Familias de desaparecidos marcharán en el Zócalo hasta reunirse con AMLO
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Alberto Pradilla

Familias de desaparecidos, decepcionadas con AMLO, marcharán en el Zócalo todos los meses

“Queremos que se siente con nosotros y nos escuche: que no se le olvide que existimos”, dicen. Las marchas serán los primeros miércoles de cada mes entre las 11 y las 18 horas.
Alberto Pradilla
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Cecilia García Pacheco lleva ocho años buscando a su esposo José Antonio Rodríguez Nieva, desaparecido en Nogales, Veracruz, el 24 de abril de 2012. Desde entonces lo ha intentado todo: rastreó e investigó por su cuenta, acudió a cualquier encuentro que pudiera servirle para seguir su búsqueda y se manifestó donde hiciera falta. Solo una vez cree que estuvo cerca de encontrarlo: siguió una pista que le llevó hasta Río Bravo, pero sin resultados. El miércoles fue una de las mujeres que se manifestó dando vueltas a la bandera del Zócalo. 

El gesto tiene mucho simbolismo. Marchar alrededor de una plaza es lo que llevan haciendo durante cuatro décadas las Madres de la Plaza de Mayo, en Argentina. Ellas comenzaron en plena dictadura militar, cuando los uniformados lanzaban a opositores desde lo alto de aviones, en lo que se conoció como “vuelos de la muerte”. Aquí es la “guerra contra el narcotráfico” que puso en marcha Felipe Calderón lo que ha desgarrado miles de familias. 

En su primera marcha, las madres argentinas reunieron a 14 personas. Aquí es diferente porque protestar no está prohibido. Sin embargo, apenas era medio centenar dando vueltas al Zócalo. venían de Zacatecas, Guerrero, Veracruz, Estado de México, Ciudad de México, Oaxaca y Nuevo León. Una limitada representación de las más de 73 mil personas a las que todavía se busca. 

Lee: “Queremos que AMLO nos escuche”: familiares de desaparecidos

“Nos manifestamos para que nos den las búsquedas. Porque no nos las han dado y queremos seguir buscando. Hemos encontrado personas en vida y en fosas. Nos ponen el pretexto de las pandemias, pero deben entender que el tiempo nos está llevando a no encontrar a nuestros desaparecidos”, dijo García Pacheco, mientras caminaba alrededor de la enorme bandera.

El pequeño grupo seguirá marchando todos los primeros miércoles de cada mes para exigir una reunión con el presidente, Andrés Manuel López Obrador, y más dotaciones para las labores de búsqueda.

“Estamos decepcionados”, explicó. Ella fue una de las 200 familiares que en abril de 2019 mantuvieron un encuentro con el presidente en Palacio Nacional. Aquel día, López Obrador les dijo que cada tres meses se verían para analizar los avances. No volvió a celebrarse otro encuentro de estas características. 

“Nos prometió que los desaparecidos serían una prioridad”, aseguró. 

Se quejaba García Pacheco de que el coronavirus ha puesto fin a las búsquedas. “No hemos buscado desde que comenzó la pandemia. Y eso exigimos: búsquedas. Nos dijeron que en julio, pero no se ha hecho nada”, protestó. 

Lo cierto es que algunos rastreos ya han comenzado. Desde el lunes, por ejemplo, la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB) trabaja en Uriangato, Guanajuato, junto a autoridades estatales. También se han realizado rastreos recientes en Veracruz, Estado de México o Guerrero. Además, según un informe de Segob sobre violaciones a los derechos humanos durante la pandemia, hasta mayo fueron localizadas 551 personas de las mil 260 que fueron reportadas como desaparecidas o no localizadas. 

Durante la pandemia se han desarrollado lineamientos sobre cuidado personal, distancia y limitaciones en el número de personas que participan en las búsquedas.

Lee: Guanajuato reconoce 2 mil desaparecidos; inicia primera búsqueda marcada por arresto del ‘Marro’

“Estuvimos en plantón hace un mes y nos atendió el subsecretario de Gobierno (Alejandro Encinas), pero no el presidente. Queríamos una reunión con él para que nos diga bien con exactitud qué se va a hacer, pero no nos quiso dar la reunión”, se quejó García Pacheco.

No es la primera vez que familiares de víctimas piden reunirse con el presidente. A finales de enero, la marcha liderada por el poeta Javier Sicilia salió de Cuernavaca para terminar en Palacio Nacional. A pesar de las continuas invitaciones a un encuentro, López Obrador rehusó mantener la reunión “para no hacer un show” y los derivó a su gabinete de seguridad. 

Recientemente, tras un acto en Veracruz, familiares de desaparecidos trataron de ver al presidente pero este pasó de largo en el coche y argumentó no haberse detenido “para respetar la sana distancia” a la que obliga la COVID-19.

Animal Político consultó con la vocería de Presidencia si habían recibido el trámite de petición de la reunión y cuál iba a ser su respuesta, pero, al cierre de la nota, no había recibido respuesta. 

Por la tarde, después de varias horas caminando en círculos, personal de la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB) y de atención ciudadana de Presidencia se presentó ante las quejosas para dialogar.

“Pidieron nuestros nombres, el del familiar y nuestro teléfono y nos dijeron que nos iban a contactar. Es lo que hacen siempre”, aseguraba Mayra De la Vega Duna, que busca a su hija Mayra Remes De la Vega desde 2013.

“El presidente hizo el compromiso de campaña de que nos íbamos a reunir. Llegó la reunión y no le gustó mucho la dinámica, porque las familias hacemos reclamos. La segunda reunión, tengo entendido que se molestó mucho. Y no volvió a celebrarse ninguna”, dijo. 

Para De la Vega marchar es una forma de que no se olvide. Está frustrada con la Fiscalía de su estado, Veracruz, y con todas las autoridades. “Han sido muchos años de omisión de nuestra Fiscalía. Las pistas las aportamos las madres, las líneas de investigación. Nosotras somos las que hacemos la investigación”, dijo. 

“Lo que queremos es al menos recuperar el cuerpo. Sabemos que están sin vida, pero queremos recuperar el cuerpo”, insistió. “A nadie le importan estas personas de las fotos más que a nosotras”.

Lee: “También nos puede escuchar”: familiares de desaparecidos en Guanajuato piden hablar con AMLO

Por el momento la gran reclamación es reunirse con López Obrador, que mientras las mujeres caminaban en círculos por el Zócalo se encontraba de visita en Sinaloa. “Queremos hablar con él. No simulaciones. No queremos con Alejandro (Encinas) con Olga (Sánchez Cordero), merecemos un respeto. Nos sentimos muy defraudadas y heridas”, dijo Patricia Manzanares. Esta mujer lleva buscando a su hijo Juan, policía desaparecido en Nuevo León, desde hace ocho años. 

“Esta es una exigencia para que nos aclare qué está haciendo. Nos dice que está todo el recurso del mundo, pero los desaparecidos siguen desapareciendo. Hay más de 30 mil cuerpos sin identificar. Ahí pueden estar nuestros hijos”, dijo. 

 La Comisión Nacional de Búsqueda reconoció en julio que México tiene más de 73 mil desaparecidos. Se trata de una cifra incompleta ya que todavía no se le han sumado los datos de estados como Guanajuato, que esta semana reconoció tener registrados más de 2 mil. Como explicaba Manzanares, todos los meses habrá un grupo de familias que marchen en el Zócalo para pedir una reunión con López Obrador. “Queremos que se siente con nosotros y nos escuche: que no se le olvide que existimos y que las desapariciones siguen”.

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Cómo el narco ganó presencia en CDMX tras años de considerarse 'inmune' al crimen organizado

Autoridades de la capital mexicana negaron durante años la presencia del crimen organizado, lo que según expertos fue aprovechado por estos grupos para extender sus tentáculos por la ciudad a falta de una estrategia en su contra.
Getty Images
1 de julio, 2020
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Durante años, las autoridades de Ciudad de México negaron que allí hubiera presencia del crimen organizado, tan habitual en otros estados del país.

Tradicionalmente, en la capital se habló siempre de grupos locales dedicados a actividades de pequeña escala como el “narcomenudeo” o venta de droga en pequeñas cantidades.

Nada apuntaba a la operación de grandes organizaciones del narco como el cartel de Sinaloa o el Jalisco Nueva Generación (CJNG). Hasta hace tres años.

Desde entonces, en Ciudad de México se registraron actuaciones, operativos y detenciones contra células de grandes estructuras criminales.

La más reciente fue el atentado fallido el pasado viernes contra el secretario de Seguridad de la capital, Omar García Harfuch, que él mismo atribuyó al CJNG y con el que expertos consideran que se cruzó una especie de “línea roja” en la capital del país.

En una zona de alto nivel adquisitivo de la ciudad, plagada de embajadas y representaciones diplomáticas, decenas de hombres dirigieron una impresionante balacera contra el jefe de policía.

“Consulté mis archivos y no tengo registrado ningún atentado de esta magnitud en 50 años en Ciudad de México. Responde a una criminalidad organizada muy compleja”, le dice a BBC Mundo Javier Oliva, especialista en seguridad.

Carro baleado

Reuters
Así quedó el auto en el que viajaba García Harfuch el día de su atentado, de una extrema violencia nunca vista antes en Ciudad de México.

José Armando “N”, alias el Vaca y señalado como uno de los presuntos jefes de sicarios del CJNG, fue detenido como supuesto autor intelectual del atentado.

Y aunque el gobierno prefirió dejar abiertas todas las hipótesis sobre la autoría mientras avanza la investigación, dijo no tener dudas de que se trató de “una organización criminal consolidada, dado el poder de fuego” observado en el suceso.

“Es una de las alertas más fuertes que hemos vivido aquí en Ciudad de México, que revela no solo la presencia que tienen estos grupos del crimen organizado sino el mensaje que quieren enviar hacia las autoridades y la ciudadanía de la capital”, opina la periodista de investigación Sandra Romandía.

Expertos apuntan a que esa aparente tranquilidad de la capital mexicana ante el crimen organizado pasó a la historia hace años. Otros creen que esa “inmunidad”, simplemente, nunca existió.

El interés del CJNG

La Unión Tepito, la Fuerza Anti Unión Tepito y el cartel de Tláhuac son los tres grupos delictivos identificados históricamente en Ciudad de México.

A ellos se les atribuye buena parte de los delitos de tráfico de drogas, extorsión, trata de personas, secuestros exprés e invasión de inmuebles sufridos en la capital.

Romandía, coautora del libro “Narcos CDMX”, cuenta que son estos grupos formados por pequeñas familias narcomenudistas en el céntrico barrio de Tepito los que empezaron a controlar la mayoría de zonas de la capital desde hace dos o tres décadas, antes de ser un grupo de crimen organizado.

“En 2010, un capo del grupo de los Beltrán Leyva llamado la Barbie junta a estas familias y les dice que tienen todo el poder para ser un cartel en esta ciudad. Y ahí empieza la pesadilla para Ciudad de México con la formación de La Unión”, le dice a BBC Mundo.

Dos mariachis miran la escena del crimen

Reuters
Un enfrentamiento entre La Unión Tepito y La Anti Unión dejó seis muertos en la turística plaza Garibaldi de Ciudad de México en 2018.

Pero aunque tradicionalmente se les ha identificado como grupos locales y de pequeña escala, cada vez más expertos están convencidos de la existencia en la capital del país de estructuras mucho más complejas.

“Uno de los principales centros de tráfico de drogas, dinero y personas es el aeropuerto internacional de Ciudad de México. Para que funcione, es necesaria la corrupción de autoridades, pero también se requieren organizaciones criminales que ni la Unión Tepito ni Tláhuac tienen las capacidades para operar”, explica Oliva.

Romandía ubica a mediados del año 2017 la llegada del CJNG a la capital. Lo hizo siguiendo una de sus políticas más características: buscando alianzas con bandas locales para entrar a un nuevo territorio.

En el caso de Ciudad de México lo hizo en alianza con el cartel de Tláhuac y la Anti Unión para combatir a La Unión Tepito.

Según la experta, su origen coincide con la liberación en octubre de 2017 de Luis Eusebio Duque, alias el Duke, un expolicía capitalino que en la cárcel conoció a José Pineda, el Avispón, miembro del CJNG y hombre de confianza de Nemesio Oseguera, el Mencho.

Se asociaron dentro de prisión y, al salir, el CJNG habría tenido la ayuda del Duke para ganar presencia en la capital en alianza con el Tortas, uno de los líderes de La Anti Unión.

Muchas de estas alianzas se diluyeron con el tiempo y, según algunos analistas, en la actualidad el CJNG campa a sus anchas en varias de las alcaldías de Ciudad de México.

Ficha del Mencho en el sitio web de la DEA.

DEA
Hay indicios de que el CJNG del Mencho, el fugitivo más buscado por la DEA estadounidense, opera en CDMX desde 2017.

“Lo que es importante es que el CJNG intenta entrar desde hace tres años y no lo ha logrado del todo porque hay otros grupos poderosos. También hay teorías de que tendría alianzas con todos los grupos de la capital y se estaría formando un gran grupo”, explica Romandía.

El año pasado, investigaciones periodísticas revelaron un “pacto de no agresión” en la ciudad entre los cárteles de Tláhuac, Jalisco Nueva Generación y La Unión Tepito para reducir las disputas por el control de la venta de droga.

“Lo que es importante es que el CNJG es un cartel muy interesado en la ciudad y no la ha podido controlar del todo”, agrega Romandía.

Cambio de discurso

La mayor complejidad de Ciudad de México, con más vigilancia y una mayor resonancia política y mediática de cualquier hipotético atentado, podrían explicar esta demora del CJNG a la hora de lanzar sus redes en la capital.

No hay constancia, sin embargo, de presencia de sus rivales del cartel de Sinaloa. Según Romandía, su actividad se limitaba a alianzas comerciales y a actuar como proveedores de las organizaciones locales, pero sin asentarse en la ciudad.

La delincuencia común continúa siendo mucho más grave que el crimen organizado en Ciudad de México, cuyas cifras aún están muy lejos de sus actividades registradas en otros estados del país.

Aeropuerto de Mexico

Reuters
El aeropuerto de Ciudad de México es un foco de atención para el crimen organizado.

Pero atentados como el organizado contra García Harfuch por grandes estructuras criminales “ponen en evidencia la necesidad de que las autoridades hagan un análisis y replanteamiento de sus programas de seguridad pública”, dice Oliva, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Romandía asegura que tanto la corrupción policial como la tradicional narrativa oficial de negar la existencia de estos grupos en Ciudad de México fueron alicientes importantes para su crecimiento.

Y esa negación, dice, llevó a que no hubiera estrategia ni detenidos hasta hace no mucho.

“Por eso nuestro libro ‘Narcos CDMX’ lo titulamos también ‘El monstruo que nadie quiere ver’, porque no se quiso hablar de él, así que el monstruo se dejó crecer”, dice.

“Al darse cuenta de que había impunidad y protección policial, ese animal se fue expandiendo hasta tener tentáculos en muchos negocios ilícitos, muchos delitos y muchas zonas hasta llegar a los lugares más turísticos de la ciudad”, agrega.

Dos policías frente a la escena de un crimen en Polanco

Getty Images
La actividad del crimen organizado llega cada vez a más zonas de Ciudad de México, incluidos los barrios más turísticos o de mayor plusvalía.

La experta destaca que ese discurso cambió con la llegada del actual equipo de gobierno a Ciudad de México. El propio García Harfuch reconoció la existencia del crimen organizado en la capital y atacarlo fue una de sus prioridades.

Solo en los últimos tres meses, al menos tres cabecillas importantes del CJNG y una veintena de miembros del resto de grupos fueron detenidos en la capital.

Sin embargo, ese aumento de arrestos no se ha reflejado aún en la reducción de delitos en Ciudad de México.

El año pasado se registraron en la capital 1.397 homicidios dolosos, 30 más que en 2018. Las extorsiones e intentos de extorsión tuvieron un aumento aún mayor: de 2.089 a 3.106, según datos de la Fiscalía General de Justicia de la ciudad.

Omar García Harfuch

AFP
Según las autoridades, el trabajo de García Harfuch contra el crimen organizado antes y después de su llegada a la Secretaría de Seguridad de CDMX fue el detonante del atentado en su contra.

Por eso, Romandía alerta de cómo el crimen organizado está marcando territorio en los últimos años en Ciudad de México y tiene intención de seguir haciéndolo mediante actuaciones tan violentas como el atentado contra el jefe de policía capitalino.

“Esa señal alerta de que el problema se debe atender con inteligencia y estrategia, y fue casi una declaración de guerra para el gobierno. Esto podría ser un indicio de lo que se podría esperar: un futuro muy difícil y violento de no tomarse cartas en el asunto”, vaticina


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