Morena recaba firmas en las calles para consulta contra expresidentes
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Foto: @kiove / Cortesía

Morena y simpatizantes recaban firmas para consulta contra expresidentes; en Senado crean comisión especial

El dirigente de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, dijo que su partido apoya y promueve la consulta ciudadana para enjuiciar a expresidentes.
Foto: @kiove / Cortesía
30 de agosto, 2020
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Morena y simpatizantes de este partido recaban firmas en las calles, desde el sábado y también este domingo, para respaldar que haya una consulta popular en la que se pregunte a la gente si quieren que sean enjuiciados expresidentes de México que hayan incurrido en actos de corrupción.

En redes sociales se observa cómo se desarrolla recolección de firmas en varios estados, en puntos como calle Madero del Centro Histórico de la Ciudad de México, e incluso en Estados Unidos.

Foto: Sofía Lameiro Díaz, en Jalisco

“En el caso de la alcaldía de Tlalpan, vamos a tener tres puntos de forma permanente, todos los días hasta el 13 de septiembre”, dijo en un video Gabriela Osorio, diputada de Morena en Tlalpan.

El dirigente de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, mencionó en un video publicado el sábado que su partido apoya y promueve que haya una consulta ciudadana para enjuiciar a expresidentes.

“Desde Peña Nieto, Calderón y Salinas se desarrolló una gran corrupción, quebrantaron la riqueza nacional, una robadera muy grande de recursos”, señaló.

“Necesitamos más de 1 millón 500 mil firmas para presentar la solicitud ante la Suprema Corte de la Justicia de la Nación y el INE, y de esta manera acabar con la corrupción”, agregó.

De acuerdo con la Ley Federal de Consulta Popular, para que ciudadanos puedan presentar una solicitud de consulta popular deben tener el respaldo o firmas que equivalgan a por lo menos el 2% de los inscritos en la lista nominal de electores, en este momento integrada por 90 millones 36 mil ciudadanos. Para hacerlo tienen como límite el 15 de septiembre.

Entérate: Tiempos, procedimiento, quién la propone, las claves de una posible consulta para enjuiciar a expresidentes 

Otra de las vías para pedir una consulta popular, es que esta sea solicitada por el equivalente al 33% de los integrantes de cualquiera de las Cámaras del Congreso.

Este domingo, Morena en el Senado informó sobre la creación de “una comisión que analizará la posibilidad de que los senadores presenten una solicitud para realizar una consulta popular sobre el juicio a los expresidentes de México Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón Hinojosa, Vicente Fox Quesada, Ernesto Zedillo Ponce de León y Carlos Salinas de Gortari”.

Si bien en días previos se conoció una propuesta de solicitud de consulta popular impulsada por 15 senadores de Morena, su coordinador Ricardo Monreal habló de que la comisión se encargue de la elaboración de un documento unificado, “que soporte cualquier circunstancia para que lo podemos exponer en las próximas horas”.

Entre los integrantes de la comisión, informó Morena, estarán las y los senadores Citlalli Hernández Mora, Ovidio Peralta Suárez, Lucía Trasviña Waldenrath, Salomón Jara Cruz, Cecilia Margarita Sánchez García y Antares Vázquez Alatorre.

Analistas políticos y dirigentes de oposición, han cuestionado este propósito. El líder nacional del PAN, Marko Cortés, mencionó la semana pasada que la consulta es innecesaria, que si el presidente López Obrador tiene pruebas contra exmandatarios como Carlos Salinas, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, entonces haga una denuncia. “Que no haga política, que haga justicia, que dé resultados, la ley no se consulta, la ley se aplica”.

La consulta, dijo el coordinador de los senadores de Morena, Ricardo Monreal, sería un instrumento jurídico de legitimación política.

“El Senado de la República, en el caso de la consulta popular, actuará con mucho sigilo, cuidado y responsabilidad jurídica y política, para no generar expectativas falsas y para generar una condición de acompañamiento a la demanda popular, a la exigencia social, pero también observando estrictamente el Estado de Derecho”, dijo Monreal a medios.

“Entiendo que la consulta popular es un instrumento jurídico de legitimación política, pero yo confío en que la Fiscalía pueda, con toda certeza, de acuerdo con el debido proceso y la presunción de inocencia, establecer la presunta responsabilidad de los señalados en una demanda de carácter penal, una denuncia de carácter penal que ha presentado Emilio Lozoya”, agregó.

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Ruth Bader Ginsburg: por qué la muerte de la jueza de la Corte Suprema de EE.UU. supone un terremoto en una nación ya fracturada

Si el presidente Trump nomina un reemplazante de la magistrada podría alterar por años el equilibrio ideológico del mayor tribunal de justicia del país y aumentar la tensión política a pocas semanas de las elecciones.
19 de septiembre, 2020
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La muerte de un juez de la Corte Suprema de Justicia siempre es algo trascendente en Estados Unidos. Pero la de Ruth Bader Ginsburg supone un terremoto de consecuencias imprevisibles para este país.

Ginsburg, que murió el viernes a los 87 años debido a un cáncer de páncreas, era un ícono feminista y progresista del máximo tribunal judicial de EE.UU. para asuntos como la igualdad de género o la inmigración, el aborto o el matrimonio igualitario.

Su muerte abre ahora la posibilidad de que el presidente Donald Trump nomine a su sucesor en una corte de nueve miembros donde ya ha colocado a dos, y altere así por años el equilibrio ideológico del Supremo a favor de los conservadores.

Como esto ocurre además en un país políticamente polarizado y a pocas semanas de una elección presidencial cargada de tensión, el debate por el reemplazo de Ginsburg amenaza con aumentar la fractura entre republicanos y demócratas.

“Normalmente las nominaciones a la Corte Suprema son un deporte de sangre. Entonces esto va a ser verdaderamente apocalíptico. Hay mucho en juego en esta nominación”, dice Jonathan Turley, un destacado profesor de derecho constitucional en la Universidad George Washington, a BBC Mundo.

Una silla clave

El hecho de que los magistrados de la Corte Suprema ocupen su cargo de manera vitalicia significa que cualquier cambio en la integración tiene efectos duraderos.

Nominada por el presidente Bill Clinton en 1993, Ginsburg formaba parte de un bloque de cuatro jueces progresistas de la corte que solía necesitar de un quinto voto “péndulo” para lograr mayoría.

Ruth Bader Ginsburg

Reuters
Ginsbrurg era parte de un bloque de cuatro jueces progresistas.

En votaciones recientes ese quinto voto lo aportó el juez John Roberts para decisiones sobre inmigración, derechos de homosexuales y otros temas importantes de la “guerra cultural” en este país.

Los presidentes de EE.UU. tienen la potestad de elegir los miembros de la corte, que deben ser ratificados por el Senado, y Trump suele señalar como un logro el haberlo hecho dos veces en menos de cuatro años de mandato.

Si lograse colocar a un tercer magistrado netamente conservador, la Corte pasaría a tener seis jueces instalados por republicanos, mientras el bloque liberal quedaría en una minoría de tres.

Eso puede conducir con el paso del tiempo a alteraciones significativas en diversas ramas del derecho.

“Esta es posiblemente la nominación más importante en la historia de la corte moderna. Hay una serie de doctrinas que actualmente penden de mayorías de cinco a cuatro”, advierte Turley.

Por ejemplo, señala que con un nuevo juez conservador en la corte quizás se abriría el camino para a revertir parcial o totalmente Roe versus Wade, el emblemático caso por el que el tribunal despenalizó el aborto en 1973.

Trump y Kavanaugh

Reuters
Dos de los actuales jueces del Supremo fueron nominados por Donald Trump.

Probablemente consciente de todo esto, Ginsburg indicó en su testamento que su “deseo más ferviente” era que evitaran reemplazarla hasta que asumiera un nuevo presidente, según informó la radio pública estadounidense NPR.

La pregunta ahora es si Trump podrá provocar tal desequilibrio en un Supremo que recientemente ha fallado más de una vez en contra de los intereses del mandatario.

“Aumentará el nivel de furia”

La muerte de Ginsburg le ofrece a Trump la oportunidad de acicatear al electorado conservador y religioso a menos de 50 días de las elecciones, cuando las encuestas lo muestran atrás del candidato demócrata Joe Biden.

De hecho, desde hace semanas Trump señalaba la eventualidad de nominar a un tercer juez del Supremo como una razón para que lo reelijan, por lo que quedan pocas dudas de que intentará hacerlo en los meses que le quedan como presidente.

Mensaje para Ruth Baden Ginsburg

Reuters
Ginsburg pidió en su testamento que no se nombrara un sucesor antes de las elecciones.

Además, el debate que se abre con esto desviará algo la atención de la respuesta de Trump a la pandemia de coronavirus, cuando EE.UU. está a punto de llegar a 200.000 muertos por el covid-19, una cifra que ningún otro país ha registrado.

El Senado está controlado por el Partido Republicano de Trump y su líder allí, Mitch McConnell, anticipó en la misma noche del viernes que en la cámara habrá una votación sobre el juez que nomine el presidente.

Sin embargo, evitó decir cuándo ocurriría esto: si antes o después de las elecciones del 3 de noviembre.

Los republicanos tienen 53 senadores (contra 47 demócratas), pero al menos dos miembros de esa mayoría se manifestaron días atrás reticentes a votar un nuevo juez de la corte tan cerca de las elecciones.

Esto sugiere que el reemplazo de Ginsburg puede volverse una nueva prueba de fuego de la lealtad republicana hacia Trump cuando algunos senadores tienen dificultades para ser reelectos ellos mismos.

Joe Biden

Reuters
Biden también ha dicho que el remplazo de Ginsbrurg debe esperar a las elecciones.

Por otro lado, a la controversia se añade el antecedente de que McConnell bloqueó en 2016 la votación en el Senado de un juez nominado para la corte por el entonces presidente Barack Obama, argumentando que era un año electoral.

Su explicación ahora es que el voto puede proceder porque, a diferencia de cuatro años atrás, el presidente y la mayoría del Senado pertenecen al mismo partido.

Los demócratas se apresuraron a exigir que se espere hasta después de la elección.

“Los votantes deben elegir al presidente y el presidente debe elegir al juez para que lo considere el Senado”, declaró Biden el mismo viernes.

Esto también podría movilizar a favor de Biden a electores de izquierda que aún están inseguros de votar por él.

“No podía imaginar que fuera posible hacer esta elección más divisiva, pero ocurrió: esto agrega un elemento transformador a la elección”, reflexiona Turley. “Esto aumentará el nivel de furia en el país”.


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