Fortalecido y autónomo, el Conapred que quieren dirigir mujeres indígenas
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Fortalecido y autónomo, así quieren al Conapred mujeres indígenas que aspiran a dirigirlo

El Frente plural de mujeres indígenas reclama que la designación de la nueva titular de Conapred no sea vertical, sino que se construya desde abajo y por consenso.
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3 de agosto, 2020
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Cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que un organismo como el Consejo para Prevenir la Discriminación (Conapred) lo debería dirigir una mujer e indígena, varias levantaron la mano para tomarle la palabra. Y no solo eso: decidieron unirse para formar un frente, demostrar que hay muchas con perfiles muy valiosos, y pedir otra forma de hacer política, más parecida a la de los pueblos indígenas, justamente, con decisiones desde abajo y no verticales.

A más de un mes de que el Consejo quedara acéfalo por la renuncia de Mónica Maccise, el 19 de junio, se han unido en ese “Frente plural de mujeres indígenas por la titularidad del Conapred” 10 mujeres, apoyadas por 9 agrupaciones regionales, nacionales y hasta internacionales, algunas académicas, o de manera independiente pero también con un fuerte respaldo comunitario.

Entérate: Esto es Conapred, el organismo que AMLO dijo que conoció por una polémica y no por su labor

Luego de un mes de presentarse, apenas el martes pasado fueron recibidas por la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, que aunque escucharon su propuesta, sus perfiles y se comprometieron a transmitírselos al presidente Andrés Manuel López Obrador, también les advirtieron que él es el único con la facultad de nombrar nueva titular, y se prevé que la designación ocurra ya pronto.

La que tuvo la idea de que varias aspirantes de distintas asociaciones se unieran en un frente fue Fátima Gamboa, maya de la Red Nacional de Abogadas Indígenas (RAI) y Mujeres Colibrí Colectiva LesBica Indígena, con maestría en Derechos Humanos, y en Pueblos Indígenas y Cooperación Internacional. Su organización discutió lo que había dicho el presidente y decidieron proponerla a ella como su representante, pero entonces pensaron también en contactar y ponerse de acuerdo con las voceras de otras asociaciones que igualmente estaban alzando la mano.

“¿Cuáles eran los objetivos? Uno, evitar las competencias, evitar las designaciones verticales de arriba hacia abajo en este tipo de designaciones, que no corresponde a la forma como los pueblos indígenas hacemos política, que es de abajo hacia arriba y a través del consenso y la representación entre nosotras”, señala en entrevista con Animal Político.

“Otro, pedirle tanto a la Secretaría de Gobernación como al presidente que en el proceso de selección de la nueva titular se cuente con criterios claros, interculturales y que estos criterios también vengan de nosotras. Es decir, que nos permita junto con ellos poder construir estos criterios de elegibilidad de la nueva titular”.

Entre esos criterios, sugieren que la persona elegida visibilice la diversidad cultural de México, porque los indígenas no son solo un pueblo sino muchos; que tenga autonomía y no esté vinculada a partidos políticos o relación personal con algún funcionario actual; una postura crítica frente a violaciones de derechos humanos, y que tenga una trayectoria de trabajo de base y comunitario y el apoyo de redes y bases indígenas.

Otro de los reclamos que tienen sobre los requisitos es que legalmente está establecido que para dirigir Conapred hace falta nivel educativo de licenciatura, y aunque ellas en particular sí lo tienen, les parece restrictivo y discriminatorio, justo cuando la población indígena es la que tiene mayor brecha educativa respecto a la no indígena y en promedio el nivel es de secundaria.

Consideran que los principales atributos a considerar deben ser sus amplias trayectorias de trabajo de base en comunidades, organizaciones nacionales e internacionales, o de modo independiente en el sector público.

Es el caso de Ismearai Betanzos, zapoteca que trabajó ocho años en la entonces Comisión Nacional para el Desarrollo de pueblos Indígenas (CDI), ahora Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), del cual considera que hoy está debilitado, sin presupuesto ni capacidades para crear realmente políticas públicas a favor de los pueblos originarios.

Ella señala que no solo en Conapred haría falta un o una dirigente indígena, sino en muchas más instituciones y en el Congreso, que se supone que tienen que representar a toda la diversidad de personas en México, pero aunque en 28 de los 300 distritos electorales hay al menos 40% de hablantes de una lengua originaria, no hay esa misma cantidad ocupando curules en la Cámara de Diputados.

Dice estar consciente de que difícilmente llegue a ser ella la elegida, pero se mantiene en el Frente para demostrar la diversidad de perfiles capacitados para el cargo.

“Hay que cerrar estás brechas tan lacerantes, tan importantes y tan coyunturales. Y justamente  por eso es tan importante este proceso de Conapred, porque más allá de que si nos toman en cuenta y de que si una mujer del Frente es nombrada por el presidente, sí es importante ir visibilizando las capacidades que hoy existen en población indígena. Vemos foros en dónde se habla de población indígena, ¡sin la participación de la población indígena!”, subraya.

Regionalizar y dar dientes a Conapred

Las 10 mujeres que se han unido y se presentaron en Segob no llevaron propuestas individuales, sino una idea colectiva. Coinciden, sobre todo, en que hace falta fortalecer al Conapred, más cuando el propio presidente sugirió que debería desaparecer, como otros organismos creados en sexenios anteriores y que solo consumen presupuestos sin que la gente los conozca.

Betanzos pone como ejemplo de lo debilitado que está, que hace poco más de una semana el nuevo consejero del Instituto Nacional Electoral (INE) Uuk-kib Espadas utilizó una expresión racista al decir que los consejos electorales locales eran “una merienda de negros”, y corregir la frase por “merienda de afromexicanos”, sin que Conapred reaccionara.

“Tenemos una institución acéfala, porque el encargo de despacho no te da facultades plenas y amplias para conducir la institución; lo que te da es una facultad meramente de tramitología, de cuestiones administrativas.  Pero ante una situación donde sale un servidor público de altísimo nivel en este país, como es un consejero electoral, obligado a conducirse con probidad, con respeto hacia la población, llega el señor y dice ‘una cena de negros, perdón, de afromexicanos’, y nadie le ha dicho nada porque tenemos a la institución responsable de hacer el extrañamiento respetuoso, acéfala”, lamenta.

Entre los cambios que el Frente quiere para Conapred, es que sus resoluciones realmente tengan consecuencias. No de llegar a prisión por un acto de discriminación, pero sí a que se siga un proceso de investigación formal, de garantizar la reparación del daño y no repetición, además de la conciliación entre partes, explica Zenaida Pérez Gutiérrez.

Ella es mixe, pertenece a la Colectiva de Mujeres Afromexicanas en Movimiento (Muafro) y a la Asamblea Nacional Política de Mujeres Indígenas (ANPMI), una organización con presencia en 20 estados e integrantes que hablan 24 lenguas, y que hacen un trabajo de exigir cuentas a las autoridades sobre las políticas para pueblos originarios.

“Hemos coincidido en que es importante regionalizar o descentralizar. Creo que ha funcionado el Conapred, pero mucho lo ha utilizado la gente de la Ciudad de México o lugares cercanos del centro del país. Sería muy importante revisar hasta donde tiene alcance la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, que no es ley general, con la propia institución del Gobierno Federal y luego cómo se coordina o se generan mecanismos para que también baje a las autoridades locales, me refiero a gobiernos estatales y municipales, que le entren también”, explica.

Para esto hacen falta cambios no solo desde adentro sino legales, y ellas quieren también ser parte de lo que ocurra entorno al organismo, aun si ninguna de ellas es elegida. Gamboa explica que sería mejor que pase de ser un órgano descentralizado sectorizado a Segob, a uno desconcentrado, con mayor autonomía.

“Todas estamos claras en el frente, está claro de que el Conapred hay que fortalecerlo hay que dotarlo de mayores recursos económicos, técnicos, es necesario desconcentrarlo para que haya una unidad de atención de quejas y transversalización de política pública para eliminar la discriminación en todas las entidades federativas y no únicamente en la Ciudad de México”, señala Gamboa.

Para renovar la dirigencia del Conapred no hay una convocatoria pública, por lo que en cualquier momento el presidente puede anunciar que ya ha decidido designar a una persona.

Las integrantes del Frente están debatiendo también si después de que haya nombramiento, se dé entre ellas o no, se mantienen organizadas para acompañar estos cambios que piden para el organismo.

Además de Gamboa, Betanzos y Pérez, integran el Frente Amaranta Gómez Regalado, muxe del istmo de Tehuantepec, Oaxaca, y de la Coalición Mexicana LGBTTI; Martha Sánchez Néstor, de la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas (Conami); Nelly Antonia Juárez Audelo, de la Alianza por la Reconstrucción de los Pueblos y Barrios Originarios de la Ciudad de México; Arcelia García Santiago, coordinadora en México de la Alianza de Mujeres Indígenas de Centroamérica y México;María Sánchez Álvarez, presidenta de la Red de mujeres zoques construyendo esperanza; Rubí Celia Huerta Norberto, apoyada por académicos, gestores culturales y personas originarios de las cuatro regiones P’urhépecha de Michoacán; y Marcelina Bautista, fundadora del Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH).

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Vacuna contra COVID: por qué algunas dosis acaban en la basura y qué se puede hacer para evitarlo

El mundo vive una carrera por hacerse con las escasas vacunas disponibles contra la COVID. ¿Por qué algunas acaban en la basura o se vacuna a personas no prioritarias?
5 de febrero, 2021
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Enfermeras cargan dosis de la vacuna en Nantes, Francia.

Reuters
Muchos países se enfrentan al reto de administrar las vacunas antes de que se estropeen.

Golpeado por la pandemia de covid, el mundo se enfrentó primero al reto de desarrollar en tiempo récord una vacuna. Ahora, al de distribuirla a escala planetaria sin malgastar una sola de las preciadas dosis.

Con la oferta de vacunas disponibles lejos aún de cubrir la ingente demanda mundial, los gobiernos han establecido rigurosos planes de vacunación que establecen los colectivos que deben ser vacunados primero: generalmente, personas mayores, enfermos crónicos y trabajadores de los servicios de salud.

Sin embargo, no han tardado en aparecer las noticias de personas no pertenecientes a estos grupos prioritarios que recibían la vacuna, o, algo más sorprendente aún, de dosis que acababan en el cubo de la basura.

En la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina, la prensa local informó de que hubo que desechar 140 dosis de la vacuna rusa Sputnik-V porque se había roto la cadena de frío en su conservación.

En España, el general al mando de las Fuerzas Armadas tuvo que dimitir después de que se hiciera público que había recibido la vacuna, pese a que algunos de sus colaboradores les dijeron a los medios españoles que lo había hecho precisamente para evitar que se echaran a perder las dosis sobrantes en su departamento tras vacunar a las personas prioritarias.

En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, condenó por “inmoral” al médico que vacunó a dos familiares después de un error en el sistema de citas del hospital en el que trabaja.

Son solo algunos ejemplos de noticias que han provocado malestar y críticas en muchos países cuando la mayoría de la gente sigue a la espera y en muchos casos aún sujeta a distintos grados de confinamiento.

El desafío de optimizar las vacunas

Lo cierto es que los sanitarios se pueden ver a veces ante un incómodo dilema, ya que las vacunas requieren condiciones especiales de conservación y, en algunos casos, sobre todo en pequeñas localidades o lugares alejados, no pueden cumplirse a rajatabla los estrictos criterios fijados por los gobiernos.

La vacuna fabricada por Pfizer, por ejemplo, debe conservarse a temperaturas muy bajas y, una vez descongelada, ha de usarse antes de 5 días.

La Sputnik-V se comercializa en ampollas de cinco dosis, por lo que si se quiere evitar malgastar ninguna, debe haber un número igual de pacientes listos para recibir el pinchazo.

Una profesional de la salud recibe la vacuna en un hospital de Ciudad Juárez, México.

Reuters
Los trabajadores sanitarios figuran entre los colectivos prioritarios en la mayoría de países.

Como explicó en conversación con BBC Mundo el doctor Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, un centro de investigación médica de Buenos Aires, “la prioridad es no desperdiciar la vacuna“.

“Una campaña de vacunación, y más una como esta, es siempre un gran desafío de ingeniería”, indica el experto. Y no siempre es posible acomodar la disponibilidad de vacunas con el número de pacientes dispuestos a ponérsela, su disponibilidad para acercarse a los centros de vacunación a recibirla y las necesidades de espacio para mantener la distancia social en ellos.

A esto se suma el problema de los pacientes que no acuden a las citas programadas, sea porque no pueden desplazarse o porque, como los seguidores del movimiento antivacunas, rechazan la inmunización o desconfían de los gobiernos y los fabricantes de medicamentos.

¿Qué hacer entonces con la dosis sobrante cuando ya se ha cubierto el cupo de pacientes prioritarios agendados para el día?

Contenedores de residuos sanitarios en Manchester, Inglaterra.

Getty Images
En algunos países ya ha habido noticias de vacunas que acaban en la basura.

En Estados Unidos ya ha habido centros sanitarios que han empezado a convocar por la emisora de emergencias a los paramédicos que quieran vacunarse una vez cubierto el cupo diario para evitar que se echen a perder las dosis sobrantes.

Y un equipo médico del estado de Oregón que quedó atrapado en una congestión de tráfico comenzó a vacunar a otros automovilistas retenidos ante la imposibilidad de volver a refrigerar a tiempo las dosis que llevaban consigo.

Mejor en un brazo que en el cubo de la basura

Ante la emergencia sanitaria global, los centros médicos a nivel local se enfrentan al desafío de vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, conservando adecuadamente las vacunas y priorizando a los grupos de población de riesgo establecidos por las autoridades nacionales.

En esa tarea titánica, han encontrado una inesperada colaboración en los grupos de espontáneos que hacen fila junto a las clínicas y los centros de vacunación a la espera de que se les administre alguna de las dosis no utilizadas, una imagen cada vez más frecuente en Estados Unidos y en Israel, el país que lidera la frenética carrera global por la vacunación.

“A todas las dificultades se suma la de la incertidumbre acerca de las dosis que se van recibir y cuándo”, señala el doctor Bonvehí.

Para los dispensarios locales se complica aún más llevar una planificación adecuada de la vacunación ya que en muchos casos los gobiernos tampoco han podido ofrecer un calendario claro de vacunación y son ellos quienes centralizan la adquisición de los medicamentos.

Un hombre carga una bombona de oxígeno en Manaos, Brasil.

Reuters
América Latina es una de las regiones más golpeadas por la pandemia y muchos países aún no han podido comenzar a vacunar.

Para los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, que se encuentran detrás de los más ricos en la lista de espera global por recibir la vacuna en la cantidad y con la regularidad suficientes, hacer un uso óptimo de las que llegan se hace más crítico si cabe.

Bonvehí propone que “en las citas se llame a pacientes suplentes, para que, si alguien no se presenta, no haya que desperdiciar ninguna dosis”.

Y la Organización Mundial de la Salud ha pedido que los países más prósperos, que han comprado muchas más dosis de las necesarias para vacunar a toda su población, envíen las que no usen a los países en desarrollo.

Todo, porque, como le dijo Amesh Adalja, especialista en enfermedades infecciosas de la Johns Hopkins University, a la cadena NPR, “una vacuna en un brazo siempre va a ser mejor que una vacuna en el cubo de la basura”.


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