagas.

“La aplicación de la biología sintética a la bioluminiscencia es una gran oportunidad”, dice Wood, quien ahora está desarrollando una planta bioluminiscente para la empresa Light Bio.

Pero todavía está por decidirse exactamente cómo se podrían usar estas plantas bioluminiscentes transgénicas en el futuro.


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