Comunidades indígenas enfrentan regreso a clases a distancia sin TV e internet
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Foto: Manu Ureste

Comunidades indígenas enfrentan el regreso a clases a distancia sin acceso a televisión ni internet

“Acá muchas familias no tienen televisión para que los niños sigan las clases a diario. Y las que tienen, muy pocas pueden pagar el servicio de cable, y menos el internet”, dice una mujer indígena tének de 30 años, y madre de tres menores.
Foto: Manu Ureste
24 de agosto, 2020
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María, una mujer indígena de 30 años de la etnia tének, explica que no tiene agua entubada en su casa del ejido Francisco Villa en San Luis Potosí, ni drenaje, ni servicio de gas en su cocina de leña. Tampoco tiene electricidad, ni refrigerador, ni televisión, y el servicio de internet es aun cosa del futuro en su rancho, donde la mayoría de las viviendas son construcciones de madera y techo de palma.

“Acá funcionamos con la luz del sol”, dice con una sonrisa tímida apuntando al cielo raso de la sierra potosina.

María, que tiene dos hijos, un niño de 13 años y una niña de cuatro, vive en un rancho remoto y pobre, en un municipio remoto y pobre: se trata del ejido Francisco Villa, un poblado de 400 habitantes ubicado en San Vicente Tancuayalab, municipio de San Luis Potosí próximo a la ‘frontera’ norte de Veracruz y al sur de Tamaulipas, donde 8 de cada 10 personas son pobres, o muy pobres, según datos del Coneval.

Lee: Sin internet, tele o radio, tres hermanos en Chiapas terminan el año escolar solo con un celular

Pero María ni siquiera vive en el ejido donde, a pesar de la carencia de servicios básicos, al caer la tarde se aprecia alguna casa con luz eléctrica. Ella vive más lejos, en mitad del campo, a una hora caminando por una carretera larga y estrecha, por la que apenas pasa algún camión de carga.

Ese es, precisamente, el camino que hace a diario a pie con sus dos hijos para llegar hasta la escuela del ejido, un inmueble en estado ruinoso, con aulas con el techo al borde del colapso, y sin sanitarios ni agua entubada.

“La escuela está muy muy deteriorada. Es un riesgo muy grande para nuestros niños”, lamenta María, que junto a otro grupo de madres del ejido recurrió a una asociación civil de abogados, Renace San Luis, que de manera altruista las apoyó con un amparo que el pasado 7 de agosto dio los primeros resultados: un juez concedió una suspensión para que autoridades federales y estatales la reconstruyan en los próximos meses.

Pero eso será más adelante, cuando vuelvan las clases presenciales. Porque ahora, desde que la pandemia de COVID-19 llegó a México en febrero pasado, no hay escuela, y los morrales de los niños permanecen arrumbados en casa, junto con los libros y los lápices. Y a pesar del anuncio que hizo la Secretaría de Educación Pública (SEP) de que los cursos se reanudarán a través de la televisión, internet y la radio este lunes 24 de agosto, María no sabe cómo reintegrará a sus hijos a la educación.

“Acá, el problema es que muchas familias no tienen televisión para que los niños sigan las clases a diario. Y las que tienen, muy pocas pueden pagar el servicio de cable, y menos el internet”, explica ahora Jazmín Flores, también indígena tének de 30 años, y madre de tres menores.

Entérate: El privilegio de regresar a clases: SEP deja fuera a alumnos con discapacidad

Esta situación, de hecho, ya ha generado conflictos en la comunidad durante la aplicación de la primera fase del programa ‘Aprende en casa’ de la SEP, en la que las clases se transmitieron por televisión por cable, a pesar de que solo el 46% de los hogares en México tienen acceso a este servicio de pago, según datos del INEGI.

Jazmín explica que la idea del programa era buena, pero solo la parte de la teoría; porque la práctica terminó provocando una suerte de discriminación, o una educación a dos velocidades, entre las familias que sí tenían los recursos para pagar el servicio de cable, las que no tienen el dinero para hacerlo, y las que no tienen acceso a una televisión. De acuerdo con INEGI, el 10% de la población en México no cuenta con una Televisión

“Hubo mamás con algo más de dinero que pudieron poner a los niños frente a la televisión. Pero fueron contadas”, dice Jazmín, quien es una de las madres que puedo seguir las clases por televisión.

“Es decir, algunas pudieron hacer ese esfuerzo, pero muchas otras no. Entonces, los maestros de la escuela del ejido no pudieron evaluar a los niños de la misma manera, y eso generó un conflicto entre las familias”.

“No sé leer ni escribir, no puedo ayudar a mi hijo”

Para evitar situaciones como esta, la SEP anunció el 3 de agosto que para el regreso virtual a las aulas firmó un convenio -por 450 millones de pesos- con cuatro televisoras privadas -Televisa, TV Azteca, Imagen TV y Multimedios- que transmitirán en abierto y de manera gratuita contenidos educativos a 30 millones de estudiantes de 16 grados escolares.

Los contenidos también se transmitirán por radio, que tiene un mayor acceso que la televisión y el internet en las zonas más remotas y marginadas del país, y se repartirán libros de texto gratuitos y cuadernillos de trabajo para quienes no puedan seguir las clases por ningún medio.

“No es un curso de emergencia o transitorio”, señaló el secretario de Educación, Moctezuma Barragán. “Es iniciar las clases de conformidad con el plan educativo, puesto que se van a tener los libros y todos los instrumentos necesarios”, recalcó.

El maestro indígena Roberto Cruz tiene 64 años y décadas de experiencia dando clases bilingües a niños mazahuas en el municipio de San Felipe del Progreso, en la zona serrana del Estado de México.

Las comunidades donde viven sus alumnos, niños de entre siete y ocho años, están en las inmediaciones del Cerro de la Luna, a más de 3 mil metros de altura, donde la comunicación telefónica es intermitente -depende de la nubosidad, las lluvias, y los caprichos del clima- y el servicio de internet es una utopía. Así que la decisión de ampliar las clases a televisión abierta y radio, le parece una medida acertada.

Sin embargo, también considera que el plan de la SEP contrastará irremediablemente con la realidad que va a enfrentar como docente a partir de este lunes 24 de agosto.

“A los niños, la televisión solo les interesa para ver caricaturas -ríe el maestro-. Es decir, los chavos no están habituados a aprender a través de la televisión, ni de la radio. Y a eso súmale que muchos tampoco tienen una televisión, o que no tienen a un adulto que los esté supervisando”.

Sobre este punto, el maestro explica que en las comunidades de San Felipe del Progreso la mayoría de las familias trabajan en el campo y en el comercio ambulante, y tanto el padre como la madre tienen que salir a trabajar para conseguir el sustento del día en un municipio que ocupa el quinto lugar del Estado de México con mayor porcentaje de población en pobreza extrema (el 43%).

Como resultado, muchos menores se quedan solos en casa. Y, en el caso de que el padre o la madre pueda estar con el niño para ver las clases por televisión, muchos tampoco pueden ayudar al menor porque en algunas localidades del municipio, como Calvario del Carmen, por ejemplo, el 91% de la población mayor de 15 años no tiene completa ni la educación básica, mientras que el 26% no sabe leer ni escribir, es analfabeta.

“Muchos padres me dicen: sí lo puse a estudiar, profe, pero no sé leer ni escribir, no entiendo las tareas, no puedo ayudarlo”, explica Roberto Cruz.

De vuelta al ejido Francisco Villa, en San Luis Potosí, Jazmín Flores corrobora lo dicho por el maestro mazahua: “Acá, por ejemplo, hay mamás de etnia tének que no saben hablar bien el español, que se les dificulta mucho traducir cosas. Y muchas otras, que no tuvieron la oportunidad de estudiar, o que tienen que trabajar porque son el único sustento de la casa, no pueden estar con el niño en casa, ni saben explicarle cuestiones de matemáticas o gramática”.

Además, añade Jazmín, siempre está el tema económico. La falta de dinero. Hay madres que no pueden ni pagar las copias de los cuadernillos para que el niño, ante la falta de televisión, siga las clases. Por lo que teme que la deserción escolar en este próximo curso sea muy elevada en el ejido.

Ante este panorama, el maestro Roberto Cruz considera que el papel del docente va a ser más importante que nunca para tratar de evitar esa posible deserción y para supervisar el aprendizaje de los niños.

“La pandemia es la que es y ya no podemos cambiar eso. Será muy difícil educar a los chavos así, a distancia, pero es la alternativa que ahora tenemos. No es perfecta, desde luego. Pero los maestros tenemos que poner todo de nuestra parte, porque de otra forma será muy complicado que los niños no se queden atrasados”, apunta el docente mazahua.

Que no sea un año perdido

La maestra Evelyn, que pide omitir su verdadero nombre para evitar represalias laborales, tiene 29 años y da clases de preescolar en una comunidad en la región Veracruz-Boca del Río, donde según datos del Coneval también 7 de cada 10 habitantes son pobres o muy pobres.

Aunque coincide en la importancia del rol que jugarán los docentes en este regreso a distancia a las aulas, Evelyn critica que se está cargando en exceso la mano a los maestros.

“Las autoridades educativas nos están dejando toda la responsabilidad de garantizar que los niños reciban los conocimientos”, plantea.

“Nos advierten que la educación es un derecho de los menores y que no se puede cancelar porque no tengan una televisión o internet en casa. Y estoy de acuerdo, pero el punto es que las condiciones no son las adecuadas”.

En el estado vecino de Oaxaca, muchos maestros opinan como Evelyn.

El pasado 4 de agosto, un día después de que la SEP anunciara su plan de vuelta a clases, docentes de la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y del Sindicato de Trabajadores de la Educación (SNTE) rechazaron públicamente esta estrategia a partir de dos argumentos: el primero, el sistema a distancia aumenta más la brecha de desigualdad, al no aplicarse en igualdad de condiciones en todas las comunidades. Y el segundo, que el sistema ignora la realidad de muchos pueblos indígenas que no tienen acceso a múltiples servicios básicos.

“Solo una minoría de estudiantes tuvieron y tienen las condiciones para seguir este tipo de educación. Esto significa que es una educación excluyente, discriminatoria, superficial y antipedagógica”, señalaron los maestros oaxaqueños, que advirtieron que no reanudarán clases hasta que puedan ser presenciales.

En Veracruz, en la comunidad donde Evelyn da clases, la mayoría de las familias están en esa situación de desigualdad. Por ejemplo, si bien muchos tienen acceso a un teléfono, la mayoría no dispone del dinero suficiente para estarlo recargando a diario.

“En el caso de preescolar, la educación es mucho más interactiva. Es decir, no es darle un papel al niño y luego ver cómo hizo la actividad. No, se trata de jugar con él, observar su comportamiento, desarrollar su creatividad con actividades lúdicas, etcétera. Y eso nos complica mucho porque en estas comunidades nadie puede pagar videollamadas constantemente”.

Otro reto es el seguimiento del alumno. Es decir, cómo va a comprobar que los niños están siguiendo los cursos por televisión o radio, y que, en efecto, están aprendiendo y evolucionando.

“El seguimiento será por llamada telefónica. ¿Pero, y si el niño es tímido, o le cuesta hablar y explicarse? ¿Cómo lo evalúas?”, cuestiona Evelyn, que en este curso tendrá un nuevo grupo de 22 alumnos, a los que dará un seguimiento prácticamente personalizado, uno por uno, y pagando ella de su bolsa la factura telefónica.

En cuanto a las familias más pobres, que no tienen acceso a televisión, internet, ni a un celular, la preocupación de la maestra es cómo hará el contacto con el menor sin poder trasladarse a la comunidad por la pandemia. Y la respuesta, o la alternativa que está valorando, es francamente rudimentaria: llamar al vecino.

“¿Te imaginas el desmadre? Voy a tener que buscar al vecino, que éste quiera hacer el favor de todos los días buscar al niño, y que el niño vaya a su casa para hablar conmigo. Y esto contando con que las familias accedan, porque con la sana distancia el contacto debe ser mínimo”, plantea.

“El reto que nos marcamos como docentes -añade Evelyn- es que este no sea un año perdido, que los niños al menos aprendan algo, que avancen. Pero siendo honestos, las condiciones para lograr esto no están dadas, especialmente para muchas familias pobres del país”.

Jazmín Flores, por su parte, subraya que los padres y madres, y la sociedad en general, también tendrán que poner todo de su parte para que el programa de la SEP tenga éxito por el bien de los niños.

En especial, destaca la importancia de los padres y madres para evitar la deserción escolar temprana, en un país como México donde mucho antes de la pandemia ya existía un problema importante: de acuerdo con datos de la SEP, en el ciclo escolar 2018-2019 la tasa de abandono, a nivel nacional, fue hasta del 13% en educación media.

“Hay una pandemia y no podemos arriesgar a nuestros hijos. Así que, dentro de lo malo, este sistema a distancia es lo único que tenemos para que los niños continúen estudiando, y hay que aprovecharlo”, finaliza la mujer indígena.

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5 características que hacen tan mortal a la COVID-19

La COVID-19 es un maestro del engaño para nuestro cuerpo y para los expertos que tratan de hacerle frente. Sus peculiaridades frente a otros virus es lo que le hace peligroso y difícil de combatir.
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26 de octubre, 2020
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Un simple virus ha frenado en seco la vida tal y como la conocíamos.

Nos hemos enfrentado a amenazas virales antes, incluyendo pandemias, pero el mundo no se detiene por cada nueva infección o temporada de gripe.

Entonces, ¿qué pasa con este coronavirus? ¿Cuáles son las peculiaridades en su biología que representan una amenaza única para nuestros cuerpos y nuestras vidas?

Maestro del engaño

En las primeras etapas de una infección el virus es capaz de engañar al cuerpo.

El coronavirus puede estar corriendo desenfrenadamente en nuestros pulmones y vías respiratorias y, aun así, nuestro sistema inmunológico piensa que todo está bien.

“Este virus es brillante, te permite tener una auténtica fábrica viral en la nariz y tú sentirte completamente bien”, dice el profesor Paul Lehner de la Universidad de Cambridge.

Las células de nuestro cuerpo empiezan a liberar sustancias químicas -llamadas interferones- una vez que son asaltadas por un virus y esto es una señal de advertencia para el resto de nuestro organismo y el sistema inmunológico.

Pero el coronavirus tiene una “asombrosa capacidad” para desactivar esta advertencia química, asegura el profesor Lehner. “Lo hace tan bien que ni siquiera sabes que estás enfermo”.

Cuando miras las células infectadas en el laboratorio, no puedes decir que han sido realmente infectadas y, sin embargo, las pruebas muestran que están “gritando” de la acumulación de virus existente. Y este es solo una de los comodines que el virus puede jugar, sostiene.

Se comporta como un asesino a la fuga

La cantidad de virus en nuestro cuerpo comienza a alcanzar su máximo el día antes de que empecemos a enfermarnos.

Pero toma al menos una semana antes de que el COVID progrese hasta el punto de que el infectado necesite tratamiento hospitalario.

“Esta es una táctica evolutiva realmente brillante porque no te metes en la cama de inmediato, sino que sales por ahí y te diviertes”, dice Lehner.

Así que el virus es como un conductor que huye de la escena del accidente: ha pasado a la siguiente víctima mucho antes de que se recupere o muera.

Hablando claramente, “no le importa” si mueres, continúa el profesor Lehner, “es un virus que te golpea y se fuga”.

El contraste con el comportamiento del coronavirus original, el SARS, que se manifestó en 2002, es radical. Este último era más infeccioso días después de que el paciente se sintiera enfermo, así que fue fácil de aislar.

Coronavirus

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La cantidad máxima del virus se concentra en el cuerpo antes de que el infectado se sienta enfermo y, por tanto, es más susceptible de contagiar a otros.

Es nuevo, nuestros cuerpos no están preparados

¿Recuerdas la última pandemia? En 2009 hubo grandes temores sobre el H1N1, también conocido como gripe porcina.

Sin embargo, no resultó ser tan mortal como se había previsto porque las personas mayores ya tenían cierta protección. La nueva cepa era lo suficientemente similar a algunas que se habían encontrado en el pasado.

Hay otros cuatro coronavirus humanos, los cuales causan síntomas de resfriado común.

La profesora Tracy Hussell, de la Universidad de Manchester, explica la diferencia: “Este es uno nuevo, de modo que no creemos que haya mucha inmunidad previa”.

La novedad del Sars-CoV-2, que es su nombre oficial, puede ser “un gran shock para su sistema inmunológico”.

Esta falta de protección previa es comparable a cuando los europeos llevaron la viruela con ellos al Nuevo Mundo, con mortales consecuencias.

Construir una defensa inmunológica desde la nada es un verdadero problema para las personas mayores, ya que su sistema inmunológico es lento.

Aprender a combatir una nueva infección implica mucho ensayo y error por parte de dicho sistema.

Pero en la vejez producimos un conjunto menos diverso de células T, un componente central del sistema inmunológico, por lo que es más difícil encontrar unas que puedan defenderse contra el Coronavirus.

Hace cosas peculiares e inesperadas al cuerpo

COVID comienza como una enfermedad pulmonar (incluso allí hace cosas extrañas e inusuales) y puede acabar afectando a todo el cuerpo.

El profesor Mauro Giacca, del King’s College de Londres, sostiene que muchos aspectos del Covid son “únicos” de la enfermedad, de hecho “es diferente de cualquier otra enfermedad viral común”.

Dice que el virus hace más que simplemente matar las células pulmonares: también las corrompe. Se ha visto que las células se fusionan masivamente con otras, llamadas sincitios, que funcionan mal y que parecen quedar adheridas.


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Después de una gripe severa, se puede tener una “completa regeneración” de los pulmones, algo que “no sucede” con el COVID, argumenta Giacca. “Es una infección bastante peculiar”.

La coagulación de la sangre también falla extrañamente con el COVID, conociéndose historias de médicos que no pueden poner una vía en un paciente porque se bloquea inmediatamente con sangre coagulada.

Los marcadores de coagulación en la sangre son “200%, 300%, 400% más altos” de lo normal en algunos pacientes de COVID, informa la profesora Beverly Hunt, del King’s College London.

“Sinceramente, tengo una larga carrera y nunca he visto un grupo de pacientes con la sangre tan pegajosa”, reflexiona en la revista Inside Health.

Estos efectos en todo el cuerpo podrían deberse a la puerta celular por la que el virus entra para infectar nuestras células, llamada el receptor ACE2. Este se encuentra en todo el organismo, incluyendo los vasos sanguíneos, los riñones, el hígado y los pulmones.

El virus puede causar una inflamación galopante en algunos pacientes, haciendo que el sistema inmunológico se active de manera exagerada, con consecuencias perjudiciales para el resto del cuerpo.

Persona obesa

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La obesidad es un factor de riesgo muy importante si te infectas de coronavirus, según los expertos.

Y somos más obesos de lo que deberíamos ser

COVID es peor si eres obeso, ya que una cintura generosa aumenta el riesgo de necesitar cuidados intensivos o, incluso, morir.

Esto es inusual.

“Su muy fuerte vinculación con la obesidad es algo que no hemos visto en otras infecciones virales. Con otras afecciones pulmonares, a las personas obesas a menudo tiene una mejor evolución”, afirma el profesor Sir Stephen O’Rahilly, de la Universidad de Cambridge.

“Parece bastante específico , algo que probablemente ocurre también en la gripe pandémica, pero no en la común”.

La grasa que se deposita por el cuerpo, en órganos como el hígado, causa una alteración metabólica que parece combinar mal con el coronavirus.

Los pacientes obesos son más propensos a tener niveles más altos de inflamación en el cuerpo y proteínas que pueden llevar a la coagulación.


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