Día de Pueblos Indígenas: Por COVID se han perdido conocimientos ancestrales
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Cortesía ONIC

Día Internacional de los Pueblos indígenas: Por COVID se pierden líderes y conocimientos ancestrales

La pandemia amenaza, sobre todo, a quienes representan la memoria y conocimiento de los pueblos indígenas: la gente mayor, los abuelos.
Cortesía ONIC
Por Thelma Gómez Durán / Mongabay Latam
9 de agosto, 2020
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En los primeros días de agosto, José de los Santos Sauna Limaco murió. No logró sobreponerse a las complicaciones que le provocó el COVID-19. Tenía 44 años y era gobernador del Pueblo Kogui, comunidad indígena de la Sierra Nevada en Colombia.

La muerte del líder indígena se anticipó al Día Internacional de los Pueblos Indígenas que se conmemora cada 9 de agosto. Para este año, la Organización de las Naciones Unidas decidió que la jornada se dedicara al tema «COVID-19 y la resilencia de los Pueblos Indígenas».  Hoy, señala el organismo internacional, “es más importante que nunca salvaguardar a estos pueblos y sus conocimientos. Sus territorios albergan el 80% de la biodiversidad del mundo y pueden enseñarnos mucho sobre cómo reequilibrar nuestra relación con la naturaleza y reducir el riesgo de futuras pandemias”.

Pero la pandemia del COVID-19 amenaza, sobre todo, a quienes representan la memoria y conocimiento de los pueblos indígenas: la gente mayor, los abuelos.

En los últimos meses, las comunidades indígenas de América Latina han llorado la muerte de José de los Santos Sauna (Colombia),  del líder Awajún Santiago Manuin Valera (de la Amazonía Peruana) o la de Claudio Centeno Quito, autoridad de la nación Sura en Bolivia. Sus nombres son solo algunos de los que han fallecido.

Santiago Manuin (segundo de derecha a izquierda) y otros líderes awajún durante el juicio por el conflicto en Bagua. Foto: CAAAP.

Con esta pandemia “se han ido millones de conocimientos ancestrales sobre la selva. Conocimientos que pueden salvar al mundo, saberes sobre el manejo de plantas, el manejo de ecosistemas que no lo sabe ningún científico. Para nosotros el mayor dolor es que se va toda una historia de nuestros pueblos”, explica José Gregorio Díaz Mirabal, quien pertenece al pueblo Wakuenai Kurripaco —originario de la Amazonía venezolana— y quien está al frente de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA).

Los “mayores”, los que son más vulnerables ante el COVID-19 —remarca Ruth Alipaz Cuqui, de la comunidad amazónica de San José de Uchupiamonas en Bolivia— “son nuestras bibliotecas, nuestra librería de conocimientos que se tienen que transmitir a las próximas generaciones. La muerte de un anciano, significa mucha pérdida para los pueblos indígenas”.

Gregorio Díaz Mirabal destaca que además de los sabios que se está llevando el COVID-19, tampoco hay que olvidar a los líderes y defensores indígenas “que se han ido porque los han asesinado” por defender el ambiente y su territorio. Tan solo el reciente informe de Global Witness señala que de los 212 defensores de medio ambiente y territorio asesinados, 40% pertenecían a comunidades indígenas.

José Gregorio Díaz Mirabal, quien está al frente de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA).

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Pandemia “estructural”

En la cuenca amazónica, un territorio que habitan 511 pueblos y que se distribuye en nueve países, se vive un estado de alerta. Las comunidades indígenas no solo enfrentan el avance de proyectos mineros, petroleros o la deforestación para la expansión de la agricultura industrial. Ahora, desde hace poco más de cinco meses, tienen ante sí la pandemia del COVID-19.

Hasta el 4 de agosto pasado, la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) y la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA) documentaron 34 mil 598 casos de indígenas contagiados de COVID-19 en la región. Además, se había registrado 1 251 fallecimientos.

“Casi 15 hermanos indígenas se contagian diariamente en la cuenca amazónica. Diariamente mueren cinco o seis hermanos… Hay pueblos que tienen 40 habitantes, si ahí llega el COVID se acaba el pueblo”, resalta José Gregorio Díaz Mirabal, de COICA.

Lizardo Cauper Pezo, presidente de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), menciona que esta pandemia desnudó, aún más, el abandono histórico, la desatención que hay hacia los pueblos indígenas.

Para Gregorio Díaz, los pueblos indígenas viven una situación de “pandemia estructural”, porque existe una violación sistemática a sus derechos.

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Presidente de la nacionalidad siekopai Justino Piaguaje (en el centro) junto a líderes siekopai en Lagartococha (Pëkë’ya), en la Amazonia en la frontera entre Perú y Ecuador. Foto: Amazon Frontlines.

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“Los pueblos indígenas siempre hemos vivido así: abandonados a nuestra suerte”, remarca la indígena boliviana Ruth Alipaz Cuqui, de la Coordinadora Nacional de Defensa de los Territorios Indígenas, Originarios, Campesinas y Áreas Protegidas (CONTIOCAP). Y ofrece un dato que permite entender mejor sus palabras: en Bolivia, donde la mitad de sus habitantes es indígena, fue hasta el pasado 8 de julio cuando se anunció que se tendría un plan de ayuda para esta población.

En otras naciones, como México —donde se hablan 65 lenguas indígenas— fue hasta el 21 de mayo cuando se tuvieron guías para la atención de pueblos indígenas; es decir estos documentos se publicaron tres meses después de que el país registró sus primeros casos de contagio.

En este país, hasta el 6 de agosto, las cifras oficiales reportaban 825 indígenas fallecidos por COVID-19. Yucatán, Oaxaca, el Estado de México, Quintana Roo y Puebla son los estados donde más muertes de personas hablantes de alguna lengua indígena se han reportado.

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Miembro de una brigada realiza una prueba COVID-19 a la líder waorani Nemonte Nenquimo. Shell, Pastaza. Foto: Mitch Anderson / Amazon Frontlines.

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Organización indígena: un paso adelante

En la cuenca amazónica, Gregorio Díaz explica que, gracias a los protocolos que pusieron en marcha, el golpe por el COVID-19 no ha sido mayor. Las comunidades activaron la Guardias Indígenas, se establecieron Comandos de Salud Indígena y se impulsó un Fondo de Emergencia por la Amazonía. Desde las mismas organizaciones indígenas, como el COICA, “se ha logrado atender muchas comunidades; en muchas de ellas el Estado todavía no ha llegado”.

Una de las acciones que más llama la atención es la que se desarrolla en Colombia, donde oficialmente se reconoce a 115 pueblos indígenas.

En el país sudamericano, la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) —que agrupa a 80% de las organizaciones indígenas del país— adaptó el Sistema de Monitoreo Territorial, creado en 2013, para hacer un seguimiento de la pandemia en los territorios indígenas y tener datos que les permitan tomar acciones de contención, atención y denuncia.

Hace siete años, las comunidades que forman parte de la ONIC miraron la necesidad de contar con datos precisos sobre los territorios indígenas. Fue así como empezaron a georeferenciar las comunidades y dar forma a lo que hoy es el Sistema de Monitoreo Territorial, explica su coordinador Wilson Herrera.

El sistema se ha utilizado para monitorear temas relacionados con los derechos a la tierra, derechos humanos y ambientales. Cuando el COVID-19 llegó a territorio colombiano, la ONIC decidió crear un módulo especial para dar seguimiento a la pandemia en los territorios indígenas.

El Sistema de Monitoreo Territorial comenzó con una etapa de contención y ahora se encuentran en la etapa de atención, donde “usamos la información para la toma de decisiones: si vemos que en alguna zona se registra un brote, entonces se da orientación a las autoridades indígenas para que refuercen el control territorial, los controles comunitarios y familiares”.

El pueblo Kogui es uno de los que está en mayor peligro por presencia de grupos armados. Foto: Defensoría del Pueblo.
El pueblo Kogui de Colomibia. Foto: Defensoría del Pueblo.

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Con este Sistema de Monitoreo, la ONIC ha podido identificar que el COVID-19 ya está presente en, por lo menos, 60% de las comunidades indígenas. Además, ha documentado 7 000 casos de contagio y 243 personas fallecidas. “Cada diez días se duplica el número de casos que encontramos”, resalta Wilson Herrera.

“Si las tendencias siguen como van, si nosotros no logramos contener, si no logramos articular con el gobierno, nosotros identificamos que para final de año vamos a tener una crisis humanitaria en el caso de las poblaciones indígenas”, advierte Wilson Herrera, quien también resalta que el gobierno ha dejado a los pueblos indígenas en una orfandad.

Además de usar los datos para salvar vidas, otro de los objetivos del sistema de monitoreo es “sistematizar la historia de la pandemia en los territorios indígenas. Vamos a poder decirle al mundo lo que pasó con la pandemia”. Wilson Herrera señala que se podrá mostrar cuál fue el actuar del gobierno colombiano en la atención del COVID-19 en los pueblos indígenas.

Territorios indígenas Colombia. Ritual indígena. Foto: Juan Gabriel Soler, Fundación Gaia Amazonas.
Ritual indígena. Foto: Juan Gabriel Soler, Fundación Gaia Amazonas.

Como también sucede en otros países de América Latina, Herrera explica que ante la indiferencia y abandono del gobierno, las comunidades indígenas están recurriendo a sus formas de organización y a su medicina tradicional.

En la ONIC, además, están desarrollando un sistema que permita a los indígenas realizar autoevaluaciones e identificar síntomas de COVID-19 en forma temprana.

Estas acciones se realizan pensando en que “por lo menos 260 mil familias no tienen la posibilidad de llegar a un centro de salud, porque se encuentran a más de diez horas de camino de una unidad médica”.

El Sistema de Monitoreo Territorial también prepara un módulo de “economías propias”, para comenzar a documentar los datos sobre soberanía alimentaria y semillas nativas, además de identificar los territorios que podrían tener mayores afectaciones ante los escenarios de cambio climático.

Territorios indígenas Colombia. Mujeres indígenas recogen alimentos en sus chagras. Foto: Stefan Ruiz, Fundación Gaia Amazonas.
Mujeres indígenas recogen alimentos en sus chagras. Foto: Stefan Ruiz, Fundación Gaia Amazonas.

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Extractivismo y proyectos que no se detienen

Por las muertes que ha provocado el COVID, pero también porque durante la pandemia “el extractivismo ha sido brutal; la minería legal e ilegal de oro, la explotación petrolera no ha parado y siguen otorgando concesiones sin consulta previa», Gregorio Díaz no duda en usar dos palabras para definir lo que se vive en la cuenca amazónica: “etnocidio” y “ecocidio”. Y lo enfatiza con una frase: “Estamos en una situación de extrema catástrofe sanitaria y ambiental”.

Ruth Alipaz explica que, en Bolivia, el gobierno ha permitido que continúen las actividades extractivas, como la explotación petrolera, en la región del Chaco. La minería tampoco se detuvo en la Amazonía boliviana y esto ha provocado, según Alipaz, que poblaciones indígenas que están en contacto inicial, como los Yuquis, “ya están comenzando a registrar contagios”.

En México, proyectos como el llamado Tren Maya tampoco tuvieron cuarentena. Mientras buena parte de la actividad económica del país se paralizó por la emergencia sanitaria, el gobierno federal dio el banderazo para que comenzara la construcción del tren.

El trazo del tren maya contempla pasar por cuatro estados con alta presencia de población indígena: Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo; una región que ha visto cómo se han multiplicado las granjas porcinas, donde también se ha deforestado la selva maya para dar paso a campos de cultivo de palma africana o soya y en donde los desarrollos turísticos han terminado con zonas de manglares.

El Día Internacional de los Pueblos Indígenas “significa alzar la voz y denunciar los megaproyectos que están tratando de impulsar en la Península, que en realidad lo que harán es destruir el territorio”, señala Wilma Esquivel Pat, indígena maya, habitante de Felipe Carrillo Puerto, en Quintana Roo y vicepresidenta del Centro Comunitario U Kuuchil K Chibalom y miembro del consejo indígena de gobierno.

Campeche, Península de Yucatán. 2019
Caminos en la zona maya de Campeche. Foto: Thelma Gómez Durán

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Pareciera que no importa el país en que se encuentren, cuando se trata de impulsar la minería, la extracción petrolera, la agroindustria o un tren, los indígenas en América Latina escuchan los mismos argumentos. Ruth Alipaz, en Bolivia; Lizardo Cauper, en Perú, y Wilma Esquivel, en México han oído como se justifican los megaproyectos con palabras como “desarrollo” o “fuentes de empleo”.

“Desde las instituciones dicen que estos proyectos van a dar trabajo, pero no dicen todo lo que vamos a perder; vamos a perder la tierra… Nuestra existencia está vinculada a la tierra, el cosmos, el agua, las piedras. ¿Cómo vamos a mantener el vínculo con la tierra si la destruyen, si terminan con nuestra forma de existir?”, pregunta Wilma Esquivel.

Sin la tierra, sin la milpa, sin la selva —dice Esquivel— la palabra “maya” no tiene sentido, solo se convierte en un término que se “mercantiliza”.

La visión de desarrollo que se impone “de arriba hacia abajo”, explica el peruano Lizardo Cauper, ha tenido consecuencias en los pueblos indígenas: “nos han empobrecido matando la naturaleza”.

Y habla de lo que ha pasado en Perú con la extracción de petróleo, con la minería y la explotación ilegal de la madera. Sus palabras se pueden aplicar a cualquier país de Latinoamérica: “Han dejado una fotografía de los derechos vulnerados; pueblos indígenas sin servicios básicos, con aguas contaminadas, con ríos y suelos contaminados, con enfermedades”.

coronavirus brasil
El pueblo Sapanawa, que vive cerca de la frontera entre Brasil y Perú, se contactó en 2014. Los pueblos indígenas aislados como ellos ahora tienen un alto riesgo de contraer coronavirus. Foto: © FUNAI / Survival International.

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Derechos indígenas y de la naturaleza

A partir del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los derechos de los pueblos indígenas han sido reconocidos en diversas constituciones y leyes de los países Latinoamericanos. Pero, en los últimos 30 años, “la gran mayoría de los logros que hemos tenido han sido jurídicos y muy pocos territoriales: nuestros derechos siguen violentados, nuestros espacios territoriales en proceso de destrucción”, comenta Gregorio Díaz, de COICA. El líder lo remarca aún más: el Convenio 169 de la OIT “parece un poema hermoso para los pueblos indígenas, pero no se cumple. Ningún país lo respeta”.

Ni siquiera aquellos países cuyos gobiernos “se decían de perfil indígena”, señala Ruth Alipaz: “En 2009 nace el Estado Plurinacional (en Bolivia) y nosotros creíamos que era la consolidación, que la pluralidad la representábamos nosotros, los pueblos indígenas. Eso se ha convertido en mero discurso político. La Constitución ha quedado archivada en algún estante”.

Asegura que con el gobierno de transición en Bolivia, tampoco cambiaron las cosas: “No se anuló ningún decreto de los que nosotros llamamos ‘incendiarios’, porque son con los que se ha legalizado la quema de más de 5 millones de hectáreas del bosque chiquitano, para continuar con la política de impulso a los agronegocios”.

Incluso, los pueblos indígenas también tienen limitados sus derechos políticos, resalta Ruth Alipaz. En el caso de Bolivia se aprobó una ley que señala que nadie puede participar en la vida política si no es a través de un partido.

Zona devastada en Ñembi Guasu. Foto: Nativa
Zona devastada por incendios en Ñembi Guasu, en Bolivia. Foto: Nativa

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Todos los gobiernos, comenta Lizardo Cauper de la AIDESEP, siguen sin reconocer en los hechos “los valores espirituales, culturales, los derechos de los pueblos indígenas”.

Ante este panorama, Gregorio Díaz propone que en este 2020, el Día Internacional de los Pueblos Indígenas debe marcar el comienzo de una nueva etapa de lucha para las comunidades. Una lucha en la que los derechos dejen de ser letra muerta. Y para ello es necesario que, entre otras cosas, se impulse una “nueva economía que respete a la selva, que respete a los ríos… una nueva economía que pague para que se conserven los árboles, para que haya alimento sano en los territorios, que respete los derechos de las comunidades y de la naturaleza”.

Los pueblos indígenas, remarca Lizardo Cauper, “queremos nuestra propia economía, nuestro propia educación, salud y justicia intercultural. Queremos ejercer nuestro derecho a la libre determinación”.

Las organizaciones que forman parte de COICA y otras más que se encuentran en la región impulsan una moratoria a las actividades extractivas en la Amazonía, han presentado acciones legales en contra de gobiernos como el de Brasil y comenzarán una campaña mundial que tendrá como temas principales el cambio climático y la protección de la Amazonía. Esa campaña arranca en este Día Internacional de los Pueblos Indígenas y se extenderá hasta el 22 de septiembre, como parte de la Semana Mundial por el Clima.

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Para muchos pueblos indígenas de la Amazonía se necesita viajar más de 24 horas en una canoa motorizada para llegar al hospital más cercano. Foto: Mauricio Torres / Mongabay.

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Fortaleza indígena

Pese a que habitan geografías distintas, Wilma Esquivel, Lizardo Cauper y Ruth Alipaz, Gregorio Díaz y Wilson Herrera coinciden en que la pandemia no solo ha desnudado aún más el abandono que enfrentan los pueblos indígenas. También, señalan, ha sido un detonador de reflexiones y de fortalecimiento de su capacidad de organización colectiva.

En México, por ejemplo, Wilma Esquivel cuenta que durante los meses de contingencia sanitaria, muchos jóvenes mayas que trabajaban en las ciudades y zonas hoteleras regresaron a sus comunidades y han vuelto a laborar en la milpa, han regresado a aprender de los mayores. “Los abuelos dicen que los que se fueron y ahora regresaron están recordando quiénes son”.

El peruano Lizardo Cauper comenta que esta pandemia les ha dado fortaleza para seguir defendiendo sus valores, su medicina y conocimienos ancestrales. La boliviana Ruth Alipaz recuerda: “como pueblos indígenas hemos sobrevivido a otras pandemias, en otras épocas, en las mismas condiciones que estamos enfrentando ahora”. Así que, remarca, seguirán dando la lucha.

Wilson Herrera comenta que, desde hace cuatro años, las comunidades indígenas que integran la ONIC decidieron comenzar un proceso para “fortalecer nuestra lengua, nuestros cultivos, nuestra medicina, nuestras tradiciones… Llegó la pandemia y nosotros ya estábamos en ese proceso. Los ancianos y los sabios lograron ver que eso venía”.

Aquí puedes consultar la página de Mongabay Latam 

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GameStop: los inversores aficionados que se enfrentan a Wall Street

Un estudiante, un ingeniero y una enfermera. La BBC habló con algunos de los inversores minoristas afectados por el escándalo de GameStop, quienes aseguran que "los grandes fondos de inversión apoyan un mercado libre capitalista solo cuando les conviene a ellos".
30 de enero, 2021
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Antes de la pandemia, Alex Patton nunca había pensado en convertirse en un inversor aficionado.

Pero ahora, tras el alza frenética de las acciones de GameStop, una cadena de tiendas de videojuegos, es un veterano de los mercados financieros.

Antes del COVID no sabía nada sobre inversiones“, señaló el ingeniero de ciberseguridad de 28 años que vive en Kingston upon Thames, al suroeste de Londres.

Pero después de que el mercado de valores sufriera una fuerte caída en marzo del año pasado y asestara un golpe a sus ahorros para una pensión, Patton decidió que debería, como él mismo dice, “asumir un papel más activo en la gestión de mi dinero”.

Al tener doble nacionalidad británica y estadounidense, el ingeniero no tuvo problemas para abrir una cuenta con la plataforma estadounidense Robinhood, la corredora de inversiones minoristas en el centro del escándalo de GameStop.

Animado por sus amigos, Patten comenzó a revisar el foro “WallStreetBets” en la red social Reddit.

“Un amigo me dijo: ‘Deberías echarle un vistazo a GameStop’. Y me di cuenta de que algunas personas en Reddit hacen un trabajo realmente impresionante investigando acciones”.

Posición arriesgada

Los principales hedge funds (fondos de cobertura o fondos de inversiones de alto riesgo) habían apostado miles de millones de dólares a que las acciones de GameStop caerían, debido a que su modelo de negocios está basado en ventas físicas que han sido superadas por ventas en línea.

La investigación en Reddit indicó que las posiciones tomadas por los vendedores en corto representaban más del 100% de las acciones existentes de GameStop, señaló Alex.

(En una “venta en corto” se toman prestadas acciones de un corredor por un interés relativamente bajo para venderlas, con la intención de volver a comprarlas una vez que su precio haya caído aún más. La diferencia entre el precio más bajo y el más alto es la ganancia que obtiene el fondo de inversión).

“La gente había realizado investigaciones que mostraban la posición de riesgo en la que se encontraban esos hedge funds o fondos de cobertura. Y pensamos: ‘Podemos aprovechar eso. Esta es una oportunidad'”.

Los inversores aficionados comenzaron a comprar frenéticamente acciones de GameStop e hicieron subir el precio de las acciones en más de un 700% en una semana.

Patton invirtió US$1,000 en acciones de GameStop y obtuvo una ganancia de US$2,000. Pero fue uno de los afortunados que se salió a tiempo.

“La teoría era que a medida que el precio continuaba subiendo, los fondos de inversión que habían vendido en corto se verían obligados a comprar esas acciones a cualquier precio para evitar mayores pérdidas y cerrar sus posiciones en corto”, afirmó.

Pero la actividad atrajo la atención de los reguladores de la bolsa esta semana, y los inversores minoristas se vieron repentinamente excluidos por sus plataformas de negociación, incapaces de seguir comprando acciones de GameStop y de otras empresas.

Los precios cayeron bruscamente, lo que permitió que los fondos se salieran de su apuro.

“Los reguladores asumen que los inversores minoristas no podemos gestionar nuestro riesgo, mientras que los grandes fondos han asumido un riesgo enorme, un riesgo increíble, y simplemente se les permite continuar con sus actividades como de costumbre”, señaló el ingeniero.

Aunque Patton salió económicamente ileso, considera que la intervención de los reguladores fue una injusticia.

Existe una enorme brecha entre la clase media ordinaria, la gente de clase trabajadora, y estos fondos que tienen miles de millones“, señaló. “Otros inversores aficionados están sufriendo mucho más por esto que yo”.

“No es un libre mercado”

Myron Sakkas

MYRON SAKKAS
Myron Sakkas: “Los grandes inversores apoyan un mercado libre capitalista solo cuando les conviene a ellos”.

Myron Sakkas, de 18 años, es oriundo de la ciudad de Coventry en Inglaterra y estudia en la Universidad de Warwick.

Myron perdió 30 libras esterlinas (cerca de US$40) en acciones de GameStop, que tuvo durante “un par de horas” y vendió cuando vio lo que estaba sucediendo.

El estudiante tiene una cuenta en la plataforma Trading 212 desde agosto del año pasado y espera ingresar a la banca de inversión después de graduarse.

Sakkas aseguró estar desilusionado por lo que ve como una “manipulación del mercado” dirigida contra personas como él.

Para el estudiante había un objetivo claro en las “guerras de acciones” de GameStop, como él las llama: “los responsables de la crisis financiera de 2008 que nunca debieron rendir cuentas”.

“Entendemos que existen peligros, pero aquí no había un riesgo real de un colapso en la bolsa. La intervención fue generada por personas que protegen los intereses corporativos y las personas comunes fueron otras vez los grandes perjudicados“.

“Cuando la gente común intenta ganar dinero en un sistema en el que sólo los inversores ricos pueden hacerlo, eso es lo que sucede”, señaló Sakkas a la BBC.

Esos grandes inversores apoyan un mercado libre capitalista solo cuando les conviene a ellos. Lo que vimos ahora no fue un mercado libre y llevó a que mucha gente común perdiera mucho dinero”.

Sakkas señala que su cuenta sigue bloqueada y no puede usarla mientras se verifica su identidad.

Pero afirma que cuando vuelva a tener acceso retirará los US$1,000 que tiene en su cuenta.

“Tal vez deje de invertir por un tiempo”, señaló. “Tengo otras cosas que hacer”.

No parece correcto

Melissa Holdren

MELISSA HOLDREN
Melissa Holdren es muy crítica de las acciones de Wall Street.

En las redes sociales los inversores aficionados instaron a sus compañeros a retener sus acciones para evitar pérdidas adicionales, mientras cuestionaban al mismo tiempo a las plataformas que restringieron sus cuentas.

Melissa Holdren, una enfermera de 43 años que vive en Massachusetts, Estados Unidos, estaba tan indignada con la acción de las plataformas de inversión que compró acciones de una de las empresas afectadas.

Holdren usó su cuenta en Fidelity, una importante corredora conocida por sus fondos mutuos, para comprar acciones por un valor de US$500 en la cadena de cines AMC Entertainment.

Fue algo nuevo para la enfermera, que siempre ha confiado en las grandes empresas para administrar las inversiones de su jubilación.

“Me parece muy cuestionable que una corporación privada pueda bloquear en forma unilateral la compra de acciones”, afirmó.

“No parece correcto. Si les preocupa la volatilidad del mercado, ¿por qué están bloqueando sólo un lado de las transacciones?”

Holdren, cuyo abuelo se ganaba la vida como corredor de bolsa independiente, sabe que puede perder dinero si caen las acciones de AMC. Pero espera que su pequeña inversión ayude a sobrevivir a la cadena de cines.

La enfermera es muy crítica de las acciones de Wall Street.

“En general, necesitamos repensar muchas de nuestras estructuras financieras”, aseguró.

Después de la crisis de 2008 quedó claro que gran parte del mercado financiero estaba divorciado de la realidad de una manera que no era saludable“.

“Que se preocupen tanto de lo que está pasando en Reddit en este momento en lugar de preocuparse del panorama más amplio es engañoso”.


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