42% de muertos por COVID erán jóvenes y sostenían a su familia
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COVID afecta a generación productiva: 42% de los fallecidos en México eran sustento de su familia

Si bien en México los adultos mayores representan el mayor porcentaje de muertos por el virus, superan al sector más joven de la sociedad solo por 14%.
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Por Lizbeth Padilla y Eréndira Aquino
17 de agosto, 2020
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Rolando tenía 30 años, era ingeniero en sistemas computacionales y estaba sano, sin ninguna enfermedad crónica. También era el sustento de su esposa y dos hijos, quienes desde su muerte el 11 de junio por COVID buscan opciones para obtener ingresos y salir adelante.

La empresa donde trabajaba Rolando no le dio a su viuda más que un finiquito y la hizo firmar un acta donde no catalogan la muerte como riesgo de trabajo. También le jugaron mal con su inscripción al IMSS, pues no cotizaba lo correspondiente a su sueldo, sino el salario mínimo, así que la pensión que recibirá su esposa será mucho menor a la que le correspondería por el ingreso real que él tenía.

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Como la de Rolando, muchas familias en México han perdido a quien era su sustento, o uno de ellos, por COVID-19. El 42.42% de los fallecidos – hasta el 25 de julio – tenía entre 18 y 59 años, estaban en plena edad productiva, según un análisis de la base de datos de la Secretaría de Salud federal.

El 29.05% eran hombres y el 13.37% mujeres que como padres, madres, hijos y hermanos trabajaban y aportaban recursos a sus familias.

Si bien en México los adultos mayores representan el mayor porcentaje de muertos por el virus: 57.23%, superan al sector más joven de la sociedad solo por 14%. En España, de acuerdo con el diario El País, el 86% de los casi 30,000 muertos que dejó el virus tenía más de 70 años.

Enrique Carrillo de 55 años era agente de seguros, pero él mismo no contaba con un seguro de vida, ni seguridad social pues trabajaba por honorarios. Su familia lo ingresó al IMSS, fue atendido pero al no ser derechohabiente no obtendrá una pensión.

No supieron cómo se contagió, pues se dedicaba a hacer arreglos en su casa y salía solo al mercado a hacer compras. La última vez que Juan Carlos vio a su padre fue mientras preparaban el traslado de una clínica al hospital regional del Seguro Social. Ahí Enrique empeoró y tuvieron que intubarlo, así estuvo tres días hasta su muerte el 4 de junio.

En el hospital les dijeron que Enrique tenía diabetes, la comorbilidad más registrada entre los fallecidos; hasta el 25 de julio 3,834 hombres de entre 18 y 59 años que han muerto la padecían.

Luego vino la búsqueda de un crematorio que recibiera su cuerpo. Todos tenían listas de espera hasta de 4 días. En el panteón privado Jardines del Recuerdo pudieron realizarlo el mismo día.

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La empresa no dio ningún apoyo funerario o para la familia tras la muerte de Enrique por COVID. Su madre se quedó sola y ahora él y sus dos hermanos se hacen cargo de ella. “Negocios son negocios pero no hubo un apoyo de la empresa. Él trabajó en AXA seguros y en SURA, entonces pues no, no hubo apoyo en ese sentido”, cuenta su hijo Juan Carlos.

Lo único que la empresa les dio fue la cartera de clientes que tenía su padre para que ellos la administraran.

 Luis F. Fernández, director ejecutivo de la organización Nosotrxs, explica que no todas las personas en México cuentan con un empleo con seguridad social que les garantice a ellos atención médica de contraer el virus y, si fallecen, dejar a sus familias una pensión.

De acuerdo con la primera Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE), del INEGI, en abril se perdieron 2.1 millones de empleos formales y 10.4 millones de informales.

“Quiero que imaginemos esas 12.5 millones de personas que no tienen ingresos suficientes para poder alimentar a sus familias, primero no logran satisfacer necesidades básicas propias y por lo tanto tampoco las de sus familias”, añade.

Los trabajadores informales y sin seguridad social – como era el caso de Rolando – “no tiene posibilidad de acceder a una pensión o algún recurso adicional si mueren y por tanto sus familias se quedan desprotegidas si de ellos dependía el ingreso familiar”, dice Fernández.

De acuerdo con la encuesta sobre COVID y el mercado laboral (ECOVID-ML) el 30.4% de las 25.6 millones de viviendas registradas, al menos un integrante de la familia perdió su trabajo por la pandemia del COVID-19

También se reveló que en el 65% de las viviendas los ingresos disminuyeron, lo que equivale a 1 de cada 3 hogares.

“Esta situación va a generar contingencias relevantes en las familias en las que estas personas eran el sostén. Ahora hay más proveedores en las familias, sin embargo esto no resuelve, es menor la dependencia pero hay dependencia”, explica Mariana Campos, coordinadora del Programa de Gasto Público y Rendición de Cuentas de México Evalúa.

La familia de Francisco y Claudia también sintió el golpe del COVID. Él tenía 43 años, era terapeuta. Tenía su propio consultorio para dar masajes y estaba especializándose en fisioterapia. Le gustaba trabajar por su cuenta, por eso montó su consultorio.

“Empezó con gripa, él pensó que era una gripa común, y pues después empezó a sentirse más mal, y tras 9 días empeoró. Cuando yo vi que no podía respirar bien fue que lo llevé al hospital. Y pues ahí pasaron solo 2 días hasta que falleció, el martes 2 de junio”, recuerda su esposa Claudia.

Ella no tuvo ninguna ayuda más que de sus familiares y compañeros de trabajo. No habrá pensión del IMSS. Ella sigue trabajando para mantener a su hijo de 12 años.

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“Yo sigo con mi trabajo, pero ahora yo me tengo que hacer cargo de cosas de las que él se encargaba y ahora las cosas cambiaron muchísimo para mí y pues estamos tratando de poco a poco sobrellevarlo, de ir sanando poco a poco porque es muy difícil”, dice Claudia.

La pobreza que dejará el COVID

La muerte de personas en edad productiva provoca el empobrecimiento de las familias y además afecta a todos pues impacta en la recuperación del país.

“La recuperación económica va a ser mucho más lenta porque implica que la siguiente generación que va a entrar a la fuerza laboral pues va a tardar unos años más en generar recursos, en tener más capacidades y en ser más productivos para el país. Tardaríamos más en recuperarnos de la crisis si la población económicamente activa es la que está muriendo y la que está en mayor riesgo ahorita”, explica Luis F. Fernández.

Esta recuperación va a tardar más de un año, estima Mariana Campos de México Evalúa.

“Lo más seguro es que en 2021 veamos un crecimiento positivo, algunos analista estiman un 3%, sin embargo un 3% después de una caída de un 9 o 10% es muy poco, significa que el próximo año no vamos a lograr el nivel previo a la pandemia, vamos a seguir en niveles inferiores”, dice Campos.

Celia tenía 70 años y era ama de casa. Empezó con síntomas de lo que parecía ser una gripe, así que fue al médico y le recetó antibióticos. Cuando empeoró el médico les dijo que tenían que hospitalizarla.

Su hija Esmeralda la ingresó en un hospital privado. Estaba contenta porque la veía mejorar, pero le preocupaba que cada día de hospitalización le costaba más de 50 mil pesos. En ese momento contaba con dinero porque había vendido un departamento con el plan de comprar uno mejor.

“Lo que me preocupaba era que si no daban de alta a mi mamá la iba a tener que trasladar a un hospital público, y así fue”, cuenta Esmeralda. Cuando los médicos del privado le dijeron que Celia necesitaría terapia intensiva por una falla en su corazón, su hija ya no tenía dinero, así que la trasladaron a un hospital del IMSS.

La última vez que la vio fue mientras la subían a la ambulancia para el cambio de hospital. Luego le dijeron que su madre había empeorado, que debían intubarla. Dos días después Celia murió.

“Gastamos cerca de un millón de pesos en el hospital privado. Yo tenía el dinero del departamento, y mi mamá, cuando falleció mi papá, nos repartió dinero que él nos había dejado”, explica.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) prevé que la crisis generada por el COVID provocaría que la población que en 2018 no era pobre ni vulnerable, tenga afectaciones que los lleve a encontrarse en alguna de estas condiciones.

“Con la ayuda de mis tíos y ese dinero pudimos llevar esta situación sin endeudarnos, pero mi herencia desapareció… pero eso ya no importa”, añade Esmeralda.

Pero para millones de mexicanos los efectos de la pandemia serán preocupantes. Según estimaciones de Coneval, el total de personas en situación de pobreza por ingresos podría incrementarse entre 7.2 y 7.9%, es decir, entre 8.9 y 9.8 millones de personas.

El número total de personas en situación de pobreza extrema por ingresos (personas cuyo ingreso es insuficiente para adquirir una canasta alimentaria) se incrementaría entre 4.9 y 8.5%, es decir, entre 6.1 y 10.7 millones de personas.

En cuanto a la pobreza laboral (población que no podría adquirir una canasta alimentaria con su ingreso laboral), se estima un aumento del 37.3 al 45.8% en los primeros dos trimestres de 2020.

Nydia se quedó sin su compañero de vida, su “centro”: David, de 38 años, murió de COVID en mayo pasado. Ambos trabajaban para sostener a sus dos hijos: él como ingeniero y ella como empleada administrativa en una cadena de zapatos.

David ingresó al IMSS el 7 abril por un padecimiento llamado rabdomiliosis, que es la ruptura de los tejidos musculares que libera una proteína tóxica en la sangre. Esto provocó daño en sus riñones. Días después comenzó con síntomas de COVID. David estuvo intubado tres semanas hasta su muerte en mayo.

“David brillaba”, dice ella de su marido con quien estuvo casada 10 años, era tan querido en su trabajo que sus compañeros hicieron una colecta para ayudarle con un poco de dinero.

“Problemas en cuestiones económicas no me dejó, pero la pensión no es ni el 50% de lo que ganaba, obviamente si va afectar mi estilo de vida, pero sé que vamos a sobrevivir, de una manera u otra vamos a estar bien”, dice Nydia quien en las últimas semanas ha realizado los trámites para obtener la pensión del IMSS y el seguro de vida del trabajo y su finiquito.

Nydia y Esmeralda no se vieron tan desprotegidas como la familia de Rolando que no obtendrá siquiera la pensión que le correspondía por el sueldo del joven. “No se manejó ningún tipo de compensación, la empresa nunca mencionó alguna indemnización”, dice su hermano Orlando.

“La cantidad de familias que no logran tener acceso a alimentación básica ya me parece grave, no tener acceso a servicios de salud ni alimentación, doblemente grave, morir  y dejar a las familias abandonadas me parece una desatención del Estado mexicano”, señala el director ejecutivo de Nosotrxs.

Daniel y su madre venden tacos de canasta. Cuando el dinero empezó a escasear, Daniel tuvo que dejar de estudiar. “Estoy muy desanimado, siento que no hay nada que hacer, mi futuro lo veo incierto. Estudiaba para conseguir un buen trabajo, ahora no veo cómo”, dice. “Dejé la universidad, no me dieron descuento y era mucho dinero por clases ‘online'”, explica el joven.

Mariana Campos de México Evalúa explica que la pérdida de empleos de los proveedores de recursos en las familias “va a generar, por ejemplo, que algunos niños tengan que salir de la escuela para trabajar y eso es agotar una fuente de riqueza, pues la principal fuente de riqueza en las personas es la educación.

“Y eso les permite en el futuro tener un ingreso, sin los niños el día de hoy por esas desgracias, de perder a un progenitor o a un proveedor, tienen que abandonar los estudios, esto va a disminuir sus ingresos el resto de su vida. Y es posible que incluso algunas familias caigan en pobreza”, explica Campos.

Las alternativas más allá de los créditos

Este lunes 10 de agosto, la Secretaría de Economía (SE) informó que ha entregado 891 mil 859 microcréditos de 25 mil pesos a pequeñas empresas como ayuda ante la pandemia de COVID. En total se han entregado 22 mil 496 millones de pesos.

Pero a decir de los especialistas de Nosotrxs y México Evalúa la entrega de créditos no es la solución.

Entérate: Gobierno publica decreto sobre apoyos a microempresas; 27 mil personas ya pueden solicitar créditos

Luis F. Fernández considera que dar créditos para sobrellevar la crisis es “grave” pues el Estado está pidiendo a las personas que se endeuden para salir del apuro económico.

Sacar dinero de la cuenta de Ahorro para el Retiro tampoco es una opción pues transmite riesgo a las personas.

Otra solución han sido los seguros de desempleo que da la Ciudad de México, pero éste es limitado en recursos y alcance.

“Es indispensable tener una protección desde el Estado en momentos de emergencia o de crisis para poder satisfacer necesidades básicas. Un ingreso vital de emergencia es una transferencia monetaria no condicionada, temporal, durante el tiempo de la crisis para esas personas que están en riesgo”, explica Fernández.

Con esto se asegura que las personas afectadas tendrán acceso a alimentación y servicios básicos. Este ingreso sería un pago mensual de 3,700 pesos por tres meses para los 12.5 millones de personas que perdieron su empleo por la pandemia.

Esta cantidad les permitiría adquirir la canasta básica alimentaria, que cuesta 1,615 pesos, por persona para un mes y tener un poco más de recursos.

Para dotar de este apoyo, el gobierno necesitaría una bolsa de unos 150 mil millones de pesos. El director de Nosotrxs señala que se podrían obtener a través de préstamos de organismos internacionales como el FMI o el Banco Mundial; frenar los megaproyectos del gobierno y tomar recursos de ahí o de los ahorros y ajustes que ha ordenado el presidente Andrés Manuel López Obrador en la administración pública.

Por ahora la iniciativa para crear este ingreso vital de emergencia se mantiene en discusión en una comisión del Senado, aunque no entró al periodo extraordinario del Congreso.

“La decisión sí está en el presidente de la República y si el presidente no lo acepta desde el Ejecutivo tiene dos escenarios: o que se lo imponga el legislativo, a través de una legislación pero lo veo difícil con la mayoría que logra en el Congreso o lo acepta el Ejecutivo como una medida necesaria”, dice Luis F. Fernández.

Mariana Campos concuerda con que la entrega de créditos no lo es todo. Señala que lo ideal sería que el gobierno federal impulse una política fiscal para prevenir el desempleo y que para aquellos que pierdan su trabajo haya un seguro de desempleo nacional.

Otra forma de apoyo sería que el gobierno subsidiara la nómina de algunas empresas para que éstas se comprometan a no despedir gente.

La recuperación económica parece lejana, sentencia la especialista de México Evalúa.

Explica que aún no hay “un control sobre la epidemia, eso genera incertidumbre económica de que podamos caer en una fase más profunda de recesión más adelante, creo que estamos lejos de tener la situación controlada en el ámbito de salud y en el ámbito económico”.

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La doctora que contrajo COVID y fue salvada por el método de ventilación que ayudó a crear

La intubación de la neumóloga en la USP Carmen Valente Barbas ha sacudido la moral de los médicos que luchaban contra el coronavirus recién llegados a Brasil.
1 de agosto, 2020
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A mediados de abril, el reconocido patólogo de la Universidad de São Paulo (USP), Paulo Saldiva, habló en vivo por televisión sobre la epidemia del covid-19; no pudo evitarlo y comenzó a llorar frente a las cámaras.

“En ese momento, había personas que negaban la existencia o minimizaban el impacto de la enfermedad, así que fui a decirle a las gente que se cuidara porque nosotros en salud estábamos pagando un alto precio. Entonces recordé a Carmen y otros seres queridos y perdí un poco el control”, le dice Saldiva, médico y profesor con 40 años de experiencia, a BBC News Brasil.

Para muchos en la comunidad de médicos que trabajan en los frentes de batalla contra el covid-19 en el país, el llanto de Saldiva no requería explicación.

La noticia de la hospitalización de la neumóloga Carmen Valente Barbas había circulado dentro y fuera de Brasil, sacudiendo la moral de las tropas en la guerra contra un enemigo poco conocido.

La médica de los hospitales Das Clínicas y Albert Einstein, investigadora y profesora con 60 años de edad y más de 35 años de carrera, es una experta internacional en ventilación mecánica, un método utilizado en el tratamiento de casos graves de covid-19.

Reconocimiento internacional

Hija del neumólogo y ex profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Pablo (USP) João Valente Barbas, Carmen siguió los pasos de su padre. Se graduó de la USP y comenzó su doctorado en ventilación mecánica en 1995.

En 1998, se publicó un estudio clínico dirigido por ella y su colega Marcelo Amato en el New England Journal, una revista científica estadounidense de alto impacto.

Paciente con covid-19

Getty Images
Se estima que el 5% de los infectados por el coronavirus requieren respiración asistida.

Hasta entonces, las posibilidades de que un paciente con enfermedad pulmonar aguda muriera por ventilación mecánica eran grandes.

En su investigación, Carmen y su grupo plantearon la hipótesis de que la ventilación en sí podría perjudicar los pulmones de los pacientes.

“Estábamos estudiando ventilación mecánica en pacientes con síndrome de incomodidad respiratoria aguda, SDRA”, le dice Carmen a BBC News Brasil. “En ese momento, la tasa de mortalidad por este síndrome era del 70%. Los que trabajaban en cuidados intensivos se desanimaban porque la mayoría de los pacientes morían”.

En ese momento, explica, los pacientes con el síndrome eran ventilados con el mismo volumen corriente (el volumen de aire que entra y sale del pulmón durante la ventilación mecánica) utilizado en cirugías.

“En la cirugía, cuando aplicas anestesia general, intubas y ventilas al paciente. Pero el pulmón dañado por ARDS tiene una distensibilidad menor, es más difícil. Cuando pones un alto volumen corriente, genera presiones muy altas en el sistema sistema respiratorio y terminas dañando más el pulmón “.

Carmen y su grupo comenzaron a ventilar a los pacientes con un volumen corriente más bajo, entre otros ajustes.

Al final del estudio clínico, el número de muertes entre los pacientes tratados con la nueva técnica se redujo al 40%. En 2000, un gran estudio estadounidense confirmó, también en el New England Journal, que el enfoque del grupo de USP era mucho mejor.

Desde entonces, la tasa de mortalidad de pacientes con SDRA se ha reducido aún más, al 30%. Y el equipo dirigido por Carmen y Amato ganó una voz internacional, ayudando a transformar la ventilación mecánica en el mundo.

Carmen Barbas

Arquivo pessoal/Carmen Valente
Carmen Barbas siguió los pasos de su padre, también neumólogo.

La técnica se conoce hoy como ventilación pulmonar protectora.

“Carmen y su equipo son uno de los líderes de la comunidad mundial (de intensivistas y neumólogos)”, le dijo a BBC News Brasil el italiano Paolo Pelosi, médico de cuidados intensivos y profesor de la Universidad de Génova en Italia, colega y amigo de la médico durante 20 años.

El tratamiento de pacientes en unidades de cuidados intensivos (UCI) es complejo, por lo que se necesitan varias estrategias diferentes, explica.

“La técnica propuesta por Carmen es parte de un conjunto de enfoques discutidos y aplicados en el mundo”.

Lo que Carmen nunca hubiera esperado es que algún día la salvarían con la misma técnica.

Llegada de coronavirus

En marzo de 2020, los médicos brasileños comenzaron a darse cuenta de que el nuevo coronavirus era realmente peligroso.

“Al estudiar los virus durante muchos años, vimos que este nuevo virus es muy diferente, muy agresivo, sobrevive a temperaturas muy altas, lo que no es normal para los virus respiratorios”, dice Carmen.

Cuenta que incluso escribió un artículo para la Sociedad Paulista de Terapia Intensiva alertando sobre Sars-Cov-2.

Debido a su edad y porque era hipertensa, Carmen estaba en el grupo de riesgo.

Dibujo de respirador

Getty Images
El respirador no es una cura, pero permite es ganar tiempo para que el tratamiento haga efecto.

“Estaba tomando todas las medidas preventivas, cuidando a los pacientes con máscaras, sin permitir que se acercaran demasiado. Con mis colegas, fui una de las primeras en decir, ‘no te acerques, mantengamos nuestra distancia’. Dejé de besar a los colegas, de darle la mano a los pacientes, siempre andaba con el gel de alcohol colgando de la bolsa”.

Los primeros síntomas aparecieron el 19 de marzo.

“Empecé a tener un poco de dolor de garganta, un poco de tos, un dolor corporal muy importante”.

Ella no estaba cuidando a pacientes con coronavirus, pero comenzó a cansarse mucho.

“Todo lo que hacía me producía una fatiga absurda. ‘Me está pasando algo extraño‘, dije”.

Carmen fue al hospital para pedir que le hicieran la prueba. Sin los síntomas clásicos (no tenía fiebre ni oxígeno bajo), tuvo que insistir. La prueba se realizó el día 23. El resultado llegó el día 27: la doctora había contraído el covid-19.

Lo vi en la computadora: positivo. Llamé a colegas pidiendo que me admitieran porque estaba muy cansada”.

Gustavo Faissol Janot

Arquivo pessoal/Gustavo Faissol Janot
Gustavo Faissol Janot, jefe del equipo que intubó y cuidó a Carmen durante su ingreso en la UCI del Hospital Albert Einstein.

Dilema

Carmen fue al hospital Albert Einstein, donde ha trabajado durante más de 30 años como intensivista. Inicialmente, su condición no era crítica, así que la enviaron a la enfermería. Pero como es común en pacientes con covid-19, su condición empeoró rápidamente.

“Fui hospitalizada el 27 de la noche. El 29 de la mañana, me llevaron a la UCI y me intubaron porque tenía una insuficiencia respiratoria grave”.

Ella había dedicado su carrera a los pacientes, la enseñanza y la ciencia. Ahora Carmen confió su propia vida a la técnica que había ayudado a desarrollar y a los médicos que había entrenado.

“Fui a la UCI. Todos mis colegas ya estaban allí, gente conocida“, recuerda Carmen.

“Cuando te sientes mal, quieres aliviarte. Estaba tan incómoda, tan sin aliento, que cuando me anestesiaron, me alivió”.

Antes de perder el conocimiento, cuenta, escuchó las palabras de la anestesióloga Roseny Rodrigues: “Puede estar segura de que la cuidaremos bien“.

Al frente del equipo que la intubaría y se encargaría de la ventilación mecánica de Carmen estaba un ex estudiante de doctorado de la médica, el intensivista y médico general de Río de Janeiro, Gustavo Faissol Janot. Ha trabajado con Carmen durante 16 años.

“Carmen siempre ha sido nuestra gran mentora. Verla enferma, necesitando intubación, fue uno de los momentos más difíciles, quizás el más difícil, de mi carrera“, le dice Janot a BBC Brasil.

La presión sobre él era tan grande que Janot decidió abandonar la sala.

“En ese momento, dada mi proximidad con ella, pedí no estar presente en la intubación”, dice.

“Cuando uno está emocionalmente involucrado con la persona, tiende a evitar realizar procedimientos invasivos porque puede cambiar la forma en que realiza el procedimiento y poner en riesgo al paciente”, explica.

Roseny Rodrigues se hizo cargo de la tarea. Después de la intubación, Janot regresó a la UCI.

Ahora, de acuerdo con los principios de ventilación pulmonar protectora, era necesario ajustar el respirador para ventilar suavemente el pulmón de la paciente, evitando daños en el órgano, y monitorear cuidadosamente su progreso, las 24 horas del día.

Janot recuerda que fue difícil dormir esa noche.

“A las 3 de la mañana, me desperté y salté de la cama. Había soñado con Carmen diciendo: ‘ve a revisar mis exámenes, no me dejes’. Así que fui a la computadora para revisar los exámenes en la madrugada”.

Carmen Barbas con su colega y profesor en la Universidad de Génova Paolo Pelosi durante una reunión internacional de médicos de cuidados intensivos en Río de Janeiro.

PAULO PELOSI
Carmen Barbas con su colega y profesor en la Universidad de Génova Paolo Pelosi durante una reunión internacional de médicos de cuidados intensivos en Río de Janeiro.

La noticia reverbera en el extranjero

Ese mismo domingo, en Génova, Italia, el colega y amigo de Carmen Paolo Pelosi recibió un mensaje en su teléfono celular.

“Todas las noches, hablaba con amigos de todo el mundo para averiguar cómo estaba evolucionando la pandemia”, dice Pelosi. “En Italia, tuvimos covid-19 unos 25 días antes que los otros países, y yo estaba apoyando a mis colegas”.

“Entonces, llegó un mensaje de un colega en Brasil. Era casi medianoche: Carmen fue hospitalizada y será intubada”, recuerda Pelosi.

“Cuando tratas a un paciente, es como si estuvieras protegido, no te afecta. Es un recurso psicológico, una actitud que te permite reaccionar ante esa situación”, explica. “Pero cuando le sucede a un amigo y colega, es como si te estuviera sucediendo a ti“.

Gustavo Janot trata de explicar la sensación de consternación que afectó a muchos médicos, entre ellos, el experimentado Paulo Saldiva, el ex maestro de Carmen, que había llorado en el programa de televisión:

“Primero, por el tipo de persona que es, con buen corazón, incansable en la enseñanza y la ayuda”, dice.

“Segundo, por lo que representa en ventilación mecánica. Tercero, porque ella es una de nosotros. Y nosotros, los médicos, en la línea del frente, estamos todos asustados”.

Con la experiencia adquirida en más de 30 años de práctica e investigación, Carmen Valente era muy valiosa para los equipos de médicos que luchaban en la primera línea contra el covid-19. Y nadie podía contar con ella ahora.

“¿Quién no querría poder preguntarle qué hacer en ese momento?”, dice Janot.

Síntomas de la covid-19

BBC

“Hoy tenemos una experiencia de meses. No solo nuestra, sino también de europeos, estadounidenses, canadienses. Hay un gran intercambio de información en la comunidad científica a este respecto”, explica.

Carmen Valente dejó la ventilación mecánica después de una semana, pero permaneció hospitalizada por otros 18 días. En ese período, llovieron mensajes de alivio.

Una mañana, recibió una visita de su colega y amigo Marcelo Amato, que había seguido de cerca su caso.

“Recuerdo que ya estaba sin tubos y apareció al amanecer y habló conmigo. Me habló de los colegas internacionales que habían enviado mensajes. Me contó que un médico que siempre nos ayudó, que trabaja y vive en Miami, lloró como un niño cuando se enteró de que el coronavirus me tenía entubada”.

De vuelta al trabajo

Carmen fue dada de alta del hospital el 20 de abril. A principios de junio, sin secuelas, pero aún sometida a fisioterapia, regresó al trabajo.

Ella dice que no sabe cómo contrajo a covid-19, pero no cree que fue durante la atención.

“(Creo que pillé el virus de) alguien infectado asintomático y que se acercó mucho, o dentro del ascensor en el hospital”, dice.

Por esto, todo cuidado es poco. Está tratando pacientes con coronavirus, y usa todo el equipo de protección personal.

“Ellos (los científicos) no están seguros de si la inmunidad que adquieres después de enfermarte es permanente y si te defiende si te expones a una carga muy alta (del virus)”.

Reducir contagio coronavirus

BBC

“A veces llego a lugares y la gente viene a besarme. Yo digo que no. ‘¡Pero si ya la tuviste!’ Pero hasta que estemos seguros de las cosas, mantendremos el aislamiento”.

Carmen bromea, diciendo que ella era “una especie de neurótica” después de su encuentro con el coronavirus.

“Creo que el gran problema con este virus es que no sabemos dónde está“, reflexiona.

“No sabemos dónde están las personas asintomáticas que son positivas. Están circulando. Tenemos que hacer pruebas, diagnosticar quién tiene el virus y aislar a esas personas durante 14 días hasta que se reduzca la transmisión”.

Enfrentando a covid-19 en Brasil

Invitada a dar una opinión sobre las políticas para combatir la pandemia en Brasil, Carmen hizo algunas recomendaciones.

Primero, necesitamos informar bien a la población.

“Los servicios de prensa y el gobierno tienen que ser muy transparentes. La gente ve que está ocurriendo un problema. No quieren ver la realidad de las cosas”, dice.

“Es muy importante ver la realidad de las cosas y ser transparente”.

“La población necesita comprender que tienen un virus altamente infeccioso, que el 5% evolucionará a la intubación. Solo el 5%”.

“Creo que eso tranquiliza a la población. Pero necesitan saber que la enfermedad es un hecho”.

Con la población haciendo su parte, queda por organizar mejor la atención y capacitar a los profesionales, comenzando con la detección de pacientes.

“El paciente con dolor corporal y fiebre no necesita ser hospitalizado, solo el 15% que tiene una afección respiratoria más grave debe ser hospitalizado”, explica.

El siguiente paso es formar los equipos que intubarán y ventilarán el 5% de este grupo que necesitará ir a la UCI.

Necesitamos personas que sepan intubar, que sean anestesistas”, sugiere.

“También necesitamos radiólogos para hacer una ecografía de tórax y una tomografía para detectar quién tiene enfermedad pulmonar”.

Finalmente, es necesario capacitar a los médicos de la UCI. “Necesitan saber que es grave y que hay algunas cosas que deben hacerse para prevenir una lesión pulmonar”, explica.

Carmen dice que tanto en el Hospital das Clínicas como en Albert Einstein, la mortalidad entre los intubados -la cifra es de junio- fue inferior al 20%.

“Puedes aprender si tienes entrenamiento. Necesitas tener esta buena voluntad para entrenar”, concluye.


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