A 11 años del asesinato de Armando Chavarría, su familia exige avances
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Alberto Pradilla

A once años del asesinato de Armando Chavarría, su familia se manifiesta en Palacio Nacional

Los familiares de quien fuera presidente del Congreso de Guerrero, exigen que la FGR atraiga la investigación pues aseguran que hay elementos para la federalización del caso.
Alberto Pradilla
Comparte

“Exigimos que la Fiscalía General de la República (FGR) atraiga la investigación del caso del asesinato de mi esposo. El 20 se cumplieron 11 años y no hay un solo detenido”. Martha Idalia Obezo Cázares es viuda de Armando Chavarría, quien fungía como presidente del Congreso de Guerrero cuando fue asesinado el 20 agosto de 2009. Aquel día, hombres armados lo tirotearon en el interior de su vehículo, nada más salir de su domicilio. Desde entonces no hay avances en la investigación: ni un imputado, ni un detenido. Sus familiares piden que el expediente pase a la FGR porque creen que en Guerrero no hay voluntad para aclarar el crimen. 

“El presidente dijo que la paz es fruto de la justicia. Pero en este gobierno de la 4T no vemos llegar la justicia. Hay elementos para la federalización del caso y no pueden desentenderse”, dijo Obezo Cázares. Ante la falta de avances, la mujer se manifestó en la mañana del lunes ante el Palacio Nacional acompañada de integrantes del Centro de Atención a las Víctimas Minerva Bello. Su objetivo era hacer llegar su reclamo hasta el presidente, Andrés Manuel López Obrador, en el momento en el que este participaba en la conferencia mañanera. Las medidas de seguridad alrededor de la sede de gobierno lo impidieron. Oficiales que se identificaron como parte del equipo de Atención Ciudadana de la Presidencia tomaron sus datos para tratar de gestionar un encuentro con el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas.

Armando Chavarría era un destacado miembro del PRD asesinado el 20 de agosto de 2009. Ejerció como diputado, senador y llevaba un año al frente del congreso estatal cuando lo tirotearon en Chilpancingo. Fue alcanzado por diez impactos de bala: siete de un arma calibre 38 y otros tres de una pistola calibre 9 milímetros, con la que le dieron un tiro de gracia. Según un documento facilitado por su familia, “días antes” del asesinato “se le había retirado los escoltas por parte del gobierno del estado, en aquel momento en manos de Zeferino Torreblanca Galindo, también miembro del PRD.

Según explicó su viuda, la FGE abrió en su día cuatro líneas de investigación: delincuencia organizada, grupos armados, entorno familiar o entorno político. Sin embargo, en 2011 solo se ejerció acción penal contra cuatro presuntos integrantes de un grupo guerrillero denominado Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente. El juez, sin embargo, negó la orden de aprensión y el expediente quedó estancado. 

“Solo por la línea de investigación de la delincuencia organizada ya debería atraerlo la FGR. Además, el asesinato atenta contra la libertad de expresión por las actividades políticas y sociales que desarrollaba mi esposo. Además, están las circunstancias que imposibilitan que en Guerrero haya una investigación que esclarezca los hechos y castigue a los culpables”, dijo Obezo Cázares. 

“Si once años no son suficiente para demostrarlo, no podemos esperar nada”, lamentó.

La familia ya formalizó su petición para que la FGR atraiga el caso. Lo hizo el 26 de noviembre de 2019 a través de una carta de Obezo Cázares dirigida al fiscal general, Alejandro Gertz Manero. Un mes después, el 27 de diciembre, la institución rechazó hacerse con el caso argumentando que no es de su competencia y que existen mecanismos e instancias para impulsar la investigación.

Animal Político consultó a la FGR sobre este expediente pero al cierre de la edición no había recibido respuesta. 

“Hay un olvido institucional del caso, pretendiendo borrar la relevancia política y social de Armando Chavarría Barrera”, dice un documento entregado a los enviados de Atención Ciudadana. “Hay un estancamiento de las investigaciones, haciendo nugatorio el derecho de la víctima, de la familia y de la sociedad (por el cargo de representación que ostentaba) de acceder a la justicia, al no esclarecerse los hechos ni la identidad de los autores materiales e intelectuales”, añade el escrito.

En este sentido, Obezo Cázares lamentó que en todo este tiempo no han tenido acceso a una copia de los expedientes. 

“Hay una complicidad institucional, al ocultar la verdad y encubrir a los autores materiales e intelectuales, debido a que se han dado a conocer indicios de que en la planeación y comisión de la ejecución extrajudicial existió la participación de servidores públicos estatales de Guerrero, sin que hasta la fecha se hay seguido esta línea de investigación”, dice la carta firmada por la viuda de Chavarría. “Las autoridades estatales se han dedicado a entorpecer, impedir y alterar las investigaciones del caso, como manifestó el procurador general de Justicia de Guerrero, que en aquel entonces era Alberto López Rosas, quien en 2011 señaló al gobierno de Zeferino Torreblanca Galindo de haber ordenado la sustracción del expediente con el propósito de borrar evidencias”, denuncia. 

Once años después del asesinato y sin ningún avance, Obezo Cázares dice sentirse “ignorada” y recuerda que en el velorio de su esposo estuvieron presentes algunas de las principales figuras del gobierno de López Obrador, que en aquel momento era miembro del PRD. De hecho, en la manta con la que protesta puede verse, junto al féretro, al actual canciller, Marcelo Ebrard. 

“Estuvieron en las exequias, hicieron declaraciones contundentes, reconociendo que es un crimen político y exigiendo justicia en la administración pasada. Ahora decimos que tienen que retomarse, que no pueden ignorar el compromiso conmigo y con la sociedad de Guerrero”, dijo la viuda. “Me siento ignorada, tengo que decirlo. Es evidente que la realidad del país es muy compleja, es innegable que el presidente y el gabinete recibieron un país en ruinas, destruido, pero la justicia es una altísima prioridad, si no se restablece, si no impera, no veo cómo puedan encauzar a este país”, asegura.

La familia ha mantenido diversos encuentros con Alejandro Encinas, pero hasta el momento no han logrado su objetivo. 

Su gran propósito: que el crimen no caiga en el olvido después de once años. “Queremos que la FGR atraiga y deje de estar en el ostracismo, en el olvido. Guerrero es Ayotzinapa, pero también el magnicidio de Armando Chavarría.  Si sigue permeando la impunidad no podemos aspirar a que en Guerrero haya justicia”. 

Actualmente el caso está en trámite de un juicio de amparo indirecto promovido ante al juzgado Décimo de Distrito del 21er Circuito contra la negativa de la FGR de atraer las investigaciones. 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Por qué en México están apareciendo “antimonumentos” (y cómo reflejan los episodios más oscuros de su historia reciente)

Instalados por movimientos sociales en las calles de la capital mexicana, los "antimonumentos" intentan que las víctimas de casos de violencia emblemáticos y a la espera de justicia no se olviden.
8 de diciembre, 2020
Comparte

En México, un país donde nueve de cada diez delitos denunciados quedan impunes, los familiares de las víctimas luchan por conseguir que sus casos no caigan en el olvido.

Con ese objetivo afloraron en los últimos años en el país los llamados “antimonumentos”, unos memoriales que simbolizan historias muy distintas pero que comparten una finalidad: el recordar que sus casos continúan a la espera de justicia.

Todos fueron colocados en espacios de la vía pública por ciudadanos y movimientos sociales al margen de las autoridades, ya que precisamente lo que persiguen es “denunciar la inacción o poca empatía del Estado”, le dice a BBC Mundo el doctor en Antropología Alfonso Díaz Tovar.

Autor de la investigación “Antimonumentos. Espacio público, memoria y duelo social en México”, el experto destaca cómo los monumentos “tradicionales” son instalados por el Estado para que perduren en el tiempo y representen “discursos oficiales y verdades históricas”.

“Pero los antimonumentos surgen para deconstruir esas posturas oficiales mediante una apropiación del espacio público, digamos ‘caótica’, y que sí tienen una temporalidad”, apunta.

Así, según Díaz Tovar, mientras los monumentos representan ideas generales sobre la historia de una nación, los antimonumentos simbolizan historias que aún no han terminado, que actúan como una memoria que no está cerrada sobre algo pendiente y que no ha podido acceder a la justicia.

Varios de estos conjuntos están distribuidos por buena parte de México, como la imponente cruz de clavos en Chihuahua (y su réplica en Ciudad Juárez) que fue uno de los primeros que se instaló para representar a cada una de las mujeres asesinadas o desaparecidas desde los años 90.

Sin embargo, probablemente son los antimonumentos de la capital del país los que logran mayor atención, al haberse levantado en puntos emblemáticos y muy transitados de una de las ciudades más pobladas del mundo.

Esta es la historia -y la reivindicación- de los siete antimonumentos de Ciudad de México.

1. Los 43 de Ayotzinapa

Antimonumento de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa.

Marcos González

El primer antimonumento fue levantado en 2015 en memoria de uno de los casos de desaparición forzada más escandalosos y reconocidos internacionalmente en la historia reciente de México.

Un año antes, 43 jóvenes estudiantes de una escuela de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero, desaparecieron en el municipio de Iguala.

Seis años después, el caso sigue sin resolver y está considerado como uno de los mayores episodios de violaciones de derechos humanos en el país.

El Paseo de la Reforma, una de las arterias principales de la capital mexicana, se convirtió en escenario de habituales protestas por este caso y fue el lugar donde sus padres inauguraron un gran “+ 43” en rojo, en alusión a las otras miles de personas desaparecidas en México.

“Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos”, se lee en la base del antimonumento.

2. La desaparición de David y Miguel

Antimonumento a la desaparición de Miguel y David

Marcos González

A pocos metros, se encuentra otro antimonumento que recuerda precisamente otro caso de desaparición que tampoco fue resuelto.

Se trata de David Ramírez y Miguel Rivera, dos jóvenes secuestrados en 2012 cerca de Ciudad Altamirano cuando se dirigían al estado de Guerrero para festejar el 20º cumpleaños de uno de ellos.

Los captores se comunicaron con la familia, que llegó a pagar un rescate. Las autoridades iniciaron una investigación pero, en todo este tiempo, ni los jóvenes fueron liberados ni se logró detener a los responsables.

Sus familiares, sin embargo, denunciaron en numerosas ocasiones “inacción” por parte de la policía, y aseguraron que fueron ellos mismos quienes investigaron el paradero de sus hijos rastreando por ejemplo la señal de sus teléfonos, que los secuestradores siguieron utilizando.

La instalación representa una forma de letra T azul que simula dos siluetas dividas a la mitad y los transeúntes son llamados a colocar un candado en su base como muestra de apoyo.

3. Incendio de la guardería ABC

Antimonumento a los 49 niños muertos en el incendio de la guardería ABC.

Marcos González

En el mismo Paseo de la Reforma, un “ABC” de colores recuerda a los 49 niños que murieron en 2009 en el incendio de la guardería que llevaba este nombre en Hermosillo, estado de Sonora. Más de un centenar resultaron heridos.

El fuego se originó en los archivos de un edificio del gobierno estatal contiguo a la guardería mientras los pequeños dormían la siesta. Parte del personal se encontraba en la hora de la comida, y otros ya habían concluido su turno.

Las labores de evacuación fueron caóticas y se prolongaron durante 30 minutos. Vecinos de la zona abrieron boquetes en las paredes incluso con vehículos ante la falta de salidas de emergencia y extintores suficientes.

Cerca de 20 personas, entre funcionarios y encargados del cuidado de los niños, fueron condenadas a prisión. Pero cuando el año pasado se cumplió una década de la tragedia, ninguna había ingresado en la cárcel mientras se resuelven sus recursos de amparo.

Los familiares denuncian que no se ha hecho justicia y por eso colocaron el antimonumento frente a las oficinas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), a través del cual la guardería prestaba sus servicios de manera subrogada.

4. La explosión en la mina de Pasta de Conchos

Antimonumento a los 65 mineros muertos en Pasta de Conchos.

Marcos González

Un gran “+ 65” pide justicia para los 65 trabajadores que fallecieron en 2006 atrapados por una explosión en la mina de carbón de Pasta de Conchos, en Coahuila.

Un año después, la compañía a cargo de la explotación de la mina suspendió las tareas de rescate tras haber recuperado solo dos cuerpos. Argumentó que se ponía en riesgo la vida de los equipos de emergencia.

Varias familias denunciaron que, de ser rescatados los cadáveres, podría evidenciarse que las condiciones de trabajo en la mina no eran adecuadas para garantizar la seguridad de los mineros, como concluyó después la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

El pasado octubre, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que en 2021 se reanudará el rescate de los cuerpos atrapados. También confirmó que este año los familiares de los fallecidos recibirían sendas indemnizaciones.

Su antimonumento se encuentra desde 2018 en Reforma, frente a la Bolsa Mexicana de Valores. Un año después, los familiares colocaron junto a él decenas de cascos como símbolo de los mineros que quedaban por rescatar.

5. La masacre de Tlatelolco

Antimonumento a la masacre de Tlatelolco.

Marcos González

El simbólico Zócalo de Ciudad de México fue el lugar elegido para inaugurar un antimonumento cuando se cumplieron 50 años de la masacre estudiantil del 2 de octubre de 1968.

Aquel día, miles de personas se reunieron en la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, Ciudad de México, convocadas por un movimiento de estudiantes cada vez más activo que protestaba contra el gobierno y la violencia de la policía.

Pero ese 2 de octubre la actuación fue aún más desmedida. Cientos de soldados y miembros de grupos paramilitares iniciaron una balacera contra la multitud que participaba en un mitin pacífico. No hay un balance oficial de víctimas, aunque se estima que mataron a cientos de personas.

No fue hasta 2006 que el expresidente Luis Echeverría -quien era secretario de Gobernación en 1968 en el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz- quedó en arresto domiciliario acusado de genocidio, aunque fue exonerado tres años después. Ningún funcionario fue declarado nunca culpable.

La emblemática frase “2 de octubre no se olvida” y otra que reza “Fue el Ejército, fue el Estado” pueden leerse en el antimonumento dedicado a una masacre que dio un vuelco a la vida política y social de México para siempre.

6. “Antimonumenta” contra los feminicidios

Antimonumento a los feminicidios

Marcos González

Un antimonumento para denunciar la violencia contra las mujeres parece inevitable en México, un país donde diez mujeres son asesinadas cada día.

El conocido como “Antimonumenta” fue inaugurado en el marco del Día Internacional de la Mujer del año pasado frente al Palacio de Bellas Artes.

Convertido en punto central de muchas de las marchas de mujeres organizadas en los últimos meses en la capital mexicana, junto a él suelen verse veladoras, flores, cruces rosas, fotografías de decenas de mujeres asesinadas o desaparecidas en el país y mensajes exigiendo justicia.

“Ni una más. No más feminicidios”, se lee en este antimonumento que fue saboteado durante una marcha de opositores al aborto el pasado año.

7. Masacre de migrantes de San Fernando

Antimonumento de la masacre de 72 migrantes en Tamaulipas.

AFP

El último en sumarse a la lista de antimonumentos de Ciudad de México fue un “+72” instalado el pasado agosto en Reforma, frente a la Embajada de Estados Unidos, para reclamar justicia por la masacre ocurrida en San Fernando diez años antes.

En agosto de 2010, 72 personas migrantes -la mayoría de origen centroamericano- fueron brutalmente asesinadas en esta localidad del estado de Tamaulipas, en la frontera norte de México.

El grupo fue secuestrado mientras viajaba en autobús por el cartel de Los Zetas, que los acribilló después de negarse a pagar el dinero que les exigían por dejarlos libres.

Los captores los vendaron, los obligaron a apoyarse contra un muro y luego los balearon. Solo dos personas lograron escapar. Ninguna persona llegó a ser condenada por este espeluznante hecho.

Con el mensaje “migrar es un derecho humano”, el antimonumento fue colocado como homenaje a las víctimas de esta masacre y a todos los migrantes muertos o desaparecidos en el peligroso viaje que emprenden cada año hacia territorio estadounidense.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=ZRaWxiFPjYI

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.