Omisiones provocan más de 220 contagios de COVID en penales de Chihuahua
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Gobierno de Chihuahua

Familiares denuncian que omisiones en penales de Chihuahua han provocado más de 220 contagios de COVID

La situación se debe, en parte, a las condiciones de hacinamiento que existen en las cárceles del estado. Al momento suman 7 muertes.
Gobierno de Chihuahua
Por Martín Orquiz/ La Verdad
29 de agosto, 2020
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Ante el aumento de contagios por COVID-19 en tres Centros de Reinserción Social (Ceresos) de Chihuahua, que produjeron ya siete muertos y 221 casos confirmados, familiares de reclusos interpusieron seis quejas ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), mientras que el organismo inició otra investigación de oficio en el penal de Ciudad Juárez por la misma razón.

La alerta fue generada por la situación de hacinamiento y convivencia que existe en las cárceles del estado.

Entre los reos fallecidos se encuentra el exdirector del Fideicomiso para el Fomento de las Actividades Productivas de Chihuahua (Fideapech), Joaquín Lázaro López Ramírez, quien enfrentaba un proceso por peculado en un caso relacionado con las acusaciones que incluyen a otros exfuncionarios estatales, como el exgobernador, César Duarte Jáquez, quien permanece detenido en Estados Unidos para su extradición a México.

‘Niegan servicio médico’, denuncia pariente de González Tachiquín

Otro de los exfuncionarios de la pasada administración estatal, el exsecretario de Educación, Manuel Marcelo González Tachiquin, resultó positivo al padecimiento y ya se encuentra incomunicado en el penal de Aquiles Serdán, lo que despertó la angustia de su familia, expuso a La Verdad Miriam González Martínez, hermana del afectado.

Lee: Cárceles enfrentan el COVID con sobrepoblación, sin doctores ni insumos médicos: CNDH

Indicó que lanzaron la exigencia para que su familiar sea trasladado de ese lugar a otro más seguro sanitariamente dado que se encuentra en una situación de alta vulnerabilidad ya que se le negó el servicio médico de calidad que requiere.

Además, desde este jueves no pudieron comunicarse con él porque –al parecer– lo aislaron, cuando antes hablaban todos los días con la familia.

Incluso planean interponer una queja ante organismos de Derechos Humanos.

Tachiquín González está detenido desde el 7 de enero del 2019 acusado de peculado dentro de los expedientes 20/2019, 11/2019, 3464/2018 y 1139/20, juicios que ya fueron resueltos por los tribunales federales que determinaron su inocencia, dijo la informante.

Sin embargo, explicó Miriam, las autoridades estatales le abrieron una quinta carpeta con el fin de retenerlo, por lo que en la actualidad está bajo la medida cautelar de prisión preventiva y a lo largo del proceso se vulneraron sus derechos humanos y fue puesto en situaciones de mucha complejidad y abuso.

A pesar de que un Juez autorizó que se le instalara un brazalete electrónico y una garantía económica para enfrentar el proceso fuera de prisión, el Gobierno del Estado no le permite salir por persecución y revancha política, expuso.

Toda esta situación fue presentada de forma pública a través de una carta, firmada por la madre del procesado, Selma del Carmen Tachiquín de González, que dirige a autoridades federales.

La urgencia que experimenta la familia se debe al brote de COVID-19 en el Cereso 1, donde se encuentra detenido, y a que se le niega lo que por ley le corresponde.

Luego de la muerte de López Ramírez, cuya esposa, Luz María Martínez, declaró ante medios de comunicación de la capital del estado que el hombre presentó complicaciones por COVID-19 y murió la tarde del miércoles anterior por la enfermedad que contrajo en el penal de Aquiles Serdán, la alarma creció.

En un comunicado, la Fiscalía General del Estado (FGE) informó que se implementó un programa para la detección y atención a síntomas del padecimiento, así como áreas especiales para atender a los pacientes.

Se gestiona atención y preliberación: CEDH

Ante las quejas interpuestas por familiares de reos, el presidente de la CEDH, Néstor Armendáriz Loya, informó que se solicitarán medidas cautelares y se presentará una propuesta general a las autoridades de salud y penitenciarias para que se establezcan medidas sanitarias que ayuden a disminuir los contagios derivados del hacinamiento y convivencia en espacios reducidos.

Esas condiciones, señaló, expone a los prisioneros a condiciones de alta vulnerabilidad.

Lee: La falta de pruebas impide saber el impacto de COVID-19 en las cárceles

Armendáriz Loya dio a conocer, a través de un comunicado, que la CEDH realizó diversas gestiones ante la solicitud de familiares de reos que solicitaran su intervención para que se otorgue atención médica y, en caso de ser necesario, se traslade a un hospital a los afectados, además de establecer mecanismos para poder comunicarse con ellos.

El documento expone que se solicitará a las autoridades medidas cautelares para salvaguardar la salud y vida de los pacientes porque, al encontrarse bajo custodia del Estado, su cuidado corresponde a las autoridades porque no pueden buscar atención médica ni acceder a los cuidados que requieren por sí mismos.

La CEDH solicitará información de todas las personas que presentan contagio de COVID-19, así como son antecedentes clínicos, padecimientos y el tratamiento médico que se les proporcionó.

Además, exhortará al Consejo de la Judicatura del Poder Judicial del Estado, como lo recomendó la Corte y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que se analicen los casos de personas ya sentenciadas que pudieran ser sujetas a pre-liberación.

También se pedirá que se revise la situación de quienes se encuentran bajo proceso para revisar una posible modificación a la medida cautelar para despresurizar los centros de reclusión y disminuir el riesgo de propagación del virus.

El funcionario agregó que de la misma manera se solicitará la revisión de los casos de reclusos vulnerables, como adultos mayores o con comorbilidades como diabetes, hipertensión u obesidad.

El subdirector de Epidemiología de la Secretaría de Salud de Chihuahua (SSCh), Gumaro Barrios Gallegos, aseguró este jueves que los responsables de cada Jurisdicción Sanitaria donde se ubican los penales con afectación por COVID-19 acudieron a vigilar los protocolos sanitarios de prevención y tratamiento.

El funcionario de salud declaró que se atienden todas las situaciones que surgen en los Ceresos, a donde asisten los epidemiólogos de la SSCh para validar los pasos en busca de cumplir con los criterios de las medidas preventivas.

Expuso que en el estado poco más de 8 mil personas se encuentran recluidas en las cárceles estatales.

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Rusia y Ucrania: las razones de Estados Unidos y la OTAN para no enviar tropas a Kiev

En el pasado, las tropas de Estados Unidos y de la OTAN intervinieron en conflictos en países que no pertenecían a la alianza como Bosnia o Afganistán.
26 de febrero, 2022
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El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha gastado un enorme capital diplomático en contrarrestar el ataque ruso a Ucrania.

Su gobierno transmitió implacablemente advertencias sobre una posible invasión inminente por parte de Moscú, que finalmente se materializó, y declaró que estaba en juego nada menos que el orden internacional.

Pero Biden también ha dejado en claro que los estadounidenses no están dispuestos a combatir, aunque los rusos claramente lo están.

Además, descartó enviar fuerzas a Ucrania para rescatar a ciudadanos estadounidenses, si llegara el caso. De hecho, sacó del país tropas que estaban sirviendo como asesores y monitores militares.

¿Por qué ha trazado el mandatario esta línea roja en la crisis de política exterior más importante de lo que lleva de presidencia?

No están en juego sus intereses de seguridad nacional

En primer lugar,hay que recordar que Ucrania no está en el vecindario de EE.UU. ni se encuentra en su frontera. Tampoco alberga una base militar estadounidense. No tiene reservas estratégicas de petróleo y no es un socio comercial importante.

Pero esa falta de interés nacional no ha impedido en el pasado que gobiernos estadounidenses hayan gastado sangre y recursos de su país para defender a otros.

En 1995, Bill Clinton intervino militarmente en la guerra que siguió al colapso de Yugoslavia. Y en 2011, Barack Obama hizo lo mismo en la guerra civil de Libia, alegando tanto motivos humanitarios como de derechos humanos.

Tropa de Estados Unidos en Bosnia en 1995.

Getty Images
Estados Unidos envío tropas que formaron parte del contingente de la OTAN en 1995.

En 1990, George HW Bush justificó su coalición internacional para expulsar a Irak de Kuwait defendiendo el Estado de derecho frente a la ley de la selva.

Los principales funcionarios de seguridad nacional de Biden han usado un lenguaje similar al describir la amenaza de Rusia a los principios internacionales de paz y seguridad.

Pero, hasta ahora, han hablado de una guerra económica a través de sanciones paralizantes como respuesta, no de operaciones militares.

Biden no es partidario del intervencionismo militar

Esta postura tiene algo que ver con los instintos no intervencionistas del presidente Biden.

Por supuesto, estos se fueron desarrollando con el paso del tiempo. En el pasado, por ejemplo, el actual mandatario apoyó la acción militar estadounidense en la década de 1990 para hacer frente a los conflictos étnicos en los Balcanes.

También votó a favor de la invasión estadounidense de Irak en 2003. Pero, desde entonces, se ha vuelto más cauteloso a la hora de usar el poder militar estadounidense.

Así, se opuso a la intervención de Obama en Libia, al igual que a su decisión de incrementar las tropas en Afganistán. De igual modo, sigue defendiendo enérgicamente su orden de retirar las fuerzas estadounidenses de Afganistán el año pasado a pesar del caos que la acompañó y la catástrofe humanitaria que dejó a su paso.

Por su parte, el jefe diplomático de su gobierno, Antony Blinken —quien ha ayudado a concebir la política exterior de Biden— ha definido una seguridad nacional estadounidense más enfocada a combatir el cambio climático, luchar contra las enfermedades globales y competir con China que en términos de intervencionismo militar.

Los estadounidenses tampoco quieren una guerra

Una encuesta reciente de la agencia AP y el Centro NORC para la investigación de Asuntos Públicos de la Universidad de Chicago concluyó que 72% de los consultados en EE.UU. dijo que su país debería desempeñar un papel menor en el conflicto entre Rusia y Ucrania, o ninguno en absoluto.

Carteles con el precio de la gasolina en una estación de servicio en Estados Unidos.

Getty Images
Los estadounidenses están más preocupados por la economía que por la geopolítica.

Los ciudadanos centran sus intereses en cuestiones económicas, especialmente en el aumento de la inflación, algo que Biden debe tener en cuenta a medida que se avecinan las elecciones de mitad de período.

En Washington, la crisis en Ucrania está en el centro de las preocupaciones de legisladores tanto republicanos como demócratas, que exigen sanciones más duras contra Rusia.

Pero incluso voces de línea dura como el senador republicano Ted Cruz no quieren que Biden envíe tropas estadounidenses a Ucrania y “comience una guerra con Putin”.

El senador republicano Marco Rubio, otro halcón de la política exterior, ha dicho que la guerra entre las dos potencias nucleares más grandes del mundo no sería buena para nadie.

El peligro de una confrontación de superpotencias

Buena parte de esta postura se explica en el hecho de que Putin cuenta con una gran reserva de ojivas nucleares.

Biden no quiere provocar una “guerra mundial” al arriesgarse a un enfrentamiento directo entre tropas estadounidenses y rusas en Ucrania y ha sido claro al respecto.

Balance fuerzas militares entre Rusia y Ucrania.

BBC
Desfile militar en Rusia.

Getty Images
Además de armas nucleares, Rusia cuenta con un potente arsenal convencional.

“No es como si estuviéramos lidiando con una organización terrorista”, dijo el mandatario estadounidense a la cadena NBC a principios de este mes. “Estamos lidiando con uno de los ejércitos más grandes del mundo. Esta es una situación muy difícil y las cosas podrían descontrolarse rápidamente”, apuntó.

EE.UU. no está obligado a actuar

EE.UU. tampoco está obligado por ningún tratado internacional a asumir este riesgo.

Una situación distinta ocurriría si Ucrania fuera parte de la OTAN, pues en esa organización se asume que un ataque contra cualquiera de sus miembros es un ataque contra todos. Ese es el compromiso fundamental del Artículo 5, que obliga a todos los miembros a defenderse unos a otros.

Pero Ucrania no es miembro de la OTAN, un factor citado por Blinken para explicar por qué los estadounidenses no lucharán por los valores que defienden con tanta energía.

Aquí hay cierta ironía, dado que el conflicto surge de las demandas de Putin de garantías de que nunca se permitirá que Ucrania se una a la alianza militar y de la negativa de la OTAN a dárselas.

Tampoco la OTAN está obligada a hacerlo

Paradójicamente, el compromiso de defensa mutua establecido en el Tratado de la OTAN es el principal incentivo que tiene Ucrania para solicitar la admisión en esa alianza y, al mismo tiempo, uno de los motivos por los cuales algunos de sus estados miembros no quieren admitir a Kiev.

Gráfico

BBC

Desde inicios de la década de 1990, el tema de la ampliación de la OTAN para incluir a países que pertenecieron a la antigua órbita soviética fue motivo de debate entre expertos en política exterior, entre los cuales hay quienes creen que esto podría generar una reacción negativa por parte de Rusia, que podía sentirse amenazada por la inclusión en la alianza de países con los que comparte fronteras.

Pese a esas objeciones, la alianza se amplió y desde 1997 ha incluido entre sus miembros a 14 países que proceden del antiguo bloque comunista. Ha habido, sin embargo, dos notables excepciones: Georgia y Ucrania.

En 2008, la OTAN hizo una declaración en la que señaló que estos dos países podrían ser finalmente admitidos, pero esto no ha ocurrido.

De hecho, muchos analistas apuntan que no es casual que, justo meses después de esa cumbre de la OTAN, se produjo la guerra en Georgia mediante la cual separatistas prorrusos tomaron el control de los territorios de Abjasia y de Osetia del Sur.

Soldados de Ucrania en Donetsk.

Getty Images
En 2014, las fuerzas armadas de Ucrania perdieron el control de Donetsk y Luhansk ante grupos prorrusos.

Una situación similar se repitió en 2014, cuando pocos meses después de las revueltas populares que llevaron a la caída del gobierno del presidente prorruso de Ucrania Víktor Yanukóvich, se registraron las rebeliones en Donetsk y Luhansk, en las cuales grupos prorrusos asumieron el control de esos territorios de Ucrania.

Al igual que el gobierno de Biden, la OTAN ha criticado con dureza la invasión rusa a Ucrania. Su secretario general, Jens Stoltenberg, dijo que se trata de “un acto brutal de guerra”. Pero, de ahí a intervenir militarmente en defensa de Kiev, hay un abismo que la alianza no parece estar dispuesta a cruzar por el momento.

¿Puede cambiar esto?

El presidente Biden ha estado enviando tropas a Europa y redistribuyendo las que ya están allí, para reforzar a los aliados de la OTAN que limitan con Ucrania y Rusia.

Esto ha sido anunciado por su gobierno como un esfuerzo para tranquilizar a las exrepúblicas soviéticas, nerviosas por el objetivo más amplio de Putin de presionar a la OTAN para que haga retroceder las fuerzas de su flanco oriental.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

Getty Images
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha criticado duramente la invasión rusa.

Este esfuerzo ha implicado también a la alianza, que durante los meses previos de tensión entre Rusia y Ucrania ha movilizado miles de efectivos y de recursos militares hacia el este de Europa, pero no con la finalidad de proteger a Ucrania sino para reforzar la protección de sus miembros en esa región como Polonia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania.

Pero la invasión de Ucrania esta semana avivó las preocupaciones sobre la perspectiva de un conflicto más amplio, ya fuera por un derrame accidental de las hostilidades o por un ataque deliberado de Rusia más allá de Ucrania.

Esto último implicaría una gran escalada de la tensión, pues abriría la puerta a invocar el compromiso de defensa mutua del Artículo 5 de la OTAN. No obstante, cualquiera de esos dos escenarios podría atraer a las fuerzas estadounidenses a una batalla.

“Si [Putin] entra en los países de la OTAN, nos implicaremos“, advirtió Biden.

* Con información del análisis de Barbara Plett Usher, corresponsal de la BBC en el Departamento de Estado de EE.UU.


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