Jornaleros de los bosques, los otros damnificados por la crisis de COVID
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CCMSS / Enrique Abe

Jornaleros de los bosques, los otros damnificados por la crisis de COVID

Alrededor de 10 mil familias recolectoras de resina en Michoacán que, de por sí, ya tenían una condición precaria se han quedado sin ingresos desde hace casi cuatro meses.
CCMSS / Enrique Abe
16 de agosto, 2020
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La crisis generada por COVID dejó sin ingresos a 10 mil familias michoacanas dedicadas a la extracción de resina de los árboles. Ahora en lugar de ir al bosque a trabajar, y al mismo tiempo cuidar que nadie lo tale, deben viajar hacinados en camiones que los llevan a los campos y empacadoras de fresa o aguacate a trabajar como jornaleros. 

Olga Leticia Enríquez, recolectora en los bosques de la comunidad indígena de Cherán, cuenta en una conferencia de prensa organizada por el Consejo Civil Mexicano de Silvicultura Sustentable, que su familia, por ejemplo, está yendo a trabajar a Jacona a una empacadora de fresa. 

“La vida nos ha cambiado por completo. Mis familiares tienen que irse a trabajar fuera, pasan por ellos en esos camiones amarillos escolares y ahí van hacinados, hasta 30 o 40 personas, con el riesgo de contagio de COVID que eso implica”. 

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Un riesgo que se incrementa, dice Olga Leticia, por la fatiga provocada por turnos de trabajo de 12 horas y una alimentación diferente, menos natural y fresca, de la que están acostumbrados. 

Rosa Icela Soto, también integrante de una familia de resineros, pero del Ejido Mata de Pino, dice, en la rueda de prensa virtual a través de Facebook, que la producción de resina es una actividad que genera recursos para 120 familias de ese grupo agrario, que no tienen que derribar un solo árbol para ganarse el sustento, contrario a lo que sucede con la tala. 

“Pero con la interrupción de la actividad resinera perdimos los ingresos y la posibilidad de quedarnos en el territorio. Ahora estamos saliendo a trabajar a otras zonas y los árboles están en peligro de desaparecer”, advierte. 

La resina de pino es un producto forestal no maderable y es la principal fuente de ingresos de más de 10 mil familias en el estado de Michoacán. Pero la crisis económica ocasionada por la pandemia del COVID-19 propició que las 18 industrias del estado donde se procesa esta materia prima detuvieran su operación y dejaran de comprarla a los productores.

Quienes se dedican a la extracción de la resina tenían ya una situación precaria. Cada familia ganaba unos 50 mil pesos al año por esta actividad. La mayoría de estos trabajadores no son dueños de la tierra, son “avecindados” que rentan a los propietarios los árboles para poder trabajar. No tienen seguridad social ni ningún derecho social. “

“Son los jornaleros de los bosques”,  resume Juan Manuel Barrera, especialista del sector forestal y director ejecutivo de la organización Resiliencia y Desarrollo Comunitario.

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Barrera dice que los 50 mil pesos que ganan apenas les alcanza a los resineros para la canasta básica. Olga Leticia lo confirma, “hasta el 70% de esa ganancia lo usamos para comer”. 

Desde hace cinco meses, esa ganancia no llega y las familias han tenido que buscar opciones. 

La resina tiene en la industria varios usos: en los productos de limpieza como Pinol o Cloralex, que vienen del aguarrás que a su vez deriva de la resina de pino. 

Es también la base para los chicles. Y, sobre todo, se usa para las pinturas, ya sea de casa o de automóviles. 

Al año la resina genera una ganancia de 600 millones de pesos, las pérdidas por la crisis generada por COVID se calculan en alrededor de 500 millones de pesos. Solo se ha logrado colocar 15 o 20% de la producción. El resto está en tambos en los traspatios o en las resineras, señala Barrera. 

Guardianes expulsados 

De las 10 mil familias resineras afectadas, 40% se ubican en la región oriente de Michoacán, en los municipios de Hidalgo, Zenguío; otras 3 mil familias habitan en la región centro y 3 mil familias más en la meseta purépecha. 

La crisis en la que están no los afectará solo a ellos. Los resineros y resineras son responsables de que todavía haya bosques en Michoacán: cuidan el bosque, evitan incendios y la tala ilegal. 

Pero ahora ya no pueden cuidarlo. “Están en otras actividades, donde hay hacinamiento y malas condiciones: en plantaciones aguacateras y de berries”, explica Jaime Navia, socio e integrante del Consejo Civil Mexicano de Silvicultura Sustentable A.C. (CCMSS) y del Grupo interdisciplinario de tecnología rural aplicada.

Barrera, de Resiliencia y Desarrollo Comunitario, señala que esta es una actividad fundamental para la conservación de los bosques. Los productores son los primeros en vigilar que no haya tala clandestina o incendios. 

Pese a esto, los recolectores de resina están desprotegidos siempre, incluso ahora que no tienen ningún ingreso. Barrera refiere que los programas de gobierno como Producción para el Bienestar u otros de la Secretaría del Bienestar, como Sembrando Vida, no llegan a esas comunidades o no van dirigidos a este tipo de productores, porque no tienen tierra. 

“A la mayoría de los resineros que les hemos preguntado dicen que no reciben ningún apoyo gubernamental.”

Frente a esta problemática, organizaciones de la sociedad civil y resineros plantean la necesidad de un programa de emergencia de unos 400 millones de pesos para unos 8 meses, destinados a la adquisición de la canasta básica para las familias resineras. 

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O bien, que las autoridades pongan en marcha programas de empleo temporal en regiones forestales, para generar ingresos a las familias, con la garantía de que el bosque se va a conservar. 

Se pueden diseñar programas de conservación, de brechas corta fuegos para evitar los incendios, de control de plagas, de vigilancia para alejar a los talamontes, aseguran. 

Hasta ahora, dicen, dentro del presupuesto de la Conafor u otras instituciones de gobierno no hay apoyos etiquetados para esta actividad, que es muy importante para el bosque y los productores. 

 

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La "alarmante" lluvia registrada por primera vez en uno de los puntos más altos de Groenlandia

Los investigadores en la estación de la Cumbre de Groenlandia quedaron asombrados al ver lluvia, algo que nunca había sido registrado.
21 de agosto, 2021
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Al estar ubicado a 3.216 metros de elevación, con temperaturas bajo cero (casi) todo el tiempo, la Cumbre de Groenlandia nunca tiene las condiciones atmosféricas para generar precipitaciones.

Es por ello que lo ocurrido el pasado 14 de agosto dejó asombrados a los investigadores en la estación ubicada en ese remoto punto del polo norte.

Ese día hubo lluvia “durante varias horas”, según los registros del Centro de Datos Nacional sobre Nieve y Hielo de EE.UU. (NSIDC, por sus siglas en inglés).

Fue algo que nunca había ocurrido desde que hay registros.

“Y la temperatura del aire se mantuvo por encima del punto de congelación durante aproximadamente nueve horas”, indica su reporte.

La elevación de temperatura crea condiciones de derretimiento de la nieve que solo se han visto anteriormente en tres años: 1995, 2012 y 2019.

Una muestra más de cómo el calentamiento global está afectando a sitios tan remotos como la Cumbre de Groenlandia, según los expertos.

La estación de la Cumbre de Groenlandia

Getty Images
La estación de la Cumbre de Groenlandia nunca había visto lluvia.

“Esa no es una señal saludable para una capa de hielo”, dijo Indrani Das, glaciólogo del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, a la agencia Reuters.

“El agua sobre el hielo es mala… Hace que la capa de hielo sea más propensa a derretirse en la superficie”.

“Llovió todo el día”

Si bien en la superficie congelada de Groenlandia suele llover, nunca antes se había visto el fenómeno en la cumbre como el 14 de agosto.

En la estación de investigación de la cumbre se observaron gotas en las ventanas, lo cual causó asombro a los científicos y personal que la habitan.

Alicia Bradley, de la National Science Foundation, compartió fotos tomadas desde la estación de observación.

“Básicamente, el sábado llovió todo el día, cada hora que estaba haciendo observaciones meteorológicas”, dijo la ingeniera Zoe Courville al diario The Washington Post.

“Y esa es la primera vez que se ha observado en la estación“.

En un momento el termómetro llegó hasta 0,48° Celsius. Es la cuarta vez en los últimos 25 años en que la temperatura supera el punto de congelación.

Durante varias horas se mantuvo por encima de los 0° C, lo cual, combinado con la lluvia, generó condiciones para el derretimiento en la superficie de la cumbre y los alrededores, según los datos del NSIDC.

En su punto máximo, el derretimiento abarcó 872.000 kilómetros cuadrados.

“Solo 2012 y 2021 han tenido más de un evento de derretimiento de 800.000 kilómetros cuadrados de extensión”, indicó el NSIDC.

Un río en Groenlandia

Getty Images
El derretimiento del hielo en Groenlandia se ha acelerado en los últimos años.

Desde que se mide el fenómeno, los datos solo muestran otro evento de derretimiento en la década de 1880, por lo que el tener cuatro en las últimas tres décadas podría ser signo de cómo está cambiando el clima a nivel global.

La región del Ártico se está calentando dos veces más rápido que el resto del planeta debido al cambio climático, explica Steve Turton, un investigador de geografía ambiental de la Universidad Central de Queensland en Australia, en un artículo del sitio The Conversation.

Mientras que el resto del planeta se ha elevado la temperatura en 1°C en promedio, en la región ártica llega casi a los 2°C hasta ahora.

“Esta lluvia alarmante en la cumbre de Groenlandia no es un evento aislado“, dijo Twila Moon, una científica del NSIDC.

Junto con el aumento de las inundaciones, los incendios y otros eventos extremos, es una de las muchas “campanas de alarma”, advierte, que señalan la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.


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