Lupita: la discapacidad no frenó su sueño de ir a la universidad
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Un salmón llamado Lupita: la discapacidad no frenó su sueño de ir a la universidad

Guadalupe Rivera empieza este ciclo lectivo la licenciatura en Educación en la UVM y es un sueño que le llevó 20 años cumplir. Solo el 4% de las mujeres con discapacidad en México llega a la universidad (y ella es ya una campeona rompiendo estadísticas). 
Foto: Pixabay
Por Bárbara Anderson / YoTambién.mx
15 de agosto, 2020
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Guadalupe Rivera empezó a estudiar la primaria a los 29 años. El mes que viene, con 49, comenzará la universidad.  Ella tiene parálisis cerebral y desde su silla de ruedas (y siempre bien maquillada) me suelta una frase que se atora en mi garganta, “no importa el tiempo. Nadie, ni yo, tenemos obstáculos que no podamos vencer si así lo queremos”. 

Ella quiso siempre ser maestra o licenciada en Educación, porque sabe que esa es la mejor rampa, el mejor bastón, la mejor andadera para ser felices. 

Lupita. Así la conocen todos en la Asociación Pro Personas Con Parálisis Cerebral (APAC) donde llegó hace 15 años buscando rehabilitación física y donde pudo además estudiar. 

“¿Por qué empecé la primaria a los casi 30 años? Porque no hubo ninguna escuela con un baño que permitiera que entrara con alguien más que me ayude a pararme. Yo no lo puedo hacer sola. Ese fue mi principal obstáculo”, recuerda mientras se seca las lágrimas. 

Un vecino, que era maestro del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), comenzó a acercarle materiales a su familia para que aprendiera lo básico. En ocho meses terminó la primaria y ya tenía sed de seguir estudiando. 

“La secundaria la comencé con 33 años, cuando llegué a APAC y la terminé en 4 años, porque en esos momentos le dediqué más tiempo a mis terapias físicas y porque también había encontrado un lugar donde platicar con amigos”, me cuenta. Continuó luego con la preparatoria abierta, pero solo logró pasar siete exámenes porque el método era complejo y el inglés se había vuelto en su materia más difícil. 

“Afortunadamente llegó la modalidad de Prepa en Línea y mis maestras Julia y Nury me animaron a que me anotaran. Ellas me ayudarían con alguna computadora en APAC y el resto lo podía hacer en mi casa”, cuenta mientras su mamá Guadalupe, ya anciana, la mira con ojos emocionados desde la otra punta de la mesa. “Yo siempre digo que nosotros no somos especiales, los especiales son ellos, nuestros padres. Sin mi mamá, sin mi papá ni mis hermanos yo no hubiera llegado hasta hoy, hasta la universidad”. 

Originarios de Michoacán, tuvieron a Guadalupe y luego dos hijos más. No cesaron nunca en probar terapias o médicos diferentes pero sobre todo en incluirla en todo lo que hacían: paseos, fiestas, actividades y proyectos. “Ellos desde niños les inculcaron que me tenían que ayudar y por eso yo también quiero ser una persona con una carrera para decirle gracias a mi familia por todo lo que me han dado (llora). Mi hermano David hoy me ayuda a todo: me baña, me lleva al baño, me para, y todo lo que yo necesito”, agrega.

Lupita junto a su madre. (Foto: YoTambién)

La futura licenciada

Hace unos meses, cuando vía ZOOM, APAC hizo el acto de cierre escolar, Lupita dio un discurso que nos hizo llorar a todos los que estábamos conectados. Ella dijo que iba a entrar a la universidad, a sus 49 años y todo. 

En ese momento, llamé a la directora general de la Asociación y le dije que teníamos que conseguirlo. Que en este momento de incertidumbre y encierro, le teníamos que regalar certeza y libertad. 

Sobre todo –pensaba yo, en mi optimismo crónico– ahora que todas las clases en todos los niveles tienen que ser en línea, ya no hay barreras físicas. Solo necesitamos una computadora, internet y un sí. 

Pero así como no le fue fácil comenzar la primaria, ni cursar la secundaria ni acabar la preparatoria, tampoco lo sería la Universidad. 

Según Inegi, sólo 4.2 % de las mujeres con discapacidad llegan a la universidad. La combinación de brechas de género, discapacidad y educación superior es enorme.

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Como ocurría hace 44 años, cuando quiso entrar a la primaria, las respuestas que comenzamos a recibir de universidades eran de buena intención, pero algunas no tenían materiales adaptados (“los adaptamos nosotros”, decíamos), no tenemos experiencia  (“aprovechen ahora para ganarla”), no contamos con becas (porque necesitábamos apoyo económico) o de plano estaban ocupados en cuestiones de COVID con alumnos ‘estándar’ y maestros dedicados a esta nueva normalidad educativa. 

Buena voluntad, pero poca empatía. Y, vale decirlo, nulo apego a la Constitución que dice que la educación es un derecho y desde hace un año ese sustantivo lleva pegado el adjetivo ‘inclusiva’. 

Afortunadamente la UVM, una institución que forma parte de una red internacional de instituciones de altos estudios (Laureate), sí quiso tener el privilegio de enseñar y de aprender de Lupita. 

En pocas horas aceptaron a una nueva alumna en la Licenciatura de Educación, misma que comienza en unas semanas. 

“Los agradecidos somos nosotros, porque en esta situación actual, hemos detectado que muchos de nuestros alumnos están deprimidos y tu vas a ser su mejor fuente de inspiración para que no se rindan”, dijo Sophie Anaya Levesque, VP de Comunicación y Relaciones Públicas de Laureate México en el ZOOM donde le dimos ‘la sorpresa’ a Lupita de que tenía su lugar en la universidad con una beca completa.

“Yo no voy a dar el 100%… voy a dar el 200% lo prometo”, respondió llorando desde su pantalla Guadalupe. 

Le llevó 30 años cumplir su sueño de llegar a un aula de altos estudios. 

En sus 49 años, un baño en primero de primaria la aisló de la educación. Nadie la vio. Nadie la entendió. Pero ella, un auténtico salmón, no se dejó ganar ni por la desidia, ni por la falta de políticas, ni empatía de funcionarios y maestros. 

“Necesitamos que las autoridades nos ayuden a descubrir cuánto valemos”

Lee más: ¿Cómo viven las personas con discapacidad la contingencia por COVID-19? Ellos lo cuentan

Una pequeña entrevista para terminar de conocer más a Guadalupe Rivera: 

¿Qué le dirías a otras personas con discapacidad en estos momentos donde se espera mucha deserción escolar?

No hay obstáculo que no podamos vencer si lo queremos. A todos los niños y jóvenes con discapacidad y sin discapacidad, les digo que luchando, esforzándose y saliendo de nuestra zona de confort, tienen aprender a leer, a conocer los números aunque tengan que leer una y otra y otra vez hasta entender.  El primer obstáculo que tenemos que vencer es con nosotros mismos, con el famoso yo no puedo: sí podemos. Todo se puede esforzándose. 

Quítense de la cabeza esa frase que nos dicen desde niños: pobrecito o pobrecita, él no puede. Está enfermo. No estamos enfermitos y sí podemos. Todo lo podemos lograr si así lo queremos. Si tu lo quieres, tú lo puedes. 

¿Alguna vez fuiste víctima de bullying?

No, nunca sentí que me hicieran bullying directamente. Tal vez el único era el de las escuelas que no me aceptaban, pero yo nunca sentí que nadie se burlara de mí. 

Cuando tenia 15 a 22 años, fui a una casa de encuentros donde se juntaban cada 15 días entre unos 200 a 300 jóvenes y allí yo era la única que iba en silla de ruedas y jamás se burlaron de mi. Cuando los niños o la gente me veía en la calle yo a veces sentía que me veían como ‘animalito raro’ porque hace 35 años era todo muy diferente y la mayoría de las personas con discapacidad eran escondidos y no los sacaban. 

¿Qué crees que necesita México para que todos accedan a la educación? 

El gobierno nos debe voltear a ver. Pero que no nos vean como los pobrecitos a los que nada más nos quieran tranquilizar con una pensión cada dos meses. No, que nos vemos como personas capaces, que tenemos todas las ilusiones para vivir como cualquier mexicano, que nos incluyan en todo. 

Somos seres humanos que tenemos la ilusión de que nos incluyan en todo, que nos hagan sentir personas, no objetos. O incluso a veces como un estorbo para la sociedad. 

Las personas con discapacidad necesitamos sentirnos parte del país, de la sociedad y parte de las familias. Los niños con discapacidad necesitan lo que cualquier otro niño: aprender y jugar. A lo mejor nuestra condición de vida no nos permite correr o jugar futbol, pero nos permiten otras cosas. Tenemos capacidad para otras cosas. Eso es lo que necesitamos: que México, que las autoridades nos vean y pongan más atención en todas las capacidad que sí tenemos, que nos ayuden a descubrir cuánto valemos. 

Muchos no tenemos la capacidad de caminar, o de ver, o de oír o incluso comprender, pero si tenemos la capacidad de amar, de ser amados, de divertirnos, de convivir y por eso mi sueño es trabajar en una institución como APAC para ayudarlos a ser más felices. 

¿Estás a favor de la educación especial o de la educación inclusiva? 

Estoy a favor de ambas. Porque hay niños que tienen discapacidades que son leves, que con mucho gusto compartirían salón en una escuela inclusiva, con niños sin discapacidad. Porque eso les ayudaría a su superación, a entender que no hay que tener barreras, que todos somos iguales. Pero también en educación especial conocen de nuestra condición de vida y nos apoyan con terapias físicas, que no en cualquier escuela estándar pueden dar. 

¿Por qué es importante seguir estudiando?

Porque sé que yo tengo la capacidad, aunque también sé que me va a costar mucho trabajo. Quiero recibirme para luego enseñar a niños con y sin discapacidad a recibir una educación digna. Es fundamental, para que desde el gobierno no nos vean como ignorantes, como personas que no sabemos sobre nuestros derechos y nuestras obligaciones. 

Yo quisiera ser profesora para devolver algo de lo mucho que he recibido a lo largo de mi vida, sobre todo en estos 15 años en APAC donde  me enseñaron a descubrir que yo si podía estudiar, acabar la secundaria, la prepa y ahora la universidad. 

Para que todos las personas con discapacidad vean que sí se puede y que tener una condición de vida diferente no es un obstáculo para lograr lo que una quiere.

Esta historia se publicó originalmente en el sitio yotambien.mx

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Día de la Victoria: por qué el 9 de mayo es tan importante para Rusia y para Putin

Rusia celebra la victoria en la Segunda Guerra Mundial un día después que la mayoría del resto de Europa, y es una fiesta como ninguna otra. También es una oportunidad importante para que el Estado promueva su narrativa sobre los conflictos pasados y presentes.
9 de mayo, 2022
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Como cada 9 de mayo, Rusia celebró este lunes la victoria en la Segunda Guerra Mundial: una fiesta nacional como ninguna otra, profundamente personal para muchas familias, pero también una gran oportunidad para la propaganda estatal.

Este año también se trataba de una fecha clave para el Ejército ruso, ya que el mundo seguía de cerca la posibilidad de que el presidente Putin aprovechara la ocasión para anunciar algún avance en la guerra de Ucrania.

Sin embargo, el mandatario ruso se pronunció en la misma línea que ha repetido desde el comienzo de la invasión: volvió a criticar a Occidente, la OTAN y el gobierno de Kiev por poner en peligro la seguridad de Rusia y justificó nuevamente el ataque al país vecino.

Putin también admitió pérdidas militares rusas, aunque tampoco ofreció muchos detalles.

Pero, ¿cuál es la importancia de esta fecha para Rusia?

La Segunda Guerra Mundial fue el conflicto armado más grande del mundo hasta la fecha.

Empezó con la invasión de Polonia en septiembre de 1939 (aunque no es la fecha que marca Rusia) y finalizó en 1945.

Decenas de millones de personas perdieron la vida; millones más se vieron desplazados en todo el mundo.

Firma de tratado de paz

Hulton Archive/Getty Image
Los alemanes firmaron documentos de rendición dos veces.

La Unión Soviética era uno de los países que pertenecía a la amplia alianza que derrotó a la Alemania nazi en esta guerra y probablemente fue el más afectado, ya que gran parte de la lucha tuvo lugar en su territorio.

En mayo de 1945, la Alemania nazi firmó su rendición incondicional en la Segunda Guerra Mundial, aceptando su derrota en Europa.

Este documento legal puso fin a las hostilidades en el continente, aunque la guerra contra Japón en Asia continuó hasta agosto de ese año.

La rendición oficial y definitiva se firmó cerca de Berlín a última hora del 8 de mayo.

Y los alemanes cesaron oficialmente todas las operaciones a las 23:01 hora local, ya pasada la medianoche en Moscú.

Generales en representación de la Armada alemana firmando un acta de rendición de Alemania en el cuartel general ruso de Karlshortst, al noreste de Berlín.

Keystone-France/Gamma-Keystone via Getty Images
Firma del acta de rendición de Alemania en el cuartel general ruso de Karlshortst, al noreste de Berlín.

El Día de la Victoria, también conocido como Día VE (Victoria en Europa) se celebra -por lo tanto- el 8 de mayo en la mayoría de los países europeos y en Estados Unidos.

Pero en Rusia, Serbia y Bielorrusia se celebra el 9 de mayo.

El Día de la Victoria puso fin a una larga y sangrienta guerra en la que muchísimas familias de la Unión Soviética perdieron a algún ser querido.

Herramienta ideológica en Rusia

Pero no fue hasta mucho tiempo después que la fecha empezó alejarse de su propósito de conmemoración y se convirtió en una herramienta ideológica clave para el estado.

Durante casi dos décadas después del final de la guerra, el 9 de mayo no fue un feriado nacional en la Unión Soviética y solo se celebraba en las grandes ciudades con fuegos artificiales y eventos festivos locales.

Leonid Brezhnev

Getty Images
Fue bajo el líder soviético Leonid Brezhnev cuando el Día de la Victoria empezó a cobrar una importancia cada vez mayor.

En 1963, el entonces líder de la URSS, Leonid Brezhnev, inició una política para crear un culto a la victoria en la guerra contra la Alemania nazi, posiblemente para fortalecer la menguante base ideológica del país y el sentimiento patriótico.

Esto significó eventos pannacionales, un desfile militar en la Plaza Roja y un día feriado el 9 de mayo.

A principios del siglo XXI, el presidente ruso, Vladimir Putin, hizo aún más para impulsar el significado del Día de la Victoria, intentando convertirlo en una parte inseparable de ser ruso.

Las celebraciones del Día de la Victoria crecieron en escala, pero cada año quedaban menos veteranos de guerra y testigos oculares vivos y capaces de participar en las festividades.

La narrativa del papel clave de Rusia en la derrota del nazismo también se instaló en las enmiendas a la Constitución rusa en 2020.

Entre otros cambios, que enfatizaron los valores conservadores y el nacionalismo, se prohibió a los ciudadanos rusos cuestionar la narrativa histórica oficial sobre la victoria.

Vladimir Putin

Getty Images
Vladimir Putin ha jugado un papel clave en la construcción del Día de la Victoria como un espectáculo.

“El culto a la victoria se regeneró en Rusia en la década de 2000 con un estilo aún mayor que en la época soviética. Es por eso que el triunfalismo sigue prevaleciendo tanto en los medios como en la conciencia de las masas”, le dijo a la BBC Oleg Budnitsky, director del Centro Internacional para la Historia y sociología de la Segunda Guerra Mundial en la Escuela Superior de Economía de Moscú.

“Esto tuvo consecuencias positivas: por ejemplo, un mayor enfoque en el estudio de la historia de la guerra. Se hicieron públicos y digitalizaron millones de documentos. Pero, por otro lado, vemos un aumento en la militarización de las masas“, agrega el experto refiriéndose a los lemas “Podríamos hacerlo de nuevo” que comenzaron a aparecer en las celebraciones del Día de la Victoria de Rusia en la última década, muy probablemente insinuando que el ejército ruso podría apoderarse de la mitad de Europa como en 1945.

Las celebraciones patrióticas masivas no trajeron mayor conocimiento fáctico.

Los historiadores señalan que la narrativa de la Segunda Guerra Mundial, o la Gran Guerra Patriótica, como se la conoce en Rusia, a menudo minimiza elementos clave, como las grandes pérdidas humanas que sufrió la Unión Soviética para detener la invasión alemana.

La tumba de un hombre ruso

BBC
No se sabe exactamente cuántos ciudadanos soviéticos murieron en la Segunda Guerra Mundial, pero las estimaciones oscilan hasta los 28 millones.

Según una encuesta estatal de 2020, la mayoría de los rusos sabía muy poco sobre cómo y dónde pasaron la guerra sus familiares.

Menos de un tercio de los jóvenes de 18 a 24 años sabían cuándo comenzó la Gran Guerra Patria (cuando la Alemania nazi atacó a la Unión Soviética en junio de 1941).

Desde 2014 y el inicio de las tensiones en el este de Ucrania, los medios estatales han incrementado su énfasis en el componente patriótico de la lucha contra los nazis.

Cuando las autoridades rusas afirmaron falsamente que la extrema derecha había llegado al poder en Ucrania, enfatizaron el papel histórico de Rusia en la derrota del fascismo.

Foto de una familia rusa

BBC
Muchos rusos no saben lo que pasó con sus familias durante la guerra.

Apropiación

Algunas iniciativas cívicas de conmemoración de los caídos en la guerra fueron asumidas por el Estado.

Por ejemplo, en 2011, un grupo de periodistas independientes en la ciudad siberiana de Tomsk inició una iniciativa local para conmemorar a los caídos en la guerra y la denominó “Regimiento Inmortal”.

La idea era que la gente marchara el Día de la Victoria con fotografías de los caídos en la guerra, creando así un “regimiento” conmemorativo.

La iniciativa se extendió rápidamente a otras partes de Rusia convirtiéndose en un fenómeno nacional.

En 2015 se creó una organización estatal con el mismo nombre, pero no se incluyó a los fundadores del movimiento original.

El “Regimiento Inmortal” se convirtió en una iniciativa gubernamental en la que se involucraron trabajadores del sector estatal, escolares y medios de comunicación estatales, a veces de manera obligatoria.

De esta forma, las autoridades rusas parecían querer indicar que solo la celebración del Día de la Victoria patrocinada por el Estado era la correcta.

Los misiles balísticos intercontinentales rusos Yars RS-24 equipados con ojivas MIRV termonucleares.

Getty Images

En 2020, la celebración del 75 aniversario de la Victoria en la Segunda Guerra Mundial tuvo que trasladarse de mayo a finales de junio debido a la pandemia de covid-19, pero aun así se convirtió en una de las más lujosas que se hayan visto Rusia.

Más de 20.000 personas, cientos de aviones y vehículos blindados participaron en el desfile militar masivo, mostrando el equipo militar más nuevo, con el objetivo de impresionar al mundo con el poderío de Rusia.

Menos de dos años después, el país está involucrado en una invasión a gran escala de la vecina Ucrania usando de forma violenta gran parte de ese equipo.

Los objetivos de Rusia, expresados por el presidente Putin, eran “desmilitarizar” y “desnazificar” Ucrania.

Jets rusos sobre el Kremlin en la Plaza Roja el 9 de mayo de 2021.

Getty Images

Como la campaña militar no logró resultados rápidos (la captura de Kiev o el derrocamiento del gobierno ucraniano, por ejemplo), se cree que los comandantes rusos están presionando para que el 9 de mayo sea otra vez una fecha clave.

Si para ese día Rusia ha logrado obtener ganancias territoriales significativas, entonces Moscú podrá reinventar una vez más el Día de la Victoria con fines propagandísticos.

Es probable que las celebraciones del Día de la Victoria se conviertan en una oportunidad para que las autoridades reafirmen que la “operación especial” de Rusia en Ucrania no es una agresión de guerra sino una lucha para erradicar el nazismo.

Una afirmación que los acontecimientos diarios sobre el terreno no confirman.


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